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Capítulo 11: Hinata y los chicos

Los últimos días de aquella semana, que a inicios parecía no querer terminar nunca, al fin llegaron. Que Sakura decidiera asistir a clase, teniendo en cuenta todo lo que podría conllevar, provocó una justificada migraña constante a Hinata.

Descubrieron que, en efecto, la luz del sol no dañaba a Sakura por el momento, aunque la muchacha necesitaba utilizar gafas de sol ya que sus ojos, de por sí sensibles a la luz, se habían vuelto más delicados en aquel aspecto y se sentía mareada y apenas podía ver bien si no se protegía debidamente.

Tuvo una larga charla con los profesores por haber faltado a clase sin avisar, aunque la pelirrosa salió extremadamente feliz de la sala de profesores y, cuando Hinata le preguntó cómo había ido, ella simplemente respondió:

-Han entendido que es muy posible que tenga fotofobia, pensaba que los profesores de este instituto eran cuadriculados, pero han sido muy comprensivos.

Hinata suspiró aliviada al oír aquella noticia, aunque se sintió mal por añadir de nuevo más mentiras a su vida y, sobretodo, por añadir mentiras alrededor de Sakura.

El reencuentro con Sasuke fue de lo más incómodo, y es que Sakura fue incapaz de contarle la verdad al chico. Por su parte, Hinata no pudo hacer otra cosa que guardar silencio, pues era Sakura quien quería decírselo a Sasuke, y éste no estaba seguro de querer saber lo que estaba pasando, así que no preguntó demasiado.

Sea como fuere, Sakura buscó pronto una salida a toda aquella situación engorrosa y se centró en Naruto. Más concretamente, en Naruto y Hinata, pues no había pasado por alto el comportamiento de su amiga hacia el nuevo estudiante.

Y así, los días tomaron una extraña calma y rutina.

-Hinata, ¿podemos hablar?

Hinata alzó la vista de sus deberes y descubrió a Kiba ante ella. La muchacha, junto con Sakura, Sasuke, Naruto y Neji, se encontraba en la biblioteca. Habían decidido poner en práctica el plan "Saquemos a Hinata de casa", que consistía en quedarse todo lo posible en la biblioteca, ya que era la única forma de eludir el castigo que había impuesto el señor Hyuuga a su hija mayor.

Nadie esperaba ver a Kiba, así que todos alzaron la vista instantes después que Hinata, sorprendidos. La muchacha esbozó una leve sonrisa y se levantó.

-Claro. Ahora vuelvo –añadió, mirando a los demás.

Siguió a Kiba hasta fuera de la biblioteca.

-¿Alguien me va a explicar lo que está pasando? –inquirió Neji tras un largo silencio, levemente molesto por la situación.

Sasuke suspiró en silencio, recordando que el primo de Hinata solía mirar con recelo a los chicos que rodeaban a Hinata. Él mismo había tenido que soportar su mal humor durante mucho tiempo hasta que Hinata le plantó cara y dejó bien claro que el Uchiha era sólo un amigo.

-Creo que Hinata le está dando clases de refuerzo –dijo Naruto, atrayendo la atención de Neji. El rubio miró entonces a Sasuke-. ¿No es algo así?

El Uchiha se encogió de hombros.

-Me parece que sí –mintió-. Kiba no es un lumbreras, precisamente.

Sin embargo, Neji seguía con sus aperlado ojos, idénticos a los de su prima, clavados en Naruto.

-¿Hinata? –preguntó.

-Sí –asintió Naruto, volviendo a ver al Hyuuga-, Hinata.

-¿Hinata? –volvió a preguntar Neji, como si no hubiera oído bien al rubio.

Naruto ladeó el rostro, extrañado, y volvió a asentir.

-Hinata, sí.

Sasuke los miró de reojo y comenzó a rezar por la vida de Naruto. Claramente, Neji estaba teniendo la misma reacción que él a inicios de semana. Neji había escuchado bien, pero no podía creerse que aquel muchacho, que apenas acababan de conocer, tratara con tanta confianza ya a Hinata, llamándola por su nombre de pila y sin ningún honorífico.

Sakura observó a Sasuke un momento y después desvió la mirada hacia Naruto y Neji, con una sonrisa divertida en los labios. Aquello cada vez era más interesante. Ella también se había sorprendido al escuchar por primera vez a Naruto llamar a Hinata por su nombre, pero enseguida había comenzado a maquinar la vida amorosa perfecta de aquella pareja en sus pensamientos.

-Parece que Hina se ha vuelto muy popular –dijo, atrayendo la atención de Neji, cuya expresión había pasado de iracunda a asustada.

El Hyuuga parecía horrorizado con la idea de que alguien más aparte de él decidiera acercarse tanto a su prima. Todavía le costaba soportar a Sasuke Uchiha, ¿es que no iban a darle ni un segundo de descanso?

Sasuke también la miró horrorizado, aunque por un motivo muy distinto. ¿Es que quiere desatar el apocalipsis? se preguntó frenéticamente, sintiendo que le aparecía un tic nervioso en el párpado.

Fuera de la biblioteca, arriba en la azotea, Hinata y Kiba se habían quedado en completo silencio, apoyados en la valla que daba al patio.

Hinata se había reunido con Kiba cada día desde su reveladora conversación. El muchacho se sentía extremadamente oprimido con aquel tema, como si de repente su vida normal de adolescente hubiera terminado. Y sólo podía desahogarse hablando con Hinata.

Aquel día, sin embargo, el rostro de Kiba estaba más descompuesto que de costumbre y Hinata temía que se avecinaba una de las más duras conversaciones.

-¿Cómo estás? –preguntó tras lo que pareció una eternidad en silencio.

Como sacado de un sueño, Kiba desvió la vista del patio y se fijó en Hinata. Por un momento, se había olvidado de que estaban allí, se había perdido en sus pensamientos. Sonrió muy levemente, agradecido porque la chica lo hubiera sacado de la espiral de pensamientos que comenzaba a torturarlo de nuevo. Aunque aquella pregunta estaba directamente relacionada con ellos, por eso no tardó mucho en apretar dientes y puños, frustrado.

-Mal –dijo al fin, soltando el aire de golpe. No se sentía mejor al decir aquello, ni al dejar ir el aire de una vez. Seguía sintiendo una fuerte opresión en el pecho y en las sienes.

Bajó la vista a sus manos y se dio cuenta de que le temblaban. De hecho, todo él comenzaba a temblar. Y un nudo se estaba formando en su garganta.

Maldita sea, se iba a echar a llorar. Delante de Hinata. Otra vez.

Ni hablar. Inspiró con fuerza, reteniendo las lágrimas y los mocos con brusquedad. Clavó la vista en los ojos aperlados de la chica y trató de pasar por alto la comprensión que ella le regalaba, como si el hecho de verle llorar no fuera a cambiar su opinión sobre él ni un ápice. Kiba podía llegar a ser muy orgulloso.

-Ha vuelto a pasar –dijo, y su voz sonó más fuerte de lo que le habría gustado. En realidad, habría deseado no tener que decir nada de aquello y, por un instante, el tonto deseo de hablar con la mente se había cruzado por la cabeza.

Hinata lo miró boquiabierta, asombrada. Aquella conversación sólo podía girar en torno a un tema, pero era imposible que lo que Kiba acababa de decir fuera cierto. Sólo por eso, por aquella confusión, preguntó:

-¿Qué?

-Me he vuelto a transformar –reveló Kiba, casi sin voz. Estaba haciendo un gran esfuerzo por controlar el llanto y los temblores, sentía que si dejaba llevar, estallaría en un ataque de ansiedad.

-¿Cómo es posible? –murmuró Hinata.

-No lo sé –Kiba se agarró del cabello con fuerza-. No se suponía que tuviera que pasar –añadió, mirándose los pies.

Hinata alargó la mano hasta tocar el brazo de Kiba. Éste la miró, sus ojos anegados en lágrimas y amenazando con desbordarse en cualquier momento.

-¿Por qué me está pasando esto? –sollozó.

-No lo sé, pero vamos a averiguarlo –aseguró Hinata-. ¿Puedes quedar esta noche?

-¿Estás loca? –exclamó, abriendo mucho los ojos. Y, en un rápido susurro, añadió-: ¿Y si vuelvo a transformarme y te ataco?

Hinata dio un paso hacia él y acarició su mejilla con cariño, transmitiéndole cierta serenidad al chico.

-Sé defenderme. Y recuerda que te prometí ayudarte, no voy a echarme atrás. De verdad.

Kiba compuso una mueca de vergüenza y agradecimiento.

-¿Pu… puedo abrazarte? –pidió, tembloroso.

Hinata sonrió con dulzura y dio otro paso, terminando con la distancia que los separaba para rodear a Kiba con los brazos. A él le costó unos segundos relajar la tensión de sus brazos, entonces, rodeó a Hinata y ocultó el rostro en su cuello, dejando correr las lágrimas en silencio.

Hinata esbozó una sonrisa triste. Comprendió que aquel gesto era la torpe forma de Kiba de darle las gracias y decirle que confiaba en ella. Le habría gustado que aquella situación fuera diferente, que Kiba de veras le hubiera pedido ayuda con los deberes o unos exámenes –aquella era la historia oficial para explicar por qué de pronto se juntaba con Inuzuka-, todo habría sido menos doloroso.

Sin embargo estaba decidida a dar lo mejor de sí para ayudar a Kiba. Después de todo, nadie merecía la maldición de la licantropía.

En algún momento, Hinata escuchó algo de ruido y unas exclamaciones ahogadas. Alzó rápidamente la vista al tiempo que la puerta por la que se salía a la azotea se cerraba rápida y sonoramente. Kiba dio un respingo y se apartó de Hinata rápidamente, fijando también la vista en la puerta.

Alguien los había visto. ¿Habría escuchado demasiado?

Ambos se miraron con preocupación y rápidamente entraron en el instituto. Tenían que encontrar a quien los había pillado y descubrir cuánto y qué había escuchado exactamente. Ambos se maldijeron a sí mismos, tendrían que haber sido más cuidadosos.

Bajaron las escaleras y recorrieron varios pasillos, desesperados. Al girar una esquina, se toparon con Sasuke, quien ahogó una exclamación por la sorpresa.

-¿Dónde estabais? –inquirió, mirando a Hinata- Tienes que volver, tu primo va a matar a Naruto.

Hinata tomó una gran bocanada de aire para recuperar el aliento.

-No hay tiempo –repuso-, ¿te has cruzado con alguien?

Sasuke frunció el ceño, confundido.

-No, ¿por qué?

Hubo una pausa dubitativa. Sasuke pudo leer aquella duda en los ojos de su amiga y, al desviar la vista hacia Kiba, vio que estaba mirando a Hinata con los ojos muy abiertos, aterrado por lo que pudiera responder ella.

-Es una historia muy larga –dijo ella al fin. Kiba soltó todo el aire que había retenido en aquel instante y Sasuke alzó las cejas.

Una historia de Reaper, comprendió.

-Bueno, pues por aquí no ha venido nadie –volvió a decir-. ¿Qué hago con Neji? –añadió, recordando el motivo por el que la estaba buscando.

-Iré en un rato, tengo que buscar a alguien.

-No, ve –Kiba miró con seriedad a Hinata, ésta le devolvió la mirada con sorpresa-. Tranquila, yo me encargo. Si pasa algo, te aviso. Tampoco quiero acaparar toda tu atención y tiempo.

Hinata estaba a punto de replicar, pero Kiba le dedicó una escueta sonrisa y se marchó corriendo por donde acababan de venir.

-¿Todo esto tiene que ver con lo del lunes y el domingo? –preguntó Sasuke cuando se quedaron solos.

Hinata se encaminó en silencio hacia la biblioteca y el Uchiha la siguió.

-¿De verdad quieres que te lo cuente? –preguntó, recordando lo poco que a su amigo le gustaba inmiscuirse en el mundo sobrenatural.

Sasuke hizo una mueca y abrió la puerta de la biblioteca. Antes de entrar, murmuró:

-No sé qué decirte, la verdad.

Y ambos se encaminaron a la mesa en la que Neji estaba fulminando con la mirada a Naruto, mientras la conversación entre ambos cada vez se volvía más peligrosa. Más peligrosa para Naruto, por supuesto.

-…comprender con qué derecho te tomas tantas libertades con mi prima –estaba diciendo Neji entre dientes.

Neji era otro de los protectores de Hinata, por así decirlo. Entre él y Sasuke, habían conseguido que ningún chico del instituto se interesara por Hinata. Al menos, no abiertamente. Y es que la joven Hyuuga era guapa, inteligente y atlética, pero tener dos enormes perros guardianes siguiéndola siempre de cerca echaba para atrás a la mayoría de chicos.

-¿Qué está pasando? –inquirió la muchacha, mirando fijamente a Neji.

Neji la fulminó con la mirada y le exigió una explicación a lo que decía Namikaze sobre que ella le había permitido llamarla por su nombre de pila a los pocos días de conocerse. Aquello no era normal, ¿dónde habían quedado sus modales? No eran tan cercanos para tal confianza. No lo eran, ¿verdad? ¡¿Verdad?!

Llegados a aquel punto de la conversación –o, más bien, del monólogo de Neji-, apareció una mujer de largo cabello rubio recogido en una coleta algo despeinada y unas gafas con cristales tan gruesos que apenas podían verse sus ojos.

Era Shiho, la bibliotecaria. Y no parecía estar de buen humor.

-Fuera de aquí –dijo en un severo susurro y señalando la puerta.

Y todo el grupo tuvo que recoger a toda prisa sus cosas y marcharse de la biblioteca. A nadie le gusta provocar la cólera de una bibliotecaria.

-Gracias, genio –Naruto fulminó a Neji, cruzado de brazos-. Ahora Hinata tiene que volver a casa sí o sí.

Al Hyuuga le palpitó una vena en la frente. Sin embargo, su prima fue más rápida y agarró su brazo con fuerza suficiente para finalizar aquella disputa.

-No pasa nada –dijo ella-, estoy segura de que mi padre me levantará el castigo pronto.

Naruto sonrió al oír aquello.

-Genial –dijo, olvidándose de Naji-. Entonces podremos salir todos pronto a algún sitio a divertirnos.

-Contigo no irá a ninguna parte –masculló Neji, pero enmudeció cuando Hinata apretó más su brazo.

Naruto fue a responderle de todos modos, pero Hinata se puso hábilmente en medio de ambos.

-Bu-bueno, ¿nos vamos? Antes de que Shiho-san salga a reñirnos por gritar en la entrada de la biblioteca.

La sonrisa, entre nerviosa y vergonzosa, de Hinata calmó a Naruto, quien sonrió de vuelta y asintió.

Hinata sintió que su corazón daba un vuelto ante aquella sonrisa y se sonrojó. Neji la miró haciendo una mueca, pero no dijo nada.

-¿Vas a explicarme lo que está pasando?

Hinata apartó la vista de su teléfono, con el cual se había estado mensajeando con Kiba instantes atrás, y miró a su primo de reojo. Caminaban de vuelta a casa, hacía unos minutos que se habían despedido de los demás. Los dos primos eran vecinos, vivían puerta con puerta, así que no tenían motivo para ir cada uno por su lado –en especial desde que Hinata fuera castigada por su padre.

-Naruto es mi amigo –explicó.

-¿"Naruto"? –repitió Neji, incrédulo- ¿Has dejado el honorífico atrás incluso más rápido que con ese imbécil de Uchiha.

Hinata frunció el ceño y se encaró con él.

-¡Ya te he dicho mil veces que no insultes a mis amigos!

Pero Neji resopló.

-¿Dónde está mi prima Hinata? La que era correcta, educada y nunca se olvidaba de cómo dirigirse al resto de la gente. ¿Cuánto pasará hasta que me llames simplemente "Neji"?

Esta vez fue el turno de Hinata de resoplar.

-Estás haciendo una montaña de un grano de arena, Neji-niisan…

-Lo que estoy es preocupado por ti –replicó él, y su rostro se suavizó un poco-. No quiero que se aprovechen de ti.

El tono suavizado del Hyuuga mayor calmó también a la menor.

-No se van a aprovechar de mí –aseguró-. Sasuke es mi amigo desde secundaria. Y Naruto es un buen chico, de verdad. Es amigo de Sasuke y yo confío en él.

Neji suspiró.

-Y ¿qué hay de ese tal Kiba? No me suena haberlo visto en tu clase nunca, ¿por qué le tienes que dar clases tú?

Hinata se mordió el labio. Otra mentira más que añadir a la lista.

-Creo que me gané fama de cerebrito después de los exámenes finales de primero –se encogió de hombros y esbozó una leve sonrisa de culpabilidad. Aunque la culpa no se debía a aquella "fama de cerebrito", sino al hecho de tener que mentir a su familia una vez más.

Pero Neji no alcanzó a comprender aquello último, habría sido imposible que lo hiciera. Hinata sabía que nadie en su familia –ni a su alrededor- era capaz de imaginarla mintiendo.

Retomaron el camino, más tranquilos. Sin embargo, al poco rato, Neji volvió a hablar.

-¿Te gusta? –preguntó, la voz le tembló un poco, como cuando un padre sospecha que la niñita de sus ojos ha encontrado novio o va a casarse.

Hinata se sonrojó hasta las orejas y comenzó a balbucear.

-¿Q-qué dices? ¿Qui… quién? A… a mí no…

-Naruto Namikaze –Neji hizo una mueca al pronunciar aquel nombre-. He visto cómo le mirabas. Y, la verdad, creo que llevas distraída toda la semana… ¿no hace una semana que llegó? No te había visto antes con él.

-¿Q-qué? ¡No! –a Hinata estaba a punto de salirle humo de la cabeza- A mí no me gusta Naruto. No me gusta nadie. No tengo tiempo para chicos, ya lo sabes.

-¿S-sabes? No todo es estudiar. Tienes dieciséis años –farfulló Neji, muy incómodo con aquella conversación-. No es raro que te guste alguien… ¡P-pero no voy a aceptar a ese chico! ¡Va a tener que saltar por un acantilado y salvarte la vida, como mínimo, para que pueda tolerarlo un poco!

A Hinata la cabeza comenzaba a darle vueltas. ¿De dónde se sacaba aquellas ideas su primo? Puede que mirara a Naruto más de lo normal, pero se debía a la incógnita de su Reloj Vital, ¿no? ¿Por qué otra cosa iba a ser, sino?

No podía decirle aquello.

Más aún, algo en su interior le decía que eso no era lo único que hacía que, a mitad de la clase, desviara la vista disimuladamente hacia cierto asiento situado en la última fila del aula. Ni que sonriera sin motivo aparente al cruzar la vista con Naruto. Ni que se sintiera nerviosa y al mismo tiempo tranquila al bucear en esos ojos tan azules que el chico tenía.

Sin darse cuenta, Hinata había comenzado a jugar nerviosa con los dedos, desviando la vista.

Neji soltó un suspiro y sacó a Hinata de toda aquella espiral de pensamientos y sentimientos que no alcanzaba a comprender del todo.

-Sea como sea, no voy a quitarle el ojo de encima –dijo-. Soy tu primo. Y te prometí que te cuidaría.

Hinata sonrió de lado, un poco incómoda porque, en el fondo, creía que era suficientemente capaz de cuidar de sí misma –de hecho, lo había comprobado varias veces al enfrentarse a los Entes Sobrenaturales y sobrellevar, más o menos, ambas vidas relativamente bien.

-Gracias, Neji-niisan.