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Día 6: Sábado
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En cuanto llegó a su oficina suspiró… la montaña de papeles había crecido el doble en lo que iba de la semana. El hecho de trabajar en un bufete jurídico y tratar de resolver los asuntos de la "familia" usando lo aprendido en las Ciencias Políticas y Sociales, en ocasiones le cansaba. Además de comprender la falta que le hacía su "mano derecha".
—Creo que he dependido mucho de Gokudera—
Volvió a suspirar, se dirigió a su escritorio y empezó a revisar dichos documentos.
—Tengo que terminar esto a tiempo, si Gokudera ve a su regreso que no avancé nada, lejos de enojarse se preocupará por mí diciendo que me dejó mucho trabajo—
Se concentró en los papeles que tenía delante de él y procedió a leer, revisar y firmar; se llevó en ello unas cuantas horas hasta que sonó una alarma en su reloj.
— ¿Ya es hora?... Hace tiempo que no veo a Haru— hablaba consigo mismo mientras arreglaba sus ropas —Debe de estar por salir de clases, según sé hoy tenía otro examen— cuando estuvo por salir se detuvo frente a un espejo de cuerpo completo que tenía a su paso, se contempló unos momentos —Creo que voy demasiado formal… no importa, si me entretengo en cambiarme llegaré tarde— y decidido, Sawada salió de su oficina y se dirigió a la escuela de Haru Miura.
Ese día había sido muy tranquilo para Haru, inclusive sintió como si estuviera en la secundaria pues tuvo momentos de convivencia con todos sus compañeros, esos momentos que ella tanto anhelaba. Conversó con varios de sus compañeros y las chicas del día anterior ya no le hacían mala cara, no le hablaban pero al menos ya no la hacían sentir incómoda.
Salió, por primera vez desde hacía mucho tiempo, feliz de su escuela; no iba acompaña por nadie pero varias personas se despidieron de ella al salir.
Al acercarse a la salida vio a varias chicas murmurar entre sí, la castaña apresuró el paso, por unos momentos pensó que Hayato había regresado antes de lo previsto. A paso veloz llegó a la salida y escaneó la zona y se sorprendió, no vio al italiano pero vio a aun amigo japonés muy especial para ella.
—¡Tsuna-san!— Con evidente alegría, Miura corrió hacia donde Tsunayoshi se encontraba, apoyado en una baranda colocada frente a la escuela que fungía de protección para los que salían corriendo, cuando escuchó que le llamaban se irguió y recibió a la castaña con un abrazo.
Después de ello, ambos sonrieron y no dijeron más, Haru se veía realmente feliz pues, sin contar el enamoramiento de la adolescencia, en verdad quería a Tsuna de una forma especial, un cariño de familia podría decirse.
—Cuánto tiempo, Tsuna-san— sonrió
—Sí… creo que no nos veíamos desde año nuevo— él seguía siendo amable
—Así es, pero dime ¿qué te trae por aquí? ¿Acaso me esperabas?—
—A decir verdad, sí. Hice unos encargos del trabajo y como andaba cerca decidí venir a verte—
—Gracias por el detalle, Tsuna-san pero ¿en verdad está bien que estés aquí?— preguntó de forma confidencial — ¿todo en orden?—
Él comprendió lo que ella preguntaba y sonrió tranquilo.
—Todo en orden, Haru, ya no es como antaño, hemos logrado tener buenos tratos y podemos estar tranquilos por las calles, además… nunca salgo solo— y mostró a la chica el anillo vongola que desde hacía años llevaba consigo, así como la caja arma donde "dormía" su guardián.
—Cierto, Hayato tampoco sale sin Uri—
—No sabría decir si ya hacemos esto por costumbre o por seguridad… tal vez por ambas cosas pero confiamos en nuestros compañeros y socios—
Tsunayoshi, siendo siempre noble y sencillo, cualidades que no habían cambiado con el paso de los años, contrario a su físico pues conforme caminaban por las calles donde estaba la escuela de Haru, la castaña se percató de cómo las chicas posaban sus ojos en el líder los Vongola (aunque esas chicas no sabían eso).
