El intermediario
"la inteligencia y la sabiduría fueron quienes le otorgaron la corona"
Se encontraba en la total oscuridad, vagando libremente en un lugar que no le permitía sensación alguna; a cambio, goza de una libertad sin límites "va de nuevo" pensó al reconocer la escena. Al poco tiempo pudo percibir un leve movimiento de ondas en medio de la oscuridad; pequeñas vibraciones aparecían y desaparecían continuamente hasta que poco a poco una imagen un tanto borrosa se fue mostrando frente a ella, luego empezaba a escuchar voces de manera difusa. Aun no eran reconocibles las voces pero ya sabía de antemano de quienes se trataban.
Cuando la oscuridad desapareció completamente, pudo verlas perfectamente; tres muñecas de altura similar a la suya caminaban frente a ella. Esto no quería decir que las muñecas fuera grandes, lo que en verdad sucedía era que ella encarnaba a una cuarta muñeca "Kirakishou…".
La primera vez que había tenido ese sueño, Tomoe había intentado tomar control del cuerpo; pero después de intentarlo varias veces, comprendió que solo podrían revivir los momentos que la muñeca guardara en su mente, así que ya solo fluía con las imágenes "y con todo lo que ella sintió en ese momento".
Las cuatro muñecas deambulaban por un gran pasillo en cuyas paredes se veían enormes cuadros. Sin embargo, estos cuadros no era pinturas normales, en ellos las imágenes se movían y cambiaba constantemente. Los cuadros mostraban las vivencias del observador con ella y las tres muñecas que las acompañaban a las que se sumaban tres más; en total, siete muñecas convivían con él. Desde la perspectiva que tenía Tomoe pudo reconocer los rostros de las seis muñecas que veía, la séptima no le era familiar pero gracias a lo que había escuchado, tenía una idea de quien era.
Una de las muñecas que estaban frente a ella señalaba algunos cuadros mientras le hacia algún comentario a otra que guiaba de la mano "las gemelas" Tomoe las había identificado desde la primera noche, pero siempre se le hacía curiosa la aptitud infantil que tenía aquella versión de Suiseiseki; en contraste, Souseiseki se mostraba mucho más alegre que la versión que la que conocía. Más adelante se encontraba la mayor de las hermanas rosenkreuz "a una versión un tanto tétrica de ella" la pequeña muñeca de cabello plateado tenía un traje un tanto gótico que, junto a su personalidad seria, le daba cierto toque siniestro. Las otras muñecas solo eran visibles por medio de los cuadros, aun así Tomoe pudo percibir algunas emociones por parte del observador.
Las escenas iban cambiando el panorama y mostraba algunos eventos que llamaron su atención. Uno de ellos fue una pelea que presenció entre Suiguintou y la versión en muñeca de Shinku, volteó a ver a su hermana mayor pero ella ni siquiera veía los cuadros; más adelante vio una escena donde varias de las hermanas luchaban en un lugar al parecer echo de cristal contra la muñeca que encarnaba; Kirakishou bajó un poco la mirada intentando no prestarle atención a aquel suceso pero Tomoe pudo percibir sus sentimientos "arrepentimiento" pensó al verla un tanto afligida.
-Todo esto es pasado, Kirakishou. Eres una de nuestras hermanas- le dijo Souseiseki con una suave sonrisa.
-cierto, cierto. Sé cómo Suiguintou, que pese a todo lo malo que hizo no siente ni un poco de culpa.- Suiseiseki hablaba sin tacto a pesar de que su hermana mayor estaba un par de pasos frente a ella; sin embargo Suiguintou solo soltó un pequeño mohín.
Las muñecas siguieron caminando hasta que una secuencia de imágenes detuvieron a Suiguintou; en ellas veía a una Joven peli negra hablando, la peli plateada se mostró sorprendida ante los ataques verbales y físicos que cometía contra el observador "todavía no supera su perdida" esta vez Tomoe escuchó los pensamientos de Kirakishou. La menor de las gemelas se acercó a Suiguintou pero una risa infantil las paralizó a todas.
-¿quién está ahí?- preguntó una Suiguintou un tanto colérica.
La risa se prolongaron un poco más y las cuatro muñecas se pusieron en guardia. De pronto, del cuadro donde Suiguintou estaba viendo a la pelinegra salió un gran reloj de arena; junto al reloj una muñeca de pelo negro apareció.
-¿sora?- pregunto Souseiseki confundida, "no, Elizabeth" Tomoe no la conocía en persona, pero gracias al relato de Suiseiseki, podía hacerse una imagen e idea de quien era "y gracias a ella también puedo darme una idea de que quiere".
-Sora está con Jun, no creo que sea la misma- le respondió Suiguintou preparándose para atacar. Pero antes de que alguna pudiera hacer algún movimiento la muñeca pelinegra rompió el reloj causando que su arena se dispersara intentado segarlas a todas. Las muñecas cubrían su vista tratando de impedir quedar cegadas, hasta que la arena se detuvo por completo.
Cuando Kirakishou abrió los ojos, se dio cuenta que Suiseiseki y Souseiseki habían sido separadas del lado suyo; pero la muñeca pelinegra seguía frente a ella.
Suiguintou se dispuso a atacarla con su espada, pero cuando estaba cerca de ella una imagen que recién apareció la detuvo. Kirakishou y Tomoe también quedaron confundidas ante la imagen; en ella veía a la chica pelinegra de hace momento en una escuela, al parecer vivía una vida pacífica "su versión en nuestro mundo" concluyó Tomoe.
-tienes la oportunidad de estar con ella de nuevo- le dijo la muñeca pelinegra- aunque ella no sabe quién eres, pero te recibirá como si fuera la misma que conociste aquí.
-¡no me jodas!- espetó Suiguintou con un ridículo intento de ataque que fue fácilmente esquivado.
-si de verdad deseas rechazar esta oportunidad, no me queda más remedio que retirarme. Pero pienso que no habrá otra oportunidad para verla.- Suiguintou se detuvo ante las palabras de la muñeca, cabizbaja, con la mirada perdida, "ya la tiene" pensó Tomoe al verla en ese estado.
-Onee-sama no es real. Ella ya no está aquí- gritó Kirakishou intentando hacerla entrar en razón. Sin embargo Suiguintou permanecía perdida en sus pensamientos.
-te dejaré este portal abierto, tu tomas la decisión. Pero debe ser rápido, porque pronto se cerrara- La muñeca pelinegra desapareció ante la vista de Kirakishou; Suiguintou por su parte seguía sumida en sus pensamientos, sin embargo levantó un poco la mirada y lentamente se dirigió a la imagen que ahora cumplía la función de portal. Kirakishou se interpuso entre ella y el portal intentando detenerla.
-quítate Kirakishou- Dijo Suiguintou con una voz sombría. La peliblanca sintió pánico ante esta actitud de su hermana pero no cedió.
-Onee-sama no es la misma Megu que conociste. Es de distinto mundo no tienes relación alguna con ella-
-¡He dicho que te quites!- espetó Suiguintou desplegando sus plumas negras para quitar a Kirakishou; ella respondió con sus pétalos blancos repeliendo el ataque de su hermana.
Ambas comenzaron una batalla desde la distancia donde solo chocaban plumas y pétalos; sin embargo, las cosas se complicaron para Kirakishou cuando Suiguintou se acercó a ella con la espada en la mano. Los primeros ataque los pudo esquivar, pero Suiguintou entró en un frenesí que le otorgaba más fuerza, con lo que sus ataques se volvían más rápidos y contundentes. Kirakishou no se percató pero Suiguintou envió dos ataques uno de los cuales le dio de lleno en el brazo lanzándolo a un lado. Tomoe compartía el dolor de la muñeca y dentro de sí no pudo evitar lanzar un grito.
El brazo se desintegraba a medida que caía, pero Kirakishou no tuvo tiempo para pensar en ello porque Suiguintou lanzó otro ataque que le dio en el otro brazo. Al ver a su hermana inmovilizada Suiguintou lanzo unos cuantos ataques más que terminaron despedazando a Kirakishou. La menor de las Rozen maiden caía al vacío mientras lentamente se desintegraba.
-Onee…sama- dijo Kirakishou con sus últimas fuerzas. Aquí Tomoe por fin se separaba de Kirakishou para despertar.
Tomoe se levantó envuelta en sudor como ya era habitual en los últimos días; desde su primer encuentro con Megu, Kirakishou había despertado un miedo que se reflejaba todas las noches en forma de sueños en los que Tomoe compartía todas las sensaciones de aquella vez con la muñeca.
"lo siento mucho, maestra" le decía mentalmente Kirakishou a su médium.
"está bien. Ya me estoy acostumbrando a ello" le respondió Tomoe en la misma forma.
La delegada se preparó y salió de su casa rumbo al instituto; ya era costumbre que se encontrara con sakurada, aun así había un tramo del recorrido que estaba a solas. Siempre aprovechaba esta caminata para intentar poner en orden sus pensamientos "aunque en los últimos días no he podido controlarlos".
"maestra, en verdad lo siento" le repitió Kirakishou al ver a Tomoe esforzarse por calmar su mente.
"no te preocupes. Sé que es algo que tú tampoco puedes controlar, después de todo, debió haber sido un momento muy duro para ti" Tomoe miró hacia el cielo mientras recordaba la noche en la que todo; comenzó la noche en la que acepto el contrato con Kirakishou.
Aquella noche Tomoe, como de costumbre, estaba preparando sus cosas para el día siguiente cuando le llegó una llamada inesperada. De manera un poco tímida Jun, al otro lado de la línea, le comentaba que deseaba volver a clases a partir del siguiente día; Tomoe estaba un poco contenta por aquella decisión del joven, después de todo, Jun era un amigo de la infancia al que le había desarrollado mucho afecto. La conversación duró cerca de media hora en la que ella intentó ponerlo al día en lo que pudo, pero ambos sabían que había sido tanto el tiempo perdido que no bastaba un pequeño adelanto de una noche.
-intentaré ayudarte después de mis prácticas de la tarde- le había prometido Tomoe cuando vio que era demasiado en lo que debía ponerse al día. Al final Jun terminó aceptando la ayuda de la delegada.
Tras terminar la conversación, Tomoe se fue a su cuarto para dormir; pero antes de que se metiera en su cama un suave brillo en el espejo llamo su atención. En un principio creyó que debido al cansancio estaba imaginado cosas; pero al ver que el brillo no desaparecía, empezó a tomarle importancia. Tomoe se acercó un poco a él espejo y al estar a un par de pasos un mensaje apareció en él.
"dar cuerda/ no dar cuerda" aquel mensaje llamó la atención de la delegada. Era como si el espejo le diera a escoger entre estas dos opciones aunque no tenía idea a de que podría significar. Tomoe levantó su mano y la posó de manera nerviosa sobre la primera opción, al instante perdió el conocimiento. Esa fue la primera vez que Tomoe vio la pelea entre Kirakishou y Suiguintou, sin embargo aquella vez no despertó tras terminar el sueño. Aquella vez la delegada volvió a la oscuridad de donde había salido, allí una suave esfera brillaba y se acercaba a ella; cuando por fin estuvo frente a ella, la pequeña luz cambio hasta tomar forma de muñeca. La muñeca, que previamente había sido derrotada, extendió su mano derecha, "bésala" susurró una voz que no pudo identificar, aun así Tomoe decidió obedecer; la delegada tomó la mano de la muñeca y la besó en un anillo que allí llevaba, desde ese momento aceptó ser la médium de la muñeca, aunque no sabía todo lo que ello representaba en verdad.
"no debió haber aceptado el contrato, maestra -le reprochó Kirakishou cuando Tomoe recordó la inusual forma en que se encontraron- no sabemos quién fue la persona que me llevo a su lado, pero debe saber mucho de lo que está sucediendo"
"lo sé. –ya en su momento había pensado sobre la casualidad de conocer a Kirakishou justo la noche antes de que todo comenzara- No es algo de lo que me arrepienta, si de esa forma puedo serles de ayuda"
"no maestra; no es nosotras a quien deseas ayudar"
"eres muy ruidosa" Kirakishou y Tomoe mantenían su conversación en forma de chanza, aquello mantenía las emociones de la muñeca un tanto tranquilas por lo que Tomoe se podía mantener serena; así continuo su camino hasta el instituto, aquel día no se encontró con Sakurada por el camino.
La obediencia había sido la virtud que caracterizaba a Souseiseki. La menor de las gemelas había sido educada bajo los ideales de lealtad y obediencia durante los dos años que estuvo bajo el cuidado del señor Raymond. Por eso cuando le pidieron ayudar a cierta persona a encargarse de Kashiwaba no dudó en aceptar la tarea; sin embargo allí sentada en la cafetería, varias dudas le asaltaban en ese momento. La persona que llevaría a cabo la tarea era una joven un par de años mayor a ella de nombre Megu Kakizaki, no obstante en sus propias palabras, era una estudiante común y corriente. Souseiseki no tenía idea de cómo esta joven podría ayudarlos, pero Raymond confiaba plenamente en ella por lo que decidió no objetar y brindarle toda la ayuda que sea necesaria.
-debemos organizar las cosas para poder tomarla sola y por sorpresa- comentó Souseiseki mientras su acompañante daba un sorbo al café- por lo que escuché puede ser peligroso si la dejamos reaccionar.
-has lo que creas necesario. A mí solo me interesa acabar con esto rápido y no tener que volverla a ver- le respondió Megu de forma tranquila.
-no volverla a ver ¿quiere decir que ya te has visto con ella?-
-un par de encuentros. Aunque ambos has sido solo de vista, aun así me altera estar cerca de ella-
La joven pelinegra mantenía una mirada sin expresiones, al hablar no demostraba emociones y su rostro no reflejaba exaltación alguna "parece una muñeca" pensó al verla actuar de forma tan monótona. Se preguntó cómo se vería al sentirse exaltada.
-aun me pregunto cómo es que piensas encargarte de ella-
-no llegaré a algo como el asesinato, por ese lado puedes estar tranquila- la manera en la que dio aquello estremeció un poco a Souseiseki.- ya Raymond me contó lo sucedido, así que tú has tu parte que yo me encargo de lo mío.
-¿Por qué estas interesada en ayudar a Raymond si no problema tuyo?- le preguntó Souseiseki a Megu cuando esta terminó su café y se paró de la mesa.
-tengo mis razones.- le respondió Megu mientras un leve atisbo de sonrisa se asomó a sus labios. Aquello dejó más intrigada a Souseiseki.
Se quedó allí un rato más pensando en aquella extraña chica e intentando ver la forma en la que llevaría a cabo su tarea; al final se dio por vencida y decidió volver a la mansión. En ese momento un mensaje le llegó "al parecer no tendré que esforzarme mucho por ingeniármelas" pensó al ver el correo que su hermana le enviaba.
Asomada a la gran ventana que había en su habitación, centró su mirada en la luna llena que colgaba del cielo. La joven tomó un libro que tenía en una mesa cercana y lo abrió allí donde había dejado un separador; dándole un poco la espalda a la luna Odile dejó que la luz de la luna iluminara las paginas mientras volvía a leer el fragmento del libro.
Aquel palacio tenía su piso echo de plata y de oro; sus muros con lapislázuli y jade. Pero en medio del gran salón brotaba un halito de muerte. Allí de rodillas ante su señor el ciervo confesaba su pecado.
-Até mis sentimientos a una rosa-dijo el ciervo inclinado sobre su rodilla derecha- sabía que al llegar el invierno ella ya no estaría más conmigo. Y aun cuando ya no existe, parte de mí ser sigue ligada a ella
-¿cómo puedes enamorarte de algo efímero?- preguntó el señor a su ciervo. Sin embargo, alguien que goza de la inmortalidad jamás podrá entender aquellos romances fugaces.
-cuando la vi por primera vez solo era un botón recién abierto. En ella vi la inocencia de una existencia que apenas veía las primeras luces de este mundo. Para mí solo era algo que debía proteger, al igual que todas las flores que creían en el jardín. Pero sin darme cuenta fui esforzándome en ella un poco más que en las demás. Ella correspondió a mis sentimientos convirtiéndose en la rosa más hermosa que había visto en mi vida; su fragancia impregnaba todo el lugar y me llenaba de paz y tranquilidad. Aquello era el aroma de la santidad. Las fragancias que brotaban de las otras flores del jardín no podían opacarla.
-aun así todo ser viviente su momento de exaltación poco antes de comenzar con su decadencia-
-siempre fui consciente de eso mi señor. Aun así todos los días me esforzaba por que no le faltase nada. Pero cuando el cielo me avisó que el invierno pronto estaría aquí mi corazón se llenó de tristeza, mi rosa pronto desaparecería sin que yo pudiera evitarlo.-
-todos lo que tiene un principio debe tener un final. Tu rosa no fue la excepción. Era una flor amenazada por el invierno; era un atardecer que se aproximaba al ocaso-
-maestra- una voz hizo que Odile interrumpiera su lectura.
-lo siento. Si te desperté- dijo suavemente Odile.
-aun no me había ido a dormir maestra- le respondió una muñeca que se asomaba a la luz de la luna.
-¿y tú hermana?-
-se encuentra dormida. Su idea es que nosotras debemos dormir a la hora habitual-
-y es algo que deberías hacer- Odile cerro su libro y lo volvió a colocar sobre la mesa- deberíamos descansar ahora que podemos; creo que pronto las cosas se complicaran un poco y poco será el tiempo que tengamos para descansar en ese momento.
Ambas miraron a la luna, intentando sentir la tranquilidad que parecía emanar de ella. Sin embargo la muñeca sabía que su médium tenía razón.
-"sigue enfadada maestra"- le dijo Kirakishou a Tomoe mas como una afirmación que como una pregunta, al verla acostada en su cama sin poder conciliar el sueño.
-"¿Por qué debería estarlo"?- le preguntó Tomoe.
-"por nada en especial. Solo que desde que llego al instituto la vi un tanto molesta. Creí que se había enfadado con el maestro Jun"-
-supones demasiadas cosas, últimamente"-
-"si usted lo dice maestra. Mas importante ¿le parece realmente buena idea hacer este viaje con Suiseiseki en estos momentos?"-
-"no lo sé. Pero suena interesante saber que es aquello del tesoro familiar"-Tomoe no estaba segura de nada últimamente, pero este viaje le podría servir para que Kirakishou pueda despegarse un poco del miedo que sentía. Por eso había decidido aceptar esta invitación. Aun así no dejaba de parecerle extraña la idea de estar unos días a solas con Suiseiseki.
-"no debería preocuparse por Souseiseki, creo que ya no representa una amenaza para usted.- le dijo kirakishou al sentir la preocupación de su médium- Lo que en verdad me preocupa es la idea de estar una semana lejos del maestro Jun"
-"las cosas se van a complicar de ahora en adelante, eso algo que ya sabíamos de antemano; aun así, elijo seguir el camino que ya empezamos juntas. Puede que alguien intente hacer alguna maldad, pero si estamos juntas creo que podremos solucionarlo"-
Kirakishou se tranquilizó al sentir tan confiada a su maestra, cosa que Tomoe pudo sentir. Esto le dijo que esta noche iba a dormir bien, por primera vez en varios días, dormiría sin los recuerdos dolorosos de Kirakishou.
Sentada en su cama Megu tenía su vista centrada en el horizonte bañado por la suave luz de la luna. La pelinegra tenía su espalda recostada contra el espaldar de la cama mientras cantaba una nana con una voz suave y llena de calidez que no podía reflejar en ningún otro momento. Sentada en sus piernas en posición fetal, tenía una muñeca de cabellos plateados. La pequeña parecía un bebe que se quedó dormido después de tanto llorar; tenía una sonrisa que reflejaba tranquilidad pero Megu sabía que ella estaba sufriendo por la presencia de sus hermanas en ese mundo "debo encargarme de ellas- pensó Megu- debo devolverle la paz a esta pequeña".
