Disclaimer: Los personajes fueron creados por Jane Austen. Yo sólo juego con ellos.

¡Hey! ¡Sigo viva! Ya sólo me quedan como dieciocho días para salir de vacaciones y ser feliz (por un mes). Y aquí les traigo un nuevo capítulo, ahora dedicado exclusivamente a nuestro amado y sensual Darcy.

Por cierto, no sé si algunas de ustedes usan FictionPress. La cosa es que en esa página hay una chica que usa de nick Muselina Black. NO SOY YO. En FP mi nick es simplemente Muselina, porque tengo la cuenta hace bastante tiempo y el Black salió como una broma interna en el foro La Noble y Ancestral Casa de los Black, recién el año pasado. Así que recuerden no aceptar imitaciones y quedarse conmigo, la única y original.

Canción recomendada: "The Cowboys' Christmas Ball" de The Killers. Y aunque no viene al caso, mientras subía este capítulo, escuché unos poemas de Maya Angelou, que murió hace un par de semanas. Es genialosa y les recomiendo buscarla, si les gusta la poesía.

Chocolate y café amargo

Capítulo 16

Parte II

Si no nieva en Navidad…

Quizás debió aceptar la invitación de sus padres e ir a pasar las fiestas a Londres. Los Bingley se habían ido la tarde anterior a pasar unos días con su familia, en la enorme casona que la familia mantenía en un lugar del campo. Bingley también lo había invitado a acompañarlos, pero Darcy había declinado.

No se sentía con ánimos para fiestas de ningún tipo.

Sabía que en casa todos le preguntarían cómo iba todo en Liverpool, si había logrado encontrar lo que buscaba. Para empezar, él ni siquiera sabía qué era lo que estaban buscando. Sólo sabía que había algo que quería y que necesitaba encontrarlo. Era casi como si lo hubiera bloqueado a la fuerza de su mente.

Por eso le había dicho que no a sus padres. A Bingley le había dicho que no, porque ya que no iba a pasar las fiestas con su familia, era raro ir a pasarlas con otras personas.

—¿Vas a casa para Navidad? —le había preguntado Carter la noche anterior, mientras los dos cerraban el local y enfilaban a sus respectivos hogares.

—No… me quedaré aquí.

Por suerte, Carter no era de los que hacían muchas preguntas. Pero aún así, su jefe le había devuelto una sonrisa simpática, como si entendiera sus razones, que Darcy ni siquiera había nombrado.

—Bueno, si necesitas algo, Thomas y yo siempre invitamos a algunos amigos para la noche de Navidad. No todo el mundo puede darse el lujo de viajar para las fiestas.

Darcy había asentido con la cabeza antes de separarse. Por supuesto que no pensaba aparecerse en la casa de su jefe esa noche. No, ni de broma. No quería que lo compadecieran. No quería que sintieran pena con él. Mucho menos si eran extraños que no lo conocían.

Eso sí, extrañaría la blanca Navidad en casa.

Estando junto al mar, la nieve era sólo un sueño. Pero tampoco tenía ganas de que nevara. Sería como recordarle todos esos años en que sólo había perdido el tiempo.

Por eso, en Nochebuena, Darcy estaba sentado en el sillón de la salita del departamento. Tenía un botellín de cerveza en la mano y en el equipo de música —la primera compra que había hecho con su sueldo de barman— sonaba el último álbum de Arctic Monkeys. Era un poco deprimente, sí. Pero no se sentía con ganas de hacer algo más. Podía imaginarse lo que diría Nav al verlo en esa pinta. «Ya, ¿sintiendo pena por ti mismo de nuevo, niño rico?» El joven tuvo que reprimir una sonrisa al imaginarse a su amigo ahí, con él. Seguro que diría algo así.

En la mesa de centro, su teléfono comenzó a sonar con una canción de rock ochentera. Darcy se levantó para cogerlo: la imagen de su hermana Georgie, brillaba en la pantalla.

—¿Hola?

—Fitz, te echo de menos —fue lo primero que dijo la chica. Darcy se dio cuenta de que llevaba semanas sin hablar con ella—. ¿Por qué no quisiste venir?

Georgie tenía una habilidad de fuera de este mundo para hacer las preguntas difíciles. O quizás era que hacía las preguntas correctas.

—Es… complicado.

—Todo es complicado contigo —respondió su hermana—. ¿Al menos Charles está contigo?

—No, se fue a casa de sus padres.

—¿¡Estás solo!? ¿En Navidad? ¿De verdad me estás diciendo que no hay nadie con quién puedas pasar la noche o algo? Fitz…

Su hermana sonaba verdaderamente preocupada.

—Bueno, mi jefe me invitó a una cena en su casa. Su novia y él suelen invitar a amigos y eso. —Ni siquiera sabía por qué le estaba contando eso a su hermana, pero las palabras simplemente habían salido de sus labios.

—¿Y vas a ir?

—No lo sé.

—Ve. Al menos pasarás Nochebuena con alguien —dijo Georgie—. No te hace bien estar así de solo, Fitz.

Darcy se mordió el labio. Era divertido como su hermanita a veces era la voz de la razón entre ambos. Aunque era menor, a veces se daba cuenta de cosas que nadie más notaba. Darcy tenía la opinión de Georgie en la más alta estima.

—Ajá. No necesito que me sermonees. Si mal no recuerdo, la hermana pequeña eres tú.

—Y sabes que tengo razón. —Casi podía ver la sonrisa de su hermana al decir eso—. Feliz Navidad, Fitz. Papá y mamá seguramente te llamarán mañana, pero yo quería hablar contigo.

—Feliz Navidad, Georgie. Nos vemos pronto.

—¿Eso es una promesa?

—Promesa de meñique —dijo él, como cuando ella era una niñita que se pasaba la vida siguiéndolo por todos lados—. Adiós.

—Ve a esa fiesta, hombre. Deberías dejarte a ti mismo disfrutar de la vida, tienes que dejar de castigarte por lo que pasó. Fue hace mucho tiempo. Te mereces pasarlo bien. Adiós, Fitz.

Darcy colgó la llamada y dejó el aparato en uno de los brazos del sofá. Por divertido que sonara, su hermana pequeña tenía toda la razón. Él llevaba años culpándose de muchas cosas. De haber perdido a Veronica, de haber permitido que Georgie saliera herida en ese asunto en el que no quería ni pensar, de haber fracasado. Todo eso era su culpa, sólo suya. Él había dejado que esas cosas pasaran y ahora tenía que resignarse a ver cómo todo fallaba en su vida. En los meses que llevaba en Liverpool, lo más cerca que había estado de volver a la música era tocar con esos chicos. Y la verdad era que todos estaban demasiado ocupados intentando juntar dinero para pagar la renta como para reunirse a tocar. La música no era el trabajo de ninguno de ellos, sólo algo que intentaban sacar adelante. El problema era que todo parecía en contra de ellos.

Una pena, porque Darcy pensaba que esos chicos tenían talento. Al menos eso habían demostrado en las ocasiones en las que habían ensayado juntos.

Había alcanzado a pensar que así podría volver a la música. Pero algo más había sucedido. Algo que no se esperaba. Era extraño como sólo una cosa podía traerte a la mente meses del pasado.

Desde que había visto a George Wickham en el bar, cantando una de sus canciones, era como si todo volviera a suceder. Como si el pasado hubiera vuelto. La canción que había empezado la noche de la tocata con la banda había quedado sin terminar.

Pero su hermana le había dicho que tenía que dejar de castigarse. Que se merecía pasarlo bien. En los peores momentos, Darcy había pensado que su fracaso con la música era por su incapacidad de cuidar a Georgie, de cuidar a Veronica. Quizás Georgie tenía la razón. Quizás tenía que dejar de calentarse la cabeza con esas cosas.

Tal vez era el momento de mirar adelante y avanzar de una vez.

Su teléfono volvió a vibrar. Un mensaje de su hermana.

«Ve a la fiesta, tonto».

Vaya que lo conocía.

-o-

—Vaya, veo que decidiste venir —lo saludó Carter al abrir la puerta. Darcy se encogió de hombros y le tendió la botella de vino que había traído. No era la gran cosa, la había comprado en la única tienda que había encontrado abierta a esas horas de Nochebuena. El señor que atendía ahí no había parecido muy contento por su presencia. Tal vez quería cerrar temprano e irse a casa con su familia.

—Pues, ya ves…

—Me alegra, hombre —dijo su jefe dándole una palmada en la espalda.

Thomas, el novio de Carter, se asomó por el marco de la puerta de la cocina. Darcy lo había visto algunas veces en el bar, cuando pasaba a ver a Carter, pero no lo conocía.

—Oh, así que al final se decidió a venir —dijo con una sonrisa dirigida a Darcy—. Es un gusto tenerte aquí, chico de la guitarra. —Ante la mirada inquisitiva del joven, Thomas agregó—: Te vi tocar con esos chicos el otro día. Nada mal. ¿Llevas mucho tiempo en eso?

Carter se había desaparecido y Darcy no sabía muy bien cómo contestar a esa pregunta. Normalmente lo que haría sería soltar algún comentario neutro y alejarse a la primera oportunidad —sus habilidades interpersonales nunca habían sido buenas—, pero por algún motivo se le ocurría que eso podría ser maleducado. Después de todo, Thomas era uno de los dueños de casa.

—Supongo que sí.

—¿Supones? —Thomas lo miró con una ceja levantada, como si estuviera decidiendo si la respuesta de su invitado era en broma o en serio—. Bueno, en cualquier caso eres bueno. No sé qué haces sirviendo cervezas a un montón de ebrios.

