Disclaimer: Los personajes fueron creados por Jane Austen. Yo los tomo prestados y gratis.
Primero que nada, un aviso: volveré a actualizar sólo los sábados. Lamentablemente, mis obligaciones este semestre son más de las que esperaba, así que mi tiempo disminuye cada vez (deberían ver lo que tengo que corregir para la próxima semana, hay un cerro de reportes que esperan que los mire en algún minuto). Así que al menos hasta junio, publicaré una vez a la semana. Me da mucha lata, pero mis estudios van primero. Eso sí, intentaré hacerlos más largos y jugosos.
Canción recomendada: "Livin' On a Prayer" de Bon Jovi.
Chocolate y café amargo
Capítulo 13
Aférrate a lo que tienes
La tarde había transcurrido como siempre en Miss Austen's, aunque ese sábado el café estaba más lleno de lo usual. Lizzie se había pasado todo el rato corriendo de un lado a otro, asegurándose de que las órdenes de sus clientes estuvieran listas a tiempo y todo eso. De alguna manera, necesitaba mantenerse ocupada. Si descansaba por un momento, todas las preocupaciones que tenía encima la iban a abrumar. Charlotte, que la conocía bien, ni siquiera había hecho un comentario al respecto.
Cuando finalmente las dos tuvieron un momento para descansar, Charlotte aprovechó para decirle que un amigo de su hermano iba a lanzar una colección de poesía y ellas estaban invitadas a la fiesta que organizaba la editorial, al día siguiente. En un principio, Lizzie pensó en decirle a su mejor amiga que estaba loca al proponerle algo así. ¡Si ella no había logrado escribir ni media palabra en semanas! Ir al lanzamiento de un libro de otro escritor sería como restregarse su inutilidad por la cara. Pero no dijo nada. Charlotte no tenía por qué pagar los platos rotos de su falta de creatividad. Ella no tenía la culpa de nada.
—Ya. ¿A qué hora?
—A las siete, me parece—dijo Charlotte recogiendo algunos vasos y poniéndolos en una de las repisas —. Y ponte algo bonito. Es en un lugar elegante.
Lizzie le sacó la lengua y volvió a lo suyo. Tendría que revisar el clóset de Jane para encontrar «algo bonito». No recordaba la última vez que había comprado un vestido o algo así. Zapatos tenía, porque hace unos años había invertido en un bonito par de zapatos negros de tacón que servían para todo y —más importante aún—, eran comodísimos. Lizzie podía correr con ellos si quería.
—¿Estás insinuando que por lo general no me visto bonito?
—No. Creo que lo dije bien claro —replicó su amiga con una sonrisa burlona—. Al menos tú tienes una hermana a la que puedes recurrir. María está en Cambridge y no le puedo robar ropa —añadió acodándose en el mesón.
—¿Has hablado con ella últimamente?
—Sí. Hablo con ella todas las semanas. ¿Qué clase de hermana crees que soy?
Lizzie se sintió un poco culpable ante ese comentario. Sí, hablaba con Jane todos los días —¿cómo evitarlo? Vivía con ella—, pero de sus otras hermanas sólo sabía esporádicamente. Mary, la que la seguía, estudiaba enfermería en Londres, y las otras dos estaban aún en el colegio. Quizás debía llamarlas uno de esos días.
—Vale. ¿Está bien?
—Sí, adora sus cursos, a sus profesores y tiene un gran grupo de amigos —Charlotte se encogió de hombros—. No necesita que la cuiden, por suerte.
—Dile que venga de visita algún día, sería genial verla.
—Ya está invitada, por supuesto. —Ninguna de las dos dijo nada por unos minutos, ocupadas como estaban organizando algunas cosas detrás del mostrador. En la cocina, podían escuchar a Paul silbando una canción de Bon Jovi.
Las campanitas de la puerta anunciaron a un nuevo cliente. Lizzie no se levantó de debajo del mostrador, donde estaba ordenando las distintas bolsas de café. Pero a pesar de eso, el comentario de Charlotte no pasó desapercibido.
—¿A ése lo sacaron de un aviso de Calvin Klein?
—¿A quién? —preguntó Lizzie parándose junto a su amiga. Enseguida se dio cuenta de que la pregunta era superflua. El chico que acababa de entrar al café era guapísimo. Y la camiseta que usaba sólo servía para dejar aún más en claro que era escultural. Charlotte tenía razón, ese chico necesitaba modelar calzoncillos.
—Seguro que es gay —Charlotte rodó los ojos—. Después de tantos desengaños, una empieza a perder la esperanza.
—¿Por qué no vas a pedirle su número?
—Porque está sentado en tu lado —Charlotte le dirigió una mirada divertida—. Y vamos, no te hagas la tonta, Elizabeth. Tú también quieres un poco.
