REAPER

Capítulo 13: Mentiras y misterios

Regresar a casa aquella mañana había sido fácil. Tanto como escaparse a medianoche. Hinata comenzaba a creer que la Muerte se encargaba, desde algún lugar, de darle suerte o algo parecido cuando tenía que escaparse por temas de Entes.

Habría reído sarcásticamente en voz alta ante aquella idea de haber podido. Era del todo imposible que la Muerte ayudara a un Reaper; los Reapers eran sus ayudantes, si no hacían bien su trabajo, los despedía y punto. Eso ya lo había dejado bien claro al presentarse ante Hinata el día del accidente.

Sin embargo, no rió por temor a despertar a alguien en casa.

Se puso el pijama y guardó la ropa de las excursiones nocturnas al fondo de un cajón, bien oculta. Sabía que su padre, por suerte, no era de esos paranoicos que investigan el cuarto de sus hijos en busca de cualquier secreto. Aunque no estaba de más curarse en salud.

Se desenredó la larga melena azabache y se metió en la cama. Aunque no necesitara descansar demasiado para sentirse revitalizada, recibió la comodidad del colchón y la suavidad de las sábanas como una bendición.

A los muertos vivientes también les gusta estar cómodo sobre todo si han estado toda la noche en un bosque.

Revisó la hora en su teléfono. Todavía era temprano, especialmente para ser sábado. Decidió aprovechar aquello para dormir un poco. Se tapó hasta la cabeza con las sábanas, se hizo una bolita y cerró los ojos.

Durmió hasta las diez de la mañana plácidamente y sin soñar nada especial, o al menos eso le pareció al despertar, pues no recordaba absolutamente nada de lo que hubiera vivido en el mundo de Morfeo.

Bajó a la planta baja tomándose su tiempo y meditando lo transcurrido la noche anterior. Que Kiba no se hubiera transformado podía ser debido a la falta de algún elemento, aparte de la luna llena. Tal vez anotando lo que tenían, podían descubrir lo que faltaba, lo que provocaba todo aquello.

-¡Cuidado, nee-chan! –la voz de Hanabi surgió, como ella, de la nada.

Hinata se pegó a la pared del pasillo un instante antes de que su hermana pequeña pasara por su lado a toda velocidad con una bolsa colgada del hombro en dirección a la entrada de la casa.

-¡Ya me voy! –exclamó mientras se ponía los zapatos.

-Que vaya bien –respondió Hinata, más por costumbre que otra cosa.

La puerta se cerró con un golpe seco y los pasos de la pequeña Hyuuga desaparecieron en la calle.

-¿A dónde va Hanabi tan temprano? –inquirió Hinata al entrar en la cocina.

Su padre estaba sentado a la mesa, con una taza de café a medias y el periódico abierto por la mitad. Llevaba un kimono de hombre cómodo, de los que se utilizan para estar en casa. Verlo de aquella manera turbaba a veces a Hinata, era tan distinto a cuando iba trajeado y su maletín de abogado…

Hiashi la observó.

-Buenos días –dijo con calma, sonrió levemente-. Ha ido a casa de Moegi, se quedará a comer y volverá por la tarde.

Aquello asombró a Hinata. A su padre le costaba horrores darle algo de cuerda a sus hijas, en especial a Hanabi, que hacía poco había entrado en la adolescencia. Desde la muerte de la señora Hyuuga, Hiashi se había vuelto más sobreprotector con Hanabi y Hinata de lo habitual en un padre con sus hijas.

Hinata se sirvió un bol de arroz y se calentó en el microondas un poco de las sobras de la cena del día anterior. Se sentó a desayunar en la silla opuesta a la de su padre.

-Buen provecho –comentó él, sin levantar la vista de un artículo.

-Gracias.

Comió en silencio. De vez en cuando, observaba a su padre de reojo y hasta fijaba la vista en el periódico, aunque leer del revés no era una de sus especialidades.

-Hoy te has levantado tarde –observó el hombre tras un largo silencio.

Hinata tuvo que hacer un gran esfuerzo para disimular que se había atragantado.

-Anoche me quedé hasta tarde estudiando –mintió con absoluta calma-. Y hoy es sábado –añadió, encogiéndose de hombros para restarle importancia a aquello.

Hiashi la observó en silencio un momento, como si buscara algo en el rostro de su hija mayor.

-Debía de ser muy tarde –dijo al fin, para alivio de Hinata-, siempre te levantas temprano, aunque hayas estado estudiando la noche anterior.

Hinata asintió pero no dijo nada más, no quería engordar más aquella tonta mentira.

-Me alegra que estés centrada en tus estudios –continuó su padre-, pero no te excedas. La salud también es importante, y un buen horario de sueño es esencial para rendir al cien por cien.

Una punzada de culpabilidad y vergüenza alcanzó el corazón de Hinata. Su padre sólo se preocupaba por ella; y, a cambio, ¿qué recibía? Una mentira tras otra…

-Claro –dijo, volcando toda su fuerza de voluntad en mantener un semblante sereno, en que no le temblara la voz ni se le llenaran los ojos con un centenar de lágrimas-. Creo que me he presionado demasiado desde las notas de los finales de primero.

Hina, cállate de una puñetera vez, se gritó a sí misma, asqueada. Pero su boca se movía sola y la mentira continuaba creciendo sola, sin apenas darse cuenta.

Su padre sonrió comprensivo.

-Fueron unos resultados excelentes –asintió-, espero que los mantengas. Pero no descuides tu salud.

Hinata esbozó una pequeña, casi inexistente, sonrisa. Recogió los platos y tiró discretamente lo que había sobrado; era incapaz de comer nada más después de aquella conversación. Hiashi la interceptó antes de que lograra salir de la cocina.

-No me gusta tomar medidas drásticas con vosotras –dijo. Hinata se volvió a mirarle, preocupada por lo que pudiera seguir a aquella afirmación-. Pero, cunado debo tomarlas, lo hago –dio un sorbo a su café, aunque Hinata creyó que se estaba bebiendo de una taza sin fondo, su corazón se había disparado. Soltó todo el aire de golpe cuando su padre dejó la taza sobre la mesa y habló de nuevo-. Si sigues demostrando que eres responsable, el próximo martes te levantaré el castigo.

En el fondo, Hiashi Hyuuga se desvivía por sus hijas, sus dos niñitas del alma. Sin embargo, tenía que ser un poco duro para… bueno, para demostrar alguna cosa, suponía Hinata. Tal vez para alzarse como el cabeza de familia, aunque estuviera más tiempo fuera que dentro de la casa.

Seguramente, de haber sido por él, le habría levantado el castigo al siguiente día de imponérselo a Hinata. Al señor Hyuuga le costaba Dios y ayuda no mimar en exceso a sus hijas.

-Gracias, padre –dijo ella, sintiéndose tremendamente culpable porque no había habido ni una noche en la que no se saltara las normas de casa y hubiera salido sin permiso a la oscuridad de la noche.

Hiashi sonrió y regresó a su paciente lectura del grueso periódico del sábado.

Hinata se escabulló y regresó a su habitación. Habría hecho un agujero en el techo de ser posible para no tardar tanto en encerrarse.

De vez en cuando, tenía momentos –a veces eran días o una semana entera- de estos. Se enfurruñaba, se tiraba de los pelos, se insultaba a sí misma, se sentía una mierda y deseaba dejarlo todo estar y morir como debía haber hecho años atrás en aquel maldito autobús.

Estuvo un poco más encerrada y hundiéndose, una vez más, en una oscura espiral de malos pensamientos. Antes de ir demasiado lejos, se obligó a centrarse en otras personas. Sí, sin lugar a dudas, se dijo, algo bueno salía de toda aquella mierda: podía ayudar a gente. Generalmente había sido a personas que nunca antes había conocido, o que apenas le sonaban de vista, ahora podía salvar la vida a dos amigos, no podía quedarse en la cama torturándose con críticas destructivas al nivel de una bomba nuclear.

Se levantó y encendió el ordenador.

Ya había buscado otras veces información sobre Entes Sobrenaturales, incluso tenía algunas notas al respecto. Pero toda aquella información ya la había repasado en los últimos días, sin demasiado éxito. Necesitaba investigar más a fondo si quería dar con soluciones para el vampirismo de Sakura y la licantropía de Kiba.

Pasó el resto de la mañana navegando por internet, con varios documentos Word, blocs de notas y hasta un par de libretas abiertos, donde anotaba cuidadosamente varios datos, como leyendas, orígenes de varios mitos, suposiciones de la evolución del vampiro y el hombre lobo a lo largo del tiempo y gracias al "boca a boca"… Incluso se permitió anotar alguna que otra idea sacada de sinopsis y pequeños fragmentos de historias que encontró por la red. Nunca se sabe, se había resignado a pensar.

Para cuando era la hora de comer, estaba convencida de que podía escribir a una antropóloga de la Universidad de la ciudad vecina, especialista en culturas de medio mundo, sin parecer una completa idiota –o peor, una cría- al redactar sus preguntas.

Sin embargo, Hiashi la llamó informando de que la comida estaría lista en breves y que por favor pusiera la mesa.

Escuchar la voz de su padre, un hombre normal, ajeno a aquel mundo, la hizo reaccionar. ¿De veras debía contactar con una doctora en antropología cultural? Le gustaba la historia y tal vez a partir de ahí podía colar varias preguntas de doble filo sin resaltar, pero…

-Mejor buscar un poco más antes de meter a alguien más en esto –murmuró, pensativa, mientras se alejaba de su escritorio.

Se estaba volviendo un poco paranoica. Rio secamente y fue a poner la mesa y comer con su padre.

-Me gustaría ir a la biblioteca después –informó durante la comida.

Hiashi la miró, un poco sorprendido.

-Ni un segundo de descanso, ¿verdad? –bromeó.

Ahora era Hinata la sorprendida: no todos los días Hiashi Hyuuga hacía una broma. Tal vez, como decía a veces Hanabi, su padre fuera un poco tsundere…

Hinata sonrió ante aquella infantil idea y asintió. Abrió la boca para elaborar una excusa un poco más decente que la mera suposición que había hecho su padre. "Un trabajo que quiero ampliar", "datos extra a algo que me pareció interesante del temario", "necesito un par de libros para terminar los deberes"…

Pero volvió a cerrarla. No era necesario añadir nada más a aquello. Por una vez, iba a dejar que la mentira fuera poco más que una diminuta burbuja. No soplaría con cuidado por una caña para hacerla más grande.

Su padre asintió y le prometió llevarla él mismo más tarde.

Y aquella sencilla reacción fue suficiente para que Hinata lograra acallar a la voz traicionera de su cabeza, que la instaba a justificarse un poco más, a añadir una pequeña excusa que hiciera creíble su decisión de ir a la biblioteca cuando apenas llevaban tres semanas de clase.

El silencio de la biblioteca municipal la invitó amablemente a adentrarse entre las estanterías repletas de libros. El lugar estaba prácticamente vacío, aunque Hinata lo prefirió. Su padre le había pedido que la llamara cuando terminara para ir a buscarla y llevarla de vuelta a casa.

Puede que hubiera prometido levantar pronto el castigo, pero por el momento estaba claro que iba a mantenerlo hasta con el mínimo detalle. Hinata se había percatado de que su padre la había llevado personalmente a la biblioteca porque su primo Neji no estaba en casa aquella tarde –seguramente había salido con Ten-Ten en una cita.

Hinata paseó entre las estanterías en busca de algo que pudiera servirle. Buscar allí sería un poco más difícil que en internet, donde tecleas lo que te interesa y al instante te ofrece un centenar de posibles páginas de interés. La investigación sería más lenta, aunque algo tenía que hacer.

Había pensado en buscar sobre licantropía y vampirismo por separado, pero, llegado un punto, había decidido buscar sobre ambas cosas a la vez: muchas veces convergían en un mismo texto, había teorías incluso sobre un origen común y una separación progresiva mediante los años y la evolución humana y cultural.

Tras escoger varios libros, se dirigió hacia una de las mesas y allí montó su improvisado nuevo rincón de estudio. Los libros más interesantes y posiblemente precisos, a la derecha, los de temas más generales y con posiblemente poca información, a la izquierda. Más a la izquierda todavía, dejaría los volúmenes descartados, y a la derecha del bloque de la derecha, los que creyera conveniente volver a ojear más atentamente.

Ante ella, tenía sus libretas de anotaciones y un pequeño estuche con todo lo necesario para tomar apuntes.

Durante largo rato, se sumergió nuevamente en su investigación. Cuanto más buscaba, más intentaba no pensar en que aquello, probablemente, no fueran más que leyendas folclóricas y productos de la imaginación del ser humano, nada relacionado con los verdaderos Entes sobre los que estudiaba.

En algún momento, aquella verdad comenzó a machacarla severamente y, tras varios libros, anotaciones e intentos de deducciones, resopló y dejó caer la cabeza sobre todo lo que tenía sobre la mesa, exhausta. ¿De veras estaba ayudando a Kiba y Sakura haciendo aquello?

Lo que tendría que hacer, se recriminó, es dejarme de teorías absurdas y pasar al trabajo de campo. Seguro que es más efectivo…

Suspiró y se preguntó lo mismo pero en relación a aquel "trabajo de campo". Ya había estado con Kiba una noche entera y no había obtenido ni un triste resultado. Estaba lo suficientemente perdida como para no saber siquiera qué anotar en el la lista de "cosas a descartar".

-¿Hinata?

La aludida casi da un bote en la silla al oír la voz de Naruto tan repentinamente cerca de ella. Lo miró y se sonrojó por su exagerada reacción. Él se limitó a sonreír divertido por el susto que se había llevado la chica.

-N-Naruto... ¿q-qué haces aquí? –murmuró ella, avergonzada y todavía sorprendida por la presencia del muchacho. La biblioteca no era precisamente el lugar donde esperaba encontrarlo. Al menos, no un sábado por la tarde.

La sonrisa de Naruto se torció levemente, volviéndose algo vergonzosa. Alzó una mochila como si acabaran de descubrirlo culpable de una broma inocente.

-Vengo a estudiar –dijo, y se sentó delante de ella.

-Pero si no llevamos ni un mes de clase –repuso ella, y enseguida se arrepintió de haber dicho aquello. Habría sido una buena excusa decir que también estaba estudiando allí. Luego ya se habría preocupado de ocultar discretamente los títulos de todos los libros que estaba leyendo.

Naruto se rascó la nuca, nervioso.

-Ya –suspiró-. La verdad es que voy un poco atrasado con las clases. Con todo el traslado, he perdido mucho tiempo.

-Vaya –asintió ella. Y no supo qué más añadir.

Naruto comenzó a sacar sus libros en silencio y abrió uno al azar. Lo ojeó por encima y suspiró. Volvió a mirar a Hinata.

-Y ¿qué haces tú aquí? –preguntó. Estaba claro que le daba muchísima pereza estar allí un sábado por la tarde. Como a cualquier otro adolescente normal.

Hinata se puso nerviosa. ¿Qué podía responder?

-He venido a leer un poco –dijo, sin pensar demasiado en lo que hacía.

Naruto miró entonces por primera vez todo lo que tenía la joven Reaper en la mesa antes de que ella pudiera ocultarlo de laguna forma. Alzó las cejas.

-Nunca habría imaginado que te gustaban estas cosas –comentó, sorprendido-. ¿Vas a escribir una novela o es para un trabajo extra de clase? ¿O está usted jugando con fuerzas tenebrosas que los humanos haríamos bien en dejar en paz? –añadió, volviendo su voz más severa y hasta algo siniestra.

Hinata se quedó sin respiración al escuchar aquello último y le costó unos segundos –los que tardó Naruto en esbozar una sonrisa divertida- en comprender que el chico estaba bromeando.

Sólo entonces recuperó el aliento y pudo permitirse esbozar una sonrisa.

-Un poco de todo –dijo, fingiendo ser misteriosa y preguntándose al mismo tiempo quién era ella y dónde estaba la tímida y para nada habladora Hinata Hyuuga de siempre.

-¿Podré leerlo? –preguntó.

-T-tal vez algún día –Hinata desvió la vista y sintió una punzada por mentir a Naruto.

-Guay –sonrió Naruto, y regresó la vista a sus libros.

Hinata, en cambio, se quedó observando al muchacho. Las palabras de Neji y Kiba asaltaron su mente y su cara enrojeció tanto que podría haber sacado vapor como una chimenea por las orejas en cualquier momento.

No podía negar que había algo en Naruto que no le permitía apartar la vista de él, que la llevaba a observarle incluso sin darse cuenta, a pensar en él cuando no estaba presente…

P-pero es por su Reloj Vital, se dijo, cada vez más avergonzada con aquel tema y sus pensamientos respecto a su compañero de clase de ojos azules como el cielo despejado del verano.

Y sus ojos bajaron a la altura del pecho del muchacho donde, como siempre, no encontró ni rastro del Reloj Vital que supuestamente debía encontrar ahí. Esa visión que ayudaba a los Reapers a llevar a cabo mejor su trabajo.

"Tampoco tú lo tienes, ¿no?". La extraña voz de Naruto en aquel extraño sueño regresó a sus pensamientos casi como una violenta bofetada. ¿Podría ser que…? No, no es posible… ¿O sí…?

Hinata meneó la cabeza, confusa. ¿A quién más conocía que no tuviera Reloj Vital? A ella misma: la Muerte se lo había quedado, como parte de su conversión en Reaper. Y si ella no tenía Reloj Vital, significaba que ningún Reaper lo tenía…

Y aquello la llevaba de vuelta a Naruto.

¿Cómo había estado tan ciega? ¿Cómo no había caído antes en algo tan simple?

Era más que evidente: Naruto era un Reaper como ella. Por eso no tenía Reloj Vital.