Disclaimer: Los personajes son obra de la genial Jane Austen.

Este es el capítulo que debí postear el jueves. No lo posteé antes porque ese mismo día viajé al pueblo de mis padres para pasar Semana Santa y cuando el viernes traté de subirlo, la página me daba error. Mañana subiré el capítulo que correspondería a hoy. ¡Hasta entonces!

Canción recomendada: "Sweet Caroline" de Neil Diamond. (¿No aman la ironía?)

Chocolate y café amargo

Capítulo 9

Caroline

Cuando Lizzie recogió sus cosas del baño de empleados, no pudo evitar empezar a silbar una cancioncilla alegre. Durante todo el día había tenido una idea para una historia dándole vueltas por la cabeza y la había anotado a pedazos en distintos trozos de papel que llevaba encima. Apenas llegara a casa, se sentaría a escribirla como correspondía, en el cuaderno gordo y precioso que le había regalado Jane para su último cumpleaños. Jane sabía que no había nada a lo que su hermana se resistiera menos que a un cuaderno sin estrenar. Especialmente si era gordo y ostentaba un encuadernado original. Ella había conseguido ése de un amigo que se dedicaba a producir cuadernos artesanales. Apenas lo había visto, había gritado el nombre de Lizzie. Y ella, por supuesto, lo había adorado con todo su ser.

Ansiaba llegar a casa y escribir por horas y horas. Perder la noción del tiempo y del espacio. La historia que tenía en la punta de los dedos era una de esas que la absorberían por completo hasta que le hubiera dado forma. Casi podía oír a Jane quejándose de su súbito ataque de autismo, como ella llamaba a los arranques de inspiración de su hermana. Pero a Lizzie le daba igual. Sólo le importaba poder seguir escribiendo esa historia.

En las pocas cuadras que separaban el café de su casa, la chica terminó de hacer el esquema de la historia en su mente. Ya tenía claro cómo quería comenzar. Incluso la primera línea brillaba con claridad absoluta en su mente. "Esa mañana, era como si nunca hubiera estado ahí". Tenía algo poderoso, algo que la llamaba.

Sin embargo, al llegar a la puerta del edificio, la historia pasó a ser algo secundario. Una chica joven, que Lizzie tenía la impresión de haber visto en alguna parte antes, estaba parada frente al portal, rodeada de maletas. Su ropa lucía impecable, como si la acabara de sacar del colgador de una tienda o algo así. Igualmente, su cabello y su maquillaje eran cuando menos perfectos. Elizabeth frunció el ceño. ¿Quién era esa tipa y qué hacía ahí?

—Hola, ¿puedo ayudarte en algo? —le preguntó rápidamente. La ropa de la chica se veía cara y de buena calidad, lo que no terminaba de encajar del todo con el barrio en el que se encontraban. Al ver a Lizzie, la joven arrugó la nariz.

—¿Vives aquí? —preguntó lentamente, como si esas palabras fueran el peor insulto que le pudiera ofrecer a Lizzie. Strike uno.

—Ajá. ¿Necesitas algo de aquí?

—No —dijo ella ariscando la nariz nuevamente. Casi como si estuviera oliendo mierda. Nuevamente, a Lizzie no le hizo ninguna gracia su gesto—. O quizás sí. ¿Sabes si Charles Bingley vive aquí? Me dio esta dirección, pero creo que se equivocó.

—¿Charles? Sí, vive aquí. —Lizzie no supo por qué sintió una satisfacción perversa al decir eso—. ¿Quién eres tú?

—Soy su hermana, Caroline. Me invitó a pasar unos días aquí, pero… —pareció recordar con quién estaba hablando y se interrumpió—. Creo que no me esperaba esto.

La forma en la que dijo esto fue lo que terminó de irritar a Lizzie. Nunca había conocido a nadie que fuera capaz de destilar tanta condescendencia y arrogancia en sólo dos sílabas. Ni siquiera Darcy, aunque a él le bastaba con una mirada hosca o algo así para revelar su opinión de un lugar o una persona.

Y en otras noticias: ¿Bingley tenía una hermana? Lizzie no recordaba haberlo oído hablar nunca de ella. Aunque él no hablaba mucho de su familia, en general. No se había dado cuenta de eso hasta ese momento.

—Bueno, no sé si están en casa ahora. Es el departamento A8, si quieres llamar al timbre. Creo que sale tarde de la revista, pero su compañero debería estar aquí —dijo finalmente encogiéndose de hombros y acercándose a la puerta de entrada. Quizás Caroline ya conocía a Darcy y podía pedirle a él que le abriera. Por un momento, pasó por su mente la idea de invitar a la chica a pasar. No debía ser agradable estar ahí parada esperando—. En cualquier caso, Charles debe estar por llegar en cualquier minuto, si quieres esperarlo o algo…

—No, muchas gracias —dijo la chica levantando la cara. Lizzie le hizo un gesto de despedida y entró al edificio sin dedicarle un segundo pensamiento.

Su cabeza estaba de nuevo concentrada en la historia.

-o-

El sonido de su teléfono fue lo que obligó a Darcy a levantar la cabeza de su trabajo. O al menos, de los intentos de trabajo que cubrían la mesa de la cocina. Se había sentado hacía unas horas dispuesto a lograr algo, pero lo único que había conseguido era una montaña pequeña de papeles arrugados y un comienzo de jaqueca poco auspicioso.

Ni una nota decente.

—¿Aló? —preguntó cogiendo el aparato al ver que el nombre de su mejor amigo brillaba en la pantalla. En cierto modo, agradecía la excusa que él le estaba dando para alejarse de las frustrantes hojas de papel—. ¿Pasa algo?

—Mi hermana está afuera del edificio.

Cierto. Charles había invitado a su hermana menor, con la cual era muy cercano, a pasar un tiempo con ellos. La chica había decidido no entrar a la escuela de negocios, como toda su familia esperaba, y en lugar de eso había optado por dedicarle un año a "encontrarse a sí misma". O, para ser más honestos, se había tomado un año para tomar cursos de meditación y dieta macrobiótica a costa de papi y mami.

—¿Puedes abrirle? —le pidió Bingley, al ver la falta de respuesta de su amigo—. Me están deteniendo aquí por un rato y no quiero que esté sola en la calle, hombre. De hecho, debería haberte llamado antes, pero no sabía cuándo llegaba Caroline. Al parecer, quería sorprenderme.

—Ajá. No te preocupes, yo le abro.

Caroline Bingley no era de las personas favoritas de Darcy. Tampoco entraba en la categoría de gente a la que no soportaba, a decir verdad. A veces lo irritaba un poco, porque estaba obviamente interesada en él, pero la mayor parte del tiempo le era indiferente. Pero podía hacer lo que Charles le pedía.

—Muchas gracias, Darcy. Cuando Georgiana venga, tienes todo el derecho del mundo a cobrarme esto —añadió Bingley—. Por cierto, voy a pasar a comprar comida china para la cena. ¿Algún pedido en especial?

—No, cualquier cosa estará bien —Darcy se encogió de hombros—. En fin, me voy a abrirle a tu hermana.

—Gracias.

—No es nada, Charles.

Dejando el teléfono sobre una mesita, Darcy tomó un polerón (1) y salió del departamento. En los últimos días, la temperatura de toda la ciudad había empezado a bajar drásticamente. En un par de días, ya estarían las cosas como para salir de día con abrigo.

Caroline estaba afuera y el joven casi se cayó al ver la enorme maleta y el bolso de deportes que la rodeaban. ¿Por cuánto tiempo había dicho Bingley que se quedaría? Por minutos le gustaba menos el plan.

Al verlo, la chica lo saludó con una encantadora sonrisa. Era muy guapa, con su nariz respingona y el cabello pelirrojo largo cayéndole sobre la espalda. Pero había algo en ella que nunca había terminado de gustarle.

—Darcy, menuda sorpresa verte aquí. ¿Hace cuánto tiempo que no nos veíamos? Creo que el último verano que fuiste a casa fue antes de entrar a la Academia de Música, ¿no? Después de eso, no te vi más. Supe que entraste a Oxford, ¿o me equivoco?

—Sí, estuve ahí un par de años —respondió él, un poco abrumado por la chica, que hablaba muy rápido y mirándolo a los ojos—. Charles se va a atrasar un poco, pero puedes pasar si quieres. ¿Te ayudo con las maletas o algo?

—Muchas gracias, eres todo un caballero —dijo ella cogiendo su bolso de deportes del suelo. Darcy tomó la manilla de la maleta grande y tuvo que contenerse para no soltar una maldición. ¿Qué traía esa chica ahí? ¿Piedras?

