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Los enigmas más difíciles y exasperantes por descubrir son aquellos donde las pistas han sido dadas y las respuestas están a simple vista, pero para poder darle sentido y resolverlos, sólo nos falta esa pequeña pero importante pieza de información que haga que todo encaje en su sitio y finalmente podamos descubrir cuál era todo el misterio.
¿No es así?
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CAPÍTULO 5:
En la Aldea de la Arena
Naruto suspiró.
—Otra vez —dijo Kakashi.
— ¿Ehhh? —El rubio lo miro— ¿otra vez, qué, Kakashi-sensei?
Ambos se encontraban en el despacho del peliplata revisando algunos pergaminos.
—Otra vez estas suspirando —le respondió el Hatake—. Llevas toda la mañana suspirando, Naruto. ¿Qué es lo que pasa?
—N-nada —se hizo el desentendido el rubio, mirando hacia otro lado. La verdad era que su mente estaba dispersa y se distraía con facilidad, pero es que no podía evitar recordar el momento cuando Hinata tocó sus cabellos con esa dulzura infinita y el momento cuando sus ojos se encontraron en ese prado lleno de flores.
Nunca antes había sentido el corazón tan acelerado, ese calor en el pecho y esas ansias de no sabía qué, pero que le gustaba.
Demasiado.
¡Diablos! ¡Quería ver a Hinata y decirle que…!
Kakashi alzó una ceja, escéptico.
— ¿Seguro?
—Claro que sí, Kakashi-sensei. No se esté imaginando cosas donde no las hay —trató de despistar al peliplata— "¿Decirle qué, exactamente?" —se preguntó Naruto, sintiéndose contrariado—. "¿Qué tocara de nuevo sus cabellos? ¿Qué lo volviera a mirar de esa forma? ¿Qué le permitiera a él también poder tocarla? ¿Qué le permitiera deslizar sus dedos por su hermoso cabello negro-azulado?"
—Bien, —Kakashi se estiró en su silla, tratando de estirar los músculos del cuerpo, sin darse cuenta que Naruto volvía a perderse en sus pensamientos— ya es hora de comer así que dejémoslo hasta aquí y después continuamos.
— ¡Excelente, ttebayo! —Naruto se levantó con entusiasmo de la mesa— ¡nos vemos después Kakashi-sensei! —sin escuchar la respuesta del otro, Naruto corrió a la salida sin voltear a ver a Kakashi.
El Hatake sólo sonrió y lo dejó irse.
—Ay, Naruto, eres un mal mentiroso —vio los documentos que el rubio supuestamente estuvo revisando y sólo vio garabatos y pequeñas letras "H", por doquier.
Naruto pasó corriendo por las calles de Konoha, pasando de Ichiraku Ramen, la tienda de Dangos y la barbacoa Q, pero al llegar a los terrenos de la casa de Kurenai desaceleró los pasos e hizo un paso tranquilo y relajado aunque por dentro se sentía ansioso.
—Ahh, Naruto, ¿cómo estás? —Le saludó Kurenai cuando respondió a su llamado en la puerta— ¿Buscas a Hotaru?
— ¿A Hotaru? —Preguntó con sorpresa— Ahhh, sí, sí, ¿esta?
—Claro, pasa. Estará feliz de verte.
—Gracias, ttebayo —respondió con una sonrisa y adentrándose a la casa, se sentó en un sillón mientras esperaba a que Kurenai llamara a Hotaru. Miró alrededor y ansioso, y un tanto nervioso, se pasó los dedos por los cabellos tratando de arreglarlos.
— ¡Naruto-san! —Hotaru llegó corriendo y abrazó al rubio— ¡Qué bueno que vino! ¡Estoy muy triste!
—Hey, campeón, hola —le sonrió el rubio— ¿Por qué dices que estas triste?
—Mirai —dijo como toda repuesta.
— ¿Has vuelto a pelear con ella? —le peguntó Naruto compresivo.
—Sí, —dijo el niño con pesar— nos peleamos, la hice llorar y ahora no quiere hablar conmigo.
—Entonces, debes pedirle disculpas y decirle que lo sientes.
—Lo sé, —dijo Hotaru mirando sus manos— pero no quiere abrirme la puerta.
—Hablaré con ella —prometió Kurenai, después de escuchar lo ocurrido y decidiendo ayudar, se fue a conversar con su hija.
Hotaru miró irse a Kurenai y se sentó al lado de Naruto, desanimado.
— ¿Y si no me perdona? —murmuró Hotaru, sintiéndose triste—. Mirai es mi amiga aunque siempre estemos peleando y pareciera que nos llevemos mal.
— ¿Podrías repetir lo último, Hotaru? —pidió Naruto sonriendo cuando vio a Mirai llegar a la pequeña sala con Kurenai a su lado.
—Mirai es mi amiga y mamá dice que los amigos son el tesoro más importante que podríamos llegar a tener en nuestras vidas, yo no quiero perder ese tesoro. No quiero perder mi amistad con Mirai.
— ¿De verdad, Hotaru? —preguntó Mirai, haciendo que Hotaru volteará hacia atrás y se sonrojará al ver a la Sarutobi. El niño sólo asintió y Mirai sonriendo, le abrazó—. Entonces, estas perdonado, vamos a jugar.
Hotaru sonrió y se dejó arrastrar por Mirai.
Naruto sonrió y con disimulo buscó a cierta ojiperla que deseaba encontrar y que aún no aparecía a saludarlo.
—Hinata no está —le informó Kurenai como si leyera la mente de Naruto.
— ¿Llegará después? —preguntó Naruto ansioso.
—En la noche —dijo Kurenai desinflando las esperanzas de Naruto por ver a la ojiperla— el Hokage le ha encomendado muchas misiones y estará muy ocupada estos días.
—Entiendo —dijo ahora Naruto sintiéndose desanimado.
Kurenai sonrió, enternecida.
—Te importa Hinata, ¿verdad? —Naruto dio un respingo con la pregunta de Kurenai y movió los hombros, en un extraño "sí" por parte de él— me alegra. Hinata necesita personas queridas a su alrededor.
— ¿Por qué lo dice, Kurenai-sensei? —preguntó el Uzumaki, mirando a la kunoichi de cabellos negros.
—Sólo es un presentimiento.
Naruto asintió y después de conversar un rato más con la kunoichi, regresó a la oficina de Kakashi.
—Bien, Naruto, que bueno que llegaste aún tenemos muchos pergaminos que revisar —el rubio se dejó caer sin ganas en su escritorio y murmuró un: "genial, ttebayo", Kakashi le miró y se sorprendió por el desánimo con el que el Uzumaki había regresado—. ¿Sucede algo, Naruto?
—No, nada —Naruto tomó un pergamino y se enfrascó en su lectura.
Pasaron los días y como Kurenai lo predijo, Hinata estuvo muy ocupada las tres semanas siguientes al cumpleaños de Sarada. Naruto no la podía ver en todo el día, ya que la ojiperla partía al amanecer y si tenía la fortuna de encontrarla sólo la podía ver muy entrada la noche cuando regresaba de sus misiones pero ella sólo lo saludaba con un escueto: "buenas noches" y seguía de largo a entregar sus reportes a Kakashi.
El propio Naruto no entendía esa creciente y repentina necesidad de estar cerca de Hinata todo el tiempo y conversar, entrenar o simplemente compartir un momento de silencio para reflexionar con ella como en los meses anteriores, después de su renovada amistad. Era como una burbuja que crecía lentamente en él, sustituyendo cualquier otro pensamiento coherente y sólo lo dejara pensar en Hinata, todo el tiempo. Kakashi se lo había hecho notar desde el primer día y él lo había negado tajantemente pero mientras corrían los días y luego las semanas, Naruto sintió que todas sus actividades anteriores (entrenar, asistir a las clases particulares de Kakashi, visitar a Sakura y Sasuke); eran aburridas, grises y sinsentido, y lo único que lo reconfortaba era estar con Hotaru: riendo, conversando, entrenando y a veces, a veces aunque él mismo no lo admitiera se quedaba con el niño hasta muy tarde, esperando ansiosamente que Hinata llegará a casa de Kurenai y pudiera tan siquiera conversar con ella por unos minutos. Pero Hinata no llegaba y él tenía que retirarse a su departamento sintiéndose desilusionado.
Pero, entonces llegaron también los sueños:
—Uzumaki —Hinata apareció en la ventana de su apartamento y lo vio a medio vestir con su pijama.
—Hinata —Naruto vio una mirada maliciosa de parte de la ojiperla haciéndolo temblar.
—Vaya, vaya parece que llegué en buen momento —Hinata se adentró a su habitación con descaro y caminando sensualmente hacia él, enredó sus brazos en su cuello y lo besó ferozmente y Naruto correspondió enredando sus dedos en sus cabellos negro-azulados y cuando las cosas parecían subir de nivel, él despertaba con una fuerte erección en los pantalones y sin Hinata a su lado.
Otras veces soñaba que estaban otra vez en ese prado lleno de flores y Hinata con él y esta vez podía besarla como deseo en ese momento, asustado por ese pensamiento despertaba agitado pero otras veces dejaba correr el sueño hasta quedar desnudos y jadeando.
Naruto al despertar se reprochaba por sus sueños y pensamientos sobre Hinata pero cuando llegaba la noche, él mismo invocaba esos pensamientos casi con necesidad.
A veces ni él mismo se entendía, la verdad.
Y así llegó Octubre, con un Naruto confundido por sus pensamientos y sus sentimientos, que parecían no querer coordinar ni llegar a un acuerdo.
—Naruto —le llamó Kakashi llamando la atención del rubio, quién fingía leer un pergamino dado por el peliplata, pero en realidad trataba, sin éxito, de apartar de su mente un sueño muy sensual que había protagonizado con Hinata, la noche anterior— ¡Naruto! —gritó el Hatake golpeando la cabeza rubia del chico para que le prestara atención.
— ¡Ite! Kakashi-sensei, ¿por qué me golpeó? —exclamó adolorido Naruto.
—Te he estado llamando desde hace mucho y no me contestabas, ¿en qué pensabas?
— ¿Yo? E-en nada —dijo el rubio virando la vista. Kakashi lo miró pero lo dejo pasar.
—Bien, no importa en lo que pensabas —Naruto soltó un suspiro de alivio—. Gaara ha mandado una carta.
— ¿Gaara? —Naruto sonrió contento, el pelirrojo era un amigo muy importante para él— ¿qué ha dicho?
—Va a realizar una fiesta en su aldea por tu futuro nombramiento como Hokage —Naruto dibujo una mueca de fastidio en sus rostro. Le agradaba Gaara y quería visitarlo pero detestaba esas fiestas importantes, llena de personas interesadas y aduladoras, que lamentablemente asistían a dichas celebraciones—. Ya sé, Naruto, que has evitado asistir a ese tipo de reuniones desde que fuiste elegido como futuro hokage pero asistir a esta fiesta hará que los líderes de otras aldeas vean la unidad que existe entre Konoha y Suna y que la Alianza Shinobi está más unida que nunca.
—Entonces, vas a obligarme a asistir para un acto de politiquería barato —murmuró Naruto fastidiado.
Kakashi suspiró.
— ¿Sabes, Naruto? —Dijo el peliplata, sentándose en su escritorio—. Ser hokage no es tan simple como tú crees, y no consiste en sólo leer pergaminos y entregar misiones a tus subordinados o caminar por las calles de Konoha para tener el respeto de los habitantes. Es un puesto pesado, duro y muchas veces difícil de sobrellevar. Muchas veces, la política como tu tan desdeñosamente dices ha salvado a innumerables aldeas, ha fortalecido alianzas y evitado guerras. Y lo quieras o no, ser hokage es ser parte de ello: de reuniones, de fiestas, de tener contactos con personas importantes. De rodearte de un mundo lleno de máscaras, traiciones y peligros. De tomar decisiones difíciles para mantener la paz y la estabilidad que deseas, y que en un futuro pueden pesarte más de lo que crees.
— ¿Por qué lo dice, Kakashi-sensei? —preguntó suspicaz el rubio, mirándolo.
—Lo entenderás en el futuro, Naruto. Entonces, ¿asistirás? —El rubio aceptó resignado, después de todo y aunque no lo quisiera Kakashi tenía razón, ser hokage era tomar responsabilidades no sólo con tu aldea sino con las aldeas aliadas—. Bien, Sakura también ha sido invitada por ser reconocida como una gran médico ninja…—Naruto se alegró al menos no se aburriría tanto—…y Sai y Hinata serán sus escoltas.
—H-Hinata irá —tartamudeó ligeramente Naruto, viendo a Kakashi.
— ¿Hay algún problema?
— ¿P-problema?, ninguno ttebayo. Para nada, —rió tratando de aligerar su creciente nervioso y ansiedad— ¿Cuándo será la fiesta?
—En cinco días —anunció Kakashi— pero partirán mañana para que no lleguen con retraso.
—Claro, claro —dijo Naruto— suena bien, ttebayo —el rubio se concentró en los pergaminos de su escritorio tratando de parecer tranquilo pero por dentro chillaba de emoción. ¡Al fin, podría pasar tiempo con Hinata! Estaba lleno de entusiasmo y de nerviosismo.
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—Dijiste que llegarías temprano, Kiba —dijo Hinata volteando hacia atrás, lista para quejarse por la demora a su compañero de equipo, pero encontró a otra persona muy diferente a la esperada—. Uchiha-san —dijo Hinata ligeramente sorprendida.
—Hyuga —dijo Sasuke caminando hacia la chica con gesto serio.
Ambos se hicieron reverencias en señal de respeto.
Aunque Hinata no conocía muy bien al Uchiha pudo darse cuenta que éste la medía con la mirada en un gesto que había visto muchas veces en su padre para intimidarla. Y tal vez, si hubiera sido la otra Hinata, habría salido corriendo o se hubiera intimidado pero esta Hinata era diferente y sostuvo su mirada con valentía.
— ¿Estas saliendo con el dobe? —clara y directa fue la pregunta del Uchiha hacia la ojiperla.
Hinata, por otro lado, parpadeó sorprendida.
— ¿Disculpa? —musitó, sin saber si había escuchado bien la pregunta.
—No lo voy a repetir —Sasuke la miró, estudiándola con la mirada— así que responde.
—No entiendo qué clase de preguntas son esas de parte de una persona que ni siquiera conozco —replicó Hinata sin intimidarse por la actitud del pelinegro.
—No te hagas la lista, Hyuga y responde. ¿Tienes alguna relación con el dobe?
—No —replicó Hinata irritada— y no sé porque se te ha metido esa idea en la cabeza, Uchiha.
—Sólo lo hago porque muchas personas lo han visto entrar a tu casa.
—Es la casa de Kurenai-sensei y no estamos solos. Además, él sólo visita a Hotaru.
—Deberías recordar que Naruto va a volverse muy pronto hokage y no puede verse relacionado con mujeres como tú.
— ¿Como yo? —Repitió Hinata, con una mueca— ¿con un hijo sin padre, desterrada de su clan y sin ningún centavo? Eso dices.
—Tú lo has dicho, no yo —dijo Sasuke mirándola— no puedo permitir que mi mejor amigo dañe su reputación por estar enredándose contigo y dañe su sueño de convertirse en hokage.
