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Capítulo 16: Comienzan las miradas y los murmullos

La noche del sábado al domingo y parte de la del domingo al lunes Hinata volvió a citarse con Kiba en mitad del bosque. Pese a que pasaron horas y horas hablando y poniendo en común lo que habían ido descubriendo en sus investigaciones, nada fuera de lo normal ocurrió en estas ocasiones tampoco.

Ambos se sentían entre aliviados e inquietos. La investigación no podría avanzar mucho más si no daban con lo que fuera que obligara a Kiba a transformarse fuera de la noche habitual.

Hinata se encontró a Naruto en la estación del tren la mañana del lunes. Traía una cara adormilada que parecía gritar "he estado media noche en vela".

-Buenos días –saludó la chica, algo nerviosa al percatarse de que ni Sasuke ni sakura habían llegado todavía.

Naruto la saludó arrastrando las palabras hasta finalizar con un largo bostezo.

-¿Has pasado mala noche? –preguntó Hinata, algo preocupada.

-Sí –suspiró Naruto con cansancio-, me quedé atascado en una dungeon del Tera porque la gunner que tenía en la party no sabía llevar su personaje…

Hinata observó a Naruto completamente confundida, no había entendido una palabra de lo que el rubio había explicado. Él tardó un poco en darse cuenta de lo que acababa de decir en voz alta y de pronto abrió los ojos como si hubiera salido del sueño en el que todavía estaba. Sus mejillas se sonrojaron enormemente y comenzó a balbucear avergonzado.

-Q-quiero decir… Me quedé hasta tarde jugando a un videojuego y… bueno, ya sabes –estaba comenzando a sudar y se rascaba la nuca desviando la mirada-, a veces la cosa se pone difícil y… bueno… eso…

Bajó la vista a sus pies, su cara estaba tan roja que parecía que fuera a salirle vapor por las orejas en cualquier momento. Hinata sonrió enternecida ante aquella imagen.

Cuando Naruto espió la expresión de la chica en reacción a su metedura de pata casi se queda sin aliento.

-¡N-no te rías! –pidió, muerto de vergüenza.

Hinata alzó las manos y negó rápidamente.

-No me río –prometió-. Es s-sólo que me has sorprendido –comenzó a jugar con sus dedos sin darse cuenta-, no esperaba que jugaras a videojuegos.

Naruto volvió a bajar la cabeza, todavía avergonzado. Justo entonces el tren sonó avisando que entraba en la estación. Ambos subieron, Hinata mirando a lado y lado en busca de Sakura y Sasuke. Lo último que sabía de ellos era lo que había visto y apenas escuchado el sábado por la tarde en el parque.

¿Qué había pasado para que se creara aquel ambiente? ¿Qué había ocurrido después de eso? Había estado a punto de llamarlos en varias ocasiones, pero eso habría significado admitir que los había espiado y ya estaba suficientemente avergonzada consigo misma como para admitirlo ante ellos.

-Ahora piensas que soy un frikazo… -aquel murmullo hizo regresar a Hinata a la realidad.

Miró a Naruto, que seguía cabizbajo.

-¡N-no es eso! –se apresuró a decir, nerviosa. Por nada del mundo quería que Naruto pensara que se estaba burlando de él.

Naruto volvió a mirarla.

-Es sólo que yo no juego mucho y no he entendido la mitad de lo que has dicho –admitió ella, desviando la vista y jugando con sus dedos de nuevo sin darse cuenta.

Algo en el rostro de Hinata, tal vez el sonrojo, su expresión general, la tierna forma en la que sus delgadas cejas se curvaban avergonzadas, hizo sonreír a Naruto. Hinata era una buena chica, se recordó, nunca diría cosas como aquellas, seguramente i siquiera las pensaría.

-Claro, perdona –asintió-. Normalmente la gente piensa raro de mí cuando hablo sobre videojuegos.

-¿Por qué?

-Por el argot, supongo –Naruto se encogió de hombros como si aquello no tuviera remedio.

Hinata asintió y observó embobada a Naruto. Parecía todavía incómodo por aquella conversación y, antes de darse cuenta, ya había abierto la boca y las palabras brotaron como una catarata.

-¿Jugamos un día?

Naruto la miró con incredulidad y al momento Hinata sintió sus mejillas arder. Tal vez no había sonado tan bien como esperaba. Aunque, en realidad… ¿cuándo había pensado en proponer aquello?

Intentó explicarse, aunque esta vez fue su turno de balbucear palabras sin sentido. Naruto sonrió divertido.

-Claro, ¿qué prefieres?

Hinata tragó con dificultad. ¿Estaba respondiendo con sinceridad o se estaba burlando de ella y los posibles dobles sentidos implícitos en su ingenua pregunta?

-Eh…

-Rol, peleas, carreras de coches, aventura gráfica… -comenzó a enumerar Naruto.

-¿Cuál es mejor?

Se hizo el silencio. Naruto la miró fijamente a los ojos y Hinata sintió que la atravesaba con la mirada y buscaba en su interior. Aquello no ayudó a su sonrojo, aunque sintió momentáneamente la calma que siempre le transmitía el azul de sus ojos.

Casi da un salto cuando él colocó sus manos sobre sus hombros.

-Hinata –comenzó con seriedad. La chica tragó con dificultad de nuevo, temiéndose haber formulado la peor pregunta-, vamos a tener una sesión muuuuy larga. Hasta que lo descubras por ti misma –añadió al final, sonriendo de nuevo con amplitud.

Hinata también sonrió levemente, contagiada por el gesto del muchacho.

-D-de acuerdo –repuso con un hilo de voz y avergonzada por la cercanía entre ella y Naruto.

Naruto asintió conforme y la soltó. Cuando bajaron del tren, a Hinata le pareció que iba murmurando una lista de posibles juegos para su sesión. Ella se limitó a caminar y observarlo, aunque aquello le costó casi topar con un poste de la luz y dos estudiantes, y que su corazón diera volteretas de emoción.

Aunque aquello último no pensaba admitirlo. No podía. No debía.

Los murmullos comenzaron más o menos cuando cruzaron la entrada del instituto. Hinata, que solía sentirse inquieta cuando la observaban, enseguida se percató del centenar de ojos que se habían clavado en ella. Habría deseado desaparecer allí mismo; al menos hasta llegar a las taquillas. Pero allí comprobó, para su desgracia, que era todavía peor.

Sacó sus zapatos blancos y guardó los de la calle. Le temblaban tanto las manos que tardó lo que le pareció una eternidad en abrochárselos correctamente.

Oía murmullos a su alrededor y en algún momento dejó de estar segura de si la gente la señalaba y murmuraba algo o si simplemente tenía demasiadas cosas en la cabeza y aquello le estaba pasando factura.

Paranoia transitoria, genial, pensó irónicamente, tratando de calmarse. Sus manos temblaron cuando y se quedó clavada unos instantes donde estaba cuando, al cruzarse con unas chicas, escuchó su nombre junto al de Kiba Inuzuka.

De algún modo, aquello la tranquilizó un poco. Seguía nerviosa, pero el nudo entre el pecho y los omóplatos se había aflojado un poco. Ahora podía respirar con normalidad. Casi sonrió de lado al comprender lo que ocurría.

Con todo lo ocurrido durante el fin de semana, había olvidado a la persona que la había descubierto hablando con Kiba en la azotea del instituto el viernes por la tarde. Seguramente había escuchado la parte de la cita nocturna y la imaginación había tejido el resto de la historia.

Así que ahora era la novia de Inuzuka… o su amante… o su… En fin, daba igual cuántos nombres o apelativos utilizaran. Tenía otras cosas más importantes en las que centrarse. Y, como su difunta madre solía decir, a palabras necias, oídos sordos.

-¿De qué va todo eso?

De acuerdo, tal vez no pudiera aparcar completamente el asunto.

Hinata recordó de pronto que Naruto caminaba a su lado. De hecho, la había esperado pacientemente durante su odisea con los zapatos en las taquillas. Había ido parloteando sobre alguna banalidad de esas que se hablan por la mañana, cuando todo el mundo tiene demasiado sueño como para entablar una conversación decente, hasta percatarse del silencio y la tensión de Hinata, seguido de la reacción de la gente al verla.

Contuvo un momento la respiración para calmar sus latidos, que se habían disparado de golpe sin ningún motivo aparente. Tal vez era el estrés. O la tensión en sí.

¿Era demasiado tarde para saltar por la ventana y huir de allí?

-No estoy segura –respondió al cabo, con una leve sonrisa de lado que delataba parte de su histeria interna pese a intentar aparentar completa serenidad.

Naruto alzó las cejas y se acercó un poco más a ella, simulando una posición detectivesca con los brazos y entrecerrando los ojos con sospecha.

-Entonces, ¿qué me dices de eso que está diciendo todo el mundo sobre Inuzuka y tú? –insistió, bajando la voz con intención de evitar a los alumnos cotillas que pudieran haber en el pasillo- ¿No te molesta?

Hinata jugueteó con sus dedos sin darse cuenta y desvió la vista unos segundos. Inspiró profundamente y se sintió una tonta de pronto por cómo se estaba comportando. No tenía nada que ocultar. En parte. Tenía la excusa, Naruto ya sabía de esa historia de las clases de repaso. ¿A qué venía tanta pantomima?

Alzó la mirada y buscó la calma que le transmitían siempre los ojos azules del chico. Sonrió casi sin darse cuenta, más segura de sí misma, más relajada.

-Sólo somos amigos, ya lo sabes –aseguró. Había recuperado la serenidad también en la voz.

Naruto alzó una ceja y, con una seriedad que puso los pelos de punta a Hinata, preguntó:

-¿Seguro?

Adiós de nuevo la calma.

Asintió rápidamente, como si el hecho de que Naruto creyera que Kiba y ella estaban juntos fuera lo peor que pudiera ocurrirle aquel día. Se sonrojó al pensar algo así.

Sin embargo, Naruto rio divertido con aquella reacción y Hinata comprendió que tan sólo estaba bromeando. Claro, no había motivo para que se preocupara de aquellas cosas, se recordó Hinata.

-Quizás debería contratarte yo también si de veras eres tan buena profe –comentó el rubio al tiempo que cruzaba la puerta de su clase.

El rubor cubrió el rostro de Hinata tan deprisa que parecía que acabara de correr una maratón en pleno mes de julio. Dio gracias porque Naruto no se volvió a ver su reacción, eso sólo habría empeorado las cosas.

Trató de balbucear alguna respuesta, pero no articuló nada coherente.

Chocó contra la espalda de Naruto de golpe y lo observó confundida. Se había detenido de golpe y miraba a un pupitre con los ojos muy abiertos.

Hinata se asomó por su lado.

-¿Qué pasa? –murmuró.

Entonces la vio. Sentada con las piernas cruzadas y aire distraído, leyendo tranquilamente una revista de moda. Su cabello corto rosa peinado perfectamente y una cinta roja anudada a modo de diadema, el uniforme impecable. Puede que Sakura se estuviera convirtiendo en una vampira, pero estaba claro que, en el fondo, seguía siendo la misma Sakura de siempre.

La pregunta era: ¿qué hacía allí sola?

Hinata buscó instintivamente a Sasuke por el aula, pero no halló ni rastro del Uchiha. ¿Por qué había venido Sakura más temprano que de costumbre y sola?

-Buenos días, Sakura –dijo al acercarse a su mesa, algo descolocada por la situación.

La pelirrosa la miró un instante antes de regresar a su revista.

-Buenos días, Hina.

Silencio.

Hinata la observó y tragó saliva, temiendo por la respuesta que le daría al preguntar:

-¿Cómo es que has venido sola?

-Por nada en especial.

Estaba claro que mentía. No apartaba la vista de la revista y aquello había sonado demasiado despreocupado. Además, Sakura no hizo ningún esfuerzo por continuar la conversación o prestar tención siquiera a la presencia de Hinata.

Algo estaba pasando y Hinata estaba segura que tenía que ver con Sasuke.

El Uchiha llegó bastante tarde aquella mañana. Entró en el aula en silencio y con expresión pensativa, como si estuviera descomponiendo un rompecabezas extremadamente complicado tratando de dar con una pista o solución al mismo. Probablemente era exactamente eso lo que ocurría en sus pensamientos.

Hinata lo saludó y él le respondió escuetamente. Naruto, en cambio, le saludó alzando la voz y se sentó a su lado, pese a que quedaban escasos minutos para que llegara el profesor.

-¿Problemas en el Paraíso? –preguntó, sin rodeos y sin bajar ni un ápice el volumen de su voz.

Hinata no pudo evitar desviar la mirada hacia Sakura, aunque no supo ver ninguna reacción en ella. La pelirrosa había sido suficientemente rápida como para controlar su impulso de romper la revista y seguidamente la cabeza de Naruto.

Sasuke gruñó.

-Cállate –repuso con hosquedad.

Naruto comenzó a hacer un puchero ante la reacción de su amigo.

Hinata se acercó a Sakura.

-¿Ha ocurrido algo? –preguntó con suavidad y cierta vacilación; recordaba la escena que había presenciado a escondidas el sábado por la tarde.

-Ahora no, Hina –fue todo lo que Sakura se limitó a decir. Su voz no denotaba nada. De hecho, era inquietante: no sonba ni alegre ni triste, ni siquiera enfadada. Sakura siempre había sido una explosión de emociones, como un libro abierto. Aquello no auguraba nada bueno y Hinata sintió un leve temblor en las manos de nerviosismo e impotencia ante la situación.

Tanto Hinata como Naruto habían fracasado en su intento de sonsacarles información a Sakura y Sasuke. La chica se sentó en su pupitre sintiéndose derrotada. Sentía que Sakura se iba hundiendo sin remedio en un pozo de desesperación y, para protegerse del misma, se envolvía poco a poco en un manto de apatía e indiferencia.

Tenía que hacer algo antes de perderla por completo. Tenía que hablar con ella para comprobar cómo iba la transformación. Por lo menos, se dijo, no avanzaba especialmente rápido, pues todavía podía asistir a clase y caminar durante el día sin arder.

-Hay que hacer algo –resopló Naruto de pronto.

Hinata dio un respingo al encontrarlo sentado a su lado.

-L-la clase va a empezar pronto –tartamudeó.

Naruto suspiró e ignoró las palabras de la chica

-Tenemos que trazar un plan, Hinata –dijo al tiempo que abría un cuaderno. Apuntó los nombres de Sasuke y Sakura en ellos y los unió con una línea coronada con un interrogante-. No podemos dejar que esto siga así. Tenemos que descubrir qué pasa entre ese par y arreglarlo… de algún modo…

Hinata observó las notas del rubio, pensativa.

La escena en el parque iluminó sus pensamientos por enésima vez. Abrió la boca para comentar aquello, pero una voz la acalló.

-Namikaze, ¿se puede saber por qué no estás en tu sitio?

Hinata se preguntó cuándo había llegado el profesor Kakashi.

Naruto se levantó y se rascó la cabeza. Sonrió para quitarle hierro al asunto y explicó con gran naturalidad:

-Estoy ayudando a Hin… Hyuuga-san con unas cosas que no entendía bien.

El silencio se extendió por el aula y Hinata sintió que las miradas de sus compañeros se clavaban en ellos dos. Al poco se alzó un suave coro de murmullos. No pasó desapercibido para Hinata que eran comentarios poco amables sobre ella.

El profesor enarcó una ceja y observó un momento a los dos alumnos. Finalmente esbozó una leve sonrisa.

-Ya repasaréis más tarde –dijo, controlando su expresión pues, ante todo, debía ofrecer un aspecto serio a sus alumnos-. Ahora puedo responder yo mismo cualquier duda. Vuelve a tu sitio.

Naruto asintió, derrotado por la lógica aplastante de Kakashi, y regresó a su asiento. Hinata no dejó de sentir miradas durante toda la clase, incluso mucho después de que el profesor pidiera silencio y comenzara con la lección del día.

Puede que los rumores no le importaran en exceso, pero sentir cientos de miradas (o veinte, pero a ella se le antojaban un montón) clavadas en ella la ponía de los nervios.

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NOTA: Holaaaaa! Lo siento muchíiiiiisimo D: Estoy que no paro con el trabajo y apenas tengo tiempo para escribir u.u

Evidentemente, el fan fic deja de ser semanal (no puedo asegurar un capítulo a la semana y no quiero engañar a nadie prometiendo lo que no puedo dar).

Igualmente, espero que sigáis leyendo el fan fic. Tengo varios capítulos preparados en las notas, irónicamente... Así que esto no es un parón por falta de inspiración, tan sólo una ampliación entre actualización de capítulos.