Disclaimer: Los personajes fueron creados por la genial Jane Austen. Y yo no gano nada con esto, aparte de divertirme un rato.

Uf, ya se está acabando el semestre. En un par de días seré un elfo libre y viviré feliz hasta agosto. Pero por ahora, en vez de escribir el ensayo que tengo que entregar el lunes, les traigo un nuevo capítulo. Y esta vez más largo de lo normal.

Canción recomendada: "Viva la Vida", de Coldplay.

Chocolate y café amargo

Capítulo 18

¿Año nuevo, vida nueva?

—¿Te animas a venir a la fiesta que están organizando en el edificio? —preguntó Lizzie a Wickham.

Los dos estaban en uno de los cafés que poblaban el sector en que vivían. Había sido un descubrimiento de un amigo de Jane, que había buscado por cielo, mar y tierra un café vegetariano y orgánico. No estaba muy lejos de Carter's y de los respectivos edificios de Lizzie y Wickham.

Todo había empezado un par de días atrás, cuando alguien —ya ni recordaban quién había sido el de la ida—, había sugerido organizar una fiesta en la azotea para darle la bienvenida al Año Nuevo. La mayoría de los ocupantes del edificio llevaban un buen tiempo ahí y se conocían. Sin ser íntimos amigos, todos sabían a quién se le podían pedir ciertos favores —y a quiénes no—. Dentro de todo, eran una comunidad bastante unida.

Antes de que Wickham pudiera responder, alguien dobló la esquina. La última persona a la que Lizzie hubiera querido encontrarse en la mitad de la calle. Mucho menos si estaba en la mitad de una cita.

Pero el destino parecía tener un sentido del humor bastante retorcido y el joven que acababa de aparecer la había visto. Por un segundo, Lizzie pensó que iba a acercarse a saludarla, porque la estaba mirando.

Al parecer, ella también se había quedado mirándolo, porque Wickham se dio media vuelta para ver qué era lo que ella estaba observando con tanta atención. Y para sorpresa de Lizzie, su acompañante levantó una mano para saludarlo.

¡A Darcy!

La cosa se puso aún mejor, porque en vez de devolverle el saludo, Darcy se limitó a cruzar la calle. Al ver a Wickham ahí, se había puesto blanco. Lizzie nunca había entendido cuando leía que «el color había desaparecido de su rostro». Ahora sí. Ahí había gato encerrado. Darcy no se pondría así porque sí. Ella nunca había conocido a nadie con menos emociones que ese hombre.

—¿Lo conoces?

—¿A Fitzwilliam Darcy? Sí, desde hace mucho tiempo. Se podría decir que crecimos juntos. ¿De dónde lo conoces tú?

—Es mi vecino —respondió Lizzie, alzando las cejas. Así que Darcy sí tenía un pasado, no había aparecido de la nada en su edificio, mirándola con esa cara tan rara que parecía poner exclusivamente cuando ella estaba cerca.

—¿Tu vecino? Bueno, no debería sorprenderme tanto. El mundo es un pañuelo, después de todo —comentó Wickham mirando a la esquina por la que había desaparecido el joven—. Llevaba bastante tiempo sin verlo, la verdad. Sigue igual que la última vez que estuve con él.

—¿De verdad lo conoces desde siempre? —Lizzie estaba tratando de dilucidar cuál era la opinión de Wickham acerca de Darcy, pero esos comentarios neutros no la estaban ayudando demasiado.

—Pues sí, mi padre trabajaba para los suyos. Administraba la casa que tenían en el campo, y cuando pequeños jugábamos juntos.

—Vaya. No creo que pueda imaginarme a Darcy siendo un niñito y jugando con nadie. Al menos lo que yo conozco de él es… un tanto… —Se interrumpió, buscando una palabra que lo describiera y no fuera demasiado ofensiva.

—¿Amargado?

—Sí, algo así —Lizzie se mordió el labio—. ¿No te simpatiza?

—Sólo digamos que después de nuestra etapa de jugar juntos, las cosas se pusieron complicadas. Darcy no es un carácter fácil.

—Y que lo digas… —masculló Lizzie por lo bajo. «Fácil» era la última palabra que ella hubiera ocupado para describir a su vecino. «Amargado» estaba mucho mejor. Pensó en cambiar de tema, pero la verdad era que estaba demasiado intrigada por la respuesta de Darcy—. Creo que esto puede ser demasiado cotilla, pero ¿pasó algo entre ustedes?

Wickham se rió y se encogió de hombros, mirando a otro lado.

—Si es demasiado privado, no tienes por qué decirlo, ¿sabes? —insistió Lizzie. Pero la reacción de su amigo sólo la hacía estar aún más interesada. Algo había pasado ahí y tenía que ser interesante. Por la fuerza. Esas reacciones estaban escondiendo una excelente historia. Se lo decía su instinto de escritora.

—No, no es eso. Es que llevaba mucho tiempo sin pensar en eso —puso ambas manos sobre la mesa y se mordió el labio—. No es algo en lo que me guste pensar, la verdad. Verás, el problema entre yo y Darcy empezó cuando éramos muy pequeños. El señor Darcy siempre me quiso de una forma especial. Cuando Darcy empezó con el asunto de la música, su padre vio que yo también tenía condiciones para eso y me pagó las lecciones.

»Pronto, se dio cuenta de que yo era mucho más talentoso. A Darcy no le sentó nada bien, obviamente. Cuando él entró a la Royal Academy of Music, casi le dio un infarto al verme ahí…

—¿Darcy estuvo en la Royal Academy? Esto tiene que ser una broma —Lo interrumpió Lizzie, mirándolo con los ojos casi desorbitados—. No me lo imagino para nada.

—Seguro que su padre pagó bastante para meterlo ahí, son una familia muy antigua.

—¿Y por qué está aquí? Vamos, trabaja como yo y como Jane. Si tiene tanto dinero como dices, seguro que no estaría tan complicado como nosotras.

—No lo sé. A lo mejor el señor Darcy le cortó el dinero o algo.

—Ya. Creo que alguien me dijo que había estado en Oxford. ¿Se salió de la Royal Academy en algún momento?

—Oh. Eso —Wickham bajó la mirada y frunció el ceño—. No me gusta hablar de esto, es un tema… doloroso.

—Tranquilo, te juro que no le voy a decir a nadie.

—Sí, sé que puedo confiar en ti. Sólo por eso te contaré el secreto más oscuro de mi vida —George se inclinó sobre la mesa y la miró con complicidad—: Yo fui el responsable de que a Darcy lo expulsaran de ahí.

—¿¡QUÉ!? —Lizzie no podía creer lo que estaba escuchando—. ¿Por qué?

—Bueno, lo que pasó fue que él fue a mi habitación a buscar unos textos, según él, pero en lugar de eso, me robó unas canciones que acababa de escribir. Y las hizo pasar por propias.

—No puedo creerlo —musitó Lizzie, atónita—. Es que siempre pensé que Darcy podía ser muchas cosas, pero un ladrón así, no. Pensaba que al menos tenía sentido de la honestidad o algo.

—Lo sé. La verdad es que yo tampoco lo podía creer, pero así fue. Con el dolor de mi alma tuve que ir a la secretaría de estudios y denunciarlo. Tienen tolerancia cero con esas cosas ahí.

—No puedo creerlo. ¿Por qué no hablaste con él primero o algo?

—No habría servido de nada, conozco a Darcy. Lo habría negado hasta el fin y el resultado habría sido el mismo.

—Oh. Lo siento mucho, seguro que no querías hacerlo… siendo amigos desde hacía tanto tiempo. No debió ser fácil.

—No, no lo fue.

Por un instante, ninguno de los dos dijo nada. Lizzie estaba atónita ante lo que acababa de escuchar. Una cosa era pensar que Darcy era un amargado incapaz de sentir nada, pero descubrir que era deshonesto y un ladrón era algo muy distinto.

—En fin, ¿dónde dices que es la fiesta mañana? —preguntó George, como intentando disipar el aire.

—En mi edificio. Te espero.

George le sonrió y Lizzie sintió que el estómago se le llenaba de algo que no podía definir. No se sentía así desde hacía mucho tiempo.

-o-

—¿Tienes planes para Año Nuevo? —preguntó Carter a Darcy, que acababa de entrar al bar, listo para un nuevo turno. Se demoró un par de segundos en darse cuenta de que su jefe le estaba hablando, porque la imagen de Lizzie y Wickham en ese café no lo dejaba de incomodar. Una cosa era que hubiera aparecido en el bar unos días antes, buscando quién sabe qué cosa. Otra muy distinta era que estuviera involucrado con ella.

Lizzie no era nada suyo, por supuesto, pero aún así Darcy no había podido evitar sentir que todo estaba pasando de nuevo. Era el asunto de Verónica otra vez. Y él nunca había podido perdonarse por eso. Y Gigi… Aún le daba rabia acordarse de todo el asunto. Menudo hijo de puta que era Wickham. ¿Qué estaba pensando conseguir con Elizabeth?

—¿Trabajar aquí, supongo? —dijo, intentando escaparse de sus propios pensamientos. Maldito fuera Wickham.

—No, voy a cerrar mañana. Va a haber como treinta fiestas de año nuevo en esta ciudad y seguro que serán más divertidas que estar aquí. Además, no pude conseguirme banda, así que estoy seguro de que el bar será la opción más aburrida para todo el mundo. Y es bonito eso de estar con los seres queridos a las doce.

—Oh. —Darcy no supo muy bien qué decir. Su jefe era una de esas personas que cada vez que hablaban lo hacía sentirse algo apabullado.

—¿Y? ¿Ahora tienes otros planes? —preguntó Carter sentándose en una silla tras la barra. Aún faltaba un rato para abrir y los tres meseros que trabajaban ahí ni siquiera habían hecho acto de presencia.

—No sé. Hay una fiesta en mi edificio, supongo que puedo ir a esa. Aunque no creo que tenga ánimo para nada, la verdad.

—Vamos, hombre. No te matará ir. Será divertido, te lo aseguro. De hecho, creo que me invitaron a esa fiesta también —comentó su jefe sonriendo—. Parece que será concurrida.

—¿Qué fiesta? —Nav, que acababa de entrar por la puerta trasera apareció en el umbral.

—De año nuevo, en la casa de este señor —respondió Carter antes de que Darcy pudiera decir nada.

—Ya veo. ¿Y? ¿Estamos invitados? ¿O tendremos que trabajar para Año Nuevo?

—No, ya decidí que voy a cerrar. Necesito un par de días de descanso y sé que ustedes también —comentó Carter con un gesto de la mano—. Además, las cosas han estado bien con el bar. No pasa nada por darles un día extra de vacaciones.

—Por eso es que eres el mejor jefe del mundo, Carter —dijo Nav, sonriendo de oreja a oreja—. Entonces… ¿fiesta donde Darcy?

El aludido suspiró. Personalmente, no tenía demasiadas ganas de ir a esa fiesta. Porque estaba seguro de que Lizzie iba a estar ahí, y si lo que había visto esa tarde era indicación de algo, podía prever que Wickham estaría ahí también.

Sabía que librarse de él no sería tan fácil como se había imaginado hacía algunos años, lo que nunca se había esperado era que él de verdad volviera a cruzarse en su vida.

Siempre un paso adelante.

-o-

Una de las vecinas, Mary Jane, era decoradora de interiores y se había ofrecido a echar una mano con los adornos de la fiesta. El resultado había sido que la terraza había quedado digna de pinterest. La novia de la chica, Daphne, se había pasado gran parte de la tarde sacando fotos con su cámara profesional para subirlas a la red social y mostrarle al mundo entero todo el estilo que tenía su novia.

—Vaya, esto está genial —dijo Lizzie mientras ayudaba a subir las botellas de bebidas, que habían sido la contribución que ella y Jane, junto con los Bingley y Darcy, se habían comprometido a poner.

—¿Verdad que sí? Mary es estupenda. Lo hizo todo a mano —dijo Daphne, casi brillando de orgullo.

—Las lamparitas quedaron preciosas —comentó Jane tocando ligeramente con los dedos una de las pantallas de papel de colores que Mary Jane había puesto en una guirnalda—. Y se ven preciosas prendidas.

—Gracias, tenía ganas de probarlas.

—¿Dónde dejamos esto? —preguntó Lizzie. Las botellas estaban pesadas y quería librarse de ellas lo antes posible.

—En esa mesa, junto a la comida.

Una pareja de vecinos eran los dueños de una repostería, y su contribución a la fiesta había sido un montón de dulces y otras cosas para comer. Al ver las bandejas perfectamente decoradas, Lizzie sintió que el amor fraternal la invadía. Esos vecinos eran los que valía la pena tener.

—Esto va a estar genial.

Mientras el sol se ponía —muy temprano para el gusto de Lizzie—, los invitados comenzaron a llegar. La joven estaba prácticamente saltando en un pie, porque George le había dicho una y mil veces que estaría ahí.

—¿Qué pasa que estás tan emocionada? —preguntó Jane, que estaba a su lado—. ¿Esperas a alguien en especial?

—No, sólo a George.

—Ya. Sólo a George —repitió Jane, con un tono que indicaba a las claras que no le había creído nada a su hermana. Nada de nada.

—No me mires así, sólo somos amigos —replicó Lizzie con una sonrisa—, ¿acaso no puedo querer que mi amigo llegue?

Jane la miró con una mueca y Lizzie puso los ojos en blanco. Jane era experta en imaginarse todo tipo de cosas.

-o-

Wickham no había llegado. Faltaba media hora para las doce y él no había hecho acto de presencia. Lizzie no sabía qué interpretar a partir de eso. Quizás era que no le importaba tanto como había creído. Aunque se había repetido un millón de veces que Wickham no le importaba tanto, en el fondo sabía que era mentira y que sí le importaba.

Su ausencia quería decir que quizás a él no le importaba tanto. Y que lo más saludable era dejarlo ir, aunque le pareciera doloroso.

Charlotte apareció entre la gente y la tomó de la mano, arrastrándola hacia la gente que bailaba.

—¡Es año nuevo! No voy a dejar que te quedes ahí, toda amargada, sólo porque tu George no se dignó a aparecer.

—No es mi George, tonta.

—Lo que sea, que no te impida pasarlo bien —declaró su amiga y empezó a bailar. Lizzie no pudo evitar imitarla. Su mejor amiga de toda la vida solía tener la razón, y esa vez no era la excepción. Tenía que pasarlo bien, porque era sólo una noche al año, ¿no?

—¿No quieres bailar? —preguntó alguien a su lado. Por un momento, Lizzie pensó que podía ser Wickham, que acababa de llegar. Pero, para su enorme sorpresa, quien estaba junto a ella era Darcy. El mismo Darcy del que había oído tantas cosas horribles.

—Sí, bueno —musitó Lizzie, confundida. Al darse cuenta de lo que había dicho, estuvo a punto de darse patadas mentales. ¿Cómo? Pero si ella misma se había jurado odiarlo por toda la eternidad.

Seguro que bailar con alguien que uno ha jurado odiar no puede ser una buena idea.

Pero ya era demasiado tarde como para arrepentirse. Vio por el rabillo del ojo como Charlotte se alejaba hacia un grupo de amigos, y ella misma se quedaba sola con Darcy. Sola con Darcy.

Ugh.

Aunque no bailaba mal, siendo sincera. De hecho, bailaba bastante bien. Pero no se sentía demasiado cómoda, después de todo lo que había dicho George acerca de él. Ése era el tipo que había robado las canciones de Wickham y ni siquiera se había molestado en comentarlo. Pero también era el que tocaba en la ventana y producía esas notas.

—¿Pasa algo? —preguntó él arrugando el ceño. Lizzie nunca se había caracterizado por saber ocultar sus emociones fácilmente, incluso si no sabía qué emociones eran.

—No, sólo estaba pensando en que no te entiendo.

—¿No me entiendes?

—No. ¿Por qué a veces actúas como si me odiaras y después me sacas a bailar?

—No te odio.

—A veces pareciera lo contrario —dijo ella mirándolo fijamente. Tenía los ojos azules, como los de Wickham, pero los suyos eran aún más fríos. O al menos eso le parecía a Lizzie.

—Lo siento si alguna vez te di esa impresión.

Lizzie arrugó la nariz. ¿Eso era una sonrisa? Podía jurar que nunca lo había visto sonreír antes. No era una sonrisa fea, de hecho. Tenía un algo de muchacho que parecía un poco incongruente con la seriedad normal del joven.

En ese momento, Lizzie pensó en gritarle algo. En decirle que sabía lo que había hecho con Wickham y que no entendía cómo podía no darle vergüenza haber hecho algo tan horrorosamente bajo.

Pero antes de que pudiera siquiera abrir la boca, el DJ detuvo la música.

—¡Quedan sólo veinte segundos para el año nuevo!

Todos a su alrededor empezaron a moverse en grupos, pero Lizzie ni siquiera sabía a dónde ir. No veía a Jane ni a Charlotte. Así que se quedó junto a Darcy, que también parecía estar ligeramente incómodo por la situación.

—¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho! ¡Siete!

Año nuevo, vida nuevo. Al menos eso decían.

—¡Seis! ¡Cinco! ¡Cuatro!

Quizás todo podía cambiar ese año. Sí, Lizzie estaba segura de que sería el mejor año de su vida.

—¡Tres! ¡Dos! ¡Uno! —gritaron todos a su alrededor—. ¡Feliz año nuevo!

Acto seguido, los fuegos artificiales empezaron, al tiempo que todos buscaban a sus amigos para darles el abrazo de rigor. Lizzie se dio cuenta de que al único conocido que tenía cerca era precisamente Darcy.

—Feliz año, Darcy —le dijo intentando poner su mejor sonrisa, pero no lo abrazó. Eso había sido demasiado incómodo.

—Feliz año, Lizzie —respondió él, otra vez como el asomo de una sonrisa.


Había dicho que ya tocaban más interacciones entre Lizzie y Darcy, y yo soy de las que cumplen con su palabra. Así que ahora Lizzie sabe (o cree saber) el oscuro secreto de Darcy. Y al que le interese saber por qué Darcy dejó la Royal Academy of Music (porque todos sabemos que la historia de Wickham es más falsa que billete de tres dólares), le digo que lo mejor que puede hacer es leer "I wanna rock" en mi perfil y enterarse de todo.

En fin, hasta la próxima semana.

¡Saludos!

Muselina