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…y, callas, callas, aunque duela, aunque arda,
aunque una parte de ti misma parezca morir al callar todo lo que piensas,
pero callas y ocultas lo que sientes
porque sabes, ¡oh, maldito saber!, que no puedes decir nada
y ese,
ese es dolor más grande y más doloroso: el querer, el querer y no poder.
Pero, ya has elegido un camino, un camino del cual ya no existe retorno. Y lo sabes, y es por eso por lo que callas.
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CAPÍTULO 7:
CAMINOS SEPARADOS PARTE I: HABLAR O CALLAR
6 días.
Sintió a Hinata tomarlo de la camisa y empujó su lengua emitiendo más presión a su boca, tratando de que ella correspondiera su beso, pero lejos de eso, Hinata lo empujó alejándolo.
— ¿Qué crees que estás haciendo? —Preguntó Hinata, con los labios rojos, el cabello desordenado y su blusa ninja aferrada a su pecho por la protección de sus brazos y si Naruto no hubiera estado seguro que la ojiperla lo alejaría de nuevo, la hubiera besado de nuevo—. ¿Quién te crees para, para…? —Hinata miró su herida, miró su ropa, miró a la derecha e izquierda. Sin mirarlo a él, nunca mirándolo a él.
—Hinata espera, yo sólo…—trató de acercarse a ella.
—Aléjate de mí, —dijo, poniendo una mano delante de ella mientras la otra aún sostenía su ropa.
—Hinata…
—Quédate ahí, Uzumaki —le exigió, aún sin mirarlo— no digas nada, no emitas sonido, no respires si es necesario.
—Hinata…
— ¡Deja de repetir mi nombre! —Gritó Hinata, molesta— no lo repitas de nuevo, no lo hagas —susurró mirando el suelo de la cueva, mientras la mano que no sostenía su ropa se enterraba en la tierra, haciendo presión con ella.
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Mientras tanto, en las afueras de Konoha.
—Así que aquí es donde está mi querida Hinata —dijo un joven de cabellos blancos y ojos azules, sonriendo. Se adentró a la aldea, mirando todo a su alrededor con curiosidad y buscó la dirección donde viviría la chica que le había mandado esa pequeña carta meses atrás—. Me preguntó, ¿cómo estará el pequeño Hotaru?
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Hinata le dio la espalda y ella misma empezó a curarse con dificultad.
Y, fue ese momento, escuchando a Hinata reprimiendo sus gemidos de dolor y alejado de él, que Naruto se dio cuenta que ya no había excusas, ni momentos para hacerse el despistado o el tonto, pero sobre todo se dio cuenta que ya no podía negarlo más: estaba total y perdidamente enamorado de esa orgullosa, tierna e increíble mujer en la cual se había convertido Hinata esos siete años.
Porque ese beso descontrolado y sensual que le dio a Hinata había sido la confirmación de sus propios sentimientos por ella, por Hinata; porque todo el mes anterior había estado dudoso, no queriendo creer, teniendo miedo al sentir que cada vez que estaba cerca de Hinata su corazón saltaba como un loco en su pecho, sintiéndose nervioso, ansioso, celoso y sonrojado al notar ese sentimiento creciendo en su interior. No sentimientos de amistad o fraternidad como él tontamente creía, o de ayudarla a conectarse con la aldea para mejorar sus lazos como fue en el inicio, o acercarse a estar con ella con intenciones amistosas, no, lo que sentía por Hinata era fuerte, apasionado y verdadero: era amor. Amor puro y fuerte, y sabia, como se saben las cosas que son importantes en la vida que jamás sentiría algo por nadie más, como lo hacía por Hinata.
Con esas ansias de tomarla en sus brazos, de abrazarla, de besarla y protegerla de todo mal, de enredar sus dedos por sus cabellos negro-azulados, de quererla, de quererla mucho, de hacerla sonreír como ese momento en ese lecho de flores y verla feliz. Siempre, siempre. De tomar a Hotaru de una mano y decirle al mundo que lo quería, que lo quería como un hijo propio, tal vez no de su sangre pero si de su corazón y eso valía mucho más que cualquier rasgo sanguíneo o familiar porque su amor por ese niño era fuerte, muy fuerte; pero también decir que Hinata era suya, suya y de nadie más. Y construir junto a ellos, esa familia que anhelaba más que el hecho de ser hokage.
Y, tenía que decírselo a como diera lugar. Aunque ella le volviera a gritar, le apartara o incluso lo golpeara. Porque no podía, porque no quería guardar sus sentimientos. Porque quería gritarle sus sentimientos a la cara, aunque Hinata luego lo tachara como un loco.
Porque la quería, la quería verdaderamente y ya no podía soportar que ella no lo supiera.
La miró.
Hinata estaba aún dándole la espalda, su cabello negro-azulado cubría su espalda y mantenía la mirada en el suelo de la cueva haciendo que grandes mechones de su cabello le cubriera el rostro parcialmente sin dejarle verle la expresión que tenía.
Se acercó a ella, dudoso, con el corazón a mil por hora, sus manos temblaban, su cuerpo entero parecía gelatina de lo nervioso que se sentía: quería gritar, quería correr y tomarla en sus brazos y no soltarla jamás.
Pero antes que pudiera hacerlo, se escuchó un ruido sordo y seco sobre sus cabezas, Naruto alzó la vista hacia el techo de la cueva y pudo confirmar que éste empezaba a ceder por los golpes producidos de quienes intentaban derrumbarlo.
— ¡Naruto! ¡Hinata! —La pelirrosa cabeza de Sakura apareció por la abertura del techo de la cueva llamándolos cuando éste cedió a sus fuertes golpes producidos por sus puños concentrados en chakra— ¿se encuentran bien?
— ¡Sí, Sakura-chan! —Afirmó Naruto, sintiéndose ligeramente decepcionado que sus compañeros de equipo los hayan encontrado antes de poder declarase a la ojiperla, pero Hinata era una prioridad—. Pero Hinata se encuentra un tanto lastimada —dijo, volviéndola a ver. Hinata aún tenía la mano en el hombro pero con su ropa ninja ya acomodada en su sitio y se encontraba un tanto pálida.
— ¡Sai llegará por ustedes con un ave de tinta! —avisó Sakura con un grito para que la escucharán. Naruto asintió y se volvió a la Hyuga—. Hinata…—le ofreció una mano para ayudarle a levantarse, pero ella le miró con una mueca y se levantó por si misma del suelo.
Naruto chasqueó la lengua pero no dijo nada. Al menos por ahora.
Sai bajó al fondo de la cueva con un halcón de tinta y les hizo subir al mismo para ayudarlos a salir de esa cueva subterránea.
—Están muy callados —dijo el ex ambu de Raíz, mientras ascendían— ¿sucedió algo allí abajo? —preguntó con inocencia el pelinegro.
— ¡No! ¡Nada! —gruño Hinata, desafiando con la mirada al rubio para que no dijera nada. Sakura al verlos ascender saltó rápidamente encima del halcón y emprendieron el camino de regreso a Suna.
—Tiene una herida un tanto superficial en el hombro, Hinata —dictaminó Sakura cuando revisó a la Hyuga— lo malo fue que el hombro al ser foco constante de sangre circulando por el cuerpo hizo que la herida pareciera más grave de lo que fue. Te aplicaré un poco de jutsu médico para que se te cierren las heridas.
—Gracias Sakura-san —dijo Hinata asintiéndole agradecida. Y Hinata no dijo nada más en todo el recorrido de regreso a la aldea aliada de Konoha.
Cuando llegaron, Hinata fue la primera en saltar fuera del halcón y con pasos rápidos y presurosos se adentró a la aldea de la Arena. Naruto, quién iba a seguirla fue detenido por Sakura.
—Creo que deberíamos dejarla un momento a solas —le sugirió la pelirrosa mirando ella también el camino que había elegido la ojiperla— debemos avisarle a Gaara lo sucedido.
El rubio asintió, resignado.
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El camino de regreso a Konoha fue callado y silencioso. Sakura miró a Naruto y a Hinata: el rubio se veía cabizbajo y ligeramente frustrado; la ojiperla se mostraba seria, callada y un tanto distante. Vio a Naruto reiteradas veces tratando de acercarse a Hinata en todo el camino pero a último momento dudaba y no lo hacía, aunque siempre la estaba mirando con un atisbo de anhelo en sus ojos que la pelirrosa no podía llegar a aclarar.
Era cierto que desde que iniciaron el viaje a la Arena pudo percibir el comportamiento tan peculiar de Naruto con Hinata, era como una especie de colibrí, rezumbando graciosamente con sus alas por todo el lugar, llamando la atención con sus trinos y siempre pendiente de la flor que parecía ser Hinata y quien era reacia a comprender las intenciones de Naruto con ella.
Pero para Sakura era tan evidente el interés del rubio por Hinata, que se moría de risa cada vez que lo veía haciendo cosas y tratando de llamar la atención de la Hyuga.
Lo que no sabía era lo que sentía Hinata por Naruto, la Hyuga no había demostrado interés por el rubio o por ningún hombre de la aldea, si era sincera consigo misma. Siempre fue una chica callada y reservada con sus propios sentimientos y aunque en el pasado fue evidente lo interesada que estaba por el ojiazul, ahora no parecía que viera al rubio más que un compañero de equipo con quien podía practicar en sus entrenamientos y aunque Naruto le contó que se estaban llevando mejor y se trataban de amigos, la Haruno pudo percibir que Naruto no veía a Hinata de esa forma.
Y eso la preocupaba.
No quería ver a Naruto herido si sus sentimientos no fueran correspondidos.
Pero, ¿qué tan grandes eran los sentimientos de Naruto? ¿Sería un simplemente enamoramiento pasajero o era algo mucho más fuerte?
Debía preguntárselo.
—Naruto —se acercó al rubio, quien estaba sentado en una fogata, esperando que llegaran Sai y Hinata con más leños para mantener encendida la fogata durante toda la noche y ahuyentar a los animales que pudieran husmear por el lugar y que estos evitaran atacarlos.
—Ah, Sakura-chan, eres tú —dijo Naruto con desánimo y volviendo la vista en la fogata, como había estado comportándose desde su salida de la Arena dos días atrás.
—Sí, soy yo Naruto —dijo la pelirrosa sentándose al lado del rubio en un tronco caído— quiero hablar contigo de algo importante —el chico asintió aun observando las llamas de la fogata consumiéndose— quiero hablar contigo sobre Hinata y lo que sucedió en la cueva.
La reacción fue inmediata: el Uzumaki se paralizo en su sitio, apretó sus puños con fuerza, su cara se puso completamente roja y encima:
—No…no sé a lo que…a lo que te refieres, Sakura-chan, ttebayo —tartamudeó nervioso.
—Claro que lo sabes, Naruto —le retó la pelirrosa, mirándolo con fijeza— desde que salieron de ese lugar atacados por ese extraño sujeto, Hinata te ha evitado como la peste y ni te ha dirigido la palabra, tú por otro lado, estas por todos los rincones suspirando y triste, mientras pareces arrepentido. Dime, ¿qué sucedió realmente en la cueva? Y no me digas lo mismo que le dijiste a Gaara que yo no te creo eso de que simplemente le diste los primeros auxilios a Hinata porque no te creeré.
Naruto apretó sus manos y enrojeció más.
—La besé —susurró bajito.
— ¿Qué? —preguntó Sakura sin oírle.
—La besé —alzó un tanto la voz el rubio.
—En serio que no te oigo, Naruto. Habla más fuerte.
— ¡Que la bese, ttebayo! —gritó Naruto con la cara increíblemente roja. Sakura a su lado le miró con sorpresa y empezó a reírse descontroladamente, haciendo que el rubio se sintiera más avergonzado. Aunque ahora que pudo contárselo a la pelirrosa se sintió más aliviado, había llevado ese pequeño secreto por dos días y la principal implicada ni siquiera quería verlo en pintura y estaba deseoso de poder contarle a alguien y desahogarse y, ¿quién mejor que su pelirrosa mejor amiga? aunque no le gustaba que se burlará de sus desgracias—. Sakura-chan, por favor —le rogó cuando notó que su amiga no tenía intenciones de parar de reír.
—Lo siento, lo siento —dijo la chica de ojos jade tratando de controlarse— es que… ¡no puedo creerlo! Llevó siete años tratando de presentarte chicas para que salgan contigo y tú en menos de seis meses te has interesado en Hinata y encima la has besado. ¿Por qué fuiste tú el que la besó, no? —El Uzumaki asintió bajando los ojos—. Espera, espera, ¿qué es lo que no me estás diciendo? —Naruto se tensó—. Si se han besado, ¿por qué Hinata está furiosa contigo?
—Yo…—Naruto tragó duro—…yo la besé sin su permiso.
— ¡¿Qué?! —Sakura lo miró con los ojos completamente abiertos por la sorpresa— ¿Qué demo…? ¡Cómo se te ocurre besarla a la fuerza! ¡Jamás se besa a una chica a la fuerza, Naruto-baka!
—Ya sé, ya sé, ttebayo —le respondió Naruto igual de molesto consigo mismo como la pelirrosa lo estaba con él— yo sólo no pude evitarlo, ¿ok? Hinata estaba tan cerca de mí mientras la curaba, su fragancia era tan deliciosa y su piel tan suave que yo simplemente me descontrole, no pensé y la besé.
— ¿Es por eso que no quiere hablarte?
—Sí —dijo de nuevo el chico sintiéndose cabizbajo— supongo que piensa que soy un pervertido que se aprovechó de que estaba herida.
— ¿Y te aprovechaste? —preguntó Sakura con una ceja alzada.
Naruto no contestó inmediatamente, rememoró el momento exacto en que sus labios besaron los hombros y el cuello de Hinata, su estremecimiento, su corazón palpitante, el momento que sintió los cálidos labios de Hinata sobre los suyos y esas ansias de tocarla, de tocarla toda y descifrar todos sus misterios.
—Naruto, Naruto —Sakura le sacudió del hombro para que reaccionara.
—Lo siento, yo sólo…—Naruto se frotó la nuca, nervioso. Había pensamientos que mejor se guardaba para sí mismo sino seria fijo que Sakura lo golpearía por sus pensamientos poco inocentes por Hinata; pero, ¿qué podía hacer? Era un jodido hombre a pocos días de cumplir 25 años, sin nunca haber tenido una novia ni por asomo, siendo entrenado por el máximo pervertido de la aldea y haberse criado sin un padre o una madre le hacia todas las cosas más difíciles—…no sé cómo comportarme ni que decirle a Hinata sin sentir que puedo empeorarlo todo. ¿Qué hago, Sakura-chan? ¡Aconséjame, por favor!
La pelirrosa suspiró.
—Bien, pero sólo porque te veo desesperado —el rubio asintió—. Primero, discúlpate con ella— el rubio repitió el gesto anterior—. Háblale honestamente sobre cómo te sientes y que el beso que le diste fue accidental y que no fue intencional.
Naruto negó, frenético.
— ¡No fue accidental, ttebayo! Yo quise hacerlo, quise besarla y no, ahora yo he querido hacerlo desde hace un tiempo —confesó Naruto para sorpresa de la chica— y además, yo…además yo…siento que me gusta, que la quiero, honesta y verdaderamente —el rubio se cubrió la cara, con las manos, avergonzado. No era muy propio de él, ir diciendo sus sentimientos por ahí o a cualquier persona, pero con Sakura había desarrollado un lazo de hermandad que le daba confianza— y ahora he arruinado todo con Hinata, no quiere ni verme ni mucho menos hablarme. Me siento desesperado y quiero arreglar las cosas y que todo sea como antes pero sé que eso es imposible porque yo no quiero que todo sea como antes, no quiero que Hinata me vea como un amigo o como un compañero de entrenamiento. Quiero que se interese en mí, que me vea por mí mismo y no por ese estúpido título de hokage, quiero gustarle de alguna manera pero no sé nada de esto, nada del romance.
Sakura le dio una palmada en el hombro.
—Estoy muy feliz por ti, Naruto —dijo Sakura, haciendo que el rubio la mirará con incredulidad.
—Acaso, ¿no escuchaste nada de lo que dije, Sakura-chan? ¡Estoy desesperado, ttebayo! ¡Desesperado, sin saber qué hacer, con la cabeza hecha un revoltijo, con el corazón a punto de salírseme del pecho y tú estás feliz por mí!
—Sí, —dijo la pelirrosa asintiendo—. Estoy feliz porque has madurado como nunca, tu corazón y tu alma se han vuelto muy fuertes y que, aún a pesar de todo el dolor, el sufrimiento y la soledad de tu pasado has podido desarrollar sentimientos muy fuertes y jamás te has rendido en tus objetivos —la ojijade miró orgullosa a su rubio amigo—. Cuando lleguemos a la aldea debes decirle lo que sientes a Hinata, lo que sientes verdaderamente por ella —le aclaró.
—Pero…
—Debes hacerlo Naruto sino Hinata creerá que verdaderamente te aprovechaste de ella.
—Lo sé, pero…
—Nada de peros, debes hacerlo o es que acaso, ¿dudas de tus propios sentimientos?
—No, claro que no, yo… ¡Lo haré, ttebayo! —dijo Naruto alzando un puño al aire, con decisión.
Sakura miró a su amigo y pensó que su sugerencia seria o muy buena o muy mala para Naruto en el futuro.
La última palabra la tenía Hinata.
— ¡Estoy bien! No necesito nada de eso —interrumpió la voz de Hinata llegando con Sai al lugar y ambos cargando sendos leños.
—Sólo digo que acabas de ser herida y no deberías cargar mucho peso —opinó Sai, mirando los leños en los brazos de la ojiperla.
—Y yo te dije que soy fuerte y sólo fue una herida superficial, no necesito ayuda de nadie —Hinata se percató de la presencia de Naruto y la pelirrosa sentados en la fogata. Apretó los labios y dejo los leños al lado de Sakura —buenas noches —dijo Hinata dándoles la espalda y adentrándose a su tienda de campaña, sin dirigirle ninguna mirada de interés a Naruto.
—Necesito llegar a la aldea con urgencia —dijo Naruto decidiendo hacer la primera ronda de guardia mientras los demás dormían.
Las cosas transcurrieron más o menos de esa forma en todo el camino de regreso a Konoha, Sakura fue la intermediaria entre Naruto y Hinata, quienes no se hablaban: ella molesta, Naruto sin poderse explicar.
Y la verdad, Naruto no estuvo más feliz de regresar a Konoha como ese día, después de conversar con Sakura decidió confesarse a Hinata después de entregar su informe sobre la misión a Kakashi, tal vez si le pedía ayuda a Hotaru, el niño podría auxiliarlo. No, eso era una cobardía, él debía hacerlo solo.
Pero, ¿Cómo? En serio, que era un ninja de elite a un paso de convertirse en hokage pero, era malo, malo para el romance. Y más si se trataba sobre cómo tratar o hablar con mujeres; si ya era malo tratando de entenderlas más lo era tratar con Hinata, que era misteriosa, callada y al parecer llena de secretos.
Tal vez, es por ello que le gustaba tanto la ojiperla. Ella era como tratar de descifrar un enigma dentro de un rompecabezas en una adivinanza muy compleja.
Difícil, difícil, difícil.
Pero, no por ello, menos fascinante.
Sí, esa era la palabra para describir perfectamente a Hinata: fascinante.
Incluso, desde niño siempre la observó de reojo, buscando entender muchas de sus conductas con respecto a él. Hasta que se le confesó siete años atrás y él pudo entender ese pequeño enigma que era Hinata Hyuga hasta ese entonces.
Pero esta Hinata era diferente. Y no sabía cómo reaccionaría con respecto a lo que le dijera y aún quedaba ese asunto del que le escuchó hablar con Gaara, no sabía de qué trataba pero no lo iba a dejar de lado, hasta descubrir que era lo que sucedía realmente y de lo que él no estaba enterado.
Los cuatro ninjas de Konoha cruzaron el umbral de la aldea dispuestos a caminar hasta la oficina de Kakashi y entregar su informe, cuando:
—Hinata —se escuchó el llamado de un joven bastante atractivo, de su misma edad, de cabellos blancos y ojos azules; llamando la atención de los ninjas y haciendo que todos volvieran la mirada y prestaran atención al recién llegado—. Al fin puedo verte después de tanto tiempo —el joven sonrió al notar el rostro de sorpresa de Hinata.
— ¿Toneri? —preguntó la ojiperla, bastante sorprendida y mirando al peliblanco.
— ¿Toneri? —repitieron Naruto, Sakura y Sai. El primero bastante molesto al notar las miraditas del recién llegado a Hinata y tuvo que apretar los puños cuando vio al tal Toneri, abrazar a la chica con confianza y sin que ésta lo apartara, aunque lo único bueno fue que Hinata no le devolvió el abrazo y fue la primera en romper el abrazo.
—Pero, ¿qué haces en Konoha? —le preguntó Hinata aun mirando al chico.
—Visitándote por supuesto. Hace un tiempo que no nos vemos —dijo Toneri con una sonrisa galante—. Podrías darme un tour por la aldea y así nos ponemos al día.
—Eh…—Hinata dudó.
—Es importante, Hinata —agregó Toneri mirando seriamente a la chica.
— ¡Hinata no puede! —saltó Naruto de inmediato haciendo que toda la atención se centrara en él.
— ¿Por qué no, rubio? —cuestionó Toneri mirando al Uzumaki con suficiencia.
—Tenemos…tenemos que entregarle el informe de la misión a Kakashi-sensei y eso no puede aplazarse —dijo Naruto con rapidez—. Los cuatro juntos, nadie más —agregó esto último mirando al peliblanco y que éste no decidiera incluirse.
—Sai —llamó Hinata, volviéndose al ex miembro de raíz—. Necesito conversar con Toneri y ya que tú eres el líder del equipo tendrías algún inconveniente en que me fuera y tú le informaras por mí al hokage —el chico negó— perfecto, ustedes van con el hokage y yo me voy con Toneri.
— ¡No! —Negó Naruto, mirando a Hinata—. Tú no te vas Hinata. Tú vas con nosotros.
—Tú no me das órdenes, Uzumaki —le retó Hinata con la mirada— aún no eres hokage de esta aldea y si yo decido irme me voy y ya que tengo el permiso de mi líder puedo hacerlo. O, acaso, ¿pretendes obligarme a quedarme? —Dio un paso adelante, quedando cara a cara con Naruto— O vas a tratar de obligarme a hacer algo que yo no quiero —le susurró esto último, recordándole indirectamente el beso que le dio en la cueva. Naruto apretó los labios pero no dijo nada—. Lo que creí, vámonos, Toneri —le dijo Hinata al peliblanco y dándoles la espalda a los otros.
Naruto suspiró, frustrado; viéndolos irse.
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Sakura fue la encargada de relatar la misión a Kakashi mientras Naruto se quedaba a su lado haciéndole compañía con Sai, mientras su mente estaba en cualquier lugar antes que en la reunión que había delante suyo. Específicamente en donde estuviera Hinata y ese tipejo.
— ¿Algo más que agregar, Naruto? —preguntó Kakashi dandose cuenta de la distracción del rubio.
— ¿Qué? No, nada.
Kakashi suspiró.
—Pueden irse, — empezó el peliplata— Sakura y Sai. Naruto quédate.
— ¿Por qué, ttebayo? —se molestó el rubio ya que él había sido el primero en ir hasta la puerta de salida.
—Quédate, Naruto —repitió Kakashi. Naruto frustrado tuvo que obedecer mientras veía a sus amigos retirarse del lugar—. Necesitamos acordar todo sobre tu próximo nombramiento como futuro hokage de la aldea.
— ¿No puede ser otro día, Kakashi-sensei? —preguntó Naruto nada interesado en el tema.
—Sólo faltan menos de cinco días para tu nombramiento, Naruto. Así que toma asiento, tenemos mucho que discutir.
Fue de noche cuando Naruto salió de la oficina de Kakashi, no prestó ni entendió la mínima parte de lo que Kakashi le dijo porque su cabeza no quería cooperar en nada que no fuera a saber que estaba haciendo Hinata con ese sujeto por la aldea. Activó su modo sabio y disimuladamente buscó el chakra de Hinata, no fue difícil, ella se encontraba cerca del bosque de la muerte.
Sola.
Naruto corrió hacia allí, era su oportunidad de hablar con ella y arreglar las cosas. De una vez por todas.
La encontró sentada en una gran roca, de piernas cruzadas y arrojando pequeñas piedrecillas a un pequeño riachuelo que a su contacto hacia que hiciera pequeñas ondulaciones en el agua. Las piedrecillas caían con un pequeño ruido antes de hundirse hasta el fondo del rio y haciendo que el largo cabello negro-azulado de Hinata se mojara con las gotas de agua que le salpicaban.
— ¿Vas a quedarte allí todo el tiempo o esperarás hasta que amanezca? —preguntó Hinata sin volverse a verlo pero deteniéndose de arrojar más piedrecillas.
Naruto dudoso salió del árbol donde la estuvo observando y se acercó hacia ella.
— ¿Cómo supiste que estaba aquí? —interrogó Naruto con sorpresa dejándose ver a través de la luz de la luna.
Hinata sonrió con ironía.
—Soy miembro de un equipo de rastreo —dijo y siguió arrojando más piedrecillas al río—. Es nuestra especialidad percatarnos de la presencia de una persona cerca de nosotros y también de atraparla si es necesario. Además, no es muy difícil sentir tu presencia —arrojó una piedra más grande al río— es inconfundible —declaró Hinata con una pequeña sonrisa—. ¿A que has venido, Uzumaki? —preguntó Hinata sin volverse a verlo. Aún.
Naruto tragó saliva, nervioso. Apretó los puños con firmeza y la miró.
—Yo…—dio un paso hacia ella—…he venido a hablar sobre lo que sucedió en la cueva— la sonrisa de Hinata se borró, haciendo que se pusiera rígida en su lugar por sólo la mención de ese hecho y tomando la piedra más grande que encontró la arrojó al río produciendo una onda más grande en el agua que las anteriores—…quiero decirte…
— ¡No! —exclamo la ojiperla sin dejarlo terminar—. No quiero hablar de ello.
—Yo sí —respondió Naruto con firmeza—. Yo quiero…
—No quiero hablar de ello ya te lo dije
— ¿Por qué no? —Preguntó Naruto—. Yo quiero hablar sobre ello.
—Lo que sea que trates de decirme no quiero oírlo.
—Pero lo que quiero, lo que deseo decirte es importante.
—Tú puedes desear decirlo pero yo tengo el derecho de no escucharte —le contestó Hinata mirando de reojo al Uzumaki.
— ¿Por qué siempre te portas así, Hinata? Tan seria y reservada.
—Eso no debería interesarte, Uzumaki. Mi comportamiento, mis acciones o lo que yo piense no debería interesarte —respondió Hinata sin dejar de ver el correr del río.
— ¡Somos amigos! —exclamó Naruto, sintiendo una gran barrera entre él y Hinata y sin saber cómo traspasarla—. Se supone que los amigos se cuentan todo.
La chica dejo de mirar al pequeño río y se volvió a verlo con firmeza.
— ¿Amigos, dices? —Preguntó Hinata mirándolo con el ceño fruncido—. No entiendo la amistad que tú y yo tenemos, Uzumaki. Al parecer utilizas esa etiqueta de la amistad para meterte en asuntos que no te concierten sobre mí.
— ¡Claro que me importan, ttebayo! Porque yo…porque yo…—dudó Naruto, mirándola.
—No quiero saber lo que tú creas o pienses —le respondió Hinata con sus ojos aperlados mirándolo con fijeza—. No te pedí tu amistad desde un inicio fuiste tú el que me la ofreció. Si hubiera sido por mí, si hubiera sido por mí…—Hinata se levantó de la roca y se empezó a pasearse por el lugar, irritada—…no entiendo porque tengo que darte explicaciones, Uzumaki. Vete ahora, vete y déjame sola.
—No me voy a ir hasta que hablemos —dijo Naruto parándose delante de Hinata y encarándola—. Quiero saber lo que te ocurre, lo que escondes y callas y no me voy a ir sin una respuesta.
—Pues te quedaras esperando porque no te diré nada —le respondió Hinata sin inmutarse.
Ambos se miraron sin acobardarse y desafiándose, ninguno dispuesto a retroceder o bajar la guardia.
—Hinata —Naruto dio un paso hacia la chica y la Hyuga no retrocedió—. Escuché tu conversación con Gaara en la Arena y sé que planeas algo, no sé qué, pero voy a averiguarlo aún si tengo que encerrarte para que me lo digas.
Hinata palideció pero no se mostró asustada.
— ¡Atrévete, entonces! ¡Igual no voy a decirte nada!
—Eres una testaruda, dímelo igual voy a averiguarlo, soy muy influenciable en la aldea y puedo averiguarlo en cualquier momento —dijo el Uzumaki apelando a la amenaza.
— ¡No!
— ¡Argg! —Se frustró Naruto—. Entonces, no me lo digas, Hinata, pero sé que es peligroso y que vas a exponer tu vida. Así que llévame contigo a lo que sea que harás, soy fuerte, soy un ninja con muchas habilidades te seré útil —expuso Naruto apelando esta vez a la razón.
— ¿Qué? —se sorprendió Hinata, por el giro de las cosas.
—Si vas a ir algún lugar peligroso, llévame contigo, te ayudaré a cumplir tu objetivo sea cual sea, te protegeré con mi vida si es necesario pero llévame contigo.
—No sabes lo que estás diciendo, Uzumaki —Hinata retrocedió mientras Naruto avanzaba acercándosele—. Tú no sabes nada. No entiendes nada.
—Entonces, explícamelo, dímelo. Quiero entenderte. Quiero saberlo todo de ti, quiero saber qué es lo que pasó realmente, que es lo que sucedió después de que te fuiste de la aldea.
—Eso, eso, ¡no te importa! —Gruño Hinata sintiéndose acorralada—. Tú no, tú no tienes nada que ver en esto. Esto es cosa de Toneri y yo. Tú no tienes que ver en esto.
— ¿Toneri? —preguntó Naruto irritado—. ¿Ese tipo lo sabe y yo no? ¿Por qué él lo sabe? ¡Responde Hinata! —Naruto se sintió dolido porque Hinata parecía confiar más en aquel Toneri y no en él.
Hinata apartó la vista y se frotó el brazo derecho.
— ¡Tú no tienes que ver en esto! Simplemente…simplemente aléjate de mí y no te metas —Hinata le dio la espalda al rubio dispuesta a irse.
Naruto rió sin gracia.
—Ese es el problema, Hinata —dijo Naruto, metiendo las manos en los bolsillos y mirándola a punto de irse—. No puedo alejarme de ti ni aunque lo deseé, porque simplemente estoy enamorado de ti.
Hinata se congeló en su sitio y lentamente se volvió a verlo.
— ¿Qué?
—Estoy enamorado de ti, Hinata —dijo Naruto dandose cuenta que ya no podía negarlo más, que ya no quería negarlo más—. Estoy enamorado de ti, Hinata y quiero estar contigo en lo que sea que planees.
3 días.
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NOTAS:
¡Jodidos! Lo deje en lo mejor y lo peor de todo es que no tengo adelanto del capítulo, lo siento, pero sólo les dejaré el título:
CAPÍTULO 8: CAMINOS SEPARADOS PARTE II: TODO O NADA
"Porque las cartas estan echadas, las decisiones tomadas y sólo queda decir: todo o nada".
Prometo actualizar el jueves y el siguiente el sábado.
