Disclaimer: Los personajes son creación de Jane Austen.

Canción recomendada: "Stairway to Heaven", de Led Zeppelin.

Chocolate y café amargo

Capítulo 5

Aviso de demolición

Lizzie dejó caer unas cuantas monedas en el jarro de las propinas y sonrió. Charlotte, que estaba al otro lado del mesón limpiando vasos levantó las cejas, divertida. Le hizo un gesto a su amiga para que se inclinara sobre la barra.

—Dime que le pediste su número a ese que está ahí —susurró apuntando a un joven que leía el periódico en una de las mesas. Lizzie había sido la encargada de atenderlo y tenía que reconocer que ciertamente era guapo—. Si no, pensaré que eres la más tonta del universo.

—También le pedí el número de su novio —respondió su amiga en el mismo tono—. Me dijo que lo estaba esperando.

—Menudo desperdicio. ¿Segura que no juega para los dos lados?

—¿Cómo se supone que sepa eso? —Lizzie cruzó al otro lado del mostrador para preparar un café en la máquina—. ¿Voy y le preguntó si es bisexual? ¿Quién hace eso?

Charlotte se rió ante el comentario de su amiga. Una de las razones por las que las dos disfrutaban tanto de su trabajo era porque les permitía estar juntas. Aunque las dos pasaban casi todo el día juntas, porque Charlotte solía trasladar sus materiales para pintar al departamento de las Bennet. Lizzie incluso le había pedido ayuda para ilustrar su último proyecto, un libro infantil sobre un osito del bosque.

—Por cierto, hablé con Nav esta mañana —dijo Charlotte mientras dejaba los vasos en la repisa bajo el mesón—. Dijo que en el bar hay un nuevo empleado. ¿Quién crees que es?

—Seguro que no es Colin Firth, así que puedes decepcionarme como quieras —bromeó Lizzie poniendo un trozo de cheescake en un plato.

—Es Darcy, mujer.

—¿Darcy? ¿El hombre-robot? ¿Hay una invasión de Darcys en Liverpool o algo? Porque soy absolutamente incapaz de imaginarme a ese estirado sirviendo bebidas en un bar —dijo la chica mientras cogía la taza de café servida—. ¿Y por qué tenía que ir a trabajar a Carter's? Ahora el bar está arruinado y tenemos que buscar otro lugar para salir. Ugh, podrían haber elegido a Robert Pattinson, si querían elegir a alguien así.

—Lástima, me gustaba Carter's —Charlotte sonrió burlona—. Y era verdaderamente conveniente, porque quedaba cerca de casa y todo. Una pena que tengamos que desalojarlo. Aunque yo diría que Darcy no se parece tanto a Pattinson. Tiene el pelo más corto —dijo pasándose una mano por la cabeza.

—¿Te estás riendo de mí?

—Claro que sí. Estás haciendo una montaña de un grano de arena. Vale, Darcy sí es un pomposo creído, antipático y todo lo que quieras, pero que trabaje en el bar no significa que tengamos que hablar con él ni nada.

—No, pero estará ahí, mirándonos con sus ojos críticos —Lizzie arrugó la nariz—. Y criticando todo lo que hacemos y despreciándonos. Por cierto, tiene unos ojos muy pequeños, ¿no crees?

—No sé, no me fijé tanto. Lizzie, de verdad creo que estás sacando todo este asunto de Darcy de proporciones.

—¡No estoy haciendo nada de eso! Es sólo que no quiero encontrármelo en el bar, ya tengo suficiente con verlo cada vez que tengo que bajar al hall del edificio. Es como si tuviera sensores para ver cuando salgo de casa o algo.

—¿Y por qué tendría sensores para ver cuándo sales? —Charlotte rodó los ojos. Su mejor amiga era genial la mayor parte del tiempo, pero cuando se le metía un idea en la cabeza, costaba un mundo quitársela. Lizzie simplemente odiaba cambiar de opinión y defendía sus ideas hasta las últimas consecuencias.

Charlotte podía pensar en millones de veces en que su amiga se había metido en problemas por defender lo que se le ocurría que fuese correcto. Desde que estaban en el colegio, en Meryton. Lizzie era una especie de fuerza de la naturaleza.

—¡Qué sé yo! No sé por qué Darcy hace lo que hace —respondió Lizzie mientras cogía la bandeja del mostrador y se alejaba a la mesa del chico que esperaba a su novio.

Charlotte volvió a limpiar los vasos que faltaban y Paul apareció a su lado sonriendo.

—¿Me puedes explicar qué mosca le picó a Lizzie ahora? La última vez que la vi así fue cuando… cuando no nos dejaron hacer la exposición en el parque.

—Pásate por Carter's uno de estos días y te lo explico todo —respondió la chica con una sonrisa burlona.

Paul le guiñó un ojo y volvió a la cocina.

-o-

Las oficinas de la revista Netherfield eran pequeñas, en comparación a otras revistas. Había empezado hacía relativamente poco y seguían trabajando en el loft en que habían empezado un par de años atrás. Antes de cruzar la calle, aferró su portafolio. Lo estaba llevando como una especie de apoyo moral, porque los de la revista lo habían contratado basándose en su página de internet. De cualquier forma, le gustaba la idea de tener todos sus dibujos cerca. Dibujar una caricatura diaria era algo totalmente diferente a lo que había hecho siempre, así que le gustaba la idea de tener algo conocido cerca.

Le habían indicado que se dirigiera al tercer piso, donde una sencilla placa de acrílico le indicó que ahí eran los cuarteles de Netherfield. Conteniendo el aliento, tocó el timbre.

—¡Pase! —se escuchó una voz femenina desde el interior.

Bingley obedeció inmediatamente y abrió la puerta. El lugar no era demasiado grande, a decir verdad. De hecho, la chica que le había indicado que pasara —que tenía toda la pinta de ser una especie de recepcionista— estaba ocupando un escritorio pequeñísimo junto a la puerta.

—Hola, tú debes ser Charles, ¿no? Me dijeron que llegarías hoy —le dijo mientras se sacudía el cabello rubio—. Yo soy Claudia, la recepcionistas-raya-secretaria de todo el mundo. Cualquier cosa que necesites, puedes preguntarme a mí.

—Gracias.

—Philip debería aparecer aquí en cualquier minuto. Sabía que llegarías —la chica miró hacia el pasillo y arrugó los labios—. ¿Sabes? Seguro que se ha olvidado, lo voy a llamar. ¡Philip! ¡El chico nuevo está aquí! —vociferó hacia el otro lado del pasillo.

Bingley no pudo evitar alzar las cejas con sorpresa. Sabía que la revista era una cosa más bien independiente e informal, pero no se había esperado que fuera tan relajado el asunto. La chica volvió a sonreírle y sacó un brillo de labios de un cajoncito de su escritorio.

—Así es como nos comunicamos aquí —le dijo mientras se acomodaba el cabello sobre un hombro—. El espacio no es muy grande y nos ahorramos los citófonos y esas cosas. Es más fácil así. Entonces, ¿de dónde eres, chico nuevo?ezado

—Londres. Aunque mis padres tiene una casa en Berkshire.

—No sé por qué eso sonó como sacado de una novela del siglo diecinueve.

Bingley sonrió y no dijo nada más. La casa de la que hablaba llevaba en la familia desde el siglo dieciocho cuando sus antepasados habían hecho su fortuna en los negocios de principios de la revolución industrial. Estaba llena de antigüedades y obras de arte y seguramente Claudia se estaba imaginando algo así. Pero él no quería ser conocido como el niño rico en su primer día de trabajo.

—Charles, hombre —Un hombre joven apareció en el umbral del pasillo—, ¿cómo estás? Ven a que te muestre cómo funciona todo por aquí —dijo acercándose al joven y pasándole un brazo sobre los hombros. Bingley sólo sonrió mientras Claudia soltaba una risita divertida.

Philip Cox, el fundador de Netherfiedl era un hombre joven, que hablaba a una velocidad impresionante mientras le mostraba a Bingley las cuatro habitaciones que usaban los empleados. Sólo había una reportera permanente, Brianna, y un fotógrafo, Martin. El resto de sus artículos y columnas solían provenir de escritores free-lance y colaboradores que conocían. Ellos y Julian, el editor y diseñador que se encargaba de maquetear cada número para enviarlo a la imprenta. El contratar a Charles como dibujante y caricaturista era un paso nuevo, pero sus webcomics habían atraído atención en internet y quizás podrían ganarle más lectores a la revista.

—Entonces, esta es la sala en la que tenemos las reuniones de planificación al principio de cada semana —dijo apuntando a una habitación diminuta que era ocupada casi por completo por una mesa y unas cuantas sillas desiguales—. Y aquí es donde trabajarás, junto con Brianna y Martin. Este es tu escritorio, puedes extenderte todo lo que quieras —añadió señalando un mesón que ocupaba toda la pared—. Brianna y Martin trabajan en esa mesa.

—Así que este es el chico nuevo, ¿no? —comentó una joven de pelo rizado entrando a la sala con una taza de café en las manos—, un gusto conocerte. Espero que nos llevemos bien y eso. Oh, Phil, Martin va a llegar tarde hoy.

—¿Está enfermo?

—Depende. ¿La resaca se considera enfermedad?

—A veces —dijo Phil sacudiendo la cabeza y encogiéndose de hombros—. Bueno, por una vez no pasa nada. Pero que no se vuelva a repetir —dijo mientras salía de la sala.

—No te asustes, lo dice siempre —Brianna le guiñó un ojo y se sentó frente a su laptop, que se veía bastante viejo—. Por cierto, tu comic es genial. ¿No vas a dejarlo de lado por esto?

—No creo.

—Bien, chico. No te vendas al sistema.

Bingley le sonrió y dejó su portafolio sobre el mesón que Philip le había enseñado antes. Tenía la impresión de que se lo pasaría muy bien trabajando en ese lugar.

-o-

Cuando su turno acabó, Lizzie sólo pudo respirar aliviada. Durante la tarde se le había ocurrido una idea estupenda para un nuevo cuento y, aunque había escrito algunos esbozos en algunos momentos libres, necesitaba sentarse en su escritorio y escribirlo todo de una vez. Estaba segura de que ese cuento sería brillante y siempre podía encontrar algo en que aprovecharlo. Quizás era el momento de comenzar con esa antología de cuentos que siempre había querido escribir. Nunca había tenido algo que considerara lo suficientemente bueno como para eso.

Este lo sería. Lo sentía en el estómago.

—Buenas noches, Charlotte —se despidió de su amiga mientras se colgaba su bolso preferido del hombro.

—¿No te vas a pasar por Carter's hoy?

—¿Con Darcy-robot ahí? Ni en un millón de años, querida —respondió cogiendo su chaqueta de su taquilla.

—Vamos, mi hermano dijo que una banda genial tocará esta noche. No tienes que hablar con Darcy, te lo juro —insistió su amiga, que iba a hacer unas horas extras antes del cierre—. Será divertido.

—Tengo una idea genial para una historia —se excusó Lizzie mientras se encaminaba a la puerta—. Si termino temprano me doy una vuelta, pero hoy como que tengo ganas de ponerme pijama y eso. ¡Adiós!

Las luces de la calle se estaban encendiendo a esa hora, aunque aún había un resabio de luz del crepúsculo en el cielo. A Lizzie siempre le había gustado particularmente esa hora del día. Cuando vivía en el campo con sus padres, le encantaba pasear a esa hora por las praderas. Era una hora mágica, a su manera.

En la ciudad también, pero de una forma distinta. La luz del sol acariciaba los tejados y daba un aire distinto a todas las calles. Era algo impresionante.

Era un día precioso, tenía una idea para escribir y se moría de ganas de tomarse una taza de té. Un idiota como Darcy no iba a arruinarle el día.

Tomó el camino de la fábrica, como todos los días. Era una calle segura, a pesar del aspecto que tenía. A esas horas pasaba mucha gente por ahí, caminando hacia los bares y clubs de esa calle. Al pasar frente a la fábrica vio algo que la obligó a detenerse.

Un cartel blanco pegado en las puertas de metal. Tuvo que acercarse para verlo bien y cuando lo hizo estuvo a punto de caerse de espaldas.

En letras grandes y rojas, el papel leía:

AVISO DE DEMOLICIÓN

Al parecer, su historia tendría que esperar porque eso no se iba a quedar así.


A partir del próximo capítulo, seguramente serán más largos que estos que son de transición. Ya vamos entrando a los conflictos principales de la historia.

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina