Disclaimer: Los personajes no los creé yo. Al menos, no del todo.
Como siempre, un espacio para agradecer a las personas que me dejaron reviews en el último capítulo: Las Letras de Anna, Molita, Cesy Casas, Valen, Proud Vegetable y Mimi Hyuga. También gracias a quienes han seguido o agregado esta historia a sus favoritas. Y a quienes leen desde las sombras.
Canción recomendada: "Have you ever seen the rain" de Creedence Clearwater Revival.
Chocolate y café amargo
Capítulo 33
¿Has visto la lluvia caer?
El festival era en Hyde Park, en pleno centro de Londres. Con su pase de prensa, Lizzie no tuvo problemas para atravesar las puertas, a pesar de la enorme cantidad de jóvenes de su edad que se paseaban por ahí. En la zona de prensa, un chico llamado Gary le explicó dónde podía dejar sus cosas y lo que tenía que hacer para cobrar sus vales de almuerzo. Lo mismo que había hecho los dos días anteriores.
—Ajá —se limitó a asentir. Seguro que era parte del trabajo del pobre muchacho el tener que repetir eso a todos los representantes de medios que se pasearan por ahí.
—Perfecto, te veré más tarde, supongo.
Una de las mejores cosas de los festivales en Londres en esa época era que no hacía demasiado calor. La gente se podía pasear por ahí con una chaqueta liviana encima y poco más. Lizzie cogió su grabadora y su libreta de notas, antes de mirar su reloj.
Tenía una entrevista con Susan Thompson, una joven cantautora a las doce y media de la mañana, justo cuando ella acabara su set. Aún tenía un tiempo para dirigirse a la zona donde se encontraban los camarines de los artistas, así que decidió tomarse su tiempo para caminar hacia allá.
La suciedad revelaba que llevaban tres días de festival ininterrumpido. Al menos el lugar cerraba de noche, porque los festivales en los que la gente podía acampar solían ser aún peores. También había grupos de voluntarios que ayudaban con la limpieza, aunque Lizzie tenía la sospecha de que se trataba más de gente que esperaba tener entradas gratis más que trabajar.
—¿Lizzie Bennet? —la llamó una voz, que ella reconoció inmediatamente. Ese acento escocés era inconfundible.
—¿Maureen? —Su primera compañera de cuarto en la universidad era una chica pelirroja y sonriente, con la cara llena de pecas. Estaba de la mano de una chica de ojos rasgados y pelo negro. Lizzie se acercó a ellas, recibiendo un abrazo de Maureen. La chica que la acompañaba se presentó como Riko y era la novia de su antigua compañera.
—¿No estabas viviendo en Liverpool? Es lo que dice tu perfil en Facebook —le preguntó la joven—. ¿O me estás diciendo que te has mudado a Londres sin avisarme?
—No, es sólo… cosa de trabajo —respondió Lizzie levantando su pase de prensa.
—Vaya, menuda suerte has tenido. Nosotras hemos tenido que gastarnos un montón en estos tickets. Menos mal que vienen varios de nuestros favoritos, porque si no hubiera sido un desperdicio de dinero para ir a un concierto.
—Algo de eso estuve viendo antes de venir. Son un robo.
—A mano armada. Al menos trabajar de diseñadora me mantiene —bufó Maureen—. ¿Hasta cuándo te quedas aquí?
—Hasta pasado mañana. Salen más baratos los pasajes —explicó Lizzie, encogiéndose de hombros—. Aunque probablemente tenga que trabajar toda la noche de hoy, porque pretendo entregar este artículo lo antes posible a mi editor.
—Bah, seguro que lo harás rápido —dijo Maureen—. En la universidad, era capaz de escribir un ensayo de tres mil palabras la noche anterior.
—Eso es impresionante… y no muy sano —comentó Riko, alzando una ceja.
—Riko es enfermera. Está obsesionada con la salud.
—Yo no soy la que le gritó al señor del restaurante que tenía su carta en Comics Sans —respondió la otra con una sonrisa burlona.
—Fue sólo una vez. Y esa tipografía es un crimen contra la estética y el buen gusto —resopló Maureen—. En fin, Lizzie B, avísame si tienes un minuto para juntarte con nosotras y ponernos al día en serio. Sigues teniendo mi número, ¿no?
—Por supuesto que lo tengo. Adiós, nos vemos —asintió la joven despidiéndose con la mano, antes de dirigirse a la carpa en la que estaban los camarines, que estaba a uno cuántos metros. Tuvo que mostrar su pase de prensa para que el enorme guardia de la entrada la dejara entrar.
Esquivando a un músico que llevaba su contrabajo en una caja con ruedas, se dirigió al cubículo en el que podía encontrar a Susan Thompson. Ella ya estaba ahí, con las mejillas rojas después de su show. El cabello moreno y rizado se alzaba sobre su cabeza como un halo.
—Tú debes ser Elizabeth Bennet —dijo al verla golpear la pared que la separaba de un área común para los artistas—. De la revista, ¿no? Pasa, por favor. No tendremos mucha privacidad, pero algo es algo.
Tenía una sonrisa muy bonita, que resaltaba muy bien en su cara oscura. No podía ser mucho mayor que Lizzie, aunque la joven no estaba segura de la edad que tenía. Podía ser cualquier número entre veinte y treinta.
—No es problema, gracias por acceder —respondió. Susan le indicó que se sentara en un pequeño sillón delante de ella.
—Ustedes son los que me hacen el favor a mí. Necesito publicidad de alguna forma u otra —bromeó la joven—. Ya viste que me pusieron a las once de la mañana. ¿Quién se suponía que tenía que venir a verme?
—Tus fans, me imagino —comentó Lizzie, con una sonrisa que esperaba fuera amistosa. Al menos era más simpática que otros artistas a los que había tenido que entrevistar—. ¿Te importa si grabo esto?
—No, para nada —dijo Susan con un gesto de la mano—. Bueno, mis fans son las mejores personas del mundo. Mira que tener que levantarse temprano para verme cantar.
—¿Y no vas a hacer algo después?
—Sí, en Twitter avisé que estaré junto a las estatuas para conocerlos y firmar autógrafos. Es lo mínimo que puedo hacer.
—¿Cómo calificarías tu relación con tus fans? —preguntó Lizzie anotando rápidamente en su cuaderno. La grabadora era una gran ayuda, pero lo cierto era que nada podía reemplazar al viejo lápiz y papel.
—Cercana. Mucho más que lo que he visto en la mayoría de los artistas de mi generación. Quizás porque todavía no estoy ni cerca de ser lo suficientemente famosa para ser una diva como corresponde.
-o-
El festival se veía aún más bonito de noche. Lizzie había tomado algunas fotos con su teléfono, esperando que la ayudaran a describir el ambiente para la última parte de su artículo. La banda que cerraba era buena y la música llenaba el aire londinense. Aunque no hacía frío, durante toda la tarde, la lluvia había amenazado.
Apenas la banda terminara, Lizzie estaba decidida a irse. Alojaba en la casa de sus tíos Gardiner. Originalmente, la revista pensaba pagarle un hotel, pero apenas ella les había comunicado a sus tíos que iría a la ciudad, estos se habían negado a que la joven alojara en cualquier otro lado.
—¿Lizzie?
Otra voz conocida.
Pero al contrario de la voz de Maureen, esa voz era una que la hacía querer correr lejos de ahí. Pero ella nunca había sido de esas que escapaban —al menos, no generalmente—. Lizze solía enfrentar sus miedos.
Y en este caso, su miedo tenía la cara de su vecino.
—¿Darcy? ¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó cuando el joven se acercó a ella.
—Me tomé unos días de vacaciones. Y un amigo me consiguió entradas. De hecho, vinimos juntos, pero ahora no tengo ni idea de dónde está.
—¿Lo perdiste?
—Creo que nos perdimos mutuamente —replicó él encogiéndose de hombros—. En fin, es un hombre adulto. No tengo que preocuparme por él.
—No sabía que estarías en Londres.
—Lo mismo digo.
—Oh, estoy cubriendo el festival para una revista en la que colaboro de vez en cuando. Nada más, la verdad.
—Ya veo. ¿Dónde te estás quedando?
—Donde mis tíos, en Gracechurch Street —respondió ella, incómoda. Podía sentir la presencia de la carta instalada entre ambos, aunque ninguno de los dos la había mencionado. Las palabras estaban grabadas en su mente por completo—. ¿Tú te quedas con tu amigo?
—No, con mis padres. Y mi hermana.
—¿Cómo está? —preguntó bruscamente la joven, recordando lo que él había escrito acerca de ella.
—¿Gigi? Bien, mucho mejor que la última vez que la vi. Se está preparando para entrar la universidad.
—Genial. Me alegro.
El silencio entre ambos hacía más obvio que ninguno de los dos se sentía cómodo con la situación. Después de todo, apenas habían pasado un par de semanas desde que él se le había declarado de la forma más extraña posible. Ahora que ninguno de los dos hablaba, Lizzie se dio cuenta de que la banda en el escenario había dejado de tocar y que todos se estaban retirando del recinto.
—¿No quieres que te acompañe a casa? —preguntó él repentinamente.
—Darcy, esto es el siglo veintiuno. Soy perfectamente capaz de llegar a la casa de mis tíos yo solita.
—No estaba sugiriendo eso, Lizzie. Sólo te estaba sugiriendo acompañarte a casa, nada más. Es… creo que soy de la vieja escuela en ese sentido.
—Ya.
No la sorprendía. Después de todo, Darcy siempre le había parecido uno de esos tipos que habían sido educados con un manual de etiqueta por una tía solterona. O algo por el estilo. En realidad, no sabía mucho acerca de él.
—Vale, si quieres acompañarme, vale. Es lejos. Y los taxis de esta ciudad son un robo asqueroso, así que me iré en metro, si no te importa.
—Londres es mi ciudad. El Tube es parte de mi adolescencia —replicó él con una sonrisa divertida—. ¿Hasta cuándo te quedas?
—El martes. Los pasajes eran más baratos —respondió Lizzie mientras los dos echaban a andar por la calle camino al metro más cercano, que seguía abierto.
—Ya veo. Yo creo que me quedaré unos días más con mi familia. No veo a mis padres hace bastante, por lo que necesito tiempo con ellos.
—Claro, la familia es importante.
—Mucho. Gigi quería visitarme en Liverpool, pero no tuvo tiempo con los exámenes y todo eso. Pero quedó en Literatura en Cambridge, así que al menos el sacrificio le sirvió para algo.
—Oh, ¿cuándo empieza?
—Septiembre. Está muy emocionada por esto, la verdad. No deja de hablar del campus y de todas las cosas que hará una vez que esté ahí —comentó él.
Sonreía cuando hablaba de su hermana. Lizzie no pudo evitar sonreír a su vez al ver ese lado de él. No se lo hubiera esperado, aunque la dichosa carta le había dejado en claro que Darcy adoraba a su hermana.
Durante el trayecto en metro discutieron acerca del festival. Resultaba que Darcy era —por supuesto—, muy entendido en música, por lo que tenía opiniones interesantes acerca de todos los artistas que se habían presentado.
—Susan Thompson es muy buena. Tiene una voz clara y sus letras son espectaculares —comentó cuando estaban a pocas estaciones de Gracechurch Street—. Creo que es ridículo que la hayan dejado a esa hora.
—¿Fuiste a verla?
—Claro.
—Yo la vi un rato y la entrevisté después del concierto. Me pareció una chica muy simpática, aunque no sé si puedo opinar con tanto detalle como tú acerca de su música.
—Seguro que sí. ¿O es primera vez que haces algo con esto?
—No, en realidad he cubierto cosas de música varias veces. Aunque nunca un festival —explicó ella con una mueca—. Fue una buena experiencia, por cierto.
—Me alegro. Hubiera sido espantoso que te hubieran mandado a algo malo —dijo él, sonriendo.
En la estación de Gracechurch salieron del metro. La casa de los tíos de Lizzie no estaba muy lejos, pero algunas gotas empezaban a caer, por lo que los jóvenes se apresuraron. Al llegar a la casa, Lizzie tocó el timbre. Darcy seguía junto a ella.
Inmediatamente, su tía se asomó a la puerta.
—Lizzie, ¿cómo te fue hoy? —Entonces vio a Darcy y alzó las cejas—. ¿Y quién es este joven? —inquirió.
—Es Darcy, es mi vecino en Liverpool. Nos topamos en el festival e insistió en acompañarme. Ella es mi tía, Maeve Gardiner —explicó Lizzie, mientras Darcy se acercaba a saludar a la mujer—. Ahora que estoy sana y salva en casa, puede irse.
—¿No lo vas a invitar a pasar?
—Seguro que tiene cosas que hacer, ¿o no, Darcy? —preguntó ella con una sonrisa.
Al parecer, él entendió el mensaje implícito y negó con la cabeza.
—No, tengo que irme. Pero mañana podemos almorzar juntos, si te parece. Podríamos ir a un museo o algo así.
Lizzie sintió la mirada impresionada de su tía clavada en ella. Estuvo tentada a decirle que no, pero eso habría significado una serie de preguntas por parte de su tía que no quería responder. Además, el plan de Darcy no sonaba del todo mal, aunque no fuera muy definido.
—Claro. Mañana hablamos —respondió—. Buenas noches, Darcy.
—Por supuesto. Buenas noches, Lizzie. Buenas noches, señora Gardiner.
¡Lizzie y Darcy tendrán una cita! Soy la escritora y estoy emocionada, porque ese capítulo es uno de los que tengo más claros desde antes de empezar a escribir esto. Por otra parte, necesito azúcar y cosas bonitas después de terminar con la cuarta temporada de Orange is the New Black, que dejó mi corazón hecho muchos pedacitos (no son spoilers).
Cesy Casas, que escribió el review número 100, me pidió que escriba una historia sobre Cumbres Borrascosas (uno de mis libros preferidos, a pesar de que casi todos los personajes me caen muy mal). Espero escribirla lo antes posible (a ver si en las próximas dos o tres semanas). Ahora mismo entré a trabajar a una fundación de fomento a la lectura, como voluntaria, y mis días están un poco más ocupados. Pero las tardes normalmente son mi tiempo para estudiar/leer/escribir.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
