Disclaimer: Los personajes son de la genial Jane Austen.
Canción recomendada: "Song 2" de Blur.
Chocolate y café amargo
Capítulo 3
«Nada especial»
La fábrica abandonada era una parte importante de la vida del barrio bohemio de Liverpool. Desde hacía algunos años que se solían organizar presentaciones artísticas y exposiciones. Lizzie incluso había organizado una lectura de poesía. Como habían cortado la luz, los invitados se habían conseguido velas y la velada había proseguido sin más contratiempos. Se veía mucho más interesante a la luz de las velas, en todo caso. De vez en cuando, ahí se celebraba alguna fiesta.
No eran fiestas muy elaboradas, más bien se basaban en decirles a los conocidos que llevaran algo para tomar y siempre había un DJ aficionado —o alguien que se ganaba la vida poniendo música en algún club— que se encargaba de la música. No era ni siquiera necesario tener un motivo para celebrar. Bastaba estar de humor y con ganas de bailar para armar una fiesta. Más de alguna vez habían coincidido dos eventos, pero nadie se hacía mala sangre por eso. Mientras más, mejor.
La fiesta de esa semana prometía ser grande. Normalmente se trataba de cosas más bien improvisadas, pero esa semana la planeación había sido más elaborada. Incluso se rumoreaba acerca de una banda que iba a presentar.
Aunque la semana no había sido la mejor, Lizzie estaba lista para pasarla bien por un rato. Aunque normalmente su idea de salir un viernes por la noche era más bien sentarse en un pub a conversar hasta la hora de cierre, esa noche tenía ganas de bailar. Necesitaba sacarse las frustraciones, los rechazos y el mal humor acumulado de los últimos días.
—Jane, ¿estás lista? —preguntó asomándose al baño donde su hermana estaba terminando de maquillarse—. Thomas dice que va a haber una banda.
—Genial —replicó Jane, que parecía más concentrada en ponerse máscara que en escuchar a su hermana—. ¿Cómo me veo?
—Estupenda, como siempre —contestó Lizzie con sinceridad. Siempre había considerado que Jane era la más bonita de sus hermanas—. De hecho, apuesto lo que quieras que todos los hombres se enamorarán perdidamente de ti. Y si no lo hacen, o son tontos o juegan en el otro equipo —añadió, apoyando su barbilla en el hombro de su hermana.
—¡Ay, Lizzie! —la joven se sonrojó un poco—. No seas exagerada.
Lizzie sólo rió y le repitió que terminara de arreglarse porque no quería llegar demasiado tarde. Su hermana suspiró y terminó de echarse un poco de brillo labial para dar el toque final. Cuando estuvo satisfecha con su aspecto, fue a su dormitorio a buscar una chaqueta.
—¿Ya? —inquirió una vez más Lizzie, que estaba dando saltitos junto a la puerta, como hacía siempre que estaba apurada.
—Sí, tranquila, mujer —contestó Jane mientras se enfundaba en la chaqueta.
Las dos salieron del edificio a la fría noche de noviembre. No tenían auto, pero afortunadamente la fábrica no quedaba demasiado lejos de su edificio. Además, caminar las haría entrar en calor. A pesar del aspecto exterior del barrio, era verdaderamente un lugar muy seguro. Especialmente cuando se trataba de dos chicas que llevaban un tiempo viviendo ahí. Sabían muy bien qué precauciones debían tomar y qué callejones era mejor evitar. También sabían que lo mejor era caminar por el centro de la calle y no acercarse a zonas con poca iluminación. Por suerte para ambas, ninguna había sufrido ningún tipo de asalto en los años que llevaban viviendo ahí, pero habían oído de otras chicas que sí los habían sufrido.
Una de las cosas que más les gustaba del barrio era que todo parecía quedar relativamente cerca. Para ir a la fábrica no tuvieron que caminar más que dos cuadras. Incluso antes de doblar la esquina se escuchaban los bajos de la música y Lizzie sonrió. Algo le decía que esa sería una noche que no olvidaría por el resto de su vida.
Por supuesto, no sabía qué tan acertada era esa impresión.
Atravesaron la pequeña puerta lateral del edificio y se encontraron en una estancia enorme. La verdad era que era un lugar perfecto para hacer fiestas. No sólo era enorme, sino que también tenía plataformas a ambos lados —donde antaño se instalaban los dueños de la fábrica a inspeccionar el trabajo— donde se podían instalar el DJ y la gente que no estuviera bailando. Esa noche, además, habían instalado una tarima donde se podían apreciar varios instrumentos esperaban a sus dueños.
—Estupendo —Lizzie sonrió—. Lo de la banda era verdad.
—¡Lizzie! —Charlotte apareció entre un grupo de chicos y corrió hacia sus amigas—. ¿Saben quiénes van a tocar?
—Ni idea —replicó Lizzie. Jane pareció no haber escuchado porque estaba mirando a todos lados buscando a alguien.
—The Time Warpers (1)—contestó Charlotte con una sonrisa—. La revista de Thomas hizo un artículo sobre ellos hacía unas semanas.
Thomas era el hermano mayor de Charlotte y quien las había impulsado en primer lugar a irse a vivir a Liverpool. Creativo e inteligente, Thomas Lucas se había hecho un lugar en el periodismo alternativo cooperando en una revista electrónica que tocaba temas que iban desde los mejores lugares dónde comer en la ciudad por poco dinero hasta temas de política internacional —su reportaje «¿Cómo entender la crisis europea?» había sido un éxito tal que el mismo Times de Londres se los había comprado. Lizzie colaboraba con ellos a veces, escribiendo críticas de libros y reseñas de obras de teatro.
—Creo que lo recuerdo —Lizzie se mordió el labio mientras intentaba recordar algún detalle de ese artículo, pero nada acudió a su mente. Decidió que seguramente no era tan importante y optó por seguir escuchando a Charlotte, que parloteaba alegremente acerca de una oferta que había recibido para pintar un mural en un jardín infantil. Siempre había sido una pintora muy talentosa y en la escuela de Meryton (donde ella y las Bennet habían estudiado) había destacado por su sensibilidad artística. Ahora se ganaba la vida haciendo clases de arte a niños pequeños en un colegio. A diferencia de las hermanas Bennet, ella no era atractiva en lo absoluto, pero no parecía importarle demasiado.
—Lizzie —dijo señalando a dos jóvenes que acababan de cruzar la puerta—. ¿No son esos dos los clientes que estaban el otro día en el café?
—Sí, el chico simpático y su amigo el amargado —replicó la aludida frunciendo el ceño—. ¿Qué hacen aquí?
—Yo los invité —fue la respuesta sorpresiva de Jane.
Las otras dos jóvenes la miraron boquiabiertas. Jane era ciertamente una caja de sorpresas.
-o-
Darcy había intentado de todo para no asistir a la dichosa fiesta. Desde fingir que había encontrado inspiración y que quería dedicar la noche a escribir (por supuesto, Bingley lo conocía demasiado como para saber que le estaba mintiendo) hasta pretender estar enfermo —«¿En serio, Darcy? ¿Cuántos años tienes?»—. Al final había terminado por aceptar bajo protesta.
—No seas amargado —se burló Bingley tras escuchar por milésima vez que a su amigo no le interesaba pasar la noche en un almacén viejo lleno de gente a la que no conocían—. Además, es una fábrica abandonada, no un almacén.
—Para efectos prácticos, lo mismo —gruñó Darcy que caminaba a su lado con las manos en los bolsillos de la chaqueta y el ceño fruncido. Ante la respuesta de su amigo diciéndole que seguro que se divertirían mucho, se limitó a mascullar—: Lo dudo bastante.
Por supuesto, el lugar era aún peor de lo que había imaginado. Gente de aspecto por todos lados, música a todo volumen y, lo peor, parecía que todos los estaban mirando. Las noticias corrían rápido en ese lugar, al parecer.
—¿Qué se supone que tenemos que hacer ahora? —gruñó nuevamente fastidiado.
Sin embargo, su amigo no le contestó, tenía la mirada clavada en un punto a la distancia y empezó a caminar hacia ahí. Darcy lo siguió con fastidio. A saber qué mosca se le había metido esta vez a su amigo.
No tardó en descubrir lo que había llamado tan poderosamente la atención de su amigo: Jane Bennet, su vecina de arriba. Estaba acompañada de dos chicas a las que no les prestó atención. Su amigo tenía una sonrisa bobalicona en el rostro.
—¡Jane! ¡Qué bueno verte! —gritó para hacerse escuchar por la joven—. ¡Esto está muy bien!
—¡Me alegra que hayan venido! —respondió ella a su vez—. ¡Por cierto, ella es mi hermana! —añadió tomando a una de las chicas que estaba tras ella y señalándole que se adelantara. Darcy se encontró cara a cara con la camarera del café donde había comido el primer día—. ¡Y ella es Charlotte Lucas! —agregó señalando a la otra.
—¡Oh, es un placer conocerlas! —fue la respuesta de Charles, que estaba esbozando una sonrisa aún más grande—. ¿No quieres bailar? —le preguntó a la chica.
