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Capítulo 15: Sakura y Sasuke

-¿Qué haces aquí?

Sakura miraba a Sasuke, boquiabierta. Después de todo lo que había pasado, lo último que esperaba era recibir a Sasuke en su casa un sábado por la tarde. Aunque, razonó, no era tan raro que la fuera a visitar, eso es lo que hacen los amigos.

-Vengo a sacarte a dar una vuelta –Sasuke sonrió de lado. Tenía las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones y observaba a Sakura con gesto de "tipo guay". No, Sakura no era capaz de describirlo de otra forma.

Sin embargo, su vida ya no era como antes. Se mordió el labio, incapaz de decidirse. Por supuesto que quería salir con Sasuke. Además, por lo que veía, serían sólo ellos dos. Pero estaba el asunto del vampirismo y el día era especialmente soleado; no tenía la cabeza para caminar bajo semejante chorro de luz tanto rato.

-¿P-por qué? –fue lo único que alcanzó a decir. Y se sintió algo idiota: estaba claro que Sasuke estaba preocupado por ella.

El chico se encogió de hombros.

-Es sábado y no hay nada más por hacer.

-¿Qué hay de tu entrenamiento para el campeonato de deletreo? –Sakura se había puesto al día con aquel tema y estaba poco inspirada para las escusas aquella tarde.

Sasuke enarcó una ceja.

-Será durante las vacaciones de verano –dijo-. Quedan dos meses bien buenos. Y no pasa nada por salir una tarde, ¿no?

Sakura sonrió de lado algo incómoda, desvió la vista un instante y volvió a mirar a Sasuke, que la observaba expectante. Di que sí, rogaba en su interior el chico.

-No sé –murmuró ella-, no me apetece mucho salir…

-¿Qué tengo que hacer para sacarte de tu casa esta semana? –suspiró Sasuke. No estaba seguro de poder soportar que la pelirrosa se negara a salir de su casa dos veces en una misma semana. Había algo que no le estaban contando y, pese a que su lado más racional le aconsejaba que dejara estar el tema y se fuera a casa a practicar para la competición, su otro lado más pasional e impulsivo lo instaba a no moverse allí hasta que Sakura aceptara salir de una maldita vez de casa sin que Hinata estuviera rondando a su alrededor en todo momento.

Sí, efectivamente: Sasuke Uchiha iba a dejar de lado por una vez en la vida sus principios e iba a inmiscuirse en un tema del que muy posiblemente no quería saber nada. Porque si Hinata Hyuuga estaba metida en algún asunto secreto, no podía ser nada bueno ni mucho menos normal.

Sakura suspiró y supo que se había rendido mucho antes de inventar siquiera la excusa de la competición. Y es que no siempre podía pasar una tarde a solas con Sasuke.

Quiero ser normal, se dijo, como si estuviera gritando a su lado vampírico mentalmente, y voy a serlo. Voy a tener una tarde normal.

-Voy a arreglarme –dijo tras un largo silencio.

Sasuke sonrió aliviado. No habría sabido qué hacer si Sakura se hubiera negado en rotundo a salir de su casa otra vez.

Sakura corrió a vestirse con algo más apropiado para aquel día tan soleado, empezando por una buena capa de crema solar, por si acaso. El sol todavía no había comenzado a hacer estragos en su piel de no-muerta, pero no podía calcular cuándo lo haría, así que tomaría cualquier precaución que s ele pasara por la cabeza.

Reapareció al cabo de unos minutos en el salón, donde había dejado a Sasuke esperando. Llevaba una blusa de manga larga verde pálido que resaltaba el tono jade de sus ojos, unos pantalones largos blancos y botines del mismo color. En el bolso llevaba unos guantes y un paraguas plegable, por si acaso.

-¿Nos vamos? –preguntó al tiempo que se colocaba las gafas de sol.

Sasuke la miró de arriba abajo. Estaba preciosa, como con cada conjunto que elegía. Pero…

-¿No tendrás calor?

-En primavera nunca se sabe –replicó ella rápidamente-. Ahora hace calor y a los cinco minutos se nubla y hace un frío de mil demonios.

Sasuke puso los ojos en blanco. ¿Quién me mandaría a mí comentar la ropa de una chica?

-Luego no te quejes.

Sakura le sacó la lengua por toda respuesta y ambos partieron.

-A todo esto, ¿dónde vamos? –preguntó Sakura al poco rato.

-Por la hora que es… ¿quieres ir a merendar?

Sasuke la miró de reojo, esperando su reacción. Le ponía histérico verla comer tan poco o nada desde que había vuelto después de encerrarse en su habitación debido a esa dieta milagrosa que había descubierto. Una de las opciones era que, tal vez, no se trataba de nada sobrenatural, sino de alguna clase de trastorno alimentario –y eso explicaría la presencia de Hinata en aquel asunto; después de todo, ella también era una chica.

Se sentía horrible al pensar que prefería algo así antes que algo sobrenatural, pero realmente le aterraba la idea de que Sakura pudiera haberse visto envuelta de algún modo en aquel turbio mundo.

Sakura, por su parte, vaciló. ¿Tan poco iba a durar su tarde normal? ¿Así se jorobaba su cita –podía llamar a aquello cita, ¿no?- con Sasuke? Inspiró, tratando de calmar el ataque de ansiedad que estaba a punto de darle, y esbozó una sonrisa nerviosa.

-Tengo una idea mejor. ¡Vamos de tiendas!

-¿En serio quieres arrastrarme a ese infierno? –resopló Sasuke. No pasó por alto la reacción de la chica.

Sakura infló los mofletes y se cruzó de lado.

-Es que me apetece mucho.

Sasuke rodó los ojos. Ya le había hecho aquello alguna otra vez y sabía que sería absurdo negarse ahora que estaban ya en la calle. Tampoco quería que diera media vuelta y volviera a su casa.

No le quedó otra opción más que aceptar la petición de la chica.

Durante varias horas, fueron de una tienda a la otra, observando, probándose, descartando y hasta comprando ropa, zapatos y complementos de toda clase. Hasta una escasa semana atrás, Sakura era una chica completamente normal, guapa y con estilo, que gustaba de pasar tardes hiendo de compras con Ino, otra loca de las compras.

Sasuke la seguía aquí y allá casi como un robot automatizado. En algún momento había perdido la cuenta de tiendas en las que habían entrado.

En una de esas aparatosas tiendas de complementos, el Uchiha se quedó mirando fijamente un juego de pendientes. No eran especialmente grandes, simulaban ser cristales swarovski incoloros, aunque la luz al chocar contra ellos hacía que se vieran reflejados un centenar de colores en su interior. Al ser de imitación, el precio era razonablemente barato y, a la que se dio cuenta, ya estaba trazando un plan mentalmente para comprarlos sin que Sakura se diera cuenta.

-¡No me lo creo! –exclamó Sakura al verlo recoger la bolsa con la caja de los pendientes en su interior- ¿Has encontrado algo que te gusta? ¿Aquí?

Sasuke se tensó un momento, después se volvió hacia Sakura, calculando cada movimiento cuidadosamente para no delatarse.

-Nada en especial –mintió, sacando de la bolsa una cadena con dos placas rectangulares colgando de ella.

La chica observó el colgante sorprendida.

-¿Te gustan estas cosas militares?

Sasuke se encogió de hombros, como si no tuviera importancia.

-Un poco. Y ya que estamos aquí…

-Y los pendientes que ha comprado son preciosos –añadió la dependienta con una amable sonrisa.

Sasuke la fulminó con la mirada, gritándole que se metiera en sus asuntos mentalmente.

Sakura le observó confundida y bajó la vista hasta la bolsa que el chico sostenía con fuerza.

-¿Pendientes? –repitió, sin comprender.

Sasuke resopló, dedicó una última mirada de enfado a la dependienta y tiró de la mano de Sakura para salir de allí. La mujer simplemente rio divertida al contemplar el sonrojo que se había apoderado del rostro del muchacho.

Recorrieron media calle hasta que Sakura frenó y obligó a Sasuke a detenerse. Le sorprendió la fuerza que la chica aplicó, aunque aquel detalle pasó a segundo plano cuando fue consciente de que había agarrado su mano como si tal cosa.

La soltó de golpe y se dio la vuelta, maldiciendo el estar poniéndose de nuevo rojo como un tomate y compadeciéndose de Hinata, que parecía vivir para sonrojarse por todo. No era agradable sentir vergüenza, algo le removía el estómago, las manos le temblaban y el corazón se le había acelerado, aunque probablemente el sprint que acababan de hacer tuviera también algo que ver.

Oyó a Sakura resoplar a su espalda.

-¿Vas a decirme qué está pasando?

-No es nada –gruñó automáticamente. Y al instante se arrepintió de haber dicho aquello.

-¿Nada? –protestó Sakura- ¡¿Nada?! ¡Uno no se marcha corriendo de una tienda "por nada"!

Rodeó a Sasuke para encararse con él. El chico suspiró. Se había ganado a pulso aquella reacción: era absurdo negar lo evidente ante Sakura Haruno, especialmente cuando ella estaba implicada.

Sasuke enfundó las manos en los bolsillos, desviando la vista.

-Sigo esperando –informó la pelirrosa, cruzada de brazos.

Sasuke inspiró con fuerza y se rascó al cabeza. Vamos, tampoco es tan complicado, se recriminó a sí mismo.

Pero Sakura había perdido la paciencia y agarrado el brazo de Sasuke que sujetaba la bolsa de la tienda. El chico intentó hacer fuerza inconscientemente, avergonzado de la situación que podría crearse si Sakura descubría los pendientes y preguntándose por qué diantres los había comprado en primer lugar.

Y, para su sorpresa de nuevo, forcejear con Sakura fue todavía más inútil que negarle lo evidente. En un abrir y cerrar de ojos, le había sacado la mano del bolsillo y se había apoderado de la bolsa.

-N-no es lo que crees –balbució el chico al tiempo que ella sacaba una pequeña y fina lámina de cartón a la que iban sujetos los pendientes.

Sakura los observó anonadada, sus ojos jade se iluminaron tras los oscuros cristales de sus gafas de sol y alzó la vista para mirar a Sasuke.

-¿Y esto? –murmuró, y no pudo ocultarse a sí misma que deseaba que fueran para ella.

Sasuke desvió la mirada de nuevo, nervioso, miró a varios lados y finalmente soltó un profundo suspiro. Miró a Sakura con seriedad.

-Quédatelos.

Sakura comenzó a dar saltitos de emoción en su interior. Sin darse cuenta, su sonrisa se ensanchó.

-¿Por qué?

-S-si no los quieres, ya se los daré a mi madre –replicó Sasuke bruscamente. Se sintió idiota por decir algo así, aunque no pudo recriminarse mucho más porque la sonrisa de Sakura captó toda su atención.

Era amplia y sincera, inocente y pura. Era una sonrisa de verdad, como si la Sakura de antes hubiera regresado.

La Sakura de antes… recordó Sasuke de pronto. Claro, habían salido para hablar sobre el problema de Sakura. ¿Por qué estaban hiendo de tiendas? Maldita sea, Sakura siempre conseguía arrastrarlo allá donde ella quisiera…

-Gracias –murmuró la chica.

Sasuke regresó a la realidad al tiempo que Sakura se quitaba los pendientes que llevaba para probarse los que acababa de regalarle.

-Voy a por algo de beber –dijo de pronto-, ahora vuelvo.

-Aquí te espero –asintió Sakura, sin dejar de sonreír.

Sasuke le había regalado algo. No era su cumpleaños, ni Navidad, ni se había programado ningún "amigo invisible" en el instituto. Era un regalo de verdad, no uno por compromiso. No eran la joya más exquisita del mundo, pero ¿acaso importaba eso? Estaba a punto de estallar de felicidad. Sí, podía ser una chica normal y tener un día normal.

Por su parte, el Uchiha se acercó a una máquina expendedora y meditó lo sucedido aquella tarde. Habían pasado horas hiendo de una tienda a otra. Le había comprado unos pendientes a Sakura y, aunque no acababa de comprender el motivo, se sentía bien después de verla sonreír de aquella manera. Sin embargo, ahora debía regresar a la idea inicial y hablar seriamente con ella, hacerle entender que podía confiar en él, sin importar lo que le estuviera pasando.

Sacó dos latas de refresco y una bolsa de patatas fritas. Tomó aire varias veces y lo soltó todo de golpe, calmándose y buscando la mejor forma de abordar el tema. Lo había pensado varias veces de camino a casa de los Haruno, pero seguía igual que al principio: no se podía sacar aquel tema de forma agradable.

Abrió una de las latas y dio un largo sorbo. Volvió a inspirar y regresó con la chica, que buscaba una buena posición para poder verse reflejada en la pantalla de su teléfono con los pendientes nuevos. La luz anaranjada del atardecer arrancaba en ellos destellos como dos diminutas llamas.

Al llegar a su lado, le tendió una de las latas de refrescos y la bolsa de patatas.

-No, gracias –dijo ella.

Y aquello fue el detonante.

-Sakura, llevamos horas aquí ni siquiera has bebido agua. Te vas a deshidratar o a desmayar de hambre si no bebes o comes algo.

Sakura frunció el ceño y todo su buen humor desapareció de golpe.

-Ahora no me apetece nada.

Sasuke puso los ojos en blanco.

-No me puedo creer que con lo que hemos andado no puedas tener ni una pizca de sed. ¡Si hasta yo tengo hambre, y no suelo merendar!

Sasuke se estaba metiendo en terreno peligroso y sólo era consciente de ello a medias. Sakura resopló exasperada.

-Pues estoy perfectamente –insistió-, puedes comerte toda la bolsa de patatas.

-¡Esto no es por la bolsa de patatas! –exclamó Sasuke, elevando la voz de golpe.

-Pues nadie lo diría –repuso Sakura con sarcasmo-. Y no hace falta gritar.

Sasuke chistó.

-No entiendo por qué es tan importante tu nueva dieta –dijo al fin, sintiendo con cada palabra que salía de su boca que estaba cometiendo un grave error-. No comes nada o casi nada en el instituto y dudo mucho que en tu casa sea diferente. Te vas a poner enferma, Sakura.

La pelirrosa hizo una mueca y miró a lado y lado. Algunas personas en la terraza de una cafetería cercana los observaban, así como otras que caminaban por la misma acera en la que estaban parados discutiendo.

-No quiero hablar de eso en un lugar como este –repuso entre dientes, cada vez más enfadada.

¿No puedo ni tener un sábado normal? rugió en sus pensamientos a la vez que trataba de serenarse. Estaba al borde de la historia y eso era lo último que quería. Todo terminaría de desmoronarse si cedía al ataque de nervios, estaba convencida de ello. He tenido unos días más o menos tranquilos, joder. ¿No puedo tener una cita con Sasuke sin que se vaya todo al traste?

Sasuke se mordió la lengua para no decir nada más. Miró a su alrededor y comprendió que no estaban precisamente en el lugar más íntimo y tranquilo para hablar de los problemas de Sakura. La había cagado a base de bien.

Pero aún podía arreglarlo, o eso se obligó a pensar.

Agarró la mano de Sakura de nuevo y tiró de ella. Y corrió. Corrió dejando por un momento la mente en blanco porque, de lo contrario, tan sólo hallaría en ella gritos y maldiciones. Corrió casi desesperadamente. Corrió sin saber exactamente a dónde dirigirse. Sentía la mano de Sakura en su propia mano y por nada del mundo la habría soltado.

En algún momento, llegaron a un parque del que se estaban hiendo ya los últimos niños con sus madres o abuelos. Sasuke se acercó jadeando a uno de los bancos y se sentó, haciendo un gran esfuerzo por el aliento sin vomitar el refresco que acababa de beber.

Sakura se sentó a su lado y contempló el infinito con la mirada perdida. Y, ahora, ¿qué? ¿Se lo contaba todo a Sasuke? Demasiado bien sabía cuánto odiaba el Uchiha las cosas sobrenaturales –en año nuevo iba al tiempo por costumbre, no porque creyera en ninguna de las supersticiones que rodeaban ese día y los templos que se visitaban. ¿De veras reaccionaría bien a su nueva condición? ¿O reaccionaría increíblemente mal? ¿Reaccionaría siquiera?

Se había planteado varias veces contárselo en el instituto y se había visto incapaz de iniciar la conversación. ¿Estaba lista para ver una mirada de terror o asco –o ambas cosas- en el rostro del chico que le gustaba?

Aquello no era un malentendido causado por un tonto rumor en la escuela. No era algo que se pudiera arreglar hablando con tranquilidad largo rato. Era una conversación con un solo transmisor y un mensaje típicamente absurdo y sin sentido hacia un receptor que aborrecía aquella clase de asuntos.

Pero sabe lo de Hina, recordó de pronto, apareciendo la imagen de su amiga como un rayo de esperanza en su mente. Si había sido capaz de aceptar más o menos que Hina tenía sus "negocios" con temas sobrenaturales… tampoco le sería tan difícil comprender que ella era… era…

No, era imposible.

Sintió entonces la suave presión de la mano de Sasuke en la suya y recordó que no se habían soltado todavía. De haber podido, se habría sonrojado. Pero aquello la había abandonado al inicio de todo de la conversión. Era de lo primero que desaparecía, al parecer, cuando te convertías en vampiro: el inocente sonrojo.

Parpadeó y se fijó en que Sasuke la miraba con fijeza, sus ojos oscuros estaban serios y reflejaban que el muchacho estaba cavilando algo.

Él fue el primero en hablar.

-Sakura, sé que ha pasado algo –tragó saliva, buscando las palabras-. Estoy preocupado por ti y quiero ayudarte. Pero no sé cómo hacerlo hasta que no me cuentes qué te está pasando.

A Sakura se le hizo un nudo en el estómago y otro en la garganta. Sasuke habla con lentitud y era evidente que le estaba costando horrores abordar el tema. Pero al menos había sido capaz de dar el primer paso, nada que ver con ella.

Inspiró profundamente, cerró un instante los ojos y luego volvió a abrirlos, buscando los jades de Sakura tras los cristales de sus gafas.

-Confía en mí, por favor –pidió.

Una brecha resquebrajó el corazón de la chica, como si una suave pluma acabara de arrearle una bofetada digna de un boxeador. Se sintió la persona más miserable del mundo por ocultarle la verdad a Sasuke, por discutir cuando él sólo se preocupaba por ella. Pero no era fácil admitir abiertamente que un día te convertiste en un monstruo porque a otro monstruo le pareció interesante.

Se sorbió la nariz, más que por la mucosidad –que no tenía-, por las lágrimas que pudieran amenazar con acumularse en sus ojos. Ni siquiera eso podía permitirse en presencia de Sasuke, sería una visión terrorífica: una persona llorando sangre.

-Yo… -masculló, sin poder apartar la vista de aquellos ojos oscuros llenos de preocupación e impotencia- Es que… N-no es… no es la comida… no es lo que tú crees… B-bueno…

Sasuke le sonrió con dulzura.

-Tranquila –murmuró, acercándose un poco más a ella casi sin darse cuenta.

Sakura se mordió el labio y luego el interior de las mejillas, frustrada consigo misma y con la tierna sonrisa que Sasuke le estaba mostrando en aquel instante. ¿Por qué aquello no podía ser una escena más en la vida de una adolescente normal? ¿Por qué no era un torpe y tímido intento de declaración de amor?

Nunca había sido capaz de decirle a Sasuke lo que sentía, en realidad. Tan sólo había conseguido convertirse en su amiga. Y había estado relativamente conforme con aquella situación durante años.

Inspiró y apartó la vista de él, dolida. ¿En qué demonios estaba pensando ahora? No había cabida de sus tontos sentimientos de adolescente en aquel instante. Ya no. La situación era seria, grave. Tal vez llegara el día que no pudiera volver a salir a la calle mientras el sol estuviera en lo alto. Que Hina hubiera prometido ayudarla no significaba que fuera a encontrar una solución a aquella maldición.

Tragó saliva inconscientemente y suspiró.

-No puedo –masculló con la voz rota. Se obligó a mirar a Sasuke a los ojos, era lo mínimo que podía hacer, aunque llevara aquellas malditas gafas de sol-. Sasuke, no puedo hacerte esto.

Soltó su mano y se la quedó mirando con nostalgia. Todavía podía sentir la calidez de la mano del muchacho en ella.

-Sakura, por favor, puedo ayudarte –rogó Sasuke, desesperado.

No, no puedes, repuso ella en sus pensamientos. Sasuke, esto se te queda grande. Igual que a mí. Igual que a todos.

-Sasuke… por favor… no vuelvas a preguntarme más por esto…

Su ruego no superó el susurro. Aun así, fue tan doloroso como una puñalada. Sasuke bajó la vista. Chistó pero controló su frustración. Sakura no se la merecía.

-Está bien –cedió con lentitud, volviendo a mirarla-. Pero, sin cambias de idea, me tienes para lo que sea. Estaré siempre aquí, hasta que quieras contármelo.

Mantuvo la mirada unos segundos más, antes de apartarlos del dolor que reflejaban los ojos de Sakura. Se sentía dolido, un inútil absoluto. ¿Tan poco digno de confianza era, que Sakura era incapaz de contarle algo tan importante? Entrecerró los ojos y clavó la vista en los columpios que tenía delante. Y lo comprendió, o más bien lo aceptó; no era un trastorno alimenticio, realmente era algo sobrenatural.

Tenía que serlo. Sakura sabía que él aborrecía aquellos temas. El muy idiota se había pasado la vida quejándose cada vez que hablaban sobre historias de fantasmas, casas encantadas o películas de terror basadas en hechos reales. Y ahora tenía justo lo que se merecía: una de sus mejores amigas tenía problemas relacionados con lo sobrenatural y, obviamente, él era la última persona a la que iba acudir. Porque ya había dejado bien claro que no le interesaban esas cosas, que las odiaba y el mundo estaría mucho mejor sin todos esos cuentos estúpidos de brujas y hadas.

No podía culpar a Sakura. Él solito se lo había ganado a pulso.

-Sasuke –murmuró Sakura de pronto, su voz sonaba lejana y apagada.

Se planteó de nuevo decirle lo que sentía por él. Al menos podría quitarse de encima algo que llevaba mucho tiempo guardando en su interior. Al menos, Sasuke no se sentiría un idiota absoluto porque ella no quería contarle nada. Y es que podía leer en cada uno de sus gestos que estaba destrozado por la decisión que había tomado ella de no contarle nada.

Y ¿de qué servirá?, se preguntó con amargura, eres una vampira, estás maldita. Nadie te asegura que vuelvas a ser humana algún día. Y aunque Sasuke correspondiera lo que siento… No se merece algo así…

El moreno la miró al ver que había enmudecido. Y justo cuando pensaba que ya no diría nada más, que tal vez sólo había imaginado que decía su nombre, volvió a hablar.

-Gracias –masculló, casi sin voz, con un millar de sentimientos entremezclados en aquella simple palabra.

Sasuke suspiró y se levantó.

-¿Nos vamos? –propuso, demasiado cansado como para esbozar una última sonrisa de ánimo eficiente.

Sakura se levantó pesadamente y asintió, obligándose a caminar, a no echarse a llorar por enésima vez aquella semana, a no mandarlo todo al traste.

Al final, aquel no había sido un sábado normal y corriente.