Disclaimer: Los personajes fueron creados por Jane Austen, yo sólo los tomo prestados por un rato.
Y como no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague, aquí tengo el capítulo prometido. Este no estaba originalmente en la planeación, pero creo que es uno de mis favoritos hasta ahora. ¡Espero que les guste!
Gracias especiales a todas las lectoras que me dejaron reviews en mi capítulo anterior (y no me agarraron a tomatazos): Vegatable lov3r, Teen Janeite, PalixianGirl, AnaMa9507, Molita e imaginandohistorias. Este capítulo va dedicado especialmente a ustedes, con todo el amor del mundo.
Canción recomendada: Snowfall Music, de Carbon Leaf (mi último descubrimiento musical).
Chocolate y café amargo
Capítulo 22
Cuando las cosas empiezan a cambiar
Por el bien de su salud mental, Darcy se alejó de las láminas. La sensación de tener los ojos de Lizzie clavados en él era demasiado incómoda. Caroline seguía hablando con sus amigos —¿en qué minuto había hecho amigos, si siempre estaba en casa?— y él no tenía ganas de ir a hablar con ellos.
Ni con nadie.
Lo de ir al festival había sido una pésima idea.
Lo mejor que podía hacer sería irse a casa. A lo mejor podría avanzar algo en el libro que estaba leyendo. Uno que le había regalado Georgie para Navidad, sobre la vida de Robert Mapplethorpe, escrita por Patti Smith. Era interesante y no había tenido demasiado tiempo para leer en los días anteriores.
Sí, eso sonaba a un plan mucho mejor que el quedarse ahí, sin hablar con nadie. Enfiló hacia la puerta, donde un grupo más o menos grande acababa de cruzar el umbral.
—¡Darcy! ¡Qué sorpresa verte aquí!
Mierda.
Después de unos cuantos meses trabajando junto a él, era imposible no reconocer la voz de Nav. Se dio media vuelta, encontrándose con su compañero. Con él estaba una chica menuda, des rasgos asiáticos y el pelo oscuro con mechones multicolores. Nav le había hablado de ella muchas veces, aunque no recordaba su nombre. Lo único que sabía era que llevaba un tiempo saliendo con él y que a veces se quedaba a dormir en el departamento de Nav.
—Lily, él es Darcy. Trabaja conmigo en el bar —los presentó rápidamente—. Darcy, ella es Lily, mi novia.
Oh. Así que ya era oficial.
—Un gusto. —Fue lo único que pudo decir. Ella respondió con algo por el estilo y los tres se quedaron en silencio.
Darcy nunca había sido muy bueno en lo que a conversaciones sociales se refería. Siempre sentía que estaba diciendo tonterías y que incomodaba al resto.
—¿Has llegado hace mucho? —preguntó Lily, como si se hubiera pasado los últimos momentos buscando algún tema de conversación.
—Más o menos. Pero ya me iba.
—¿Por qué? Aún es temprano —le preguntó Nav—. No creo que quedarte por un rato más te vaya a matar o algo. Socializa, que te hace falta.
Nav le caía bien, pero Darcy aún tenía problemas con aceptar que le dijera esas cosas. ¿Quién era él para decirle qué debía hacer?
—Estoy muy cansado.
Su amigo levantó una ceja y él supo que no le había creído en lo absoluto. De hecho, estaba a punto de decir algo cuando dos chicas aparecieron junto a ellos
—Hola, Darcy.
Era Charlotte, la amiga de las Bennet, que casi siempre estaba en su edificio. Y quien la acompañaba era nadie más, ni nadie menos que la mismísima Lizzie. Por la expresión en el rostro de la chica era obvio que la habían arrastrado a ese lugar en contra de su voluntad. Darcy se volvió hacia Nav y se encogió de hombros. Su amigo y Lily se alejaron sin hacer preguntas.
—Me alegra mucho encontrarte, tenemos un problema y creo que tú puedes echarnos una mano. Es urgente —continuó la chica, esbozando una sonrisa. Curioso. Desde que la conocía, Darcy estaba casi seguro de que la chica no lo soportaba.
—¿Sí?
—Resulta que uno de nuestros artistas falló y necesitamos un reemplazo.
—¿Quién? —No pudo evitar preguntar él.
—No impor… —empezó a decir Lizzie, pero su amiga la interrumpió antes de que pudiera terminar la frase.
—George.
Por supuesto que había sido Wickham. Después de todo, él tenía un serio problema a la hora de responder a los compromisos que aceptaba.
—Ya. ¿Y qué se supone que hagas?