-o-

—¿Y? ¿Cuándo vas a decirle que quieres el puesto? —le preguntó Freddy mientras se estiraba junto a su amiga después del calentamiento—. Las audiciones serán dentro de poco y seguro que será mejor que esté avisado de que estás interesada.

—¿Tú crees?

—Sí, claro. Ya sabes que siempre que uno busca trabajo tiene que parece proactivo. Pues ahí tienes, sé proactiva con lo que quieres.

Jane se mordió el labio y suspiró. Freddy, como siempre, tenía toda la razón del mundo. Pero estaba el problema con Roger. Siempre la hacía sentirse incómoda cuando hablaba con él. Algo en la forma que tenía de mirarla o algo por el estilo.

Pero era necesario. Pero antes de que pudiera moverse, Roger les gritó que se pusieran en sus posiciones para empezar el ensayo. Jane suspiró y cerró los ojos con frustración. Tendría que esperar a que él les diera un descanso, lo que podía ser dentro de hora.

Efectivamente, la compañía no estaba haciendo nada al gusto del director. Aparentemente, todo lo que estaban haciendo estaba mal y él insistió en que no se tomaría un descanso hasta que saliera a la perfección. Un buen rato más tarde, Jane ya había perdido la cuenta de cuántas veces habían repasado la coreografía de la parte central del espectáculo, cuando Roger les indicó que estaba satisfecho.

—Tienen quince minutos, aprovéchenlos —les dijo mientras se acercaba a su bolso a coger su botella de agua—. Cuando volvamos, retomaremos la quinta parte en el tercer compás.

Freddy le puso una mano a Jane en la cintura y le sonrió.

—Vamos, tú puedes —susurró para animarla.

Jane se mordió el labio y asintió con la cabeza. Tenía que hacerlo lo antes posible. Tenía que ser como quitar un parche, rápido e indoloro.

—Roger, ¿puedo hablar contigo por un minuto?

—Adelante, pero que sea rápido. No tengo demasiado tiempo que perder, y tú tampoco —gruñó él, bruscamente—. ¿Qué necesitas, Jane?

—Quería saber si tenías a alguien en mente para el papel principal.

—Vaya, otra que se enteró de lo de Jessica —soltó él sarcásticamente—. Supongo que es parte del negocio. Estás interesada, asumo.

—Sí, claro. ¿Cuándo serán las audiciones?

—En dos semanas más. Supongo que tengo que anotarte o algo.

—Sí, por favor.

—Consíderate apuntada, entonces. Ya les avisaré la hora —dijo él con su media sonrisa habitual.

Jane sentía que se podía poner a saltar en ese preciso momento, pero se contuvo. Sabía que con Roger no era la mejor política parecer demasiado entusiasmada. Así que se limitó a agradecerle con una sonrisa y alejarse en dirección a su amigo.

—¿Y? ¿Te comió?

—Dijo que me tendrá en consideración —respondió ella sonriendo ampliamente—. Las audiciones serán en dos semanas.

—¿No sabes quiénes son tu competencia? —preguntó Freddy, más despacio y mirando sobre el hombro de la joven, como si las demás bailarinas fueran a aparecer ante ellos para atacarlos. Ella se rió.

—No, no tengo ni idea.

—Seguro que Cathy se presentará —la voz de Marge los hizo saltar a ambos—. Desde que Jessica se fue, se ha pasado todo el rato que ha podido repitiendo que es casi seguro que Roger la elija a ella para remplazar a Jess.

—¿Y por qué está tan segura? —Freddy alzó una ceja—. Jane baila mejor que ella, seguro.

—Dios mío, Freddy. ¿De verdad eres tan inocente? —Marge bajó la voz y los obligó a acercarse a ella—. Se está tirando a Roger.

Jane arrugó la nariz y se mordió el labio. Nunca le habían gustado los cotilleos de ningún tipo. Siempre había pensado que eran una pérdida de tiempo y dañaban a los demás. Cuando estaba en el colegio en Meryton, había sido la única que sistemáticamente se alejaba de todo eso.

—¿Cómo lo sabes?

—Por favor, ella se lo dice a todo el mundo —Marge sonrió—. Pero creo que tienes una oportunidad de todas formas, mi querida Jane.

Ella no respondió.


(1) Sudadera.


Ahora los dejo, porque tengo que ir a dormir. Ya es tarde y tendrán otro capítulo en unas horas.

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina