REAPER
Capítulo 2: A la Muerte y al Amor les importa todo una mierda
Ni siquiera a un vampiro le desaparece su Reloj Vital, recordó Hinata. Su cabeza era un hervidero de ideas, trabajaba a toda velocidad, en busca de alguna respuesta lógica a lo que veían sus ojos. O, mejor dicho, a lo que no podían ver.
El Reloj Vital señalaba cuánto tiempo de vida le quedaba a un ser vivo, independientemente de si era humano, un Ente, un animal… Los Reapers, al igual que la propia Muerte, podían verlo y así realizar con mayor eficiencia su misión (cuando sabes cuánto tiempo le queda a alguien, puedes vigilarlo más de cerca y prepararte para ayudarle a pasar al Otro Lado). A Hinata siempre le había parecido algo demasiado triste y no le gustaba fijarse demasiado en los Relojes de sus más allegados. Pese a todo, al convertirse en Reaper se había visto incapaz de no comprobar los de su familia y el de Sasuke.
-Hinata… ¿estás bien? –Sasuke sabía que la reacción de la chica estaba relacionada con el tema Reaper, y maldijo para sus adentros al comprender que, tal vez, Naruto podía estar en serios aprietos.
Desvió la mirada hacia Naruto, que trataba de descubrir qué diantres estaba mirando Hinata.
-¡¿Qué tengo?! –protestó. La idea de tener una araña o algo por el estilo encima le ponía los pelos de punta.
-Eh… -Hinata trató de serenarse y hablar. Inspiró profundamente- ¿Te… encuentras bien?
Naruto alzó las cejas sin comprender.
-Pues sí –respondió, confuso-. ¿Tengo mala cara?
Hinata no supo qué responder. Miró a Sasuke, buscando desesperadamente algo de ayuda.
-Re-resulta que… -Sasuke trató de salvar a su amiga soltando lo primero que se le pasó por la cabeza-. Hinata es muy sensible y puede notar cuándo alguien va a enfermar… O algo por el estilo… ¿no, Hina?
La aludida asintió lentamente, incrédula ante la excusa de su amigo. La mirada que le devolvió Sasuke al ver la expresión de la chica decía claramente "invéntate tú otra cosa, si no te gusta". Increíble, Sasuke era capaz de utilizar su sarcasmo incluso en aquel momento.
-¿De veras? –preguntó Naruto, entre preocupado y muerto de curiosidad- Eres… ¡como una exorcista! O algo así…
A Hinata casi se le sale el corazón del pecho al oír aquello de exorcista. Sasuke alguna vez había comentado que lo que hacía se parecía a eso y le preocupaba que alguien más pudiera relacionarla con aquel concepto.
-Bu-bueno… -dijo al fin, tragando con dificultad- Supongo que es algo así…
-Y… ¿me va a pasar algo? –Naruto sintió un escalofrío al decir aquello en voz alta.
No estaba segura de qué decir. ¿Sí? ¿No? ¿Tal vez? ¿Cómo podía estar siquiera allí, ante ella, hablando como si tal cosa? No tenía Reloj Vital, técnicamente no estaba ni vivo ni muerto. Simplemente, no estaba.
Hinata se frotó los ojos, preguntándose si estaría demasiado cansada y las habilidades de Reaper se habrían resentido debido a ello.
Comprobó con temor el pecho de Sasuke y no pudo más que temblar al comprobar que el Reloj Vital de su amigo seguía allí, como siempre. Volvió entonces a comprobar el pecho de Naruto.
Nada.
Aquello no tenía ningún sentido.
-Vale, me está dando canguelo –admitió Naruto-. ¿Esto es una venganza de parte de Sasuke por dar la nota antes?
Hinata reaccionó y miró al rubio a la cara. Por algún extraño motivo, sus labios esbozaron una pequeña sonrisa al hacerlo. Se sentía extrañamente bien al mirarle. Y aquello no hacía más que empeorar la situación.
-Vale, no puedo mentir más –las palabras salieron solas de su boca. Sasuke abrió los ojos como plato y casi se le desencaja la mandíbula al escuchar aquello-. Tienes razón, Namikaze-kun. Nos has pillado –desvió la vista un instante hacia el Uchiha-. Lo siento, Sasuke. Sabes que no soy buena mentirosa.
Sasuke entrecerró los ojos y esbozó una mueca.
-Hmp, pues vaya –respondió, fingiendo decepción-. Sí que ha durado poco la broma.
Naruto infló los mofletes y miró a su amigo.
-Estúpido Teme, casi me da un infarto –protestó-. No juegues con esos temas.
-Sí, sí. Lo siento.
Hinata no alcanzó a leer entre líneas, pero habría jurado que había algo que se le escapaba en aquella última conversación entre los dos muchachos.
-Cambiando de tema –dijo el rubio de pronto, volviendo a clavar sus ojos en Hinata y haciendo que ésta se sonrojara-. Puedes llamarme Naruto. Eres amiga de Sasuke, y yo también. Eso nos convierte en amigos, ¿verdad?
Hinata rio.
-Supongo… Naruto-kun.
-La próxima vez que veas algo impactante, intenta disimular un poco –protestó Sasuke.
Había aprovechado que Naruto estaba en el baño para comentar la reacción de Hinata momentos antes en la azotea.
Hinata bajó la vista y suspiró.
-Es que… Naruto-kun…
-Basta, no me lo digas –pidió Sasuke.
Hinata alzó la vista y se topó con los preocupados ojos oscuros de su mejor amigo.
-Prefiero no saberlo… Es una carga demasiado pesada y no me veo capaz de sobrellevarla tratándose de Naruto.
-Claro… Perdona… Naruto-kun es alguien importante para ti, ¿verdad?
Hinata comprendía que Sasuke no quisiera escuchar lo que ella sabía. Ni siquiera ella estaba segura de lo que significaba que alguien no tuviera un Reloj Vital. Necesitaba estudiar aquel caso y para eso debía documentarse a base de bien.
Todo cuanto sabía de Entes Sobrenaturales era lo que había descubierto leyendo centenares de libros viendo series y películas que tocaran aquel género (incluso documentales históricos que trataran de temas sobrenaturales) y, finalmente, comprobando varias teorías a base de encuentros con Entes. Había estado a punto de morir en varias ocasiones por aquellos encuentros.
O lo habría estado de haber podido morir.
Hinata cerró los ojos al recordar por enésima vez su encuentro con la Muerte a los doce años.
-AHORA ME SIRVES A MÍ –la voz de la Muerte era profunda y grave, como el eco que produce la lápida de una vieja tumba al abrirse-. LA ILUSIÓN DEL ENVEJECIMIENTO SEGUIRÁ PRESENTE, MAS NO MORIRÁS HASTA QUE YO LO ESTIME OPORTUNO.
Ojalá le hubiera hablado un poco más de los peligros que se encontraría por el camino. Pero no, la Muerte había estimado que Hinata sería suficientemente capaz de descubrirlo todo por su cuenta. Y, en caso de no serlo, podía terminar con aquella segunda vida rápidamente y buscarse otro que ocupara su lugar.
Hinata resopló al pensar en aquello. No saber nada más que un puñado de detalles la había metido en más de un problema.
-¿A qué vienen esta aura tan triste? –preguntó Naruto con una sonrisa.
Hinata dio un bote en su silla. Había estado en babia demasiado rato y la voz del rubio la pilló desprevenida. Te irá bien así si lo que aparece es un Ente la próxima vez… se reprochó a sí misma antes de volverse para ver al muchacho.
De nuevo, su rostro le transmitió una paz y bienestar extraño. No pudo evitar sonreír.
-Sólo pensaba en Sakura –mintió. Sintió una punzada al hacerlo, pero trató de ignorarla-. Espero que no tenga nada grave…
Naruto tomó prestada la silla del pupitre que había junto al de Hinata y se sentó a su lado, sin borrar en ningún momento su sonrisa.
-Ya verás como no es nada. Seguro que está durmiendo y tiene el móvil en silencio –prometió.
Hinata se sonrojó avergonzada al notar que su corazón se aceleraba, y no precisamente por pensar en su amiga. Naruto estaba tan cerca de ella que se tocaban brazo con brazo.
Y Sasuke no pasó por alto aquel detalle. Primero sonrió enternecido. Un instante después frunció el ceño: aquello no podía salir bien de ningún modo, podía destruir la vida de ambos.
El secreto de Hinata podría matar a Naruto, razonó, observando en silencio a sus dos amigos, y, sea lo que sea que le esté pasando a Naruto, puede afectar a la misión de Hinata.
Suspiró al comprender que, una vez más, estaba dejando de lado su filosofía de no meterse en temas Sobrenaturales. Pero estaba decidido: no podía permitir que aquello que estaba viendo en los ojos de su amiga fuera a más. La conocía y sabía que cosas como enamorarse y declararse a alguien eran impensables para ella, primero por su enorme timidez, segundo, porque tenía muy presente la misión.
Pero al amor solía importarle muy poco la situación y solía presentarse cuando menos debía. Y era consciente de que su amiga era hermosa y una buena chica, no sería tan descabellado que Naruto llegara a interesarse por ella… ¿no?
Sasuke volvió a suspirar, esta vez con mayor pesadumbre. Tengo que dejar de leer todas esas novelas románticas que Sakura me encasqueta siempre en la mochila, se dijo, recordando la manía que tenía su amiga de engatusarlo para que leyera todas aquellas historias de amores imposibles que tanto adoraba ella.
-¿Estás bien, Sasuke? –preguntó Hinata.
La voz de su amiga lo sacó de sus pensamientos un instante, suficiente como para asentir y volver a observarla a ella y al rubio.
Definitivamente, alguien tiene que hacer algo con estos dos…
Las clases habían terminado aquel día y Hinata estaba recogiendo sus cosas a toda prisa. Quería ir a visitar a Sakura tan pronto como pudiera.
[Voy a pasarme por tu casa en un rato. ¿Cómo te encuentras?] Le escribió por WhatsApp mientras se dirigía junto a Sasuke y Naruto a la salida del instituto.
No había pasado ni un minuto cuando Sakura apareció en línea y respondió: [Tengo gripe, no vengas. No quiero contagiarte].
Hinata detuvo sus pasos e hizo una mueca.
-¿Qué debería hacer? –murmuró.
-Cómprale algo rico y ve a verla –la voz de Naruto sonó a su lado y ella no pudo evitar dar un respingo. Estaban muy cerca y, de nuevo, el corazón de la chica latía más deprisa de lo normal-. Yo haría eso si se tratara del Teme este –añadió, señalando a Sasuke.
-Genial –dijo el Uchiha con sarcasmo-. Ahora sé que si algún día estoy enfermo y quiero descansar, tendré que contratar a un matón para que no teje entrar a mi casa.
Naruto rio.
-Sabes que entraría de todos modos.
-Lo triste es que sí…
Hinata rió. Realmente estaban muy unidos aquel par, y eso que llevaban años sin verse.
Naruto la observó y, ensanchando su sonrisa, pasó un brazo por los hombros de la chica y otro por los de Sasuke.
-¡Decidido! –exclamó alegremente- Vamos los tres a ver a Sakura. Cuantos más seamos, más divertido será, y seguro que así se recupera el doble de rápido.
La cara de Hinata estaba tan roja que parecía que tuviera fiebre. Se quedó sin habla.
Sasuke se deshizo del brazo de Naruto y lo apartó de Hinata rápidamente.
-¿Qué te crees que haces, Usuratonkachi?
Naruto lo miró sin comprender.
-¿Abrazo a mis amigos?
-Tiene un pase que me hagas estas tonterías a mí, pero a Hina la acabas de conocer. ¿Sabes lo que son las distancias?
Naruto observó a Hinata. Ella sintió que su corazón se calmaba lentamente al cruzar la mirada con aquellos ojos tan azules del rubio.
-¿Por qué te pones así? –protestó Naruto, acercándose a ellos. Sasuke dio un paso atrás- Has dicho que no erais novios, ¿no puedo abrazar a una amiga?
Sasuke quiso mandarlo todo al traste y dejar que aquel par se las arreglara por su cuenta. Pero sabía que nada bueno podía salir de todo aquello. Inspiró profundamente antes de soltar alguna tontería. Es decir, alguna tontería que interfiriera con las tonterías que estaba diciendo en aquel momento.
-¡La acabas de conocer, por amor de Dios! No puedes ir abrazando a la gente porque sí el primer día.
-Pero somos amigos… -insistió Naruto.
Sasuke volvió a inspirar con fuerza. Naruto hacía amigos hasta debajo de las piedras. Y se encariñaba enseguida con la gente, siempre había sido así. Al parecer, aquello no había cambiado en absoluto. Iba a ser imposible razonar con él…
-A no ser… -continuó Naruto, desviando la vista de nuevo hacia los ojos perlados de la chica- Que tengas novio y la haya cagado muchísimo…
Por imposible que pareciera, el rostro de Hinata enrojeció todavía más. ¿A qué venía aquella suposición? Si tuviera novio, ¿no estaría con él en aquel instante? Eso era típico en las parejas, ¿no? Pasar todo el tiempo juntos que pudieran… ¿no? ¿Cómo se le había podido pasar algo semejante por la cabeza?
-Eh… bueno, no es eso –balbució, muerta de vergüenza.
-¡Hy…Hyuuga-san! –una voz interrumpió aquella conversación.
Los ojos de Hinata se abrieron como platos y buscó a quien la llamaba, aunque antes de situarlo a unos pocos metros de ellos ya sabía de quién se trataba.
-Inuzuka-kun… -masculló, tragando con dificultad.
Sasuke y Naruto observaron también con curiosidad a Kiba Inuzuka. El muchacho estaba en su mismo curso, aunque no estaban en la misma clase y sólo coincidían en gimnasia. Para sorpresa de ambos, iba vestido con ropa de calle en lugar de con el uniforme, como si acabara de llegar al instituto tras un día entero de novillos.
Hinata, nada sorprendida con aquel último detalle, se deshizo de la especie de presa que Sasuke había hecho a su alrededor al apartarla de Naruto y dio unos pasos hacia Kiba. Éste también se acercó unos pasos, con un temor que ni Sasuke ni Naruto alcanzaron a comprender. Hinata sí que entendía a qué se debía la duda en sus pasos y el miedo y preocupación en sus ojos.
-¿Cómo… cómo estás de…? Ya sabes… -inquirió Kiba.
Sasuke miró de arriba abajo al muchacho, extrañado. Habían jugado juntos a futbol en muchas ocasiones y le conocía lo suficiente como para saber que algo había ocurrido. Kiba no era precisamente el típico chico tímido y silencioso.
-Bien, no te preocupes –respondió Hinata.
Se volvió un momento para ver a Naruto y Sasuke.
-Perdonad… tengo que hablar con Inuzuka-kun un momento… -vaciló antes de añadir- ¿Podéis… ir primero a casa de Sakura? Os alcanzo en un rato.
Naruto estuvo a punto de decir algo, pero Sasuke le dio un pisotón y asintió. Hinata conocía demasiado bien la mirada que el Uchiha le estaba lanzando: "Luego hablaremos del tema". Era curioso, Hinata sabía que Sasuke aborrecía los temas Sobrenaturales y, aun así, seguía tratando de ayudarla a sobrellevar aquella carga hablando con ella de sus misiones de Reaper.
Sonrió, dándole las gracias, y se volvió a ver a Kiba. Tomó su mano y tiró de él hacia la parte trasera del instituto. Allí podrían hablar tranquilamente. Aunque Hinata ya se hacía una idea de lo que Kiba iba a decirle…
