Notas del autor: Mil disculpas por el retraso (Gran retraso) demasiados exámenes y trabajos, quien me manda a estudiar diseño Jaja.

Muchas gracias por el buen recibimiento de este fic, hasta ahora, aún si son pocas personas las que lo leen, eso me hace muy feliz, y también los reviews, sean buenos o malos, todo ayuda a mejorar. Espero que más y más gente venga a entretenerse leyéndolo, lo deseo de todo corazón.

Vamos a lo nuestro, sigan disfrutando de este pequeño proyecto.

Advertencia: Puede llegar a haber contenido sexual explicito, lenguaje vulgar u obsceno, entre otros. Los personajes pertenecen a sus autor correspondiente, nada es mío más que la historia.

Los sueños son ilusiones.

"Puedo verlos, puedo casi palparles, esos ojos... ¿Por qué me absorben de esta manera?"

"¿Por qué me siento tan cómoda... y tan asustada a la vez?"

Inoue se sentía desorientada, todo a su alrededor tomaba una forma desconocida para sus ojos, tan mágica se había tornado su cercanía con aquel extraño como chocante, una experiencia agridulce; la ciudad que estaba a sus pies se había transformado en un desierto blanco sin fin, ella y su acompañante que estaban en la cima de Karasu, ahora se hallaban en la cima de algún palacio que jamás había visto en los libros de historia cuando iba al instituto.

Volviendo a centrar su visión en su acompañante, él estaba radicalmente cambiado en su apariencia, parecía un demonio, los prominentes cuernos que sobresalían de él llamaban su atención, pero más que aquellos cuernos, sus ojos, bajando por ellos dos líneas como si fueran lagrimas, las cuales acariciaba con ternura, para finalmente fijar su mirada en el pecho que dejaba a la vista un gran agujero.

No había un corazón para él, que tristeza, pensaba Orihime mientras dirigía su mano hasta dicho agujero.

"Que tristeza... Quisiera hacer algo por ti... Quiero llorar..."

—¿Estás bien? Oye, vuelve a la tierra.— la sacudía levemente como gesto de preocupación ante la actitud de la mujer que había rescatado de los paparazis hace un rato.

Había sido devuelta a la realidad, dándose cuenta de la situación en la que se encontraba, estaba tan próxima a aquel joven que pareciera como si fuera a intentar besarle, como en esas típicas escenas clichés de las novelas, pero esto era real. Un leve rojo subió a sus mejillas y su expresión perdida dio un cambio a vergüenza total.

—¿E-Eh...? Yo...— estaba completamente acabada, no solo había actuado de una forma muy reveladora, sino que, ahora había perdido la fluidez de su responder.

—Eres muy extraña. ¿En verdad te encuentras bien?— interrogó conservando su rostros inexpresivo.

—Estoy bien, solo colapsé.— dijo recuperando su postura y apartándose de él. —Te agradezco la preocupación, esperaré a que las cosas se calmen y pediré que vengan por mí, puedes irte si así lo prefieres.— su tono se había vuelto algo frío y cortante.

—Me quedaré aquí, por si se aparece alguien más.— después de decir esto, se dirigió a un extremo opuesto al de la mujer.

—Eres muy raro.— dijo mientras dejaba ir un suspiro y enfocaba su vista a la multitud que aún no disminuía en las entradas del teatro.

—¿Lo dice una mujer cuyas acciones se contradicen? Te he escuchado.— en su respuesta se escuchaba un tanto molesto.

—Menuda oreja.— soltó mientras fruncía el ceño y arqueaba una de sus cejas.

—Lo he oído también.— le respondió al segundo.

—Lo sé.— murmuró. —Gracias...— murmuró aún más bajo mientras escondía una amable sonrisa.

—De nada señorita. Por cierto, te has arruinado las medias, aunque supongo que no te debe importar, puedes adquirir un par nuevo y muchos más si así lo deseas.— se dirigió nuevamente a ella.

—Oh, no...— de inmediato se agachó para comprobar el estado de estas, en efecto, una ya tenía una agujero, tanto las había desgastado, lo lamentaba mucho.

—¿Sucede algo?— la miraba extrañado, es cierto que a las mujeres en general les gustaba mucho cuidar de su ropa y adquirir más, no era el fin del mundo. —Sólo es ropa, podrás reemplazarla por algo mejor.—

—De eso nada, la persona que hizo este conjunto cerró su boutique hace mucho tiempo.— le dirigió una mirada que poseía una mezcla de tristeza y agradable nostalgia. — No es como los conjuntos que suelo adquirir ahora tan fácilmente, cuando aún no era una artista y sólo era una estudiante con una trabajo de medio tiempo. Ahorré mucho para auto-regalármelo porque me encantaba este tipo de ropa y quien las diseñaba, aunque me vieran de un modo extraño al ponérmela, este brocado no tiene igual.— decía volviendo a mirar sus arruinadas medias mientras las acariciaba, perdiéndose por completo la expresión de asombro del moreno.

—Entiendo.— dijo mientras borraba velozmente su asombro.

—No queda de otra, lo guardaré como un tesoro.— dijo mientras sonreía con resignación.

—¿Recuerdas al diseñador? Si es así, probablemente tenga solución.— le propuso como idea.

—Sí y no, nunca lo vi físicamente y se escondía bajo la firma de Murciélago. Es todo lo que sé sobre aquel.— suspiró.

—Al menos lo intenté.— dijo encogiéndose de hombros.

—De todas formas fue un buen intento.— comenzó a reír con soltura.

Era una mujer muy extraña para él, pero sin duda alguna, despertaba gran curiosidad y le hacía escarbar profundamente en algo que molestaba a su conciencia, no podría asegurar que era algo desagradable, pero si, era molesto.

...

La gente iba y venía, gente del elenco hablando con algunos entrevistadores, tomándose fotos y firmando uno que otro autógrafo a algún fanático que seguramente probó de todo para pasar desapercibido del cuerpo de seguridad.

Y también estaba un grupo yendo de un lado a otro buscando desesperadamente algo que habían perdido, más bien alguien, Matsumoto estaba manteniendo la compostura debido a su entorno, pero no le sentaba para nada agradable saber que Orihime estaba perdida sin tener tan siquiera un móvil a mano para avisarle que ya estaba a salvo.

Tesla estaba en las mismas, se arrepentía una y otra vez por haber descuidado su posición junto a Orihime, estaba preparado para correr a su lado hasta que de un momento a otro la multitud se la tragó. Por más que la buscase con ayuda de Grimmjow, era inútil, no aparecía por ningún lado.

—¡Maldición! ¿Qué haremos?— dijo el peli azul bastante ofuscado.

—No podemos irnos sin ella, si la agarran va a entrar en serios problemas.— respondió Tesla bastante exhausto, que seguía buscando a Orihime con la mirada en la multitud.

Hacia ellos venían corriendo dos personas; la primera era un joven alto vistiendo un smoking blanco con algunas terminaciones en negro, con el cabello largo hasta mitad de espalda, tomado en una cola por una sedosa cinta negra; la segunda era una pequeña niña usando un vestido blanco pomposo con moñitos negros, de cabello corto y de color verde amarillento que no se dejaba ver tan fácilmente al estar usando un Bonnet, parecía una auténtica muñeca de porcelana.

—¿Están buscando a Hime también, verdad? Nosotros la empezamos a buscar apenas vimos un considerable número de paparazis tratando de acercarse a ella.—les contó el peli rosa con preocupación.

—Esto no pinta nada bien, tenemos que encontrarla rápido.— estaba desesperado el castaño, saber que además de estar perdida, le estaban persiguiendo.

—Mi hermano la está buscando por otro espacio también. Creo que deberíamos separarnos para abarcar mejor el sitio y encontrarle.— propuso la pequeña peli verde.

—No suena tan mal, y tiene razón, relájate, la encontraremos.— le dijo el peli rosa mientras le daba una palmada de ánimos en el hombro.

—Aquí vamos.— se dispuso a ir por su lado el peli azul, como si se tratase de cazar.

