Confrontaciones
"allí de rodillas clamó a las estrellas que estas le llevaran nuevamente junto a su amada"
Aunque en un principio parecía estar inconsciente, lo cierto es que el Jun frente a ellas parecía más otra persona en el cuerpo de su compañero. El joven, con movimientos algo torpes se puso de pie y lentamente se acercó a Tomoe quien aún yacía inconsciente en el suelo; allí gentilmente tomó su mano y tras cerrar sus ojos y agachar un poco la cara susurro un "lo siento" que apenas fue percibido por Suiseiseki quien había intentado cubrir a la delegada del enfrentamiento entre Suiguintou y Souseiseki. Allí estuvo cerca de 1 minuto, cabizbajo, con expresión consternada; Megu, quien había quedado estupefacta al igual que las demás, fue la primera en reaccionar enviando su ataque de fuego azul contra él, sin embargo las llamas evitaban tocar al joven y se repelían hacia los lados; la pelinegra obstinada envió un ataque de rosas blancas, pero los tallos que Suiseiseki hacia brotar del piso se levantaron para proteger al joven. Todas quedaron atónitas ante lo sucedido, parecía que ningún ataque quería siquiera acercarse al joven.
-ya te lo dije en algún momento- dijo Jun con voz calmada, sin soltar la mano de Tomoe ni darles la cara- Alicia nunca me haría daño.
Megu siguió empeñada en atacarlo y envió un ataque de plumas negras cuyo filo destrozaba todo a su paso, pero Suiguintou lo enfrentó con un ataque similar anulándose ambos en el aire; sin embargo Souseiseki aprovecho la guardia baja de su hermana mayor para atacarla, aunque solo fueron golpes en cuerpo a cuerpo.
-no te equivoques querida hermana- dijo la menor de las gemelas entrando en posición ofensiva- tu rival soy yo, decidamos estos entre nosotras y dejemos a los demás fuera.
Suiguintou se puso en pie lentamente, obstinada en cubrir su cicatriz así esto significara luchar con una sola mano. Suiseiseki había escuchado de eso hace algún tiempo, pero no comprendía cual era el problema con aquella marca, ni tampoco como eso pudo alterar tan fácilmente a Suiguintou. Nuevamente las hermanas se abalanzaron una contra la otra en un duelo que claramente estaba dominando Souseiseki, Suiseiseki por su parte solo podía limitarse a observar y contrarrestar todos los ataques que Megu pudiera enviar.
Tras un rato de batalla Suiguintou por fin cayó de rodillas al piso apoyándose en la espada para no caer completamente, Souseiseki se paró triunfante frente a ella e hizo desaparecer la espada, al parecer la batalla había terminado y solo quedaba esperar a que los ganadores reclamasen su premio.
-creo que es todo, descuida solo será un segundo y la delegada volverá a su vida normal, como si nada de esto hubiera sucedido- dijo Megu acercándose a ellos. Pero cuando estuvo a un par de pasos se detuvo, Suiseiseki tuvo la impresión de que Jun le causaba algo de recelo.
-¿a qué temes?- preguntó Jun sin alterar su posición- no sé qué es lo que está pasando exactamente, pero creo que intentas hacerle algo a ella ¿no es verdad?- la expresión de la pelinegra se turbo por primera vez, era evidente que esta forma de actuar de Jun le daba pavor- no termino de comprender que sucede, tú y ella fueron muy unidas en algún momento, no sé cómo llegaron a esta situación. Además de eso no entiendo cómo es que puedo sentir a Alicia dentro de ti.
"¿quién rayos es Alicia?" se preguntó Suiseiseki al ver que Jun repetía ese nombre de nuevo. Jun soltó por fin la mano de Tomoe y poniéndose en pie le dio la cara a la pelinegra, Megu por su parte, dio un paso atrás procurando guardar distancia con el joven.
-no te acerques- le advirtió en tono desafiante, sin embargo Jun se acercó hasta tomarla por la muñeca de la mano derecha. Luego acercó su mano libre al pecho de la joven, tras tenerla allí algunos segundos, una luz blanca salió de la pelinegra y quedo suspendida en el aire, Jun suavemente la tomo y la guardó en su pecho luego intentó acercar su mano de nuevo a Megu pero esta usó sus habilidades para alejarse- la rosa negra me pertenece, no permitiré que me la arrebates.
-¿rosa negra? Ya veo, ahora es una rosa negra, y creo que no cambiara su color mientras este contigo; pero yo me encargaré de devolverle su brillo plateado. Pero es extraño, si la rosa plateada está contigo ¿Por qué puedo sentir la misma aura de aquella joven caída?
Jun dirigió su mirada hacia Suiguintou quien seguía de rodillas apoyada sobre su espada, a su lado Souseiseki solo se limitaba a supervisar la situación, Suiseiseki quiso creer que era señal de que desistiría de su tarea, pero sabía que era casi tan obstinada como Suiguintou por lo que no desistirá fácilmente, así desconociera a su nuevo enemigo.
-no estaba dentro de mis planes luchar contra ti senpai- dijo Souseiseki, extendiendo su mano para materializar de nuevo su espada- pero aun no termino la tarea encomendada.
Souseiseki se abalanzó contra Jun acortando rápidamente la distancia, Suiseiseki hizo crecer tallos para defender a su compañero, luego extendió los tallos hasta Souseiseki para intentar atarla pero esta se movía ágilmente esquivando o cortando los tallos evitando así ser detenida. Suiseiseki echó un vistazo rápido a Megu, esperaba que la pelinegra contratacara, pero al parecer su encuentro con Jun fue suficiente shock como para que intentara algo más, de modo que en este momento sería una batalla entre ella y su gemela.
Ambas se miraron a los ojos por un rato. Suiseiseki nunca creyó que se enfrentaría a Souseiseki, pero en este instante ambas luchaban por lo que creían correcto; esto le alegró un poco en el fondo de su ser, aquello le decía que ambas habían madurado aunque sea un poco.
-alguien más se unirá a la lucha- comentó Jun desviando su mirada hacia otro lado ¿o habrá desviado su oído? En un principio Suiseiseki no lo había notado pero un suave sonido de arpa se escuchaba a lo lejos, lentamente este sonido se fue ampliando hasta que en un punto fue perfectamente audible. Aquel sonido de arpa se detuvo para luego retomar su sonata de una forma más eufórica. Pero aquellos sonidos hicieron estremecer todo alrededor de ellos, Suiseiseki no se pudo mantener en pie y terminó por caer de rodillas al piso mientras el mundo daba vueltas a su alrededor. Cuando intentó mirar, los demás estaban en su misma posición; el arpa empezaba a sonar más y más fuerte cada vez, y aquello provoco que la realidad en la que se encontraban empezara a destruirse para abrir campo a una blancura absorbente. Suiseiseki no podía soportar más ese ruido y terminó cubriendo sus oídos fuertemente con las manos mientras cerraba sus ojos para evitar el trastorno que aquella visión le generaba.
-nuestros pecados han sido tomados; nuestros pecados han sido pesados; nuestros pecados nos han condenado. Es hora de reconciliarnos con todos aquellos que hemos ofendido, y hora también para ponernos en paz con nosotros mismos- dijo la pequeña Elizabeth de rodillas con su cara elevada al cielo mientras las dos estatuas frente a Jun giraban su cara buscando su voz aun con los ojos cerrados- aquellos que alguna vez fueron uno no deberían mantenerse separados, si hay discordia entre hermanos es necesario ponernos en paz antes de acercarnos al altar a presentar ofrenda.
Las dos pequeñas volvieron a centrar su cara hacia el frente mientras el silencio tomó a los cuatro allí presentes. Jun se inclinó sobre su rodilla izquierda para ponerse un poco más a la altura de las pequeñas, allí pudo notar las caras consternadas de las pequeñas sin embargo ninguna osaba a empezar la conversación, entonces decidió intervenir.
-Suiseiseki, eres la mayor, deberías empezar explicando la situación desde tu punto de vista. Suiseiseki hizo una mueca de desagrado al sentirse presionada, pero tras un rato empezó a narrar.
-hace mucho tiempo ella decidió que para expandir su existencia era necesario dividirse, después de varios intentos pudo encontrar la forma de logar repartir su conciencia en varios cuerpos. De esta manera de uno paso a ser dos; de dos pasó a cuatro; pero de estas cuatro no pasaron a ocho como era lo esperado sino a siete, hubo una que se reusó a desprenderse de algunas partes de su conciencia para poder expandirse.
-comprendo, entonces en un principio todas eran una- dijo Jun siguiendo el ritmo de la explicación de Suiseiseki.
-así es. Todas éramos en dos; dos eran en una, y una era en la nada. No hubo alguien que engendrara su principio, por ello se reusó a la idea de que algún día su existencia debía cesar. Pero aunque nos hayamos dividido aun conservamos rasgos similares entre unas y otras, dichos rasgos nos generan una mayor afinidad lo que finalmente cae en un amor fraternal mayor hacia unas que hacia otras.
-este amor fraternal es lo que te ciega y no te permite ver hacia adelante- intervino Souseiseki al ver el prolongado discurso de su hermana.
-este amor es lo que no permite que nos alejemos más de lo debido- replico Suiseiseki- si nos permitimos alejarnos más de lo debido al final será casi imposible que podamos volver a ser una.
-no hay forma de que volvamos a unirnos. Ya solo queda esperar el momento en que cese nuestra existencia, o que podamos salir de esta rueda que parece infinita.
-ella no ha de perecer, sus días no pueden extinguirse-
-¿ha nacido alguien que no conocerá la muerte algún día? Su existencia tuvo un principio, su existencia ha de tener un final. Ella lleva huyendo mucho tiempo, pero por mucha ventaja que le lleve a la muerte, en algún momento ha de alcanzarla. La muerte es la corona de todos.
-la única forma de parar esta rueda es que ella vuelva a ser una-
-hay remedios y remedios, y no es estrictamente necesario que vuelva a ser una para parar esta rueda.
- no entiendo nada de lo que están hablando- dijo Jun interviniendo en la conversación de las hermanas- dice Suiseiseki que ustedes deben volver a unirse en una para parar algo, pero Souseiseki dice que no es necesario que se unan ¿Porque creen que la solución que plantean es la correcta?
-porque ella era la amada, nosotras solo somos sombras de ellas; el nunca cambiaría la existencia de ella por la de alguna de nosotras, ni siquiera la cambiaría por la de todas nosotras- dijo Suiseiseki respondiendo a Jun.
-te equivocas hermana, él ha desarrollado sentimientos por cada una de nosotras con el paso del tiempo; es cierto que ella es su más preciado recuerdo, pero no nos sacrificaría a las demás por volverla a tener a ella- replicó Souseiseki a la respuesta de su hermana.
-no hay prueba de ello, solo tienes conjeturas de lo que crees que siente él en estos momentos- insistió Suiseiseki en defender su punto.
-entonces lo ideal sería que él aclara esta duda, y de paso, ayudara a detener esta rueda en la que nos encontramos agobiados- dijo Elizabeth sin alterar su posición.
-ella no es la única que debe trabajar para detener esta rueda- replicó de manera tosca Souseiseki, aquello alteró un poco la expresión de Elizabeth pero rápidamente recobró la compostura.
-es cierto que son muchos los que deben trabajar en esto, pero por ahora deberíamos alentar a los que están aún dormidos a despertar- la voz de Elizabeth se mostró un tanto a la defensiva, al parecer no le agradaba hacia donde se dirigía la conversación.
-bien, ya tenemos la forma de solucionar las cosas entre ustedes dos. Lo ideal sería que hablaran con él para que les pueda explicar la situación- dijo Jun intentando retomar la idea principal de la situación.
-no podemos, no coincidimos en el mismo plano dimensional en ningún momento, mientras nosotras estamos aquí él está allá intentado las cosas a su manera- Suiseiseki bajó un poco su voz lo que la tornó un poco más sombría- y tu senpai ¿Qué deseas hacer?
Aquello lo tomó por sorpresa, a pesar de que estaba ayudándolas para solucionar las cosas entre ellas, no tenía ni la más remota idea de porque tan siquiera estaba allí metido. Igualmente ignoraba como podría ayudarlas, o si él tenía alguna función dentro de lo que ellas decían que debían intentar.
-aun no entiendo lo que está sucediendo, pero intentaré ayudarles en lo que más pueda. Y si hay alguna forma de resolver todo esto sin que ustedes se vean expuestas a algún peligro entonces intentaremos batallar por ese lado- aquellas palabras de Jun afloraron una sonrisa en Suiseiseki, la pequeña versión de su compañera abrió los ojos y se giró para quedar frente a él.
-tomare su palabra senpai. Si cree que podemos intentar las cosas de otra manera entonces lo seguiré.
-senpai, agradezco sus palabras y estoy seguro de que encontraremos la forma de batallar sin seguir la estipulada desde un principio- las palabras de Souseiseki se mostraban un tanto oscuras, no alteraba su expresión ni se movía de su lugar- pero yo ya encontré con quien luchar para buscar la forma de salir de esta rueda. Espero que en algún momento todos nuestros esfuerzos se unan, pero por ahora solo debemos intentar seguir luchando por lo que creemos correcto.
Dicho esto la pequeña versión de Souseiseki empezó a desaparecer frente a sus ojos, hasta que desapareció completamente, dejando allí solamente a Suiseiseki Jun y Elizabeth que seguía sin moverse de su lugar.
-senpai- llamó suavemente Suiseiseki a Jun, cuando este volteó a verla ella se empinó y le dio un suave beso el cual como en otras ocasiones termino aquella fantasía.
Cuando el suelo dejó de estremecerse Suiseiseki abrió los ojos y quito las manos de sus oídos, luego al ver que todo a su alrededor había desparecido se puso lentamente de pie. Allí se encontraba ella sola, no podía ver a ninguno de los que la acompañaban, aunque había algo dentro de ella que le decía que no estaban muy lejos.
-es muy triste que hayamos terminado en bandos opuestos, Suiseiseki. Ahora simplemente tenemos que luchar porque lo que creemos correcto choca- aquellas voz era la de Souseiseki, pero ella no podía ver en donde se encontraba- por ahora las cosas quedaran como están, pero en algún punto hemos de terminar este encuentro que quedó iniciado.
Por un rato Suiseiseki se vio inmersa en un silencio que le permitió escuchar con gran fuerza sus propios pensamientos, pero cuando estaba tan sumergida en sí misma una mano en su hombro la trajo de vuelta.
-¡Jun!- exclamó ella aliviada de ver a su compañero. El joven se agachó y allí en el suelo, o donde se supone que debía estar el suelo, apareció Tomoe aun desmayada.
-ella no se encuentra bien, ya le di algo de energía para que pueda recuperarse, pero hay que darle algo de tiempo para que pueda despertar. Podría sr un día, o una semana completa, no lo sabría a ciencia cierta, pero lo mejor sería no permitirle a su familia enterarse de esto, aunque no sé cómo podríamos explicarle que ella se va a ausentar algunos días.
-se supone que ella me acompañaría en un viaje durante una semana, lo único que haría falta es un lugar donde ella pueda descansar-
-hay alguien que nos podría tender una mano en estos momentos, aunque eso sería sacrificar gran parte de la energía que me queda. Pero es mucho lo que le debo a ella, creo que no debo escatimar a la hora de ayudarla-
Jun colocó la mano sobre su pecho y extrajo la luz blanca que le había arrebatado a Kakizaki luego la dejo flotando en el aire frente a él. Esta pequeña luz empezó a halar partículas pequeñas a su alrededor hasta crear una gran esfera luminosa, cuando esta esfera cesó su brillo frente a ella quedo una muñeca de casi medo metro echa a imagen de la menor de sus hermanas.
-Kirakishou, espero que con esto puedas batallar más fácilmente- dijo Jun sonriéndole a la pequeña mientras la tomaba entre sus brazos- creo que debemos pedirle ayuda a él, por ahora hay que alejarlas de las manos del conejo blanco.
-maestro le agradezco infinitamente que me haya devuelto mi forma física, pero ¿está seguro de poder enviarnos allí?- pregunto la pequeña en brazo de Jun mientras intentaba acomodarse en su cuerpo.
-eso gastaría toda la energía que me queda, pero aún tengo otros puntos de guardado donde me puedo apoyar. Por ahora solo concéntrate en ayudarlas a ellas- dijo Jun señalando a Suiseiseki con la mirada mientras soltaba a la muñeca en el suelo para tomarla de las manos- creo que tienes muchas pregunta, pero en este momento no puedo responderte. Por ahora solo te pido que la ayudes a mejorar y que la cuides mientras se recupera.
La peli castaña estaba muda ante este extraño comportamiento de Jun; sentía que el joven se mostraba más maduro, más seguro, más firme en sus palabras. El joven sonrió al ver el prolongado silencio de la Joven y acercándose lentamente le dio un suave beso en los labios lo que terminó por confundirla.
-es hora de que partan-
"compañía de teatro, universidad y el trabajo. Muchas opciones se abrieron para mí desde aquella vez en que Shinku llego a mi vida. Su paso fue efímero, pero pude comprender que si miro detenidamente a mi alrededor son incontables las opciones que se muestran en todo instante"
Jun sakurada es un joven universitario que ha logrado cambiar su vida gracias a su encuentro con Shinku; aquel breve encuentro fue suficiente para que el pudiera comprender que no había que esperar a que el mundo cambiara, sino intentar forjar el mundo para que este fuera mucho mejor para él. En estos momentos entraba a su departamento, después de haber pasado su tarde en la compañía de teatro donde ayudaba a su compañera de trabajo en cosas tales como decoración, vestuarios y demás cosas. Al recordar la sonrisa de agradecimiento de su compañera una suave sonrisa se aflojaba en sus labios, pero sacudiendo un poco su cabeza retomaba su típica expresión seria.
Tras servirse un poco de té, se sentó en el escritorio e intentó adelantar un pocos los deberes de la universidad. Aunque no era algo para presentar al día siguiente, el había tomado la decisión de avanzar lo más que pudiera con eso. Quería llevar la universidad al mismo ritmo de sus otros deberes para poder forjarse su propio lugar en el mundo.
Pero su estudio fue interrumpido por un fuerte golpe que provino del armario. Por un instante creyó que había sido imaginación suya, pero al repetirse el golpe entró en estado de alerta. Tomando un palo que había cerca a la ventana, el joven caminó cautelosamente hacia el armario donde los golpes insistían más y más. Cuando estuvo frente a el armario se armó de valor y abrió la puerta de un solo golpe, pero aquello hizo que dos jóvenes que se encontraban recargadas contra la puerta cayeran encima de él.
Cuando abrió los ojos sentía un fuerte dolor en la cabeza por el golpe, pero sus manos estaban inmovilizadas, al intentar hallarlas se topó con dos rostros familiares recostados a cada lado de su cuerpo in pidiéndole mover sus brazos. Sobre ellas una muñeca se asomaba para saludarlo.
-maestro, tiempo sin verlo- aquellas palabras lo alegraron y confundieron al mismo tiempo, y no supo cómo debía sentirse ante esta situación.
