¡Sigo viva! A estas alturas del semestre, lo que me mantiene en pie son cantidades industriales de té y café, pero algo es algo. Y ya me queda como un mes de clases, así que se vislumbra el final de este semestre. Y les dejo aquí otro capítulo.

Recomendación musical: Back in Black, de AC/DC

Chocolate y café amargo

Capítulo 14

Viejos enemigos, nuevas ofensas

Apenas tocaron la puerta, Lizzie prácticamente voló a abrir. George la saludó con un beso en la mejilla y entró sin más. Durante toda la semana anterior, los dos se habían vuelto a ver muchas veces. Él había arrendado un departamento pequeño en un edificio cercano y Lizzie lo había invitado a comer varias veces. Jane, por supuesto, estaba encantada. Su hermana llevaba un buen tiempo sin demostrar interés por nadie, aunque decía que no estaba interesada en George y que sólo lo hacía porque era una buena samaritana ayudando a alguien que acababa de llegar a la ciudad.

Sin embargo, Jane conocía a su hermana.

Y es que no era nada de raro que estuviera fascinada con George. No sólo era guapísimo (había practicado natación hasta hacía poco), sino que también siempre tenía muchos temas de conversación. Al terminar sus estudios en la Royal Academy of Music, se había pasado un año recorriendo el mundo y tenía un montón de historias interesantes que contar. Lizzie siempre había soñado con viajar con sólo una mochila, así que escuchar a George la hacía soñar con esos lugares que eran casi mágicos.

Ahora el chico había decidido que era el momento indicado para empezar su carrera musical, aplicando todo lo que había aprendido en sus viajes. Cuando le contó a Lizzie, ella no se demoró ni un momento en ofrecerse a ayudarlo. Ella tenía muchos amigos que trabajaban en la música, seguro que alguno podría ayudarlo.

Y ese día estaba emocionada porque había conseguido que Carter le diera permiso a George para tocar en el bar el sábado en la noche.

Cuando se lo contó al joven, él le dio un abrazo emocionado.

—Gracias, Lizzie. Eres un ángel caído del cielo.

—No es nada. Sólo tuve que mover algunas influencias por aquí y por allá. Tendré que hacer algunos comentarios alusivos a Carter's cuando escriba mis columnas. Pero eso quiere decir que podrás tocar y Charlotte llevará a su hermano a verte. Él conoce a peces gordos en el mundo de la música y… —Lizzie había comenzado a hablar muy rápido, como siempre hacía cuando estaba emocionada y George la interrumpió.

—Vale. Muchas gracias, en serio. Has hecho todo esto por mí y te lo agradeceré siempre.

—Siempre puedes mencionarme en los agradecimientos del álbum.

—Por supuesto, guapa —dijo él guiñándole un ojo, travieso. Lizzie le sonrió de vuelta. Se sentía un poco estúpida, porque Jane se había estado burlando de ella toda la semana, con sus constantes menciones de George.

Pero es que… era tan interesante. Y un caballero, para rematarlo todo. Nunca había conocido a nadie tan educado como él. O al menos, nadie así de bien educado había intentado acercársele nunca.

—Bueno, creo que todavía nos queda una botella de vino para celebrar esta oportunidad —dijo levantándose del sofá donde estaban los dos y dirigiéndose a la despensa—. Jane, ¿no te nos unes? —gritó hacia el pasillo donde estaban las habitaciones.

—Por supuesto. Dame un segundo —respondió su hermana. Lizzie sacó tres copas y sirvió vino en cada una.

—Brindemos por los futuros éxitos.

-o-

Después de un par de meses trabajando en el bar, Darcy creía que ya se había acostumbrado a eso. El horario ya no se le hacía pesado y se sentía cómodo con lo que hacía. De hecho, su vida en Liverpool se le estaba haciendo bastante cómoda en muchos sentidos. Lo único que lo tenía un poco de los nervios era que Caroline no se decidía a irse.

¿Esa chica no tenía clases o un trabajo al que volver? Ya se iba a cumplir un mes desde que estaba ahí y Charles seguía durmiendo en el sillón de la salita, porque le había prestado su habitación a su hermana. Y ella no daba señales de querer acabar con su ya prolongadísima estadía.

Cogió su chaqueta del suelo —el día anterior, al llegar del bar, no había tenido ánimos de preocuparse mucho de dónde dejaba sus cosas—, y se dirigió a la salida mientras se la ponía y abrochaba la cremallera. En las últimas semanas la temperatura había descendido notablemente y no se podía salir de casa sin abrigarse muchísimo. Por suerte Bingley había insistido en comprar una pequeña estufa eléctrica, porque el viejo edificio no tenía calefacción y en unas semanas más se helarían ahí dentro.

Caroline estaba sentada en el sofá, leyendo. Darcy ya había aprendido a no preguntarle qué leía, si no quería llevarse una larguísima explicación de la trama, personajes y todo lo que pasaba en el libro. Darcy ya sabía todo lo que quería saber acerca de novelas inglesas del siglo diecinueve. De hecho, gracias a Caroline, sabía mucho más.

—¿Vas a trabajar? —le preguntó levantando la cabeza de las páginas.

—Ajá.

—Pues, que te vaya bien. Quizás Charles y yo vayamos más tarde. Creo que Jane le dijo que tenía que ir por algo de un amigo de Elizabeth.

Por alguna razón, Caroline era incapaz de hablar de Lizzie con su sobrenombre. Siempre tenía que usar el nombre completo. En las veces en las que se habían reunido como grupo, Darcy se había dado cuenta de que a la chica no le gustaba nada que la tratara así, pero se había abstenido de hacer comentarios al respecto.

Había cosas que era mala idea provocar y Lizzie Bennet era una de ellas.

Sin decir más, salió de casa en dirección al bar.

Nav estaba de buen humor. Cuando Darcy estornudó —presagio de un resfrío próximo— mientras ordenaba copas y jarras de cerveza, sólo comentó que seguramente era porque alguien pensaba en él. Darcy prefirió ignorarlo y siguió con lo suyo, cosa que divirtió bastante a su compañero.

—Amaneciste serio hoy, hombre.

—Soy serio.

—Normalmente hablas más —apuntó Nav secándose las manos en el delantal.

—Hoy no tengo ganas de hablar.

—Ya. ¿Pasa algo?

—No.

Darcy se dio media vuelta y siguió acomodando botellines de cerveza en el refrigerador de la barra. ¿Pasaba algo? No. En los últimos días no había pasado nada que justificara su mal humor —a excepción, quizás, de la sempiterna presencia de Caroline en su living—. De hecho, ni siquiera le había visto el pelo a Lizzie Bennet, que solía ser causante de varias molestias que ni Darcy entendía por qué eran. Con Caroline y todo incluido, la semana anterior había sido relajadísima.

Así que no tenía ni idea de lo que lo estaba molestando.

-o-

Jane tomó su bolso del suelo y se incorporó. Tenía que pasar por casa y ducharse para ir al bar a ver a George. Se sentía tan feliz por Lizzie, que por fin había encontrado a un chico que la colmaba de atenciones y le parecía interesante. La verdad era que George parecía un buen chico. No dejaba de hacerle gracia que Lizzie se esforzara tanto en negar que él le gustaba. Jane la conocía y su hermanita no tenía forma de mentirle. Estaba encandilada por el chico y eso no tenía nada de malo.

—¿Qué haces hoy? —Fred se acercó a ella poniéndose el abrigo y atándose la bufanda al cuello.

—Un amigo de Lizzie tocará en Carter's y vamos a ir a verlo.

—Uh… ¿y es de los que valen la pena?

—No sé, nunca lo he escuchado. Pero Lizzie dijo que era bueno, así que supongo que estará bien.

—Ya —su amigo se acercó a ella antes de susurrar con complicidad—. ¿Y? ¿Has sabido algo de las audiciones?

—No, nada. Supongo que fue una tontería del minuto y que obviamente nunca debí presentarme y…

Antes de que Jane pudiera seguir auto insultándose respecto a su talento y demás, Roger llamó la atención de todo el cuerpo de baile, que estaba reuniendo sus cosas después de las últimas seis horas de ensayo que habían pasado en la sala. Fred miró a Jane alzando las cejas y los dos se voltearon para mirar al director.

—Como seguro que saben, la semana pasado hice una audición para determinar quién será nuestra estrella de reemplazo. —Murmullos de expectación empezaron entre los bailarines y Roger esperó a que se quedaran callados antes de seguir hablando—. La decisión fue demasiado difícil, porque las cuatro que se presentaron tienen un gran nivel. Y es por eso que sólo pude eliminar a dos en esa primera vuelta.

