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"La vida está llena de momentos: unos son cálidos, otros amargos, tristes o alegres, pero, otros,

otros son especiales, únicos, irrepetibles,

sólo tienes que aprender a descubrirlos…"

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CAPÍTULO 3: MOMENTOS

Existen tres cosas que debes saber sobre Hotaru, para poder entenderlo:

Primero, ama con todo su pequeño corazón a Hinata, no existe nadie que pueda rivalizar con ese amor.

Segundo, tiene como sueño volverse un ninja de gran nivel, fuerte y hábil como su padre.

Tercero, odiaba, odiaba, odiaba levantarse temprano.

—A levantarse, Hotaru —anunció Hinata, entrando a la habitación, vestida con su ropa de entrenamiento: un pantalón ninja negro y una camiseta del mismo color.

—No, mamá, aún tengo sueño —se quejó el pequeño, tapándose con la sábana hasta la cabeza y negándose a salir de su cómoda y calientita cama.

—Bueno, si es así —dijo Hinata poniendo las manos tras la espalda y saliendo de la habitación— entonces le diré a Mirai-han, que entrené conmigo. Nos vemos después, Hotaru.

—Esta bie…—dijo el niño hasta que se dio cuenta de lo que dijo Hinata— ¿Qué? ¡No! con ella, no —protestó y saltando de la cama, siguiendo a la ojiperla.

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Naruto estaba sentado en la sala de su departamento, tomando un delicioso desayuno.

El ruido de su respiración y los cubiertos moviéndose eran lo único que se escuchaba en el lugar. Todo era tranquilo y pacífico.

—Uh, esto es deprimente —dijo Naruto, estirándose en su silla y mirando al techo, y aunque desde niño estaba acostumbrado a vivir solo y a la soledad de su departamento, ello no lo hacía menos soportable—. Se siente todo muy solitario y…vacío —suspiró.

Aunque ahora era un hombre adulto, casi de 25 años, admirado por todos en el Mundo Shinobi por sus técnicas, su voluntad de fuego, el nunca rendirse y a punto de cumplir su sueño de ser hokage. En ese pequeño departamento todo era diferente: ahí era el niño solitario que deseaba llamar la atención de los adultos y que no ignorarán su existencia, allí no era ni fuerte ni admirado ni querido ni tenía su sonrisa radiante y despreocupada; allí sólo era Naruto.

Y dolía, dolía y no sabía porque, dolía porque eran en esos momentos que Naruto se daba cuenta que estaba solo.

Solo y vacío.

Mientras, sus amigos empezaron a elegir pareja, casarse e incluso tener hijos, él se había dedicado en cuerpo y alma a mejorar como shinobi, a pulir sus técnicas, a ser más fuerte, más resistente, a tomar misiones peligrosas que le dieran prestigio como ninja y labrarle su camino como shinobi.

Claro, esa experiencia lo había hecho desarrollarse como un ninja hecho y derecho: sus técnicas, tácticas y planeamiento para llevar una misión y ejecutarla mejoraron considerablemente si lo comparaban como era cuando era un gennin de doce años, en ese aspecto era un ninja maduro con experiencia en misiones peligrosas y arriesgadas.

Pero, sí se le comparaba con su aspecto como hombre, Naruto era tan experimentado como un niño de cinco años.

Incluso, nunca había salido en una cita con una chica (no por falta de interesadas, sino que él mismo había rechazado todas las propuestas que sus amigos y amigas intentaron para que el rubio saliera con alguien).

Pero, ¿qué podía hacer? No estuvo interesado en ninguna chica que le presentaron y a la única que vio como un posible interés amoroso, al final no había sido nada más que un pequeño capricho de niño y terminó queriéndola pero como mejor amiga.

Naruto bufó. ¿Por qué estaba pensando en ello después de todo?

— ¿Y los hokages se casan, Naruto-san? —había preguntado Hotaru en Ichiraku, dejándolo sin respuesta y si Hinata no hubiera intervenido a su favor, hubiera podido darse cuenta de la confusión que sacudió esa pregunta en su cabeza.

Casarse era un compromiso grande, grandísimo. Naruto nunca había pensado en ello, pero cuando Hotaru lo preguntó algo en Naruto pareció activarse o reactivarse, no lo sabía con seguridad, pero que sucedió algo, lo hizo.

Claro, que los hokages se casaban, su padre se casó con su madre, y Hashirama Senju también, incluso el Tercero, pero Kakashi ni Tsunade ni el Segundo lo habían hecho.

