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Este capítulo promete ser una ruleta de emociones para todos los que lo lean desde: la alegría, la ternura, la nostalgia, el enojo, la risa y por supuesto, momentos NH. Nos leemos, abajo.

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"…y aquella calidez nunca antes sentida, empezaba a llenarlo de una manera tal que empezaba a abrumarlo haciendo que su corazón latiera más y más deprisa y en su ser empezará a llenarse de cálidos sentimientos".

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CAPÍTULO 4:

UN LUGAR CÁLIDO

Los meses pasaron en un abrir y cerrar de ojos para Naruto.

Con los entrenamientos que compartía con Hotaru, Mirai y Hinata, al cual se habían incluido Shino y Kiba, (Hey, yo tengo más derecho de entrenar con ella que tú, ella es mi compañera de equipo después de todo —le había reclamado Kiba, secundado por el Aburame) molestos porque Naruto parecía querer acaparar toda la atención de Hinata, lo cual ellos por supuesto no iban a permitir. Así que para evitar peleas innecesarias, Hinata había acordado entrenar todos juntos en el campo de entrenamiento nº 8. Kiba protestó porque veía como un invasor al rubio en su entrenamiento…

— ¡Nosotros somos un equipo! No necesitamos a Naruto —dijo el Inuzuka mirándolo con desafío.

—Estas celoso porque yo fui elegido hokage y tú no —le respondió Naruto sacándole la lengua en gesto infantil.

— ¡¿Qué dijiste, baka?!

—Lo he oíste, baka —contraatacó Naruto. Ambos se miraron con desafío, dispuesto a pelear entre ellos.

—Eh, chicos —llamó Shino ajustándose los lentes— Hinata ya se fue.

Ambos viraron la mirada siguiendo la mano de Shino que apuntaba hacia la calle, por donde Hinata se había ido, aburrida por la pelea de ambos y decidiendo entrenar sola.

—Tú tuviste la culpa —se reclamaron uno al otro y corrieron buscando a la ojiperla.

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Con las cenas diarias en casa de Kurenai al cual era invitado y asistía sin falta, Naruto se sentía muy feliz, y en poco tiempo creó un lazo muy fuerte con el pequeño Hotaru, por el cual cada día que pasaba a su lado sentía un inmenso cariño creciendo más y más en su corazón a medida que más conocía al pequeño.

—Esto se llama kunai —dijo Naruto, mostrándole el arma ninja que guardaba en sus estuches ninja. Ambos estaban sentados en el suelo, en un campo de entrenamiento— las utilizó en las misiones, son muy buenas para bloquear ataques de armas y espadas y estas —sacó de su otro bolsillo, unas estrellas metales— son shurikens. Las utilizamos para atacar y crear distracciones a nuestros enemigos y atacarlos con ninjutsu —mientras Naruto explicaba todo esto, Hotaru lo escuchaba atentamente sin perderse palabra de lo que decía el ninja rubio— y esas serán las que utilizaremos hoy para entrenar.

A Hotaru le brillaron los ojos.

— ¿De verdad?

Naruto asintió.

—Sí, —Hotaru estiró la mano para tomar un shuriken, pero Naruto negó— pero utilizaras estas —dijo mostrándole un paquete nuevo de shuriken y kunais— estas no tienen filo y no te lastimarán. Hinata me mataría si te ve con algún rasguño —dijo el rubio, ofreciéndole el paquete. Pero, el niño dudó— ¿Qué pasa? ¿No las quieres? Te las estoy regalando.

—Es que yo…bueno…—el niño estaba sonrojado y lo miraba con pena—…yo nunca he tenido ningún tipo de regalo antes —Naruto lo miró con sorpresa, pero Hotaru bajó los ojos al suelo e hizo círculos en la tierra— quiero decir mamá me ha regalado muchos guantes, bufandas y ropa, pero mamá nunca ha tenido suficiente dinero para darme un regalo y yo…bueno…es la primera vez, que alguien…—el niño no continúo pero Naruto lo entendió: Hotaru se sentía emocionado porque alguien a parte de su madre mostraba interés en él y le tenía el suficiente cariño para darle un regalo, aún cuando este sólo fuera un simple estuche de armas para niños.

El rubio sintió un nudo en la garganta.

Él sabía que Hinata había criado sola al niño, ya que Hotaru le contó que su padre había muerto protegiéndolo a él y a Hinata, y no por primera vez se preguntó todas las privaciones a las se verían sometidos día a día sin la ayuda del padre del niño a su lado, tal vez sin comer o una casa en la cual vivir, solos sin que nadie los ayudará, sin que nadie les tendiera una mano. Desprotegidos, con miedo.

Naruto acarició el cabello de Hotaru, de la misma forma que su padre lo hizo al despedirse de él, en la batalla con Pain.

—No te preocupes, Hotaru —Naruto le regaló una sonrisa resplandeciente al niño— yo ahora estoy aquí para ti y para Hinata. No los voy a dejar solos.

Hotaru lo miró con lágrimas en los ojos y se abalanzó a abrazarlo.

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Con el continuo acoso de sus fangirls:

— ¡Naruto-sempai! ¡Naruto-sempai!

Al rubio se le puso los pelos de punta cuando escuchó esas voces agudas llamándolo, intentó hacerse él que no las había escuchado para escapar, pero por mala suerte, su grupo de fangirls lo rodeó sin remedio.

— ¡Naruto-sempai, le trajimos unos regalos! —le dijo una de ella, al parecer la líder del grupo, depositando en las manos del rubio, grandes y muy costosos regalos.

—Ah, este bueno, gracias, chicas —Naruto les sonrió y una que otra chica dieron suspiros sonrojándose hasta la medula. El rubio se rascó el cabello, avergonzado, no quería ser maleducado ni nada pero en serio quería irse.

—Naruto-sempai, ¿le gustaría acompañarnos a comer? Sabemos que le gusta el ramen y por ello decidimos comer allí, no se preocupe nosotras pagaremos por usted, ¿verdad, chicas? —las fans del rubio, asintieron de acuerdo con las palabras de su líder.

Naruto miró a un lado y al otro, en pánico, recordaba casi con miedo la primera y única vez que había aceptado su invitación (no quería ser como el Teme, que rechazaba a todas, así que aceptó), lo cual fue un grave error. Las chicas lo tomaban del brazo, lo llevaban de un lado a otro, ¡incluso, una intento besarlo! Kami, apenas si había salido con vida de ese encuentro. Naruto sonrió, con sonrisa fingida y escapó antes de que sus locas fans decidieran seguirlo. Vio a unos niños jugando y decidió darle sus regalos, no es que fuera malo ni nada por el estilo pero él no necesitaba nada de esas cosas.

Siguió caminando hasta que sus pasos lo llevaron al cementerio de Konoha, contempló por unos momentos, el monumento de los caídos y con una sonrisa nostálgica, acarició el nombre de sus padres, grabado en el borde de la piedra.

—Padre, madre, aún a pesar del tiempo, igual los sigo extrañando —dijo Naruto— ¿Saben?, muy pronto me volveré Hokage y aunque ese acontecimiento me llena de dicha, siento que una parte de mí mismo, no está completo, como si yo…como si me faltará…—un destello amarillo llamó su atención y cuando lo buscó, se sorprendió ver a Hinata, de rodillas ante una tumba, dejando unos brillantes y preciosos girasoles.

—Hinata —casi sin darse cuenta, Naruto se alejó despidiéndose rápidamente de sus padres y encaminándose hacia la Hyuga. Mientras se acercaba, el rubio se pasó inconscientemente una mano por sus cabellos, tratando de ordenarlos—. Hinata, hola. ¿Cómo estás?

La Hyuga se volvió ligeramente a mirarle, dejándole ver las palabras: "Neji Hyuga", en la tumba, donde unos bellos girasoles, lo adornaban.

—Uzumaki —Hinata parpadeó con sorpresa— ¿Qué haces por aquí?

—Eh, pues…—Naruto se sintió ligeramente cohibido por la mirada fija de la chica puesta sobre él— ¿visitabas a Neji? —preguntó tratando de cambiar el tema.

Hinata parpadeó y fijó la mirada en la lisa lapida donde reposaba los restos de su adorado primo.

—Sí, yo sólo…—dibujó una sonrisa melancólica—…ha pasado tanto tiempo desde que lo visité por ultima vez y creo que aún lo extraño después de tanto tiempo.

—Yo también, ttebayo —Naruto se sentó a su lado y ambos contemplaron los girasoles que movían tenuemente sus pétalos por una suave brisa que corría por el lugar. Naruto pensó en ese momento en Neji y en la guerra y en el gran sacrificio que hizo por él, al salvarle la vida. Miró a Hinata, perdida en sus pensamientos, tal vez como él, recordando a Neji como el gran shinobi que fue y el impacto que tuvo en sus vidas—. Neji fue un gran ninja, —dijo, haciendo que Hinata lo mirará— el mejor de todos, un genio del taijutsu. Él te quería mucho y siempre quiso cuidarte —le dijo tratando de reconfortarla.

—Sí, lo sé —bajó los ojos, con una pequeña sonrisa— Neji-niisan siempre fue un gran apoyo para mí, me ayudó a mejorar como ninja y siempre lo quise como un hermano aun a pesar de las peleas y diferencias que hubo entre las ramas de la familia. Supongo, que ahora él es libre, ahí donde está ahora y me siento muy feliz que así sea —Naruto pudo darse cuenta que mientras decía estas palabras, la Hyuga se limpió una silenciosa lagrima que corrió por su mejilla derecha— es un poco extraño, ¿verdad? Aun a pesar que ha pasado mucho tiempo desde su partida, aun no olvido a Neji-niisan ni el gran cariño que le tengo, supongo que existen personas que aparecen en nuestras vidas para marcarnos para siempre y mejorarnos como personas.

Naruto la escuchó atentamente.

—Hinata…—el Uzumaki quiso por un breve segundo, tomar las manos de Hinata y darle su apoyo y decirle que él estaba allí para ella, que no quería verla triste.

— ¿Qué haces aquí? —terció una voz, sobresaltándolos. Naruto alzó la vista y vio a un grupo de 3 Hyugas, mirándolos desaprobatoriamente, parados frente a ellos—. Sabes, que tienes prohibido acercarte a cualquier asunto del clan Hyuga, Hinata —dijo uno de los hombres, que parecía ser el líder del grupo.

— ¿Qué? ¿De qué hablan? Hinata sólo está visitando a su primo —le dijo Naruto sin creer la hostilidad de aquellos hombres con Hinata, acaso, ¿no se supone que eran del mismo clan?

Mientras tanto, Hinata se había levantado del suelo y sacudía sus ropas sin prestar verdadera atención a los hombres, frente a ella.

—Acaso, ¿no me oíste? —el líder tomó la mano de Hinata con fuerza y encarando a la Hyuga para que lo mirará, alterando a Naruto, quién se levantó de golpe, furioso.

—Déjala —le exigió.

—Tú no te metas, Uzumaki. Este es un asunto del clan Hyuga —le dijo el hombre y mirando a Hinata, prosiguió: —nunca vuelvas a acercarte a este lugar, Hinata, has sido desterrada del clan Hyuga y ya no tienes derecho a ninguno de sus asuntos, así que por tu bien sería bueno que te largaras de este lugar.

—Suéltame…—dijo Hinata por lo bajo.

—Escuchaste lo que dije, ¿verdad? Tu padre y nuestro clan te desprecian, has deshonrado todas nuestras reglas y no te queremos cerca.

—Suéltame…

— ¿Escuchaste lo que dije? —repitió el hombre, zarandeando con fuerza el brazo de Hinata y poniendo iracundo a Naruto, quién decidió patearle el trasero a ese idiota y alejarlo de Hinata, pero antes de que pudiera hacer cualquiera de las dos cosas, la ojiperla le dio una palmada en el pecho, cerrándole varios conductos de chakra y derribando al Hyuga, ante la sorpresa de Naruto y los dos otros dos sujetos que lo acompañaban.

—Te dije que me soltarás —murmuró por lo bajo la ojiperla, desactivando su Byakugan y sin mirar a nadie, desapareció en una nube de humo.

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—Y eso fue lo que pasó —relató Naruto a Sakura, mientras Sasuke, sentado en el suelo con Sarada en sus brazos, jugaba con la niña haciendo torres con los cubos de juguete, regalados por el rubio en la última navidad.

—No puedo creerlo de esos tipos —Sakura estaba indignada— como se atreven, me alegra mucho que Hinata los haya puesto en su lugar.

—Pero, Sakura-chan no escuchaste, dijeron que Hinata fue desterrada por haber roto reglas de su clan.

—Tienes razón —la pelirrosa, puso una mano en su mentón, pensativa— me preguntó qué tipo de reglas rompió Hinata para que la trataran así, sobre todo al ser ella miembro de la rama principal e hija del líder de su clan.

Sasuke bufó.

—Eso es bastante claro —respondió el pelinegro, que había escuchado toda la conversación y quién se había mantenido al margen durante la misma.

La pelirrosa y Naruto, lo miraron.

— ¿Qué quieres decir con que es claro, Teme? —preguntó Naruto mirando a su amigo.

Sasuke dejó a la pequeña Sarada en el suelo y encaró a su rubio amigo.

—Bien, supongo que ustedes —dijo, refiriéndose a su esposa y a Naruto— no podrían saber cómo actúa un clan, ya que ustedes no han vivido en uno propiamente dicho.

—Por si no lo recuerdas, Sasuke-kun —respondió Sakura, con una mirada peligrosa— yo he vivido en un clan, el clan Haruno.

—No, no esa clase de clan —negó el Uchiha, rápidamente— yo me refiero a un clan de guerreros, de shinobis. Lamentablemente, existe una gran diferencia entre el clan Haruno (lo lamento, Sakura) y el clan Hyuga.

— ¿A qué te refieres? —Naruto miró a su amigo, cuando éste puso una mirada seria.

—Un clan como el clan Hyuga o como el clan Uchiha tiene reglas muy diferentes a las de cualquier otra, mientras cada familia se preocupa por cada miembro de la misma, apoyándolo, cuidándolo y dándole amor —volteó a ver a Sarada y a Sakura, al decir esto— un clan conformado por shinobis sólo se preocupa por ser un clan respetado por la aldea con miembros fuertes y de gran poder. No importa el costo ni los sacrificios que debas hacer, pero siempre debes estar a la altura de tu clan y respetar las reglas impuestas por la misma. Si no eres fuerte, eres tachado poco más que un inservible y relegado a las más bajas tareas de un clan y es peor para las mujeres, sino sirve como shinobi, es forzada a casarse para perpetuar la descendencia del clan y las técnicas de la misma.

—Sigo sin entender —dijo Naruto.

Sasuke bufó.

—Mira, dobe. La Hyuga se fue abandonando su clan, cuando supuestamente ella es hija del líder de la rama principal y su casamiento con un miembro respetado de la aldea le traería beneficio y poder al clan Hyuga. Su huida, desbarató sus planes, ahora ha regresado con un niño y sin padre, de quien sabe de donde es o como se llama, perjudicando al clan Hyuga que nunca antes se había visto involucrado en un acto tan vergonzoso.

— ¡Enamorarse no es vergonzoso! —dijo Sakura mirando mal al Uchiha— y si Hinata tuvo un hijo es porque quiso y amó al padre de su hijo, algo que tú tal vez deberías entender.

—Yo no dije eso, Sakura —respondió Sasuke, pensativo— sólo expongo lo que el clan Hyuga piensa sobre el asunto. Ven, al niño como un posible peligro, ya que puede haber heredado las técnicas Hyuga y eso expondría los secretos del mismo, por eso desterraron a la Hyuga, le tienen miedo porque nunca antes ninguna mujer se ha revelado contra su propio clan y supongo que tienen miedo que otras mujeres de su clan le sigan los pasos. Aunque, por supuesto, todo queda en especulaciones.

—Pues, yo creo que Hinata fue valiente —le especto Sakura al pelinegro— no dejo que nadie la mangoneará y decidió por si misma lo que deseaba para su futuro —soltó un suspiro—. Me hubiera gustado conocerlo.

— ¿A quién? —preguntó Naruto.

—A Hiro —al ver la confusión de ambos hombres, agregó: —al padre de Hotaru, así se llamaba. Debió ser un gran hombre para que Hinata lo eligiera después de…—miró a Naruto y calló.

— ¿Esta muerto? —preguntó Sasuke, quién no se dio cuenta del titubeo de la pelirrosa, ya que se había acercado a su hija y la tenía cargándola en sus brazos.

—Sí —respondieron el rubio y la pelirrosa y se miraron sorprendidos.

— ¿Cómo lo sabes tú? —le preguntó Naruto a Sakura.

—Lo escuche cuando Kiba se lo contaba a Shino. Y, tú, ¿cómo los sabes, Naruto?

—Hotaru me lo confió —ambos Uchihas intercambiaron una mirada— ¿Qué? ¿Qué pasa, ttebayo?

—Estas pasando mucho tiempo con el pequeño Hotaru, dobe.

— ¿Y, qué tiene de malo? Me agrada, le agradó, nos llevamos muy bien.

—Te estas encariñando muy rápido con ese niño.

— ¿Y eso qué? Ustedes tienen a Sarada, Sai e Ino tienen a Inojin, incluso Shikamaru tiene a Shikadai. ¿Por qué yo no puedo tener a Hotaru?

—Porque él no es tu hijo.

Naruto se levantó, les dio la espalda y salió de la casa.

— ¡Sasuke! —Le regaño Sakura, al ver que el Uchiha había tocado una fibra muy sensible en Naruto— ¿Cómo se te ocurre?

—Es la verdad. El dobe está pasando demasiado tiempo con ese niño y con la Hyuga y está descuidando sus responsabilidades como futuro hokage.

— ¿Y eso qué? Naruto puede hacer lo que le plazca.

—Sakura, pareces aún no comprenderlo pero Naruto no puede ir relacionándose con cualquier persona, en estos momentos la Hyuga está marcada no sólo por su clan sino también por la misma aldea y lo mejor para el dobe seria que no lo vean con ese tipo de compañías.

— ¿Lo dices porque Hinata es una madre soltera? ¿O por qué no tiene dinero?

—Vamos, Sakura no estas siendo razonable, sólo estoy viendo lo mejor para Naruto como futuro hokage. Lo cuido para que no se vea enredado en posibles tretas de la Hyuga.

— ¿Tretas? ¿De qué tretas estás hablando?

—La Hyuga es atractiva y puede utilizar sus encantos para atraer al dobe, si logra enredarlo, tendrá de nuevo su status social, dinero y por supuesto un padre para criar a su hijo.

—No puedo creer que digas eso, Sasuke.

—Sólo digo la verdad, Sakura y te pediría de favor que dejaras de alentarlo a acercarse a la Hyuga.

— ¡Eres un idiota, Sasuke Uchiha! —gritó Sakura irritada, sin creer lo que oía del Uchiha y tomando a su hija de los brazos del pelinegro, se encerró en su habitación, dando un fuerte portazo.

Naruto, mientras tanto caminaba con las manos en los bolsillos por la aldea. Se sentía tan irritado con Sasuke; y, ¿qué importaba si Hotaru no era su hijo? Le quería, Hotaru, le quería, lo tenía como su héroe, lo admiraba y siempre estaba tan feliz de verlo cuando llegaba a casa de Kurenai a visitarlo ¿y, él? También le quería, lo adoraba, le encanta cuando hacia esas preguntas tan directas y fuera de lugar o cuando entrenaba y daba su máximo esfuerzo por impresionarlo o cuando se abrazaba a Hinata cuando le daba sueño y le pedía que le cantara una nana, cuando hacían travesuras juntos irritando a Mirai, cuando le pedía con ojos resplandecientes que le contara de sus aventuras cuando era gennin, ¡diablos, como quería a ese niño!

— ¡Naruto-san! —Hotaru llegó corriendo hacia él y se aferró a sus piernas, escapando de Kurenai y Mirai— por favor, Naruto-san, ayúdeme, no deje que me lleven. Es una tortura.

— ¿Qué? —Naruto vio con sorpresa que las chicas antes mencionadas aparecían cargando sendas bolsas de mercado— ¿Qué es lo que pasa?

—No seas melodramático, Hotaru —le regaño Mirai al ver al niño aun aferrado a Naruto sin deseos de despegarse— sólo hemos demorado tres horas para comprar ropa.

—Bueno, pues para mí es una tortura horrible que no quiero repetir más — se volvió a Naruto con ojos suplicantes— Naruto-san, por favor, juegue conmigo hoy, le prometo portarme bien.

—Hotaru, no debes pegarte así a Naruto —dijo Kurenai con una gotita en la nuca, al ver que muchas personas se les quedaban mirando— además, debemos comprarte ropa nueva.

— ¡No, no, no!

—Hotaru, recuerda lo que Hinata dijo esta mañana.

El niño refunfuño.

—Dijo que me portara bien mientras no estaba.

— ¿Hinata no está en la aldea? —preguntó con sorpresa Naruto.

—No, se fue a una misión que le asignó el hokage—le informó Kurenai— Hinata dijo que no podía vivir en mi casa sin contribuir en nada, así que estas últimas semanas ha presionado al hokage a asignarle misiones incluso si estas fueran de rango D.

—Vaya, no lo sabía —miró al pobre Hotaru aún aferrado a sus piernas y le sonrió— ¿Por qué no me quedo cuidando a Hotaru mientras ustedes siguen de compras?

—Naruto no creo…—empezó a decir Kurenai.

—Para mí no es ningún problema, ttebayo —Hotaru le sonrió feliz—. Vamos, Kurenai-sensei, así le será más fácil comprar todo lo que necesite y Hotaru y yo pasaremos un día increíble.

—Sí, por favor, Kurenai-sensei, por favor —rogaba Hotaru, soltándose de Naruto y mirando a la pelinegra con ojos de cachorrito abandonado.

—Está bien —dijo Kurenai, al ver la alegría y entusiasmo del niño por pasar tiempo con Naruto.

— ¡Sí, sí! —saltaba Hotaru feliz. Pensando en todas las cosas que podrían hacer los dos juntos: pasear por la aldea, entrenar, comer ramen…

—Naruto —dijo Kurenai, llamando la atención del rubio— Hinata llegara en la noche, así que debes traerlo antes, ¿está bien? —el rubio asintió—. Ahhh, y que no coma nada de dulces.

—Ok, ttebayo —afirmó Naruto y sonriéndole a Hotaru, le preguntó: — ¿Listo para pasar el mejor día de tu vida?

— ¡Sí! —Naruto tomó la mano del niño y juntos se encaminaron a pasear por la villa.

—Espero no meterme en un problema con Hinata —suspiró Kurenai pero sonrió cuando vio a ambos: Naruto y Hotaru sonriéndose divertidos corriendo por las calles de Konoha. Bueno, eso valía la pena.

La noche cayó en la aldea de la Hoja y Naruto acompañado de Hotaru, estaba jugando cartas con sus clones en su departamento.

—Ah, volví a perder —dijo un clon con frustración, tirando sus cartas sobre la mesa.

—Yo también —dijo otro, jalándose los cabellos rubios.

—Entonces, yo ganó —celebró el Naruto real, exponiendo en la mesa todas sus cartas.

—No, no, yo ganó —dijo Hotaru poniendo sus cartas en la mesa, también. Los clones y Naruto miraron y efectivamente, el niño le había ganado al rubio. Los clones chillaron divertidos burlándose de Naruto y uno de ellos cargó al pequeño en sus hombros mientras el otro tiraba confeti y sacaba carteles de quién sabe dónde, con las siguientes frases: "Hotaru es el mejor, Naruto come tierra" "un niño de cinco años es más inteligente que el rubio cabeza hueca"

—Ya cállense, tontos —dijo Naruto con los brazos cruzados, pero con una sonrisa divertida. Le encanta ver que incluso sus propios clones adoraban al niño.

—Naruto-san, no se moleste —apaciguó Hotaru, bajando de los brazos del clon y corriendo hacia donde estaba sentado Naruto, pensando que el rubio se había enojado con él, por haberle ganado en el juego de las cartas.

El Uzumaki fingió molestarse con Hotaru pero no pudo hacerlo por mucho tiempo y le revolvió los cabellos, riendo.

—No estoy molesto contigo —miró a sus clones que silbaron distraídamente, haciéndose los desentendidos—. ¿Por qué mejor no disfrutas tu premio?

— ¿Qué es? ¿Qué es? —preguntó Hotaru con ansiedad.

Naruto se levantó y caminó hacia su cocina con Hotaru detrás de él. Movió algunas cosas de su alacena, revolviendo de aquí para allá hasta que lanzando un grito de júbilo sacó un tazón de ramen de edición limitada.

— ¡Ramen! —chilló Hotaru, feliz. Le había tomado mucho gusto al ramen desde que lo probó la primera vez en Ichiraku y cada vez que tenía oportunidad arrastraba a Hinata al puesto de comida a comerlo con él, sobre todo cuando Naruto se encontraba allí comiendo, también.

—Sí, delicioso y rico ramen de edición limitada, hechos solamente en Konoha —relató Naruto como si fuera un comercial y él, el presentador del ramen y los beneficios que éste te proporcionaba por consumirlo.

Ambos se sentaron en la mesa (acompañados de los dos clones) y probaron el delicioso ramen de Naruto, que lo había guardado para ocasiones especiales y que mejor ocasión que comerlo con Hotaru como compañía. Después de comer, siguieron conversando, riendo, jugando como lo habían hecho todo el día, sin darse cuenta del tiempo que corría y la hora de dormir de Hotaru se acercaba.

—Ahora regreso —dijo Naruto, dejando al niño al cuidado de sus clones que volvían a jugar a las cartas con Hotaru, a ver si podían ganarle esta vez. Naruto se metió a su habitación, justo en el momento, que alguien tocaba la puerta.

— ¡Yo voy! —Exclamó el clon más cercano a la puerta y corrió a abrirla, encontrándose con Hinata del otro lado, vistiendo sus ropas de misiones— hola, Hinata.

—Hola —dijo ella en un suspiro. Se le notaba cansada— Kurenai-sensei me dijo que Hotaru se quedó contigo.

— ¡Sí! —Exclamó— hemos jugado, hemos reído, incluso ya cenamos.

— ¿Ah, sí? —Preguntó Hinata, alzando una ceja— se escucha entretenido.

—Claro que si, ttebayo.

— ¡Shh! —apareció otro clon cargando a un dormido Hotaru— ¡que escandaloso eres! Hotaru está dormido. Hey, Hinata.

La ojiperla miró a uno y a otro y suspiró.

— ¿Bushin, no? —Ambos clones asintieron— ¿y el real dónde está?

Uno y otro se miraron y se alzaron de hombros.

—Dijo que ahora venía —dijo el clon que cargaba a Hotaru.

—Bueno, eso no importa. Debo llevarme a Hotaru, debe dormir, ¿podrías? —le dijo Hinata, alzando los brazos dispuesta a tomar al niño en sus brazos.

—Claro, ttebayo —el clon le entregó al niño, que dormido se aferró a los brazos de Hinata.

—Hey, Hinata —el verdadero Naruto apareció, trayendo consigo una pequeña tarjeta de cumpleaños pero se sorprendió de ver a Hotaru dormido— ¿se durmió? Pero si recién lo deje jugando.

—Debe haberse dormido de lo cansado que estaba —opinó Hinata, acariciando los cabellos negros del pequeño—. Gracias por cuidarlo. Kurenai-sensei me contó que te ofreciste a cuidarlo mientras ella estaba ocupada.

—Pues, de nada. Me agrada Hotaru y me gusta pasar tiempo con él —se rascó el cabello en gesto avergonzado y dándose cuenta de la tarjeta de cumpleaños que tenía en sus manos—. Es cierto, Sakura-chan me pidió que te entregará esto —dijo, extendiéndole la invitación— el primero de setiembre es el cumpleaños de Sarada-chan y me pidió que te avisara, últimamente está muy ocupada con la administración del hospital y el teme —bufó aún un tanto irritado con el pelinegro recordando su última conversación que tuvieron semanas atrás— esta de un lado a otro organizándolo todo para la fiesta de Sarada-chan.

—Gracias —dijo Hinata guardando la invitación en su portakunais— le avisaré a Hotaru cuando despierte, le gustan mucho las fiestas de cumpleaños. Gracias de nuevo por cuidarlo.

—Sí, de nada —Naruto se despidió agitando la mano, para despedirla.

Naruto y sus dos clones vieron a Hinata irse hasta que se perdió de vista, al caminar por las calles de Konoha.

—Vaya, Hinata se ve sexy con esa ropa de misiones —dijo un clon siendo apoyado por el otro, quién hizo un gesto afirmativo.

Naruto miró a ambos y de dos fuertes codazos los hizo desaparecer en una estela de humo.

—Par de pervertidos —dijo Naruto y riendo se metió a su casa.

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Esa mañana de primero de setiembre amaneció brillante y con un clima agradable. La luz del sol saludaba a todos los habitantes de Konoha y Naruto cargando un gran regalo en sus manos no podía estar más alegre. Adoraba a Sarada-chan, después de todo, él era el padrino de la pequeña. El propio Sasuke se lo había pedido, pocas horas después del nacimiento de la pequeña y Naruto emocionado había aceptado. A veces, se daba cuenta que por ello, no podía enfadarse con el Uchiha. Era un tipo a veces prejuicioso y de primera impresiones, un tanto cerrado pero era su mejor amigo, casi hermano…

—Hola cumpleañera —saludó Naruto con una amplia sonrisa y con un regalo en las manos para la pequeña Sarada, cuando llegó al parque de diversiones donde se realizaría la fiesta de cumpleaños de la pequeña Uchiha.

—Naruto, ¿Por qué has venido así? —le preguntó la pelirrosa, alzando una ceja.

— ¿Qué? ¿Qué tiene de malo? —preguntó el rubio viendo su yukata nueva.

—Se supone que vendríamos con ropa casual —le dijo Sakura suspirando.

— ¿Qué? Pero, el teme me dijo que…—una risa se escuchó de parte del pelinegro y Naruto se enojó— teme, me engañaste. Dijiste que sería una fiesta elegante.

—Yo no tengo la culpa que seas tan ingenuo, dobe.

— ¡Teme! —dijo Naruto con una venita hinchada en la frente y tomándolo de la camisa.

…pero le jodia cuando le tomaba el pelo y le dejaba en ridículo.

Sakura se tomó la cabeza.

— ¿Cuándo dejaran ustedes dos de pelear? —suspiró la señora Uchiha, fastidiada del comportamiento infantil y peleonero de su marido y su mejor amigo.

—Lamentamos la tardanza —dijo una suave voz, agitada y llamando la atención del rubio.

—Hina…—Naruto sonrió dispuesto a saludarla pero al mirarla se quedó embobado. Naruto estaba acostumbrado a ver a Hinata con sus ropas de entrenamiento, o ropas desgarbadas y sucias por el entrenamiento, pero allí viéndola vestida con ese hermoso kimono blanco con flores lilas y con el cabello suelto y brillante, se dio cuenta que nunca la había visto tan hermosa.

—Hola, Uzumaki —dijo Hinata de la mano de Hotaru y Mirai, sin darse cuenta de la mirada que le dirigía el rubio en ese momento— ¿Por qué somos los únicos que utilizamos yukata? —Continuó diciendo, mirando a los demás con ropas casuales— ¡Hey! —Chasqueó los dedos delante del rubio haciendo que éste reaccionará— ¿Por qué tienes esa cara tan rara? ¿Estas enfermo o algo? —preguntó alzando una ceja.

— ¿Cara? Yo no estoy poniendo ningún tipo de cara –se negó el rubio, volteando a otro lado, sin mirar directamente a Hinata y con un imperceptible sonrojo en la cara.

Click.

Naruto volteó y vio a Ino con una cámara en mano.

—Awww, ustedes se ven adorables —dijo la Yamanaka, con un aire soñador—. Me hacen recordar viejos tiempos, sólo que ahora es al revés.

Naruto enrojeció y Hinata parpadeó, desorientada.

— ¿Cómo? ¿Qué dice, Ino, ttebayo?

—Vamos, no te hagas el tonto, Naruto. Sé te nota en la cara.

— ¿A mí? Dices tonterías, Ino —dijo Naruto haciéndose el desentendido.

— ¿Por qué pelean, mamá? —preguntó Hotaru, curioso.

La ojiperla sin entender, se alzó de hombros y se alejó de los rubios que discutían, hasta llegar a la pelirrosa.

— ¡Feliz cumpleaños, Sarada-chan! —Dijo, entregándole su regalo a la niña— hoy te ves muy bonita.

—Gracias, Hinata —le respondió Sakura, sonriéndole— hola, Hotaru, ¿Cómo estás?

—Muy bien —dijo el niño sonriéndole— me encantan las fiestas de cumpleaños.

— ¿Y tú, Mirai? —preguntó la pelirrosa, mirando a la pequeña.

—Feliz, pero incomoda, no me gustan estas yukatas, —dijo Mirai, jalando su ropa con una cara de molestia.

—Bueno, yo creo que te ves muy bonita —Hinata le sonrió con gentileza a la pequeña—. Buenas tardes, Uchiha-san —agregó al ver a Sasuke acercándose hacia ellos.

—Hyuga —respondió con una inclinación de cabeza el pelinegro—. Sakura, recuerda que debemos comenzar con la fiesta.

—Oh, cierto. ¡Chicos, reúnanse! —Gritó Sakura llamando la atención de todos los invitados—. Solo quería agradecerles por haber asistido a este día tan especial para Sarada y disfruten todos los juegos que quieran, ¡son gratis!

Todos gritaron entusiasmados y corrieron y rieron a los juegos con sus pequeños hijos con ellos.

—Mamá debemos ir —dijo Hotaru a Hinata y viendo irse a los demás— quiero subirme a la montaña rusa, a los carritos chocones…

—Yo también —dijo Mirai, emocionada, mirando maravillada todos los juegos gratis para ellos.

—Lastimosamente no puedo —les respondió Hinata con pesadez.

— ¿Por qué?

—Por la ropa.

Entonces se dieron cuenta que sus ropas y sobre todo de Hinata serían muy inapropiados para subirse en aquellos juegos tan bruscos.

—Yo puedo hacerlo —opinó Hanabi, llegando al lugar.

— ¡Hanabi! —Hinata sonrió cuando vio a su hermana menor— ¿Cómo…?

—Sakura me invitó y yo no podía perderme a verte a ti y a mi sobrinito —esto último lo dijo sonriéndole a Hotaru, quien le devolvió la sonrisa.

—Pero, Hanabi, eso puede traerte problemas con el clan.

—Como si me importara —dijo Hanabi encogiéndose de hombros—. Bueno. ¿Quién quiere acompañarme?

— ¡Yo, yo, yo! —saltaron los niños y jalando a Hanabi ambos niños se perdieron en los juegos.

Hinata suspirando se dejó caer en una de las bancas del parque.

—Un poco de paz —dijo la ojiperla.

— ¡Hola, Hinata! —la voz estridente y alborotada de Naruto se escuchó y el rubio sonriendo se sentó a su lado.

—Creo que lo dije muy pronto.

—Uhhh —Naruto la miró— ¿dijiste algo, Hinata?

—No, nada, nada, Uzumaki.

—Uzumaki, Uzumaki —remedó Naruto en un feo sarcasmo— tengo nombre, ¿sabes? Y uno muy bonito, además.

—Sí, sí, claro —le respondió Hinata sin hacerle mucho caso.

—A ti no te molestaría que te dijera Hyuga a cada momento.

—No.

—Eres imposible, Hinata.

—Gracias —dijo Hinata con un rastro de diversión en la voz. Siempre le era muy divertido tomarle el pelo a Naruto, aunque éste ni siquiera parecía darse cuenta.

Naruto bufó, estaba perdiendo poco a poco la paciencia con Hinata.

—Vamos, repite conmigo, Na-ru-to —dijo el rubio parándose delante de la ojiperla.

—Te estas portando como un niño, Uzumaki.

—Uzumaki no, Naruto —Hinata puso los ojos en blanco, aburrida. Ya le estaba cansando ese jueguito.

— ¿Sabes? Mejor voy a ver a Hotaru, debe estar enloqueciendo a Hanabi —dijo Hinata parándose de la banca, también.

—Espera —dijo Naruto, pero tropezó con sus propios pies y para evitar su caída, intentó sostenerse de Hinata, haciéndole también caer a ella en el proceso. Ambos rodaron por una pequeña colina hasta caer en un lecho de flores de diversos y muy variados colores—. Auch, mi cabeza —Naruto se tomó la cabeza, ya que él fue el que recibió más daño al momento de la caída.

Hinata, quién cayó encima de Naruto, parpadeó repetidas veces, pero al mirarlo detenidamente, echó a reír con una suave y melodiosa risa.

—Mira tu cabello esta tan lleno de flores —dijo Hinata, acariciando con suavidad sus rubias hebras y quitándole una a una todas las flores que adornaban sus cabellos, con una sonrisa suave en el rostro.

Naruto, impactado, sólo pudo observarla: desde sus cabellos negro-azulados brillando con la luz del sol mientras se agitaban por la suave brisa que corría en ese instante, sus ojos perlas brillaban como nunca y una hermosa sonrisa adornaba su rostro y fue como si el tiempo se detuviera en ese instante, y solo pudiera ver a Hinata, mientras acariciaba sus cabellos, Hinata y sus dedos recorriendo sus mejillas, Hinata, tan bella con ese kimono que lo había impresionado, Hinata mirándolo fijamente y conectando sus miradas en ese pequeño momento único e íntimo.

Dicen que existe un momento, tal vez breve y de contados segundos, pero de gran trascendencia para el amor, donde esa persona, se vuelve "ESA PERSONA", la única, la inigualable, la especial para nosotras, la cual amaremos y por la cual sufriremos, la que nos dará las más increíbles alegrías y nos hará probar el más amargo de los sabores, por la cual entregaremos las mejores sonrisas y derramaremos las más tristes lágrimas.

Y para Naruto, ese fue ese momento. Ese momento mirando a Hinata sonriéndole, con las flores alrededor de ellos, encerrándolos en esa utopía única, especial, inigualable e incomparable.

Y, tal vez, si Naruto lo hubiera sabido se hubiera sentido asustado y temeroso, pero él no lo sabía, aún no lo sabía y ello hacía del amor la más dura y hermosa de las experiencias y la más grande de las aventuras que pudiera experimentar el ser humano.

—Hinata…—dijo Naruto en un suspiro y fue como si su voz rompiera aquella burbuja, porque Hinata parpadeó y al verlo de nuevo, dejo de acariciar sus cabellos y se alejó de él, como si quemará. Naruto, se sentó en el césped, con el corazón acelerado en el pecho y la miró, pero Hinata estaba dándole la espalda mientras se limpiaba las briznas de césped de su kimono. Estiró una mano e intentó acercarse hacia ella, pero Hinata se levantó de golpe, alejándolo sin darse cuenta.

—V-voy a ver a Hotaru —dijo sin voltear a verlo y sin más, desapareció entre las personas que visitaban el parque de diversiones.

Y, Naruto se quedó ahí, viéndola irse, mientras su corazón latía desbocado por la cercanía de Hinata y lentamente acarició sus cabellos, allí donde habida sentido los dedos de Hinata y suspiró, sintiéndose extrañamente feliz.

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—Quiero una foto de todos juntos para recordar este bello momento —anunció Ino, haciendo que todos se juntaran unos con otros, acomodándolos de aquí a allá y buscando una buena toma para que todos salieran en la foto—. Lee, no hagas poses ridículas, Tenten nada de armas. Sasuke-kun sonríe, por favor. Hinata…

— ¿Qué pasa conmigo? —preguntó la Hyuga sin entender, tenía a Hotaru y a Mirai tomados de la mano e incluso estaba sonriendo.

—No sé, falta algo…—dijo la rubia dudosa, haciendo como que pensaba. Entonces, Naruto que estaba apartado de los demás se posicionó al lado de la ojiperla y sin decirle nada, puso una mano sobre los hombros de la chica, abrazándola.

— ¿Así está bien? —preguntó Naruto sin mirar a Hinata.

—Perfecto —dijo Ino sonriendo y capturando el momento.

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— ¿Hinata? —Kurenai entró a la habitación de la ojiperla, buscándola, pero sólo encontró a Hotaru durmiendo tranquilamente. El bonito kimono que utilizó para el cumpleaños de Sarada estaba colgado en una percha, pero no había rastros de Hinata—. Otra vez, fuera ¿no? —se dijo la kunoichi especialista en genjutsu, preocupada por su alumna.

Mientras tanto, sentada en la cima de las cabezas de los hokages, una kunoichi de cabellos negros y ojos perlas, observaba la aldea en todo su esplendor.

— ¿Qué estoy haciendo? —Se preguntó Hinata, abrazando sus rodillas— ¿por qué regrese a Konoha? Todo está volviéndose más y más difícil de sobrellevar y mis sentimientos…—apretó su corazón—…nunca debí regresar, estoy desviándome de mi objetivo. Necesito encontrarlo, necesito matarlo antes que me atrape, antes que sepa que estoy aquí en Konoha, antes de que intenté destruir a la Alianza Shinobi —miró la luna y tomó una decisión—. No más distracciones, no más dudas, porque este es mi camino ninja. Y no voy a retroceder, nunca más.

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NOTAS:

¡Me encantó este capítulo!

Tuvo tan diversos y contradictorios momentos y sentimientos en cada uno de los personajes, pero sobre todo adore el momento Naruto—Hotaru y obviamente el momento NH, joder, casi me pongo a chillar al leerlo, esa es literalmente la mejor escena, hasta ahora, que me ha encantado escribir, sobre todo porque Naruto ya cayó en los encantos de Hinata, y ni cuenta se ha dado, jajajja.

Sobre Hiro:

Es la primera vez que creó un personaje no cannon para mi historia, sobre todo porque no me agrada para nada esa temática de hacer aparecer un personaje de la nada y que sea el centro del universo, perfecto y que enamoré al o la protagonista sin motivo aparente. (He leído varios en otros fandoms y ash, los detestó).Por eso, le di esa personalidad misteriosa y divertida a Hiro y aún a pesar que no se conoce nada de él, salvo su aparición en un recuerdo de Hinata y la mención muchas veces de su nombre y me sorprende que muchos de ustedes quieren conocerlo o saber más de él. Así que ya que aún no puedo revelar nada de él faltan muchos capítulos para saber todo de él y su relación con Hinata— les voy a dejar un pequeño databook de su vida. ¿Ok? Bueno, aquí va:

"Nanira Hiro, último miembro del clan Nanira procedente de la aldea de Kumo. Fue un hombre alegre y divertido con un pasado trágico: perdió a sus padres y hermanos en la cuarta guerra ninja, tenía 21 años cuando conoció a Hinata en aquella misión secreta, fue, es y será una inspiración constante en Hinata, que lo quiso mucho por apoyarla en todo momento, con sus últimas fuerzas protegió a Hinata y a Hotaru de un ataque que le quitó la vida."

Bueno, eso sólo todo lo que puedo decir hasta ahora de él, ahora ya no me lapiden, ¿ok?

Y bueno sin nada más que agregar, salvo decir que van a continuar los momentos NH, en el siguiente capítulo, XD, me despido. No sin antes dejarle un avance del siguiente capítulo:

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Naruto vio a Hinata parada en la puerta del salón y fue hacia ella, escapando de aquellas chicas.

—Acabo de revisar todo el perímetro de la aldea de Suna y la llegada de todos los invitados del Kazekage —informó Hinata cuando el Uzumaki llegó a su lado— Sai se quedó revisando el aire, por si sucede cualquier acontecimiento inesperado —fijo su atención en la ropa que tenía puesta el rubio y Naruto se sintió como aquellas jovencitas que esperaban la aprobación de sus novios por su vestido nuevo— esa ropa te queda bien —opinó Hinata después de un largo rato y Naruto sonrió, alegre. La verdad aunque muchas mujeres le habían alabado, diciéndole que se veía atractivo y todas esas cosas, la opinión de Hinata le pareció la más sincera hasta ahora, sobre todo porque Hinata no tenía ningún interés en alabarlo o lanzarse a sus brazos para conquistarlo.

Frunció el ceño ante ese último pensamiento.

—Vaya, parecen querer matarme —dijo Hinata por lo bajo.

— ¿A qué te refieres?

—A tus fans —dijo, divertida— supongo que no pueden soportar que no les prestes atención y pierdas el tiempo con tu escolta.

—Tú eres mi amiga, Hinata, y prefiero pasarme esta fiesta hablando contigo que escucharlas a ellas a hablar sobre sus vestidos —dijo Naruto con firmeza—. Además, yo no le hecho caso a ninguna de ellas. ¡De verdad! no estoy interesado en ninguna de ellas, no me gustan, para nada, ttebayo.

Hinata alzó una ceja.

—Yo no te estaba pidiendo explicaciones.

—Ahh, sí,…bueno…esto…—balbuceó Naruto, sin saber que decir. La verdad, ni siquiera él mismo sabía porque quería aclararle a Hinata que no estaba interesado en ninguna mujer.

Se sintió de repente muy nervioso y tomó un bocadillo de un mesero que pasaba por allí, Hinata por otro lado, parecía abstraída mirando a las parejas bailar y sin ningún motivo, se echó a reír.

— ¿Por qué te ríes?

—Yo sólo pensé en una estupidez —explicó Hinata y cuando sus miradas se encontraron, en las mejillas de Hinata aparecieron un ligero rubor.

Naruto desvió la mirada, rápidamente, sintiéndose acalorado y tratando de tranquilizarse, recorrió el lugar con la mirada. No sabía por qué pero últimamente cuando hablaba con Hinata, siempre terminaba muy nervioso.

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Cómo verán Naruto ha sido invitado por Gaara a asistir a una fiesta por su próximo nombramiento como hokage y el Uzumaki como futuro representante de Konoha debe asistir, allí le acompañan Sakura, Hinata y Sai, los dos últimos como escoltas del rubio y Sakura, quién también ha sido invitada por su prestigio como médico ninja. Las cosas se complican cuando Naruto escucha una reveladora y misteriosa conversación entre Hinata y Gaara y antes de poder pedir explicaciones, un misterioso hombre ataca la fiesta haciendo que todos vayan tras él, para atraparle.

Misterios, enredos, celos y batallas ninjas en:

"EN LA ALDEA DE LA ARENA".

Espero sus reviews.

¿ALGUIEN SE HA DADO CUENTA QUE HINATA NUNCA LE DICE A NARUTO POR SU NOMBRE?

AHÍ LES DEJO ESA PREGUNTA.