—¿De qué?
—De la tableta de chocolate que seguramente tiene debajo de esa camiseta —se rió su amiga. Lizzie la miró sin saber qué decir. Charlotte nunca hacía esos comentarios—. No me mires así, es una broma. Pero te toca atenderlo a ti y no me interesa quitarte el privilegio.
—¿No estarás asumiendo muchas cosas? Por todo lo que sabemos, podría ser primo de… Darcy.
—Anda a pasarle un menú, mujer. Después nos regañarán por no atender bien a los clientes.
Lizzie suspiró y cogió un menú del mesón. La verdad era que Charlotte tenía toda la razón del mundo: el chico ese era guapísimo. Llevaba el cabello rubio peinado hacia atrás y la barba de tres días le quedaba perfecta.
—Hola, bienvenido a Miss Austen's. Aquí tienes el menú —dijo la chica mientras le ponía la carta en frente. Él levantó la cabeza para mirarla y le sonrió.
—Vale. ¿Cuál de todas estas cosas viene con tu número de teléfono? —dijo. Tenía unos ojos azules que parecían ver hasta su alma. Y esa sonrisa de millón de libras. Lizzie tuvo que recordarse que ese tipo de comentarios eran una cursilería y el colmo de lo ridículo, pero le costó bastante.
—Ninguna, hasta donde yo sé.
—Una pena. ¿Sabes cómo puedo conseguirlo?
—No en este momento, lo siento. No suelo coquetear en horas de trabajo —replicó ella.
—Una pena. En fin, supongo que puedo pedirte un cappuccino y un cheesecake, por favor.
—Por supuesto. Vuelvo enseguida.
Cuando Lizzie llegó junto al mostrador, Charlotte estaba casi saltando.
—¿Qué-fue-eso? —preguntó moviendo los labios.
—Me pidió mi número.
—¿Y se lo diste?
—No… —Lizzie se acercó a la máquina de café y empezó a preparar el cappuccino. El ruido de la máquina ahogaría cualquiera de los comentarios de su amiga—. No le voy a dar mi número así como así a un perfecto desconocido.
—Bueno, eso es cierto —concedió Charlotte—. Aunque tengo que decir que es una pena.
—¿Por mí o por él? —preguntó Lizzie, bromeando.
—Por él, por supuesto. Se está perdiendo a mi mejor amiga. Bueno, si el destino los quiere juntos, siempre se volverán a encontrar.
—Si tú lo dices…
-o-
Desde que Roger le había confirmado que podría hacer la audición para el papel, Jane se había preparado para ella. Había ido al estudio en los fines de semana, y cada momento del día que había podido dedicar a ensayar, lo había dedicado. No había podido ver a Charles todo lo que le hubiera gustado. Pero ya podría compensar después de esa tarde. Quizás podría invitarlo a comer. Su madre le había regalado un libro de cocina tailandesa el año anterior para Navidad y había un par de recetas que se moría de ganas de probar. Sí, eso podría ser divertido.
Su competencia eran Giselle, Cathy y Susan. Su amiga Marge se había negado una y otra vez a probarse. Roger ya la hacía pasar suficientes malos ratos como para someterse a horas extras de tortura. Giselle había sido la primera en participar, con una melodía suave y una danza un tanto melancólica.
No había estado mal, pero Jane estaba segura de que ella podía hacerlo mejor. Tenía que hacerlo. Siempre había querido ser la bailarina principal en una compañía y ahora tenía una oportunidad de oro frente a sus narices. E iba a agarrarla como fuese.
Era casi un milagro que no estuviese nerviosa. En cualquier otro momento, habría estado al borde de la histeria. Pero no, se sentía calmada.
—Jane, te toca —dijo Roger, que estaba sentado frente a una mesa y tenía varios papeles frente a él. A saber por qué, porque él no tenía que recibir los currículos de las bailarinas. Pero al coreógrafo siempre le había gustado darse más importancia de la que de verdad tenía. Jane asintió y se posicionó en el centro de la sala de ensayos, después de pasarle su iPod al chico encargado de la música, indicándole cuál era la canción.
Por el rabillo del ojo pudo ver a Giselle, que estaba en una esquina y la miraba con el ceño fruncido. Al otro lado estaban Cathy y Susan, mirándola con curiosidad. Jane nunca había sido de las chicas que llamaban la atención, simplemente era. Verla ahí, lista para robarse la escena, era algo rarísimo para todos.
—Cuando quieras —le indicó Roger sin mirarla.
Jane tomó aire y respiró hondo. Ese era. El momento que llevaba años esperando, el momento que cambiaría todo.