—Eres músico, ¿tienes algunas canciones que puedas tocar? No tienen que ser demasiadas, en serio. Bastará con unas dos o tres. También puedes hacer un cover, si quieres. Lo que sea, de verdad. Es urgente.
Vio que Lizzie le dirigía una mirada envenenada al tiempo que su amiga decía eso. ¿Qué demonios le había hecho a esa chica para que lo detestara con tanta fuerza? No recordaba haber hecho nada que la ofendiera de esa forma.
—Déjalo, Char. Es obvio que no quiere hacerlo —bufó Lizzie dando media vuelta y empezando a caminar de regreso al escenario.
—Sí —dijo él, un poco más fuerte de lo que hubiera querido. Ella se detuvo, pero no volvió a voltearse—. Tengo un par de canciones escritas que puedo tocar. Lo que no tengo es una guitarra.
—No te preocupes por eso, un amigo te prestará la suya —dijo Charlotte—. ¿Te parece si te subimos en quince?
—No, claro. Está bien.
Las dos se alejaron de él, que se quedó preguntándose qué demonios acababa de hacer. Llevaba siglos sin tocar algo suyo en público. ¿Por qué acababa de acceder a eso?
Porque era rematadamente idiota, por supuesto.
-o-
—No puedo creer que me hayas arrastrado a esto —bufó Lizzie cuando ella y su amigo estuvieron a una distancia segura de Darcy—. ¡Pedirle un favor a ese cretino!
—Ese cretino es un buen músico, tú misma lo dijiste —replicó Charlotte, cruzando los brazos delante del pecho—. Y necesitábamos a alguien con urgencia.
—Ya. ¿Por qué no podía ser cualquier otra persona? Seguro que alguno de nuestros amigos músicos hubiera podido echarnos una mano.
—Puede ser —contestó su amiga—. Pero yo sabía que Darcy no se iba a negar.
Lizzie puso los ojos en blanco.
—¿Por qué él y no alguien más?
—Porque él haría cualquier cosa por ti.
La chica se quedó mirando a Charlotte, sin estar segura de haber escuchado bien. No podía haberlo hecho, porque era algo público y conocido que Darcy no la soportaba. ¿Qué era eso de que «haría cualquier cosa por ella»? ¡Era estúpido a un punto inimaginable!
—No me mires así, está totalmente enamorado de ti —siguió Charlotte.
—¿De qué estás hablando?
—¿De verdad no te has dado cuenta? Lizzie, a veces creo que no eres tan lista como piensas, si es que no eres capaz de ver algo así de obvio.
La joven quiso contestar, decirle a Charlotte que estaba loca, que eso era completamente imposible. Que Darcy la odiaba y la había despreciado desde el momento en que ambos se habían conocido. Era metafísicamente imposible que estuviera enamorado de ella.
Pero no pudo empezar su diatriba porque Darcy acababa de aparecer en su campo de visión. Por mucho que le disgustara, al final sí que había aceptado tocar en reemplazo de George. No podía arriesgarse a hacer que se arrepintiera.
—Ve a hablar con él. Yo voy a buscar la guitarra de Martin.
—Estás aquí —dijo acercándose a él. «Idiota», se dijo. Por supuesto que Darcy estaba ahí. Llevaba un rato en la fábrica y todo. Lo había visto llegar.
—Sí… —Respondió él, sin mirarla a los ojos—. ¿Dónde está la guitarra?
—Charlotte fue a buscarla. —El silencio se hizo entre ambos, cómo sólo puede pasar en dos personas que no tienen absolutamente nada que decirse. Lizzie odiaba esos silencios incómodos y nada le hubiera gustado más que poder darse media vuelta y alejarse de él a toda velocidad. Pero no podía, porque él acababa de aceptar hacerles un favor gigante. No cualquiera habría aceptado reemplazar a alguien con diez minutos de antelación—. Gracias —dijo repentinamente.
—No hay de qué.
Más silencio.
Por suerte para ella, Charlotte apareció junto a ella con la guitarra en la mano, la cual le tendió a Darcy.
—Dice Martin que no se la desafines mucho, que acaba de ponerla a tono —dijo simplemente. Darcy no contestó, sino que se limitó a observarla. Era una mirada curiosa, como la que uno pondría al encontrarse con un viejo amigo al que no se ve hace mucho.
—Estupendo. Mira, los otros están terminando —Lizzie apuntó al escenario—. Voy a subir a despedirlos y presentarte a ti.
—Está bien.
Al menos había servido como excusa para alejarse de él. Mientras la banda anterior —John Murray y los Truenos (2)— terminaba su último bis, ella se dio un par de momentos para calmarse. Lo que le había dicho Charlotte era una tontería sin pies ni cabeza, Darcy no estaba enamorado de ella, pero sí se había prestado para hacer algo así. Y lo segundo no tenía nada que ver con lo primero, por supuesto. Dijera Char lo que dijera.