Todos estaban a punto de separarse cuando, un castaño de cabello largo hasta la altura de los hombros y vestido elegantemente como si fuera un militar de respetable rango, se dirigió al grupo, curiosamente en compañía de Aizen.

—¿Hermano, por qué te detuviste? ¡Eres un perezoso!— lo miraba la pequeña con un gesto de irritación.

—La han encontrado, ya está segura, pero no volverá a casa con nosotros.— le contestó sin preámbulos, siguiendo con esto un aburrido bostezo.

—¿Como que no va a volver en compañía de nosotros?— se adelantó tesla a preguntar.

—No puede, tenemos que abandonar el lugar para que el flujo de público y la gente de los medios de comunicación disminuya. Con nuestra presencia ellos confirman que aún permanece aquí.— les explicó Aizen con absoluta calma, señal clara de que no mentía.

—¿Piensas dejar que vuelva a casa sola mientras cruzando las puertas hay montones de bastardos listos para atraparla? ¡Has perdido la cabeza viejo!— le respondió exasperada al mismo tiempo que se abrí paso entre el grupo.

—¿Tienes una mejor idea?— le ofreció su jefe el turno de hablar.

—... Dime, ¿Estará bien si vuelve a casa ella sola?— dijo cambiando su tono agresivo por uno más suave, expresando su resignación.

—Rangiku...— pronunciaba Tesla mientras le pasaba una mano por el hombro. El sabía mejor que nadie cuando a Ran le hería el orgullo perder una discusión, sin embargo, por otro lado estaba contento con su maduro actuar a diferencia de hace algunos años atrás.

—Está acompañada, está segura y volverá a casa de la misma forma.— sentencio Aizen sin emoción alguna a expresar.

—Vamos a casa.— le extendía su mano a la pequeña.

—¡Si, vamos Stark, vamos a hacer panecillos dulces!— le respondió mientras tomaba su mano y le regalaba una sonrisa de oreja a oreja.

—Si es lo que quieres...— le sonrió vagamente el castaño. —Además, quiero quitarme esto, me siento muy incomodo Lilynette.— le dijo mientras señalaba su ropa.

—¡Pero si te queda muy bien, además no podías venir a ver a los chicos como si fueras un vago, bueno, aunque en teoría lo eres!— lo regaña la pequeña hermana.

—No seas tan insolente, soy tu hermano mayor.— soltó un gruñido. —Szayel es una pésima influencia.— le dirige una mirada de molestia al peli rosa.

—No me mires así, yo no tengo nada que ver, tú eres un descuidado.— le espetó mientras arqueaba una ceja y fruncía el ceño.

—Bueno, que se le va a hacer, supongo que vendrás a cenar con nosotros, yo no puedo tragar todos esos panecillos solo.— empezó a reír, pero fue cortado por un pisotón de la peli verde.

—Guárdame algunos, yo quisiera colarme a esa cena, pero tengo mucho trabajo.— sonrió levemente Aizen, para la sorpresa de todos mientras le revolvía el flequillo a la pequeña, luego se encaminó hacia la salida.

—Viejo mañoso, solo es amable con los niños.— susurraron casi todos en voz baja mientras veían una Lilynette con los ojos brillando como gemas.

—Vamos, todavía no le facilitamos la salida a Vermouth.— todos se centraron en Grimmjow al haber usado en nombre clave de Inoue, para luego seguir su mirada que les señalaba discretamente a los cuervos, mejor dicho, los paparazis.

—Sí que saben donde enfocarse para buscar, cabrones.— los miraba Tesla con mucha irritación.

—¿Ahora debo ser yo la que te tiene que apaciguar? Recuerda que no podemos arremeter contra la gente o los medios, no es propio de nosotros, por mucho que les odiemos a esos buitres.— le dijo la rubia mientras le tomaba las manos. —Vámonos, por el bien de Vermouth.— en su voz se podía notar muy claramente su resignación a irse sin ella.

