Disclaimer: Los personajes fueron creados por la genial Jane Austen. Yo los tomo prestados por un ratito.

Música recomendada: "Who Feels Love?" de Oasis.

Chocolate y café amargo

Capítulo 4

¿Amor?

—¿Pueden creerlo? —bufó Lizzie a la mañana siguiente. Charlotte y Jane estaban sentadas en la mesa del desayuno, con sendas tostadas y tazas de café delante de ellas. Antes de que Lizzie pudiera decir nada, Jane se levantó a buscar una taza. Podía prever lo que se avecinaba y llenar la boca de Lizzie lo antes posible era la mejor idea.

—¿Qué cosa? —preguntó Jane mientras abría uno de los gabinetes, ignorando por completo la mirada de Charlotte que decía a las claras «no le eches leña al fuego». Mientras caminaban al departamento de las Bennet

—Lo que el estirado de nuestro vecino nuevo dijo acerca de mí en la fiesta de anoche. Eso. Cabrón creído —masculló la chica entre dientes sentándose en una de las sillas un tanto desvencijadas que usaban en la cocina—. ¿De verdad cree que me importa lo que piense de mí?

—Pues, creo que estás demostrando que sí te importa —apuntó Charlotte con un tono despreocupado. Jane soltó una risita, pero la ahogó al ver la mirada que le dirigía su hermana.

Su amiga le dirigió una mirada irritada desde el otro lado del mesón, pero dejó de quejarse a viva voz. En lugar de eso, se puso a mascullar insultos entre dientes. Jane miró a Charlotte desde donde estaba y sonrió divertida.

—¿Y qué cosa tan terrible dijo, si puede saberse?

Antes de que Lizzie pudiera abrir la boca, su amiga saltó a responder.

—Dijo que no quería bailar con Lizzie porque no era, y cito, «nada especial» —dijo Charlotte poniéndole especial énfasis a las últimas dos palabras.

—¡No dijo eso! —exclamó Jane abriendo los ojos—. Pero parecía tan simpático cuando Charles nos lo presentó.

—Jane, querida, para ti todos son simpáticos —bufó Lizzie estirándose para coger la caja de cereales—. Pero este tal Darcy es un imbécil. Un idiota creído que piensa que todos estamos por debajo de él. Seguro que es un hijo de papi y cuenta con que su padre pagará por todo mientras él vive la vida bohemia.

—Lo dice la camarera.

—Al menos papá no paga mis cuentas.

—Lizzie, no sabes eso. Charles me dijo que Darcy tenía pensado ir a Carter's a buscar trabajo. Necesitaban ayuda en la barra, creo. Y Charles estará dibujando en Netherfields como caricaturista.

—Lo que sea. El punto es que Darcy es un idiota y me alegro de no gustarle. Así no tendré que hablar con él cuando me lo cruce en las escaleras. —Lizzie cogió la jarrita de la leche y derramó un buen montón sobre sus cereales.

Jane y Charlote se miraron, pero no dijeron nada. Sabían que cuando Lizzie estaba de ese humor de perros, lo mejor era dejarla rumiarlo tranquila. En un rato se le pasaría. Además, era mejor no hacerse mala sangre con ella.

—Oye, Jane —le preguntó ella a la mayor de las Bennet—. ¿Y qué tal con ese Charles? No te quitaba los ojos de encima. Y sólo bailó contigo.

—¿No bailó contigo un rato, Charlotte? —le preguntó la aludida a su vez—. Estoy segura de que en algún momento no bailé con él.

Charlotte rodó los ojos antes de responder.

—Ya, pero lo único que quería era volver a tus brazos.

Ante esas palabras de su amiga, Lizzie sólo pudo levantar la vista y mirar a su hermana con los ojos muy abiertos. Jane soltó una risita y tomó un nuevo sorbo de su taza de café.

—¿De qué carajos me perdí?

—Nada, Lizzie. Charlotte sólo está comentando que bailé mucho con Bingley anoche. Es un gran chico, la verdad.

—Mujer, no es que hayas bailado mucho con él. ¡Bailaste toda la noche! —protestó Charlotte, divertida.

—Que no se entere mamá —fue la única respuesta que Lizzie logró decir, provocando un alud de carcajadas por parte de su hermana y su amiga.