Naruto sacudió la cabeza. ¿Por qué tenía esos pensamientos en la cabeza? A él que le importaba si los hokages anteriores se habían casado o no, no era su asunto.

"Una familia es la constitución básica de una sociedad, un lugar de protección, de amor y de pertenencia" —había escuchado de Sai, cuando había anunciado el nacimiento de Inojin.

De pertenencia había dicho Sai, un lugar donde sería acogido, querido, un lugar que sería suyo, suyo y de nadie más.

Un lugar que él nunca había conocido y pero internamente quería tener. Acaso, ¿su sueño de ser hokage no era un equivalente a ser un padre, un protector para la aldea, alguien quién los cuidaría de la misma forma que un padre protegía a sus pequeños hijos del peligro?

—Hoy estas muy intenso, Naruto —le dijo Kurama desde su interior.

El rubio rió.

—Exageras, Kurama —le dijo el rubio con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

Pero se dio cuenta que Kurama tenía razón. Hoy estaba muy intenso, demasiado.

Terminó de desayunar a trompicones, se levantó de un salto y empezó a crear planes en su mente, planes que lo mantuvieran ocupado, y lo alejarán de esos pensamientos. Primero, limpió todo su departamento (incluido baño, cocina y su habitación), hizo las compras semanales (un par de cientos de tazones de ramen, para el desayuno, almuerzo y cena) y finalmente, extendió en la mesa una gran cantidad de pergaminos, los cuáles debía revisar como un entrenamiento para su futuro puesto como hokage (aunque, Naruto creía que Kakashi sólo le estaba pasando el trabajo que no quería hacer).

Abrió el primer pergamino, un segundo, un tercero, hasta llegar al último. Revisó todos, los corrigió y los mejoró e incluso creó nuevas formas de llevar a cabo cada una de las misiones que aparecían en los pergaminos pero incluso así, su mente no dejaba de trabajar en aquellos pensamientos.

"Amor"

"Familia"

"Lazos"

"Un lugar de pertenencia"

Se levantó de golpe, de repente se sentía asfixiado, asfixiado por el departamento que habitaba solo, asfixiado por la vida que llevaba, asfixiado de esos recuerdos, recuerdos donde estaba solo, donde sentía el desprecio de la aldea, donde sentía ese nudo en su garganta y ese vacío en su corazón, que había intentado acallar todos esos años.

—Debo salir de aquí —era el único pensamiento de Naruto, mientras cruzaba a zancadas su departamento y salía a la calle.

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Kurenai miró con sorpresa al rubio parado delante de su puerta.

— ¿Naruto? —Preguntó la kunoichi— que sorpresa verte por aquí. ¿Cómo estás?

—Buenos días, Kurenai-sensei —saludó el Uzumaki— y muy bien, gracias, ttebayo.

—A que debo tu sorpresiva visita.

El rubio se rascó la cabeza. Cuando había escapado de su departamento deambuló por la aldea, tratando de quitarse esa opresión dolorosa que se instaló en pecho, caminó sin rumbo, sin orientación y cuando vio la casa de Kurenai a lo lejos, una imperiosa necesidad de ver a Hotaru y a Hinata, le hizo ir corriendo y tocar la puerta de la kunoichi especialista en genjutsu.

—Vine a ver a Hotaru —y era cierto. Quería verlo y ver su pequeña sonrisa. Y, a Hinata también, pero esto no pudo decirlo sin saber porque.

—Oh —Kurenai miró hacia dentro— no creo que pueda verte ahora.

—Eh, ¿por qué? —preguntó el rubio. No quería regresar a su departamento. No, ahora al menos. Sentía que si regresaba a su departamento vacío, terminaría ahogándose con esa desesperación que se estaba haciendo presente en él.

—Bueno, no creo que sea un problema, pasa, pasa —le alentó la mujer haciéndole entrar, cerrando la puerta y conduciéndole por un pasillo hasta el patio de atrás, donde había un pequeño campo de entrenamiento, mientras le comentaba un par de cosas y Naruto contestaba con monotonía — allí están —señaló Kurenai, justo en el momento que Mirai derribaba con un golpe certero al pequeño Hotaru.

— ¡Muy bien, Mirai! —alentó Hinata, parada estratégicamente a un lado de los niños y acercándosele a darles nuevas indicaciones. Su voz era suave pero firme, mientras entrenaba a los niños.

Entonces, Hinata empezó a hacer poses de taijutsu básicos mientras alentaba a los niños a imitarla.