Darcy le sonrió, sin saber cómo continuar con la conversación. Por suerte para él, Carter volvió a aparecer a su lado.

—¿Quieres algo de beber? ¿Vino, cerveza, champán?

—Vino estaría bien.

—¿Blanco o tinto?

—Cualquiera —Darcy podía recordar que su madre solía ser muy específica acerca de los vinos que bebían en casa. El blanco iba con pescados, el tinto con carnes rojas. Aunque a él nunca le habían importado mucho esos detalles. Eran simplemente cosas que su madre hacía. Pero sí sabía diferenciar cuando un vino era bueno, y apreciar los distintos matices. Además, llevaba tanto tiempo bebiendo cerveza que creía que a su paladar le haría bien algo diferente.

—Vale. Un segundo —dijo Carter mientras lo guiaba hacia el living. No eran demasiados invitados, pero todos los asientos posibles estaban ocupados. Cuando los dos entraron en la habitación, todos los miraron. Darcy llevaba mucho sin sentirse tan incómodo en su vida—. Éste es Darcy, trabaja en el bar conmigo. Darcy, estos son todos —señaló al salón lleno—. Susie, Lucy, Matt, Mack, Pete, Stuart y Marlene. Siéntete como en tu casa.

Dos de los hombres se acomodaron en el sofá para hacerle un espacio ahí. Darcy les indicó con un gesto que no se molestaran y se quedó parado a un lado. Había sido una mala idea. Era obvio que todos ellos se conocían y que él estaba interrumpiendo. Se quedó en silencio, mirándolos a todos sin decir nada.

—Oye, ¿tú no eres el barman en Carter's? —le preguntó una de las chicas. Podía ser Marlene, aunque Darcy no estaba seguro.

—Ajá.

—Ya decía yo que te había visto antes. Tocaste con unos chicos hace unas semanas, ¿no? John Lucas decía que nunca los había visto tocar así, que lo hicieron mejor de lo normal. Me parece que dijo que tú no eras de la banda.

—No, me uní ese día. El guitarrista les falló y necesitaban a alguien.

—¿Me estás diciendo que te aprendiste todas esas canciones en menos de un día? —uno de los chicos, que estaba escuchando el intercambio, se incorporó a la conversación—. Vaya, eso es impresionante.

—Bueno, no fue tan así. Los covers los conocía casi todos, lo que tuve que aprender fueron las canciones originales. Y me equivoqué varias veces al tocar. De hecho, si estuvieron mejores seguro que fue para compensarme a mí.

Nunca le había gustado ser el centro de atención y ahora estaban todos mirándolo como si fuera una especie de bicho en exposición. Así debían sentirse los animales en el zoológico.

—Aún así, no deja de ser genial —dijo el chico, dándole un codazo al que estaba a su lado—. ¿Sabes? Podrían tocar algún día en nuestro local. No es un pub, es una tienda de discos. A veces actúan músicos y es una buena forma de darse a conocer.

Darcy abrió los ojos, incrédulo.

—Este… tendría que hablarlo con el resto.

—Sí, obviamente. Déjame darte mi número y ustedes pueden llamarnos cuando quieran hablar.

Resultó que el chico, Matt, además de tener una tienda de música era saxofonista en una banda de jazz underground, y un tipo muy simpático por añadidura. Aunque preguntaba mucho. Al parecer, Darcy tenía que estar al tanto de todas las influencias de la banda en la que tocaba, y las influencias de las influencias. El que sólo hubiera ensayado un puñado de veces con ellos no significaba nada.

Carter y Thomas eran unos anfitriones estupendos. Thomas trabajaba en una pastelería y era un cocinero estupendo. Darcy no recordaba la última vez que había comido cupcakes así de deliciosos. Sonrió, pensando en que a Georgie le chiflaban los cupcakes. Su madre siempre tenía que recordarle que a los demás también les gustaban, para que dejara algunos en el plato.

Una vez más, su hermanita había tenido la razón.

Cuando volvió a casa —muy de madrugada—, estaba empezando a nevar. No fue mucho, por supuesto. Al día siguiente ya no quedaba nada.

Pero había nevado.


Ya se viene el enfrentamiento entre nuestro sexy héroe y nuestro (también sexy, ¿a quién engañamos?) villano. Tienen que encontrarse de una vez por todas, ¿no creen? Todo esto y más en el capítulo nuevo de Chocolate y café amargo.

Esperemos que las cosas sigan igual para la semana que viene, y que yo siga sobreviviendo, que sería faltal morirme y dejarlas con la historia a medias. Ahora, me voy a ver una película y terminar un libro de Alice Munro que estoy leyendo (no al mismo tiempo, ¿eh?).

¡Hasta la próxima!

Muselina