REAPER
Capítulo 7: La estrategia de Hinata
-Recuérdame otra vez por qué te estoy haciendo caso –protestó Sakura en un siseo, mirando con el ceño fruncido el árbol por el que Hinata trepaba. Subir le costaría más que bajar, en parte porque estaba reventada después de la maratón nocturna que había corrido con Sakura por el bosque.
-Porque somos amigas y te voy a ayudar –respondió Hinata, deteniéndose entre dos ramas para dedicarle una seria mirada y de paso retomar el aliento-. Si te escapas, te iré a buscar, Sakura. Y te encontraré como que me llamo Hinata Hyuuga.
-¿Dónde quedó la dulce y tímida Hinata? –refunfuñó Sakura entre dientes, sorprendida por la naturalidad con la que su amiga estaba asimilando toda aquella situación.
En realidad, Hinata estaba tan o más aterrada que la pelirrosa con todo aquello. Había visto el Reloj Vital de Sakura y aquello sólo podía significar una cosa: vampirismo. Hacía poco que había descubierto que Kiba era un hombre lobo, Naruto, el nuevo alumno, ni siquiera tenía Reloj Vital… y ahora Sakura había dejado repentinamente atrás su mortalidad.
¿Cuándo iba a tener tiempo para el trabajo principal de Reaper? Ayudar a las almas de los difuntos a pasar al Otro Lado correctamente. En teoría, lo de los Entes Sobrenaturales era algo secundario, ¿no? Y encima estaba castigada y no podía salir de casa más que para asistir al instituto.
La pregunta ya no era cuándo podría ejercer como Reaper, la pregunta era: ¿cuándo volvería a tener un momento para ella misma? Ni clases, ni entes, ni muertos… Ella, Hinata, teniendo un sábado normal y corriente, saliendo con sus amigos a la playa, por ejemplo, sin encontrarse por el camino con uno que se había muerto ahogado o con dos conductores inconscientes que habían decidido hacer una carrera en la carretera con más curvas de toda la región…
Céntrate, Hina, se reprendió en sus pensamientos, tu amiga te necesita.
Una vez en su habitación, se desvistió y volvió a poner el pijama rápidamente, guardando en su armario a toda prisa la ropa que había utilizado en su escapada. Ya se ocuparía de ponerla a lavar en otro momento. Pasados unos minutos, se asomó a la ventana y le hizo un gesto a Sakura con la mano.
Al cabo, el teléfono de Hinata comenzó a sonar.
-¿Diga? –respondió la chica, fingiendo estar medio dormida.
-Hola, aquí la chica-monstruo –respondió Sakura con sequedad-. Ahora es cuando finges que te llamo de forma dramática y te revelo que estoy delante de tu casa y no sé a dónde ir, ¿no?
A Hinata se le encogió el corazón al oír la voz de Sakura. Sonaba tan alegre como una madre en el entierro de su hijo. Tenía que encontrar la forma de ayudar a su amiga… Pero primero, lo primero.
-¡¿Q-qué?! –exclamó Hinata, fingiendo sorpresa, como quien se despierta al instante de escuchar una noticia terrible- Espera, ahora bajo.
Colgó y salió corriendo de su habitación. Bajó las escaleras y abrió la puerta de la entrada rápidamente. Aquello fue menos fingido de lo que había pretendido, y es que lo importante era que su padre no viera a Sakura en aquel estado.
-Vamos –Hinata agarró la muñeca de Sakura y la arrastró escaleras arriba. En cuanto estuvieron en la habitación de la morena, la pelirrosa se deshizo del agarre y marcó cierta distancia entre ellas, entre precavida y asustada por lo que pudiera llegar a hacerle si no se controlaba.
Hinata creyó estar viviendo un déjà vu, Kiba había actuado de un modo similar al hablar con ella.
-Necesitas darte una buena ducha –dijo al instante Hinata, que ya escuchaba movimiento por la casa-. Así podré convencer a mi padre de que te quedes y, de paso…
Enmudeció al momento, sintiéndose completamente idiota por el poco tacto que estaba demostrando hacia el final de su propuesta.
-Y de paso me limpio la sangre y toda la mierda que he acumulado –terminó Sakura por ella-. Seguro que parezco una carnicería ambulante…
Hinata asintió levemente, apenada por el estado de Sakura. Le dolía ver a su amiga de aquel modo. Pero no era momento para ponerse sentimentales, tenían que actuar rápidamente. Hinata guio a Sakura hasta el baño.
-Tienes toallas limpias en esos cajones. Ahora te traigo algo de ropa –le informó antes de cerrar la puerta.
-Hinata, ¿qué es todo este escándalo?
La aludida suspiró para sus adentros, aliviada. Justo a tiempo, se dijo.
-Sakura ha tenido una discusión con sus padres –dijo. Cosa que no era mentira en cierta parte, ya que su amiga le había explicado hoscamente mientras se dirigían a casa de los Hyuuga cómo estaba la situación en casa. La dulce Mebuki Haruno había estallado finalmente y había discutido con su hija largo rato. Eso sí, con la puerta de la habitación de la joven de por medio.
-¿Sabes la hora que es? –repuso Hiashi Hyuuga, todavía con un pie en el reino de Morfeo.
-Por favor, ¿puede quedarse Sakura? –pidió Hinata, ni siquiera tuvo que fingir lo mucho que deseaba que aceptara.
Hiashi Hyuuga, por más que pareciera el hombre más serio del mundo, se convertía en algodón de azúcar y se derretía cuando se trataba de sus hijas. Y, pese a haber castigado a Hinata, había algo en su mirada y voz que le impidió negarle aquella petición. Además, ¿quién echaría de su casa a una adolescente a las tantas de la noche?
El hombre suspiró finalmente, derrotado.
-De acuerdo, puede quedarse –cedió, sonriendo levemente y pestañeando para no dormirse allí mismo de pie-. Ya sabes dónde están los futones para invitados, ¿verdad?
Hinata sonrió.
-Sí. Gracias, padre.
-Buenas noches, cariño –Hiashi besó a su hija en la cabeza-. No tardéis mucho en ir a dormir. Es tarde.
-Claro –asintió Hinata, su sonrisa se tornó triste al ver a su padre regresar a su habitación. Siempre, desde que volviera a la vida, había odiado mentirle. Sabía que debía hacerlo, pero, aun así, le crispaba el corazón cada vez que su mente maquinaba una mentira, haciendo cada vez más grande la enorme muralla que la separaba de su antigua, apacible y corriente vida.
Sakura salió del baño caminando de puntillas. Pese a que el señor Hyuuga supiera de su presencia en la casa la incomodaba ser descubierta en el pasillo. Ahogó una exclamación al encontrarse a Hinata sentada en el suelo con la cabeza apoyada en las rodillas.
La pelirrosa la observó en silencio, preguntándose si su amiga se había quedado dormida mientras esperaba a que se duchara. Era comprensible, teniendo en cuenta la hora. Cerró los ojos un momento y suspiró, sopesando al idea de escapar y… ¿y luego qué? No podía regresar a su casa y encerrarse eternamente en su habitación.
No tenía a dónde ir…
-Sakura –la voz de Hinata susurrando su nombre la sacó de sus pensamientos un momento y volvió a abrir los ojos.
La morena se estaba levantando del suelo y no le quitaba la vista de encima, como si temiera que escapara en cualquier momento. Sakura no pasó por alto que su amiga tenía aspecto de haber estado llorando y creía saber el motivo: había escuchado la conversación que tenía Hinata con su padre y sabía de sobras que Hinata odiaba mentir.
Entraron en la habitación de Hinata. Había un futón en el suelo, junto a la cama de estilo occidental de la Hyuuga.
-¿Tienes sueño? –preguntó Hinata, vacilante.
-No –admitió Sakura con un hilo de voz.
-Entonces, hablemos –decidió Hinata.
Sakura tomó aire, más por instinto que por verdadera necesidad, y se sentó en la silla del escritorio de su amiga, al otro lado de la habitación. Hinata estaba sentada en su cama con las piernas cruzadas.
-Hay algo que quiero saber –dijo Sakura antes de que Hinata tuviera tiempo a formular ninguna de las preguntas que tenía en mente-. ¿Por qué estás tan tranquila?
Ciertamente, Hinata odiaba las mentiras, se repitió la muchacha en sus pensamientos, pero aquella actitud no era nada normal en una persona que acaba de descubrir que su amiga es un monstruo. ¿Qué diantres ocultaba Hinata que fuera tan terrorífico como para no poder explicárselo ni siquiera a ella, su mejor amiga?
-No estoy tranquila –repuso Hinata con seriedad.
-Nadie lo diría…
-Sakura… ¿quién te ha mordido?
Sakura entrecerró los ojos y bajó la mirada a sus manos, en busca de una buena respuesta. Había intentado no pensar en aquello, sin éxito, durante sus días de reclusión, y ahora se encontraba allí, charlando con su mejor amiga del tema, como si fuera relativamente algo bastante normal sobre lo que conversar la madrugada de un miércoles.
-No lo sé –respondió al fin, su voz era casi inaudible. Hinata esperó en silencio a que su amiga continuara-. Lo conocí en una discoteca…
-¿Has ido a una discoteca? –Hinata la miró asombrada.
-Fue idea de Ino –explicó Sakura-. Quise invitarte, pero Ino insistió en ir las dos solas… Ha tenido problemas con su novio y ya sabes que siempre he sido su pañuelo particular.
Hinata estaba convencida que, en cualquier otra situación, Sakura habría sonreído irónicamente ante aquel comentario. De hecho, por un momento creyó verla sonreír levemente.
Ino era la amiga de la infancia de Sakura, habían estado siempre juntas hasta que comenzaran la preparatoria; Ino ahora estudiaba en un instituto privado sólo para chicas. Aun así, había continuado viéndose tanto como podía con la pelirrosa.
-Y… ¿qué pasó entonces? –preguntó Hinata.
-Al principio no nos dejaban entrar, vieron que éramos menores y enseguida quisieron echarnos de la cola…
Sakura, temblorosa, rememoró en sus pensamientos lo que había ocurrido con todo detalle, como si tuviera un proyecto en su cabeza mostrándole cada detalle de aquella funesta noche.
-Entonces apareció él…
Hinata observó a Sakura, que cada vez estaba más encogida, como tratando de ovillarse en la silla y así escapar de aquellos recuerdos. La chica se quedó en silencio largo rato y, cuando Hinata estaba a punto de preguntar quién era "él", Sakura volvió a hablar.
-Era muy guapo –masculló avergonzada- y tan amable… No creí que…
-Sakura, tranquila –pidió Hinata, levantándose de la cama.
-Quédate ahí –exigió Sakura en un susurro desesperado.
Hinata soltó un silencioso suspiro y volvió a sentarse. Aquello tenía que ser muy duro para Sakura, debía ser paciente.
-Apareció de la nada y dijo a los gorilas de la entrada que estábamos con él –continuó explicando-. Ellos reaccionaron enseguida, como si estuvieran delante del primer ministro o algo así, y nos dejaron pasar al momento. Le llamaron Soma.
