Disclaimer: Los personajes fueron creados por Jane Austen, yo sólo juego con ellos por un rato.

Primero lo primero: la ganadora del concurso es Cesy Casas, que dejó un review anónimo. Sé que aparece como review 101, pero fue porque al ser anónimo tuve que moderarlo para que apareciera. Así que, estimada, puedes pedir algo que quieras leer y yo lo escribiré con todo el gusto del mundo.

Por supuesto, voy a agradecerle a todos quienes han dejado review desde la vez anterior: Proud Vegetable, Molita, Marilu, EliMustang (yay, primer review tuyo), Cesy Casas y Las letras de Anna.

Y sin más demoras, los dejo con el capítulo.

Canción recomendada: "I Love Rock n' Roll" de Joan Jett.

Chocolate y café amargo

Capítulo 30

Cambio de aires

Había leído la carta al menos quince veces desde esa noche. Aún no sabía que pensar. Acerca de sus contenidos y de la persona que la había escrito. Lizzie consideraba que había tenido mucha suerte en no habérselo topado nunca en los últimos días. No sabía si le daría un golpe o un abrazo. ¿Por qué tenía que hacerle eso? La había dejado completamente confundida.

Había tenido que obligarse a concentrarse en las cosas que tenía que hacer. Había entregado el texto que había empezado a escribir esa noche —aunque a su juicio era bastante inferior a lo que ella solía hacer— y estaba trabajando en otros de sus proyectos. Siempre había creído que era bueno poder ocupar la cabeza en algo cuando tenía un problema.

Ahora estaba preocupada de no pensar en el joven que seguía viviendo unos pisos más abajo. Suspirando, se apoyó en el mesón de la cocina, mientras esperaba a que el hervidor hiciera su trabajo. Necesitaba una taza de té para concentrarse en el artículo que tenía que escribir para una revista online, que no pagaba mucho, pero le daba visibilidad.

Pero antes de que el agua hirviera, alguien tocó a la puerta. Lizzie arrugó la nariz. Jane estaba de gira y no volvería por dos semanas. Y Charlotte estaba de turno en la cafetería ese día. No se le ocurría quién más podía ir a su casa.

O sí.

¿Acaso Darcy esperaba algún tipo de respuesta por su jodida carta? No lo había especificado en ningún lado. Quizás había asumido que Lizzie le iba a contestar de alguna forma, aunque él nunca lo hubiera pedido.

Respirando hondo, se incorporó y se acercó a la puerta.

Al abrirla, se encontró con la última persona que hubiera esperado ver ahí.

Su hermana menor: Lydia.

—¡Liz! —gritó, echándosele al cuello—. ¿Adivina quién está aquí para alegrarte las vacaciones?

Lizzie alzó una ceja. Quería a su hermana menor, pero nunca había pensado en ella como alguien que le alegraría el día. Lydia era ruidosa, chillona y con la capacidad de atención de un cachorro de dos meses.

—No estoy de vacaciones —masculló mientras su hermana entraba a la habitación arrastrando una maleta rosada.

—No, pero yo sí. Así que decidí hacerles una visita a mis hermanas preferidas —sonrió Lydia al tiempo que se dejaba caer sobre el sillón.

—¿Tus hermanas preferidas? ¿Qué diría Kitty?

—Ugh, Kitty está hecha una aburrida desde que sale con Michael. —La joven puso los ojos en blanco, expresando su opinión acerca del novio de su hermana, que siempre había sido su otra mitad—. Pero ustedes no lo son.

—Lydia, ¿mamá sabe que estás aquí? —inquirió Lizzie. Sabía que uno podía esperar todo tipo de cosas de su hermana menor.

—Claro que sí, tonta. ¿No tienes algo de comer? Muero de hambre.

Lizzie le indicó el refrigerador y Lydia se levantó del sofá, dejando su chaqueta sobre él. Su hermana mayor masculló algo a modo de excusa —que la otra chica no escuchó, preocupada de buscar algo que se pudiera comer ahí— y desapareció en su habitación. Su teléfono estaba sobre la mesita de noche —no había mensajes pendientes— y ella lo tomó, antes de marcar el número de su padre.

—Lizzie, ¿a qué le debo el honor de esta llamada? —dijo la voz familiar al otro lado de la línea—. Oh, espera. Asumo que Lydia está ahí.

—Exacto. ¿De verdad le han dado permiso?

—Sí, claro. ¿Por qué no?

—Porque tiene diecisiete años —bufó Lizzie, poniendo los ojos en blanco.

—Va a estar con ustedes.

—Papá, yo trabajo. Y Jane también, aunque ahora está de gira. Lo sabes. No tengo tiempo para hacer de niñera de Lydia.

—Sólo serán unos días, Lizzie. Lydia necesita la compañía de sus hermanas por un tiempo, por favor. Las cosas han estado un poco tensas en casa.

—¿Y la respuesta es endilgarnos a la niña que apenas puede concentrarse por dos minutos?

—No es tan terrible.

—Papá… —Lizzie se dio cuenta de que seguir discutiendo era una pérdida de tiempo. Sus padres ni siquiera iban a intentar controlar a su hija menor. Nunca lo habían hecho y Lydia se había pasado años acostumbrándose a salirse con la suya. Era una manipuladora nata—. Vale, puede quedarse unos días. Pero para la próxima preferiría que me avisaran antes.

—Gracias, Lizzie. Tu madre y yo te lo agradecemos —dijo su padre desde el otro lado del teléfono. Lizzie suspiró.

—No es problema. Un beso para ambos.

Tras colgar, tiró su celular sobre la cama con un gruñido de frustración. Al parecer, estaba a cargo de su querida hermana menor. Y de hacer que sobreviviera en Liverpool durante un par de semanas. Al menos Jane volvería pronto. Ella siempre se había llevado fatal con ella, discutiendo por todo cuando vivían en la misma casa. Jane tenía más paciencia y era un encanto con todo el mundo. Incluso con la hermana que actuaba como si el mundo le debiese algo.

Pero ya la había aceptado en su casa. Lo menos que podía hacer era darle la bienvenida como correspondía.

Salió de su habitación y se encontró con que Lydia estaba sentada sobre el sofá, descalza y viendo un reality show en la televisión que tenían en la sala. Frente a ella tenía un plato con cereales y leche.

—Lizzie, tu refrigerador es penoso —comentó cuando su hermana se dejó caer sobre el sofá junto a ella—. En serio, no tienes nada.

—Bienvenida a la adultez, Lydia —bromeó Lizzie con una mueca—. En un rato más podemos ir al supermercado y ver qué compramos para almorzar, ¿te parece?

Lydia asintió con la boca llena. En la televisión, los concursantes se peleaban por algo en una playa. Parecía importante, aunque Lizzie nunca había visto ese programa.

—¿Qué se supone que está pasando? —le preguntó a Lydia.

—A ver, Jonathan quiere que James le entregue el bronceador, que necesita para sobrevivir esta semana sin complicaciones. El problema es que su novia, Marlene, se lió con James y los dos se odian.

—Ya veo. Un drama shakesperiano —bromeó Lizzie.

—Exactamente.

-o-

Las presentaciones en Manchester habían resultado maravillosamente. Un periódico local había celebrado la coreografía y el talento de la compañía. Jane se sentía muy satisfecha del trabajo que habían hecho en esa gira. Llevaba mucho tiempo sin disfrutar de esa forma al bailar. Por primera vez en mucho tiempo se sentía contenta de esa forma.

—Bueno, ya que todo ha salido bien, ¿por qué no vamos todos a cenar? —sugirió Sonia mientras entraban al hotel después de la última función—. Vayan a cambiarse y podemos ir al restaurant de una amiga.

Las bailarinas recibieron la invitación con entusiasmo, mientras corrían a las respectivas habitaciones en el hotel que ocupaban en la ciudad.

—Jane, ¿puedes quedarte un minuto? —Sonia la hizo detenerse junto a las escaleras—. Tengo que hablar contigo.

La joven asintió y la mujer la guió a una habitación junto a la recepción, donde estaba habilitado para que los pasajeros esperaran antes de chequearse dentro o fuera del hotel. Con una sonrisa amable, Sonia le indicó que se sentara en un pequeño sillón.

—Como sabes, te contratamos como reemplazo para esta gira —dijo con su habitual tono de voz suave y encantador—. Y quiero agradecerte la forma en que fuiste rápida para ponerte al tanto con nosotros. No cualquiera hubiera podido hacerlo tan rápidamente.

—Oh… no fue nada. De verdad. Todos fueron muy amables conmigo y me ayudaron mucho.

—No te quites mérito, Jane —la mujer le sonrió—. Lo que hiciste fue trabajar duro y eso es especialmente valorable. Pero no es de eso lo que quiero hablarte esta noche —añadió—. En vista de tu buen trabajo y de la forma en la que te has integrado en la compañía, queríamos ofrecerte un puesto permanente. Como sabes, no somos el Ballet Nacional, pero estamos intentando hacernos un nombre.

Jane asintió, con los ojos muy abiertos. Apenas podía creer lo que acababa de escuchar. ¿De verdad le estaban ofreciendo eso? Era ideal, la verdad. Pero no se lo había esperado demasiado.

—¿Qué dices, querida? ¿Podremos contar con tu presencia?

—Sí, por supuesto. Me encanta lo que hacen. Será un honor trabajar con ustedes —dijo la chica apabullada por la emoción. No había querido hacerse muchas ilusiones, pero se moría de ganas de participar en la compañía.

—Estupendo. Cuando volvamos a Liverpool haremos todo el papeleo —dijo Sonia, sonriéndole con simpatía—. Ahora, puedes ir a cambiarte para la cena. Seguro que las chicas estarán felices de tenerte con nosotros de ahora en adelante.

—Muchas gracias, Sonia. —La directora insistía en que las bailarinas la llamaran por su nombre—. De verdad.

La mujer asintió con la cabeza y le dio dos besos a la manera rusa, antes de repetirle que se fuera. Jane se dirigió a la habitación que compartía con dos de sus compañeras dando saltitos. Se sentía tan liviana que podía volar. Nada iba a hacerla caer después de eso. La vida le estaba sonriendo.

Tenía que contarle a Lizzie acerca de eso. Seguro que estaría tan feliz como ella.

-o-

Lydia había insistido en que esa noche tenían que salir a alguna parte. A Lizzie no le gustaba mucho la idea, pero la verdad, su hermana era una fuerza de la naturaleza. Decirle que no era básicamente inútil.

—No puedo comprarte alcohol, enana —bufó Lizzie cuando su hermana indicó Carter's y le hizo un gesto para decirle que entraran—. Tienes diecisiete. Es contra la ley.

—No si compramos comida, pava —le sonrió su hermana—. Técnicamente, es legal si un adulto lo compra junto con una comida.

Lizzie suspiró. Por supuesto que su hermana iba a encontrar una forma de pasar por encima de la ley. O no. Técnicamente, estaba en lo correcto.

—Vamos —aceptó.

El bar estaba lleno de gente, pero Lizzie encontró una mesa al fondo del local que acababa de ser vaciada. Apartando las botellas de cerveza vacías y las servilletas, Lizzie y Lydia se sentaron ahí.

—¿Vienes mucho por aquí? —preguntó la menor, mirando a su alrededor. Lizzie suspiró nuevamente. Su hermana nunca había sido sutil. Y estaba completamente loca por los chicos. De una forma que Lizzie, Jane y Mary siempre habían considerado exagerada.

—A veces —replicó encogiéndose de hombros. Una camarera menuda se acercó a su mesa y les ofreció una carta.

Carter no ofrecía una gran variedad de comida, pero sí había unas hamburguesas y papas fritas que eran deliciosas. Pidieron dos órdenes junto a dos botellines de cerveza.

—¿Quién es ese? —preguntó Lydia mirando a la barra. Lizzie se giró para ver a quién apuntaba. Por supuesto, su hermana había decidido posar la mirada sobre Darcy.

—Es Darcy, vive dos pisos debajo de nosotras.

—Espera… —Lydia entrecerró los ojos y frunció el ceño—. ¿El mismo Darcy que es amigo de Bingley, que salía con Jane?

Una de las cosas terribles de tener un grupo de chat con tus hermanas, era que inevitablemente terminan sabiendo todo acerca de tu vida. Por supuesto, el trío menor no tenía todos los detalles, pero sí que sabían acerca de la existencia de Darcy y Bingley.

—Es guapo. No lo habías comentado.

—Pero sí dije que es un estirado.

—Sí, recuerdo las cosas que dijo de ti. No me agrada —decidió la chica, cruzándose de brazos—. ¿Trabaja aquí?

—Sí, pero no sé por qué.

—¿Y no has intentado averiguarlo?

Antes de que Lizzie pudiera responder, una voz interrumpió la conversación entre ambas hermanas.

—¡Las hermanas Bennet! —dijo Wickham sentándose junto a ella y sonriéndoles con su sonrisa brillante—. Hacía siglos que no te veía, Lizzie. No me habías contado que Lydia vendría a visitarte.

—Porque no sabía que iba a venir. Y porque no hemos hablado. Llevas semanas sin contestarme los mensajes —bufó Lizzie, esperando que su tono fuera lo suficientemente frío.

—Oh, es que perdí mi teléfono.

—¿Y no lo has reemplazado en semanas? —inquirió ella—. Además, hay millones de formas de comunicarse conmigo y lo sabes.

—Ay, no seas sí, Lizzie. ¿Por qué no disfrutas del momento? —dijo él a su vez, pasándole un brazo sobre los hombros y estrechándola contra él.

Lizzie alzó las cejas y lentamente, el joven la soltó.


¡Jane tiene trabajo! (Qué envidia) ¡Y Lydia está en Liverpool! ¡Wickham está de regreso! El drama se intensificará en los próximos capítulos, así que pueden ir preparándose.

Mi internet no quería que subiera este capítulo: lleva media tarde abajo. Pero ya está arriba y voy a subir esto antes de irme a dormir porque me muero de sueño y tengo que madrugar mañana. Entre el frío y el hecho que odio levantarme temprano, tengo cero ganas. Ya les contaré de mis aventuras como profesora asistente.

¡Saludos y hasta el próximo capítulo!

Muselina