REAPER

Capítulo 6: En mitad de la noche

Hinata miró a Naruto sorprendida. Jamás se habría esperado que Naruto fuera una persona introvertida en algún momento de su vida. Desde que lo hubiera conocido la mañana anterior, le había parecido una de esas personas extremadamente extrovertidas que encuentran amigos hasta debajo de las piedras.

-Nunca lo habría imaginado –respondió con asombro-. Y nada menos que Sasuke… ¿Era tan borde como ahora?

Naruto rio.

-A veces, un poco –admitió-, pero creo que es porque no se le daba bien relacionarse con la gente.

-Cuando le conocí, tampoco hablaba demasiado –recordó Hinata. Aunque no podía decir mucho, ella tampoco era Miss Habladora, precisamente.

Naruto apoyó los codos en la mesa y se echó hacia delante.

-Pues ya ves –asintió-. Pero tampoco ha cambiado tanto, por lo que veo. Sigue acojonándose cuando se trata de su padre.

-El señor Uchiha da un poco de miedo –admitió Hinata, recordando la severa mirada con la que la miraba cada vez que iba a casa de su amigo.

-Tranquila, Hyuuga-san, no eres la única a la que le da miedo ese hombre –rio Naruto.

Hinata sonrió de lado. Inspiró profundamente para reunir valor.

-Hinata –dijo.

-¿Qué? –Naruto miró a la chica sin comprender.

-Puedes llamarme por mi nombre de pila –la chica bajó la vista, su cara enrojecía por momentos-. Tú me dijiste que podía llamarte Naruto, así que…

Naruto torció el gesto.

-¿Y qué hay de lo que dijo Sasuke ayer? –preguntó- ¿No es cierto que te molesta que la gente se acerque demasiado a ti?

-N-no es eso –Hinata comenzó a jugar con sus dedos, nerviosa. Naruto pensó que aquello era un gesto de lo más adorable-. Me cuesta hablar con la gente… Pero eres amigo de Sasuke –se obligó a lazar la vista y, al cruzarla con la de Naruto, decidió que había hecho bien, pues al momento se tranquilizó-, y quiero que nos llevemos bien.

-No hace falta que te fuerces –Naruto desvió la vista incómodo-, Sasuke ayer dejó claro que…

-¡Olvídate de lo que dijo Sasuke!

Naruto y varias personas que todavía estaban en el comedor observaron a Hinata con asombro. Se había levantado de golpe de la silla y había elevado la voz sin darse cuenta. Al percatarse ella de esto, volvió a sentarse rápidamente, avergonzada.

-Lo que quiero decir –murmuró- es que no me molesta que me llames Hinata.

Su corazón se aceleró al decir aquello, que de pronto le sonaba como una declaración de amor. Sus mejillas ardían y era incapaz de volver a alzar la vista para mirar a Naruto.

-Vale, pero se lo cuentas tú a Sasuke.

Hinata elevó la vista y se encontró con un sonriente Naruto. Sintió al momento que la tensión había desaparecido y suspiró aliviada, devolviéndole la sonrisa.

Hinata se sentía optimista, llena de positivismo. Aquel día había arreglado con Naruto el tema de las distancias entre ellos, Sasuke se había desentendido de aquel tema (o eso creía ella) y estaba convencida de que podría hablar por fin con Sakura cara a cara de lo que la había llevado a encerrarse drásticamente en su habitación.

Había dado las buenas noches a su padre y hermana hacía una hora y media aproximadamente. Tiempo de sobras para que ambos su hubieran ido a dormir. Al día siguiente había que ir a clase y a trabajar, todos los habitantes de la casa tenían que madrugar, así que generalmente nadie trasnochaba. Y Hinata ya se había asegurado de comprobar que su padre no tenía trabajo atrasado que tuviera que terminar antes del día siguiente.

La chica se vistió de negro y salió tan discretamente como pudo por la ventana de su habitación. Justo enfrente de la ventana había un árbol por el que podía bajar si iba con cuidado. Ser una Reaper no había mejorado su condición física, pero por suerte Hinata siempre había sido bastante atlética (de niña había hecho gimnasia artística). No era capaz de saltar al patio desde el primer piso, pero sí tenía el suficiente control sobre su cuerpo y equilibrio como para no romperse la crisma mientras maniobraba por el árbol.

Hinata decidió moverse por la zona boscosa que había junto a su calle. Así podría acortar camino y ya de paso evitar ser vista por la calle a altas horas de la noche. Con esa intención, había cogido la linterna que guardaba en su mesita de noche por si había un apagón en la casa.

Había recorrido tantas veces aquel bosque que podría haber llegado a la casa de su amiga con los ojos cerrados. Además, los Haruno no vivían especialmente alejados de los Hyuuga, otro punto a favor en aquella escapada nocturna.

Y en aquello andaba pensando cuando de pronto escuchó algo de revuelo por el bosque. Enseguida alertó sus sentidos, vigilando de no encontrarse con un jabalí o algún otro animal (no habría sido la primera vez).

Sus pasos se volvieron más delicados y silenciosos, sus oídos prestaban atención al mínimo ruido y sus ojos seguían rápidamente la luz de la linterna, con la que apuntaba a todos lados.

Al ver la luz, se habrá asustado, se dijo al cabo, riendo en voz baja para liberar tensiones. Nunca se acostumbraba a toparse con animales de noche.

Y justo cuando pensaba en aquellos, algo la placó por la izquierda con fuerza. Hinata cayó al suelo, y la linterna aterrizó a unos metros de ella. El ataque la había pillado totalmente desprevenida, aunque no tenía tiempo para recriminarse el no haber estado lo suficientemente alerta como para no ver venir el placaje por el flanco.

Intentó levantarse a toda prisa, pero alguien la retuvo contra el suelo, sujetando sus brazos con fuerza. Ya no estamos en luna llena, ¿qué está pasando? Gritaba desesperadamente en sus pensamientos, sin encontrar lógica a aquel ataque. Quizás se trataba de un simple psicópata, en lugar de un hombre lobo. También hay humanos que atacan a la gente por las buenas…

-¡Suéltame! –gritó, revolviéndose violentamente con quien fuera que le estuviera aplicando aquella presa.

-¿Hina? –una voz demasiado conocida para la joven Reaper sonó a escasos centímetros de su rostro.

El atacante se apartó al instante y retrocedió con temor.

Hinata no podía creer lo que había escuchado, pero tenía que comprobarlo. Muy lentamente, se encaminó hacia donde había caído la linterna, sin apartar la vista de la silueta de su atacante. Al enfocar en su dirección, se quedó sin respiración durante unos segundos, creyó que el mundo se rompía en mil pedazos, que la existencia misma se reía en su cara con la mayor de las ironías.

-Sakura… -murmuró Hinata, todavía incapaz de creer lo que sus ojos le mostraban.

Sakura Haruno, su mejor amiga desde secundaria, una chica alegre y llena de energía, miraba ahora a Hinata con los ojos extremadamente abiertos y llenos de terror, encogida contra un árbol, con la cara y la ropa manchadas de sangre. Su cabello color rosado, siempre perfectamente cuidado, ahora lucía totalmente enmarañado, manchado también de sangre, tierra y con alguna hoja enredada.

Varias teorías pasaron por la mente de Hinata al instante, como si los conocimientos de la Reaper quisieran abofetearla para que aceptara lo que tenía ante ella. Sin poder evitarlo, fijó la vista a la altura de su pecho, donde el Reloj Vital de Sakura permanecía totalmente parado. No, parado no. Congelado en el tiempo.

-¿Qué te ha pasado? –alcanzó a preguntar, intentando controlar la voz para que no le temblara.

La pelirrosa observó un segundo a su amiga, su rostro descompuesto en una mezcla de miedo y vergüenza, antes de salir corriendo entre los árboles.

-¡Espera! –Hinata salió corriendo tras Sakura, asombrada de la velocidad con la que se movía su amiga.

Sakura parecía decidida a que Hinata no la atrapara, pues no detuvo su carrera en ningún momento. Sin embargo, Hinata no estaba dispuesta a dejar escapar a Sakura después de lo que había visto. Necesitaba urgentemente hablar con ella y aclarar cómo demonios había terminado así.

La persecución se alargó lo que a Hinata le pareció una eternidad. Y, pese a estar en buena forma, la Reaper comenzaba a sentir el cansancio en su cuerpo. El efecto de la subida de adrenalina no iba a durar toda la noche.

-¡Sakura, detente! –exclamó Hinata, aunque había vuelto a perder de vista a la pelirrosa- ¡Puedo ayudarte!

-¡Márchate! –gritó a los pocos segundos Sakura.

Aprovechó aquel grito para tratar de situar a su amiga y se encaminó hacia donde le pareció que debía de estar.

-¿Ayudarme? –continuó la pelirrosa, en su voz se notaba claramente la incredulidad ahora- ¿Cómo va nadie a ayudarme? ¡No digas tonterías, Hina!

-¡Puedo ayudarte! –repuso Hinata con firmeza, aunque en el fondo no estaba del todo segura de aquello. Si lo que había visto no había sido una alucinación, no estaba segura de cómo podría salvar a su amiga.

Llegada a aquel punto, Hinata se detuvo. Sakura podía llegar a ser extremadamente cabezota cuando quería, si de veras no quería verla, jamás conseguiría atraparla.

Aun así y para sorpresa de la Reaper, tras un largo silencio, Sakura apareció tras unos árboles con pesadumbre, caminando muy despacio, como un animal herido y asustado.

-¿C-cómo? –preguntó. Le temblaba la voz y parecía que fuera a huir de nuevo en cualquier momento- ¡No te acerques! –añadió al ver que Hinata caminaba en su dirección.

La morena se detuvo al momento. Podía ver claramente el Reloj Vital de Sakura y, como había temido, lo de antes no había sido ninguna alucinación: estaba completamente congelado en el tiempo.

-¿Cuándo… pasó? –preguntó.

Sakura bajó la vista y por un momento creyó que volvería a echarse a llorar. Pero no lo hizo, tan sólo respondió en un murmullo que a Hinata le costó horrores escuchar:

-El fin de semana.

Lo sabía, pensó Hinata al momento.

-¿Quieres… hablarlo en otro lugar? Con más tranquilidad…

Sakura movió la cabeza enérgicamente en una negativa.

-No quiero que nadie me vea así –murmuró.

-Ven a mi casa –decidió Hinata.

Sakura la miró horrorizada, ni siquiera la propia Hinata comprendía del todo por qué había propuesto llevar a Sakura a su casa en aquel estado.

-¿Estás loca?

-Te quedarás en mi habitación –se apresuró a decir Hinata-, nadie te verá. Hablaré con mi padre, no le importará que te quedes.

-¿No le importará que llegue en mitad de la noche con pinta de haberme peleado con un oso? –Sakura alzó una ceja y, por un segundo, Hinata vio que su ejor amiga todavía seguía allí, bajo aquel aspecto salvaje que tenía ahora.

-No te verá, porque irás derecha a la ducha –convino Hinata, improvisando sobre la marcha.

-Hina, tu plan hace aguas por todas partes –repuso Sakura con hosquedad-. Déjame sola y no vuelvas a buscarme.