Disclaimer: Los personajes no son míos, yo sólo juego con ellos. Y no gano un peso con eso, lo que es un poco triste porque me sería muy útil.
Antes de empezar, quiero agradecer a quienes me han dejado reviews desde la semana pasada: loremmac, Las Letras de Anna, Molita, y Vegetable Lover. Sus palabras me ayudan mucho. Ya quisiera yo llevármelas a todas a Escocia, pero ya podemos hablar de eso. Por supuesto, gracias a quienes leen y agregan esta historia a sus favoritas o la siguen. Y a quienes leen desde las sombras.
Canción recomendada: "Never Going Back Again" de Fleetwood Mac.
Chocolate y café amargo
Capítulo 36
Hermanas
—¿Por qué no vamos a hacer algo? —protestó Lydia, que estaba echada sobre el único sofá del departamento, llevando una camisa de George que le quedaba enorme y dejaba al descubierto las largas piernas de la muchacha—. Llevamos dos días enteros aquí adentro y me aburro.
La habitación era una especie de dormitorio y salita a la vez.
—Espera, guapa —le contestó Wickham, desde la silla frente al ordenador que estaba usando—. Además, pensé que querías estar conmigo.
—Quería venir a Londres —respondió ella levantándose del sofá y acercándose al joven para rodearle el cuello con los brazos—. Contigo, claro. Pero llega un momento en el que una quiere ver algo más que sólo una habitación en la ciudad.
—¿Por qué no vas a buscarme una cerveza a la cocina?
—Sólo si me prometes que saldremos a un lugar bonito —respondió ella con el tono más coqueto que pudo utilizar—. Vamos, George.
—No seas cansina, guapa —bufó él—. Ahora, sé buena y tráeme una cerveza.
Lydia arrugó el ceño. Una de las cosas que más odiaba en todo el mundo era que le dieran órdenes. Sus hermanas lo hacían todo el tiempo, sólo porque ella era la menor. Se suponía que George era diferente. Le había prometido que la trataría bien, que la haría sentirse como una princesa.
En lugar de eso, llevaban dos días encerrados en ese maldito departamento, sin salir de lo más absoluto. Sí, George era bueno para eso, pero Lydia quería salir de una vez por todas. Quería ver la ciudad. Nunca había estado ahí sin su familia, que siempre la estaba vigilando atentamente. Todo lo que decían era que ella era incapaz de hacer algo sensato así que no se podía confiar en ella sola en la ciudad.
Ya verían todos. Ella era perfectamente capaz de ser una adulta, a pesar de lo que todo el mundo decía. Era perfectamente capaz de hacer lo que fuera.
Estaban en un departamento de uno de los amigos de Wickham, que se los había ofrecido mientras estaban en Londres. No era grande, aunque George decía que su amigo pagaba una pequeña fortuna por él, porque los precios en Londres eran exorbitantes.
En el pequeño refrigerador estaban los restos de una pizza que habían pedid la noche anterior, además de varias botellas de cerveza que George había comprado. Le gustaba beberlas frías, a la estadounidense. Lydia siempre había visto a su padre beberla a temperatura ambiente.
Cogió una y la abrió con el destapador de botellas que estaba sobre el mesón de la cocina y volvió a la habitación donde estaba George.
—Aquí tienes.
—Gracias, preciosa.
—¿Qué dices de salir ahora a ver algo? Lizzie siempre decía que Londres era precioso por la noche. Quiero ir al London Eye y verlo todo.
—Mañana, bonita —dijo el joven sin despegar la mirada de la pantalla que tenía enfrente.
Lydia arrugó la nariz y se sentó en el sofá. Prendió la televisión y puso lo primero que encontró, un reality show sobre una mujer que tenía que elegir a su hombre perfecto entre doce candidatos —todos guapísimos y con cuerpos esculturales, evidentemente—. A veces lo veía cuando estaba en casa, a pesar de los comentarios sarcástico de su hermana Mary sobre su capacidad intelectual. A Lydia nunca le había importado mucho lo que su hermana dijera.
—George —preguntó alzando la voz sobre el ruido de la televisión—. ¿Me prometes que mañana saldremos a un lugar bonito?
—Sí, sí, lo que tú quieras —replicó él—. Ahora déjame tranquilo un rato, estoy haciendo algo importante.
Lydia suspiró y volvió a concentrar su mirada en la pantalla que tenía enfrente. Al menos así podía entretenerse con algo. Odiaba estar aburrida.
-o-
Había empezado a llover cuando Lizzie y Darcy llegaron al edificio. El conserje era un hombre viejo y de aspecto cansado, que ni siquiera se levantó al verlo llegar —después de pedirle al taxista que los esperara—, sino que se limitó a alzar una mano a modo de saludo.
—¿Qué necesitan? —preguntó bruscamente.
—Venimos a ver a Amelia Younge. ¿Sigue viviendo aquí? —preguntó Darcy.
—Sí, sí. En el piso siete. Departamento 72. ¿Le aviso que subirán?
—No, es una sorpresa —musitó Darcy indicándole a Lizzie que se subiera al ascensor que parecía desvencijado. A tono con el papel mural de las paredes de los pasillos, que parecía tener al menos cincuenta años y nadie lo había cambiado desde entonces. Lizzie estaba segura de que estaba pasado de moda cuando lo habían instalado.
—¿Crees que estará aquí? —preguntó Lizzie mientras la caja metálica subía los siete pisos—. ¿Y estás seguro de que tendrá información acerca de Lydia?
—No lo sé. Pero creo que es la mejor opción que tenemos para empezar. Sé que ella y Wickham siguen siendo amigos y me imagino que sabrá qué ha pasado con él. O que sabe quién puede decirnos algo.
—¿Y nos los dirá?
—Si le damos el incentivo correcto, claro que sí —dijo Darcy, metiéndose las manos a los bolsillos.
—¿Estás diciendo que vas a pagarle para que nos diga dónde está mi hermana? —inquirió Lizzie con una mueca—. No puedo dejar que hagas eso, Darcy. No.
—Lizzie, lo haré de todas formas. No trates de discutir conmigo.
—¡Por supuesto que voy a discutir contigo! —protestó ella, mientras la puerta de fierro del ascensor se abría delante de ellos—. No puedo dejar que vengas como un caballero de brillante armadura a solucionar todos mis problemas, Darcy. El mundo no funciona así.
—¿Ah, no?
—No.
—Bueno, creo que esta vez tendrá que hacer una excepción. A menos que se te ocurra otra manera de solucionar esto.
Lizzie se detuvo y resopló. Odiaba admitir que Darcy tenía la razón y que la única forma que tenía de recuperar a su hermana era aceptar su ayuda sin pensarlo dos veces. No le hacía gracia, porque no quería estar en deuda con él. No era justo.
—¿Quieres que lo hagamos o no? —preguntó él cuando estuvieron frente a la puerta del departamento 72.
—Vale, está bien —dijo Lizzie.
—Por cierto —replicó él antes de golpear la puerta—. No estoy haciendo esto porque crea que tú no puedes. Estoy ayudando a una amiga que lo necesita.
—Ajá.
Darcy golpeó la puerta tres veces con fuerza. Se escucharon pasos desde el otro lado y unos momentos después, una chica morena abrió la puerta. Al ver a Darcy en el umbral, alzó una ceja con sorpresa.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó sin siquiera mirar a Lizzie. Se había llevado una mano a la cadera y parecía indignada.
—Tengo que hacerte unas preguntas.
—¿Acerca de qué? —preguntó ella, cruzándose de brazos mientras se apoyaba en el dintel.
—¿No vas a hacernos pasar? —preguntó Darcy. Ella negó con la cabeza—. Bueno, cómo sea. Te presento a Lizzie Bennet.
—Hola —masculló Amelia con un gesto hosco—. ¿Me vas a explicar por qué has traído a tu amiguita aquí o qué? Porque, aunque no lo creas, soy una mujer ocupada.
—Estoy segura de que lo que sea que estés haciendo puede esperar —dijo él—. Además, no ocuparemos demasiado de tu tiempo.
—Vale. Que sea rápido.
—¿Has visto a Wickham últimamente? Como… ¿hace un par de días?
—¿Y por qué crees que sé algo? —preguntó ella alzando la barbilla con decisión—. Podría no haberlo visto en años. Ya sabes cómo es George… terrible a la hora de mantener amistades.
—Sí, pero por alguna razón sigue siendo tu amigo. Además, en este caso necesita a alguien. Está escapando de la ley.
—¿Y qué te hace suponer que te voy a decir dónde está? Conociéndote, lo primero que harás será delatarlo a la policía. Nunca has superado que él fuera mejor que tú en todo.
Lizzie pudo ver cómo Darcy apretaba la mandíbula ante ese último comentario. Al parecer la chica sabía perfectamente dónde golpearlo para que le doliese. Sin embargo, el joven siguió insistiendo.
—Te prometo que no tengo ningún interés en delatarlo. Es un ladrón, pero no es problema mío —bufó él—. ¿O tengo que pagarte de nuevo para que me digas qué ha pasado?
La joven en el umbral reculó un poco ante la agresividad de las palabras del joven.
—¿Sabes de lo que te estoy hablando, verdad? —preguntó Darcy con un tono completamente plano, aunque a pesar de todo la joven pareció ponerse nerviosa—. Sólo necesito saber dónde está Wickham.
—¿Para qué? —la joven lo miró con los ojos entrecerrados—. Dudo mucho que sea para invitarlo a comer, Darcy.
—Está con una chica. La hermana de Lizzie —explicó él someramente—. Su familia la quiere de regreso.
—¿Y si ella no quiere volver?
—Eso lo decidirá ella —replicó Darcy—. Vamos, cortemos las mierda —bufó sacando la billetera del bolsillo de atrás de sus pantalones—. ¿Cuánto quieres?
—Trescientas. En efectivo.
Lizzie vio cómo Darcy sacaba varios billetes y se los tendía a la chica, que los contó rápidamente antes de guardárselos en un bolsillo del pantalón que llevaba.
—Cuatrocientas, si no le dices a Wickham que vamos en camino —le dijo Darcy con una mueca burlona.
—Están en el departamento de un amigo. Es en la calle Higgins, en Spitalfields —respondió la joven de malos modos—. Si mal no recuerdo es en el número 12. ¿Suficiente?
—Justo lo que necesitábamos —respondió Darcy, antes de darse media vuelta para volver al ascensor.
—Cuando lo veas, dile que me debe dinero —dijo ella, llamándolo desde la puerta—. Y que más le vale que me lo devuelva.
—Creo que vas a tener que ponerte a la cola —respondió Lizzie antes de seguir a Darcy hacia el viejo ascensor—. Pero buena suerte.
—Sigue igual que siempre —comentó cáusticamente Darcy cuando se subieron al ascensor—. Al menos eso quiere decir que es confiable. ¿Qué hora es?
—Pasadas las nueve. ¿Por qué?
—Porque podríamos pasar ahora mismo a ver si tu hermana está dónde Amelia dice que está.
—¿Y si salieron?
—Podemos esperarlos afuera. No creo que Wickham tenga tanto sentido común, ni tantos recursos, como para tener dos refugios.
—¿Y si Amelia le avisa?
—No lo hará. No es la persona más confiable del mundo, pero creo que Wickham la tiene un poco alterada. Otras veces es más difícil sonsacarle información.
Lizzie asintió. Toda la escena con la chica le había parecido increíble. Porque Darcy le había parecido frío de una forma extraña. Especialmente considerando las últimas veinticuatro horas. Era casi como lo había conocido en Liverpool.
—Darcy… —lo llamó cuando ambos estuvieron en la calle, antes de subirse de nuevo al taxi para ir a buscar a su hermana—. ¿Pasa algo?
El joven se llevó una mano a la cara sacudiendo la cabeza.
—Lo siento. Es que… Wickham siempre me altera. Desde… ya sabes… —dijo. Lizzie no sabía si se refería a lo que había pasado con su novia o lo que había pasado con su hermana—. No es tan fácil enfrentarse a él, la verdad.
—No es necesario que lo hagas. Puedo ir a buscar a Lydia sola. O puedes esperarnos afuera —sugirió Lizzie.
—Quiero hacerlo, Lizzie. Te lo he dicho al menos diez veces —respondió él con una sonrisa que a ella le pareció forzada—. No quiero que él te hiera como a mí. O como a mucha gente, la verdad.
—No necesitas protegerme, Darcy —le dijo ella. Aunque el problema era que no entendía por qué él sentía que necesitaba protegerla. A final de cuentas, no eran nada el uno del otro. Y él no era responsable de Wickham ni de nadie involucrado.
La única respuesta era que Darcy lo estaba haciendo por ella. Aunque ella no estaba segura de que le pareciera lo mejor. Porque significaba que le debería algo. O quizás esperaba que ella le diera algo a cambio de toda su ayuda.
—No es eso. ¿De verdad tienes que buscarle el problema a todo? A veces tiene que dejarte ayudar.
—No es normal que alguien quiera ayudarte sin esperar nada a cambio —musitó Lizzie, llevándose las manos a los bolsillos de la chaqueta que llevaba puesta—. La mayoría espera que le des una recompensa o algo así.
—Bueno, quizás soy raro.
—Un poco. Pero en el buen sentido —respondió Lizzie, sonriendo.
Esta semana ha sido de locos, porque he tenido que correr buscando papeles por todo Santiago. Pero esta semana sabré mi fecha de viaje y podré coordinarme para tener todo escrito para esa fecha. O al menos, intentarlo.
Espero que les haya gustado. Especialmente por la escena con Lydia al principio. Es un personaje divisorio, la verdad. El otro día vi que publicarán una versión de OyP centrada en ella como personaje feminista y tengo mucha curiosidad. La verdad es que la del libro no me gusta particulamente, pero adoro mucho a la versión de The Lizzie Bennet Diaries. Es adorable, vulnerable y genialosa. Aunque al principio den ganas de ahorcarla.
¡Saludos y hasta la próxima semana!
Muselina
