Notas del autor: Hace mucho que he subido el tercer capítulo de este fanfic, la culpa me sigue jaja, les traigo otro capítulo, esto de querer escribir y dedicarte al diseño al mismo tiempo mata jaja.

Últimamente la inspiración no llegaba tan fácil, y con la mente saturada de tantos exámenes, no hace maravillas en lo absoluto, pero al parecer se relaja bastante cuando llega la madrugada (Como a eso de las 2am, vaya cabezota).

Disfruten este cuarto capítulo y un saludo enorme a la comunidad del Ulquihime.

Advertencia: Puede llegar a haber contenido sexual explicito, lenguaje vulgar u obsceno, entre otros. Los personajes pertenecen a sus autor correspondiente, nada es mío más que la historia.

Dulce y lejano Otoño.

"Me gusta disfrutar de esta estación, porque estoy contigo." Él siempre repetía lo mismo cada año, muy suavemente en los oídos de la hermosa joven que solamente sonreía por y para él.

"Por favor, cuida de mi hasta cumplir cien otoños juntos, sé que odias la idea de envejecer, pero no me importa ya que seguirás siendo la mujer más bella de todos mis otoños." Le pedía y le recitaba, una y otra vez mientras pasaban los años, con cada regalo, con cada rosa, con un anillo que brillaba como el sol; todos esos detalles la habían hecho tan feliz y le habían hecho sentirse tan amada, tan atesorada por esos ojos.

"Ran." Le llamaba alguien en voz baja, dejando caer suavemente sobre sus hombros una larga bufanda rosa.

"Ran." Llamaba a su nombre alguien que ahora se veía estrechándola contra su pecho, en algún parque, frente a un enorme árbol de navidad ornamentado con muchas luces y lazos de bonitos colores mientras caían copos de nieve a su alrededor.

"No te preocupes Ran, yo siempre estaré aquí." Decía alguien con la voz a medio quebrar mientras tomaba su mano, mientras se encontraban llorando en la cama de algún hospital.

"Ran... Como lo lamento, en verdad Ran." El eco de una voz fría rebotaba en la oscuridad de la noche y el caer de la lluvia.

"Debes continuar sin mí, ya no podemos seguir, Ran." Esas palabras se transformaban en cuchillas, cuchillas que la rodeaban como una jaula y otras dándole como un blanco seguro. Era el fin, ya no había nada más que decir, solo ver una silueta que fue tan cálida volviéndose fría y perdiéndose en la oscuridad.

Había comenzado a llover, estropeando su elegante peinado, su delineado perfecto e iba mojándola poco a poco de pies a cabeza, puesto que tampoco le preocupaba sus finas ropas; había pasado aproximadamente media hora desde que Rangiku había salido a recibir a su vieja compañera durante su nueva vida en solitario. Para muchos, antes era una conducta alarmante, pero conforme con el tiempo ya lo habían visto como un hábito por parte de la rubia, que en la mayoría de los casos, después de la lluvia recibida les salía con una nueva canción.

Ya eran más de cuatro años que se encontraba bajo la firma de Hueco Mundo Studios, y a pesar de que no era muy buena su relación con el dueño, su vida era llevadera; al menos ya no se estaba matando de hambre mientras cubría la parte de las deudas que había quedado del hospital y no se estaba ahogando en la miseria de abrazarse a sí misma mientras lloraba en la oscuridad día tras día, al haber sido abandonada por la única persona que había amado desde que era una niña.

¿Podría haber sobrevivido sin haberle vendido su alma al diablo? Puede que sí, mucha gente de su alrededor, especialmente algunas mujeres de dudosa reputación que tenían en conocimiento su situación actual en ese entonces, le decían que mejor se convirtiera en prostituta ya que sus proporciones le daban una gran ventaja, pues según ellas era mejor soportar el asco que la miseria.

Pero no lo haría, por más que estuviera arruinada su vida no la mancharía, aún le quedaba dignidad que empuñar contra la vida que le estaba tocando, la poca que según ella le había quedado, pero suficiente como para sobrevivir.

—Te agradezco la visita, habías tardado demasiado.— sonreía la rubia con nostalgia mientras abría sus brazos a la lluvia. —Eres muy amable al llorar por mi.— susurraba en voz baja.

Por otra parte, había alguien pegado al marco de la puerta que daba hacia el jardín observando a la rubia con cierto desdén, sus ojos azules la estrechaban con la mirada, el problema no era ella, sino su actitud ante algo que la descascaraba por dentro.

Una sensación desagradable invadía su pecho, quería hacer algo al respecto, pero no había forma de que coincidiera con la persona que era habitualmente, y en aquel palacio la imagen siempre era primero.

"La reputación de un hombre se define por su imagen" o alguna mierda así había oído de Aizen. ¿Quién mierda había dicho esa frase? Ah sí, un tal Brian Slade; pues bien, odiaba esa estúpida frase y si fuera por él, el tal Brian y todo su sequito de perras podía hacerle la fila para chuparle los huevos; y es que hasta ahora él no estaba dando molde a una imagen, sino que estaba viviendo y actuando de la forma que lo hacía siempre, desde antes que la fama tocase su puerta.

"¿Sabes? ¡Podrías ser más amable y cambiar esa actitud de mierda, yo sólo estoy tratando de ayudarte, entiéndelo, tratando de ayudarte!" Su mente le trajo una vaga imagen que apenas puede recordar, debido a que aquella vez no estaba en sus cinco sentidos, apenas podía recordar el dolor de la bofetada que una dama de cabello violáceo le había regalado.

"Tú no necesitas esto, déjalo." Le decía mientras tiraba al fuego de la chimenea algo blanco y finísimo encerrado en un sobrecito de plástico. Que perra, le había costado tanto conseguirla, y no precisamente por el dinero; Aizen tenía guardias poniéndole el ojo casi las veinticuatro horas de cada día para separarlo de su adicción a la cocaína.

"Todos podemos cambiar, Grimmjow, no te dejaremos solo." Un abrazo lo invadía mientras sentía caer algo tibio por su cuello.

Estaba hasta la mierda de quedarse quieto observando, sacándose el abrigo y abriendo un paraguas se dispuso a avanzar hacia la rubia, ella no se había dado cuenta de su presencia, nunca había visto a alguien más despistado, sin contar a Orihime.

Ella sintió el detener de las gotas sobre su humanidad, alguien había puesto una barrera entre ella y la lluvia, también había sentido como algo la cubría por la espalda; fue entonces cuando se volteó y se encontró con la mirada felina, de profundo azul y un deje de irritación.

—¿Grimmjow, que haces aquí?— sus ojos se abrían de par en par al encontrarse con los de él.

—Entra a la casa, vas a coger un resfriado y no podrás cantar.— decía mientras sentía como su mano presionaba más y más el mango del paraguas mientras se esforzaba en contener esos sentimientos tan desbordantes.

—¿Te han dicho que detrás de esa personalidad se esconde un buen tío?— le sonrió gentilmente.

—Buen tío las pelotas, soy un gilipollas como cualquier otro, entra a secarte.— le respondió con notoria irritación mientras arqueaba una ceja el peli azul.

—Si tú lo dices...— mientras cerraba los ojos y encogía los hombros, sonrió y suspiró con resignación.

Dos siluetas desaparecían de una vista ajena, su corazón se estrujaba mientras sostenía el estuche negro con su bajo dentro; sabía que debía quedarse en casa de su amiga, pero no quería saltarse la cena con su compañero de banda, y quizás, la persona que más le importaba en el mundo.

... ... ...

Eran cerca de las 5:45pm, volvía sigilosamente a su habitación con una bolsa para ropa que trataba de esconder en su regazo. Había ido a quitarle las manchas de tinta a un hermoso abrigo blanco con el cual había sido protegida del frío y un pañuelo de seda que estaba en su cama con un escrito del mismo puño y letra.

Cuando entró a la habitación y encendió las luces, se encontró a un lado de su cama con el maniquí que le había pedido prestado a Tesla sin explicarle bien para que lo necesitaba.

