Warning: Los personajes utilizados en este fic no me pertenecen, son propiedad de Hidekaz.
-Dolce Pecatto-
Capítulo 1- Descenso
-¡Por nosotras!-
El grito eufórico de Marianne resonó por toda la sala, acompañado del chasquido de una botella recién abierta de vino que pululaba de copa en copa repartida entre todas las chicas. Hoy la función había atraído a muchos clientes quienes, entusiasmados, compartían una acalorada velada con algunas de nuestras compañeras. Lleno de júbilo Pietro, nuestro jefe, por una vez había decidido recompensarnos con una pequeña celebración privada con bebida (de la barata, eso sí) y algún que otro aperitivo. ¿Qué eran los gemidos al otro lado de nuestra habitación comparados a un día libre de ese suplicio al que ahora se exponían las ausentes?
Por supuesto, callábamos y disfrutábamos del momento, conocedoras de que mañana sería otro día y su mal trago y sacrificio volvería a ser el nuestro. Mi querida amiga, sin embargo, sacudía las manos frenética y aburrida, lamentando que no le hubiera tocado alguna de las rondas. No pude evitar reír ante su actitud tan contraria al resto, palmeando su espalda en un intento vano de animarla.
-¡Vamos! ¿Qué es un hombre más que menos? No es como si nos pagaran nada del otro mundo- sonrío, buscando con la boca mojar mis labios en el líquido carmesí- al menos no como a ti-
-Esas palabras salen con demasiada facilidad de alguien a quien pagan por no acostarse con nadie, ma amie… ¿cómo lo has hecho?- pone pucheros, exagerando la expresión frustrada de su rostro- Sigo creyendo que escondes algún pez gordo como amante, del cual no me quieres decir nombre. ¡A mí! ¿Qué ocultas? ¿Un político casado? ¿Un funcionario importante de dudosa respetabilidad? ¡Oh! ¿A millonaire?- Juraría que con nada palabra la lascivia escapaba por cada poro de su piel.
-Por última vez, Marianne, no he engatusado a ningún alto cargo pervertido o algo por el estilo- suspiro, cansada de darle mil vueltas al mismo asunto- Me mosquea tanto como a ti… y el jefe no está por la labor de esclarecer mis dudas-
El silencio inundó el cuarto unos minutos, todo tipo de miradas posadas en mi persona. Me revuelvo incómoda en mi asiento, culpable por esa suerte (o desgracia) que me había tocado vivir. Libre de tocamientos no bienvenidos y de sexo mal pagado. Con un gesto elegante y desenfadado, Marianne les retó a hablar, aligerando el tenso humor creado. Después de todo, en nuestra realidad los favoritismos podían cambiar de un momento a otro, las rivalidades innecesarias. Feliz por el resultado de su acción, se levantó del sofá danzando las caderas de manera exagerada y divertida, granjeándose las risas y silbidos de nuestras compañeras, ambiente suavizado.
-¡Tan bello y romántico!- en un destello, ya se encontraba posicionada tras la cortina, enredándose en ella y lanzando miradas pícaras- ¿Te imaginas? Salir de este antro de mala muerte y trabajar íntimamente con un rico mandatario quien solo tiene ojos para ti. ¡Quizás incluso te regale un piso! Oooh amour, yo me sentiría como la gran Josephine rodeada de lujos y placeres-
-Sobretodo placeres- concluí por ella, adivinando su línea de pensamiento- Ni ese desconocido benefactor será un inteligente y poderoso Napoleón, ni un apuesto y jovial príncipe en rescate de su doncella, no te equivoques francesita- arqueo una ceja- Además, ¿Josefina no contaba con múltiples amantes a los que invitaba en las ausencias de su marido?-
-Eso, ma cherie, es la gracia-guiña el ojo, satisfecha, a lo que una ola de aplausos se unen vitoreándola-
En instantes como éste, se apreciaba la mayor diferencia entre ella y el resto. Desconocíamos su pasado (cosa no inaudita en nuestro tipo de "trabajo"), pero siempre dejó claro que acabó aquí voluntariamente. Se trataba de lo que denominábamos una "prostituta de lujo". Su belleza atraía a los más inverosímiles personajes, aún su activa naturaleza sexual la hacía rechazar con una inusitada frialdad a cada uno de los pretendientes que se agolpaban a sus pies ofreciendo otra vida. La noche la cobraba cara, y sólo sus favoritos gozaban los privilegios de descansar a su vera o rodearla de posesiones disparatadas de precio. En sus delicadas manos sostenía tanto poder como el dueño del local, o al menos el suficiente para permitirse la libertad de la que carecíamos las demás. La apodaban "La Ninfa", evocando algo considerado tabú por el simple hecho de unir lívido alta con mujer. Amaba el sexo de igual manera que amaba el concepto de amor. Por eso, aceptaba con agrado cada muestra de afecto hacia ella, negando como un impulso inmediato preferencias más allá del dinero y el atractivo.
Nos hicimos amigas en poco tiempo gracias a nuestras similares personalidades alegres y extrovertidas. Si no fuera por ella, habría seguido en esa esquina de la calle, enferma y desamparada, con único hogar los brazos de cualquiera que quisiera recogerme. Nunca me preguntó cómo llegué a Italia desde España con los bolsillos vacíos, o el por qué de mi miedo a volver a casa. Nada de eso importaba ahora.
Un fuerte golpe me despertó de mi ensoñación, alertando a las presentes y a mí. Como gatas, caminamos sigilosas hacia la ventana de la habitación, buscando vislumbrar algo entre el bloqueo de las rejas. La bilis de mi estómago subió hasta la garganta, reconociendo un familiar coche blanco de cristales tintados y a su propietario, un monstruo de metro ochenta y sonrisa ladina. Pietro discutía acaloradamente con él a un gran volumen, llamando la atención de los vecinos, mientras el otro señalaba con insistencia el local. De repente, lo agarró con fuerza del cuello y lo tiró violentamente al suelo, pasando por encima de él y entrando al edificio. El pánico invadió mis venas, paralizándome el cuerpo y la mente.
-¡Isabel, maldita puta! ¡Sal antes de que decida no pagarte esta puñetera noche!-
"Otra vez no…" Me sentía saturada por el terror y la cobardía, incapaz de mover un solo músculo para huir de mi terrible fortuna. Creía que después del veto a su presencia y protegida por mi misterioso cliente no volvería a servirle por una larga temporada, y me equivocaba. Era un habitual al club, especialmente a mi cama, hasta que su obsesión mal sana por comprarme se vio truncada. Tras aquello, darse por vencido no estaba en su vocabulario, acosándome muchas noches hasta el punto de recurrir a matones con tal de alejarlo del vecindario.
-Mon dieu… ¡Isabel, reacciona y escóndete en el armario! ¡Vosotras, ayudarme a arrastrar los muebles a la puerta!-
Marianne, siempre resoluta, reaccionó antes que ninguna y determinada lanzaba órdenes a diestro y siniestro. El sonido de la gente organizándose y colocando la improvisada barricada me saca de mi estado y corro a echar un cable, negando abandonar el barco. Mierda, ¿desde cuándo me convertí en una cobarde? ¡Jamás! La francesa, llena de orgullo, no comentó mis acciones y me dejó hacer. Con esfuerzo conseguimos empujar los sofás para bloquear la puerta, impidiendo el paso al enemigo. Los golpes y patadas no tardan en hacerse oír junto a los chillidos rabiosos e insultos.
-¡¿Qué coño pensáis que hacéis?! ¡No me toquéis los cojones putas! ¡Os vais a enterar todas cuando os pille!
Más golpes, más insultos…acurrucadas nos abrazábamos unas contra otras rezando por el cese del violento ataque, esperando que nuestras compañeras en el exterior de la sala también se hubieran refugiado. El sudor resbalaba por mis manos y frente, mientras la ropa se pegaba como una segunda piel y la saliva se secaba con los nervios. Ojalá amaneciera pronto, ojalá alguien piadoso llamara a la policía, ojalá mi vida fuera distinta…
¡Bang!
Silencio… bendito y extraño silencio. Desconfiadas, agudizamos el oído, no logrando distinguir ruido fuera. Temblorosas, Marianne y yo nos miramos, dilucidando entre si este signo es bueno o malo.
-¡Isabel! ¡Marianne!- escuchamos una voz escandalosa y confortante- ¡Soy yo! ¿Os encontráis bien?
Gilbert había venido a nuestro rescate, había acabado la pesadilla. Muchas no podemos retener las lágrimas aguantadas, la cruel experiencia de quince minutos pareciendo una angustiosa eternidad. Cuando quitamos las cosas de en medio, el albino entra agitado y se abalanza a abrazarnos brevemente, unos cuantos de sus hombres retirando un cuerpo estorbando en el pasillo. Nos observa atentamente buscando heridad y suspira.
-Coged vuestras pertenencias, nada demasiado pesado, y marcharos-
-Amie, ¿qué diablos estás diciendo? ¡Nos relacionarían con el crimen!- espetó espantada la francesa.
-¡Mein gott, Mari! ¿No puedes seguir mis palabras sin cuestionar? Mi jefe os protegerá de las preguntas de la pasma, y las otras pueden sobrellevarlo sin problemas- habló más serio de lo que jamás le habíamos visto- Si tu quieres quedarte, disponemos de alguien infiltrado moviendo los hilos que te sacará, pero Isa…-se detiene, pensando con cuidado no muy convencido- Isa debe venir, órdenes de arriba.
Con la conciencia emborronada por la velocidad de los acontecimientos, extiendo el brazo para apoyarme en la pared, sorda a los murmullos compartidos de Marianne y Gilbert. Una sensación nauseabunda y mis piernas temblando precipitan mi caída, sin embargo, antes que una superficie sólida y dolor, me encuentro unos brazos agarrando mi cintura, una maldición ronca y la respiración cálida de una persona de bellos ojos oliva… entonces, me desvanezco.
Nota de autor
Bueno, el primer lugar quiero saludar a todo el mundo y agradecer vuestro interés en mi historia, sintiendo mucho el haberla dejado aparcada por tanto tiempo. En segundo, pedir disculpas. Siento que con este capítulo por fin he saldado una deuda pendiente no solo conmigo misma, sino con el resto que tanto me animó a proseguir con ella a pesar de mis dudas. Si debo ser sincera, hace ya que sabía qué pasaría en cada capítulo, los personajes y su acciones y demás, pero por motivos personales no volví a sentirme con fuerzas para retomarla. A decir verdad, tardé en volver a leer las viñetas o fics de Hetalia hasta hace unos meses. Años sin tocarlo. Sin embargo, aquí estoy de nuevo, y prometo terminarla cueste lo que cueste, sea más corta o larga de lo que en un principio fue la idea. Muchas gracias a todos los que vuelven a leerme, o los que se unen en estos momentos con esta historia, y espero de todo corazón vuestras críticas para mejorar y realizar un trabajo de calidad, que no una simple historia.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