Ella aceptó y los dos desaparecieron entre la gente. Darcy maldijo para sus adentros. ¡Bingley lo había dejado solo con esas dos chicas desconocidas! Se las iba a pagar, el muy cretino. Vio como las dos chicas se daban media vuelta y subían a una de las plataformas y las siguió de mala gana. No pensaba quedarse absolutamente solo en la mitad de esa multitud. Arriba, las chicas saludaron a un joven que iba de la mano con otro. Por el parecido, Darcy supuso que se trataba de algún pariente de la chica feúcha, ¿Charlotte? Se parecían bastante. Se acercó a la barandilla de fierro y miró hacia la gente que bailaba. Una tarima en una esquina de la estancia llamó su atención: instrumentos dispuestos para una banda. Las memorias lo golpearon sin piedad. Recordaba cuando era un jovencito idealista que soñaba con cambiar el mundo una canción a la vez. ¡Menudo ingenuo que había sido!
—¿No bailas? —preguntó una voz a su lado. Era la hermana de Jane, la camarera.
—No si puedo evitarlo —fue su respuesta. Vio como ella alzaba una ceja al oír eso y le dirigía una mirada inescrutable. Darcy quiso preguntarle qué estaba pensando, pero tenía la desagradable impresión de que seguramente no se trataría de nada amable acerca de su persona. Ella le daba la impresión de ser una de esas personas que calaban a los demás con una sola mirada. No sabía si quería escuchar lo que ella podía decir acerca de él.
—Oh —dijo la joven y él tuvo la impresión de que con esa sola sílaba había dicho más que mil palabras.
Los dos se quedaron en silencio por unos segundos. De repente, un joven se acercó a Lizzie y la invitó a bailar. Con una mirada a Darcy, ella aceptó y desapareció entre la gente. Fitzwilliam volvió a apoyarse en la barandilla y a mirar a los bailarines. No podía distinguir nada debido a la pobre iluminación, pero suponía que Bingley estaría por ahí bailando con Jane y sonriendo tan bobaliconamente como cuando la había visto al llegar. Seguro que el muy idiota ya se habría enamorado de ella.
—Imbécil —masculló para sus adentros y pensó que un vaso de vodka no le sentaría nada de mal, pero ni él ni Bingley habían pensado en llevar sus propias bebidas —como al parecer era la costumbre ahí— y no conocía a nadie como para pedirlo como un favor. Tendría que aguantarse por el momento.
En eso, vio como los músicos empezaban a ocupar los puestos junto a los instrumentos de la tarima. Una punzada de nostalgia lo atacó al ver esa escena tan familiar. Si las cosas hubieran sido diferentes, él podría ser quién estaba en esa tarima aferrando una guitarra. Si las cosas hubieran sido diferente, no estaría solo; Verónica estaría con él. Si las cosas hubieran sido diferentes quizás ni siquiera habría estado ahí.
Pero sabía que no sacaba nada con pensar en algo que había muerto hacía más de seis años. A estas alturas debía estar muerto y enterrado, sin posibilidad de resurrección. En lugar de eso, concentró su atención en la música.
La canción hablaba de festejar y pasarlo bien, decía que la vida es una sola y que no vale la pena desperdiciarla pensando en el pasado. Darcy pensó que eso era más fácil de decir que de hacer, pero la melodía no estaba nada de mal. No era como lo que él había escrito hacía una vida atrás, pero estaba bastante bien.
Se acomodó en la barandilla y siguió escuchándolos. No estaba de humor para bailar ni nada de eso, pero quizás la fiesta no estaba tan mal. Aunque eso no se lo diría a Bingley.
-o-
Bingley estaba en el séptimo cielo. Podía jurar que la sonrisa de Jane Bennet era la mejor de todo el universo, que sus comentarios eran siempre brillantes y que era, en definitiva, la chica más perfecta que había conocido en su vida. Si hubiera sido por él, se hubiera pasado toda la vida bailando con ella.
Pero lamentablemente, el destino no parecía estar de su parte. Luego de bailar un rato, la chica se había despedido de él y se había ido a bailar con sus amigas. Sin embargo, él estaba convencido de que era el hombre más afortunado del mundo porque ella le había sonreído. Y una sonrisa de Jane Bennet valía más que todo el oro del mundo.
Por lo demás, le gustaba bastante el ambiente de la fiesta. Relajado y sin formalidades. Justo el tipo de lugares que a él le gustaban. Tras lanzarle una última mirada a Jane, que bailaba con sus amigas, se dirigió a buscar a Darcy. Seguro que estaba furioso con él por haberlo dejado solo y quizás tendría algo de razón. Sabía que su amigo no era precisamente la persona más sociable del planeta y que probablemente estaría muy incómodo entre tantos desconocidos. Pero también esperaba que comprendiera: Jane era única.
«Siempre dices que son únicas, Charles». Casi podía escuchar la voz de su amigo diciéndole lo que le había dicho una y mil veces. Sin embargo, en esta ocasión estaba seguro de que había algo diferente. Podía ser que se hubiera equivocado un montón de veces antes, pero ahora sabía que estaba en lo correcto. Jane era perfecta para él.
No se demoró mucho en encontrarlo. Estaba en una de las plataformas de observación, con la mirada fija en la banda que seguía tocando.
—¡Darcy! —gritó para hacerse oír entre la multitud. El aludido pareció no escucharlo. A la distancia a la que estaba podía ver cómo su amigo estaba tamborileando los dedos en la baranda y ese pequeño detalle lo hizo sonreír. Sabía que Darcy no podía estar alejado de la música por tanto tiempo—. Veo que estás disfrutando la fiesta —comentó en voz alta al llegar junto a su amigo. Fitzwilliam levantó una ceja al verlo.
—No tanto como tú, me temo —señaló—. ¿Dónde está Jane?
—Bailando con sus amigas.
—¿Ya te abandonó?
Bingley decidió hacer caso omiso de ese comentario.
—¿No te importaría salir un poco? —preguntó Darcy a continuación—. Creo que necesito respirar algo de aire fresco. Este lugar es sofocante.
—Como quieras —Bingley se encogió de hombros y ambos se abrieron paso a través de la multitud que ocupaba el edificio. La banda seguía tocando, y las canciones seguían siendo sobre el vivir el día a día y que sólo se vive una vez. A Bingley le había gustado bastante la banda, tenían un ritmo alegre y contagioso. Si alguna vez sacaran un disco, seguramente lo compraría.
Afuera de la fábrica había mucha gente. Algunos estaban sentados en la calle bebiendo de una botella metida en una bolsa de papel, otros estaban fumando en un círculo que parecía más bien una cofradía. Por el rabillo del ojo, Bingley pudo ver a una pareja de chicos que estaba examinando una jeringuilla. Y unos gemidos inconfundibles provenían de un callejón cercano. Muy a su pesar, el joven se puso rojo hasta las orejas cuando pensó en lo que seguramente estaban haciendo ahí.
—Eh… ¿no has bailado en toda la noche, Darcy? —preguntó para apartar esos pensamientos de su cabeza—. Mira que aquí hay muchísimas chicas guapas para elegir.
—Estabas bailando con la única guapa —fue la seca respuesta de Darcy—. Deberías volver con ella. Sabes que no me gustan estos lugares y seguro que ella es mejor compañía que yo en estos momentos.
—No seas idiota —le sonrió Bingley—. Podemos buscarte una pareja de baile. La hermana de Jane parecía ser simpática... ¿recuerdas cómo se llama? ¿Qué tal te pareció?
Darcy no contestó por unos momentos. A la luz de un farol, Charles pudo ver como el ceño de su amigo se contraía como cuando estaba meditando acerca de algo muy detenidamente. Siempre le había causado gracia el cuidado con que su amigo elegía las palabras que usaba.
—No sé. La verdad es que no la vi bien, la luz allá adentro no es muy buena —declaró luego de unos instantes—. Supongo que es decentemente bonita, pero nada especial —añadió con una mueca.
—No seas así, Darcy. Estoy convencido de que… ¿cómo es que se llama? Lily o algo así, ¿no?
—¿Lizzie?
—¡Eso es! Bueno, creo que Lizzie es una chica muy amable —Charles recibió una mirada de su amigo que decía a las claras que esa última frase le merecía bastante desconfianza. Sin embargo, Darcy no dijo nada. Simplemente se limitó a apoyarse en la pared con los ojos cerrados y a respirar profundamente.
Charles se sentó en una escalerilla de cemento que llevaba a la puerta principal de la fábrica —clausurada— y apoyó la barbilla en la palma de su mano, pensando en Jane y su maravillosa sonrisa.
Ninguno de los dos se había fijado en la ventana que se alzaba a un par de metros sobre ellos y, por lo tanto, no podían sospechar que su conversación había sido escuchada por alguien. Mucho menos que esa persona era precisamente la última persona que hubieran querido que escuchara.
(1) No, esta vez no es una referencia a los Beatles. Esta vez es una referencia muy directa a la película-musical (y obra de teatro) Rocky Horror Picture Show. La película, gracias a su estilo exagerado (que rozaría el mal gusto si no fuera obviamente hecho a propósito), se ha convertido en una película de culto. El nombre de la banda en la historia proviene de una de las canciones: "The Time Warp".
Y ya se conocen nuestros encantadores protagonistas, aunque (como seguro esperaban) su primer encuentro no ha sido el mejor. Culpa de Darcy y sus habilidades sociales de langosta agorafóbica.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
