Disclaimer: Los personajes los inventó una señora en el siglo XIX, la trama es mía.
Ya ven, no he desaparecido todavía. Gracias a Proud Vegetable por su review en el capítulo anterior y su confianza en mí. Así que le dedico este capítulo, porque siempre es bonito que la gente crea en uno.
Canción recomendada: "Utopia" de Within Temptation
Chocolate y café amargo
Capítulo 29
Lluvia
Entre las cosas buenas de esa semana, Lizzie sólo podía contar que ni siquiera se había topado con Darcy en el pasillo. Un efecto lateral de la desaparición de Bingley, que se pasaba una buena parte del día con Jane. A pesar de que habían pasado algunos días desde que Richard le había revelado que la ruptura de Jane y Bingley había sido culpa del joven, Lizzie seguía convencida de que si lo veía, lo primero que haría sería darle un puñetazo en plena cara. Sin pensarlo ni un momento.
Pero Darcy no era el único problema que tenía. Había recibido tres rechazos de distintas revistas a las que había enviado sus últimas historias. Además, Wickham estaba desaparecido en acción. Llevaba semanas sin verlo, él no la había llamado y cada vez que ella intentaba hacerlo, el teléfono la mandaba directamente al buzón de mensajes. La chica le había enviado mensajes, pero ninguno de ellos había sido respondido, a pesar de que todos habían sido marcados como «leídos». ¿Acaso le estaba haciendo un fantasma? (1)
Y para colmo de males, sus zapatos favoritos se habían roto y no tenía dinero para repararlos hasta el mes siguiente. La suela y la capellada se habían separado por completo en la punta del zapato derecho.
—Lizzie, ¿te sientes bien? —preguntó Charlotte acercándose a ella junto al mesón principal—. Te ves terrible.
—Estoy bien —respondió ella con un encogimiento de hombros—. Es sólo que he tenido una semana de mierda. Casi me alegra que no me toquen turnos este fin de semana. Lo siento por ti, claro.
—No te preocupes. Seguro que te hace falta descanso.
—A todos nos hace falta.
Las dos se quedaron calladas, ordenando los cubiertos en los separadores plásticos en los que los guardaban. Las cosas entre ellas estaban mejor de lo que habían estado desde la pelea, pero Lizzie aún sentía la distancia respecto a su amistad antes de Collins. Los últimos eventos estaban a punto de convencerla de que los hombres arruinaban literalmente todos.
—¿Wickham sigue sin dar señales de vida? —inquirió su amiga. Lizzie siempre había tenido la impresión de que su amiga no confiaba demasiado en el guitarrista—. Es un idiota, ¿sabes? Sigo sin poder creer que haya desaparecido de esa forma, especialmente contigo…
—¿Conmigo? Vamos, Charlotte —replicó Lizzie encogiéndose de hombros—. Nosotros no éramos nada. Sólo amigos que salían juntos de vez en cuando. Nada serio, la verdad.
—Lo llevaste a tu casa para Navidad.
—Porque no quería que pasara las fiestas solo. Estaba siendo una buena amiga.
—¿Me estás diciendo que no te gustaba ni siquiera un poquito? —inquirió la chica que tenía a su lado—. Lizzie, somos amigas desde que nacimos. No hay forma de que me escondas algo, ¿sabes?
—¿Segura?
—Segura. Pero bueno, aceptaré lo que me dices por esta vez —dijo la Charlotte—. En todo caso, sabes que sólo estoy a una llamada de distancia con helado y un hombro para que llores y desahogues tu corazón roto.
—¡No tengo el corazón roto! —protestó Lizzie—. Me siento bien, de verdad. Te juro que no lloro a escondidas ni nada por el estilo. Estoy absolutamente bien. Lo que demuestra que claramente Wickham no me gustaba.
—Ya. Lo que digas.
—Sí, lo que diga —bufó la joven—. Por cierto, ¿cuándo se supone que estrenan la obra en el centro comunitario?
Charlotte trabajaba como voluntaria en un centro comunitario pintando decorados para un taller de teatro infantil. No le pagaban ni un peso, pero para ella siempre había sido parte esencial de su semana. Decía que le gustaba ver las sonrisas en los rostros de los niños cuando llegaba la noche del estreno y veían las fantasías construidas en el escenario.
—En dos semanas más. ¿Irás a verla, no?
—Por supuesto. No me la perdería por nada en el mundo —sonrió Lizzie. A veces sentía que Charlotte sacrificaba muchas de las cosas que a ella le gustaba hacer por apoyarla, a pesar de que su amiga insistía en que no le importaba.
—Estupendo. Arthur, el director, te vio en la recaudación de fondos y dijo que le pareciste muy guapa. Ahora que sé que estás cien por ciento soltera, puedo presentártelo en la función —dijo con una sonrisa.
Lizzie puso los ojos en blanco y cogió un paño de cocina. En el café apenas quedaban algunos clientes, ya que estaban a punto de cerrar. Afuera ya estaba oscuro y llovía intensamente y Lizzie sonrió para sus adentros. Con ese clima, nadie se aventuraría en salir de casa para tomar un café o lo que fuese, por lo que una vez que se fueran esos clientes, las dos chicas podrían irse a casa. Jane se había ido el día anterior a Londres, para iniciar la gira con su nueva compañía. Lizzie esperaba que volviera de mejor ánimo, porque extrañaba ver a su hermana sonriendo todos los días.
Lizzie se prepararía una sopa en polvo y se metería en la cama con su computador para ver una película o una serie. Paul le había recomendado una serie estadounidense que iba sobre un profesor de química que contraía cáncer y decidía empezar un imperio de drogas para ayudar a su familia. Según su amigo, era una de las mejores series que había visto en su vida y valía la pena, aunque no estaba terminada. (2)
No perdería nada con eso. Era mejor que pasarse horas mirando los mensajes de Wickham y viendo su última hora de conexión. Ese idiota —porque Charlotte tenía razón y el joven era un idiota de marca mayor— no se merecía eso.
Quizás le había mentido un poco a su mejor amiga. En realidad, Wickham sí le gustaba, aunque fuera un poco. Y sí, no lloraba por las esquinas, pero sí que se sentía como una mierda por su desaparición. Se lo iba a sacar de la cabeza como fuera.
—Te están pidiendo la cuenta en la mesa de allá —dijo Charlotte, obligándola a apartarse de sus planes para esa noche.
—Gracias.
-o-
Lizzie se dejó caer sobre la cama tras dejar la bandeja con el plato de sopa en su mesita de noche. Afuera, la lluvia seguía golpeando la escalera de incendios. Ese sonido siempre le había gustado. Buscando en su computador los archivos de la serie, se acomodó contra su almohada. Era primera vez que tenía tiempo para dedicarle al ocio y estaba dispuesta a hacerlo cómodamente.
Pero antes de que pudiera dar inicio al primer capítulo, sintió que algo golpeaba su ventana. Con el ceño arrugado, se levantó de la cama y se acercó a la ventana.
—¿Darcy?
El que había golpeado el cristal era el mismísimo Fitzwilliam Darcy, que estaba en la escalera de incendios a pesar de la lluvia.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó la joven tras abrir la ventana. Él no hizo amago de entrar. Parecía que estaba paralizando, sin importarle la lluvia que caía sobre su rostro.
—Tengo que hablar contigo.
—¿Y no podías tocar la puerta? —Al ver que el joven no pensaba entrar, Lizzie cogió una chaqueta que estaba colgada de su cama y salió por la ventana—. Joder, Darcy. ¿No te parece un poco raro? O sea, ¿venir a tocarme la ventana para hablar conmigo? Además, no creo que haya nada que tengamos que hablar —añadió, cruzándose de brazos. Estaba pegada lo más posible al marco de la ventana, aprovechando la escasa protección del alero.
—Sí, hay algo que tenemos que hablar.
—Dilo de una vez, Darcy. Me estoy congelando aquí.
Lizzie pudo ver que el joven se mordía el labio, demorándose unos momentos en contestar.
—Lizzie… yo… De verdad he tratado de suprimirlo, lo he intentado. Pero mis sentimientos por ti… no puedo hacerlo. Tengo que decirte que estoy enamorado de ti.
De todas las cosas que Lizzie se hubiera imaginado que escucharía por parte de Darcy, esa era la más absurda de todas. ¿Darcy? ¿Sentimientos por ella? Antes de que pudiera replicar a la absurda confesión que acababa de escuchar, el joven siguió hablando. Quizás su silencio le parecía alentador.
—Sé que tu familia no está en la mejor posición, y que probablemente la mía se cuestionaría esto, pero creo que hay cosas más importantes.
Ante esas palabras, Lizzie reaccionó por fin.
—¿Mi familia? ¿Me puedes decir qué tiene de malo mi familia? Porque hasta dónde yo sé, sólo conoces a Jane. Y te reto a decir algo malo acerca de mi hermana.
—No, Jane es… una buena chica. Pero tengo entendido que tu madre es una mujer arribista y tus hermanas unas desordenadas.
—¿Y de dónde has sacado eso?
—Tú misma lo has dicho.
—¡De broma! —replicó ella abriendo los ojos de par en par—. Y es mi madre, puedo hacer esos chistes. Mira, me encantaría decirte que me honra que sientas algo por mí, pero tengo que decirte que espero que puedas usar tus mismas palabras para olvidarte de esos sentimientos. Me imagino que no te costará demasiado.
Darcy pareció abatido por su respuesta, lo que sólo consiguió que Lizzie se enfureciera aún más. Recordaba lo que él le había hecho a su hermana. Recordaba que Jane había llorado durante una semana por culpa de él y su decisión de entrometerse dónde nadie lo había llamado.
—¿Es un rechazo?
Lizzie bufó con un gesto de desdén. Darcy definitivamente era un inepto.
—Sí. No creo que sea primera vez que te toca.
—¿Y puedo saber por qué se supone que me rechazas?
—Porque tu forma de declararte es venir a decirme que estás enamorado de mí a pesar de tus mejores instintos. Porque insultas a mi familia a pesar de no conocerlos en lo absoluto. Pero principalmente, por lo que le hiciste a Jane.
—¿A Jane? ¿De qué estás hablando?
—Tú hiciste que Bingley la dejara.
—¡Ella no estaba enamorada de él! —protestó él—. Yo la vi con otro hombre.
—¿A Jane? Si querías saber de qué se trataba eso, podrías haberle preguntado a ella. Seguro que te hubiera aclarado la telenovela que te inventaste, porque ella nunca haría algo así. Y estaba muy enamorada de Bingley.
—No lo parecía.
—Porque es tímida. Y en todo caso, lo que le hiciste a ella no es lo único que hace que esté segura de que eres el último hombre en todo el universo del que me enamoraría. Porque sé de buena fuente que siempre has sido odioso y vengativo.
—No sé a qué te refieres.
—A tu amigo Wickham.
—¿Wickham? ¿Ese idiota?
—No, el chico al que le negaste el derecho a su educación. Y le robaste su música.
—¿Eso te dijo? Deberías pensar antes de hacerle caso a alguien que es incapaz de mantener amistades.
—Sí, tuvo la mala suerte de perder la tuya. Y tienes la cara dura de tratarlo con desprecio.
—Ya veo que te importa mucho.
—Más de lo que tú podrías importarme, Darcy. Eres arrogante, insoportable y crees que todo el mundo debería seguir lo que tú quieres. No vales la pena, Darcy.
—¿Esa es tu última palabra?
—Sí. Y si no desapareces en este preciso momento, te juro que te voy a partir la cara. No quiero volver a verte en mi vida.
Darcy pareció estar a punto de decir algo más, pero Lizzie no estaba dispuesta a darle la oportunidad. Estaba cabreada y no dudaba en que cumpliría su amenaza. Sin decir nada más y sin dirigirle una última mirada, entró a su departamento y cerró la ventana de golpe, al igual que las cortinas. Como si eso fuera a servir para que el joven dejara de existir en ese momento.
Al otro lado, escuchó los pasos del joven en la escalera de fierro. Ella misma estaba temblando y el frío no era la razón. Se tocó el rostro y se sorprendió a sí misma por estar llorando. ¿Por qué? Soltó una maldición por lo bajo, frustrada por todo lo que acababa de pasar.
¿Por qué Darcy tenía que haber aparecido para complicar todo en su vida?
(1) Es la mejor traducción que se me ocurrió para el verbo "to ghost".
(2) El fic está ambientado en 2013, antes de que salga la última temporada de Breaking Bad.
Ahora mismo estoy pasando unas semanas de vacaciones en la casa de mis padres (aunque es gracioso porque están arreglando la cocina, que está directamente debajo de mi habitación, así que me despierto temprano todos los días con los martillos debajo de mi cama). La cosa es que mis cinco copias de Orgullo y Prejuicio están en mi casa en Santiago, por lo que tuve que buscar una copia digital para repasar esta escena (tengo que releer el libro, que tengo una copia preciosa encuadernada en tela). Pero encontré una edición en epub anotada así que es un reemplazo casi perfecto.
No se inquieten, Darcy (mi perro, mencionado en el capítulo anterior) se quedó con mis hermanos y está sano y salvo.
En fin, ¡hasta el próximo capítulo!
Muselina
