Artorias el maldito, conflictos sin resolver
¡La reina de Azilla a muerto! ¡¿Cómo pudo haber pasado tal cosa?! — La monarca de Eclessia se había levantado de su trono en su salón real observando a su informante con completo asombro.
Mi señora…. eso fue lo que se nos vino a informar a las puertas del castillo, al parecer sufrieron una emboscada por obra de la reina de Hexter, Maki aniquilando a más de la mitad de la caravana que la escoltaba a ella y a la princesa Honoka — El fiel sirviente de la reina estaba postrado con una rodilla en el suelo mientras le daba las fatídicas noticias a la mayor quien de golpe se sentaría de nueva cuenta en el trono.
¿Honoka, como esta ella? — La hija y comandante de Yukio estaba a un lado de su madre vestida con simples ropas de una nobel de la realeza tomándose el antebrazo preocupada por la peli jengibre.
Por lo que se fue informado ella fue protegida por sus generales y sus campeones los guerreros de la luz solar Ornstein y Smough —
Al menos esas palabras habían causado que un gran peso de su cuerpo saliera tranquilamente pero aun la preocupación yacía dentro de ella ya que al quedar ella como la única heredera al trono y más su estado emocional no le hacían apta para poder tomar el trono, poco a poco se dirigió hacia donde estaba su madre poniendo una rodilla en el suelo en señal de reverencia pidiendo algo que posiblemente la reina le negaría, era algo sumamente arriesgado porque era incierto que esa estrategia podría ser útil para el ejército Ecclesiano pero la menor confiaba en su madurez en batalla, en su habilidad en estrategias militares por lo que lentamente comenzó a exclamar unas palabras que hicieron que la mayor pasara de un gesto lleno de angustia a una claramente molesto en cuestión de segundos, la razón: liberar a aun antiguo guerrero de su encierro en la prisión para que volviera blandir la espada pero este guerrero tenía una cosa que hacia dudar a la propia reina, estaba maldito.
Levantándose nuevamente del trono se dirigió a su hija para encararla cara a cara dejándole ver su desagrado ante tal propuesta dándole su opinión al respecto.
Hija, confió en tus excelentes habilidades como comandante de nuestro ejército, como líder nata y estratega militar pero no dejare que pongas en riesgo la seguridad del reino liberándolo, realmente no sabes que tan leal pueda ser, sino ha sido corrompido por la oscuridad que lleva dentro…. Umi…. no te arriesgues, no arriesgues la vida de soldados… por un hombre caído — Le tomaba del mentón para suavizar su mirada con cierto toque melancólico.
Madre…. Comprendo que Artorias en la última guerra contra el señor de la dimensión oscura para protegerme, tuvo que sacrificar un brazo para poder mantenerme a salvo, pero aun asi yo recuerdo perfectamente que antes de caer debilitado con un solo brazo pudo blandir la espada con la misma destreza y fuerza que si usara ambos brazos —
En ese momento entro a por la puerta una de las subordinadas de Umi, Ciaran la primera de 3 caballeros que se hacían llamar la espada de Ecclesia, una mujer la cual tenía una armadura de plata recubierta con un chaleco de cuero en la parte del pecho, además de una capa azulada en la espalda, el casco estaba reforzado con una la capa de cuero azulada en punta sobresaliendo por detrás una cola de caballo tranzada de cabello, el rostro tenía una máscara que hacia similitud a un lobo haciendo referencia la orden de alto rango militar comandada por la misma Umi: "Luz de luna plateada" deteniéndose en frente de los altos mandos del reino para hacer una reverencia inclinando su cuerpo hacia adelante para después dirigir su cabeza en dirección a su líder para apoyar con su postura y argumento con la reina de manera sutil y suave para no sonar ni demandante pero tampoco suplicante, comprendía que era un riesgo pero su compañero Artorias estaría dispuesto a blandir su espada nuevamente por la reina o por la comandante Sonoda, porque su lealtad estaba con la corona de Ecclesia, una lealtad inquebrantable que a pesar de los años, de que su cuerpo experimentara cambios, se debilitara por la oscuridad que albergaba aún tenía la fuera suficiente para blandir su espadón.
Su alteza…. con todo el respeto que usted se merece…. puedo corroborar que Artorias mi compañero en la orden de Luz de luna plateada y como el segundo caballero de la espada de Ecclesia aún está en sus facultades de poder servir al reino nuevamente — Ahora dirigía su rostro en dirección a la reina que se miraba pensativa, dudativa en si realmente creer eso.
Ciaran…. Tú, Artorias y Sif mis 3 espadas reales de Ecclesia han servido durante muchos años al reino además ustedes junto a mi hija formaron la orden Luz de luna plateada para protegernos, no dudo de su lealtad, ni de su convicción de caballero, ni mucho menos de su fuerza y habilidades, mi único temor es que su voluntad haya sido quebrantada por la oscuridad — Eso lo comprendían Ciaran e Umi pero sabían también que era el segundo mejor caballero del reino había recibido el título de cambio, él y sus compañeros.
Madre…. estamos en vísperas de una nueva batalla el ejército necesita de Artorias, el antes que yo era el líder, me entreno, me disciplino y me encamino a lo que ahora soy, le debemos eso madre... y lo sabes —
Yukio se sorprendió por esa determinación en su hija, podía ver el instinto de un lobo en sus ojos, esa voluntad, esa llama que un guerrero posee para el combate, su voluntad estaba determinada en proteger el reino con uñas y dientes si era necesario por lo que pudo contradecir ese argumento tan convincente en su querida hija. Sonriendo entonces le daría la autoridad competente para liberar a Artorias de su confinamiento confiando plenamente en que podría hacer que el volviera a ser ese campeón en sus años de gloria por lo que las 2 guerreras solamente respondieron con una última reverencia para dejar a su alteza en su trono dirigiéndose a las catacumbas del gran castillo para ver al caballero.
Descendiendo por unas escaleras en espiral con antorchas en las manos ambas miraban hacia adelante en silencio hasta que la subordinada de la peli azul hablo tenuemente.
Mi señora le agradezco infinitamente que confié nuevamente en el…. — Hablando tenuemente agradeciendo el acto de buena fe con su compañero.
Fue mi maestro cuando era niña, le debo demasiado… es lo menos que puedo hacer por él, además gracias a su protección es que sigo con vida — sus ojos en tonalidad ámbar se mostraron tristes al recordar memorias pasadas.
Pero esa expresión cambiaria en el instante de estar frente a la reja en la cual estaba encarcelado el caballero que apenas se podía notar sentado de espaldas a la pared del fondo con un brazo claramente colgándole y el otro apoyado en su rodilla, su armadura plateada estaba totalmente desgastada por las constantes batallas y triunfos a través del tiempo además de su capa azul. El detallado de su yelmo asemejaba a una especie de águila por el pico en la parte del rostro, la cola de tela azul por detrás de este colgaba por su hombro, inclusive se podían ver algunos grabados de hacían referencia a lobos en sus hombreras, parte de los codos y rodillas.
Al darse cuenta Artorias de que tenía visitas y percatarse de que eran su compañera acompañada de su líder, alguna vez su estudiante levanto la mirada para enfocarlas sobre ellas dándose cuenta que tenía la misma determinación de hace años, cuando la gran guerra ocurrió por lo que se levantó lentamente dejando ver con más perspectiva su estado al tener una postura encorvada con su brazo diestro colgándole como un simple harapo pero con la fuerza suficiente para luchar nuevamente si era requerido por lo que se acercaría a las rejas de la celda mirando a las jóvenes por breves segundos para hablar con un tono de voz maduro, algo cansado pero con esa fuerza de voluntad imbatible que le ha caracterizado siempre.