Entonces comenzó a sacar cuidadosamente el hermoso abrigo con el que había sido protegida el día anterior junto a un pañuelo de blanca seda, el cual dejó cuidadosamente dobladito sobre esta para dedicarse a poner el abrigo en aquél maniquí. Si mal no recuerda, la estatura del albino era un tanto menor a la de tesla, pero ambos seguían teniendo casi la misma complexión, así que el abrigo quedaba perfecto en la figura.

En verdad tenía la vista prendada de aquel traje de ensueño, parecía hecho para un hombre nacido entre la realeza, aunque, pensando muy bien en la apariencia y comportamiento de su salvador no le extrañaría; él sí que parecía haber sido fugitivo de algún cuento o de algún libro de historia, de esos que hablaban a todo detalle de la época de las monarquías absolutas.

La pelirroja contemplaba aquella pieza tan elegante mientras pensaba en todo lo ocurrido; él era real, estuvo ahí y le salvó. Ese abrigo era la llave que le permitiría volver a tener contacto con el portador de aquellas joyas de intenso esmeralda.

Al pensar en que tenía que devolver su preciado tesoro, arrugó el entrecejo a medias, recordando donde debía devolverlo y como había obtenido dicha indicación. La explicación era simple, él no solo había dejado un mensaje en aquel abrigo, sino que dejó otro adicional en el pañuelo de seda que encontró al día siguiente; a medio esconder entre las sabanas de su cama con una anotación en aquel, digna de hacer que le quisiera mandar al diablo.

"No te relajes tan rápido, devuélveme mi abrigo, señorita marmota de incontrolables y sonoros ronquidos. He anotado la dirección en la esquina inferior del pañuelo, los deseo ambos impecables, está demás decir que eres tú y no algún sirviente quien que debe venir." Con recordar aquella nota, le fue más que suficiente para dejar de estar atontada y dar paso al enojo.

—¿Marmota, sonoros ronquidos? ¡Hijo de puta!— exclamaba indignada mientras se quitaba la peluca y la lanzaba al otro extremo de su cama. —Al cabo que ni quería tu... Ah sí, tu mugroso abrigo, eso.— sopló con fuerza para despejar su cara de los mechones rebeldes que caían por su rostro, dificultando un poco su visión.

—No sé a quién le estás hablando, pero tus pelucas no tienen la culpa.— dijo Ran, que le sacaba de sus pensamientos hablándole desde el marco de la puerta mientras seguía secándose en cabello.

—¿Ha estado buena la lluvia? Aún me sorprende que nunca te enfermes.— le respondió vagamente.

—Me subestiman, es todo lo contrario, la lluvia me fortalece y me inspira; es como mi secreto de inmortalidad.— se reía mientras le explicaba y se aproximaba a la pelirroja.

—Que tonterías dices Ran.— le sonríe de lado.

—¿Es parte del uniforme de Superman?— le señala el abrigo con curiosidad.

—¿S-Superman? ¡Esa sí que ha estado buena!— exclamó mientras se partía de la risa hasta calmarse poco a poco.

—¿Es tu héroe, no? No se me ocurría otra forma de llamarle.— arqueaba una ceja media sorprendida.

—Yo lo hubiera llamado Batman, no solo por su apariencia, su actitud también pesa mucho.— le decía mientras hacía comparaciones en su mente.

—Pues entre lo heroico, amable, educado y encantador era el único que se me venía a la mente.— describía al joven mientras se sentaba al lado de la pelirroja, dejando tranquila la toalla que ahora caía por sus hombros y envolvía casi todo su cuello.

—Espera, espera. ¿Amable, educado? ¿Me estás tomando el pelo Ran? Puede le estés agradeciendo demasiado el haberme salvado...— miraba a la rubia con una cara de confusión, preguntándose de que cojones le hablaba.

—¡Si, amable, dulce, educado y con una cara de ángel que hasta hizo babear a Lylinette!— dijo mientras dejaba entrever una sonrisa llena de malicia a pesar de que su voz reflejaba inocencia.

—¡Deja de decir gilipolleces, nunca se me ha caído la baba por nadie!— gritaba mientras se dejaba ver en la entrada de la habitación de Inoue una pequeña peli verde.

—¡Lylinette!— exclamaba su nombre con gran sorpresa, mientras sus ojos se abrían como grandes platos.

—Es de muy mala educación escuchar las conversaciones a escondidas, niñata maleducada.— le dijo canturreando cada palabra a modo de burla.

—Como si exagerar los hechos fuera algo muy bueno, deja de hacer eso.— le aclaró mientras bajaba el volumen agresivo de su voz.

—Al menos admite que te ha gustado, la cara que me has mostrado ayer ha sido digna de retratar, lástima que no tenía cámara a mano.— añadió de forma trágica.

—Ser amable con alguien que ha ayudado a Hime no ha sido nada del otro mundo, ahora podrías dejar de buscarme un novio en cada hombre que conocemos.— le pedía mientras llevaba ambas manos a sus caderas con gran disgusto.

—Ninguna de las dos quiere divertirse, joder.— suspiró con resignación la rubia.

—Ve a buscar diversión tú solita, tenemos cosas más importantes que hacer.— le respondió mientras le regalaba una mirada muy fría.

—No es necesario que te dirijas a mí con ese tipo de amor, pequeña saltamontes.— respondió fingiendo estar dolida por sus palabras.

—Ninguna de las dos quiere dejar de pelear...— dijo mientras se llevaba una mano a la sien.

—Yo no estoy peleando.— respondió a la brevedad mientras cubría vagamente su boca con una de sus manos.

—Entonces deja de molestarla.— le pidió mientras le pellizcaba la mejilla. — Serás la mayor entre nosotras, pero sí que te comportas como una pendeja a rajatabla cuando te entran las malditas ganas Ran.— la regañó.

—Hasta que lo dijo.— agradeció Lylinette poniendo los ojos en blanco.

—Hime, eso fue cruel.— le reclamó con los ojos llorosos.

—Ni que las lágrimas de cocodrilo funcionaran en mi Ran, deja ese truco viejo.— le regañó nuevamente mientras se ponía de pie frente al abrigo que descansaba en el maniquí. —Además el tiene demasiada edad para salir con Lylinette, a veces no sé en qué rayos está pensando tu cabeza Ran, es aterrador.— soltó con tono de asco.

—¿Sabes su edad?— la miró con curiosidad.

—No exactamente, pero se ve que me gana por unos más.— arrugó el entrecejo un tanto pensativa.

—¡Pero si tiene una cara de niñito bueno que apenas te gana en años, que cosas dices Hime!— le interrumpía la rubia sorprendida, al parecer no hablaban de la misma persona.

—Espera, espera. ¿Niñito bueno, que apenas le gano en edad, es joda? ¿Quién me ha traído hasta aquí?— estaba desencajada, entonces todo él había sido una ilusión, solo por el deseo de verlo una vez más se lo había imaginado todo.

—Hime, hablas como si hubieras estado borracha ayer y hoy no recordases nada; Wonderweiss, rubio, ojos violetas, cara de niñito, estatura media... ¿Me estás tomando el pelo?— le interrogó algo molesta mientras le describía al joven.

—El sujeto que me salvó era pálido como la nieve, cabellos oscuros como la noche y un par de ojos verdes con una mirada bastante absorbente; es imposible la descripción que me estás dando.— le explicaba algo sorprendida. —No encaja para nada con la persona que me describes, él me puso este abrigo, no quien estás contando.— dijo dándole la espalda mientras tomaba el abrigo para guardarlo en la bolsa junto con el pañuelo.

—Pero no había nadie más que él ayer cuando fuiste traída a casa, quizás por el cansancio y todo esto de la persecución te has puesto un poco mal y aún no asocias bien todo.— trató de calmarla mientras se levantaba a seguirla, la pelirroja había tomado la peluca que había usado durante el día.

—No estoy loca, Ran; voy a él en este momento.— dijo decidida mientras se ponía la peluca y se arreglaba rápidamente, para luego tomar sus cosas y la llave para volverlo a ver.

—¿Sola, no quieres que te acompañemos?— intentó persuadirla.

—No, esto debo verlo por mí misma, y sola.— se puso una boina y salió de la habitación, dejando a Ran de piedra con su actitud.

—Déjala.— le jaló el brazo suavemente para traerla nuevamente a la tierra. —Hay algo que no encaja en todo esto, pero estoy segura que no es algo malo.— le sonrió confiada a la rubia.

—Solo espero que no se meta en problemas, la curiosidad que tiene por naturaleza es tan encantadora, pero tan mortal para sí misma.— dijo mientras su cara se torcía en preocupación y dolor al recordar desde la nada una sonrisa que prefería olvidar.

—Tia dijo que lo olvidarás, solo te hace daño, basta.— le gritó la pequeña, haciendo que la mirara. —Ella no va a pasar por lo mismo que tú.—se había dado cuenta de lo que había visitado su mente.

—Eso espero...— dijo la rubia llevándose una mano al rostro.

...

Salió con una feroz prisa de su hogar, la lluvia se había detenido lo cual le favorecía, puesto que había olvidado con la prisa coger un paraguas y no estaba dispuesta a perder el tiempo volviendo por uno. Para su suerte, el vehículo que había usado seguía ahí, por algún momento sintió que la esperaba especialmente a ella.

Al subirse fue recibida por la sonrisa de una hermosa mujer de cabello violeta oscuro tomado en dos coletas usando el típico uniforme blanco de los choferes del palacio Las Noches.

—¿Como sabes cuándo voy a necesitarte? No sé si contentarme o sentir escalofríos.— suspiró la pelirroja mientras le ofrecía una sonrisa.

—Cirucci siempre estará a su servicio, ya sea de día o de noche; algo me dijo que me necesitaría nuevamente señorita, aún si no me llamaba.— le dijo mientras levantaba la mano a la altura de su frente, como si fuera un militar saludado a su general.

—La verdad pensaba en llamarte, pero te adelantaste.— le respondió acompañada de una suave risa. —Me hace muy feliz saber que siempre estarás ahí para mí.— le dijo mientras sacaba una nota con unas indicaciones y se las facilitaba.

—¿Es a donde quiere ir?— le dijo mientras recibía la nota, observando con santo y seña a donde quería ser llevada la pelirroja. —No está para nada lejos, así que no se preocupe por el tiempo que tomará, ya que la veo ansiosa de partir.— le sonrió para luego volver la visa al frente y ponerse en marcha.

—Gracias Cirucci, no sé qué haría sin ti.— suspiró levemente.

—Probablemente estarías pasando rabietas, con la bola de choferes de mierda incompetentes que cuenta Las Noches, hombres tenían que ser; por suerte me tienes a mi desde el primer día que te hiciste la nueva estrella de Hueco Mundo Studios.— comenzó a reír a carcajadas hasta que se calmó lentamente. — Aún te recuerdo, temerosa por entrar a las audiciones, sujetando aquella guitarra, cual única decoración eran un par de horquillas azules; la mayoría de los presentes a diferencia de ti, te veían como un insecto al cual aplastarían, para luego sorprenderse de que fueras seleccionada como prioridad de primer nivel.— entrecerraba los ojos ante tal imagen del pasado.

—¿Tú me estabas viendo? Yo creí que pasaba desapercibida entre los presentes.— contestó a la vez que sus labios daban forma a una sonrisa llena de nostalgia.

—Lástima que no estuve presente en el momento que audicionaste, hiciste llorar a todos los examinadores por lo que escuché; esos tipos eran un hueso muy duro de roer, no sé si te lo habían dicho.— seguía relatando sobre aquella vez sin quitar la vista de la pista.

—Oh vamos, no fue la gran cosa, y no deberías hablar así de tus colegas.— le dijo amablemente, aunque tal vez estaba pidiendo demasiado, puesto que era consciente de su odio hacia los hombres.

—Como si me importasen, y no seas modesta, ma cherie; eres una gran promesa y lo sabes, no puedo esperar a verte en unos años más.— volvió a reír mientras aumentaba la velocidad.

—Si tú lo dices...— sonrió para luego estirarse y fijar su mirada en el paisaje a través de la ventana, el cielo estaba hermoso.

...

Mientras tanto, estando más calmada y en compañía de Lylinette en su cuarto tomaban una taza de té mientras esperaban la llegada de Szayel y Stark.

—Ahora que lo pienso Ran. ¿Recuerdas lo que dijo aquel chico rubio?— le dijo antes de dar un sorbo a su té.

—¿De qué estás hablando?— la miró extrañada.

—"Mi nombre es Wonderweiss, y no soy ningún héroe, solo soy un mensajero." — repetía la peli verde mientras jugaba con una galleta. —Quizás el te hablaba enserio, quizás el solo vino a entregarla.— la miró seriamente mientras le daba un mordisco a la galleta con la cual jugueteaba hace un momento.

—Pero si ese fuera el caso. ¿Cuál es su problema? Digo, pudo haber venido el mismo, no entiendo porque tanto misterio.— se llevó una mano a la sien tratando de pensar en ello.

—¿No te ha puesto a pensar tampoco el por qué Hime se ha empeñado en verlo?— clavó su mirada en la rubia.

—Son iguales, ninguno quiere estar en los ojos de los demás a pesar de sus posiciones.— sentenció la rubia con un deje de tristeza.

—No hemos pensado muy distinto por lo que veo.— dijo mientras bebía un poco más de té.

...Media hora después...

—Buenas tardes, soy Cirucci Sanderwicci.— le decía la mujer a un guardia de la mansión que custodiaba la entrada.

—¿Cual es el motivo de su visita?— le interrogó aquel hombre e dura expresión.

—Yo no tengo un motivo, pero la señorita que me acompaña si.— le respondió secamente. —Lady Vermouth viene con un encargo para su señor.— continuó con seriedad.

—Concédame un momento para confirmar, puesto que no se nos ha dicho nada al respecto de dicha visitante.— le pidió mientras sacaba su celular y marcaba un contacto.

—No será necesario.— dijo una voz suave detrás del hombre; era Wonderweiss, quien ahora tomaba vagamente la mano con la que dicho guardia tomaba el pequeño aparato.

—¿Les conoces? Dicen que vienen a ver al señor Cifer.— le respondió, zafándose normalmente de su agarre y guardando su celular.

—Siendote sincero, no conozco a la mujer que conduce.— respondió relajadamente mientras sonreía amablemente para Cirucci, la cual fue recibida con una mirada de asco. — Pero a Lady Vermouth sí, que por cierto, mi señor la está esperando.— le dirigió esta vez una mirada a la pelirroja, quien desde la parte de atrás lo estaba mirando desde la ventana.

—Cabellos rubios, ojos violáceos; debes de ser a quien se estaban refiriendo mis amigas.— le dijo sin pensar, estaba sorprendida; efectivamente Cifer no la había acompañado hasta el final, eso la hacía molestarse, pero al menos, por alguna extraña razón le sentaba agradable el hecho de que su cerebro no hubiera estado imaginando cosas.

—Efectivamente, mis disculpas por haberla tomado entre mis brazos sin su consentimiento, mas usted estaba dormida y se me había prohibido despertarle.— le explicaba con calma y un tanto avergonzado.

—Creo que las explicaciones están de sobra a estas alturas. ¿Vas a permitirnos la entrada o seguiremos esperando aquí?— le interrumpió una molesta Cirucci, definitivamente la paciencia y la sutileza no eran parte de ella.

—Es verdad, ninguno de nuestros señores debe esperar, continúen.— aprobó un tanto nervioso.

Una vez las puertas abiertas, Cirucci entró velozmente, pasando de largo a los servidores sin siquiera despedirse, en verdad era incorregible, sin embargo Hime la quería y apreciaba; le recordaba tanto a una chica de cabello negro, corto y con un carácter que hacía temblar a cualquiera.

Lo servidores que habían quedado atrás estaban sorprendidos puesto que, generalmente no recibían visitas que no fueran los líderes de alguna compañía con citas previamente solicitadas; para variar la visita inesperada venía con explosivo incluido.

—Menudo carácter, te ha salido competencia Dordoni.— dijo dándole un golpe amistoso al hombre de pronunciado bigote y dura expresión.

—¿Competencia? Hablas como si quisiera ponerme a su nivel siendo una mujer; además, detesto a las mujeres groseras.— dijo sin quitar la vista al exterior de las puertas.

—Si tu lo dices...— le dijo con tono burlesco. —A este paso y con esa actitud el tren se te va a ir.— entonces comenzó a reír con escándalo para luego recibir un golpe en la cabeza.

—¡Para que se te quite, maldito mocoso!— le gritaba muy molesto al rubio.

—No tenias que ser tan cruel...— reclamaba por lo bajo y con los ojos llorosos.

...10 minutos después...

Cirucci por fin había encontrado un lugar para estacionar sin hacer que su colon tratase de estallar, puesto que era muy estricta en lo que a espacios distribuidos se trataba.

Orihime había decidido bajar para luego encontrarse con la vista más cautivadora de su vida, quizás. Una mansión blanca como la nieve, envuelto por el aroma de las rosas blancas que le rodeaban, estatuas detalladas invitándote a quedarte mirando, la estructura de de aquella mansión le recordaba cuando visitó la catedral de Notre Dame, todo su alrededor parecía antiguo y a la vez mágico; ahora solo le faltaba ver al personaje oculto dentro de esas paredes.

—Es como estar en París, supuse que pensabas en ello.— dijo la mujer de cabellos violáceos mientras sacaba un cigarrillo y lo llevaba a sus labios.

—Creí que lo habías dejado.— dijo al sentir el olor del humo de tabaco tocándole las narices. —Chocolate.— sonrió para la chofer que se mostraba sonriente ante su afirmación.

—No, ya no fumo tanto como antes, pero suelo hacerlo cuando estar rodeada de tarados me estresa.— contestó poniendo cara de asco al ver que desde lejos había un grupo de sirvientes mirándolas con cara de idiotas.

—Te prometo que no estaremos aquí mucho tiempo, no vayas a sacarle un ojo a alguien porque no dejan de mirarte.— le pidió un poco nerviosa al percatarse de la situación.

—Me conformo con que no toquen ni falten el respeto a nuestra bella dama, me da pereza usar la violencia; pero si es por usted, le arrancaría las extremidades a cualquiera.— le aclaró con una expresión que poseía una mezcla de inocencia en sus ojos y maldad pronunciada en su sonreír, haciendo que la pelirroja sintiera escalofríos.

—Dios mío, C-Cirucci...— decía con bastante miedo.

—No se preocupe por mí, apresúrese que ya le han abierto las puertas de la mansión.— le indicó mientras se acercaba a ella y tomaba una de sus manos para depositar un pequeño y curioso dispositivo. —Es un botón de pánico, si algo pasa, acuda a mí.— dijo mientras presionaba dicha mano con la suya.

—Gracias, estaré bien.— le sonrió mientras ocultaba dicho dispositivo entre sus ropas.

—Más vale, para ellos.— advirtió por lo bajo mientras soltaba su mano y volvía a uno de los costados del auto.

Entonces Inoue decidió entrar a la mansión, los hombres que estaban a cada extremo de las grandes puertas no le quitaban la mirada de encima, de seguro era por su apariencia; y es que no todos los días ves a una mujer de extravagante cabello plateado con un corte estrafalario y ojos de un rojo tan intenso como el fuego.

Inoue sostenía la bolsa como si su vida dependiera de ello, por alguna razón se sentía incomoda a cada paso que daba, quería verlo y darle lo que le pertenecía para largarse luego. Aunque para ser honestos, lo segundo era mentira, no estaba segura de querer irse como alma que lleva al diablo, pero también estaba pensando en Cirucci que también estaba haciendo un esfuerzo por seguir allí.

Cuando llegó a las escaleras, se encontró nuevamente con Wonderweiss, quien le indicó donde se encontraba su amo; no podía acompañarla porque tenía otros asuntos de los que ocuparse en su momento. Subía y subía escaleras, parecían no tener fin.

"¿A quién mierda se le ocurría poner su Atelier en un cuarto piso?" Se decía pasa si la pelirroja mientras seguía subiendo. Cuando iba llegando al final de las escaleras sintió un agradable aroma y una iluminación más pronunciada viniendo de aquel piso.

Cuando llegó al final de las escaleras sus ojos no daban crédito a lo que estaba viendo, trajes antiguos por toda la habitación, tanto de hombres como de mujeres; como se notaba la atracción de aquel hombre por el Victoriano, Barroco y el Rococó.

Brillantes bordados de hilo y pedrería captaban su atención a medida que se paseaba por el Atelier hasta encontrar a la vista todo tipo de máquinas de coser, unas más extrañas que otras. Se preguntaba si se dedicaba a esto o solo era un pasatiempo, su salvador tenía más pinta de ser un hombre de negocios que un diseñador; los que ella conocía eran totalmente lo opuesto a él.

Y para finalizar, en el centro de la habitación había un gran ventanal de finos detalles destacando entre los demás, Inoue sintió el deseo de ver más allá, así que dejó la bolsa en una mesa que tenía cerca del ventanal y se dispuso a abrirlo. Después de correr las cortinas y quitarle el seguro, se abrió para encontrarse con la vista más bella del mundo; desde ahí podía ver Las Noches y un paisaje lleno de árboles que aún conservaban muchas de sus hojas desteñidas, a pesar haber anochecido todo era tan bello.

—¿Tu curiosidad ya está satisfecha? No creí que alguien tan refinada tuviera la mala educación de curiosear como una niña pequeña.— dijo una voz ronca a lo lejos que sacó a la soñadora Orihime de su felicidad, haciéndola girar hacia ella.

—U-Ulquiorra...— pronunció con voz baja sin salir de su asombro.

—Bienvenida a mi mundo.— dijo sin cambiar su expresión para luego hacer una sutil reverencia.

El tiempo se había detenido, para luego pasar ferozmente entre ambos y con ello dejar una sorpresa; por el gran ventanal asomo un viento muy fuerte que traía consigo hojas bellas y descoloridas, pero también trajo una mala jugada para la pelirroja, dejándola al descubierto. Le había tirado la boina y para peor, también la peluca; si tan solo hubiera tomado el tiempo adecuado para fijársela bien antes de salir se habría evitado el mayor desastre que no había ocurrido en meses. Fue descubierta por el hombre de ojos de esmeraldas.

Cifer contemplaba la escena con un asombro que hizo desaparecer más pronto que el viento que los había sorprendido, en su cabeza solo podía formarse una imagen lejana. De un momento a otro fue interrumpido por un golpe seco, la pelirroja había caído de rodillas ante sus ojos con una expresión de derrotada para luego tratar de cubrir su rostro con ambas manos.

—No me mires, por favor... No— su cuerpo temblaba como si de una gelatina se tratase, hace mucho tiempo que no se sentía tan desprotegida, y todo por su maldita curiosidad. —¡No me mires!— gritó más desesperada, pero fue callada por algo acogedor, algo muy cálido la estaba cubriendo.

—¿Me tienes miedo?— susurró mientras la atraía hacia sus brazos que estaban sobre el abrigo que se había sacado para cubrirla.

Aunque su pregunta no fue respondida, el cuerpo de la pelirroja dejó de temblar para aferrarse a él, al menos se había calmado.

Mientras la mantenía a salvo, su mente no dejaba de rondar en los vagos recuerdos de hace años; cuando era un joven simple que se sentaba en una banca a dibujar en un parque cercano a donde solía vivir, donde solía observar a lo lejos una figura muy frecuente en su sitio de paz absoluta. Entonces la voz volvió a sonar.

"¿Nos volveremos a ver en este mismo sitio, en esta misma estación?"

Continuará...

Espero muy pronto tener unos lectores más, estaría muy feliz de volver a encontrar más fans del Ulquihime como hace años, nos vemos pronto, lo prometo gente hermosa.