Para Miura era increíble verlo así hoy en día pues recordaba al nervioso adolescente que conoció: un buen chico pero con nulo carácter; seguía sin creer que fuera el mismo hombre que caminaba a su lado en este momento, ella era la más sorprendida por dicho cambio, su personalidad no había cambiado mucho, seguía siendo amable y justo pero ahora aunado a eso tenía carácter y porte. Demostraba una seguridad en su persona que nunca creyó que poseyera, él caminaba siempre con la frente en alto, atento a su alrededor y con nervios de acero.
Ante estos pensamientos Haru sonrió y Tsuna lo notó.
—¿De qué te ríes, Haru?—
—De nada, sólo recordaba algunas cosas del pasado—
—¿Cómo qué?—
—Pues… Cuánto has cambiado—
—¿En serio lo crees?—
—Claro, si no estuviera enamorada de Hayato seguiría buscándote, Tsuna-san—
Ante dicho comentario, Sawada se puso nervioso y sintió sudar frío por su espalda, era cierto que ya casi nada le asustaba o preocupaba pero su familia y amigos sabían cómo contrariarlo, ella rió al verlo en ese estado.
—No te pongas así, Tsuna-san, comprendo que tú siempre has querido a Kyoko-chan, y aunque yo no estuviera con Hayato no habría interferido entre ustedes, créeme. Los quiero mucho a todos y no me gustaría perder su amistad—
Continuaron caminando sin rumbo fijo, sólo viendo los negocios y a las personas que transitaban por el lugar; Haru siempre se había sentido cómoda al lado de Tsuna, no por interés romántico pero algo tenía ese chico desde que lo conoció, algo que la hacía sentirse bien y eso le pasaba con todos los Vongola, aunque algunos le dieran miedo… como Hibari y Mukuro, pero con todos ellos se sentía segura y aceptada.
—Oye, Haru…—
—¿Qué pasa, Tsuna-san?—
—¿No estás molesta porque Hayato fue a Italia?—
—¿Por qué habría de estarlo? Fue allá por cuestiones de trabajo—
—Sí pero... no sé, pienso que tal vez tú no querías que fuera— a Tsunayoshi seguía sin gustarle causar problemas —él no te había dicho nada ¿o sí?—
—A decir verdad...— la castaña alzó la vista mientras caminaban —sí me siento algo sola y triste por el hecho de que Hayato no está aquí pero también comprendo que él tiene un trabajo y un deber que cumplir— volteó a ver a su acompañante —si no estuviera consciente de eso no saldría con él— sonrió segura
—Entonces lo aceptas—
—¿Qué te preocupa, Tsuna-san?— se detuvieron y ella lo vio fijamente —hay algo que te incomoda a ti ¿no es cierto?—
Tsuna ya tenía el discurso preparado y memorizado pero siempre le costaba expresarse ante sus amigos, no tenía problemas en hablar con extraños pero sus amigos lo conocían muy bien y mentirles no era una opción.
—Es que… Gokudera dudó en ir a Italia— dijo al fin
—¿Dudó? ¿Por qué?— ella no comprendía eso pues sabía que Hayato nunca le diría "no" a algo que le pidiera Sawada Tsunayoshi.
—No lo sé, sólo me dijo que le diera un día para pensarlo y responderme, parecía como si ya hubiera hecho planes y eso es lo que quería confirmar contigo—
—No, no teníamos nada planeado. Como estoy en exámenes, Hayato me dijo que debía concentrarme en ellos—
—Es extraño— murmuro el guardián del cielo —bueno, creo que tendré que preguntarle cuando regrese—
—Supongo que sí— Haru se quedó pensativa y Tsuna se culpó
—No creo que sea nada malo, Haru, no te preocupes, tal vez sólo sean ideas mías—
—Está bien, Tsuna-san, confío en Hayato y sé que si algo le preocupa nos lo dirá… después de un tiempo, eso sí, puesto que sigue con la costumbre de no querer decir mucho— se resignó
Tsuna meditó un poco "supongo que no le dijo nada de lo de esta semana… No tienes remedio Gokudera" pensó.
—Por cierto, Tsuna-san ¿Hayato les dijo algo acerca de mí?—
—¿Por qué lo preguntas?— sus pasos los llevaron a un puente, se dedicaron a ver pasar los autos
—Porque me es extraño haberlos visto a todos ustedes en esta semana—
—No creo que haya algo de malo… quizá los tiempos de todos coincidieron— el castaño se tensó un poco
—Eso pensé hasta que vi a Ryohei-san… se suponía que él estaba fuera de la ciudad y su regreso fue muy repentino ¿no crees?— lo observó con detenimiento, Tsuna comprendió que ella quería respuestas no suposiciones
—Qué bueno que hoy me tocó a mí— suspiró —verás, Haru, el día que hablé con Gokudera me dijo esto…—
Y con atención Haru escuchó aquello que estaba detrás de las visitas repentinas de sus amigos.
El día que Hayato aceptó la misión de ir a Turín le pidió un favor a su preciado décimo: Le pidió que cuidara de Haru puesto que el peliblanco había tenido una rencilla con un chico revoltoso y temía que éste aprovechara su ausencia para lastimar a la chica. Tsuna aceptó sin dudarlo pero como él no podía estar libre toda la semana sugirió pedir ayuda a los otros guardianes.
En primera instancia Gokudera se rehusó pues no le gustaba la idea de pedirle ayuda a las personas y menos a sus amigos, sí, los consideraba sus amigos aunque nunca se los dijera. Tsuna le dijo que él hablaría con el resto de los Vongola e intercedería por él, con mucha vergüenza encima, Hayato aceptó.
Y así, el día que Hayato y Haru estaban en el aeropuerto, Tsuna había reunido a los guardianes (Mukuro no estuvo presente pero se enteró gracias a Chrome); les dijo que necesitaba su apoyo para cuidar de Haru pues estaba en riesgo de ser atacada por estar en contacto con ellos. Como era usual en él, el líder de los Vongola se esforzó de más en explicar la situación, en ocasiones volvía a ser el "Tsuna inútil" de la secundaria; sus amigos sonrieron divertidos y le dijeron que no había problema, aceptaban la propuesta. Hibari se marchó sin decir nada puesto que Dino ya había decidido por él cuando Tsuna le contó la situación para pedirle consejo.
Yamamoto fue el único que, de inmediato, vio el trasfondo la petición de Tsuna pues aunque de adolescente sólo pensaba en el béisbol y que todo lo de la mafia era un juego y estaba bien… en el trayecto de su crecimiento le tocó pasar por etapas duras que lo hicieron madurar en todos los sentidos.
Mientras le contaban todo esto, Haru no pudo decir nada, se sentía apenada y en deuda con todos sus amigos, se habían tomado tantas molestias por ella pero, curiosamente, tenía sentimientos contradictorios hacia su novio, por un lado se sentía avergonzada ante el hecho de que Hayato le pusiera "guardaespaldas" para cuidarla y, por el otro, se sentía molesta por el hecho de que el italiano no le dijera nada al respecto. El hecho de que Gokudera la sobreprotegiera no terminaba de gustarle.
—Debo parecerles una tonta— quería llorar pero se contuvo
—¡No digas eso, Haru! Sólo… nosotros, nosotros no queremos que Kyoko y tú pasen por malos momentos—
—Entiendo eso pero… Chrome-chan… incluso ella sabe lo que pasa—
—Bueno, es que ella…— Tsuna no sabía qué ni cómo responder, era cierto que Haru y Kyoko ya sabían el "giro" del "negocio de los Vongola" y lo que esto involucraba pero aun así, a él no le gustaba tratar esos temas con ellas
—¡Ya sé que ella debe de saberlo!— recalcó Haru —ella está involucrada pero aun así… aunque Gokudera piense que me protege al no decirme nada ¡ ¿por qué no entiende que pasa lo contrario? !—
—Haru…—
—Así es Tsuna-san, como yo ignoro varias cosas no tengo el cuidado debido en lo que hago y soy más imprudente… si supiera algunas cosas podría pensar antes de hacer algo— reprochó
—Lo siento, Haru… creíamos que era lo mejor—
—Tú no tienes la culpa, Tsuna-san— se limpió las lágrimas que comenzaban a escapársele —eres muy amable— sonrió
—Se suponía que debía cuidarte y te he hecho llorar—
Haru limpió su rostro, respiró hondo, intentó sonreír y procuró tranquilizarse, no quería preocupar a Tsuna, ya se encargaría de hablar con Hayato.
—No pasa nada, Tsuna-san… gracias por decirme la verdad— sonrió con sinceridad —y no te preocupes, no le diré nada a Hayato así que él no pensará mal de ti—
—Ya sabes cómo es ¿verdad?—
—Sí, pero recientemente he descubierto facetas nuevas en mí—
—¿Cómo cuáles?—
—No voy a ser caprichosa pero me he dado cuenta de te puedo exigir y saber— aseguró confiada
—Haru— Sawada observó a la chica, tenía un porte distinto
—Tranquilo, quiero mucho a Hayato, no le haré nada malo— de forma inmediata volvía ser aquella alegre chica, Tsuna se preocupó un poco pero por Gokudera "Tu preocupación y cuidado se han volteado en tu contra Gokudera", pensó.
La tarde comenzaba a caer y emprendieron camino a casa de la chica
—Ya mañana regresa él… y yo aún no termino el papeleo—
—¿Quieres que te ayude, Tsuna-san?—
—Descuida, Haru, gracias. Si me doy prisa, hoy termino todo. Por suerte él llega hasta la tarde y lo más seguro es que vaya primero contigo—
—Él hará eso siempre y cuando te haya mandado algún reporte de su estadía en Turín, si no lo hace a más tardar hoy por la noche… ten por seguro que mañana te visita en cuanto pise suelo japonés—
Y luego de la pequeña charla, Tsunayoshi dejó a la Miura en su casa; coincidió que estaba el padre de la chica afuera de la casa por tanto le saludó y tuvo una breve plática con él, cosas triviales; con el paso del tiempo, el señor Miura había aceptado a los "amigos" de su hija, no los estimaba tanto como los padres de Tsuna pero estaba consciente de que no eran malos chicos.
Aun cuando el novio de su hija fuera todo lo contrario a lo que él siempre quiso para su "pequeña", le consolaba saber que no todos eran como él, ejemplo claro, el castaño con el que estaba conversando, pues aunque era un blandengue de adolescente se había convertido en un joven responsable y maduro.
Terminada la plática entre los dos hombres, Haru y su padre entraron a la casa, Tsunayoshi retomó su camino hacia su oficina para poder disminuir, al menos, el papeleo pendiente.
Mientras que, en el aeropuerto internacional de Roma, Hayato ya estaba arriba del avión leyendo una revista de "sucesos extraños" esperando el despegue, no le estaba poniendo atención al artículo pues mencionaban cosas que el chico bomba ya sabía, por tanto, decidió sacar su laptop para ver si había novedades.
Sólo tenía dos mensajes, uno de su hermana, donde le pedía que llegara al restaurante de Yamamoto a comer en cuanto pudiera tras bajar del avión, el otro mensaje era de Basil, el chico que estaba por graduarse como abogado y que trabajaba en el mismo bufete que Tsuna (de hecho, en ese lugar el líder Vongola era ayudante de Basil, quien era el secretario de los Vongola).
En el reporte, el chico le decía como le estaba yendo al décimo en su ausencia, le alegraba saber su jefe había podido sobrellevar las tareas, aunque también se sentía un poco deprimido porque Basil nunca le dijo si Tsuna lo echaba de menos o no. En el correo, Basil le preguntaba si se reportaría primero con el décimo pero Gokudera, tras pensarlo un poco, le respondió que antes iría a otro lugar.
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Al fin! Disculpen la demora que he tenido pero este capítulo y el final me han costado un poco de trabajo pues no sabía muy bien qué hacer de Tsuna ñ.ñu dudaba en qué empleo o estudios darle, je.
Pero ya vieron el resultado, espero y les haya gustado n.n también, pues ya supieron porque Haru se topaba un guardián a diario.
No tengo mucho que decir salvo que, si todo sale bien, la semana entrante subo el capítulo final de esta historia.
Karin-chan, tranquila, no le pasó nada a Haru y pues… el italiano por fin vuelve! jeje
Esta vez quedó un poco más largo el capítulo, creo que fue bueno porque pude explicar las cosas n.n
Dudas, quejas, comentarios y sugerencias, son bien recibidos en sus reviews, de antemano, gracias y nos vemos pronto.
Saludos y que estén bien!
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