—Parece que tenemos que irnos —dijo John, el vocalista de la banda, al micrófono. El público exclamó algo—. Si nuestra encantadora organizadora nos deja, podemos volver más tarde. ¡Y no se olviden de donar!
Lizzie le agradeció mientras subía al escenario. John siempre había sido un gran amigo y de verdad había ayudado mucho esa noche, empezando porque había cubierto con bises parte del horario de George.
—¿Les gustó la presentación? —preguntó a la audiencia, recibiendo una ovación eufórica a modo de respuesta—. Me alegro. Y espero que les guste nuestro próximo artista. Les presento a Fitzwilliam Darcy.
El público aplaudió mientras él subía al escenario con la guitarra y una banqueta que le habían pasado. No fueron tan entusiásticos como los que habían recibido las bandas anteriores, porque estas habían traído a sus amigos y fans, quienes los conocían perfectamente.
Darcy estaba prácticamente solo en eso. Como no fuera por Bingley y Caroline, Lizzie no creía que hubiera otros amigos del chico ahí.
Quizás todo eso había sido una pésima idea, pensó mientras él ajustaba el micrófono para poder cantar. El público empezó a murmurar, y Lizzie sintió que se le caía el corazón a los pies.
Un desastre. Eso iba a ser un desastre.
Pero los murmullos se acabaron apenas Darcy comenzó a tocar los primeros acordes. La joven creyó reconocer la melodía que alguna vez había escuchado desde su ventana abierta, mucho tiempo atrás. Él tenía los ojos cerrados, y parecía que no necesitaba ver las cuerdas para saber lo que estaba haciendo. Aunque sencilla, la melodía era preciosa. Como las de la música que ella solía escuchar al escribir porque la inspiraban.
No pudo evitar sentirse incómoda al recordar lo que Wickham le había contado acerca del joven. ¿Y si esa canción también era robada? Por supuesto que a ella eso le debería dar lo mismo, lo importante era que alguien tocara en esos momentos.
Y entonces empezó a cantar.
Su voz era suave y calmada, como si estuviera cantando una nana. El público estaba en absoluto silencio y todos parecían estar con las vistas fijas en el joven sobre el escenario. La letra era sobre un amor perdido, sobre el tiempo que lo cambiaba todo y sobre empezar de nuevo.
Si esa canción la había escrito él, quizás había vivido algo así. Aunque tenía serios problemas para imaginarse a Darcy enamorado de alguien, tal vez sí había sucedido. A lo mejor era eso lo que lo había llevado a ser como era, frío y desagradable.
¿A Darcy le habían roto el corazón?
Sonaba absurdo incluso sin decirlo en voz alta.
Pero la canción era maravillosa. Parecía una carta de amor escrita para alguien que nunca iría a escucharla. Y la forma en la que él estaba cantando era simplemente perfecta para ella. Casi se podía sentir su frustración por haberla perdido.
—Vaya, resulta que no canta mal —dijo Char, que estaba a su lado—. ¿Ves que debíamos pedirle a él?
—Aún no estoy segura de que haya sido nuestra mejor opción —replicó Lizzie en un susurro disimulado.
—Ya. —Charlotte le dirigió una mirada de reojo. Su mirada marca registrada «no creo nada de lo que me estás diciendo»—. No te va a matar decir que tengo la razón, ¿sabes?
—No, pero me lo vas a sacar en cara hasta que estires la pata.
—Por supuesto.
Lizzie le sonrió a su amiga y volvió a mirar al escenario.
Vale, quizás Jane tenía la razón y Darcy no era tan malo como parecía a primera vista. Eso sí él efectivamente había escrito esa canción y no se la había robado a otro.
Aunque eso último le parecía muy difícil de creer al escucharlo cantar así.
No se podían robar esos sentimientos, esa fuerza.
Ugh, ¿por qué todo tenía que ser tan raro?
(1) Me refiero a Éramos unos niños (Just Kids, en inglés), escrito por la cantante estadounidense Patti Smith. Mapplethorpe y ella fueron amigos hasta la muerte del fotógrafo. Recomendadísimo.
(2) John Murray es una referencia a la casa editorial con la que Jane Austen publicó sus libros a partir de Emma (1815).
Ahora estamos entrando a la parte divertida, cuando Lizzie se da cuenta de que hay algo raro con Darcy. O que él le gusta un poquito (aunque ella no se lo admitirá ni a su sombra por un buen rato). Espero que les haya gustado.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
