Disclaimer: Los personajes no los creé yo. Casi todo lo demás, sí que sí.
¡Y otro capítulo listo!
Como siempre, quiero agradecer a quienes han dejado reviews: Molita, Las Letras de Anna (¡me gusta tu nombre!), PalixianGirl y Proud Vegetable. Gracias por sus palabras y por seguir la historia. Por supuesto, también agradezco a quienes dejan en favoritos o siguen esta historia, e incluso a los que leen desde las sombras.
¡Espero que disfruten este capítulo!
Canción recomendada: "While my guitar gently weeps" de The Beatles.
Chocolate y café amargo
Capítulo 29
Cosas que debes saber
Jane abrió la puerta de la habitación que compartía con dos chicas más en el pequeño hotel londinense. Toda la compañía se alojaba ahí —la dueña era amiga de la administradora del grupo y les había hecho un precio especial—, y en esos momentos la mayoría estaban reunidas en otra habitación riendo y haciéndose faciales.
Ella había decidido ir a descansar un rato. Había pasado una tarde un tanto extraña. Bingley había ignorado por completo su mensaje en el que le decía que estaba en Londres. Pero su hermana, Caroline, no la había ignorado. Dos minutos después de que Jane le escribiera, había recibido un texto de la chica en la que le sugería que fueran a tomar un café cuando Jane tuviera un minuto libre.
Sin embargo, después de ese mensaje —que sonaba como a un compromiso vacío—, Jane no había recibido más respuesta. Caroline aparecía conectada y los mensajes eran marcados como leídos, pero no había respuesta.
Se quitó el elástico del pelo, tieso aún por el fijador que habían usado para la función de esa tarde. Siempre había odiado ese menjunje, pero era cierto que era importante que el cabello se mantuviera en su lugar mientras bailaban. Aunque quitárselo del cabello era una pesadilla de todas formas.
Sus compañeras seguirían con las demás por un rato, y podría aprovechar que tenía el baño —tan diminuto como la habitación, que apenas tenía espacio para las tres camas y un pequeño armario— para ella sola. Podía darse una buena ducha, sin nadie que la apresurara al otro lado de la puerta.
Pero antes de que pudiera tomar su toalla y encerrarse en él, su teléfono comenzó a sonar. Una foto de Lizzie le sonreía desde la pantalla.
—¿Lizzie? —contestó, sentándose sobre su cama.
—¿Estás ocupada? —Su hermana, al otro lado del teléfono, no sonaba del todo bien—. Si no puedes hablar, te llamo mañana.
—¿Pasa algo? —preguntó Jane, que se preocupó por el tono de la chica—. ¿Todo bien por allá?
—Sí, todo bien. Creo que estoy algo resfriada, pero creo que voy a sobrevivir. Sólo quería saber cómo estabas y cómo va todo en Londres.
Jane sonrió, aunque sabía que su hermana no podía verla. Subió las piernas a la cama, sentándose con las piernas cruzadas y apoyando la espalda en la pared.
—Bien, supongo. La función salió bien y tenemos cuatro más aquí antes de ir a Cambridge.
—Genial… —Su hermana parecía distraída, lo que era relativamente raro en ella—. Oye, ¿y has logrado hablar con Bingley?
Jane suspiró. Lizzie había sido la que le había sugerido que tratara de llamar a Bingley cuando estuviese en Londres, argumentando que seguramente él no sabía que ella iba a estar ahí. Seguro que si tenía la oportunidad de verla, todo saldría bien. En un principio, la mayor lo había considerado una buena idea, pero después de dos días en que sus mensajes no habían sido contestados, cada vez le parecía más descabellado.
—No, no me ha contestado los mensajes —admitió, bajando la mirada—. Pero Caroline me dijo que cuando tuviera un minuto libre, podemos ir a tomar un café o algo.
—¿Un café? ¿No te invitó a tomar té en el Savoy? Y yo que siempre había pensado que los Bingley tenían más clase que sólo citarte a un café. O que seguramente tienen su propia mesa ahí, o algo por el estilo.
—Muy graciosa, Lizzie. No creo que tenga mucho tiempo para ir a tomar té en un hotel —le recordó Jane
—Bueno, de todas formas, es bueno, ¿no? Si te ve, no es como que pueda evitar mencionarlo con su hermano o algo así. Quizás sirva para que Bingley… no sé, la verdad. No sé qué pensar acerca de él.
—¿Por qué dices eso? —Jane arrugó el ceño. Algo en el tono de su hermana la estaba inquietando mucho.
—No sé. Cada vez que pienso en cómo desapareció sin decir nada… no me gusta, la verdad —explicó Lizzie—. A lo mejor estaba equivocada y no tienes que contactarlo.
Jane suspiró. Ella misma se lo había preguntado muchas veces. Quizás lo mejor que podía hacer era olvidarse de él y seguir adelante. Después de todo, sólo había sido una relación que había fallado. Todo el mundo pasaba por esas cosas, ¿por qué ella no?
—¿Y después de Londres, van a Cambridge? —preguntó Lizzie, en un obvio intento de cambiar el tema—. Había un café al que íbamos cuando Oxford jugaba allá. Ahora no recuerdo el nombre, pero creo que estaba en Market Street. Unos eclairs maravillosos, si quieres una recomendación. Te puedo mandar el nombre cuando le pregunte a Charlotte, seguro que ella sabe.
—Vale, sería genial.
—Jane… —Lizzie parecía estar a punto de decirle algo importante.
—¿Sí?
—Cuídate, por favor.
—Tú también. Ese resfriado no suena bien.
—Estaré perfectamente sana cuando vuelvas. Palabra de honor.
—Más te vale, nunca he tenido madera de enfermera —bromeó Jane.
—Mentira, eres la mejor cuidadora de enfermos del universo. Preparas galletas con canela para los enfermos y tu sopa de pollo es perfecta —la halagó su hermana, riendo al otro lado de la línea. Pero no sonaba como la risa habitual de Lizzie. Había algo forzado en ella.
—Si tú lo dices.
—Buenas noches, tengo que escribir algo antes de que se me acabe el tiempo —se despidió la chica al otro lado de la línea. Jane musitó algo similar.
Ambas cortaron y Jane dejó su teléfono en la mesita de noche. Lizzie estaba escondiendo algo, aunque no se le ocurría qué podía ser. Después de todo, su hermana siempre había confiado en ella. No era normal esa actitud en ella. Quizás algo había pasado en Liverpool.
Suspirando, se levantó de la cama y se dirigió al baño. Sentía que necesitaba esa ducha mucho más después de la conversación con Lizzie. Y esperaba que nadie la interrumpiera. Estaba todo el día rodeada de gente y necesitaba de un rato a solas para despejar sus pensamientos.
-o-
Después de colgar con Jane, Lizzie se echó de espaldas en el sillón de la sala. Su computador estaba en la mesa frente a ella, con un documento en blanco abierto y mirándola con reproche. Las páginas en blanco eran lo peor.
Aún le quedaban dos días para la fecha límite, pero le gustaba tener tiempo para editar ella misma sus escritos. De esa forma podía discutirle de mejor manera al editor que intentara cortar sus piezas y argumentar por qué era importante mantener esos detalles. Aunque en este caso, la revista que le había solicitado un artículo —¡sobre la fábrica!— era bastante más importante que cualquiera donde hubiera escrito antes. Su editor era famoso y Lizzie se sentía un tanto intimidada por él. En parte, por eso también quería entregar algo que mostrara lo mejor de su trabajo.
Suspiró y se incorporó para coger su computador y sentarse a escribir de una vez por todas. Llevaba días pateando el momento de ponerse a escribir y se empezaba a sentir culpable por eso. Como cuando estudiaba y dejaba sus ensayos para el último momento, lo que se traducía en noches en blanco y estrés para sus compañeros de departamento.
Sin embargo, antes de que pudiera teclear la primera palabra, escuchó golpes en la puerta del departamento. Se quedó quieta, esperando que quien estuviera al otro lado —seguramente Charlotte o quizás Collins—, asumiera que el lugar estaba vacío y se fuera rápidamente. Un momento después, un sobre blanco apareció bajo la puerta, deslizándose sobre la madera del suelo. Y después, pasos que bajaban la escalera.
Lizzie se levantó de su asiento. El sobre era de papel común y corriente, pero la letra con la que estaba escrita su nombre —porque estaba dirigida a ella— era muy elegante. Como la de alguien al que lo obligaran a hacer caligrafía por años.
El remitente era Darcy.
—Y yo que pensaba que este tipo no podía ser más raro —bufó Lizzie para sus adentros, dejando la carta sobre el mesón de la cocina. No había nada que Darcy pudiera decirle que le fuera a importar más de un comino.
—Tengo que concentrarme en esto —se dijo, sentándose de nuevo con su computador en la falda.
Pero las palabras simplemente no querían salir de sus dedos. Y a cada momento le echaba miradas al sobre. Después de la escena del otro día, no se le ocurría por qué Darcy podía estar escribiéndole una carta.
Al final, la curiosidad fue más fuerte que ella. Cerró su computador y se acercó a la cocina. Sin ninguna delicadeza, rompió el sobre para extraer las hojas de papel en su interior.
—¿En qué minuto escribió tanto? —masculló. Tenía delante de sus ojos seis planas de papel, escritas con una letra cuidada y elegante. Se sentó en el sofá, sin empezar a leerlas aún. ¿Y si Darcy le decía cosas aún más desagradables que las que le había dicho la noche anterior? Lizzie no estaba segura de poder soportarlo.
Respiró hondo y empezó a leer.
«Elizabeth:
»No te preocupes, no pienso repetir las cosas que tanto te enfadaron la noche anterior. Pero ayer hiciste ciertas acusaciones acerca de mi carácter de las que tengo que defenderme. Seguramente estás pensando en quemar esta carta, o en deshacerte de ella. Te pido que no lo hagas. Después de acusarme de esa forma, lo menos que puedes hacer es darme una oportunidad de contarte mi lado de la historia.
Lizzie puso los ojos en blanco al leer eso, tentada de hacer precisamente lo que el joven le pedía que no hiciera. Pero su sentido de la justicia prevaleció, a pesar de la pésima opinión que mantenía acerca de Darcy y su pomposidad.
»Me acusaste de dos cosas, bastante diferentes. La primera fue haber separado a Jane y Bingley, ignorando los sentimientos de ambos. La segunda, haber arruinado la vida de Wickham. Claramente la segunda es mucho peor que la primera, pero voy a defenderme por orden.
»Bingley es enamoradizo. Lo conozco desde que éramos unos niños y siempre lo he visto siguiendo a una chica u otra. Apenas llegamos a Liverpool, fue muy obvio que estaba enamorado de Jane. Y ella parecía una chica amable, aunque lo era con todo el mundo. Nunca la vi con atenciones especiales hacia Charles. O hacia cualquier otro. Probablemente era su amabilidad natural. Sin embargo, una noche mientras iba al bar, me topé con ella besando a otro hombre en plena calle. Fue evidente entonces que sus sentimientos no estaban en el mismo lugar que mi amigo. Sumando a eso las cosas que había escuchado de su familia —de tu parte, principalmente—, decidí que era mejor para mi amigo alejarse de una mujer que no le convenía. Ni tú ni Jane mostraron nunca nada que no fuera un comportamiento adecuado —exceptuando lo que vi esa noche—, pero Bingley está acostumbrado a otro tipo de ambiente, por supuesto.
Lizzie soltó un resoplido. Aún no sabía a qué se refería Darcy con eso de haber visto a Jane con otro. Su hermana era la mujer más adorable del mundo, nunca haría algo así. A menos que… Lizzie se quedó helada. Darcy había visto lo que había pasado con Jane esa noche. El hombre era Roger.
No podía decirle a su hermana que Bingley había desaparecido precisamente por lo que le había pasado.
»Dices que tu hermana nunca habría hecho algo así, pero yo sólo estoy reportando lo que vi. Quizás deberías preguntarle a ella acerca de eso. De todas formas, mantengo que si separarlos fue tan fácil, es obvio que los sentimientos de Bingley no eran tan fuertes como todos creíamos.
»Respecto a Wickham, las cosas son un tanto más complicadas. Si bien nunca se ha caracterizado por su honestidad, lo cierto es que mezcla algo de verdad en sus historias. Efectivamente, los dos nos conocimos de pequeños. Su madre trabajaba como cuidadora de la mansión de verano de mis padre y Wickham y yo pasábamos los veranos juntos. Compartíamos el gusto por el fútbol y la música, no era raro que fuéramos buenos amigos. Mi hermana, Georgiana, lo adoraba por sobre todas las cosas. Siempre decía que era guapo y encantador. Supongo que era verdad.
»Debo reconocer que siempre me sentí celoso de algunos aspectos de su personalidad. Todo el mundo parecía quererlo, mientras que yo nunca he tenido facilidad para hacer amigos. Con los años, también, su personalidad se agrió. Era abusivo con los trabajadores del campo y se paseaba por ahí como si él fuera el dueño. Nos fuimos alejando, naturalmente.
»Hasta que ambos entramos a la Real Academia de Música. No esperaba encontrármelo ahí, pero aparentemente había logrado entrar y mi padre le estaba pagando los estudios, como un favor hacia sus padres. En esa época yo tenía una novia, Verónica. Nunca me gustó cómo él la miraba, como si fuera un caramelo que él quería. Después de dos años, ella me dejó por él. Y se llevó mi música con ella.
»Cuando se presentó por primera vez en Carter's, yo no lo podía creer. La canción que presentó fue una que yo mismo le había escrito a Verónica años atrás. La recuerdo perfectamente. Sigue siendo un descarado ladrón.
»Pero ese no fue su último intento por provocarme. Gracias a él, dejé la Academia y entré a Oxford a estudiar Leyes. Durante uno de esos veranos, me encontré a mi hermana llorando. Wickham la había convencido de acostarse con él y la había abandonado después, riéndose en su cara. Mi hermana tenía sólo diecisiete años, era una niña. Wickham la destrozó. Nunca la había visto llorar así, ella una chica adorable que confía en todo el mundo y él se aprovechó de eso. En ese momento fue cuando le dije a mi padre que tenía que dejar de financiarlo, de una forma u otra. No podía dejar que se metiera con mi familia y que se saliera con la suya. Por supuesto, ahora me culpa por su desgracia, aunque él se las haya buscado.
»Si quieres contrastar esta información, puedes preguntarle a Richard. Le he dicho que tú puedes hacerle todas las preguntas que quieras al respecto. Él te confirmará qué clase de persona es Wickham.
»Espero que hayas leído esto hasta el final, y te haya servido para obtener iluminación acerca de mi carácter. Entiendo si no deseas volver a hablarme, pero espero que al menos me des el beneficio de la duda.
»Saludos.
Firmaba «Fitzwilliam Darcy». Lizzie se quedó helada, sujetando las hojas de papel entre sus manos.
La noche anterior había creído tener las cosas muy claras.
Ahora, no tenía ni idea de qué pensar.
¡La carta, la carta! ¿Qué les pareció? Si quieren más detalles acerca de la vida de Darcy antes del fic, busquen "I Wanna Rock" en mi perfil. Son viñetas sobre su vida antes de llegar a Liverpool.
Otra cosa: ¡CONCURSO! Estamos llegando a los cien reviews, así que a la persona que deje el review 100, le escribiré un one shot a su elección. ¡Que empiecen los juegos del hambre... digo, los reviews!
Por lo demás, hoy tengo que irme a dormir temprano (mañana tengo que estar en pie a las 6 am para ir a ver a mis alumnos. Sí, se acabaron mis vacaciones). Hoy llueve en Santiago y es el clima perfecto para meterse en la cama y ver una serie. Hoy terminé "Call the Midwife" (muy buena, si les interesan los drama médicos ambientados en los cincuenta-sesenta y las historias de mujeres apoyando a mujeres) y vi el último capítulo de "Orphan Black" (ciencia ficción y acción, y personajes femeninos badass). Ahora tengo que decidir si seguir leyendo Outlander o ver algo de la segunda temporada de "The Paradise" (basada en una novela de Zola). En fin, la cosa es que me despido y me alejo de cualquier cosa donde pueda encontrarme spoilers de Game of Thrones.
¡Saludos y hasta el próximo capítulo!
Muselina