—No me hagas reír, Uchiha —Hinata lo miró con burla—. Ahora quieres hacerte el buen amigo, después de haberte largado por tres años, volverte un renegado de la aldea y encima casi matar a tus compañeros de equipo que casualmente ahora son tu esposa y tu mejor amigo. ¿Sabes? A veces, me pregunto por qué Sakura-san decidió formar una familia contigo. O, ¿por qué Uzumaki te tiene en alta estima? Sólo has sido un hombre marcado por sus pecados, cometiendo error tras error en su vida.
— ¡Tú no conoces mi vida, Hyuga!
—Y tú no conoces la mía, Uchiha —le increpó Hinata sin perder la calma— así que no trates de juzgarme por hechos que ni siquiera conoces. Ahora, retírate que espero a mi compañero de equipo para entrenar y no deseo perder mi tiempo con conversaciones absurdas.
—No me provoques, Hyuga, porque sé que escondes algo y para mí sería muy fácil averiguarlo. Después de todo soy el capitán del escuadrón de Ambus bajó la protección del hokage.
Hinata sonrió.
—Anda ve entonces, búscalo, averígualo. Pero si lo haces ten esto presente: tal vez lo que halles no sea de tu agrado y tal vez encuentres más de lo que puedas comprender y también notarás lo peligrosa que puedo llegar a ser si me provocan.
— ¿Es una amenaza?
—Tómalo como quieras, Uchiha —dijo Hinata dándole la espalda—. Ahhh, y quédate tranquilo porque entre Uzumaki y yo no hay nada y nunca lo habrá, eso te lo aseguro —Sasuke la miró y se retiró echando chispas. El gesto duro de Hinata cambió y vio al pelinegro irse—. ¿Quién hubiera creído que Sasuke Uchiha tuviera tan fuertes sentimientos por su amistad con Uzumaki, al punto de amenazarme? —Se preguntó Hinata en voz alta—. Aunque, ¿quién puede culparlo? No entiende nada de lo que ocurre y me ve como una posible amenaza para su amigo y él sólo intenta protegerlo. Me preguntó qué pensará si se enterará que yo hice lo mismo por Sakura-san en el pasado o que la familia que tiene ahora no hubiera existido sin mi intervención —La ojiperla se sentó en una roca, esperando a Kiba— supongo, que "el hubiera" ya no existe en estos momentos y sólo existen los hechos y el peso de las propias decisiones tomadas, ¿verdad, Hiro? —Miró el cielo con una sonrisa—. Al menos, era lo que siempre me decías para tratar de reconfortarme. Y sí, tal vez no te gusten mis decisiones y deseas que pida ayuda al hokage pero no deseo que más personas salgan lastimadas por mi culpa como en el pasado, como ocurrió contigo por mis propios errores. Verte morir fue lo más insoportable que me pasó en la vida, porque fuiste el segundo hombre que murió por mi culpa y nunca pude perdonármelo. ¿Morir? Nahhh, no tengo miedo a morir, ese es un hecho que he asimilado desde que tomé parte en esta misión. Pero, no te preocupes, cumpliré mi promesa y protegeré a Hotaru, después de todo fue por eso que vine a Konoha y me he quedado todo este tiempo, he logrado que Hotaru amé esta aldea como la suya propia y sé que si algo me sucede, existirán personas que estarán con él para apoyarlo y no dejarlo solo —una cabellera rubia y unos ojos azules aparecieron en su mente— sé que ÉL no lo dejara rendirse y permanecerá a su lado para quererlo. ¿Cómo lo sé? Porque lo he visto, he visto la manera en que está a su lado y le prodiga toda su atención a Hotaru, y Hotaru lo adora como su máximo héroe. Vamos, no te pongas celoso, que fue por ti que Hotaru, supo su nombre, no es mi culpa—Hinata suspiró—. ¿Sabes, Hiro? Creo que estoy un poco loca, ¿no? te estoy hablando como si aún estuvieras vivo y pudieras escucharme y darme consejos como en el pasado o tal vez, sólo estoy cansada de guardarme todo en mi interior y quiero desahogarme un poco. ¿Dices que es lo primero? Ja, yo también creo lo mismo. Pero, carambas que Kiba no va llegar nunca y mañana tengo una misión. ¿A dónde dices? A Suna, por supuesto, a una fiesta del Kazekage. Claro, al hogar de Hitomi.
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Naruto cerró la puerta de su apartamento y con mochila en mano, salió corriendo por las calles de Konoha hasta la entrada de la aldea donde Sakura, Sai y Hinata lo esperaban para partir a Suna.
Sakura estaba con Sasuke y Sarada despidiéndose, Sai estaba con Ino e Inojin e incluso Hinata estaba con Hotaru, Kurenai y Mirai charlando. Algo en Naruto se sintió pesado en su interior viendo a las familias despidiendo a sus seres queridos pero sólo fue por un segundo porque Hotaru percatándose de su llegada, chilló su nombre, llamando la atención de todos.
— ¡Naruto-san! —el niño corrió a su encuentro y lo bombardeó a preguntas, que el rubio apenas podía contestar. Parecía, emocionado por su viaje a Suna, ya que le pedía que le trajera muchos recuerdos de la calurosa y arenosa aldea, además que le trajera un autógrafo del Kazekage e incluso una botella llena de arena de la ciudad.
—Hotaru, por favor. Tantas peticiones van a marear a Uzumaki —dijo Hinata llegando hasta Naruto y sonriéndole a modo de disculpa. Naruto se sonrojó ligeramente y desvió la mirada. Era la primera vez desde la fiesta de Sarada que se veían y conversaban.
—No importa, no es nada, ttebayo —dijo Naruto aun no mirándola fijamente. Hinata le miró sin entender y se encogió de hombros, restándole importancia.
—Naruto, Hinata, ya debemos partir —les avisó Sakura, entregándole a Sarada a su padre.
Ambos asintieron.
—Hotaru —llamó Hinata arrodillándose en el suelo para quedar a la altura del niño—. Cuídate mucho, ¿está bien? —El niño asintió— y hazle caso en todo lo que te diga Kurenai-sensei, ¿de acuerdo? —Hotaru repitió el gesto— ahora dame un abrazo—dijo Hinata abriendo los brazos, Hotaru sonrió y saltó a los brazos de la ojiperla, dándole un apretado abrazo.
Naruto, quien veía la escena se llenó de una mezcla de envidia y ternura, al observar el cariño y amor que le prodigaba siempre Hinata al pequeño Hotaru.
Hinata se apartó y Hotaru corrió hacia Naruto y le dio un sorpresivo abrazo al rubio quien cayó al suelo por la sorpresa con el niño en sus brazos, riendo divertido. Hinata negó, sonriendo, mientras se acercaba a Mirai y a Kurenai para despedirse y rogarles que cuidaran a Hotaru y evitar que éste se metiera en problemas ahora que no iba a estar en la aldea.
—Naruto-san, ¿podría pedirle un favor? —murmuró Hotaru, ya parado y con ambos pies en el suelo, sacudiéndose la ropa llena de polvo.
— ¿Quieres que te traiga otro recuerdo de Suna? —Preguntó Naruto sonriendo, pero Hotaru negó y puso una mirada seria, sorprendiendo al Uzumaki— ¿Qué es lo que pasa?
—Cuide a mi madre, Naruto-san.
— ¿A, Hinata? —Exclamó Naruto, volviendo su atención a la ojiperla, que seguía conversando con Kurenai y Mirai— ¿Por qué me pides eso?
El niño negó.
—Por favor, Naruto-san, prométame que la va a cuidar.
—Pero, Hotaru, ¿por qué tienes miedo que algo pueda pasarle a Hinata?
—Yo…no sé —el niño le miró suplicante— por favor, sólo prométalo.
—Está bien, Hotaru, te lo prometo —el niño sonrió.
—Gracias, Naruto-san.
— ¡Naruto! —Gritó Sakura—. Ya vámonos.
— ¡Voy! —Se volvió al niño—. Nos vemos después, Hotaru.
El niño asintió y desde la entrada de la aldea, despidió a Naruto y a Hinata en una misión que sería demasiado reveladora para el Uzumaki, en más de un sentido.
No hay demasiadas cosas que contar respecto al viaje que hicieron los cuatro ninjas de Konoha. Salvo, tal vez, la actitud tan curiosa que adoptó Naruto en todo el viaje hacia Suna: caminaba a lado de Hinata todo el tiempo cuando lo más apropiado era que la ojiperla fuera delante de los demás y evitara posibles peligros en el camino con su privilegiado Byakugan, se posicionaba delante de Hinata si escuchaba un ruido extraño tratando de protegerla cuando se suponía que era Hinata su escolta y ese era su trabajo, era el primero que le entregaba su cantimplora con agua cuando paraban a descansar y la veía cansada o sedienta, la Hyuga tuvo que recordarle muchas veces que ella cargaba su propia cantimplora con agua.
— ¿Sabes, Uzumaki? —Le dijo Hinata, la segunda noche del viaje que realizaban— sino te conociera bien diría que estas intentando cortejarme —Naruto se atoró con el ramen que comía en ese momento. Pero, Hinata siguió hablando sin darse cuenta del nerviosismo del chico— es bueno saber que te conozco, ¿no? —le sonrió ella con una sonrisa divertida—. Haré la primera guardia —se ofreció terminando de cenar y levantándose del círculo que habían hecho los cuatro ninjas.
Sakura asintió.
—Tienes la cara roja, Naruto —le dice Sai, sonriendo, cuando Hinata desapareció.
—No es cierto —niega Naruto, abochornado.
—Ahora está peor.
— ¡Cállate, Sai!
Sakura sólo sonríe, mirando a Naruto pelear con Sai, vuelve la vista hacia el camino que tomó la ojiperla y sonríe feliz por su amigo, nunca le ha gustado verlo solo y Hinata era una buena chica para su amigo.
Su llegada a Suna fue realmente un acontecimiento importante, Gaara y la aldea entera los esperaban cuando llegaron, dándoles una cálida bienvenida. El Uzumaki se sorprendió y avergonzado pasó saludando a todas las personas que le veían tratando de no parecer grosero. Rápidamente, Gaara los condujo a su despacho y les informó sobre la fiesta que se realizaría en una importante edificación de Suna a la cual fueron invitadas diversas autoridades y personas importantes de su aldea y de sus alrededores.
Sai, quién era el líder del grupo, dispuso que él y Hinata al ser escoltas debían revisar el perímetro del lugar y salvaguardar la seguridad del edificio donde se realizaría la fiesta, mientras que Naruto junto a Sakura quienes eran invitados, debían alistarse con ropas de gala para asistir con distinción al ser representantes de Konoha.
Y así fue como Naruto pasó una hora frente a un espejo vistiendo con una lujosa, cara y calurosa yukata celeste, con un cinturón azul y con el cabello rubio mojado para asistir a una fiesta que no quería ir. Toda la fiesta se la pasó al lado de Sakura y Gaara, pero la pelirrosa fue secuestrada por algunas mujeres médicos ninjas que deseaban saber más de sus avances médicos en Konoha y el pelirrojo, al ser el anfitrión de la fiesta tuvo que dejarlo para atender a sus demás invitados. Entonces, el pobre Naruto se vio rodeado de un grupo de jovencitas, quienes le empezaron a abordar con diferentes interrogantes, poniendo nervioso al Uzumaki.
Naruto no era Sasuke y aunque era consciente de su propia fama, no sabía lidiar con "ese tipo de atención" de parte de las mujeres.
Naruto vio a Hinata parada en la puerta del salón y fue hacia ella, escapando de aquellas chicas.
—Acabo de revisar todo el perímetro de la aldea de Suna y la llegada de todos los invitados del Kazekage —informó Hinata cuando el Uzumaki llegó a su lado— Sai se quedó revisando el aire, por si sucede cualquier acontecimiento inesperado —fijo su atención en la ropa que tenía puesta el rubio y Naruto se sintió como aquellas jovencitas que esperaban la aprobación de sus novios por su vestido nuevo— esa ropa te queda bien —opinó Hinata después de un largo rato y Naruto sonrió, alegre. La verdad aunque muchas mujeres le habían alabado, diciéndole que se veía atractivo y todas esas cosas, la opinión de Hinata le pareció la más sincera hasta ahora, sobre todo porque Hinata no tenía ningún interés en alabarlo o lanzarse a sus brazos para conquistarlo.
Frunció el ceño ante ese último pensamiento.
—Vaya, parecen querer matarme —dijo Hinata por lo bajo.
— ¿A qué te refieres?
—A tus fans —dijo, divertida— supongo que no pueden soportar que no les prestes atención y pierdas el tiempo con tu escolta.
—Tú eres mi amiga, Hinata, y prefiero pasarme esta fiesta hablando contigo que escucharlas a ellas a hablar sobre sus vestidos —dijo Naruto con firmeza—. Además, yo no le hecho caso a ninguna de ellas. ¡De verdad! no estoy interesado en ninguna de ellas, no me gustan, para nada, ttebayo.
Hinata alzó una ceja.
—Yo no te estaba pidiendo explicaciones.
—Ahh, sí,…bueno…esto…—balbuceó Naruto, sin saber que decir. La verdad, ni siquiera él mismo sabía porque quería aclararle a Hinata que no estaba interesado en ninguna mujer.
Se sintió de repente muy nervioso y tomó un bocadillo de un mesero que pasaba por allí, Hinata por otro lado, parecía abstraída mirando a las parejas bailar y sin ningún motivo, se echó a reír.
— ¿Por qué te ríes?
—Yo sólo pensé en una estupidez —explicó Hinata y cuando sus miradas se encontraron, en las mejillas de Hinata aparecieron un ligero rubor.
Naruto desvió la mirada, rápidamente, sintiéndose acalorado y tratando de tranquilizarse, recorrió el lugar con la mirada. No sabía por qué pero últimamente cuando hablaba con Hinata, siempre terminaba muy nervioso. De reojo, miró a la ojiperla, ésta había dejado de mirarlo y ahora le prestaba atención al baile que se desarrollaba. Pero se dio cuenta que no era el único que la observaba, un grupo de hombres importantes de Suna también la miraban y aún a pesar que Hinata seguía manteniendo sus ropas de misión, y no utilizaba esos trajes y kimonos tan bellos como las demás chicas, llamaba muchísima la atención por su belleza natural.
Apretando las manos se volvió a Hinata, dispuesto a invitarla a bailar y alejar a esos idiotas que la miraban.
— ¡Naruto-san! —ambos voltearon con el llamado y vieron a una hermosa mujer de cabellos marrones y ojos azules, acercándose hacia ellos.
—Eh, hola, Saijou —respondió el rubio, ligeramente nervioso. Esa mujer se le había insinuado un sinnúmero de veces cada vez que había llegado a Suna para visitar a Gaara.
— ¡Me alegra verlo tanto, Naruto-san! —Exclamó la chica, tomando atrevidamente el brazo de Naruto y hablándole con sensualidad— ese traje le queda perfecto y le hace resaltar sus bellos ojos azules.
—Ah…sí…esto…gracias —Naruto miró de reojo a Hinata, pero la ojiperla había desviado el rostro y no podía verle la expresión que había puesto.
— ¿Quisiera bailar conmigo, Naruto-san? —preguntó Saijou, recorriendo el brazo del rubio con sus dedos.
—Yo…bueno…
—Sería bueno que lo hicieras —respondió Hinata por él, aún sin verlo y más interesada en mirar a los invitados que hablaban unos con otros, mientras reían y charlaban— se supone que eres representante de Konoha y debes "brillar" en este evento. Ya que después de todo muy pronto vas a hacer hokage y debes acostumbrarte a ser el centro de atención.
Naruto, que iba a negarse a bailar con Saijou, frunció el ceño molesto, ante la manera tan fría y desinteresada de Hinata para que bailara con alguien más. Casi como si no le importará lo que sucediera con él o si estaba con alguna mujer.
—Vamos, Saijou, vamos a bailar —dijo el Uzumaki irritado y llevándose a la chica al centro de la pista.
Ambos: Naruto y Saijou empezaron a bailar a la vista de todo el mundo, mientras Hinata, con los brazos cruzados, miraba toda la escena. Naruto dio una vuelta con la chica en sus brazos mientras observaba a la ojiperla como desafiándole a que se acercará pero Hinata lejos de hacerlo, sólo se quedó ahí al borde de la pista de baile, con un aire resignado.
—Naruto-san —Saijou miró con aprensión la mirada enojada e irritada del rubio— ¿sucede algo malo?
—Eh, ¿qué? —Naruto miró a la chica con la cual bailaba, parpadeando.
— ¿Sucede algo malo? —Volvió a preguntar— parece molesto.
—Yo…—vio a Hinata siendo rodeada por algunos hombres e inconscientemente apretó los brazos de Saijou, sintiéndose celoso. Entonces, la ojiperla pareció decir algo que no logró escuchar por la distancia pero que hizo que todos los hombres escaparan de su presencia. Gaara, cercano a la chica se acercó y le dijo un par de palabras pero Hinata sacudió la cabeza y sin más se alejó del lugar, saliendo por la misma puerta por la cual había entrado, seguida por Gaara—. Debo irme —dijo alejándose de la chica y dejándola en el centro de la pista de baile, siguiendo a Gaara y a Hinata.
Mientras caminaba por el lugar buscando al pelirrojo y a la ojiperla, Naruto se preguntaba, ¿por qué había decidido bailar con Saijou en primer lugar? Saijou no le desagradaba ni nada pero tampoco la veía de una forma romántica, si era sincero consigo mismo. Pero se sintió tan molesto con Hinata al ver la indiferencia con la que lo arrojo a los brazos de aquella chica y con una especie de orgullo herido, le pidió a Saijou bailar. Acaso, ¿quería darle celos a Hinata con esa chica? Negó, revolviéndose los cabellos. Podía ser un ninja decidido, valiente y buen combatiente pero con respecto a los sentimientos, él era un caso perdido.
—…tal vez no, pero es lo suficiente arriesgado para peligrar tu vida —se escuchó la voz de Gaara desde un pasillo, haciendo que Naruto se detuviera y se apoyará a una pared contigua a aquel pasillo, lo suficientemente grande para espiar y mirar a las dos personas que conversaban ahí pero lo suficientemente pequeño para no ser visto.
—No tengo miedo a morir si es eso lo que te preocupa, Kazekage —escuchó Naruto decir a Hinata. El Uzumaki sorprendido sacó ligeramente la cabeza y la miró: Hinata estaba apoyada en el marco de una ventana sonriendo ligeramente a Gaara que estaba apoyado al otro lado del pasillo— lo tengo asumido desde hace mucho tiempo. Siete años con exactitud —Naruto estaba sorprendido no solo por lo que escuchaba sino por la forma como lo decía Hinata, sin miedo o tristeza sino que casi con resignación.
— ¿Y Hotaru? Has pensado en él y en lo que le pasara si algo te sucede, se quedara solo.
—He criado a Hotaru para que sea lo suficientemente fuerte para asumir cualquier eventualidad.
—Hinata —Gaara se notaba molesto, por la tranquilidad con la que la Hyuga lo decía— sólo tiene cinco años y ha perdido a muchas personas en su vida para perderte a ti también.
— ¡¿Y crees que no lo sé?! —exclamo Hinata con enojo, apretando los puños con fuerza— ¿crees que no lo he pensado? Ese ha sido el único motivo por el que no me fui de Konoha en primer lugar. Pero, sino hago algo, muchas cosas van a ocurrir: se perderán muchas vidas inocentes, Konoha se verá envuelto en una guerra, la Alianza Shinobi puede decaer por la desconfianza que pueden suscitarse entre las aldeas. Si saben que Konoha escondió información, si saben lo que ocurrió y lo que Konoha hizo o mejor dicho no hizo…—resopló y se tomó la frente—…necesito detenerlo, matarlo si es necesario para terminar con todo esto y darle a Hotaru un mundo donde no se esté escondiendo y tema por su vida cada cinco segundos por estar conmigo.
—Pero tú sola…
—Es mi carga, mi responsabilidad, mi misión y mi deber como ninja. Nadie más que yo debe involucrarse en esto. Ese es el camino ninja que he elegido desde hace mucho tiempo —le dio la espalda al pelirrojo mirando el paisaje a través de la ventana.
— ¿Sabes? Estoy escuchándote hablar de tus objetivos y tu deber como ninja, Hinata —dijo Gaara tratando de analizarla— pero aún no te he escuchado hablar sobre ti y sobre tus sueños y aspiraciones en esta vida. Acaso, ¿no tienes ninguno?
Hinata se volvió a Gaara y por primera vez desde iniciada la conversación el rostro de la Hyuga se mostró dudoso. Hinata alzó su mano derecha y miró sus dedos por algunos segundos y una ligera sonrisa, adornó su rostro.
No una sonrisa fingida, o por hecha por compromiso sino una pequeña pero verdadera.
—Una vez tuve un único sueño —cerró su mano, formándola en un puño— pero ahora es algo simplemente imposible.
Gaara puso una mano en su hombro.
—Hinata, creo que…—una explosión se escuchó en el salón de baile haciendo que ambos ninjas viraran la mirada.
—Se acabó la charla —dijo Hinata y apenas dándole tiempo a Naruto a esconderse, la chica corrió por los pasillos del lugar y dirigirse a ayudar. Gaara corrió detrás de la Hyuga, sin notar que Naruto caía al suelo tomándose la cabeza.
Preguntas sin respuestas llegaban a su cabeza tratando de hallarle algún sentido a aquella charla escuchada. ¿A quién quería matar Hinata? ¿Y, por que motivo? ¿Por qué Konoha y la Alianza Shinobi peligrarían? ¿Qué había sucedido realmente siete años atrás que él no sabía? ¿Qué era lo que Gaara sabía? ¿Qué era la misión de la cual hablaba Hinata y que era lo que realmente había sucedido con Hinata todo ese tiempo? Escuchó el grito de personas saliendo del salón de baile y levantándose, corrió por los pasillos buscando y tratando de hallar respuestas a sus preguntas y sólo existía una persona que se las podía aclarar: Hinata.
Naruto llegó al salón de baile, donde vio a muchos de los invitados heridos y otros lastimados, en el centro Sakura y Sai peleaban con un grupo grande de ninjas que le superaban en número, Gaara, con su arena trataba de proteger a los invitados y, Hinata peleaba al parecer con el líder del grupo. Corrió hacia ella pero la chica alzó una mano en su dirección, impidiéndole acercarse.
—No te metas, Uzumaki —dijo Hinata— esto es entre él y yo.
—Vaya, vaya aun sigues siendo tan valiente como de costumbre, Hinata, aunque sigas siendo tan débil y fracasada como siempre —el hombre sonrió con burla y miró al recién llegado— pero si no es otro que el famoso Naruto Uzumaki. Es un placer conocerte —hizo una sarcástica reverencia al rubio—. Y, aunque tengo muchas ganas de quedarme a conversar, tengo otras que hacer —sacó de entre sus ropas varios kunais pegados con explosivo y sin interés se los arrojó a Hinata. La ojiperla apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que explotaran.
— ¡Hinata! —gritó Naruto, cubriéndose los ojos y evitar las esquirlas de la explosión. Sintió a alguien correr y pasar por su lado y cuando abrió los ojos y el humo se disipo ligeramente la vio correr detrás de aquel hombre y saltar por la ventana con su Byakugan activado.
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NOTAS:
Ay, este capítulo tuvo de todo: los nuevos sentimientos de Naruto, romance, celos, un poco de acción y la aparición de nuevo personaje, que acelerara toda la historia, ¿a que los sorprendí? Revele un montón de cosas, que si leen con detenimiento le hallaran sentido y sino ya pueden sacar sus conclusiones y mandar sus teorías. Les recomiendo leer el capi, dos o hasta tres veces, porque dije mucho en un asunto pero no dije nada en el otro.
Desde el siguiente capítulo las cosas van a dar una vuelta de tuerca a toda la trama y seguro que si no los sorprendí ahora seguro lo haré con este adelanto:
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—Hinata, él es Keniki —le presentó Hiro, al joven de cabellos marrones y ojos negros a la ojiperla— se quedara en nuestra aldea por un tiempo.
—Mucho gusto —dijo Hinata, dándole la mano al recién llegado.
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—Nos han traicionado —dijo Hinata mirando a Keniki— no se quien sea pero la persona que haya sido fue la responsable del anterior ataque de la villa.
Keniki sonrió.
— ¿Y no tienes idea de quien pudo haber sido? —Keniki dio un paso adelante, sonriéndole perversamente y alistándose para atacar.
Hinata retrocedió, mirándolo.
—Tú fuiste —Hinata lo miró sorprendida— ¿Por qué?
—Digamos que el dinero es más interesante que una estúpida amistad —dijo el hombre— ahora te necesito con vida así que no te dañare demasiado, aunque claro no diré lo mismo de esta estúpida aldea.
— ¿Que dices?
—Destruiré esta aldea con todas las estúpidas y aburridas personas de aquí.
—Detente…—la explosión fue inminente.
Hinata corrió, dispuesta a alcanzar a Keniki, el hombre que había destruido la villa donde fue feliz, donde tuvo una segunda oportunidad para vivir, donde tuvo los mejores amigos, donde nació Hotaru y el hombre que mató a Hiro.
Todo esto y más en: CAPÍTULO 7: EN PERSECUCION
Poco a poco se revelan los secretos del pasado y el destino de Hinata será pronto sellado, ¿Naruto podrá impedir lo que ocurrirá en el futuro y ayudarla contra esa carga que lleva? ¿O el villano final, será el vencedor definitivo?
Solo las decisiones de Naruto serán las que decidan el futuro.
Me despido, hasta el siguiente capítulo.
Nos leemos en los comentarios.
