¿Cuál es la definición exacta de ser una persona fuerte para ti?
¿Tener una inteligencia mayor al de los otros, habilidades extraordinarias,
destacar en cada momento, no tener debilidades, miedos o conflictos y ser literalmente perfectos?
O, por el contrario: ¿tener temores, contrariedades, terquedad, mal humor o defectos
y querer cargar con nuestros problemas nosotros mismos?
¿Ser seres humanos imperfectos, que se equivocan, hieren y son heridos, que son golpeados
y caen y vuelven a caer una y otra vez;
por la vida, por la familia, por la sociedad y el mundo en el que viven,
volviéndolos rotos, quebrados, perdidos?
Pero…
pero, que en vez de bajar la cabeza y dejar que los pisoteen y los humillen;
se levantan, tal vez solos o acompañados, pero se levantan y se rebelan.
Contra la injusticia, contra el dolor, contra la sociedad, contra sus propios miedos.
Toman sus errores, sus debilidades y en vez de desecharlas y alejarlas de sí mismos;
las contemplan y las admiran y las mejoran para su bien
porque fueron esos errores lo que los convirtieron en lo que son hoy:
luchadores, guerreros…
Seres humanos.
Hotaru se levantó temprano esa mañana como nunca en su vida. Se puso una yukata elegante y apuró a Kurenai y a Mirai, ansioso por asistir a la ceremonia donde Naruto se convertiría en Hokage en presencia de toda la aldea.
El pequeño Hotaru sonrió feliz por su buen amigo Naruto, aunque se conocían hace relativamente poco tiempo, el pequeño se había encariñado con el rubio y lo admiraba muchísimo por lo fuerte y valiente que era como ninja. Así que verlo cumplir su sueño —aquel que Naruto no había dudado decirle desde el primer día que se conocieron y que esperaba cumplir hace tantos años— se volviera real, lo emocionaba tanto como al propio Uzumaki.
Pero había otro motivo por el cual lo quería tanto: por la manera en la que miraba a su madre.
Aunque Hinata constantemente le decía que entre ella y el rubio no había nada y que el Uzumaki sólo era un compañero de entrenamiento, Hotaru no estaba de acuerdo con ello. Pudo observar todos esos meses, el comportamiento de su amigo frente a su madre: sonriendo con nerviosismo en algunas ocasiones, mirándola fijamente en los entrenamientos y apartando la vista cuando alguien lo pillaba mirando a la ojiperla, haciendo bromas e incluyéndola en sus travesuras haciendo que se le quitara a la ojiperla la seriedad y la preocupación que muchas veces presentaba Hinata.
Pero también el de su madre: se le notaba más tranquila, más alegre, más feliz al lado del rubio. Como si un peso se le hubiera quitado de encima al estar con el Uzumaki.
Y eso le encantaba: le encantaba verla más relajada y fuera de su papel de madre por un tiempo.
Y, la verdad no le molestaba si su madre elegía a Naruto como su futuro papá.
—Oh, sí, toneladas de ramen gratis —pensaba Hotaru con emoción, mientras saboreaba, mentalmente, su nueva comida favorita. De alguna manera, él tenía que sacar algún provecho, y un par de toneladas de ramen le parecían un trato justo por permitirle a su amigo Naruto estar con su madre.
Aunque, Hinata le había dicho que el amor era más complicado que simplemente desear que dos personas estén juntas, él no perdía las esperanzas de verlos juntos.
Deseaba fervientemente que su madre fuera feliz.
Y, por supuesto, ramen gratis, también.
El pequeño reparó en un portarretrato en su cómoda y lo abrazó a su pecho.
—Les prometo que ayudaré a mamá a ser feliz —dijo Hotaru con entusiasmo.
—¡Hotaru! —Le llamó Mirai asomando la cabeza por la puerta de la habitación—. Apresúrate, mamá nos espera para irnos.
—¡Ya voy! —Se apresuró el pequeño dejando el portarretrato en su lugar y corriendo detrás de Mirai—. ¡Espérame Mirai! —exclamó, pero regresó sobre sus pasos e hizo una pequeña reverencia a la fotografía— regresaré después. Los quiero —los pasos de Hotaru se alejaron de la habitación mientras la fotografía de tres personas se dejaba ver en el portarretrato: en ella aparecía Hinata vestida con una hermosa yukata sonriendo ampliamente a la cámara abrazando a una pareja de novios recién casada. Uno era Hiro, sonriendo feliz como nunca en su vida y la otra era una joven hermosa de aspecto juvenil y relajado, vestida de novia; mientras que detrás de ellos podía leerse un cartel que decía: "Felicidades a los novios: Hiro y Hitomi".
—¡Hotaru! —Volvió a llamarlo la niña cuando lo vio aparecer a su lado— ¿Por qué demoraste tanto tiempo?
El niño sonrió.
—Sólo me estaba despidiendo.
Sakura Haruno corría por las calles de Konoha.
Antes de la ceremonia por el nombramiento de Naruto como futuro hokage salió del hospital de la aldea y pasó por su casa para recoger a Sarada del cuidado de su madre. Se sentía emocionada por su amigo que, después de tanto tiempo contemplando su sueño de ser hokage, finalmente podría hoy hacerse realidad.
Corrió un poco, sabiendo que a Sasuke le molestaba que ella llegara tarde a cualquier reunión o lugar en que ambos se citaban y ahora más por Naruto. Llegó a su hogar y saludó a su madre, quien cargaba a la pequeña Sarada que recientemente se había despertado de su siesta de la tarde.
—Llegas tarde —le acusó su madre mientras la pelirrosa le daba un beso en la frente a su pequeña y corría a su habitación a cambiarse la ropa del hospital por algo más cómodo y elegante.
—Ya sé, ya sé —contestó Sakura mientras buscaba su ropa para cambiarse— pero los pacientes son también importantes, fue una suerte que Ino me ayudará sino aun seguiría allí.
—Sabes que a tu marido no le gusta que llegues tarde —le hizo recordar su madre no sin razón.
—Ya sé, ya sé, simplemente no encuentro mi ropa, ¡shannaro!. Recuerdo que hoy en la mañana la puse aquí —señaló la pelirrosa un cajón de su ropero.
—Tal vez lo hayas…—empezó a decir la madre de la pelirrosa cuando un fuerte estallido se escuchó cortando lo que la señora trataba de decir.
Sakura con sus reflejos perfeccionados por sus entrenamientos ninjas atrapó a su madre y a su hija en fuerte abrazó mientras su hogar se sacudía por la fuerza del estallido.
—¿Qué…que fue eso? —preguntó la madre de Sakura asustada. La pelirrosa alzó la mirada y observó el estado de su madre y de su hija.
—No lo sé —Sakura salió de su casa seguida muy atrás por su madre. La Haruno pudo ver gente corriendo de aquí y allá, aterrorizadas y en el centro de toda la aldea se podía ver una gran humareda de casas incendiándose y cientos de ninjas desconocidos atacando a los aldeanos. En ese instante, un ninja apareció frente a ambas mujeres con gesto fiero y amenazador—. Mamá atrás —avisó Sakura encarando al enemigo, corrió hacia él y empezó a pelear lanzando golpes y patadas a su enemigo. Pero, el otro era rápido y evadía con facilidad los golpes de la pelirrosa.
—Sakura, ¡cuidado! —gritó la madre de la pelirrosa cuando el ninja desconocido lanzó un golpe certero a la chica. Sakura intentó esquivar el golpe, pero sintió que el piso bajo sus pies empezaba a moverse y a hundirla lentamente.
—¡Mamá, corre y escapa con Sarada! —gritó Sakura dándose cuenta del verdadero peligro. La mujer asintió pero apenas dio unos pasos cuando otro ninja apareció cortándole el paso hacia su huida. El ninja concentró chakra en una mano dispuesto a atacar.
—¡Mamá! ¡Sarada!
Fue un destello naranja, un par de golpes y viento veloz, lo único que sintió la pelirrosa, pero cuando volvió a abrir los ojos vio a su mejor amigo parado delante de su madre y a los ninjas que le habían atacado en el suelo, inconscientes.
—¡Naruto!
—Uhm —el rubio volteó a verla— Sakura-chan, deberías tener más cuidado, esos tipos si son fieros —saludó Naruto sonriéndole a su amiga.