Mi señora…. ¿Mis servicios en batalla son requeridos nuevamente? —
Así es Artorias, convencí a mi madre con Ayuda de Ciaran de que aun podrías luchar una guerra más, necesito tu fuerza y tu destreza en el campo de batalla así que ¿Te sientes lo suficientemente capacitado para formar parte de las filas del ejército? —
Jejejeje mi señora…. Umi... Yo fui quien te enseño todo lo que sabes…. ¿Realmente pones en tela de juicio mi voluntad y mi lealtad a la reina, a ti? —
No necesitaba escuchar más al respecto por lo que con una leve sonrisa, la menor abrió la celda para dejar salir al caballero quien estiro sus músculos tronándose los huesos caminando encorvado, pero con firmeza y autoridad detrás de su comandante mientras Ciaran se ofrecía a ayudarle a caminar, pero el cómo todo un guerrero fuerte se negó para caminar por sus propios medios para ir a donde estaba su armería encontrándose con los vigilantes de las puertas quienes miraron con cierta curiosidad a Artorias para hablar nuevamente con gran autoridad alzando su tono de voz para demostrar que no estaba para rodeos ni dimes ni diretes.
Habrá la puerta…. — Dictamino con severidad.
Pero mi señora…. el… no debería estar preso…. — Uno de los vigilantes se atrevió a señalar al caballero de Umi en forma reclamatoria.
Te dije… que abrieras…. la puerta… en este momento… — Su mirada era intimidante y llena de autoritarismo haciendo sentir pequeños a los vigilantes de la armería que abrieron las puertas que estaban cerradas bajo llave.
Al estar dentro vieron un sinfín de armas, escudos, lanzas, armas de fuego de la época, ballestas, para encontrar en postrada sobre una especie de pedestal clavada el gran espadón de Artorias que a pesar del tiempo aún mantenía ese brillo azulado la hoja el mango deteriorado ligeramente el cual tomo Umi con la diestra para sacar la espada de su lugar con mucha dificultad haciendo que la punta golpeara el suelo mientras intentaba de manera fallida blandir dicho espadón siendo ayudada por el dueño de esa portentosa arma que la tomo con su brazo útil levantándola sin ningún problema mientras una especie de bruma azul oscura empezó a despedir su espada, todo la complexión del caballero liberaba una aura azul oscura la cual desconcertaba a las presentes pero al no ser hostil esa extraña energía lo dejaron pasar de lado. Saliendo de la armería ya armado con su espadón lo postro sobre su hombro siguiendo el paso de la menor para dirigirse a entre los pasillos del castillo a un pequeño campo de entrenamiento a un lado de las caballerizas para ver como unos hombres tratando de calmar a un gran animal, un lobo plateado de al menos 3 metros de altura con grandes y afiladas garras, colmillos voraces capaz de romper huesos, carne y metal, con una expresión de molestia ya que estaba encadenado del cuello con varios grilletes que le impedían moverse libremente.
Oh mi señora Umi…. que le trae… por aquí… — La voz del sirviente bajo de entusiasmo al ver al amo de tal animal detrás de ella acompañándole.
¿Cómo se ha portado Sif esta mañana? — Se acercó al animal sin ningún tipo de miedo para este comenzar a tranquilizarle mientras tocaba su pelaje dejando de gruñir y mostrar los dientes para de manera juguetona lamer su rostro — ¿No te saben tratar bien mis sirvientes verdad pequeño? — Algremente reina ante el gesto del gran lobo
Mi señora…. últimamente Sif está más salvaje que nunca…. le recomiendo que no se acerque — Su amo se acercó hacia su leal lobo y colocando la hoja de su espadón en dirección a los grilletes lo levanto. — ¿Qué piensa hacer señor Artorias? —
Esto…. —
De un solo golpe de tajo rompió los grilletes del animal dejando lo libre mientras seguía entretenido con Umi quien le mimaba y le daba sutiles caricias hasta el punto de caerle encima el animal haciéndole cosquillas a base de lamidas haciéndole reír, preocupando por instantes a los sirvientes, pero se tranquilizaron al verla como pocas veces se mostraba alegre e inocente como lo fue en su niñez.
Continuara…
Nota del autor: Pues aquí presento los campeones de Umi, Artorias, Ciaran y Sif, se preguntarán ¿Quién podría hacerle frente? pues en el próximo capítulo lo sabrán ya que verán el segundo enfrentamiento de esta historia, espero sus opiniones en la sección de reviews buenas tardes