—Los ha estado entrenado desde el amanecer —le informó Kurenai cuando Naruto sin darse cuenta se había detenido a admirar el entrenamiento que Hinata le enseñaba a los niños, no sabía porque pero sus movimientos se le hacían familiar, ¿Dónde los había visto antes?— y me alegra mucho porque Mirai necesita un poco de entrenamiento, ya tiene casi nueve años y su formación como ninja es muy importante a esta edad, ¿no crees, Naruto?

— ¿Eh? —Naruto parpadeó y se dio cuenta que Kurenai le miraba esperando que le respondiera algo que él no había prestado atención— yo… jejejej —Naruto se rascó la cabeza, un tanto avergonzado. La verdad, es que no había perdido de vista los movimientos de la Hyuga, y estaba tan concentrado en ello, que no se percató de nada mas a su alrededor.

— ¡Naruto-san! —la voz de Hotaru interrumpió cualquier cosa que el rubio pudiera decir. El niño llegó corriendo hasta su lado y cuando el rubio lo miró se dio cuenta que su carita se encontraba roja por el esfuerzo y con gotas de sudor, atrás el entrenamiento se había detenido, y Mirai y Hinata, observaban al recién llegado—. ¡Naruto-san, que bueno que haya venido a vernos! —La emoción de Hotaru por volver a verlo era palpable, incluso para un hombre tan denso como Naruto—. Justo en este momento estoy entrenando con mamá y con Mirai —esto último lo dijo con un ligero fastidio en la voz pero se volvió a animar y le sonrió a Naruto— pero usted también puede entrenar con nosotros.

—Yo también me alegro de verte, Hotaru…—Naruto dibujó una gran sonrisa al ver al niño y algo dentro suyo se sintió algo más cálido a ver la sonrisa del niño y la alegría que éste siempre mostraba al verlo, iba decir algo más, pero en ese momento llegaron Mirai y Hinata. La pequeña estaba igual de sudorosa que Hotaru pero tenía una sonrisa satisfecha en el rostro.

Hinata, por otro lado, tenía su ropa de entrenamiento sin una brizna de suciedad, tenía el cabello atado en una cola de caballo que le despejaba la vista y hacia resaltar sus ojos perlados, claro también le facilitaba llevar a cabo el entrenamiento de los niños y finalmente tenía una pequeña sonrisa, pintando sus labios, cuando lo miró. Parecía estar alegre esa mañana.

—Buenos días —dijo Mirai con respeto al rubio y dándole una pequeña reverencia.

—Hola, Mirai-chan, Hinata —miró a la ojiperla, quién le devolvió la mirada y lo saludó con cordialidad.

—Buenos días, Uzumaki. A, ¿qué debemos tu mañanera visita? —le preguntó Hinata con un rastro de diversión en la voz. Mirai a su lado, se tapaba el rostro, conteniendo la risa.

—Eh, yo…bueno…—estaba demás decir que la sorpresa del rubio era mayúscula comparando la actitud seria y reservada que Hinata había mantenido con él desde el retorno de la Hyuga a la aldea.

— ¡Vino a verme, mamá! —saltó Hotaru, llamando la atención en él.

—Sí, parece que tenía mucha prisa por verte —dijo Hinata y Mirai a su lado estalló en risas.

— ¿Qué pasa, ttebayo? —preguntó Naruto sin entender y Hinata compadeciéndose de su confusión, le señaló su cabeza, donde para su vergüenza se encontraba su gorrito de dormir que usaba desde niño—. Yo no me di cuenta —el rubio se avergonzó y lo quitó rápidamente de su cabeza, ¡no podía creer que había salido así de su casa!

—Eso se nota —dijo Kurenai riendo también.

—Esa cosa parecía que se estuviera comiendo su cabeza —rió Mirai, sin poder contenerse.

— ¡No sé burlen así de Naruto-kun! —protestó Hotaru alzando la voz. A su lado, Hinata quedó rígida por un momento pero sólo Kurenai pareció percatarse de ello—. Esto…quiero decir —el niño miró al rubio con el rostro avergonzado— no quise ser irrespetuoso —musitó el niño. Era sabido que en el mundo shinobi, los niños le debían respeto a sus mayores, (es por ello que se utilizaba el sama, el san y muchos sufijos a las mayores autoridades de una aldea) más si estos eran ninjas legendarios como lo era Naruto Uzumaki, un niño por ahí, sin ningún parentesco o familiaridad como era Hotaru no debía llamar con tanta confianza a Naruto, más si éste no le había permitido tal confianza.

—No te preocupes, ttebayo —dijo Naruto desordenándoles los cabellos— no me molesta, es más puedes llamarme así si quieres.

El niño asintió aún avergonzado, pero con los ojos resplandecientes.

