Disclaimer: Los personajes son cosa de Miss Jane Austen, yo sólo estoy jugando.
Otro capítulo que casi no fue, pero como soy determinada y porfiada, estoy terminando de escribir a la una de la mañana. Menos mal que mañana no tengo clases temprano.
Canción recomendada: "Somebody to Love", de Queen. (Una de mis bandas favoritas EVER)
Chocolate y café amargo
Capítulo 17
Regreso a la realidad
Después de los días de descanso en el campo, Liverpool parecía gris y deprimente. Especialmente cuando los prospectos para el día siguiente incluían volver a trabajar en la cafetería. Lizzie no se quejaba por tener que trabajar, lo que siempre terminaba por enervarla eran los clientes desconsiderados. Nunca faltaban los que daban menos propina, los que parecían pensar que las demoras con los pedidos eran culpa suya y —sus peores enemigos—, los que dejaban sus mesas asquerosas al irse. No era que ella pretendiera que hicieran su trabajo por ella, pero algunos dejaban la mesa como comedero de cerdos.
—Así que ya volvemos a la realidad —dijo Wickham cuando el tren anunció que habían llegado a la ciudad. El joven estaba apoyado en la falda de la chica, leyendo una revista de reportes.
—Sí. La vida es dura —sonrió ella a modo de respuesta mientras él se incorporaba en el asiento. Jane guardó su libro (una novela de Danielle Steele robada del librero de su madre) en su bolso y los tres bajaron al andén.
Después de tantas horas de viaje, el frío del exterior casi los sorprendió. Al menos aún era temprano como para alcanzar a tomar el bus que los dejaba cerca de casa. Ninguno de los tres tenía dinero para un taxi.
Lizzie se acomodó la vieja mochila de mezclilla a la espalda e iba a coger el mango de su maleta cuando George la tomó antes que ella pudiera alcanzar a reaccionar.
—Puedo llevarla yo, ¿sabes? No necesito que vengas a demostrarme tu fuerza masculina ni nada de eso. Yo soy una chica inde…
—Ése es el problema con las chicas modernas —la interrumpió George con una sonrisa burlona—. Siempre necesitan recordarnos que son iguales a nosotros en todos los sentidos. No todo lo que hagamos implica que creamos que ustedes son inferiores, ¿sabes?
Lizzie no supo qué contestar. Era algo en la forma que George tenía de sonreír, de mirarla, que la confundía mucho. Ella siempre había dicho que era una chica moderna —¿por qué esas palabras sonaban tan desagradables cuando él las decía?—, y que no necesitaba a nadie para ser feliz. ¿Por qué sentía que tendría que tragarse sus palabras con George dando vueltas?
Durante el viaje en bus de regreso a su barrio no dijo nada. Si Jane se dio cuenta, no dijo nada. Quizás lo atribuía al cansancio del viaje. O tal vez era que ella también estaba pensando en sus cosas. Wickham no insistió, ni intentó obligarla a hablar. Pero cada cierto rato, Lizzie podía sentir sus ojos mirándola fijamente, como si no hubiera nada más interesante en el mundo que ella. O tal vez era así porque a ella le parecía lo mismo.
¿Podría ser que se estuviera enamorando de George?
La idea fue como una bofetada en plena cara. George era guapo, simpático e interesante, pero no era lo que Lizzie estaba buscando. ¿Cómo podía ser que sus opiniones siempre coincidieran, que siempre pensara lo mismo que ella acerca de sus libros o películas preferidas? Y nunca hablaba mucho sobre él, sobre su vida antes de Liverpool.
Lizzie no podía estar enamorándose así. Siempre había pensado que uno se enamoraba de alguien que la estimulara intelectualmente, que discutiera con ella.
Con George, todo era lindo y fácil.
¿Qué pasaba con los fuegos artificiales?
George no vivía muy lejos de ellas, así que se despidieron en la puerta del edificio. Por suerte para Lizzie, él no insistió en ayudarlas a subir las respectivas maletas. Sólo se alejó con un gesto de la mano.
—¿Pasa algo? —preguntó Jane. Sorpresa, sorpresa. Jane, la persona más amable y empática del universo conocido y por conocer, se había dado cuenta de que algo no estaba bien con su hermana.
—No, nada. Es sólo que… me muero de sueño —inventó Lizzie a la rápida. En el edificio, el ascensor estaba descompuesto (como buen ascensor de sitcom, había comentado Lizzie la primera vez que había sucedido, un año atrás. Actualmente, el aparato pasaba más tiempo roto que funcionando). Como ya estaban acostumbradas, tomaron las escaleras.
—Ya, yo también. Menos mal que nos dieron estas semanas de vacaciones en la compañía.
—Suertuda.
—Bastante, pero en enero volveremos a ensayar y será el doble de pesado.
—¿Ya dijeron quién será la primera bailarina?
—No, lo dirán a la vuelta.
—¿Nerviosa?
—Aterrada —dijo Jane mientras abría la puerta del departamento.
—Lo lograrás. Eres prácticamente perfecta en toda forma posible.
—No, esa es Mary Poppins —apuntó Jane con una mueca. (*)
—¿Nunca te ha dicho mamá que tienes un aire a Julie Andrews cuando jovencita —bromeó Lizzie—. Sólo tienes que cortarte un poco el pelo y quedas igualita.
—Boba. Anda a acostarte, mujer —respondió su hermana entrando a su habitación.
Lizzie hizo lo mismo, pero en vez de hacer lo lógico, meterse a su cama y olvidarse del mundo, lo que hizo fue salir a la escalera de emergencias. Aunque hacía un frío que pelaba, necesitaba respirar hondo y tranquilizarse. Lo que pasaba con George no era nada, sólo amistad. Quizás ella lo estaba leyendo mal o algo así, pero era obvio que él no estaba interesado.
No, para nada.
Desde uno de los pisos inferiores, le llegaron unos acordes de guitarra. Aún podía recordar la vez en que se había encontrado a Darcy tocando ahí. De curiosa, se asomó por el balcón de la escalera y miró hacia abajo.
Efectivamente, era Darcy. Y estaba tocando de nuevo.
Lizzie no hizo ningún ruido. El joven podía ser fácilmente la persona más irritante que conocía —de hecho, lo era—, pero tenía un talento musical que era único. George no tocaba así, era bueno, pero a Lizzie siempre le parecía que le faltaba algo.
Lo ridículo era no saber ni siquiera qué era ese algo.
Pero ella no quería pensar en nada de eso. Apoyó los codos en el borde de la baranda y cerró los ojos. No le importó el aire frío en su cara, ni que su nariz estuviera congelada. Sólo la música importaba.
-o-
A pesar de todo, Darcy no se arrepentía de su decisión navideña. Aparte de la fiesta de Carter, había aprovechado de hacer un muy necesitado orden en su departamento, y también había logrado empezar una canción que sonaba bien.
Dentro de todo, no había estado tan mal.
El veintisiete en la mañana, el mundo parecía haber vuelto a la normalidad. Charles y Caroline llegaron a primera hora del día, contando que la fiesta navideña familiar había estado estupenda y preguntando acerca de los planes de su amigo durante esos días. Él les había contado escuetamente lo sucedido y los dos habían estado de acuerdo con que era una buena forma de pasar las fiestas.
Y cuando había bajado —con el dolor de su alma, porque cada día hacía más frío— a sacar la basura, se había encontrado con Lizzie Bennet en la misma actividad. Sin embargo, en lugar de usar su habitual mueca descalificadora, la muchacha sólo lo había mirado con un gesto que él no supo interpretar.
Al menos era un gesto más cercano a un saludo que a un «prefiero comer mierda a respirar el mismo aire que tú durante un segundo».
—¿Tienes que trabajar hoy, Darcy? —preguntó Charles cuando su amigo entró al departamento.
—Sí, tuve el veinticinco y el veintiséis feriados (1).
—Okay. ¿Y para Año Nuevo, tienes que ir?
—Yo creo que sí. Habrá fiesta de Año Nuevo en el bar, así que necesitarán a todos disponibles.
—Una pena, Lizzie y Jane estaban comentando acerca de organizar una fiesta de año nuevo en la azotea, con todos los vecinos que quieran ir.
Darcy asintió sin mucho interés. Aparte de las Bennet, no recordaba haber cruzado palabra con otro de sus vecinos. Tal vez había hablado con la señora que siempre estaba regando sus plantas en el balcón del tercer piso, pero no creía que ella fuera a ir a la fiesta.
—Vale.
—No estás muy comunicativo hoy, ¿verdad, Fitzwilliam? —comentó Caroline, que estaba leyendo un libraco de aspecto aburrido (y seguramente no muy entretenido, porque obviamente la conversación masculina que tenía lugar a escasos metros se le hacía más interesante).
—Darcy jamás ha sido comunicativo. Es una de esas cosas que tienes que saber desde el principio. De hecho, mi amigo aquí presente ha logrado dominar el arte de las frases cortas de una forma que el mismo Hemingway envidiaría.
—¿Ah, sí? —Caroline dejó el libro a un lado y enarcó las cejas—. Es una pena, estoy segura de que podría ser bastante elocuente si se lo propusiera. ¿Cómo conquistas a una chica, entonces, Fitzwilliam?
Darcy la miró con el entrecejo fruncido. Para empezar, llevaba años sin intentar conquistar a nadie. Después de Veronica, ninguna chica le parecía tan maravillosa como ella.
—Tengo que irme —musitó levantándose de la silla de la cocina donde se había aposentado. Aún era temprano, pero seguro que había algo que ordenar en la bodega o algo—. Carter me dijo que fuera temprano.
—¿Dije algo que te molestó? —preguntó Caroline.
—No, no es eso. Es sólo que… se me hace tarde —dijo él cogiendo su chaqueta y una bufanda del perchero de la entrada y saliendo del departamento sin más aspavientos.
-o-
Como todas las noches, Carter's estaba repleto de gente buscando un lugar agradable para pasarlo bien y reírse un rato. Darcy y Nav no dejaban de moverse de lado a lado de la barra atendiendo a todos los clientes.
Una chica muy guapa se acercó al punto de la barra que atendía el joven y le sonrió ampliamente. Iba vestida de negro y el pelo liso y pelirrojo le llegaba hasta la mitad de la cintura. Era guapa, no había forma de negarlo.
—Oye, tú no eres uno de los de la banda que tocó aquí el otro día —dijo sentándose en una silla que había quedado libre, como muchos que hacían su pedido—. No sabía que trabajaras aquí.
—¿En qué te ayudo?
—Un cosmo, por favor. Necesito algo para soportar al amigo del novio de mi amiga —dijo ella con una sonrisa cómplice—. Lo trajeron para que no fuera la tercera rueda, pero tiene el grave problema de ser insoportable.
—¿Ah, sí?
—Sí. Te agradecería si te demoraras bastante en servirme. Y si quieres hablar un rato, también.
—Este… —Darcy se llevó una mano a la nuca, sin saber bien qué decir—. Hay muchos clientes.
—Mejor, esa es una excusa realista.
Darcy se dio media vuelta para acercarse a la parte donde se preparaban las bebidas. Nav, que había observado toda la conversación de reojo, se acercó a él y le preguntó en voz baja.
—¿Quién es esa?
—No sé, quería hablar.
—Está escribiendo algo en una servilleta —comentó el chico levantando una ceja—. Te apuesto lo que quieras a que es su número. ¿Qué le dijiste?
—Nada, lo juro.
—Así que eres de los que las matan callando —comentó Nav mirando a su amigo con una sonrisa divertida—. No me lo esperaba, pensaba que eras un poco más tímido.
—Ajá —Darcy dio vuelta el contenido rosado de la coctelera en una copa de Martini y volvió a la barra—. Un cosmo.
—Vaya, tiene hasta buena pinta —comentó ella sonriéndole—. ¿Te importa si me quedo unos momentos más aquí? Sólo por no tener que aguantar a ese imbécil un minuto más.
—No, vale, quédate.
—Gracias, eres un encanto. Además de guapo —claramente era una de esas chicas que iban a la directa—. Podrías pasearte un día por mi galería de arte, seguro que te interesa algo. Soy Jamie, por cierto —añadió extendiendo la mano sobre el mesón. Darcy se la estrechó—. ¿Y tú eres?
—Ftizwilliam.
—Menudo nombre. Es de esos nombres de familia, no?
—Sí, algo así.
—Ya veo. ¿Sabes? Creo que hay demasiada gente por aquí, así que me iré para dejarte trabajar en paz. Aquí tienes mi número, por cierto. Llámame cuando quieras —dijo Jamie tendiéndole la servilleta.
Nav había tenido razón.
Aunque Darcy ni siquiera comprendía qué acababa de pasar.
(1) El veintiséis de diciembre es feriado en el Reino Unido y se le conoce como «Boxing Day».
(*) Lo de llamar «prácticamente perfecta» a Jane es cosa de The Lizzie Bennet Diaries y yo opino que le pega mucho.
Mi escena favorita de este capítulo es la de Lizzie escuchando a Darcy tocar y haciéndose la loca. Me hizo gracia escribirla. Y Jamie, of course, será importante más adelante en la historia, aunque no como interés amoroso de Darcy.
Por cierto, que ya debería empezar a hacerlos interactuar más, ¿no creen? He ido muy lento hasta ahora. En mi defensa, el Darcy de TLBD no apareció hasta el capítulo sesenta.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