Dejó que la música la llevara. Sus pies parecían moverse solos, sin ningún tipo de esfuerzo de su parte. Su baile era tan natural como respirar, como caminar en el pasto. Jane pensó en su hogar, en el campo a los alrededores de Meryton. Siempre le había gustado sentir el aire fresco en su cara, incluso después de la lluvia.
No tenía que pensar, sólo tenía que bailar. El estudio a su alrededor desapareció y sólo estaba ella, ella y la música.
Cuando la música se detuvo, la chica se encontró a sí misma en la sala de ensayos.
-o-
Lizzie miró por encima del hombro de Charlotte. Había hablado con Jane unos minutos antes y ella le había dicho que estaría en el bar en media hora. Sonaba contenta, pero le había dicho a su hermana que se lo contaría cuando llegaran.
—¿Ves a Jane? —dijo Lizzie.
—No —respondió su amiga—. Pero a qué no adivinas quién acaba de cruzar la puerta.
—¡No jodas! ¿Orlando Bloom? —se burló Lizzie—. ¡Nuestros sueños se hacen realidad! No se me ocurre quién más puede ser. ¿Darcy? No, ése está detrás del bar… ¿Bingley? No me digas que viene con Caroline… ¿Mi madre? Dime que no es mi madre.
—Boba —se rió Charlotte a su vez—. No, lamentablemente nuestros sueños no se cumplirán hoy, pero el galanazo del café acaba de entrar.
—¿Quién?
—El modelo de Calvin Klein —Charlotte se arrodilló sobre el asiento del reservado en que estaban—. Viene solo.
—Ya. ¿Y qué se supone que haga? —dijo la chica.
—Ir a saludarlo y darle tu número, tonta. Y ya que estás en eso, podrías ir a buscar un par más de cervezas. Invito yo —ofreció su amiga pasándole un par de billetes—. Si veo a Jane, te esperaremos aquí.
—Vale.
Lizzie atravesó el bar en dirección a la barra. Iba a ponerse por el lado de Nav, porque no le hacía ninguna gracia acercarse a Fitzwilliam-mirada-penetrante-Darcy. A saber lo que podía decir de ella en base a su consumo de bebidas. Darcy era justo el tipo de persona que haría eso.
—¿En qué puedo ayudarte, Liz? —le preguntó Navraj con una sonrisa.
—Dos cervezas —indicó Lizzie levantando dos dedos.
—Pero mujer, ¿no será mucho?
—Tonto, la otra es para Charlotte.
—Ya me lo imaginaba —dijo el barman poniendo dos botellines de cerveza en el mesón y abriéndolos. Lizzie le sonrió y pagó antes de tomarlos.
Para volver a su mesa, tenía que abrirse paso entre todos los que ocupaban Carter's. No le hacía mucha gracia, pero bueno.
—¡Un momento! —alguien exclamó a su lado. Lizzie se dio media vuelta y se encontró con el chico de los ojos azules del café—. Un estúpido dejó caer un vaso de cerveza justo ahí —dijo él apuntando el suelo frente a Lizzie.
—Ya. ¿Y?
—Nada, que no quería que tus zapatos se llenaran de cerveza.
—No hay muchas opciones para pasar por aquí, ¿no?
Sin decir nada, el chico se quitó la chaqueta que llevaba y la depositó en el suelo. Cuando ella lo miró con las cejas alzadas, incrédula, le indicó que caminara sobre ella. Por un momento, Lizzie pensó que estaba bromeando con ella. Pero de verdad había puesto su chaqueta sobre la poza en el suelo. Sorprendida, pasó sobre ella.
—Vaya. Pensaba que eso pasaba sólo en las películas de época —comentó mientras él recogía su chaqueta y le sonreía de nuevo.
—Bueno, la caballerosidad está de vuelta. Ya sabes, lo retro está de moda.
—Es una buena moda, si me lo preguntas. Gracias.
—Un placer. George Wickham, por cierto —añadió tendiéndole la mano. Lizzie movió las botellas de cerveza que llevaba en las manos. No podía estrechársela.
—Lizzie Bennet, un gusto.
—¿Te importa que te acompañe a tu mesa? Podríamos hablar un poco más.
Lizzie lo dudó por unos momentos, pero la verdad era que el gesto de George la había dejado impresionada. Y si la caballerosidad estaba de vuelta, lo mejor era aprovecharse de eso.
—Claro, ven con nosotros.
El segundo encuentro es una referencia a The Lizzie Bennet Diaries, porque esa escena (o más bien, cómo la contaba Lizzie) me hizo mucha gracia. Y sí, Wickham está absoluta y totalmente basado en esa versión, porque el señor estaba buenísimo (y se sacó la camiseta en pantalla). En fin, ya llegó el villano a molestar a los protas. Las cosas se pondrán buenas.
¡Hasta la próxima!
Muselina
