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Capítulo 8: Noche en la discoteca
Sakura inspiró, tratando de calmarse. Miró a Hinata por primera vez en mucho rato y vio en su rostro una extraña y anormal serenidad. Volvió a preguntarse qué ocultaba la Hyuuga que hiciera que aquella historia no turbara su expresión.
-¿Por qué no dices nada? –inquirió de pronto, volviendo a cortar su historia- ¿Por qué sigues ahí? ¿Por qué me has traído a tu casa?
Lo que Sakura no sabía era que Hinata era un torbellino de emociones en su interior. Estaba muerta de miedo y de preocupación por lo que iba a ocurrirle a Sakura, era consciente de que era peligroso tenerla allí, en la misma casa que su familia, cuando no estaba segura de hasta dónde alcanzaba su autocontrol, su corazón se crispaba al pensar que la relación entre Sakura y Sasuke ahora jamás se haría realidad y posiblemente ya no podría volver a ver a sus padres, así como la mismísima luz del sol.
Hinata suspiró, tratando de deshacerse de aquel malestar.
-Quiero… Debo escuchar tu historia hasta el final –dijo entonces-, eres mi mejor amiga y no puedo quedarme de brazos cruzados después de haberte encontrado en este estado. Y… admito que quizás no ha sido la mejor idea traerte aquí, pero era lo único que se me ha ocurrido en ese momento.
-Y ¿por qué me miras como si esto fuera lo más normal del mundo? ¿Por qué cuando te miro lo único que veo es una cara de póker?
Hinata enmudeció. Por supuesto, conocía la respuesta, aquella cara era una máscara, no quería poner histérica a Sakura con su propia histeria. Se mordió el labio antes de volver a hablar.
-Porque si no pongo esta cara, voy a llorar y ya no podré parar –admitió, dejando entrever en aquel instante una parte de todos los sentimientos que se arremolinaban en su interior-. Y no necesitas a una llorona inútil –continuó, antes de que Sakura lograra articular palabra-, sino todo lo contrario.
-Hina…
-Sakura, necesito saber si Soma mordió también a Ino –el tema era delicado pero no era momento de titubear- y si os contó algo sobre el vampirismo, cualquier cosa.
La pelirrosa se tapó los oídos al oír aquellas palabras, más concretamente "vampirismo". Ella misma había buscado en internet cosas sobre el tema, aun así, era incapaz de pronunciar aquella palabra en voz alta.
-Creo… que Ino está bien –murmuró, sintiéndose al borde del llanto-. Cuando entramos en la discoteca, le dimos las gracias y al momento Ino tiró de mí, así que nos despedimos allí…
-¿Has visto lo guapo que era? –exclamó Sakura, elevando la voz emocionada por encima de la música, que sonaba a todo volumen en la sala.
-Sí, bueno, un gallito que se cree que puede hacer lo que quiera con las chicas que van solas… -repuso Ino, haciendo una mueca de disgusto.
Sakura buscó a Soma con la mirada, aunque no fue capaz de encontrarlo entre la multitud. Regresó la vista a su amiga y suspiró, Ino necesitaba pasarlo bien, no enfadarse a la primera de cambio por una tontería como aquella. Y, ya que habían logrado entrar, tenían que aprovechar hasta el último segundo.
-¿Bailamos? –propuso.
Ino sonrió y aceptó encantada. Bailaron una canción tras otra durante un largo rato. Sakura estaba encantada de poder ver a su amiga sonreír; había estado toda la tarde muy deprimida. Había sido una buena idea aceptar la alocada propuesta de la rubia, pareciera que hubiera olvidado todos sus problemas enfundada en aquel sensual vestido estilo globo color morado y subida a aquellos taconazos en mitad de la pista de baile.
-Estoy muerta de sed –dijo Ino al cabo de mucho.
Sakura asintió, a ella tampoco le vendría mal beber algo. Así pues, las dos amigas se encaminaron hacia la barra.
-Dos vodka con lima –pidió Ino al llegar a la barra, dedicándole al barman su mejor sonrisa, saí como un sensual pestañeo.
Sakura rio por lo bajo.
El barman tuvo que moverse por la barra, así que tardó un poco en servir las bebidas. Al ver que las dos muchachas esperaban que les dijera cuánto debían, el barman sonrió y les dijo que no tenían que pagar nada, a lo que las dos amigas se miraron sorprendidas. Sakura se preguntó si el gesto de Ino había bastado para conseguir que les saliera gratis, pero entonces el barman se explicó:
-Es un regalo de ese tío –y señaló en dirección opuesta a la barra.
Las dos siguieron con la mirada hacia donde señalaba el barman. Sakura ahogó una exclamación de sorpresa al toparse con el chico que las había ayudado a entrar en la discoteca. Ino chistó, molesta. Agarró su vaso, a Sakura con la mano libre y tiró de su amiga hacia Soma. La pelirrosa casi se tira su bebida encima por aquella reacción tan repentina.
-No hace falta que nos invites –espetó la rubia, hinchando el pecho realmente ofendida cuando estuvo delante de Soma.
Él se limitó a reír divertido con la situación.
-¿No puede uno invitar a dos chicas guapas sin llevarse una bronca? Pues vaya… -se encogió de hombros e hizo una mueca, como si estuviera dolido por el rechazo de las dos amigas.
-Lo que mi amiga quiere decir –se apuró a intervenir Sakura, antes de que Ino comenzara a gritar-, es que estamos bien por nuestra cuenta. No hemos venido a ligar, así que…
Sakura le quitó a Ino el vaso de la mano y lo dejó en la barra ante Soma, junto a su propio vaso, ambos intactos.
-Gracias igualmente –dijo con media sonrisa, antes de tirar de Ino y alejarse de allí rápidamente.
Aquello dio paso a una pequeña discusión entre Ino y Sakura, pues la rubia no entendía por qué habían dejado los vasos allí. Puede que aquel tío fuera un imbécil, pero tampoco quería desaprovechar la oportunidad de una bebida gratis. Sakura resopló y trató de hacerle ver que lo que decía y lo que quería hacer se contradecían.
-Si te molesta que te inviten, luego no aceptes lo que te regalan.
Ino frunció todavía más el ceño y se cruzó de brazos bajo el pecho.
-Para que lo sepas pensaba tirarle el vodka con lima a la cara. Así habría entendido el mensaje –añadió, desviando la vista un momento hacia atrás-, porque con lo que has dicho, parece que no ha captado nada. No deja de mirarnos…
-Pues le ignoramos y ya está –suspiró Sakura-, vamos a pedir algo, esta vez de verdad, y volvemos a la pista, ¿vale?
Ino hizo una mueca, pero al final aceptó. No tenía sentido estar de morros cuando habían ido a pasarlo bien aquella noche. Pidieron, pues, de nuevo sus bebidas, pagando esta vez ellas, y se internaron entre la multitud en la pista de baile de nuevo, vaso en mano.
Pasado largo rato, Ino se ausentó para ir al baño y Sakura aprovechó para sentarse y descansar, tenía los pies destrozados de tanto bailar.
-Ojalá hubiera acompañado a Ino al baño –sollozó Sakura, hundiendo el rostro entre las rodillas-. Las mujeres siempre vamos al baño de dos en dos… No entiendo en qué narices pensé al decirle "ve, te espero aquí" en lugar de simplemente esperarla en la puerta del baño…
Hinata miró a su amiga con el corazón destrozado. Era más que evidente cómo había sucedido todo a partir de ese punto, pero sabía que Sakura debía terminar de contarlo. Primero, porque estaba segura de que hablarlo con alguien ayudaría a que se sintiera ni que fuera una milésima mejor, y segundo, porque cualquier detalle podía ser una pista.
Esperó pacientemente a que Sakura se recompusiera lo suficiente como para volver a alzar la vista y continuar narrando lo ocurrido aquella nefasta noche del sábado.
-Hola, encanto.
Nada más perder de vista a Ino, Sakura oyó una voz aterciopelada detrás de sí. Se volvió de un bote, sobresaltada.
-¿Qué quieres? –preguntó, frunciendo el ceño al toparse con los claros ojos de Soma. Por un momento, aquellos iris le recordaron a dos pedazos de hielo, icebergs suspendidos en un eterno mar gélido. Aquel sentimiento provocó que un escalofrío le recorriera la columna.
Soma sonrió divertido por la reacción de la pelirrosa.
-¿Bailar? ¿Tomar algo? ¿Charlar? –propuso- Pasarlo bien, como tu amiga y tú, en definitiva.
-Bueno, pues ya te he dicho que mi amiga y yo estamos bien por nuestra cuenta –replicó Sakura, comenzando a entender la tirria que le había cogido Ino nada más conocer a aquel tipo.
Hizo ademán de alejarse de él, pero Soma se colocó ante ella rápidamente y clavó su mirada en los ojos verde jade de Sakura.
-Vamos, no seas así –dijo, y Sakura sintió que todo el ruido de alrededor quedaba en segundo plano, siendo la voz de Soma ahora un eco irresistible, inevitablemente atrayente-. Ven conmigo. Tú eres más indulgente que tu amiga.
Y en aquel instante, Sakura sonrió sin proponérselo y asintió.
-Vamos a pasarlo bien –prosiguió Soma, con aquella extrañamente irresistible voz-, que le den a tu amiga la amargada.
Sakura volvió a asentir y de pronto se halló aceptando la mano que Soma le ofrecía.
A partir de ese momento, todo cuanto Sakura recordaba se volvió confuso. Se veía junto a Soma, subiendo unas escaleras y saliendo a una terraza. Sakura no recordaba si estaba o no permitido salir a aquel lugar, pero tampoco le importó demasiado.
Ciertamente, la cabeza la tenía en otra parte, más concretamente en los magnéticos ojos de Soma y en su aterciopelada voz. Creyó percibir un dolor punzante por todo su cuerpo, aunque la cabeza le daba vueltas y no era capaz de reaccionar. De hecho, cada vez era menos consciente de cuanto la rodeaba.
Y entonces…
-Despierta, preciosa –un susurro acompañado de una sonrisa ladina obligó a Sakura a abrir los ojos de golpe.
Estaba estirada en el suelo, sobre una chaqueta de cuero. Sintió una brisa fría, propia de la noche de primavera, recorrer su piel y entonces se dio cuenta de que estaba completamente desnuda.
Se incorporó rápidamente, en busca de su ropa, en busca de una explicación. Por toda respuesta, halló la mirada divertida de Soma, que la escrutaba de cuclillas, como quien observa con curiosidad lo que hará una cría de animal ante él. Sakura tragó con dificultad y sintió el extraño, aunque delicioso, sabor de los restos de algo que había ingerido. ¿Tal vez el vodka con lima? No… ¿Entonces, qué?
Se sentía desorientada, aunque sobretodo avergonzada y un leve cabreo comenzaba a aflorar en su interior.
-¿Qué… ha pasado? –se atrevió a articular.
Soma se limitó a señalarle su ropa, que estaba tirada por la terraza. Sakura recordaba vagamente aquel lugar, aunque no estaba segura de cuándo habían llegado allí. Fue a recoger su ropa para volver a vestirse.
Entonces se dio cuenta.
Tenía las manos manchadas de sangre.
No, no sólo eso. Las piernas, el torno… estaba cubierta de sangre.
Dio un alarido y la ropa se le cayó al suelo.
Trató de articular una pregunta, de exigir a Soma, quien todavía la miraba desde la misma posición, que le explicara qué diantres había pasado allí.
Al verla balbucir y atragantarse con las palabras, Soma se levantó y rio, como si todo aquello formara parte de un chiste privado.
-Tranquila, puedes vestirte –habló como si toda aquella situación fuera de lo más normal- Aunque me gustas desnuda, sobretodo con toda esa sangre. Aunque tengas unas tetas más bien normalillas, te volvería a empotrar contra el suelo.
Y volvió a reír.
Sakura se estremeció y trató de no pensar en lo que podían significar sus últimas palabras mientras se vestía. Ni siquiera quería pensar en toda aquella sangre. No era capaz de asimilarlo. ¿Dónde se había metido? Y ¿con quién?
Soma se revolvió el pelo, recogió la cazadora de cuero en la que había despertado Sakura –y que, ahora que lo pensaba bien, no era con lo que había aparecido en la entrada de la discoteca- y comenzó a caminar hacia ella.
-Vale, siéntate, amor –dijo-, ahora es cuando te lo cuento todo.
Sakura negó con la cabeza. Ni te creas que voy a sentarme, gritó en sus pensamientos, aunque fue incapaz de expresarlo en voz alta.
Soma resopló y se encogió de hombros, cogió una silla de las que había apiladas a un lado de la terraza y se sentó en ella delante de Sakura.
-Pues quédate de pie –dijo, como si estuviera respondiendo a aquel pensamiento-. A ver, esto nunca se me ha dado bien… Lo mejor es no darle muchas vueltas –se dijo, como hablando consigo mismo. Clavó entonces sus gélidos ojos en los de Sakura-. Te has muerto. Pero, ¡oh! ¡Felicidades! En realidad no del todo. Eres una vampira y… ¡puedes llamarme "papá", si quieres! –rio, divertido con aquella idea.