Jane se quedó helada en su posición. Sabía que había sido eliminada, lo presentía. Sólo esperaba que Roger se decidiera a terminar con esa tortura rápidamente, anunciara su fracaso y la dejara irse a casa a pasar las penas. Fred apoyó una mano en su hombro y le sonrió para animarla.

—Bueno, voy a hacerlo corto. Giselle, Susan, lo siento mucho —dijo Roger mirando a las dos chicas, que no estaban muy lejos de él—. Pero creo que no son lo que busco. Suerte para la próxima.

Jane apretó los labios. Su director se estaba comportando bastante decentemente con las dos chicas. Normalmente les habría soltado las cosas más bruscamente. Tan concentrada estaba en la extraña actitud de Roger, que no alcanzó a procesar la segunda parte de las noticias. Si Giselle y Susan no habían pasado la primera audición, ¡significaba que ella sí había pasado! Ella y Cathy, claro estaba.

Pronto, sus amigos más cercanos entre los miembros de la compañía se acercaron a felicitarla y ella no sabía dónde meterse. Todos le decían que estaban seguros de que ella lo lograría y todo eso.

Jane les sonrió de vuelta y tomó sus cosas. Ahora, además de escuchar a Wickham tocar en el bar, podría contarle sus noticias a Charles y ver la cara que ponía.

Seguro que eso sería mejor que cualquier otra cosa que pudiera pasarle.

-o-

La noche estaba transcurriendo como siempre. Darcy y Nav tenían que correr de lado a lado de la barra para atender a todos los clientes. Pero las cosas parecían tranquilas. Nada fuera de lo normal.

Hasta que de repente, Carter apareció en la tarima que normalmente instalaban para los músicos que iban a tocar. Darcy no recordaba que ese día tendrían música en vivo. Tal vez Carter se lo había mencionado cuando estaba moviendo cajas o algo, pero no podía recordarlo bien.

—Bueno, esta noche tenemos el placer de presentar a un recién llegado a Liverpool. Es músico y quiere darse a conocer, así que decidió que Carter's sería el lugar ideal para eso, considerando a nuestro público habitual —dijo guiñándoles el ojo a unas chicas sentadas junto a la tarima—. Demuéstrenle que no se equivocó y denle un gran aplauso a George Wickham.

Darcy se quedó helado. Llevaba años sin oír ese nombre. Años. Y ahora se lo encontraba en el lugar en que trabajaba, presumiendo con su guitarra. Siempre había sido así. Siempre había tenido esa actitud arrogante al coger el micrófono y acomodarse en el banquito que le habían pasado.

Pero la sorpresa de Darcy no se quedó sólo en ver a su enemigo ahí. Eso fue lo de menos. Las cosas iban camino a ponerse mucho peores. Cuando el joven empezó a tocar los acordes con la guitarra, Darcy sintió que se ponía lívido de rabia. Esa canción la había escrito él hacía años. Los acordes, la letra que Wickham empezaba a entonar.

Se la había escrito a Veronica.

Se la había escrito el verano antes de entrar a la Royal Academy of Music, mientras los dos pasaban unos días en Pemberley. Podía recordar los trocitos de pasto en el pelo de la chica, el sol acariciándolos y él tocando la guitarra.

Y él estaba ahí, apropiándose de algo que no era suyo. Profanándolo como si tuviera derecho a esa canción.

Darcy se mordió el labio y se dio media vuelta, saliendo del bar al pequeño callejón que había afuera del bar. Después tendría que darle explicaciones a Nav por abandonarlo en pleno turno, pero simplemente no era capaz de estar ahí.

Había llegado a Liverpool tratando de escapar de todo eso. Y en lugar de perderse por completo, su pasado lo había vuelto a encontrar.

En la forma que más odiaba en todo el mundo.


Wickham es malo de adentro. No le basta con quitarle la novia a Darcy, también le roba las canciones. En fin, a mi Caroline le gusta la lectura (porque no sólo a las heroínas les gustan los libros), pero la veo como lectora de clásicos. Seguro que su escritora favorita es George Eliot u otra de la vieja guardia. A Lizzie la veo con gustos más contemporáneos, como Eugenides, Foster Wallace y Zadie Smith. ¿Por qué no?

En fin, aquí los dejo. ¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina