REAPER
Capítulo 3: Los Entes también sienten
-¡Lo siento muchísimo! –exclamó Kiba, nada más comprobar que no hubiera nadie cerca- Te… te juro que no era mi intención… Yo… Joder, lo siento mucho, Hyuuga-san.
Hinata sonrió apenada y tomó las manos de Kiba entre las suyas con cuidado. Él se removió y dio unos pasos hacia atrás, temiendo poder lastimar a la joven Reaper de algún modo. Ella suspiró, pero se quedó donde estaba; podía comprender la reacción de Kiba.
-No pasa nada –aseguró ella-. Estoy bien, de verdad.
Pero Kiba era incapaz de creerla.
-¡No, joder! –exclamó, al borde del llanto- Te hice algo terrible. ¿Cómo…? ¿Cómo es posible siquiera que hayas venido a clase hoy?
Hinata se levantó parte del jersey y la camisa del uniforme, del mismo modo que había hecho aquella mañana ante el espejo del armario en su habitación. Le mostró la cicatriz del zarpazo que cruzaba la mitad de su cintura y que apenas se percibía ya.
Kiba cerró los ojos, no porque Hinata se hubiera levantado la camisa, sino porque no quería ver lo que le había hecho la noche anterior. Abrió los ojos de golpe al sentir la mano de la muchacha colocarse sobre su mejilla cuidadosamente. Estaba tan asustado y avergonzado que no fue capaz de volver a apartarse. Y no lograba comprender la calidez que desprendían la palma de su mano y los ojos color perla de la muchacha.
-Inuzuka-kun –habló ella en un susurro-, dame tu mano.
El muchacho obedeció, aunque no sin temblar aterrorizado. No por lo que ella pudiera hacer, sino por lo que él pudiera hacerle.
Sin apartar la vista de Kiba en ningún momento, Hinata condujo su mano hasta su cintura, donde se hallaba la cicatriz del zarpazo.
Kiba inspiró profundamente al no notar ninguna marca de desgarro en la piel de ella. La curiosidad pudo al miedo y bajó muy lentamente la vista hasta toparse con la piel desnuda de la muchacha.
-¿Cómo es posible? –masculló.
-¿Cómo es posible que tú tuvieras garras y aspecto de lobo? –preguntó Hinata con un hilo de voz.
Kiba volvió a mirar sus ojos. No veía miedo en ellos, ni siquiera reproche. Tan sólo amabilidad y comprensión. Y aquello terminó de desmoronarlo y comenzó a llorar. Abrazó a Hinata con fuerza y trató de explicarse entre sollozos.
-No lo sé –admitió, desolado-. No tiene ningún sentido. Parece el guion de una peli cutre, joder. ¡Joder!
Hinata correspondió el abrazo y acarició la espalda de Kiba con suavidad.
-¿Sabes… recuerdas… si te ha mordido alguien… o algo? –preguntó Hinata, vacilante. Tratar aquel tema era complicado, y no había hablado con demasiados Entes sobre aquello como para haberse acostumbrado a aquella clase de conversaciones.
Kiba negó con la cabeza y la enterró en el hombro de la chica.
-¿Qué me va a pasar? –gimió- ¿Va a ser como en las pelis? Cada luna llena… -no fue capaz de terminar la frase, el llanto se intensificó con tan sólo pensar en aquella posibilidad.
-N-no… no te preocupes –susurró Hinata-. Yo te ayudaré. Lo de ayer fue un accidente.
Kiba la miró.
-¿Cómo vas a ayudarme? ¡Si ayer casi te mato!
Dio un paso hacia atrás, de nuevo aterrado con el recuerdo de la noche anterior, y se dejó caer al suelo, derrotado.
-Soy un puto monstruo… -masculló, clavando los puños en el suelo- Hyuuga-san, sinceramente, no entiendo qué puedes hacer tú –dijo de pronto, alzando la vista hacia ella.
Hinata volvió a mostrarle donde debía tener el desgarre del zarpazo de Kiba.
-Me curo rápido –dijo, dándose unos golpecitos sobre la cicatriz con un dedo. La mirada incrédula de Kiba la hizo suspirar. Sonrió levemente y se arrodilló ante él-. Puedo ayudarte. Puedo vigilar que no te acerques a nadie en… "esas noches"…
-Protegiendo a los inocentes del monstruo, ¿no? –las duras palabras de Kiba crisparon el corazón de la Reaper.
-Protegiéndote a ti de la bestia –respondió, y agarró el rostro de Kiba con ambas manos para poder verlo a los ojos. Aquello era demasiado importante como pararse a pensar en la vergüenza que le daba mirar a la gente a los ojos durante largo rato-. No es culpa tuya, Inuzuka-kun. Eres un chico genial, no un monstruo. Alguien te ha hecho esto y vamos a descubrir quién.
-Y… ¿y luego, qué? ¿Lo…? ¿Lo ma…? –Kiba desvió la mirada, era incapaz de pronunciar lo que estaba pensando.
-No creo que sirviera de nada –Hinata comprendió que la palabra "matar" era demasiado real en aquel momento como para decirla en voz alta-. Pero tal vez encontremos pistas.
-¿Pistas? –volvió a mirar los ojos perlados de la Reaper- ¿Para qué?
-Para dejar de ser un hombre lobo.
Kiba se quedó sin aire.
-¿Es posible?
-No lo sé –admitió Hinata-. Pero, si existe una mínima posibilidad, haré lo que sea para ayudarte.
Kiba, con las manos temblorosas y manchadas de tierra, agarró las manos con las que Hinata sujetaba su rostro.
-Hyuuga-san –susurró, su rostro estaba empapado de lágrimas-, ¿acaso eres un ángel? No entiendo por qué me quieres ayudar…
Hinata sonrió con tristeza. Ojalá. Los ángeles lo saben todo y son poderosos. Yo sólo soy una especie de zombie misionera…
-Voy a ayudarte porque no puedo quedarme de brazos cruzados después de saber lo que sé –aseguró-. Estamos juntos en esto, Inuzuka-kun. Te lo prometo.
-¿Qué hacéis aquí? –preguntó Hinata con asombro.
Naruto y Sasuke se encontraban sentados junto a la puerta principal del instituto.
-Te esperábamos –se limitó a responder Sasuke.
-Aquí el Teme sentimental decía que no quería ir sin ti a ver a Sakura –rio Naruto.
Hinata también rio.
-No era necesario, de verdad. Os habría alcanzado en un momento.
-¿Tan lejos vive Sakura? –preguntó Naruto.
-¿Por qué lo preguntas? –Hinata no entendía a qué venía aquello.
-Bueno, has tardado casi una hora.
-¡Lo… lo siento! Ha sido culpa mía –exclamó Kiba, que no había abierto la boca desde que finalizara su conversación con la muchacha.
-Qué va, no te preocupes –sonrió Hinata.
Se hizo el silencio. Hinata y Kiba intercambiaban una mirada cómplice. Sasuke observaba a Hinata con los ojos entrecerrados, intentando imaginar lo que había pasado entre ella y Kiba y a la vez sin querer saberlo. Naruto observaba a Hinata y Kiba alternadamente, muerto de curiosidad. Antes de que el rubio pudiera abrir la boca para soltar lo que se le acababa de pasar por la cabeza, Kiba habló.
-Gracias, Hinata. Nos vemos.
Los tres amigos vieron a Inuzuka marcharse por su cuenta. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, Naruto se acercó traicioneramente a Hinata y paso un brazo por sus hombros, sus labios curvados en una sonrisa burlona.
-Eres muy popular, Hi-na-ta-chan –comentó divertido.
A Hinata casi se le detiene el corazón por el repentino gesto. Giró lentamente la cabeza y se topó con el rostro de Naruto, aquellos ojos azulísimos mirándola fijamente, a escasos centímetros de su cara.
La Reaper creyó que moriría por exceso de rojo en su rostro.
-¡N-n-n-no es eso! –balbució avergonzada.
-Ohh… así que no es eso, ¿eh? –continuó Naruto, chocando con Hinata mejilla con mejilla- Entonces, ¿qué has hecho con ese chico durante casi una hora?
¡CLONC! Sasuke le arreó un manotazo a Naruto en la cabeza, cansado de aquella escenita y de lo extremadamente juntos que estaban él y su amiga.
-¡Teme! ¿Qué te pasa ahora? –exclamó Naruto, separándose de Hinata y encarándose con el chico. Se llemó una mano a la cabeza, masajeando la zona adolorida.
Sasuke se cruzó de hombros, celebrando mentalmente su pequeña victoria (haber apartado a Naruto de Hinata).
-Sólo me apetecía golpearte.
-Hmp, ya, claro –Naruto infló los mofletes.
-Bu-bueno, vámonos ya –Hinata trató de poner paz-. A este paso, vamos a llegar tardísimo a casa de Sakura.
Sasuke asintió, tomó a Hinata de la mano y comenzó a avanzar rumbo casa de los Haruno. Naruto los siguió, todavía con los mofletes inflados. No pasó por alto que Sasuke trataba de separarlo de Hinata desde la mañana. Se preguntó si el Uchiha veía de veras a la chica sólo como a una amiga.
