REAPER
Capítulo 14: "Nuestro secreto"
Hinata observó disimuladamente a Naruto, vacilante. ¿Podía ser que siempre hubiera tenido la respuesta con ella?
Entonces, ¿Naruto también sabía lo que era ella? ¿Cómo era capaz de mirarla con absoluta normalidad sabiendo que estaba ante una resucitada, ante una sirvienta de la Muerte? Su corazón se había acelerado y su cabeza zumbaba con tan sólo sopesar la posibilidad de que el también lo fuera y, aun así, Naruto siempre la había tratado como a una chica más.
Bajó la vista a sus notas y libros de investigación, buscando una forma de calmarse y pensar con mayor claridad todo aquello. Quizás está tan confundido como yo, se dijo. Después de todo, Hinata no había llegado a aquella conclusión en dos minutos, tal vez él también estuviera rompiéndose la cabeza pensando en aquello mismo cada vez que la veía.
Tenía que admitir que era inquietante ver durante años a todo el mundo con un Reloj Vital y, de repente, dar con alguien que no tenía.
-¿Va todo bien? -preguntó Naruto en voz baja.
Hinata lo miró de inmediato y se topó con aquellos ojos azules como el cielo despejado. Se sintió relajada de repente, como si el hecho de que pudiera estar ante otro Reaper no fuera alarmante, como si fuera agradable encontrar a alguien como ella por una vez. Era como si un calmado mar la abrazara con calidez y la envolviera en un capullo de azulada paz.
-S-sí -asintió en un murmullo.
-¿Estás atascada con tu novela?
Hinata sonrió irónicamente.
-Más o menos.
Naruto la observó un momento en silencio.
-¿Puedo ayudar en algo? Dos cabezas piensan mejor que una. O eso dicen.
Ese era el momento idóneo para sacar el tema. Como el que no quiere la cosa, ligeramente más seria que hasta unos segundos atrás. Directa, sin dar rodeos por una vez en la vida. No era tan complicado, no podía haber otra explicación más que aquella. Después de hablar sobre aquello, podrían intercambiar información y ayudarse mutuamente, ser cómplices en el mundo Sobrenatural.
Hinata tragó saliva, nerviosa, e inspiró profundamente. Miró fijamente a Naruto, buscando calmar sus latidos en su mirada celeste.
-N-Naruto -murmuró. Él se apoyó en la mesa, acortando la distancia que los separaba-, ¿tú...?
-¿Sí?
-Hay... Hay algo que quería... hablar contigo...
-Soy todo oídos -sonrió él, doblando sus orejas para enfatizar su respuesta.
Hinata sonrió por aquel gesto.
-Verás...
-¿Nee-chan? -una voz, entre curiosa y sorprendida, surgió de detrás de Naruto.
Hinata dio un respingo al reconocer aquella voz. Alzó la vista y vio a su hermana pequeña bordear la mesa en la que estaba sentada con Naruto. Llevaba una montaña de libros en las manos que dejó cuidadosamente sobre la mesa cuando estuvo junto a Hinata.
-Hanabi -sonrió la Hyuuga mayor, un poco nerviosa por la situación general-, ¿qué haces aquí? ¿No estabas en casa de Moegi?
Hanabi sonrió ampliamente y respondió en voz baja, como si estuviera confiando un importante secreto a su hermana mayor:
-Hemos venido a renovar nuestra lista de novelas.
Hinata ahogó una carcajada, más relajada.
-Lógicamente -murmuró, más para ella que para los que la rodeaban.
-Moegi sigue buscando por allí -siguió informando la chica, señalando unas estanterías del fondo-. Pero yo te he visto y se me ha hecho raro, así que he venido a ver qué haces.
Ups. Se había confiado demasiado al pensar que su hermana no preguntaría qué hacía un sábado por la tarde en la biblioteca.
Intentó ocultar como pudo los libros y cuadernos que tenía en la mesa, pero su hermana ya los había visto y la observaba esperando claramente una explicación.
-Estoy haciendo un trabajo de clase -se apresuró a decir.
Hanabi la miró, desvió la vista a los libros, volvió a mirarla a ella e hizo una mueca para demostrar que no la había convencido.
-Pero si a ti no te gustan estas cosas -dijo, señalando los libros.
-A los profes de la preparatoria no les importa mucho eso -intervino Naruto, divertido.
Hinata lo miró aliviada, dándole las gracias en silencio. Antes de que Hanabi se volviera a verlo, sorprendida de que, tal y como había sospecha en un principio, Hinata no estuviera sola, Naruto le guiñó un ojo a la Reaper con complicidad. Ella se sonrojó por aquel gesto.
-¿Y tú quién eres? -preguntó Hanabi.
-Naruto Namikaze -sonrió el rubio.
Hanabi lo observó unos segundos en silencio, boquiabierta. Entonces se acercó a él para verlo más de cerca, sus ojos brillaban de emoción al verlo.
-Qué ojos tan azules, parecen el mar -murmuró, acercando su rostro extremadamente al de Naruto.
Él carraspeó y se tiró un poco hacia atrás, incómodo.
-Hanabi, estate quieta -pidió Hinata. Esto es una pesadilla, quiero despertar... o que me trague la tierra, lo que sea más rápido, deseó.
La chica miró a Hinatra con los ojos muy abiertos, como si su hermana mayor acabara de perder la cabeza o hubiera soltado una grosería. O ambas cosas.
-¿Estás loca? -susurró, incrédula- ¿Has visto qué pelo taaaaan rubio? -se volvió hacia Naruto- Ojalá mi pelo fuera como el tuyo, el rubio es tan bonito...
Naruto sonrió algo avergonzado por el piropo.
-Bu-bueno, creo que te queda bien el castaño.
-Qué va, parezco una cascada de Coca-Cola –suspiró Hanabi, haciendo un puchero.
Hinata se dio con la palma en la cara, incapaz de creer lo que estaba pasando. Le parecía de repente muy lejana la seriedad y la calma de la que había hecho acopio para preguntarle a Naruto si él también era un siervo de la muerte, un Reaper como ella.
-Hanabi -pidió, sintiendo que perdía todo aquel coraje-, márchate. Naruto está estudiando.
La aludida observó a su hermana largo rato en completo silencio, desvió la vista hacia Naruto mientras se alejaba unos pasos hacia atrás, para tener un plano más amplio de la escena. Volvió a acercarse un poco y preguntó, mirándolos a ambos alternadamente:
-¿Vosotros dos sois novios?
El rostro de Hinata ardió al momento y bajó la vista unos segundos, intentando convencerse de que su hermana no había dicho aquello en realidad. La pregunta resonaba en su cabeza como si la hubiera gritado y el eco la repitiera una y otra vez. Alzó un instante la vista, muerta de vergüenza, y se sorprendió al ver que Naruto también estaba rojo como un tomate.
-C-claro que no -se apresuró a decir, antes de que su hermana pudiera sacar cualquier otra locura de conclusión-. S-sólo somos amigos. Es-estamos en la misma clase y...
Hanabi la miraba claramente decepcionada por aquella respuesta. Se volvió a ver de nuevo a Naruto, con la esperanza de que él lo negara todo y le revelara que eran amantes en secreto, aquello sería increíblemente emocionante y Hanabi, por supuesto, prometería guardar el secreto. Por nada del mundo habría delatado un amor como aquel.
Pero Naruto, para su decepción, parecía petrificado por aquella escena.
-Enseguida vengo -dijo de pronto Hinata, levantándose de su silla e internándose entre uno de los pasillos de estanterías.
En cuanto estuvo fuera de su visión, se acuclilló y se llevó las manos a la cabeza, desesperada. ¿Por qué tenía que tener una hermana tan entrometida y condenadamente fantasiosa? ¿De dónde se sacaba aquellas ideas? Naruto y ella no parecían, para nada, una pareja, se dijo, tratando de calmarse, su hermana estaba completamente loca y cegada con todas esas novelas románticas que leía.
Suspiró al meditar aquello, pues las palabras de Neji y Kiba regresaron de nuevo a sus pensamientos y sintió una punzada en el pecho. Pues claro que no parecemos una pareja, se dijo, Naruto y yo sólo somos amigos. Hace muy poco que nos conocemos, eso del amor no sucede en un instante... y yo no tengo tiempo para esas cosas. Soy una Reaper.
Y, sin embargo, una vocecita traicionera le recordó que, posiblemente, él también era un Reaper y que tenían más en común que el mero hecho de conocer a Sasuke.
Meneó la cabeza enérgicamente, tratando de sacarse aquella locura de ideas de la cabeza.
Hanabi, por su parte, había observado cómo su hermana se marchaba a algún lugar entre las estanterías. No acababa de comprender el motivo hasta que, de pronto, una suculenta idea asaltó su mente: tal vez su hermana mayor estaba enamorada en secreto de aquel chico. Claro, sólo podía ser eso. ¿Por qué iba a reaccionar así, sino?
Con aquella idea en mente, se volvió hacia Naruto de nuevo, dispuesta a indagar en aquel asunto un poco más.
-Mi hermana es muy guapa -dijo, alzando las cejas con elocuencia-. Y también inteligente y fuerte y genial como una bailarina. ¿A que sí?
Naruto pareció reaccionar entonces. Se rascó la nuca, claramente incómodo con aquella situación y todavía con un leve sonrojo en las mejillas.
-B-bueno...
Pero Hanabi no le permitió terminar, ya había visto suficiente para que su interminable imaginación creara varios volúmenes en lo que sería una saga de novelas románticas preciosa con su adorada hermana mayor y aquel chico rubio como protagonistas.
Alzó un dedo y, sonriente, pidió silencio.
-Shhh... Lo sé. Igualmente -añadió, como quien no quiere la cosa-, hacéis buena pareja. Y no me importaría tener un cuñado tan guapo como tú.
Naruto la miró boquiabierto, sin saber qué decir.
Para cuando Hinata regresó, recordando que la peor idea que había podido tener era dejar a Naruto a merced de su hermana pequeña, Hanabi había desaparecido junto con su montaña de novelas.
-¿D-dónde está mi hermana? -preguntó, demasiado avergonzada como para mirarle directamente.
-Ha dicho que iba a terminar su selección -respondió Naruto. Hinata percibió que Naruto también estaba nervioso. ¿Y quién no, después de semejante espectáculo?
-Ya -no sabía qué más decir, pero se obligó a que no se extendiera un silencio incómodo entre ellos-, le encantan las novelas románticas.
Naruto esbozó una sonrisa.
-Eso no se puede negar.
Hinata volvió a sentarse en su silla y suspiró.
-Perdón por la escenita. A veces se... emociona demasiado.
Naruto se encogió de hombros, todavía sonriendo.
-Debe de ser divertido vivir con una hermana tan enérgica.
-Es agotador -admitió ella, también sonriendo inevitablemente.
Una vez superada aquella bochornosa situación, ambos pudieron regresar a sus respectivas tareas. Naruto volvió a concentrarse en su estudio, mientras que Hinata regresó a sus libros sobre ocultismo y leyendas. Fue incapaz de volver a intentar sacar el tema del Reloj Vital, aunque por dentro se moría de ganas de hacerlo.
Se maldijo cerca de un centenar de veces por ser tan idiota y condenadamente inútil a la hora de hablar. Pero, de todos modos, no logró articular palabra.
Naruto la acompañó fuera de la biblioteca cuando quedaba poco para que cerrara.
-Por cierto -dijo de pronto-. ¿Me guardarás el secreto?
Hinata le miró sin comprender.
-¿Secreto?
-No quiero que la gente sepa que tengo que estudiar hasta la saciedad por ir atrasado -explicó, algo vergonzoso de repente.
Hinata sonrió y pensó que se veía muy tierno en aquel instante.
-Claro -asintió-, no hay problema.
-Será nuestro secreto -sonrió él, dejándola boquiabierta y de nuevo sonrojada.
Nuestro secreto, repitió en sus pensamientos, más emocionada de lo que quería admitir.
Naruto entrecerró los ojos y se echó hacia delante de repente. Hinata miró en su misma dirección por curiosidad y lo que vio la dejó asombrada.
-¿Esos no son Sasuke y Sakura? –preguntó Naruto, también sorprendido.
Hinata asintió. Habría jurado que lo último que deseaba Sakura en estos momentos era quedarse a solas con Sasuke, por eso verlos juntos la había chocado tanto. Estaban sentados en un banco del parque de delante de la biblioteca. Sólo estaban ellos dos ya en aquel lugar.
-Sí que lo son –murmuró.
Al alzar la vista se dio cuenta de la traviesa sonrisa que había aparecido en el rostro de Naruto.
-¿Vamos a ver de qué están hablando? –propuso, dispuesto a salir corriendo hacia los arbustos que sus amigos tenían a la espalda para poder escuchar mejor aquella conversación.
-P-pero… ¿eso no sería como invadir su intimidad? –a Hinata no le parecía del todo bien eso de espiar a sus amigos.
Pero Naruto movió la mano en gesto de quitarle importancia a aquello. Tal vez hasta pudiera echarle un cable a su amigo si estaba en apuros; Sasuke es tan idiota con las chicas… pensó, recordando cuando eran niños y la mitad de las niñas de clase iban tras su mejor amigo con galletas caseras, cartas e inocentes declaraciones de amor.
-Vamos, será divertido –pidió-. Seremos como celestinas invisibles.
-¿Celestinas? –rio Hinata, alzando una ceja. Entonces él lo sabe, pensó, bueno, no es como si los sentimientos de ese par fueran muy complejos y opacos…
-¡Sí, celestinas! –asintió Naruto, su sonrisa cada vez se ensanchaba más.
Hinata sopesó unos instantes los pros y los contras de todo aquello. Su padre ya no tardaría mucho en llegar y no estaba bien espiar a los demás… Por otro lado, la oferta de Naruto le parecía demasiado tentadora y, después de todo… ¿no llevaba días rogando por algo de paz y vida de adolescente estrictamente normal?
Por eso mismo, Hinata aceptó la petición de Naruto y se dejó llevar hasta el banco en el que sus dos amigos estaban sentados, se ocultaron en los arbustos que ya había elegido Naruto antes, los cuales hacían de valla, delimitando la zona del parque.
-Sasuke –decía Sakura, su voz sonaba apagada, como si aquella conversación no tuviera nada que ver con lo que Naruto se había estado imaginando
El moreno la miró al ver que no decía nada. Y justo cuando pensaba que ya no diría nada más, volvió a hablar.
-Gracias –masculló, casi sin voz, con un millar de sentimientos entremezclados en aquella simple palabra.
Sasuke suspiró y se levantó.
-¿Nos vamos? –propuso. Sonaba cansado y Hinata comenzó a sopesar las posibles conversaciones que habían podido tener justo antes de que ella y Naruto fueran a espiarles. Se le encogió el estómago al pensar que, tal vez, habían estado hablando acerca del vampirismo de Sakura. ¿Habría sido capaz de decírselo?
Sakura se levantó sin demasiado ánimo y asintió mientras comenzaba a caminar.
Hinata notó que agarraban su mano y tiraban de ella. Apartó entonces la vista de sus dos amigos y vio que era Naruto, que se había dado cuenta de que si no se movían ya, los pillarían con las manos en la masa.
Sintió una descarga recorrer su mano y brazo mientras corría de vuelta a la entrada de la biblioteca.
-Eso sí que no me lo esperaba –exclamó Naruto al tiempo que recuperaba el aire por el sprint que acababan de hacer.
-¿Qué habrá pasado?
-Quizás la declaración no ha ido muy bien.
-Entonces, ¿tú sabes lo de Sakura y Sasuke?
Naruto rió.
-¿Alguien no lo sabe? ¡Es demasiado obvio!
Esta vez fue el turno de Hinata de reír.
-A Sakura le gusta Sasuke desde secundario. Y Sasuke… a veces es un poco tsundere, pero estoy más que segura de que le gusta Sakura.
La sonrisa de Naruto se volvió traviesa de nuevo, parecía divertido con la situación de aquel par. Se frotó las manos como si estuviera tramando alguna clase de plan.
-Será cuestión de enterarse de qué han hablado –dijo.
-¿T-tú crees?
-Claro –Naruto la miró como si aquello fuera evidente-, así podremos completar nuestro trabajo como buenas celestinas.
-Claro –Hinata sonrió, aunque nerviosa.
Tal vez no fuera buena idea que Naruto hablara con Sasuke sobre lo que habían visto. Al menos, hasta que se hubiera cerciorado de si era o no un Reaper.
Inspiró profundamente. Era ahora o nunca, se dijo, soltando el aire de golpe, dispuesta a sacar de una vez por todas el tema del Reloj Vital del chico.
-Hinata –la voz de Hiashi sonó a pocos pasos de ellos.
El padre de Hinata los observaba desde su coche. Hinata le saludó y se volvió rápidamente hacia Naruto. Maldijo en su interior, había sido tan lenta, tan cobarde…
-B-bueno, nos vemos el lunes –dijo rápidamente.
Naruto asintió.
-Que vaya bien el domingo –y añadió, en voz baja, como si estuviera tratando un asunto secreto del Estado-. Y buena suerte con tu novela.
-Gracias, igualmente.
Hinata observó a Naruto unos instantes. Su cabello rubio brillaba como una llama salvaje por la luz anaranjada del atardecer reflejada en él. Sus ojos, azules como el cielo infinito, la observaban con amabilidad, transmitiéndole aquella calma a la que no acababa de acostumbrarse todavía, aunque no podía negar que se sentía cómoda al mirarlos.
Era extraño, casi mágico.
-¡Hinata! –volvió a llamar su padre, y ella dio un respingo al darse cuenta que se había quedado embobada mirando a Naruto.
-Ve, antes de que el castigo se alargue más y tengamos que secuestrarte para poder salir todos juntos –sonrió el chico.
Hinata le devolvió la sonrisa inconscientemente y asintió.
-Nos vemos –se despidió, y corrió hacia el coche de su padre.
-¿Qué tal ha ido la tarde? –preguntó Hiashi al arrancar.
-Bien –Hinata todavía sonreía.
Hiashi la miró de reojo un momento.
-¿Con quién estabas? –preguntó al cabo.
A Hinata le temblaron las manos y sintió de nuevo aquella especie de descarga eléctrica en la que Naruto había agarrado antes.
-Un compañero de clase. Le he encontrado estudiando.
-Parece que no eres la única aplicada en tu clase –comentó Hiashi.
Hinata asintió, pero ya no dijo nada más. Se quedó pensando en todo lo que había ocurrido aquella tarde que, pese al asunto del Reloj Vital y la escena que había montado Hanabi, no había sido tan mala.
Pero tengo que hablar con Naruto tarde o temprano, se recordó, esto no puede seguir así para siempre.