Entonces pusieron marcha y dejaron el Teatro Karasu, aún habían caras de preocupación, puesto que no pudieron salir con la pelirroja y tampoco tenían idea de cuan confiable podría ser la persona que la estaba cuidando. Se irían casi todos en la limusina puesto que había espacio de sobra, además de que Ran y Tesla consideraban que era muy tonto que algunos se quedaran a esperar taxi, cuando residían en el mismo lugar, Las Noches, el Palacio de los artistas de Hueco Mundo Studios.

—Que mal que has traído ese trasto, así te ibas a casa con nosotros.— le dijo la rubia antes de subir a la limusina mientras le sonreía al peli azul.

—Mi moto no es ningún trasto Ran, y a mí no me gusta llegar a casa como una princesa.— le dijo dedicándole una mirada de enfado. —Nos vemos en casa, rubiecita.— apaciguó su mirada para concentrarse en encender motores.

—Gracias por ayudar.— le sonrió levemente mientras se subía a la limusina.

—Cuando quieras.— sonrió alocadamente hasta que se cubrió con el casco y partió a casa.

...

Mientras tanto, Ulquiorra y Orihime seguían atrapados en lo alto del teatro, la pelirroja en verdad apreciaba la vista que le ofrecía esa cima, pero sinceramente ya estaba aburrida de estar atrapada y quería volver a casa, para su suerte el número de personas disminuía considerablemente al observar desde lo alto. Una brisa helada le recorrió el cuerpo haciéndola temblar, mas lo disimulaba por el hecho de estar acompañada; Ulquiorra no le había molestado en lo absoluto y se había mantenido en silencio las últimas dos horas.

Para su sorpresa sintió algo cálido cubrirle por la espalda, el moreno le había cedido su largo abrigo, quedando simplemente protegido por su camisa negra y una gillette blanca bien ajustada a su cuerpo.

—Gracias, no deberías tomarte tantas molestias, más de lo que ya has hecho.— le respondió disimulando el sonrojo

—No es nada, en verdad. Por cierto, el ambiente ya está despejado, lo suficiente como para que salgamos de aquí.— le informaba mientras le quitaba sus manos de los hombros de la pelirroja.

—Me pondré los zapatos enseguida, supongo que cuando lleguemos abajo habremos de decir adiós.— dijo mientras pasaba su mano para ordenar los rebeldes mechones de su peluca negra.

—¿Tan rápido quieres deshacerte de mí?—le interrogó un tanto disgustado el moreno.

—N-No es lo que quise decir, yo...— nuevamente la estaba dejando sin palabras.

—Te llevaré a casa.— sentenció el moreno, dando a entender que no aceptaría una negativa como respuesta.

—¡¿Eh?!— lo mira atónita.

...Media hora después...

Después de haber salido discretamente del teatro, el moreno lleva a la chica a la limusina que lo había traído al teatro y mientras la ayudaba a acomodarse saludaba e indicaba al chofer a dónde dirigirse. Durante el trayecto, Inoue fue finalmente invadida por el cansancio que la hizo dormir y deslizarse hasta ser recepcionada por el regazo del joven ojos de esmeralda, quien le tomó el pulso para asegurarse que estuviera bien hasta darse cuenta de algo que lo sorprendió.

Seguramente Cifer habrá pensado durante el camino lo irónico que podría ser el destino, algunos cabellos como el sol que ya había visto antes, se asomaban discretamente fuera de lo que él ya se había dado cuenta que era una peluca.

No podía confirmarlo, después de todo, pelirrojas podían haber muchas en Japón y las cirugías estaban a la orden del día para tener un cuerpo con semejantes medidas, faltaba algo más, algo más que se encontraba escondido y seguramente no llegaría a ver.

—No falta mucho para llegar, mi señor.— su chofer le informaba, rompiendo el silencio y sacándolo de sus pensamientos.

—Entendido Wonderweiss.— asintió el moreno. —Por cierto, gracias por haberme esperado tantas horas, debes de estar cansado.— continuó hablando mientras escondía nuevamente los mechones del verdadero cabello de la chica.

—Para nada, por cierto, es una hermosa mujer. ¿A quién está escoltando hasta su hogar?.— preguntaba mientras reía despreocupadamente.

—Es una artista, Vermouth, seguramente la conoces.— respondió mientras seguía arreglando la peluca.

—¿Vermouth, la cantante de Ópera? Pero si ella tiene el cabello plateado y un tanto más corto, además de liso...—

—Te recuerdo la existencia de las pelucas, aún te falta mucho.— interrumpió el moreno.

—Es verdad, lo había descartado por un momento, es que pensaba que algo o alguien tan bonito no podía ser artificial.— reía despreocupado mientras fijaba la vista al frente.

—Y no lo es, al menos creo estar seguro de ello.— decía sin quitarle la vista a la joven que parecía estar soñando y mostraba una expresión de atormentada.

—¿Un hombre se define solo por su imagen?— los labios de la pelirroja dejaban ir por lo bajo aquellas palabras.

—Hemos llegado señor.— anunciaba el rubio de ojos violáceos enfocando su mirada en la chica. —¿Va a despertarle o la cargará hasta dejarla "cómoda"?— dijo soltando una pequeña risita.

—Wonderweiss... — ahora miraba al rubio.

—¿Señor?— le devolvió la mirada muy curioso.

—Tú vas a llevarla, yo no puedo.— dijo mientras le lanzaba una mirada aburrida. —Estoy muy cansado, ya no quiero salir. Por cierto, no la despiertes.— le ordenó mientras sacaba una pluma y anotaba algo en un pañuelo de seda que le pertenecía.

...10 minutos después...

Se encontraba con algo de dificultad, pero por fin lograba tocar el timbre sin tener que soltar a la mujer que sostenía entre sus brazos, para ser recibido por una rubia despampanante acompañada de una chica de cabellos verdes que tal vez no superaba los 8 años de edad, ambas se veían muy preocupadas por la persona que cargaba.

—Pueden estar tranquilas, solo se ha dormido del cansancio, estuvo corriendo de los paparazzis.— les explicó el rubio.

—Es tan típico de ella, nunca se rinde.— Ran miraba con dulzura a la pelirroja que dormía tranquilamente.

—¡Ni en las peores situaciones, aún recuerdo cuando corría con furia de aquel paparazzi con dotes de atletismo, de todas formas nunca pudo atraparla!— recordaba Lilynette con mucha gracia.

—Por lo que veo, ustedes como artistas lo tienen muy crudo, siempre corriendo de los periodistas y trabajando duro para sus creaciones.— las miraba con un deje de tristeza, si eso pasaba muy a menudo, no era una vida tan genial después de todo, les compadecía.

—Oh vamos, no pongas esa cara, puede ser bastante difícil y es cierto que nuestra privacidad es casi una nulidad, pero también hay muchos momentos buenísimos, al menos aquí en Las Noches.— le sonreía la rubia.

—Puede que no lo parezca, pero aquí somos una familia muy unida, desde el más extrovertido hasta el más huraño.— decía la peli verde mientras alzaba los brazos, tratando de interpretar para el rubio lo grande que era su familia.

—Es bueno saberlo.— respondió a la chica con una cálida sonrisa. —Por cierto, deberíamos llevarla a su habitación para que descanse adecuadamente.—

—Eres muy amable, ven, sígueme.— dijo la rubia mientras giraba en dirección al dormitorio de Orihime.

—No es nada, en verdad.— le respondió mientras seguía los pasos de la mujer.

—¡Yo también voy, no me dejen solita, malvados!— exclamaba Lilynette mientras se apresuraba a alcanzar al rubio de ojos violáceos, lo cual parecía hacerle mucha gracia a este.

...10 minutos después...

Una vez llegando a la habitación de Inoue, el chofer queda impresionado por tan buen gusto mientras le dejaba sobre su cama. Girando hacia Rangiku, quien se encontraba apoyada en el marco de la puerta junto a la peli verde, les hace una sutil reverencia.

—Es tiempo de que me retire, ha sido un placer conocerlas.— les dedicó una amplia sonrisa.

—¿Tan rápido, no hay nada que podamos hacer por ti?— mientras le hablaba, Lilynette salió de prisa de la habitación y la siguió con la mirada.

—No se preocupe, está bien para mi haber cumplido.— suspiró un poco apenado por tener que apresurarse.

—Eres muy modesto, gracias por salvar a nuestra compañera y si...— no pudo terminar de hablar debido a que fue interrumpida por el paso huracanado de una pequeña peli verde.

—He llegado a tiempo, ten, son panecillos dulces, es un regalo para ti. Por favor, acéptalo.— le ofrecía un paquete colorido al rubio. —Los he hecho yo.— regalándole una amplia y brillante sonrisa.

—Te lo agradezco.— el rubor se hacía presente en sus mejillas mientras recibía el paquete.

—No es nada, esperamos volver a verte, señor héroe.— comenzó a reír.

—Mi nombre es Wonderweiss, y no soy ningún héroe, sólo soy un mensajero.— le respondió mientras se acercaba a revolverle el cabello, para luego salir de la habitación y dirigirse a la salida.

—Vaya vaya, con que estamos con esas. ¿Tú no quieres enviar al pobre a la cárcel, verdad?— dijo la rubia guiñandole de forma coqueta a la peli verde.

—¡No digas esas cosas, además no soy tan cría, tengo 15, vieja bruja!— le respondió burlonamente.

—¿V-Vieja? Tú...— salió corriendo tras la chica que ya había comenzado su carrerilla, no sin antes apagar las luces de la habitación.

... ... ...

Se sentía tan extraño, observando tantas imágenes del pasado que ahora eran distantes, una chica sonriendo mientras disfrutaba de los dulces que había comprado, una chica tocando la guitarra en el banquillo de algún parque, una chica en una tienda viendo que se llevaría otra vez a casa, una chica sentada en la orilla de una fuente, llorando mientras abrazaba su guitarra y lo que parecía ser unas partituras.

Esas lágrimas que le hacían sentir algo que actualmente era indiferente para él pero, si le eran indiferente ahora, ¿por qué sentía su pecho tan adolorido?

—¿Señor? Mi señor, despierte, no querrá que también lo lleve a usted a su habitación.— le decía a su adormilado señor mientras lo sacudía de forma sutil.

—Por supuesto que no, ni que estuviera falto de piernas.— le respondía mientras le quitaba las manos de encima y se desperezaba. —¿Cuánto tiempo llevo dormido?

—Una hora, más o menos, será mejor que vaya a descansar— le sugirió con una suave palmada en el hombro al moreno.

—Sí, descuida.— dijo saliendo del vehículo. —¿Ella estaba bien, no tuviste ningún problema?— lo miró fijamente.

—No, todo lo contrario, ella siguió como la bella durmiente y fui bien recibido, incluso he recibido un regalo.— le enseñó los panecillos bastante contento. —¿Quiere?—

—No gracias. Te agradezco lo de hoy, buenas noches.— dijo finalmente mientras entraba a lo que parecía ser una bella Mansión.

...

Por un lado, en el palacio de las noches se encontraba recientemente despierta Orihime, bastante confusa mientras se levantaba a lavarse la cara y arreglarse para dormir como correspondía. Al entrar en su cama se dio cuenta de que había una abrigo largo y blanco, el abrigo que Cifer le había puesto, lo acercó a ella puesto que se dio cuenta de que estaba manchado o mejor dicho, alguien había escrito algo en uno de los extremos de este.

Por otro lado, en una habitación blanca invadida de detalles barrocos y muebles negros muy finos se encontraba el albino de esmeraldas profundas y cabellos de ébano, frente a un largo espejo con una expresión decidida.

Esa noche, los labios de ambos se abrieron dejando ir palabras, unas de lectura y otras a sí mismo.

"Soñar es una ilusión vacía de existencia alguna."

"Yo soy real."

Sin duda algo estaba por venir, pero era tan desconocido que pasaba inadvertido.

Continuará...

Espero muy pronto tener unos lectores más, estaría muy feliz de volver a encontrar más fans del Ulquihime como hace años, nos vemos pronto, lo prometo gente hermosa.