La chica negó, mientras el rubio ayudaba a la madre de la pelirrosa a levantarse. Sakura se liberó de su prisión y corrió en pos del rubio.
—Naruto, ¿qué ha sucedido? ¿Qué es esa explosión en el techo de la torre del hokage? —exigió respuestas la kunoichi.
El Uzumaki dejo de sonreír y adoptó una actitud seria.
—Sería mejor que Sarada y tu madre se dirijan al refugio de la aldea —dijo el rubio— el equipo de Konohamaru se está encargando de ello —la chica asintió y volteó a ver a su madre.
—Mamá, por favor, ve. Ahora, permanecer en la aldea es peligroso —miró a su pequeña hija y le dio un beso en la frente— y por favor cuida a Sarada de mi parte —la mujer mayor asintió y abrazando a su nieta, corrió a refugiarse. La kunoichi las vio irse y suspiró.
—No te preocupes, Sakura-chan el camino ya lo despeje de enemigos, no tendrán ningún problema con llegar a Konohamaru —le aseguró el rubio.
—Gracias, Naruto. Ahora, cuéntame que es lo que está sucediendo.
—Sí, pero antes corramos, siento el chakra de enemigos cercanos a aquí —ambos ninjas dejaron el lugar y mientras corrían, Naruto le contaba a grandes rasgos lo que sucedía y quien era el atacante del lugar—…y entonces, mi yo verdadero repartió clones por toda la aldea para abarcar más espacio y ayudar a más personas en la aldea. El primero que llegará a ti, le avisaría a los demás, y ellos a su vez, le avisarían al Teme —el rubio rió—, el teme esta preocupadísimo por ti.
Sakura sintió las mejillas calentársele ligeramente. Sasuke no era demasiado expresivo con sus emociones y ella estaba acostumbrada a ello, pero el hecho de saber lo preocupado que se demostró por ella, le hizo sonreír.
—No te burles de mí, Naruto-baka —le acusó la pelirrosa cuando escuchó reír al rubio.
—Lo siento, lo siento, ttebayo —El Uzumaki se disculpó cuando de repente sintió un agudo dolor que le hizo tropezar y caer desde una gran altura al suelo.
—¡Naruto! —Gritó Sakura al ver a su amigo desvanecerse y caer al suelo tomándose el pecho— Naruto, ¿qué te pasa? ¿Qué tienes?
—Mi…mi yo original esta en serios problemas —respondió el clon de Naruto con dificultad y de pronto desapareció con un estallido.
La kunoichi sintió una gran explosión de chakra cercana al lugar y corrió hacia aquel lugar.
Al principio, vio un lugar totalmente destruido, lleno de escombros y sin vida a simple vista, pero cuando se acercó más, vio al verdadero Naruto tirado en el suelo, respirando con dificultad y con una gran herida en el pecho.
—¡Naruto! —gritó la chica arrodillándose frente al rubio e intentaba una y otra vez que el veneno de su cuerpo no lo matará. El Uzumaki cerró los ojos y dejo que el dolor se extendiera por todo su cuerpo.
Naruto sentía su cuerpo cansado y adolorido; su garganta estaba seca y rasposa, cuando intentó levantarse sintió que su pecho pesaba toneladas y que un dolor agudo le traspasaba el cuerpo, tuvo que volverse a acostar porque sentía que el aire le faltaba para respirar.
—¡Naruto! —Sakura que entraba en aquel instante a su habitación, lo miró con sorpresa y se acercó a su cama a revisar sus puntos vitales— ¡Qué bueno que despertaste! Todos estaban preocupados por ti.
—Hinata, ¿dónde está Hinata? Orochimaru se la llevó. ¿Alguien fue por ella, alguien la fue a buscar, la encontraron? —preguntó atropelladamente Naruto, a la vez que intentaba levantarse de la cama del hospital.
Sakura bajó los ojos al suelo y suspiró.
—¿Qué pasa, Sakura-chan?
—Naruto, lo que sucede es que…
La sala de reuniones del hokage estaba repleta de todos los miembros del consejo, los representantes de cada clan importante de Konoha y por supuesto, el ya recuperado hokage: Kakashi Hatake. Se estaban reuniendo al día siguiente del ataque a la aldea, revisando el daño ocasionado por Orochimaru, las bajas en los ninjas y la muerte de los aldeanos.
—El hospital de Konoha está atendiendo a todos los heridos y en el plazo de dos días la estructura de la aldea nuevamente estará en condiciones…—informaba uno de los miembros del consejo, cuando la puerta de entrada del lugar fue violentamente azotada contra la pared y revelando en la entrada de la misma a un enojado y furioso Naruto.
Los presentes miraron con sorpresa como el malherido Naruto ingresaba al lugar, con vendas cubriéndole el pecho y los brazos. Sakura apareció detrás de él e ingresó con cautela al lugar. El Uzumaki recorrió el lugar con la mirada y cuando encontró a Kakashi, caminó hacia él con dificultad.
—Naruto, ¡qué bueno que ya te hayas recuperado! —empezó a decir el Hatake, cuando el Uzumaki le tomó de la parte delantera del chaleco ante la sorpresa de todos los presentes, que miraron con incredulidad la actitud del rubio con su sensei.
—¿Por qué demonios no están buscando a Hinata? —preguntó el Uzumaki con una voz tranquila pero afilada. A leguas se notaba que intentaba controlar su temperamento.
—Hinata Hyuga no es un elemento importante en Konoha —interrumpió un miembro del consejo de la aldea.
—¿Qué? —Volteó Naruto a ver al dueño de la voz, encarándolo— ¿Qué está diciendo? Hinata me salvó la vida a costa de la suya. Hizo que Orochimaru se la llevará y no dejará que siguiera destruyendo la aldea. Y, ¿usted dice que no es importante? —El rubio soltó al Hatake y se acercó a la mesa donde todos se sentaban—. Es la persona más malditamente importante de esta aldea —le dio un golpe a la mesa donde todos los convocados se sentaban y haciendo un agujero en la gruesa madera— ¿y, que han estado haciendo estos días reuniéndose? ¿Por qué no la han ido a buscar?
—Naruto…—dijo Sakura, pero el rubio, alzó una mano para silenciarla.
—Ella ha arriesgado su vida para cuidar el trasero de todos los que están aquí y, ¿qué hacen ustedes como recompensa?, la dejan a su suerte. Podría estar herida, ¿saben? Podría estar sin chakra, siendo torturada pero para ustedes eso le podría importar menos, ¿no? pero a mí sí, a mí sí me importa ella. Me importa más que la mitad de las personas que están aquí.
—Ella sabía del peligro —dijo uno de los ancianos de la aldea, aquellos que aconsejaban al tercer hokage e incluso a Kakashi en sus inicios como hokage— ella sabía el riesgo de enfrentarse a Orochimaru. Ella aceptó seguir esta misión, ella eligió.
Naruto se volvió al anciano que había hablado, con sorpresa.
—¿Misión, de qué misión está hablando?
En ese momento llegó Sasuke, quien intercambió una mirada con Sakura y se acercó a su lado.
—Naruto…—empezó Kakashi tratando de calmar al rubio y sentarlo en una silla.
—¡No! —increpó el rubio deshaciéndose del agarre del peliplata— ¡Estoy harto de tantas mentiras y secretos! —dijo Naruto, encarando a Kakashi— Hinata, tú, Gaara, todos parecen saber algo, todos parecen ocultar cosas. ¿Qué sucedió? ¿Por qué Hinata se fue de la aldea siete años atrás? ¿Por qué Orochimaru se la llevó? ¿Qué quiere con ella? —Naruto sentía rabia, cólera e ira por todo y al mismo tiempo sentía dolor, desesperación y miedo por Hinata, por lo que le estuviera pasando en ese momento, de su mente no podía apartar la mirada que le dirigió la chica antes de desaparecer con el Sannin y las palabras que le dijo antes de irse.
Kakashi suspiró.
—Esto es culpa mía —los demás lo miraron—. He sido yo el culpable de todo esto.
—¿Qué? —preguntó el rubio con desconcierto.
—Siéntate, Naruto tienes que escuchar una historia importante —dijo Kakashi sentándose en un sofá de la oficina del hokage e invitando al rubio a hacer lo mismo—. Hoy lo sabrás todo. Esto comenzó hace siete años atrás..
Capítulo11:
Esos siete años perdidos: ¡La misión secreta de Hinata!
Parte I
Hinata se encontraba en su habitación alistando su mochila para partir a una misión encargada por el nuevo hokage: Kakashi Hatake. La Hyuga no podía estar más feliz, después de terminada la guerra su equipo fue el encargado de ayudar a la aldea y a sus ciudadanos haciendo que permanecieran mucho tiempo en Konoha sin salir a misiones y estar en un estado de inactividad constante pero ahora por fin podría salir con Shino, Kiba y Akamaru y, tener una buena misión. Aunque el hokage sólo les dijo que tendrían que rastrear el paradero de algunos ninjas renegados que parecían merodear por la frontera de la aldea e informar si eran ciertas o falsas esas afirmaciones, Hinata se sentía entusiasmada porque por muy pequeña que fuera la misión le ayudaba a mejorar como ninja.
Miró su mochila y dandose cuenta que tenía todo, la cerró y se sentó en su cama.
Sin poderlo evitar vio el último cajón de su mesita de noche y sonriendo tímidamente la abrió: dentro había una bufanda roja a medio hacer, la tomó en sus manos y se sonrojó un poco.
—Ya sólo falta la mitad —dijo Hinata con ilusión. Miró la fecha en el calendario y se dio cuenta que ya casi era finales de noviembre—. Lo malo es que no la tendré lista para el Festival del Rinne —suspiró la ojiperla desilusionada—. Pero, puedo dársela en el festival del próximo año —Hinata sonrió—. Sí, le entregaré la bufanda a Naruto-kun el próximo año y le confesaré mis sentimientos —dijo, decidida. Había pasado mucho tiempo pensando cual sería la mejor ocasión para confesarse y aquel festival era el mejor para hacerlo—. Sólo espero que mis sentimientos puedan alcanzar a Naruto-kun —pensaba ilusionada la chica cuando los toquidos de la puerta de su habitación la sacaron de su ensoñación.
—Hinata-sama —le llamó Ko Hyuga desde el otro lado de la puerta—. Tengo un anuncio importante de parte de su padre.
Hinata enrojeció y con rapidez regresó la bufanda a su lugar.
—A-adelante, Ko-san —le dijo Hinata cuando la bufanda roja estuvo bien escondida.
—Hinata-sama, buenas tardes —Ko hizo una reverencia cuando ingresó a la habitación de Hinata—. Su padre Hiashi-sama la solicita en la sala de reuniones del clan.
— ¿Ahora? —Preguntó Hinata con sorpresa— pero estoy a punto de salir a una misión.
—Su padre dijo que era urgente.
Hinata asintió.
—Muy bien, Ko-san. Iré enseguida, gracias —Ko asintió y salió.
Hinata terminó de alistarse y fue al llamado de su padre. Lo encontró en la sala de reuniones, esperándola. Hinata miró al hombre y dando unos toquidos en la puerta, anunció su presencia ante el líder de su clan.
—Buenos días, padre. Ko-san dijo que quería hablar conmigo.
—Así es —respondió el hombre con seriedad, sentado en la mesa de reuniones—. Siéntate.
La chica asintió e hizo lo que su padre le dijo.
—Como sabes Hinata, la familia Hyuga, es una familia de tradiciones, —comenzó a decir el hombre de ojos perlas— de valores y alianzas —Hinata asintió extrañada ante esta última parte—. Como te darás cuenta pronto serás mayor de edad y tu status en el clan deberá cambiar al ser Hanabi la nueva heredera del clan Hyuga —la chica volvió a asentir sin entender a qué punto quería llegar su padre, ya que aquello que le decía ya era de su conocimiento desde hace algún tiempo y sentía que era innecesario repetírselo—. Tendrás que tomar mayores responsabilidades y pensar en lo mejor para el clan en el futuro.
—¿Qué quiere decir, padre? —preguntó la Hyuga sumamente intrigada. Todo aquel discurso se le hacía demasiado confuso.
Hiashi se levantó de su puesto, se acercó a su hija y le puso una mano en el hombro.
—Hinata te vas a casar —anunció el hombre dándole a la Hyuga un baldazo de agua fría—. Ya me reuní con un clan aliado al nuestro y están interesados en unirse con nosotros en una alianza si una de mis hijas se casa con un heredero suyo. Hanabi es muy pequeña aun, así que lo más conveniente sería que tú lo hicieras —mientras, su padre hablaba Hinata sentía que una angustia crecía en su interior, mientras la palabra "casar" rebotada en su mente, una y otra y otra vez.
En sus casi diecisiete años, la idea de casarse jamás había surcado su mente, estaba enamorada de Naruto, sí, pero su amor era aún muy joven e ingenuo para pensar sobre ello, apenas podría decir que a lo sumo había pensado en un beso con el Uzumaki. Pero…pero, ¿casarse? ¿Casarse ella? Era completamente diferente. Y, ahora que su padre le decía, no, le imponía el casamiento con un desconocido, decidiendo por ella el pasar los días con un hombre por el resto de su vida, compartiendo momentos con él, teniendo hijos con él, sintiendo sus caricias; le hizo sentir arcadas de miedo.
—P-padre —interrumpió la Hyuga, sintiendo que la cabeza le daba vueltas y el corazón le martillaba con fuerza en el pecho—. Padre, pero, yo no…yo no puedo.
—Claro que puedes —respondió el hombre con facilidad— los matrimonios arreglados son parte de nuestras tradiciones y han sido parte de nuestro clan desde hace siglos. No sabes lo orgulloso que me voy a sentir cuando tu boda una a dos grandes clanes y la influencia que tendremos en la aldea.
Hinata se encogió en su asiento, oyendo las palabras de su padre, que parecía que le comentaba una transacción comercial donde ellos saldrían ampliamente favorecidos, en vez de hablar de su vida, su futuro, su amor por Naruto…
El rostro del chico estalló en su mente con su amplia sonrisa, sus ojos azules y su rubia cabellera, ¿podría vivir toda su vida sin aquella sonrisa, sin aquella mirada, sin aquella alegría; sólo por ser aceptada por su padre y el clan? ¿Podría vivir toda una vida sin amor sólo por satisfacer el orgullo de su padre? ¿Renunciar al amor por el reconocimiento? ¿Vivir con falsedad y ser manipulada para la satisfacción de otros? Acaso, acaso, ¿no merecía elegir su propio destino, su propio camino?
Se levantó de su asiento y miró a su padre, negando.
—No lo voy a hacer —dijo con firmeza Hinata. La Hyuga sabía que el Uzumaki aún sentía algo por Sakura, pero el hecho de aceptar casarse con un hombre desconocido le era completamente inconcebible. No iba a permitir que su padre vendiera su corazón al mejor postor. No iba dejar que su amor por Naruto fuera manchado de esa forma, aún le faltaba luchar, confesar sus sentimientos, entregar la bufanda…
—¿Qué? —Preguntó Hiashi, irritado— ¿Qué dices, Hinata?
—¡No me voy a casar! No voy a permitir que usted siga mandando en mi vida como se le antoje. Voy a buscar mi libertad, mi destino, mi amor…—la cachetada fue dolorosa, pero más dolorosa fue el hecho de que su padre haya sido el que la golpeará. Sus ojos se llenaron de lágrimas a la vez que llevaba una mano a su mejilla.
—¿Libertad, dices? ¿Destino? ¿Amor? —Cuestionó con desdén el patriarca—. Ninguna de esas tres cosas existen en este clan. Cada uno hace lo que le mandó como su deber y respeto en este clan.
—¿Respeto? Miedo es lo que sienten por ti, papá. Cada hombre y mujer en este clan sólo hace lo que tú les pides por miedo —le aclaró la Hyuga mientras veía a su padre tal cual era en realidad: un hombre déspota y autoritario—. Siempre, desde que tuve memoria quise que me quisieras, que te sintieras orgulloso de mí, que notarás lo fuerte que soy. Pero, ahora me he dado cuenta que buscaba algo irreal, algo estúpido, algo imposible; tú nunca has sabido amar ni querer a nadie, tu orgullo siempre fue más importante que cualquiera: que Hanabi, que yo o que mi madre.
—Hinata, no te permito…
—Y yo no te permito decidir mi futuro —interrumpió Hinata mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas pero ella no las apartó y miró a su padre con dolor—. No te permito que intentes ordenarme como cuando era una niña, ya no soy así, la muerte de Neji-nisan me cambió, me hizo darme cuenta que debo ser más fuerte cada día, que uno mismo debe labrarse su propio destino y mi destino no es casarme con alguien a quien no ame —la chica se acercó a la puerta dispuesta a irse cuando la voz de su padre la detuvo.
—Hinata, si cruzas esa puerta jamás podrás regresar al clan, —dijo su padre, en un intento desesperado de retener de alguna manera a su hija mayor— te olvidarás de todos nosotros, de los ancianos del clan, de mí, de Hanabi —la Hyuga se detuvo al escuchar el nombre de su hermana y cerró los ojos, sintiéndose desdichada al dejar a su hermana sin una despedida.
—Adiós, padre —la Hyuga salió y no se volvió a ver a su padre, quien se derrumbó en su asiento al saber que había perdido a su hija.
La Hyuga corrió desesperadamente a su habitación mientras las lágrimas le nublaban la vista, tomó su mochila de misiones y dándole un último vistazo a su habitación, abandonó aquel lugar que por mucho tiempo consideró su hogar. No supo cuánto tiempo estuvo corriendo sin rumbo, pero en un momento dado se tropezó con una roca, cayendo al suelo y ensuciándose toda la ropa, allí en el suelo dejo que las lágrimas siguieran cayendo, intentando desahogarse.
¡Su padre la había echado! ¡Su padre la había echado y ella no se había podido despedir de Hanabi!
Las palabras de su padre se repetían en su mente, clavándose en el pecho como una daga mortífera. Desde que terminó la Cuarta Guerra Ninja, Hinata y su padre intentaron llevar mejor su relación de padre e hija basándose en el respeto mutuo, en la esperanza de la Hyuga de ser reconocida y en el deseo de por fin unir a su familia. Pero, las palabras de su padre hicieron añicos su corazón, sus esperanzas y su futuro. Ella no quería casarse, aún no, aun cuando sentía que podía aspirar a una oportunidad con Naruto, aún no porque todavía no había luchado con verdadera fuerza por el rubio, aún no porque aún le faltaba entregarle la bufanda y juntar el valor para decirle que le quería.
Sin embargo, era algo más grande que Naruto y lo que sentía por él: era ella misma.
Ella misma, su libertad de elegir y el derecho que tenía a tomar sus propias decisiones. Hiashi Hyuga no podía obligarla a casarse si ella no lo deseaba y ella iba a hacer prevalecer su derecho de tomar sus decisiones y las consecuencias de las mismas, costarán lo que costarán. Su cuerpo, débil por el llanto y el dolor por las palabras de su padre, hicieron que se sentará debajo de un árbol y con su mochila en las rodillas se quedó mirando a la luna, esperando la llegada del día.
La luz de los rayos solares despertaron a Hinata al día siguiente. Adolorida por la mala posición en la que durmió y el desgaste sentimental por la pelea con su padre, Hinata estaba en las peores condiciones para tomar una misión, pero no dejó que ni Kiba ni Shino lo notarán.
—Ahhh, ¡qué bien es salir de la aldea! —exclamó Kiba, sonriendo mientras estiraba los brazos, a su lado saltando por los árboles, estaban Shino, Hinata y Akamaru— y sobre todo salir a tener una misión.
—Es bueno saber que el nuevo hokage confía en nosotros para tomar esta clase de misiones —aportó una observación Shino mientras saltaba de rama en rama.
—¿Qué quieres decir, Shino? ¿Crees que no estoy calificado para rastrear ninjas renegados? —acusó Kiba señalando con el dedo a su compañero de equipo.
—No podríamos decir que estas en las mejores condiciones, Kiba —opinó de nuevo el Aburame pensativamente— después de todo, salir con aquella chica te hace volver demasiado distraído.
Hinata, quién se había mantenido se volvió a ver a su amigo Kiba.
—Kiba-kun, ¿estas saliendo con alguien? —preguntó Hinata, con sorpresa y haciendo que al Inuzuka se le pusiera la cara completamente roja.
—¡No es cierto! Shino, está hablando cosas que no son, mejor cámbiate las gafas, amigo —respondió Kiba negándolo todo.
—Entonces, eso quiere decir que no estas con la tal Tadaki.
—Es Tamaki, idiota —increpó el Inuzuka tomando de las solapas de la ropa a su amigo— y trátala con respeto que es mi novia —terminó decir el chico pero al darse cuenta la cara se le puso completamente roja y avergonzada al haber admitido su más grande secreto. Akamaru a su lado trataba de animar a su dueño.
Hinata se permitió reír un poco ese día y sintiéndose menos triste desde que habían salido de la aldea.
—Shino-kun, ¿tú también estas saliendo con alguien? —curioseó la chica al llegar al lado de su amigo de lentes oscuros.
—¿Qué? ¿Este tonto? —Interrumpió Kiba, apoyándose en Shino mientras reía—. Shino va a terminar solo y vistiendo santos.
—Kiba-kun —le retó Hinata, enojada por el comentario del Inuzuka hacia el Aburame.
—No te preocupes, Hinata —dijo Shino— estoy acostumbrado a los comentarios sarcásticos.
—¡Vamos, Shino! —Rió Kiba—. No te pongas sensible.
El equipo 8 continuó su recorrido compartiendo risas y conversaciones, la tristeza poco a poco abandonaba a Hinata, para sustituirla por una calma apacible y una sensación de cierto aturdimiento. No podía dejar que sus problemas afectarán su juicio en la ejecución de esta misión.
Suspiró.
Llegada la noche el equipo 8 arribó a su destino: la frontera que dividía Konoha de las demás aldeas.
—No entiendo porque estamos aquí —dijo Kiba, con gesto dudoso—. Eso de enviarnos aquí, a los límites de la villa, parece muy extraño.
—Kiba, ya sabes que el Sexto Hokage nos ha pedido vigilar estas zonas porque son peligrosas. Además, han corrido rumores que este lugar este posiblemente lleno de ninjas renegados y peligrosos. Debemos vigilar y confirmar esos rumores.
Hinata asintió y Kiba bufó, ante las palabras de su amigo.
Los miembros del equipo 8 decidieron turnarse para vigilar el lugar y aunque Kiba y Shino se ofrecieron para el primer turno Hinata fue lo suficiente persuasiva para convencerlos a que descansarán. La ojiperla se quedó despierta sentada en la copa de un árbol mirando la división de los terrenos de Konoha con la de las otras aldeas. Aunque, había salido en innumerables misiones en el pasado, éstas siempre fueron peligrosas y rápidas, pero muy pocas veces había acertado a contemplar el paisaje a su alrededor, la inmensidad del mundo ninja, su naturaleza y la insignificancia que tenía una ninja como ella en comparación con ese basto mundo que observaba con tristeza. Sentía con todo su corazón que después de esa misión, todo sería muy diferente en su vida y tenía miedo, miedo de los cambios que ocurrirían en su futuro.
Un ruido y el movimiento de unos arbustos a lo lejos la alertaron de inmediato. Se puso en guardia y activó su Byakugan en esa dirección, percatándose de la huida un hombre en la lejanía.
Hinata dudó un segundo en alertar a sus amigos al verlos dormidos.
—No haré nada, simplemente observaré y si existe algún peligro regresaré a alertarlos —se decidió la Hyuga, emprendiendo el mismo camino de aquel hombre que observó en los arbustos.
Saltó de rama en rama, con cuidado y precaución; evitando de aquella manera ser percibida por el hombre al que seguía. El tiempo pasó y Hinata aunque entusiasta al inicio pronto sintió que aquel hombre vestido de una manera simple y ordinaria parecía dar vueltas y vueltas sin ningún propósito específico. Lo observó: sus ropas no parecían ser ni remotamente limpias, su calzado parecía desgastado y sucio, pero lo realmente importante en ese hombre eran sus movimientos, no parecían los de un aldeano, un comerciante o un vagabundo. Su técnica al correr, su agilidad y su resistencia eran las de un ninja, un ninja experimentado, un ninja fuerte, un ninja que sabía cómo era vivir en un peligro constante.
El hombre se detuvo y lo mismo lo hizo Hinata deteniéndose en la rama de un árbol, desde donde lo había seguido. Lo vio acercarse a un edificio desde donde emergieron un grupo grande de ninjas y empezaron a pelear con el desconocido.
—¿Qué…? ¿Qué es esto? —se preguntó Hinata cuando vio que todos los ninjas que cuidaban aquel lugar portaban bandanas de Konoha en la frente. Mientras tanto, el desconocido sabiendo que no tendría oportunidad de derrotar a todos los ninjas él solo, corrió al edificio y plantó un papel en la puerta de entrada haciendo que los de Konoha corrieran a perseguirlo—. ¡No! ¡Aléjense de allí! —gritó Hinata, corriendo hacía el lugar, dandose cuenta que era un papel explosivo, pero apenas dio unos pasos, éste explotó creando un feroz incendio en el lugar y matando al desconocido y a los ninjas de Konoha en un segundo.
Hinata, apenas atinó a cubrirse el rostro con los brazos mientras el lugar ardía en llamas. Lo que Hinata pensaba que era un simple papel explosivo ninja, era más poderoso y mortífero de lo que creía. El olor de los cuerpos calcinados llegó a sus fosas nasales con una horrible rapidez, al mismo tiempo que la grotesca escena se repetía en su cabeza una y otra vez, quedándose en un shock momentáneo.
La explosión, el horrible olor de aquellos hombres, la muerte. La indiferente muerte que llegó de repente y cegó la vida de aquellos hombres de una forma rápida e inexplicable. Hinata no había sentido nunca que la muerte llegará de esa forma tan despiadada. Cierto era que el hecho de vivir una guerra te preparaba para morir, te daba un motivo, una razón e incluso la aceptabas como un posible riesgo, pero esto había sido tan rápido que Hinata aún no terminaba de asimilarlo, pero…
La muerte había soplado en su dirección, había soplado y ella apenas había escapado.
La muerte siempre presente, siempre al lado de cada uno, esperando un error, un momento, para tomarte, para llevarte, para matarte, para desaparecerte.
Miedo, desesperación, terror llenaron a Hinata como nunca antes en su vida. Ella podía haber muerto en ese instante y a nadie podría haberle importado.
Sintió un dolor punzante en el brazo izquierdo y con sorpresa vio encajado un pedazo de madera, casi atravesándola.
El dolor la hizo regresar del shock y la situó en su realidad. No debía flaquear, ni temer, debía buscar a Shino y a Kiba, debían a Konoha y contárselo a Kakashi, contarle, contarle…
Una segunda explosión resonó en el lugar haciendo que la atmosfera se llenará de nubes negras y el suelo lleno de escombros. Hinata, alzó la mirada cuando que un hombre caminaba entre tanta destrucción. Sus ojos se agrandaron cuando reconoció al hombre.
—¿Orochimaru? —el hombre la miró y sonrió con arrogancia, pasó a un lado de ella como un ser inservible y un estorbo en su camino sin volverse atrás.
—Dile a tu Hokage que me vengaré —y desapareció en la bruma mientras Hinata caía inconsciente.
Hinata despertó gritando.
Un dolor agudo recorría su cuerpo, como dagas filosas, punzándole constantemente.
—Hinata que bueno que has despertado —Kiba se alegró apareciendo en su campo de visión con Akamaru y Shino a su lado—. Estábamos muy preocupados por ti.
—¿Dónde está el Hokage-sama? —preguntó Hinata de pronto.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? —Empezó a decir Kiba, cuando Hinata bajó de su cama dispuesta a abandonar su habitación— ¿Qué estás haciendo? Apenas te estas recuperando de tus heridas, Hinata.
Hinata negó.
—No hay tiempo. Necesito hablar con el Hokage —la Hyuga salió corriendo poniéndose sus sandalias ninjas en el proceso sin escuchar las quejas de sus compañeros de equipo. Aún sintiendo punzadas de dolor por todo el cuerpo, la chica corrió sin detenerse hasta llegar a la torre Hokage donde ingresó sin anunciarse.
—Hinata —Kakashi miró con asombro la llegada de la chica y más al verla con su bata de hospital— ¿Qué haces aquí? Deberías estar descansando.
—Vi a Orochimaru —dijo Hinata sin rodeos. Kakashi se quedó callado y pensativo—. ¿Por qué lo vi? ¿Por qué está vivo? Se supone que murió en la Cuarta Guerra Ninja. ¿Por qué dijo que se vengaría?
Kakashi suspiró.
—Hinata siéntate —la Hyuga dudó pero finalmente lo hizo—. Lo que voy a contarte es de información importante y confidencial, no debes contarse a nadie más, ni siquiera a Kiba o a Shino, ni siquiera a tu familia, ¿lo entiendes?
La Hyuga asintió.
—Sí, lo entiendo.
Kakashi volvió suspirar.
—Cuando terminó la Cuarta Guerra Ninja y todos salimos del Tsukuyomi Infinito, todos los ninjas del mundo estábamos lo suficientemente débiles para luchar, especialmente Naruto y Sasuke al perder ambos un brazo. Cientos y cientos de personas habían muerto en batalla y sangre se había derramado sin que muchos no pudiéramos hacer nada. Entonces, sin saberlo teníamos a un poderoso criminal en nuestras manos: Orochimaru. Aunque, nos había ayudado reviviendo a los antiguos Hokages y ayudar a Sasuke a encontrar una repuesta a sus preguntas, él era demasiado peligroso para todos al no conocer sus verdaderas intenciones, ¿quería dañarnos ahora que estábamos débiles? Después de todo, Orochimaru había jurado destruir por completo la aldea. En una rápida decisión mía decidí encerrarlo y poner a muchos guardias que cuidarán el lugar y esparcir el rumor que había muerto. Fueron dos semanas de relativa calma, para que la aldea empezará a repararse y regresará a lo que era. A su vez que Naruto recuperaba sus fuerzas y todo llegaba a como era antes.
—Pero mintió —le acusó Hinata— mintió a la aldea y a los demás Kages, ¿verdad?
—Era necesario, Hinata. Si ellos sabían que aún tenía en los dominios de Konoha a un peligroso asesino y a un ninja peligroso, la alianza que hemos creados todas las aldeas se destruiría. Todo es demasiado frágil aún, Hinata. Aún existe la desconfianza en las aldeas y entre los propios habitantes. Ya sabes, que ahora existen demasiadas deserciones entre los ninjas de cada aldea, pero para mí lo más peligroso ha sido la de una cantidad considerable de los ninjas de la lluvia y no me equivocaba. Orochimaru ha escapado y yo he cometido el peor error al no matarlo.
Hinata observó la angustia y la desesperación en la voz y en los gestos de Kakashi. Podía entenderlo, podía entender el hecho del peliplata por evitar una nueva batalla, una nueva confrontación e incluso el hecho de cuidar a Naruto y no exponerlo de nuevo al peligro en sus acciones. Kakashi había intentado proteger a Naruto y evitarle más dolor al tomar la decisión de esconder a Orochimaru. Hinata no era nadie para juzgarlo si lo único que había hecho el Hokage era evitar traer más sufrimiento a la aldea y a los habitantes que tanto amaba.
—Lo siento, Hokage-sama, no quise juzgarlo de aquella manera, simplemente me desconcertó que nos haya enviado a un lugar tan peligroso sin decirnos nada.
—Para eso estaban los guardianes del lugar. Ellos debían evitar que ustedes o cualquier otra persona notará la presencia de Orochimaru.
—Pero, le preocupaban los desertores y por ello nos envió, un equipo de rastreo para averiguarlo.
Kakashi negó.
—Creo…creo que lo intuía pero me negué a aceptarlo hasta que un equipo de ambus me informaron que el lugar donde encerraba a Orochimaru fue destruido y tu equipo y tú fueron heridos.
—¿Shino y Kiba lo vieron? ¿Vieron a Orochimaru?
Kakashi volvió a negar.
—No, no lo creo, ellos estaban lo suficiente ocupados luchando con los desertores que llegaron a atacarlos.
—¿Qué desertores? Yo no vi a ninguno a excepción de aquel hombre —dijo Hinata sin entender. Kakashi le pidió que se explicará mejor y Hinata le relató cómo había seguido a aquel hombre y descubierto donde estaba encerrado Orochimaru.
Cuando Hinata terminó de contarle, Kakashi pareció terriblemente agotado.
—Hinata regresa mañana, por favor. Les contaré al Consejo lo que ha sucedido y necesitaré tu testimonio para confirmarlo.
—Lo haré, Hokage-sama —Hinata hizo una ligera reverencia y se fue dejando solo a Kakashi con sus pensamientos.
Por obligación del Hokage y del hospital, Hinata tuvo que permanecer internada en un pabellón del hospital, para la curación de sus heridas, aunque la Hyuga no había sido consciente del daño en su cuerpo, la explosión fue demasiado peligrosa y sus heridas eran más internas que externas y menos notorias a simple vista. Hinata en otra ocasión hubiera protestado por irse a casa y evitarle molestias a los ninjas médicos, pero ahora sin casa o un lugar para regresar, el hospital se le hacía un lugar reconfortable para su nueva y precaria vida. Suspiró y se quedó mirando el techo de su habitación, mirando hacia la nada. Se sentía preocupada, sumamente preocupada por el Hokage y por la aldea, lo menos que la villa necesitaba ahora era una confrontación y la aparición de Orochimaru sólo significaba problemas. ¿Qué haría Kakashi-sensei para evitar ese inminente desastre? Hinata no tenía idea.
Pero agradecía que ni Kiba ni Shino le hayan avisado a ninguno de sus amigos que se encontraba en el hospital. Lo menos que necesitaba era la lastima o la preocupación de ellos por su salud. Viró el rostro y se quedó contemplando las flores de un jarrón en la mesita de noche de su habitación. La enfermera la puso allí para darle más ambientación al lugar, Hinata creía que lo había puesto para que no se sintiera sola. Hinata nunca se había acostumbrado a los hospitales, tan solos, tan fríos, tan impersonales…
—…es que me aburro, ttebayo —escuchó la voz de Naruto a bocajarro, haciendo latir el corazón de la chica con emoción.
—Naruto-kun —susurró. En esas semanas después de finalizada la Cuarta Guerra Ninja, Naruto estuvo tan cansado y su chakra tan debilitado que tuvo que ser internado en el hospital sin posibilidad de salida por un largo tiempo. Aunque, le hubo visitado, sus encuentros no fueron demasiado largos o significativos para ella. Siempre estaban rodeados de amigos y gente del hospital sin posibilidad de hablar, aunque en el fondo Hinata se conformaba con el hecho de poderlo por unos preciados minutos.
Bajó de la cama lentamente casi sin darse cuenta y poniéndose unas sandalias se aventuró fuera de su habitación. Siguió la voz de Naruto y sus quejas por los pasillos del hospital hasta dar con una puerta entreabierta.
Tenía tantas ganas de verle.
—Es que me aburro aquí, Sakura-chan, tú sabes que odio los hospitales —Hinata se quedó con la mano extendida a punto de tocar la puerta cuando se dio cuenta con quién estaba Naruto.
—Sakura-san —dijo Hinata con un suspiro. Era bastante lógico que la pelirrosa estuviera al lado del Uzumaki, pero le era inevitable no sentir una pequeña punzada de dolor en su corazón.
—Deja de quejarte, Naruto. Ya sabes que te tienes que quedar aquí hasta que sanes y la pérdida de un brazo no es un juego.
—Pero, Sakura-chan…
—Calla, Naruto —Hinata movió un poco de la puerta y miró dentro del lugar, donde Sakura se encontraba sentada en un asiento cercano de la cama de Naruto, quien protestaba por irse. Hinata no pudo evitar notar la mirada que Naruto le lanzaba a Sakura, llena de tanto cariño y estima por preocuparse por él.
Llena de tanto amor.
—¿Aún la quieres, Naruto-kun? —se preguntó la Hyuga viendo la complicidad de ambos chicos mientras conversaban amigablemente.
Mientras tanto dentro de la habitación, una sonrisa zorruna se extendió por el rostro del Uzumaki.
—¿Te preocupas por mí, Sakura-chan? —preguntó ladinamente el rubio.
Sakura le pegó en la cabeza.
—¡Idiota! ¿Cómo preguntas eso? Somos compañeros de equipo, claro que me preocupo por ti.
—¡Ite, Sakura-chan! Eso duele —los ojos azules de Naruto se desviaron de la pelirrosa a la puerta donde espiaba Hinata.
La Hyuga al instante se alejó del lugar al verse descubierta y regresó a su habitación, con tristeza. En esa escena ella era la única que sobraba y sólo ahora se había dado cuenta de ello.
—¿Qué tanto miras la puerta? —preguntó la pelirrosa.
—Es que…creí ver a Hinata por un segundo —respondió dudoso el otro.
—¿A Hinata? —Sakura también volvió la vista, pero no halló nadie fuera de la habitación—. No te habrás confundido, Naruto, aquí no hay nadie —la pelirrosa sonrió maliciosa—. No será que quieres que te visite Hinata y ya la estás viendo en todas partes.
—¿Qué? ¿Yo? ¿De qué estás hablando Sakura-chan? —dijo Naruto ligeramente avergonzado.
—No te hagas el desentendido, Naruto. Que yo recuerdo perfectamente como tenías tomada de la mano a Hinata en plena guerra.
Naruto sólo atinó a sonrojarse.
Hinata se sintió sumamente nerviosa cuando todas las miradas del Consejo recayeron en ella, pero suspirando les contó todo de lo que fue testigo sin omitir ningún detalle por más tonto o insignificante que fuera como se lo pidió el Hokage, cuando terminó de relatarlo todo se sentó en un rincón casi escondido en las sombras.
—Como verán la situación no es la mejor en estos momentos para Konoha ahora que ha escapado Orochimaru y nos ha dejado vulnerable para su ataque y la desconfianza de las otra aldeas al no haber sido comunicados que la aldea poseía a un terrible y peligroso ninja en nuestro territorio —tomó la palabra Kakashi dirigiéndose al Consejo— y es por ello que debemos encomendar una misión en la búsqueda y aniquilación de Orochimaru.
Los dos ancianos del Consejo intercambiaron una mirada y empezaron a discutir entre ellos, una posible solución.
—Ya que Uchiha Sasuke se ha ido de la aldea y Uzumaki Naruto continúa aun en el hospital. La opción más lógica para todos sería que Haruno Sakura al ser el tercer miembro del equipo 7 sería la encargada de esta misión —habló la anciana del Consejo, sobresaltando a Hinata y a Kakashi.
—¿Sakura Haruno, dice? —Interrumpió Kakashi—. No creen que es muy precipitado tomar esa decisión. Apenas, estamos analizando…
—No es hora de analizar nada —interrumpió el otro anciano del Consejo— sino de actuar. Debemos corregir su ineptitud Kakashi y su negligencia al no poner la debida atención en asuntos importantes que conciernen a la aldea —aseveró el anciano con reprobación—. Sakura Haruno es nuestra opción más lógica. Además, el hecho de ser ninja médico le daría una ventaja mayor que cualquier otro ninja, su valor y fuerza la hacen la candidata perfecta.
El Hokage calló aceptando su falta mientras los dos ancianos seguían firmes en elegir a Sakura como candidata a atrapar a Orochimaru.
—Pero, no pueden…—intentó argumentar el Hatake aunque sabrían que su opinión no sería escuchada.
—¿Tienes algún candidato en mente? —preguntó con ironía la anciana del Consejo.
Claro que no, Hinata lo sabía.
—Yo iré —dijo Hinata poniéndose de pie, asombrando a los presentes.
—Hinata pero que estás diciendo, ¿cómo puedes ofrecerte a tan peligrosa misión? —dijo sorprendido Kakashi mirando a la joven Hyuga que ahora parecía más decidida que antes.
—Eres una chica irrespetuosa y maleducada —dijo la anciana mirando con desdén a Hinata por la interrupción que hizo al hablar.
Hinata suspiró y miró a los ancianos del Consejo.
—Si en estos momentos envían a Sakura Haruno a cualquier misión esto creará demasiadas sospechas en la aldea, todo el mundo se preguntará dónde estará y uno de los primeros será Naruto Uzumaki —ella miró a los dos ancianos con seriedad—. Él l-la a-ama y la buscará por cielo y tierra hasta hallarla y ustedes saben que la Alianza Shinobi sólo se sostiene por él, si él se va, entonces…—dejó la frase inconclusa, dándole a sus palabras un efecto estremecedor.
—Eres débil —habló el anciano mirándola—. Eres la más débil de tu generación y pretendes tomar parte de esta misión. Eres la menos indicada para ese puesto.
—Lo sé —asintió Hinata aceptando las palabras del hombre— pero también soy la persona que tiene menos que perder si muere —Kakashi la miró con asombro—. Sé que esta misión posiblemente me maté y nunca más pueda volver. Y si soy débil y tengo el chakra más bajo que mis compañeros de la academia, pero también soy la única que sabe que Orochimaru sigue vivo y no querrán que el rumor se esparza, ¿no?, he sido miembro de un equipo de rastreo por muchos años y por si fuera poco acaban de echarme de mi clan; ya no tengo donde vivir o a quien obedecer y sólo me queda ser ninja. ¿Qué más motivación necesito para atrapar a Orochimaru? —preguntó Hinata a los dos ancianos.
Ellos se volvieron entre sí, sorprendidos por las palabras y voluntad de Hinata de tomar aquella misión.
—Es cierto que Sakura Haruno se ha vuelto un miembro reconocido por toda la aldea —argumentó el anciano unos minutos después— y el hecho que Orochimaru la conozca hará todo más difícil.
Ambos ancianos miraron a Hinata y asintieron.
—Hinata espera —la llamó Kakashi en uno de los pasillos de la Torre del Hokage— ¿Por qué has hecho esto? ¿Por qué te has ofrecido?
Hinata bajó los ojos, sintiéndolos húmedos mientras intentaba controlarse.
—A Naruto-kun ya lo separaron de su mejor amigo y si lo separan de Sakura-san —la Hyuga recordó la manera en la que Naruto miraba a la pelirrosa— él no podrá continuar, lo sé, lo presiento.
—Hinata…
—Ella siempre ha sido su todo y si yo puedo hacer algo para que así continúe no tengo miedo a hacerlo. No quiero que sufra, ya no más. Por favor, Hokage-sama, prométame que lo cuidará, que lo alejará de todo este asunto.
—¿Y que Naruto no sepa que estas canjeando tu felicidad por la de él?
—Mi felicidad es la felicidad de Naruto-kun. Al fin lo he comprendido —Hinata se alejó rápidamente dejando solo a Kakashi.
El Consejo le dijo que partiera inmediatamente pero Kakashi utilizando aun su influencia hizo que se quedará dos días más hasta que recupera lo máximo de sus fuerzas. Hinata hubiera preferido irse porque el hecho de quedarse y observar a todos sus amigos la mataba poco a poco, sabiendo que las horas que compartían eran las últimas. Kiba y Shino pasaban casi todo el día con ella y conversaban y reían pero Hinata aunque quiso demasiadas veces decirles que se irían, su promesa con el Consejo y Kakashi la frenaban siempre.
¿Cómo podría decirles que se iría? ¿Qué les abandonaría? Ellos querrían seguirle fuera como fuera si les contaba, pero ellos ya tenían una vida en la aldea, mientras ella no tenía nada: Kiba tenía una novia y Shino pensaba volverse instructor en la Academia, ¿Cómo podía pedirles que abandonarán sus vidas para seguirle? No, no podía.
—¿Sucede algo, Hinata? —preguntó Kiba mirándola tan callada.
—No, no es nada, Kiba-kun —compuso una sonrisa y siguieron comiendo.
El último día de su estancia en Konoha, Hinata estaba sentada en un parque de la aldea, mirando a los habitantes caminando por el lugar, la construcción de la aldea estaba casi terminada, pero aún se veía a algún ninja ayudando a los aldeanos.
Hinata aspiró el aire de Konoha tratando de retenerlo en sus pulmones el máximo de tiempo posible, quería recordar cómo era su hogar, cómo eran sus habitantes, la vegetación de sus bosques, lo iluminado del sol, su cielo azul.
—Ya, Sakura-chan deja de pegarme —se escuchó la voz de Naruto mientras se sobaba la oreja izquierda. Hinata abrió los ojos y lo vio caminando al lado de la Haruno. Agachó la cabeza y se escondió lo mejor que pudo al verlos conversar. Durante esos dos días se había negado a encontrárselo tan siquiera por casualidad evitando en lo posible todos aquellos lugares que frecuentaba el Uzumaki, así que encontrárselo de aquella manera la puso terriblemente nerviosa, sabía que, de todo las personas que podrían evitar que se fuera de la aldea, Naruto siempre sería la razón que la haría quedarse.
Negó.
No podía, porque el quedarse sólo sería sufrimiento. Su sufrimiento.
Naruto amaba a Sakura y ni ella ni nadie cambiaría eso y ella debía aceptarlo.
Aunque doliera demasiado.
Vio alejarse a Sakura, dejando solo al rubio que miraba la construcción de la aldea mientras saludaba a algunos shinobis y aldeanos. En ese momento, Hinata se dio cuenta que esa sería la última vez que lo vería.
Que vería al amor de su vida y él no lo sabía.
—¡Naruto-kun! —exclamó Hinata corriendo para alcanzarle, apenas dándose cuenta de lo que hacía. No podía irse así, de aquella manera. No quería que la última vez que lo viera fuera desde lejos como siempre lo había hecho en su vida.
Quería ser valiente una vez en su vida.
—¡Hey, Hinata! Hola —saludó el rubio.
Aunque sea una vez.
—¿Vienes a ayudar en la reconstrucción? —Hinata negó y dio un paso hacia adelante—. Entonces, ¿por qué…?
Y, poder decirle, decirle lo que había callado tantos años.
—Naruto-kun, estoy enamorada de ti —dijo Hinata.
Y lo dijo, como siempre lo había deseado, sin miedo ni temores, mirándole directamente a sus hermosos ojos azules y sintiéndose feliz como nunca en su vida.
Notó la sorpresa en su rostro y cómo se lo imaginó Naruto no tenía la más mínima idea de sus sentimientos por él. Siempre había sido lo demasiado noble e ingenuo al no darse cuenta cuanto lo quería.
—S-siempre te admiré de lejos, siempre me ayudaste a tener coraje en los momentos más difíciles, e-es por eso que siempre quise ser valiente y decirte mis sentimientos, Naruto-kun, porque ahora ya no tengo miedo —Hinata continuó hablando sintiendo que la intensidad con la que Naruto la observaba empezaba a llenarla de nerviosismo, pero no quería parar, no ahora que ya había empezado.
Hinata sintió que Naruto bajaba los ojos y su voz se volvía más gruesa y seria.
—Hinata, mis sentimientos…—el rubio suspiró— yo aún siento algo por Sakura-chan —el corazón de Hinata se estrujo por sus palabras pero las escuchó aparentando serenidad. Eso debería de terminar y necesitaba la sinceridad de Naruto para que acabara de una vez por todas, su amor no correspondido. Pero como dolía su pecho, como dolía—. Lo lamento, Hinata, pero no puedo corresponderte como tú deseas.
—Lo sé —dijo Hinata. Lo sabía, lo sabía desde hace tanto pero su miedo al rechazo siempre fue más fuerte y ahora cuando ya no tenía nada, sentía que era lo justo que terminará con todos sus lazos en Konoha, ¿cómo podía hacerle para que su corazón pudiera comprender aquella lógica?— lo sé, siempre lo he sabido —Hinata sonrió con tristeza— pero quería que tú supieras mis sentimientos. Quería que supieras todo lo que siento por ti.
—Hinata…yo…—Hinata tomó su única mano y la apretó con fuerza.
—Lucha por ella, Naruto-kun —dijo Hinata, mirando al suelo— lucha por Sakura-san y no te rindas. Dile tus sentimientos —Hinata alzó la vista, sintiendo que las lágrimas mojaban sus mejillas. No quería llorar, no quería que su despedida fuera con tristeza, no quería que Naruto la viera de esa forma— no dejes que se te escape. Tú mereces ser feliz. Tú sobre cualquier otra persona merece y debe ser feliz, Naruto-kun.
—Hinata…
Lo soltó su mano y corrió y corrió sin detenerse jamás ni volverse, ¿cómo podía retener las lágrimas si estaba despidiéndose para siempre de lo único que siempre amó por tantos años? ¿Cómo podía pedirle a su corazón que fuera fuerte cuando éste se desgarraba lentamente?
Era medianoche mientras Hinata esperaba en la puerta de la aldea, Kakashi le había pedido que antes de irse, lo esperará para contarle algo importante. Aún estaba lo suficiente sensible después de haber llorado durante horas con el encuentro de Naruto. Ella sabía que iba a ser rechazarla pero la confirmación del hecho aún era más doloroso, porque aunque quisiera negarlo por un breve segundo estuvo esperanza que Naruto pudiera cambiar de idea y le diría que la quería también.
—Que tonta —se dijo Hinata, sintiéndose completamente decaída, no era la forma que imaginó que se iría de la aldea, pero era así era. Respiró tratando de calmarse y resistir el impulso de correr a la casa de Naruto y nunca despegarse de él, pero necesitaba ser fuerte.
Muy fuerte.
—Hinata —la voz de Kakashi la hizo reaccionar y sacarla de sus lamentaciones.
—Hokage-sama, debo irme ya, por favor dígame lo que iba a decirme no puedo permanecer en la aldea más tiempo.
—Lo sé y lo siento Hinata. Si hubiera tomado mejores decisiones.
Hinata negó.
—Yo he tomado esta decisión por mi propia cuenta. Ni usted ni nadie me están obligando a nada. Yo, por primera vez en mi vida estoy decidiendo que quiero hacer y he decidido salvar a la aldea con mi vida si es necesario.
—¿Y, Naruto? —Hinata sufrió un pequeño estremecimiento con su nombre— ¿También lo haces por él?
Hinata se volvió.
—Sí, también por él lo estoy haciendo. Porque sea feliz.
Kakashi se tomó una mata de cabello y habló.
—Hinata ve a la frontera que divide Konoha con Suna.
—¿Qué? No se supone que deba ir ahí. Orochimaru no estará allí.
—Sólo hazme caso en lo que te digo —insistió Kakashi.
—Yo…—Hinata asintió sorprendida. No entendía lo que quería decirle Kakashi, pero volvió a asentir de todos modos—. Entonces, iré Hokage-sama. Gracias por despedirme.
Hinata le dio la espalda a su líder, a su aldea y a todas las personas que había amado antes. Una nueva vida la esperaba.
Caminó, caminó y caminó sin descanso por aquellos bosques, ríos y lugares desiertos, las dunas eran calientes y repletas de gruesa arena que hacía que él que caminará en ellas se le volviera más y más pesado por el peso de la arena y más agotado por el caluroso sol. Sabía que debía caminar sin detenerse, pero el cansancio era terrible y el sol hacia que su cuerpo se deshidratará con rapidez. Pocas veces había caminando lejos de Suna y mucho menos hasta las afueras sin comer ni dormir.
—Un poco más, un poco más —se decía Hinata intentando animarse a continuar— aún no puedo rendirme, aún no.
Hinata caminó un poco más, sólo más por inercia que por la fuerza de voluntad, sentía el cuerpo adolorido y sediento después de tres días caminando bajó el inclemente sol. Sin fuerzas, cayó al suelo. Iba a morirse sino hacia nada.
—¿Te encuentras bien? —preguntó la voz baja de un hombre.
La Hyuga alzó la vista y vio a un joven unos años mayor que ella, acuclillado delante de ella ofreciéndole una mano. Sus cabellos y ojos eran marrones y una amplia sonrisa surcaba su rostro.
—Yo…—Hinata asintió y tomó la mano del joven, quien la ayudó a levantarse—. Gracias —hizo una pequeña reverencia— mi nombre es Hinata Hyuga.
—Yo soy Hiro Nanira —se presentó el joven con una sonrisa. A su lado, había joven de rostro ovalado, cabello rubio y corto hasta los hombros observándola con reserva—. Ella es Hitomi, sólo Hitomi, ¿verdad?
La chica bufó.
—Eres siempre tan gracioso Nanira —respondió la chica y extendiéndole una botella llena de agua a Hinata en gesto amistoso.
—Mucho gusto —dijo Hinata, después de tomar un gran trago de agua y devolviéndole la botella— yo debo irme.
—Pero, ¿qué dices? Nosotros somos tu refuerzo —replicó Hiro sorprendido.
—¿Qué? —respondió con asombro Hinata.
—Acaso, ¿no te lo informó el hokage de Konoha? Nosotros seremos el equipo de tres que atrapará a ese bobo de Orochimaru.
—¿Qué? —Repitió Hinata—. Pero…
—Aunque me gustaría seguir perdiendo el tiempo hablando tonterías con ustedes —interrumpió Hitomi a los otros dos— debemos marcharnos, hay mucho que hacer. Y tú, Hinata, ¿verdad? —ella asintió—Toma este pergamino, te explicará exactamente todo.
Hinata lo tomó y se dio cuenta que era la letra de Kakashi y su sello como Hokage, lo abrió al instante y leyó:
Hinata:
Sé que esto es inesperado pero no pude contártelo en la aldea sin ser oídos por el Consejo. He hablado con Gaara y le he contado la situación completa, ha sido lo suficiente comprensivo para no decir nada pero creo que su silencio se debe más a su amistad con Naruto que su respeto por mí. Él ha enviado a Hitomi, una excelente ninja del taijutsu y ninjutsu a ayudarte mientras que Hiro Nanira es un miembro de alto rango para el Raikage. Aunque al Raikage no le he contado nada, él ya lo sospechaba y lo ha enviado a la Arena por un posible conflicto.
Ambos te ayudarán en esta difícil misión y me siento en la suficiente confianza que con ambos podrás lograr esta misión y regresar a la aldea. Sé que es poco lo que ofrezco a cambio de un futuro incierto. Lo siento, Hinata, siento que tengas que cargar con mis errores.
Un hokage debería ser el que protegiera a su aldea y no lo hice, espero que me perdones por dejar que tú lo hicieras.
Hinata agachó la mirada, dejando que su flequillo tapará su visión. Al parecer, no sólo ella estaba sufriendo por sus decisiones.
—Entonces, ¿está confirmado? ¿Te ha instruido tu hokage? —preguntó Hitomi, observando la reacción de Hinata.
—Sí.
—Muy bien, vámonos. Tengo una pista.
Hinata volvió a asentir y volvió su mirada hacia atrás. Era hora de despedirse, de dejarlo todo.
De adentrarse hacia la oscuridad.
Y ya no había vuelta atrás.
FIN DE LA PRIMERA PARTE.
Sólo quiero agradecer a todas las personas que han comentado en la historia aun después de que he demorado demasiado en esta continuación. Me ha sorprendido gratamente al saber que aun después de mi desaparición de fanfiction, quiero decir ha sido un montón de tiempo, pero solo quiero que sepan que en todo este tiempo si he escrito, -no con la regularidad que a mi gustaría- pero si lo estoy haciendo todo el tiempo que puedo y que deseo terminar todas mis historias en el menor tiempo posible, así que no se sorprendan si actualizo en una semana Raro o Solo a ti, Hinata, que son las que espero actualizar con cierta emoción.
Bueno, respecto al capítulo, pues al fin aparecieron Hiro y Hitomi y si, ya se que adelante bastante sólo en las primeras páginas, lo cual fue divertido de hacer, una especie de bomba vuela teorías, jajaj.
Y sí, como se dieron cuenta y –aquí BeRivera puede jactarse de haberlo descubierto– es que Hinata sabe mentir muy bien, jajaj. Lo peor de todo, era que yo esperaba que lo descubrieran desde antes, no se si enojarme o reírme porque no se haya descubierto antes. Pero, es que me encanta contar mis historias así, con un pequeño misterio, incluso Raro lo tiene, el hecho de que Hinata fuera la madre verdadera de Hotaru nunca estuvo en mis planes. Porque admitámoslo era tan típico que rayaba en lo cliché. Y ya sé falta aun contar más de su aventura pero eso sería interminable así que decide terminarlo hasta aquí y hacer una segunda parte –que espero sea indefinidamente menos larga de terminar.
Así que sólo dos capítulos más, sólo dos y termina todo.
P.D. Es más de medianoche aquí en Perú y prácticamente estoy escribiendo con los parpados, asi que cualquier error ortográfico es sólo una mera noche de desvelada.
Se despide con mucho sueño Nova y esperando que la inspiración llegué más temprano otro día.