La señora Bennet había considerado una desgracia que sus dos hijas mayores hubieran decidido irse lejos de su casa en el condado de Hertford. Pero si llegaba a saber que Jane había conocido a un chico que tenía toda la cara de provenir de una buena familia, se volvería loca. A Lizzie no le extrañaría en lo más mínimo que su madre apareciera en la puerta de su apartamento, si llegaba a enterarse.

Para la señora Bennet, no había una meta más elevada para la vida que casarse y tener hijos. Y eso era justo lo que esperaba para todas sus hijas. Por más que Lizzie insistiera en que estaban en el siglo veintiuno y no en el diecinueve, la señora Bennet no se daba por enterada. El señor Bennet, por el contrario, era el primero en felicitar a sus hijas por independizarse.

-o-

El dueño del bar, Carter —Darcy no podía recordar su primer nombre—, lo miró por encima del currículum que le había entregado al pasar. Bingley había insistido en que pusiera que había estudiado música y leyes, aunque no hubiera terminado las carreras. Y a decir verdad, Darcy había preferido poner eso a dejar la hoja de papel en blanco.

Nunca en su vida había trabajado para nada.

—Entonces, ¿no tienes experiencia trabajando en bares? —preguntó después de examinar el documento con atención. Darcy negó con la cabeza a modo de respuesta—. ¿Y atendiendo mesas tampoco?

—No, pero aprendo rápido, señor —dijo rápidamente. Estaba dispuesto a hacer que olvidaran su falta de experiencia demostrando que estaba dispuesto a aprender lo que fuera rápidamente. Necesitaba ese trabajo, desesperadamente. Después de pagar el primer mes de arriendo, la garantía y comprar sus muebles de segunda mano, no les quedaba demasiado dinero. Bingley ya tenía un trabajo seguro, sólo faltaba él.

—No es necesario que me trates de usted, hombre. No puedo ser más que un par de años mayor que tú. —Bajó la vista hacia la hoja de papel que traía en la mano—. De hecho, sólo dos años. Puedes tratarme de tú.

Estaban en una diminuta habitación tras el bar, donde Carter mantenía todos los registros del bar. Sólo había espacio para una pequeña repisa llena de archivadores y papeles, un escritorio y dos sillas destartaladas. Pero, curiosamente, Darcy no se sentía tan incómodo como cabría imaginar en esas circunstancias. Aunque estuviera en la mitad de la primera entrevista de trabajo de su vida.

—Vale.

—Entonces, ¿nunca has trabajado en nada de esto? ¿Ni siquiera en una compañía de catering o algo? Lo que necesitamos no es muy complicado, pero tener a alguien con experiencia sería una ayuda.

—No, pero de verdad puedo aprender sobre la marcha.

Carter le dirigió una mirada curiosa, como si se estuviera preguntando por qué un joven como él estaba buscando trabajo en un bar. Pero pareció contenerse de hacer preguntas, porque siguió haciéndole preguntas.

—Ya veo. ¿Y sabes mezclar tragos? —preguntó a continuación.

—Algunos —respondió automáticamente el joven—. Pero puedo aprender —añadió con la misma velocidad.

—Me alegro, porque necesito que te estudies esto —dijo Carter abriendo uno de los cajones del escritorio y sacando un pequeño manual—. Tu salario será de nueve libras la hora, más las propinas de la barra.

Darcy recibió el librito con una mirada sorprendida. No se había esperado que todo saliera tan fácil, pero parecía que ya tenía un trabajo. No era un trabajo que los Darcy de todas las generaciones anteriores hubieran considerado un buen trabajo, pero sería algo que ayudaría a pagar las cuentas.

—¿Cuándo puedes empezar? —le preguntó Carter mientras se levantaba de su asiento, como para acompañarlo a la puerta.

—¿Cuándo me necesitas?

—Ahora —respondió simplemente Carter—. Ya vamos a abrir y seguro que Nav aceptará la ayuda extra. Vamos, deja que te lo presente.

Darcy se vio guiado por un estrecho pasillo que los dejó detrás de la barra del bar. Un chico de evidente ascendencia india los saludó con una sonrisa.

—Nav, él es Fitzwilliam. Nos va a echar una mano con el bar. Enséñale bien —le indicó Carter, antes de agacharse a buscar algo en la barra. Un delantal negro que Darcy se apresuró en amarrarse.

—Navraj, mucho gusto —el chico indio le tendió la mano para saludarlo—. Puedes decirme Nav. Creo que la única que me llama por mi nombre completo es mi mamá cuando está de malas. ¿Cómo se supone que te diga?

A Darcy nunca le había gustado particularmente su nombre, pero sus padres eran chapados a la antigua y habían insistido en usar el apellido de soltera de su madre como su primer nombre, como se hacía en el siglo diecinueve. De hecho, casi todo el mundo lo llamaba por su apellido.

—Darcy, supongo. Todo el mundo me llama así.

—¿Es tu apellido?

—Sí, claro.

—Estupendo, Darcy serás. Lo que tienes que hacer no es muy complejo, pero es importante que puedas hacerlo rápido y eficientemente. No me mires así, te manejarás rápidamente en esto. Sólo tienes que seguir mis instrucciones.

Darcy asintió, sintiéndose un poco perdido.

-o-

—¿Sabes? —dijo Charlotte cogiendo una galleta de uno de los paquetes que habían llevado para comer en el parque—. Yo creo que a Darcy le gustas.

Había sido idea de Lizzie salir a hacer a un picnic a un parque cercano, para divertirse un rato y relajarse. Total, era domingo y su día libre en el café. No estaba de más cambiar la rutina por unas cuantas horas.

—¿De qué estás hablando? —le preguntó su amiga con una mirada divertida.

—De su vecino nuevo, por supuesto. Ya sabes, el misteriosamente guapo, con la mirada penetrante y la voz profunda…

—Y con las habilidades sociales de una langosta agorafóbica, no lo olvides —apuntó Lizzie—. ¿Por qué crees que podría gustarle yo? Apenas hablamos medio minuto, como mucho. ¿Acaso dices que mi belleza femenina lo dejó en ese estado?

—¿Qué estado? —Jane, que había estado mirando al cielo durante toda su conversación, pareció volver de sus sueños.

—Su estado de idiota pomposo. Charlotte tiene la teoría de que se puso así porque yo le gusto. Lo que es absolutamente estúpido porque apenas he intercambiado dos palabras con él.

—Ay, no puede ser tan malo. ¿Cómo es que es amigo de Bingley si es tan horrible? —dijo Jane tendiéndose en el pasto—. Además, no veo por qué Lizzie no podría gustarle. Eres guapa y simpática. Puede que sólo sea tímido.

Lizzie frunció los labios. Por supuesto que a Darcy no le gustaba ella. Si fuera así, no la hubiera mirado como la noche anterior. Con asco. Seguro que pensaba que todo en la fiesta era una tontería y que él estaba por encima de todos ellos.

Era más que obvio que a Darcy nunca le podría gustar alguien como Lizzie. Se veía a kilómetros que estaba acostumbrado a lo mejor de lo mejor. A lo mejor, si tenían algo de suerte, se iba pronto y los dejaba en paz.

—Bueno, a Darcy no le gusto. Y aunque así fuera, a mí nunca me podría gustar alguien así, con esos aires de superioridad y esa personalidad inexistente —declaró Lizzie—. Por lo demás —añadió con una risita—, en estos momentos no podría tener un novio. Estoy demasiado ocupada.

—Ya —replicó Charlotte con una mirada que dejaba clarísimo que no compraba en absoluto la presunta independencia de su amiga—. Pero si cambias de opinión, es bueno saber que hay alguien así dispuesto a aceptarte, ¿no?

Lizzie puso los ojos en blanco y se dejó caer de espaldas en el pasto.

—No. Mi hombre perfecto no se parece en nada a Darcy. Yo quiero a alguien apasionado, romántico. No a un ridículo robot incapaz de mostrar emociones. Y con algo metido en el culo, porque no se me ocurre otra razón para que sea tan pomposo y estirado. Darcy se puede ir a freír monos al África, por lo que me importa.

Charlotte no pudo evitar una carcajada ante las palabras de su amiga. No había que ser demasiado astuta para ver que a Lizzie sí le importaba lo Darcy dijera de ella, por mucho que insistiera en que no.

Pero a ver quién era el valiente que se lo decía a su amiga.


Sí, debí publicar ayer. Pero una cosa llevó a la otra y se me fue completamente de la cabeza. Pero aquí está el capítulo. Es un poco más corto que los anteriores, porque es un poco de transición para lo que viene.

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina