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Un agradecimiento especial a NaruHinaRyu, tu extensísimo comentario me ha ayudado a continuar la historia, sé que te lo agradecí y todo pero quise mencionarlo aquí, y renovarte mi agradecimiento, tu comentario me ha animado como no tienes idea, (me lo he leído más diez veces y siempre, siempre me emocionó,) es hasta ahora el mejor review que he recibido (Guig, ahora llamada Belen, y tú también Guest también entran en esta categoría, no se pongan celosas, XD) no sólo porque me dejas tu punto de vista y tus suposiciones y dudas, sino también que das una crítica constructiva de los puntos flacos de la historia de una forma sincera, franca y respetuosa así que por ello, miles de gracias, comentarios como el tuyo, me animan para continuar.

Bueno, bueno no nos pongamos sentimentales, y ahora, disfruten el capítulo, nos leemos en los comentarios finales. Léanlo todo…

¡A leer!

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"Muchas veces, llevamos en nuestros corazones amargos y tristes recuerdos que nos marcaron de por vida,

Pero son también estos recuerdos los que nos ayudarán a definir lo que somos y lo que seremos, los que nos fortalecerán y los que nos permitirán no cometer los mismos errores del pasado".

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CAPÍTULO 2: LA REUNIÓN DE LOS ONCE NOVATOS

La explosión hizo que su cuerpo saliera despedido por los aires. Hinata, aún en shock, intentó levantarse pero sus piernas no respondían, la explosión la había arrojado contra una casa, golpeándose duramente la cabeza. Una, dos, tres gotas de sangre cayeron al suelo, mientras una Hinata sin fuerzas intentaba levantarse sin éxito.

Se encontraba aturdida y sus sentidos, embotados, aunque intentó levantarse por segunda vez, cayó al suelo sin remedio. Miró alrededor y su corazón se sobrecogió ante el espectáculo frente a sus ojos:

El lugar que la había acogido por tantos años y al que consideraba como su hogar, ahora, se encontraba destruido, la gente a su alrededor lloraba desesperada buscando a sus familiares, las casas se derrumbaban a su alrededor mientras se escuchaban gritos desesperados y desgarradores de las personas que aún se encontraban con vida y aquel lugar lleno de felicidad, alegría y paz que había conocido antaño se había convertido en un valle lleno de sangre, muerte y dolor.

Y todo era culpa suya.

Hinata despertó agitada y sudando a mares. Esa pesadilla de nuevo, se repetía una y otra vez, noche tras noche en su cabeza, sin poder dejarla descansar y recordándole su terrible culpa.

Miró a Hotaru, durmiendo plácidamente a su lado y lo abrazó contra su pecho, protectoramente. Quería olvidar, por un segundo quería olvidar, y sólo llenarse con el olor de Hotaru, su más preciado tesoro en el mundo…

La mañana llegó y con ella, un nuevo día la luz del sol se filtró a través de las cortinas de las ventanas llegando a los ojos de Hinata. Parpadeando y bostezando, Hinata despertó, miró a su lado y se sobresaltó cuando no halló a Hotaru a su lado.

Sin perder tiempo, Hinata irrumpió en la sala de Kurenai, buscando al pequeño.

—Hotaru… ¿Dónde…—antes de que pudiera terminar de decir la oración, dos fuertes brazos se envolvieron a su alrededor—…estas?

— ¡HINATA! —El grito escandaloso de Kiba inundó toda la casa mientras Hinata aún no se recuperaba del shock. Akamaru, por otro lado, ladraba eufórico de volver a ver a la ojiperla.

—Buenos días, Hinata —Shino la saludó un tanto alejado pero igual de contento por el regreso de su compañera a la aldea y mirando desaprobadoramente el comportamiento de su amigo— me alegra verte de nuevo.

— ¡Shino! ¡Kiba! ¡Akamaru! —Hinata estaba sorprendida— ¿qué hacen aquí?

— ¿Cómo qué, qué hacemos aquí? —protestó Kiba soltándola y mirándola fingiéndose enojado—. ¡Somos tus mejores amigos! Apenas, Kurenai-sensei nos avisó que estabas en la aldea y te alojabas en un casa vinimos corriendo a verte. ¿A que si, Akamaru? —el perro ladró en señal de afirmación.

—No era necesario. Yo… —Hinata estaba tan sorprendida que no sabía que decir.

—Claro que era necesario, Hinata —afirmó Shino ajustándose los lentes oscuros y hablando seriamente— somos tus camaradas, somos tu equipo. Somos el equipo 8.

Hinata miró a ambos chicos y a Akamaru y sonrió ampliamente. Había extrañado lo escandaloso y protector que era Kiba con ella y al silencioso pero fiel y buen amigo que era Shino y la alegría y simpatía del lanudo Akamaru.

—Estoy muy feliz de verlos de nuevo —dijo Hinata atrapando a sus dos mejores amigos en un abrazo fraternal.

Kurenai parada en el umbral de la puerta de la cocina, sonrió contenta, mirando el reencuentro entre sus antiguos y queridos estudiantes.

—Al fin, el equipo 8 está reunido de nuevo —sonrió la pelinegra, mientras detrás de ella, Hotaru y Mirai, la hija de ocho años de la kunoichi, miraban tan tierna escena entre los tres amigos.

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Era mediodía y Naruto caminaba por las calles de Konoha con las manos en los bolsillos, pensativo.

Después de la salida de Hinata de la oficina de Kakashi, ayer por la tarde, éste técnicamente los echó del lugar diciéndole que no tenía ninguna misión para ellos y prometiéndoles decírselo cuando encontrar alguna.

Naruto bufó.

Kakashi se había mostrado demasiado evasivo acerca de la ubicación de Hinata y sus siete años fuera de la aldea, para su gusto. Puede que Naruto fuera un despistado total y vamos un tanto idiota en algunas ocasiones pero hasta él pudo darse cuenta de la tensión que apareció en la oficina con la llegada de su equipo. Claro que intento no darle importancia al asunto y alegrarse con el regreso de Hinata a la aldea pero ella técnicamente lo ignoró y se fue casi sin despedirse. El rubio trató de parecer relajado y dejar pasar el tema. Tal vez, Hinata estaba demasiado cansada de su viaje para pararse a conversar con ellos o tal vez no quería hacerlo. El Uzumaki sacudió la cabeza, pero, ¿Por qué Hinata haría ello? Entonces, se detuvo a la mitad de la calle cuando a su mente le llegó su confesión de 7 años atrás. ¿Sería ello? ¿Tendría resentimientos contra él? ¿Lo odiaría acaso?

—Disculpe —alguien lo jaló de la parte de atrás de su chaqueta, llamando su atención y haciendo que Naruto volteará a verlo, encontrándose con un niño no mayor de cinco años, de cabellos negros y brillantes ojos marrones mirándole con emoción.

—Hola, ¿Cómo estás? —le sonrió el rubio amigablemente, haciendo que el niño se sonrojará hasta la coronilla.

—Yo…—el niño se inclinó extendiendo una libreta delante del rubio —. S-sería un honor para mí sí me diera su autógrafo Uzumaki Naruto-san —dijo el niño respetuosamente mientras sus manitos temblaban de la emoción, sujetando la libreta.

Naruto se rascó la cabeza, avergonzado. Aunque estaba acostumbrado a que los niños se acercarán pidiéndole autógrafos, que los entrenará o jugará con ellos, ninguno lo había abordado con tanto respeto y buenos modales como este niño.

—Bueno…bueno, Jejjee…no tienes que ser tan formal —le dijo Naruto tomando la libreta y sonriendo— ¿Cómo te llamas, ttebayo?

El niño se sonrojó. Lo había olvidado por completo.

—Mi nombre es…

— ¡Hotaru! —para sorpresa de Naruto, vio a Hinata Hyuga salir de entre una multitud de personas, acercarse hacia ellos y deteniéndose delante del niño— ¿Dónde estabas? Te dije que no soltarás mi mano.

—Mamá, por favor —susurró el pequeño Hotaru, tratando de llamar su atención y que no lo avergonzara delante de su héroe.

— ¿Mamá? —repitió Naruto y con sorpresa se dio cuenta que el pequeño era el mismo niño con el cual había llegado Hinata a la aldea, ayer por la tarde.

—Siempre haces lo mismo, Hotaru.

—Lo siento, mamá —Hotaru puso cara de arrepentimiento, mirando a su madre con ojitos suplicantes, para que lo perdonará, como usualmente hacia Hinata cada vez que hacia esa carita tan tierna— es que… es que, no podía perder esta oportunidad, ¡mira ahí está, Uzumaki Naruto-san el héroe más grande de la cuarta guerra ninja! No podía perderme no tener su autógrafo —Hotaru trató de decir esto último en un susurro bajo pero estaba tan emocionado por ver a su mayor héroe en el mundo ninja que terminó por decirlo gritando, haciendo enrojecer a Naruto y que Hinata se diera cuenta de su presencia.

—H-Hinata, hola —Naruto sonrió mirando a la ojiperla y tratando de parecer amigable— ¿Cómo estás?

—Muy bien, gracias por preguntar —respondió Hinata, mirándolo.

— ¡Qué bien, ttebayo!

—Sí.

Un silencio algo incómodo rodeó el lugar cuando ninguno supo cómo seguir la conversación. De cierta medida, Naruto no sabía que más preguntar y Hinata no parecía muy interesada en contestar. Siete años sin verse afectaba una amistad de cierta medida, aunque tampoco podía considerarse que Naruto y Hinata hayan sido los grandes amigos.

Eso sólo hacía más incómoda la situación.

—Mamá —dijo de pronto Hotaru señalando a uno y a otro, salvando el momento de silencio— ¿tú conoces a Uzumaki-san?

Naruto casi se cae para atrás con semejante pregunta.

— ¡Claro que sí! Hinata y yo nos conocemos desde la academia ninja, ttebayo —dijo Naruto con entusiasmo y sintiéndose más relajado— y no me digas Uzumaki-san, mejor dime Naruto.

Hotaru jadeó.

— ¿D-de verdad? —El rubio asintió con una sonrisa zorruna— ¡Oíste, mamá! ¡Oíste, mamá!

—Sí, Hotaru —dijo Hinata, sonriendo ligeramente por el entusiasmo y la alegría del niño— pero debemos irnos. Aún faltan muchas cosas que debemos hacer.

— ¿Qué? ¿Por qué? Recién nos acabamos de encontrar —dijo con sorpresa Hotaru, sin querer alejarse de su máximo héroe, ahora que lo conocía y tenía la suficiente confianza para llamarlo por su primer nombre— además, no me ha dado su autógrafo.

—Podríamos ir a Ichiraku ramen —sugirió Naruto dubitativo— así podríamos comer un poco y podría firmarte tu libreta.

— ¿Ramen? —Preguntó Hotaru con curiosidad— ¿Qué es ramen?

— ¿Queeeeeeé? ¿No sabes que es el ramen? —dijo Naruto con cara de horror, sin poder creer que en el mundo existiera una persona que no conociera el delicioso y rico ramen que adoraba el rubio. Hotaru sólo negó— entonces, es mi deber mostrártelo, ¡vamos, ttebayo!

—No creo que sea necesario eso —dijo Hinata interviniendo el diálogo entre los dos.

—Mamá, ¿por qué? —preguntó Hotaru

—Sí, Hinata, porque, sólo nos tomará un momento.

—Yo no creo…

—Por favor, por favor, por favor, mamá, ¿sí? —Hotaru le puso una carita suplicante—. Te prometo no pedirte nada por un año enterito.

Hinata suspiró.

—Está bien.

Naruto y Hotaru se chocaron las manos, festejando triunfantes haberse salido con la suya.

—Vas a ver Hotaru, el ramen de Ichiraku es el mejor del mundo y cuando lo pruebes no querrás comer otra cosa.

— ¿De verdad?

—Sí, ttebayo.

— ¿Mamá? —Hotaru volteó a ver a Hinata cuando se dio cuenta que no les seguía. Naruto también la vio, esperando que se acercará— ¿no vienes?

Hinata miró a ambos y asintió.

—Sí, Hotaru —tomó la mano del niño y los tres, empezaron a caminar juntos por el mismo camino.

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—A Hinata no le va a gustar —opinó Shino, mientras ayudaba a su amigo a arreglar su casa.

—Si le va a gustar, deja tu negativismo de lado, Shino —dijo Kiba, montando mesas y sillas por el lugar.

—Si quiera le has preguntado si le gustaría que le hicieras una fiesta de bienvenida.

—Bueno, yo… ¡deja de molestar, Shino, y empieza a acomodar todo!

—Solo soy un peón —dijo Shino, con rostro ensombrecido.

Kurenai y su pequeña hija Mirai rieron viendo la interacción entre ambos chicos, mientras hacían hermosas decoraciones a base de globos de colores, que le daban a la sala de la casa de Kiba un aspecto agradable y elegante al lugar.

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—Entonces, ¡pow! Salió volando por los aires —contaba Naruto a un fascinado Hotaru. Ambos chicos y Hinata se encontraban sentados en la barra de Ichiraku, esperando la llegada de sus tazones de ramen—. Mientras, el otro tipo preparaba su ataque final, yo preparé un Rasengan y el tipo salió huyendo.

— ¿De verdad?

— ¡Claro que si, ttebayo! Acaso, crees que mentiría. El futuro hokage de la aldea de la hoja jamás te mentiría.

—Claro que no —negó frenéticamente Hotaru— Naruto-san podría hacerte una pregunta.

—Sí, claro, ttebayo.

—Ehhh, pues, Naruto-san, ¿Qué es hokage?

— ¿Queeeeé? ¿No lo sabes? —Naruto se quedó dubitativo pensando como seria la forma tan genial de explicarle al pequeño lo que era ser un hokage de la aldea.

—Es nombrado hokage el ninja más poderoso de la aldea. Elegido por sus habilidades ninjas, que destacan de entre todos los demás y su deber es proteger a su villa de cualquier amenaza que se presente, no importa qué o quién sea que la amenace, su deber es protegerla, ¿no es así? —preguntó Hinata mirando al rubio.

—Sí —dijo Naruto, mirándola, un tanto asombrado. La verdad es que la Hyuga se había quedado callada la mayor parte del camino hacia Ichiraku—. Hinata tiene razón, Hotaru. El deber de un hokage es proteger a su villa de cualquiera que osé amenazarla.

—Eso suena genial y, ¿cuándo serás hokage?

—En menos de seis meses, ttebayo. El día de mi cumpleaños número 25.

Hinata dio un respingo.

— ¿Sucede algo, Hinata? —Preguntó Naruto, al darse cuenta del sobresalto de la ojiperla.

—No, nada, nada —Hinata desvió la mirada y se quedó mirando al frente, pensativa.

Naruto iba a preguntarle algo, cuando fue interrumpido por la llegada de los tazones de ramen, de parte de Teuchi.

—Disfrútenlo —dijo el viejo Teuchi, sonriéndole a los tres.

—Gracias, ttebayo —dijo el rubio siendo imitado por Hinata y Hotaru, tomando sus respectivos ramens.

Naruto estaba disfrutando su ramen cuando la voz ansiosa de Hotaru, lo interrumpió.

— ¿Y los Hokages se casan, Naruto-san? —preguntó Hotaru con inocencia y haciendo derramar a Naruto todo su ramen.

— ¿Q-Qué? —preguntó el rubio recuperándose de su casi asfixia con el ramen.

— ¿Estás casado, Naruto-san? —repitió el niño mirándole con insistencia, incluso Hinata también lo miraba con cierto interés.

—N-no, yo no…aún no…

— ¿Por qué no?

—Bueno, yo no…—Naruto no sabía que contestarle. Nunca se había planteado ese tipo de preguntas.

—Hotaru, ¿qué te dije de hacer preguntas tan personales? —Le recordó Hinata al pequeño, mirándolo y salvando al rubio de dar una respuesta—. Incomodan a las personas.

—Lo siento, Naruto-san.

—No pasa nada —dijo Naruto, tratando de no darle ninguna importancia a la pregunta, aunque se preguntó porque se había sobresaltado tanto.

— ¡Naruto-san, Naruto-san! —dijo de pronto Hotaru sorprendiendo a Naruto por su cambio de humor— tengo una idea, ¿quieres escucharla?

—Sí, claro, ttebayo —Naruto sonrió por el entusiasmo del pequeño.

—Podrías venir a casa y entrenar junto con mi mamá y conmigo.

—Hotaru, no crea que sea…—empezó a decir la ojiperla.

— ¿Tú, entrenas, Hotaru?

—Sí, todos los días, quiero convertirme en un gran ninja como mi papá —dijo el niño golpeándose el pecho, orgulloso—. Sabes, Naruto-san, mi papá era el hombre más fuerte de nuestra aldea— le secretó el pequeño, inclinándose hacia el rubio—. Pero, ahora que estamos viviendo con la sensei de mamá, podrías venir a vernos.

—Claro, por supuesto —Naruto y Hotaru se sonrieron en gesto amistoso.

Hinata se levantó de golpe.

—Recordé que debo regresar, aún tenemos mucho que hacer, Hotaru, vámonos.

—Pero mamá…—el niño al ver la inusual mirada seria de Hinata, suspiró y asintió— sí, mamá —bajó del banquillo donde estaba sentado y le hizo una respetuosa reverencia al rubio y sonriéndole con una enorme sonrisa—. Nos vemos después, Naruto-san; fue un gusto conocerlo y gracias por el ramen y el autógrafo —dijo abrazando su libreta con emoción.

—Sí, para mí también fue un gusto, ttebayo —dijo Naruto rascándose la cabeza.

—Nos vemos —dijo Hinata haciendo también una reverencia al rubio.

—Ehhh…—Naruto hizo el amago de levantarse— puedo acompañarlos si quieren.

—No, gracias —respondió Hinata, antes de que Hotaru pudiera decir algo—. Debes tener muchas cosas que hacer y no quiero que pierdas tu tiempo con nosotros.

—No es ningún problema para mí, dattebayo —Naruto sonrió alegre. Dispuesto a acompañarlos.

—No, gracias, Uzumaki —dijo Hinata con firmeza y mirándolo fijamente. El rubio se quedó tan sorprendido que no supo que decir—. Vámonos, Hotaru —el niño asintió y se despidió del rubio con la mano. Y, así, ambos se perdieron en las calles de Konoha.

Naruto sólo se quedó mirándoles preguntándose sólo una cosa:

¿Por qué le había dolido tanto que lo llamará Uzumaki?

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—Me odia —dijo Naruto sentado en el sofá de la casa de Sakura y Sasuke.

— ¿Odiarte? ¿Quién te odia, Naruto? —preguntó Sakura, sentándose al frente del rubio con Sarada en sus brazos.

—Hinata —dijo el rubio— Hinata me odia.

— ¿Hinata? ¿Por qué habría de odiarte, Hinata? No me digas porque ayer se fue sin despedirse. Naruto ese no es motivo para…

—Sakura-chan, tú no entiendes. Ella hace siete años atrás se me declaró.

— ¿Qué? —Sakura se sorprendió tanto que casi deja caer a la pequeña Uchiha—. ¿Cómo no me enteré de esto? Naruto-baka, porque te guardas todos tus secretos.

—Sakura-chan, por favor, escúchame —le pidió el rubio, algo contrariado.

—Espera, espera, ¿qué le respondiste a Hinata? —preguntó la pelirrosa al ver el rostro de su rubio mejor amigo.

—Yo…yo le dije que no.

— ¿Qué?

Naruto bajó los ojos.

—Le dije que no y luego ella se fue de la aldea.

—Naruto…

—Todo el mundo cree que Hinata se fue a entrenar, pero fue mi culpa que ella se fuera —el rubio apretó los puños, frustrado—. Y ahora me odia, lo puedo ver en sus ojos. Me odia y tiene razón de hacerlo, le rompí el corazón.

—Naruto, no puedes afirmar eso. Y si fuera así, tú no la obligaste a irse. Hinata tomó su decisión.

—Pero…

—Hinata es una adulta, ella toma sus propias decisiones, no creo que pueda guardarte rencor por tanto tiempo, además, ¿crees que alguien tan buena como Hinata podría guardar rencor en su corazón? Tal vez haya una explicación más lógica a todo el asunto.

— ¿Tú crees, Sakura-chan? Pero, ¿su actitud?

—Claro que sí. Hinata ha estado fuera por siete años, no sabemos que ha vivido o lo que ha sufrido, Naruto. La vida fuera de la aldea es dura y peligrosa. Además, ella ahora además es madre. Su actitud ha debido cambiar debido a su hijo y los cuidados que ella le ha proporcionado todos estos años.

—Entonces, tú crees que sólo está siendo precavida con nosotros.

—Por supuesto, —afirmó Sakura, mimando a su pequeña hija—. Hinata, ha estado siete años fuera, no va empezar a reír y pegarse a todos. Ahora, tiene otras responsabilidades que atender. Tener un hijo no es fácil, y más si al parecer lo cría, sola.

Naruto recordó la sonrisa de Hinata hacia al pequeño Hotaru y la forma como lo cargó protectoramente en la oficina de Kakashi. Y sus ojos, sus ojos tristes, cuando lo miraba. Entonces, se le ocurrió una grandiosa idea.

— ¡Voy a renovar los lazos de Hinata con la aldea —dijo levantándose de su asiento y alzando un puño— y mejorar mi amistad con ella y a recuperar su sonrisa! ¡Es una promesa, ttebayo!

Sakura sonrió por el entusiasmo de su amigo.

—Bueno, entonces creo que deberías empezar hoy.

—Ehhh, ¿Por qué lo dices? —Sakura le extendió un pequeño papel donde decía que habría una reunión en la casa de Kiba por el regreso de Hinata a la aldea—Kiba se pasó por aquí y me lo dejó y me dijo que te avisará.

— ¡Esto es genial, ttebayo! —Naruto se levantó—. Voy a alistarme. Gracias por todo, Sakura-chan. Adiós, Sarada-chan`—dijo el rubio, revolviendo los negros cabellos de la niña, quién le puso mala cara.

—Nos vemos después, Naruto —la pelirrosa miró con una sonrisa la salida de su amigo y luego se volteó a mirar a su preciosa hija—. Sarada-chan tenemos que alistarte para una bonita fiesta —la bebé frunció el ceño— ahhh, Sarada, tienes la misma cara agria de tu padre —la pelirrosa rió, mientras su bebé la veía sin entender.

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La noche llegó sin prisas ni problemas a la aldea oculta de la Hoja. Hinata estaba en la cocina de Kurenai preparando tres tazas de delicioso chocolate caliente, con gesto pensativo.

—Necesito hablar con el hokage-sama con urgencia —pensaba Hinata, mirando a la luna por la ventana de la cocina—. Aún necesito contarle muchas cosas —recordó su encuentro con el Uzumaki en la tarde y frunció el ceño— y él tiene que contarme muchas otras.

Mientras, en la sala de la casa de sus sensei, Hotaru y Mirai, jugaban a armar un rompecabezas.

—Eso no va ahí —protestaba la hija de Kurenai, peleando con el pelinegro por una ficha del rompecabezas.

—Sí, va ahí, ¡mira, mira! —Hotaru apretó la ficha en el tablero del rompecabezas, haciendo que todas las demás se salieran de su sitio y cayendo al suelo.

— ¡Mira lo que hiciste!

— ¡Tú tuviste la culpa!

— ¡Niño tonto!

— ¡Niña fea!

A Mirai le salió una vena en la frente.

— ¿Qué dijiste?

— ¡Fea! O acaso, ¿quieres que te lo deletree? —dijo Hotaru sonriéndole con malicia, haciendo enojar a Mirai— F-E…

—Estas muerto, niño tonto —Mirai se lanzó encima del pequeño Hotaru y ambos empezaron a rodar por el suelo, jalándose el cabello en una pelea infantil.

— ¡Aquí está su chocolate caliente! —Dijo Hinata entrando a la sala con una bandeja con las tazas de chocolate caliente, cuando se percató de la batalla campal entre los dos niños— ¿Qué sucedió aquí?

— ¡Él/ella fue! —Acusaron a la vez ambos niños señalándose uno al otro—
¡Deja de imitarme! —volvieron a decir al mismo tiempo y se miraron con una venita en la frente, molestos— ¡Yo lo dije primero!

— ¡Cállate! —dijo Mirai, mirándole mal

— ¡Cállate, tú! —contraatacó Hotaru, ambos lanzándose rayitos con la mirada.

—Lo mejor sería que dejarán de pelear —advirtió la ojiperla mirando a ambos niños— o no les daré de tomar este delicioso chocolate —dijo esto último con una sonrisa sincera.

—No, no —ambos niños se pelearon entre ellos, para sentarse primero en el sofá y recibir su chocolate.

Hinata rió y le entregó a cada uno de los niños una taza. En ese momento, se escucharon dos fuertes toquidos en la puerta.

—Kiba —dijo Hinata al abrir la puerta y ver a su amigo un tanto sudoroso y cansado— ¿Qué sucede? ¿Sucedió algo malo?

—No, no —negó el Inuzuka, sonriendo— pero necesito que me acompañes a un lado.

La ojiperla volteó a ver a los niños, quiénes hacían una carrera para ver quién terminaba primero su chocolate.

—No puedo ahora, Kurenai-sensei no está en casa y no puedo dejar a los niños solos.

—Pues, llevémoslos —Kiba sonrió con una sonrisa divertida—. Niños, —gritó el chico, entrando en la casa— niños vamos a salir.

— ¡Tío Kiba! —Mirai sonrió y corrió a los brazos del chico, feliz—. ¡Qué bueno que viniste!

—Hola, preciosa. ¿Cómo estás?

—Muy bien —miró con mala cara a Hotaru— sólo que ese niño es fastidioso.

—No es cierto —el niño miró al Inuzuka, con gesto inocente— ella es la que me ha estado molestando.

—Hotaru no pelees más —dijo Hinata llegando y tomando una casaca para el niño y poniéndosela— vamos a salir.

Los niños sonrieron y salieron primero de la casa, atrás iban los adultos, conversando.

— ¿Para qué vamos a ir a tu casa? —Hinata miró a Kiba, un tanto curiosa.

—Es una sorpresa.

Hinata suspiró.

—Detesto las sorpresas —dijo viendo a los pequeños corriendo delante de ellos— sólo me han traído problemas.

—Ehhh —el chico le miró sin entender.

—Nada, no dije nada.

Kiba la miró.

—Hinata, sé que no debería preguntártelo, pero, ¿quién es el padre de tu hijo? ¿Dónde está? —Hinata se detuvo a mirarle— ¿fue por él que te fuiste de la aldea?

—Su nombre era Hiro y era el hombre más extraordinario que he conocido en mi vida y no, no me fui por él, —Hinata siguió caminando y volteó a mirarlo— y murió hace dos años, no vuelvas a mencionarlo.

Kiba se quedó parado, impresionado. Al salir de su estupor corrió a alcanzar a la ojiperla y al llegar a su lado, la tomó de un brazo.

—Hinata, ¿es cierto eso? —La Hyuga, apretó los puños— ¿es cierto?

—No me hagas caso. Sólo bromeaba.

—Hinata…

—Debemos apresurarnos los niños se están alejando —se soltó del agarre de su amigo y siguió andando.

Kiba no dijo nada y el resto del camino lo hicieron en completo silencio.

—Hotaru, —llamó la ojiperla cuando llegó a la casa de su amigo— Mirai, no deben alejarse demasiado. Ahora, esperemos a llegue Kiba.

—No, mejor entremos —dijo Mirai, empujando la puerta y entrando a la casa.

—Espera, —Hinata tomada de la mano de Hotaru dieron un paso adelante y una luz la encandiló en su llegada.

— ¡Sorpresa! —un grito la recibió en la casa y para completa sorpresa de Hinata, vio a todos sus compañeros de la academia, allí.

—Hinata —Ino Yamanaka fue la primera en abrazarla— pero mírate que cambiada estas. Te ves muy bonita.

—Err, gracias —dijo la chica un tanto cortada— pero, ¿qué es lo que sucede?

—Te hicimos una fiesta sorpresa —dijo Kurenai sonriéndole, mientras Mirai saltaba a sus brazos.

— ¿En serio? —en ese momento llegaron TenTen. Lee y Gai-sensei, quiénes la saludaron contentos y se sentaron en la mesa con bocadillos. Luego, siguieron Shikamaru, Chouji, Sai. Para finalmente, dar paso al equipo 7.

—Hinata, hola —Sakura acompañada de Sasuke y Sarada en brazos del pelinegro se acercaron a la ojiperla—. Un gusto volver a verte.

—Buenas noches —Hinata les dio una breve reverencia y sin poderlo evitar, la ojiperla se fijó en la niña en los brazos del Uchiha—. Es una linda niña, ¿Cómo se llama?

—Oh, su nombre es Sarada y es nuestra hija —dijo Sakura mientras el Uchiha rodeó con sus brazos un hombro de la pelirrosa.

— ¿Su hija? —peguntó Hinata con sorpresa— pero creí…

—Lo lamento, lo lamento, ttebayo —dijo Naruto entrando corriendo al lugar, cansado— me quedé dormido pero ahora estoy listo para darle la sorpresa a Hina…—el ojiazul se dio cuenta que la Hyuga ya se encontraba ahí y se rascó la cabeza avergonzado—. Jejejejje, hola Hinata.

—Hola.

— ¡Naruto-san! —Hotaru saltó haciéndose notar por el rubio, quién sonrió al ver al niño.

—Hola, Hotaru, ¿cómo estás? —le sonrió el rubio con una sonrisa zorruna y alborotándole el cabello en gesto amistoso.

—Muy bien, muy bien, aunque la hija de Kurenai-san es muy molesta.

— ¡Hotaru! —le dijo Hinata señalando a Mirai detrás de ella.

—Creo que mejor me voy a comer pastel —dijo el niño, corriendo a la mesa de los bocadillos.

—Que divertido es, ttebayo —dijo el rubio, mirando a Hotaru, quién hablando con Shino y el recién llegado Kiba.

—Sí, tiene un sentido del humor que siempre lo mete en problemas —Hinata también miró al niño.

—Hey, Teme, Sakura-chan; trajeron a Sarada-chan —dijo Naruto notando a la dulce niña en brazos de su padre.

—Hola, dobe —dijo Sasuke.

—Hola, Naruto —asintió la pelirrosa— sí, decidimos traerla para que la vean.

—Permiso, los dejo conversar a su gusto —Hinata se alejó y se acercó a la mesa donde su hijo y su equipo conversaban animadamente.

—Creo que va ser más difícil de lo que creí —Dijo Naruto rascándose el cabello.

— ¿Qué dices, dobe? —preguntó el Uchiha, sin entender.

—Naruto quiere recuperar la amistad de Hinata —le dijo Sakura.

El Uchiha alzó una ceja.

— ¿De verdad? Y, ¿por qué?

Naruto desvió la vista.

—Voy a beber algo —dijo, alejándose sin escuchar su respuesta.

Habían pasado dos horas desde iniciada la fiesta sorpresa de Hinata, y Naruto no había podido conversar adecuadamente con la ojiperla, y eso lo frustraba enormemente.

—Tonta suerte, ttebayo —dijo Naruto en el patio trasero de los Inuzuka, donde estaba un hermoso jardín zen, con una pequeña laguna llena de peces, el rubio se agachó y puso un dedo en medio de la laguna atrayendo algunos peces alrededor de su dedo, con tan mala suerte que uno terminó mordiéndolo— ay, ay, ttebayo, eso duele. Acaso, ¿tengo que tener tanta mala suerte hoy?

—Al parecer sí —dijo Hinata levantándose de una silla plegable en un rincón del patio.

—Ehhh, Hinata, hola —el pez aún seguía en su dedo, para su vergüenza y lo peor es que no lo soltaba— ¿Qué haces por aquí?

—Me sentí un poco aburrida y salí a tomar un poco de aire —Hinata se acercó al rubio y miró su dedo con el pez en él—. Al parecer no quiere soltarte.

—Ehhh —Hinata señaló el pez y Naruto rió, avergonzado. Hinata, tomó su mano y con suavidad dejó caer al pez en el pequeño laguito —. Gracias, ttebayo.

—De nada —Hinata lo soltó y se alejó de él, y miró el lago mientras los peces revoloteaban—. Vaya, son peces luchadores japoneses —dijo la ojiperla en una aguda observación.

— ¿De verdad? —Dijo Naruto, sin saber que más decir. La verdad, es que no conocía nada de peces.

Hinata volteó a verlo y se sorprendió de que el Uzumaki le devolviera la mirada.

—Sería mejor que regresé —dijo la Hyuga, cambiando su mirada amable por una seria y dispuesta a irse.

—Espera, —Naruto la tomó del brazo antes de que se fuera— ¿podríamos conversar un momento?

— ¿Sobre qué? —dijo ella soltándose de su agarre pero escuchándolo.

—Bueno, este…Hinata, sé que han pasado mucho tiempo pero me gustaría que volviéramos a ser amigos.

Hinata parpadeó confundida.

— ¿Volver a ser amigos? —Preguntó la ojiperla— ¿Por qué preguntas eso?

—Bueno…eh. Han pasado siete años desde que nos vimos y me gustaría que renováramos nuestros lazos de amistad, por lo que pasó hace siete años atrás…ya sabes por lo de tu confesión. No quiero que por ese pequeño error, dejáramos de ser amigos —Naruto se dio cuenta de su metedura de pata cuando la mirada confundida de Hinata pasó a ser una mirada irritada.

— ¡Error! ¡Eso no fue…! —la ojiperla se contuvo mordiéndose los labios, calmándose y cambiando de expresión— ¡No necesito que me hagas favores! ¡O me regales tu disque amistad! —le dijo ella, molesta—. No te la he pedido ni quiero que tú me la des.

—Espera, Hinata. No quise decirlo de esa manera.

—Pues, lo dijiste —Dijo, apartándose de él—. ¡Por qué no te metes en tus asuntos y me dejas en paz!

—Espera, Hinata.

—Buenas noches, Uzumaki —dijo ella aún irritada y alejándose del lugar.

—Soy un idiota, ttebayo —dijo el rubio al ver a Hinata adentrarse a la fiesta y no voltear ni a verlo.

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—Creí que te quedarías más tiempo en tu fiesta de bienvenida —dijo Kakashi viendo la aldea de la Hoja, desde el techo de la oficina del hokage.

Hinata dibujó una sonrisa irónica.

—Es usted muy gracioso, hokage-sama.

El Hatake se alzó de hombros.

—Tenía que intentarlo, ¿no? —Hinata no dijo nada y Kakashi suspiró—. Puedes decirlo, Hinata. Sé que para algo has venido a verme si ya son pasadas de la medianoche.

—Al parecer muchas cosas han pasado en la aldea, de las cuáles no fui informada —Hinata miró con fijeza la espalda del hokage—. ¿Cuándo se supone que me iba a decir que Uzumaki iba volverse hokage en tan poco tiempo?

—Ahhh —Kakashi se rascó la cabeza en gesto distraído— te has enterado.

— ¿Iba a ocultármelo? —preguntó Hinata alzando una ceja.

—No creía que te importará.

Hinata desvió la mirada.

—Sólo lo digo porque detestó que me oculten las cosas.

El Hatake la miró.

—Tal vez, pero no lo creí necesario. Hay asuntos más importantes que deberíamos atender, ¿no es así? —Hinata asintió no muy segura— ¿Tienes algo más que quieras preguntarme?

—Sí —dijo Hinata, apretando una mano con otra—. ¿Ha habido informes de las otras aldeas sobre él? —preguntó con ansiedad.

—Recién han pasado dos días desde que llegaste, Hinata. Las aldeas recién están organizándose. Y he mandado Ambus a la frontera a buscar información.

— ¿Ambus? —Hinata bufó—. No hicieron nada años atrás y ahora pretende que lo hagan ahora. Sólo son una pérdida de tiempo. Son unos inútiles, jamás llegan cuando se les necesita.

—Hinata, debes calmarte —dijo Kakashi con advertencia.

— ¿Calmarme? ¿Quieres que me calmé cuando mi sola presencia en la aldea la pone en un terrible peligro? Acaso, no entiende que ese maniático me está buscando.

—Hinata, no podemos hacer nada, salvo esperar.

La ojiperla se tomó la cabeza.

—Lo mejor para todos sería que yo me fuera de la aldea —dijo con tristeza Hinata.

—Eso sólo sería arriesgarte innecesariamente y exponer a Hotaru a un peligro inminente.

—Ya lo sé —dijo Hinata entre dientes— ese ha sido el único motivo que me ha detenido para no irme de la aldea.

—Hinata, —Kakashi caminó hasta la ojiperla y le tomó de los hombros—sólo espera un poco más de tiempo antes de tomar cualquier decisión. Las otras aldeas también están al tanto de todo y están poniendo todo su empeño en recolectar la información necesaria para atraparlo. Estoy seguro que pronto tendremos más noticias.

Hinata asintió.

—Sí, supongo. Ahora, debo irme —Hinata se alejó del peliplata y retrocedió dispuesta a irse, pero antes de irse volteó a verlo—. Avíseme cuando tenga noticias y buenas noches, hokage-sama.

—Buenas noches —la chica desapareció en la noche, mientras Kakashi suspiraba—. Y, siento haberte puesto esta carga tan pesada, Hinata.

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El sigilo y la rapidez eran técnicas esenciales para cualquier ninja y más para Hinata, quién ha sido miembro de un equipo de rastreo. Así que le fue fácil burlar la seguridad de los halcones mensajeros de Kakashi, tomó uno y escribió un rápido mensaje y lo lanzó al aire en medio de la noche.

Mientras, veía desaparecer al halcón en la distancia, Hinata se sintió repentinamente cansada. Tal vez, debería confiar más en Kakashi y en sus decisiones, pero ella sabía que no podía cruzarse de brazos y esperar a que las respuestas llegarán por sí solas.

Ahora, más que nunca debía actuar y proteger a la aldea.

No podía permitirse cometer los mismos errores del pasado.

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COMENTARIOS SOBRE EL CAPÍTULO:

Como verán poco a poco se están revelando los sucesos de esos siete años que estuvo fuera Hinata. Pero, mientras más preguntas se responden, más preguntas se crean alrededor de toda la trama:

¿Qué es lo que realmente ocurrió siete años atrás? ¿Por qué Kakashi parece culparse? ¿Quién es la persona a quién Hinata le escribió y será importante para la trama? ¿Y quién es la persona que busca dañar a Hinata y a Hotaru? ¿La relación de Naruto y Hinata mejorará con el tiempo?

Espero poder leer todas sus teorías en los reviews. Porque este fic no es una típica historia de romance ni todo es lo que parece, y el misterio está presente en cada capítulo.

P.D. Para poder explicar un poco más de cada personaje dejaré este pequeño databook en los capítulos.

DATABOOK DE LA HISTORIA:

Hotaru es un niño de cinco años de edad, tiene el cabello negro y unos brillantes ojos marrones, físicamente es muy parecido a su fallecido padre. Es un niño tranquilo, bondadoso y de buenos modales, pero cuando esta emocionado suele hablar muy rápido alzando la voz, también es muy curioso y por ello siempre está preguntando muchas cosas (muchas veces muy vergonzosas). Admira a Naruto por ser un gran shinobi y por todas las aventuras que ha pasado a lo largo de su vida. Hotaru, será el lazo que una y también separe a Naruto y Hinata a lo largo de la historia.

Nos leemos en el siguiente capítulo llamado: "Hotaru"

Esperen, esperen que el capítulo aún no termina.

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— ¿Un halcón? —El hombre de ojos azules miró con sorpresa cuando aquel halcón que se detuvo en su aldea, pero su sorpresa fue mayor cuando el halcón se detuvo y dejo caer una carta a su lado. La tomó en sus manos y leyó la pequeña nota.

"Ya sé que mi carta te parecerá sorpresiva, después de nuestro último encuentro, pero necesito tu ayuda. Necesito toda la información que tengas sobre ÉL, estoy atrapada en Konoha, sin posibilidad de salir por el momento.

Lamento haberte molestado,

Hinata.

El chico sonrió, recordando a la determinada y bella mujer de ojos perlas que había conocido hace un año atrás.

Escribió una rápida nota y se la entregó al halcón, quién salió volando apenas la recibió.

"Cuenta con ello, dulce y fuerte Hinata.

PD. Espero que nuestro futuro encuentro sea mejor que el anterior."

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Ahora, sí terminó. Espero sus comentarios, sus hipótesis, teorías y todo lo que se les ocurra.

Nos leemos.