—Bueno, como ves estamos algo ocupados —dijo Hinata de repente, llamando la atención del rubio— puedes visitar en otro momento a Hotaru. Ahora debemos entrenar —al parecer regresaba la seria y reservada Hinata Hyuga.

—Yo…

—Pero, ¿qué dices Hinata? —Interrumpió Kurenai, viendo tan inesperada falta de modales de parte de la chica, pero decidió replantear la situación— ya es hora de un descanso para los niños, han estado entrenando muy duro. ¿Por qué no le pides a Naruto que entrené contigo mientras tanto? Claro, no te importa, ¿no, Naruto?

—Por mí no hay ningún problema —se apresuró a confirmar Naruto antes de que Hinata pudiera protestar.

—Ya tengo con quién entrenar, gracias —se apresuró a decir Hinata.

—Sí, pero esta mañana te estabas quejando que Kakashi había mandado a Shino y a Kiba a una misión así que ahora ya no tienes con quien entrenar —Hinata intentó replicar pero sin poder encontrar ningún argumento válido, se limitó a mirar mal a Kurenai, sabiendo lo que planeaba.

—Hotaru toma tu misma posición, tú igual Mirai —dijo Hinata dándoles la espalda y encaminándose al fondo del patio.

—Creo que eso salió bien.

—Usted cree eso, Kurenai-sensei —dijo el rubio dubitativo.

—Uzumaki, ¿vienes o no? —se escuchó la voz de Hinata, mientras los niños ya tomaban sus posiciones.

—Sí, ya voy, ttebayo —respondió el rubio.

—Suerte —dijo la mujer, viéndolo irse y reunirse al lado de Hinata. Esperaba de todo corazón que Naruto pudiera sacar de esa dura coraza que Hinata parecía haber construir alrededor de sí misma todos esos años fuera de la aldea.

Suspiró y se adentró a la casa.

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Mirai derribó por tercera vez consecutiva al pequeño Hotaru.

—Hotaru, concéntrate —replicó Hinata, mirando la pelea entre ambos niños— estas dejando ver tus puntos débiles. Mirai está leyéndote como un libro.

—Ya sé —protestó el niño, molesto consigo mismo y tratando de concentrarse en su pelea, pero Mirai era muy ágil y no podía darle ningún golpe porque ella los repelía. Frustrado se lanzó a atacarla.

Naruto mientras tanto observaba la pelea entre ambos niños y le sorprendía la gran agilidad y destreza que mostraba Hotaru para ser un niño de cinco años, pero era notorio que Mirai siendo tres años mayor que él, era más fuerte. El Uzumaki volteó a ver a Hinata, encontrándola mirando la pelea, concentrada.

—Hotaru es muy bueno —le dijo.

La Hyuga asintió.

—Tiene grandes habilidades para ser un ninja en el futuro. Lo malo es que es demasiado confiado e impaciente —dijo Hinata, con gesto serio.

— ¿Por qué lo dices? —en ese momento Hotaru lanzó un golpe limpio que le dio a Mirai pero ésta devolviéndole el golpe hizo que se golpeará duramente la cabeza contra suelo.

La seriedad siempre presente en la mirada de Hinata cambió a preocupada cuando vio al pequeño en el suelo, tomándose la cabeza.

— ¡Hotaru! —la Hyuga corrió y se acercó al niño revisándole, en un gesto angustiado.

—Lo lamento, lo lamento —se disculpaba Mirai, asustada— no quise lastimarlo, sólo me defendí.

Hinata no le respondió y sólo se dedicó a tomar al niño en sus brazos, dándose cuenta que tenía una pequeña herida en la cabeza, en ese momento, Naruto llegó al lado de la pelinegra.

—Lo siento, lo siento —decía Mirai.

—Mirai, ve a mi habitación y trae el botiquín que está en mi cómoda —le pidió Hinata a la nerviosa niña.

—H-hai —Mirai asintió y salió corriendo hacia la casa.

— ¿Es grave? —preguntó Naruto, preocupado.

—No, sólo que Mirai estaba demasiado nerviosa y preocupada, con eso se tranquilizará —Hinata palmeó la mejilla del niño, haciéndole reaccionar—. Hotaru, ¿me escuchas? —Preguntó Hinata con suavidad y ternura— ¿Hotaru?

El pequeño parpadeó confundido y cuando vio a su madre, se tranquilizó.

— ¿Mamá? ¿Qué pasó?

Hinata le sonrió.

—Te caíste.

— ¿En serio? —Hinata asintió. Hotaru se tomó la cabeza— ¡auch! —se quejó, mientras se sentaba en el suelo.

—Aquí está el botiquín —anunció Mirai llegando y entregándoselo a Hinata.

—Gracias —la chica ayudó a levantar a Hotaru y le ayudó a sentarse bajó un árbol— quédate quieto mientras se curó está herida ¿está bien?

—Sí.

—Cariño, debiste tener más cuidado, pudiste lastimarte gravemente —le acarició la cabeza y con cuidado empezó a curarlo. Tal vez, Hinata no sabía el ninjutsu médico como Sakura, pero era una especialista en curar todo tipo de heridas. Mirai, a su lado le entregaba solícita algodón, alcohol y todo lo que pidiera la ojiperla, tratando de ayudar.

Naruto sólo observaba toda la escena, sintiéndose un tanto perdido. Él nunca conoció lo que era ser curado por su madre o atendido por sus heridas por una persona querida, pero mientras estuvo observando lo amable y tierna que era Hinata como madre con Hotaru y lo pendiente y preocupada que se mostró por el pequeño, sintió una oleada de respeto y admiración por la chica, como nunca y se alegró por Hotaru por tener una madre que lo quisiera tanto como Hinata lo quería.

—Bien, ya está —dijo Hinata y en la frente del niño se podría apreciar una pequeña venda blanca, protegiendo su reciente herida— ahora, descansa, Mirai y yo continuaremos con el entrenamiento.

—Pero, me siento cansada —protestó la pequeña— además, Hinata-san, usted es más fuerte que yo.

Naruto en ese momento sonrió, se le había ocurrido una idea increíble.

— ¿Por qué no entrenas conmigo, ttebayo? —preguntó el rubio señalándose y mirándola con desafío.

Hinata alzó una ceja extrañada y se volvió a mirarlo.

— ¿Me estas retando?

—Y que sí lo estoy haciendo —dijo Naruto con tono divertido y mirándola—, acaso, ¿te da miedo?

Hinata se paró delante del rubio, encarándolo.

—Hinata Hyuga no le teme a nada.

— ¿Entonces peleamos?

—Muy bien, peleemos —dijo Hinata— quiero ver cuál es el potencial del futuro hokage.

—Estoy seguro que te sorprenderás, Hinata.

—Tú también, Uzumaki —dijo la Hyuga sonriendo abiertamente— Mirai, Hotaru, quédense ahí, debajo del árbol —les anunció Hinata, alejándose un tanto de los niños y tomando lugar en el centro del lugar—. ¡Adelante, Uzumaki, pelea! —Hinata asumió una posición de pelea delante del rubio.

—Esto va a ser emocionante —dijo Hotaru brillándole los ojos, lleno de emoción.

—Sí —dijo Mirai, asintiendo y mirado a su nueva heroína y a su futuro líder, listos para pelear.

— ¿Lista para perder? —le preguntó Naruto sonriendo zorrunamente.

— ¿Listo para que te humille delante de dos niños? —provocó Hinata, burlándose del rubio.

—Claro que no, ttebayo. Tú serás la humillada al final con mis poderosos ataques.

Hinata rió, divertida.

—Eso ya lo veremos. Vamos, lánzame tu primer ataque, Uzumaki.

—Te vas a arrepentir de ello, ttebayo —dijo Naruto sonriendo.

Naruto lanzó un rápido golpe, haciendo que Hinata se agachará e intentará barrerlo con una pierna, pero el rubio previniendo ese ataque saltó e intentó conectar otro golpe que fue rechazado con rapidez.

—Eres rápida —alagó el rubio, admirando la destreza de Hinata para esquivar sus ataques— pero para detenerme necesitarás activar tu Byakugan y cerrar mis puntos de chakra, cosa que no te permitiré por supuesto.

— ¿Y, quién dice que voy a utilizar mi Byakugan? —le dijo Hinata, sonriendo.

— ¿Que dices? —pero Hinata fue más rápida y con un salto empezó a atacarlo, Naruto apenas podía evitar y cubrir las patadas y los puños de Hinata, pero al pelear con la chica se dio cuenta que tenía una muy diferente manera de pelear. Mientras, los Hyugas siempre se caracterizaban por dar golpes en los puntos vitales y ser elegantes. La manera de pelear de Hinata se asemejaba mucho al de sus katas que había aprendido de los sapos, entonces, al tratar de evitar, una patada de la Hyuga, dejo descubierta su defensa, y haciendo que Hinata le diera un golpe en el estómago, quitándole todo el aire de los pulmones, Naruto, se tomó el estómago y la miró. El golpe no había sido demasiado fuerte pero el hecho que haya encontrado un hueco en su defensa le parecía increíble— ¿Cómo lo hiciste?

Hinata negó.

—Primero, tienes que vencerme, U-ZU-MA-KI —deletreó la ojiperla, burlándose.

—Bien, ttebayo. Tú te lo buscaste —Naruto se lanzó a atacarla, pero aunque atacaba y evitaba descubrir su defensa, no pudo acertarle ningún golpe directo, salvo pequeñas excepciones pero esto se lograba cuando Naruto ponía todos sus sentidos en atacarla.

— ¿Te vas a rendir? —Preguntó Hinata después de casi dos horas consecutivas de pelear, ella también se veía agotada, ya que estaba poniendo todo en su empeño en seguir el ritmo de los ataques del rubio, aunque claro, no lo demostraba para no mostrarse débil delante de él.

—No, ttebayo. Y, ¿tú?

—Para nada —ambos se miraron midiendo su siguiente movimiento cuando la voz de Kurenai, los interrumpió.

— ¡Mirai! ¡Hotaru! ¡Naruto! ¡Hinata! —les gritó Kurenai desde dentro de la casa— dejen de entrenar y pasen, que es hora de comer.

Los niños se alegraron. Era increíble ver ese tipo de entrenamiento de sus mayores, pero se morían de hambre por la cantidad de energía gastada.

— ¡Sí! Ya quiero comer —celebró Hotaru entrando corriendo en la casa.

—Yo también. Espérame Hotaru —Mirai corrió para alcanzarlo.

Hinata suspiró.

—Bueno, ya oíste. Dejemos el entrenamiento aquí y pasemos antes de que mamá Kurenai nos golpe con su cucharón por llegar tarde a comer —le dijo a Naruto.

— ¿Yo también? —se preguntó el rubio señalándose.

—Dijo tu nombre, ¿no?

—Sí, pero…

—Vamos, Uzumaki, no te hagas de rogar y pasa de una vez —le dijo Hinata pasando por su lado y encaminándose a la casa.

—Hinata…—dijo de repente Naruto, deteniéndola.

— ¿Eh? —preguntó la ojiperla, volteándolo a ver— ¿pasa algo?

—…quería disculparme por lo de la fiesta…—pero cuando vio que Hinata iba a replicar, se apresuró a agregar: —no quería que te lo tomarás de esa forma, soy realmente pésimo para explicarme, yo…esto…fui un baka y no me explique bien y dije cosas que no debí decir, pero fui sincero con mis palabras, ttebayo: ¡quiero que sigamos siendo amigos! ¡y mantener nuestros lazos de amistad! Y llevarnos bien de nuevo, tal vez no como antes, pero sí que pasemos más tiempo juntos, quiero decir, con todos los demás y seguir siguiendo los amigos que fuimos en la Academia…

—Está bien.

— ¿Eh? ¿De verdad? —Naruto se sorprendió ya que tenía todo un discurso listo sobre la amistad y los lazos que quería decirle a Hinata.

—Sí, tienes razón —asintió Hinata, acomodándose un mechón de cabello tras la oreja— creo que fui un tanto exagerada mi reacción respecto a lo que dijiste, después de todo, tú haz sido una de las pocas personas que realmente parece alegrarse de mi regreso —dijo Hinata pensando en su padre y su clan.

— ¡Claro que sí, ttebayo! ¡Eres una amiga muy preciada para mí! —agregó Naruto, sonriéndole, abiertamente.

Hinata lo miró sorprendida.

— ¿De verdad? —Naruto asintió—. Gracias.

—Entonces, ¿amigos? —dijo el rubio extendiéndole una mano para que la estrechará.

Hinata sonrió.

—Amigos —dijo uniendo sus manos en un apretón fuerte, pero Naruto sonrió zorrunamente y en un rápido movimiento, jaló a Hinata hacia sí mismo y la atrapó en un fuerte y apretado abrazo.

El corazón de Hinata se aceleró con rapidez cuando sintió a Naruto tan cerca suyo y pudo percibir su aliento en su rostro.

—Bienvenida a casa, Hinata —le susurró Naruto en el oído.

Hinata cerró los ojos y envolviendo sus brazos alrededor del rubio le regresó el abrazo.

—Gracias —y por una vez en mucho tiempo, Hinata se sintió tranquila y en paz.

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— ¿Por qué demoraron tanto? —preguntó Kurenai, mirando uno y al otro.

Hinata se encogió de hombros y pasó de largo, sonriendo. La mujer miró a Naruto, buscando explicaciones, pero éste se rascó la cabeza avergonzado.

—Vamos a comer —le dijo Kurenai y Naruto asintió.

Ambos entraron al comedor donde Mirai y Hotaru sentados uno al lado de otro, conversaban entre ellos divertidos, con una mesa rebosante de todo tipo de comida y esperando al parecer la llegada de él y de Hinata.

— ¿Y Hinata? —preguntó Kurenai, al no ver a la ojiperla.

—Aquí —dijo ella saliendo de una habitación con el cabello suelto, la cara limpia y sin rastros de haber estado entrenando arduamente— fui a lavarme las manos —y tomó asiento al frente de los niños.

—Bueno, Naruto, ve y lávate las manos antes de comer —le dijo Kurenai, yendo hacia la cocina.

— ¿Eh? Sí, claro —el rubio obedeció. Después de lavarse las manos y el cabello un poco, regresó a la mesa donde tomó asiento al lado de Hinata.

—Bueno, ¿qué esperan? —Preguntó Kurenai, sentada en la cabeza de la mesa— ¡a comer!

— ¡Itadakimas! —gritaron todos y empezaron a comer todas las delicias que Kurenai había preparado.

Para cualquier persona hubiera sido un momento sin importancia, algo que se hacía rutinariamente con la familia, pero para Naruto, quién nunca había compartido un momento como este, lo sentía especial y único.

La risa divertida de Mirai, la cara manchada de comida de Hotaru, mientras Hinata intentaba en vano que se limpiará, la manera preocupada que Kurenai vigilaba que todos tuvieran suficientes raciones de comida. Todo era nuevo para él: la calidez, la unión, la diversión y le gustaba. Mucho.

—Hey —Hinata a su lado, le dio un ligero codazo, sacándolo de sus pensamientos.

— ¿Q-qué?

—No has tocado tu comida, ¿pasa algo?

El rubio negó.

—No, nada —Naruto empezó a comer mientras atendía la conversación alegre de Hotaru.

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—No vas a poder tocarme, si sigues peleando así —le advirtió Hinata a un frustrado Naruto.

Después del almuerzo, continuaron con su entrenamiento aunque los resultados seguían siendo los mismos, el rubio no se rendía en su intento de descubrir la debilidad en el nuevo taijutsu de Hinata.

—Otra vez, ttebayo —le dijo Naruto, terco.

Hinata suspiró.

—Bien —ambos empezaron a atacarse mutuamente, lanzándose patadas, puños, barridas, saltando y esquivando y volviendo a atacar. Entonces, cuando Naruto hizo una barrida, Hinata saltó esquivando el golpe pero no fue muy rápida descubriendo su flanco derecho— "lo encontré" —pensó el rubio y en una patada golpeó a Hinata, mandándola lejos, por la fuerza de su patada—. Oh, rayos —maldijo Naruto cuando se dio cuenta de la patada tan fuerte que le había dado a la Hyuga, corrió hacia ella—. Hinata, lo lamento, creo que no medí mi fuerza.

— ¿Tú crees? —Le respondió Hinata con ironía, sentada en el suelo y frotándose las costillas— ¡Auch, Uzumaki! ¡Sí que pateas fuerte!

—Discúlpame, no fue mi intención.

Hinata alzó una mano para que dejara de disculparse.

—Es un entrenamiento, y sino peleas con todas tus fuerzas no servirá de nada, Uzumaki. Somos ninjas y debemos mejorar constantemente nuestras habilidades —lo miró de reojo—. ¿Descubriste la debilidad de mi taijutsu?

Naruto negó y se sentó a su lado, en el suelo.

—Es complicada, apenas si puedo entenderla y aunque la esquivó y te atacó, no la entiendo.

Hinata se apoyó en sus manos y miró al sol escondiéndose en el horizonte.

—Se llama: "la kata del dragón" y es un estilo de lucha que imita la ferocidad y fuerza del dragón, ataca a una velocidad increíble y fuerte, dejándote noqueado en un par de segundos. Realmente me tomó un tiempo aprenderlo y desarrollarlo, ya que es totalmente diferente al juken al cual estoy acostumbrada pero es el mejor para luchar cuando tus reservas de chakra están agotados.

—Vaya, no había escuchado ese tipo de pelea.

—Claro que no, es una técnica de pelea muy antigua y sólo los miembros del clan Nanira pueden aprenderla.

—Y, ¿cómo la aprendiste tú? —en ese momento el día empezó a oscurecerse lentamente y en el oscuro cielo empezaron a aparecer diminutas estrellas.

—El padre de Hotaru me la enseñó —Naruto se quedó estático. No sabiendo que responder, sólo se quedó en silencio, se había dado cuenta que Hinata era reacia a hablar del tema del padre de Hotaru. Cuando Ino intentó lo mismo en la fiesta de bienvenida de la ojiperla, la chica no había dicho nada y elegantemente cambió el tema de conversación, pero Naruto pudo darse cuenta que cuando lo había mencionado, en la voz de Hinata se escuchó un inconmensurable tono de respeto y admiración en su voz y una cuota muy grande de dolor.

Naruto respeto su silencio y no dijo ni pregunto nada, dándole su espacio. Sabía que si la presionaba ella no le diría nada y su reciente amistad podría peligrar, pero decidió que si Hinata deseaba hablar con alguien alguna vez de lo que había sucedido en su pasado, él estaría allí para escucharla.

Permanecieron en silencio hasta que la voz de Kurenai los llamó para la cena.

—Nos llama —dijo Naruto parándose del suelo y sacudiéndose las ropas.

Hinata asintió.

Ambos caminaron hasta llegar a la casa, pero al momento en que Naruto intentó abrir la puerta, Hinata puso su mano encima de la suya, deteniéndolo.

—Gracias por no preguntar nada —Hinata lo miró a los ojos intensamente y apretó su mano contra la suya.

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Esa noche, mirando el techo de su habitación Naruto rememoró los momentos que había pasado en casa de Kurenai, y por primera vez en mucho tiempo no se sintió ni solo ni vacío, porque ese día fue especial y lleno de buenos momentos y quería repetirlos, quería volver a sentir esa calidez. Mañana vería de nuevo a Hinata y a Hotaru, y pasado mañana y pasado de ese y eso hacía que su corazón se llenara de calidez y alegría y después de mucho tiempo, Naruto durmió con una sonrisa en el rostro.

¡TERMINÉ!

Dije que lo iba a publicar el sábado y bueno, lo logré. Espero que les haya gustado, sobre todo a todas las personas que me pidieron más momentos NaruHina.

Sobre el capítulo:

He intentado demostrar que aunque ambos chicos son ninjas, también son personas, con sus fortalezas y debilidades y con sus propios demonios internos.

Hinata ha mostrado esa coraza para protegerse a lo largo de los primeros capítulos por todo lo que ha sufrido en el pasado; por otro lado, Naruto ha entrado en una etapa de negación o de evasión de sus problemas de niñez y los ha evitado por años, tratando de que todo el mundo crea que él es feliz, cuando claramente no lo es. Por eso recalque el hecho de una familia porque sé que Naruto la desea y el hecho de estar cerca de Hinata y Hotaru le hace darse cuenta de ello.

BUENO, Y COMO RECOMPENSA LES DEJO UN ADELANTO DEL SIGUIENTE CAPITULO:

—Hola cumpleañera —saludó Naruto con una amplia sonrisa y con un regalo en las manos para la pequeña Sarada, cuando llegó al parque de diversiones donde se realizaría la fiesta de cumpleaños de la pequeña Uchiha.

—Naruto, ¿Por qué has venido así? —le preguntó la pelirrosa, alzando una ceja.

— ¿Qué? ¿Qué tiene de malo? —preguntó el rubio viendo su yukata nueva.

—Se supone que vendríamos con ropa casual —le dijo Sakura suspirando.

— ¿Qué? Pero, el teme me dijo que…—una risa se escuchó de parte del pelinegro y Naruto se enojó— teme, me engañaste. Dijiste que sería una fiesta elegante.

—Yo no tengo la culpa que seas tan ingenuo, dobe.

— ¡Teme! —dijo Naruto con una venita hinchada en la frente y tomándolo de la camisa.

Sakura se tomó la cabeza.

— ¿Cuándo dejaran ustedes dos de pelear? —suspiró la señora Uchiha, fastidiada del comportamiento infantil y peleonero de su marido y su mejor amigo.

—Lamentamos la tardanza —dijo una suave voz, agitada y llamando la atención del rubio.

—Hina…—Naruto sonrió dispuesto a saludarla pero al mirarla se quedó embobado. Naruto estaba acostumbrado a ver a Hinata con sus ropas de entrenamiento, o ropas desgarbadas y sucias por el entrenamiento, pero allí viéndola vestida con ese hermoso kimono blanco con flores lilas y con el cabello suelto y brillante, se dio cuenta que nunca la había visto tan hermosa.

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Todo esto y más en el siguiente capítulo: "Un lugar cálido".

Y si, el NaruHina va a continuar en el siguiente capítulo.

Bueno, sin nada más que agregar me despido. Espero sus comentarios ansiosamente.

Nos leemos.