Disclaimer: Los personajes no me pertenecen y no gano dinero con esto.
Mi internet no quería funcionar, así que en lo que esperaba que se decidiera a funcionar... me fui a leer la obra de Harry Potter porque soy una adulta con las prioridades claras. Además, soy de la generación Potter. No me pueden pedir que un evento de estas magnitudes no me afecte. Pero lo bueno para ustedes es que, como me quedé despierta hasta tarde para leer, y mi internet se decidió a funcionar de nuevo justo cuando terminé. Así que el capítulo saldrá en el horario prometido.
Por supuesto, gracias a quienes han dejado reviews: yurica, , Sheenaggp11, Las Letras de Anna, Gisee H, Molita, AlmaMia (la historia nunca estuvo abanonada, sólo tuvo un hiatus excesivamente largo), y Proud Vegetable. Sus palabras siempre me inspiran a seguir escribiendo. Por supuesto, a quienes agregan a favoritos o siguen la historia, gracias también. Y a quienes leen de incógnito (sé que están ahí).
Canción recomendada: "Someone Special" de Poets of the Fall.
Chocolate y café amargo
Capítulo 38
Alguien especial
Se lo había prometido a su padre. Además, después de pedirle dinero para solucionar el asunto de Lydia, no podía decirle que no. Por lo demás, no era tan terrible. A Darcy nunca le había gustado particularmente las fiestas de sus padres, pero para la celebración de su cumpleaños número sesenta, lo mínimo que podía hacer era asistir a su fiesta de cumpleaños en Pemberley.
—¿Listo? —Gigi se asomó a la puerta de su habitación, con un vestido azul y el cabello recogido. Siempre decía que quería cortárselo por encima de los hombros, aunque nunca lo hacía. Actualmente, el pelo le llegaba casi a la cintura, por lo que había decidido que podía donarlo de alguna forma.
—Sí, claro.
—Te ves guapo —sonrió ella. A pesar de todo lo que había pasado en la casa de campo, Lydia nunca había dejado de disfrutar el tiempo que pasaban todos los años en la casa de campo—. Nunca me contaste qué pasó con Lizzie —añadió, entrando a la habitación y dejándose caer sobre la cama.
—No hay nada que contar.
—Ya. Y yo soy Harry Styles. Suelta la información, Darcy —dijo la chica con una sonrisa encantadora. La misma sonrisa que utilizaba para que todo el mundo a su alrededor hiciera lo que ella quería—. Vamos, soy tu hermana. Puedes contarme.
—No sé qué quieres que te cuente.
—Estuvieron literalmente todo el día juntos —respondió Gigi, enarcando las cejas—. ¿Me vas a decir que no pasó nada que merezca la pena mencionar? Vamos, sé que eres soso, pero eso es otro nivel incluso para ti.
Darcy se pasó una mano por la frente, apartándose el pelo. ¿Había algo que mencionar? Porque habían estado a punto de besarse en la sala de la Academia, pero el asunto de Lydia los había interrumpido. Y después Lizzie lo había besado, pero él no sabía si era porque se sentía agradecida o por algo más. No quería que Lizzie estuviera con él sólo por gratitud.
—Gigi, no hay nada que necesites saber.
—Pero ella te gusta, ¿no? —preguntó su hermana, sacudiendo el cabello al mover la cabeza—. Si te gusta, quizás no deberías estar aquí. Quizás deberías estar con ella.
—Es el cumpleaños de papá.
—¿Cómo puedes ser tan poco romántico? No deberías dejar que nada te impida estar con Lizzie si de verdad la quieres.
—No sé si estoy dispuesta a discutir esto con mi hermana menor —bufó él, cogiendo su chaqueta de la silla en la que la había dejado—. ¿No tenemos que bajar?
—Dios mío, Fitz —se burló su hermana—. ¿Tienes que ser tan estirado? Con razón Lizzie no sabe a qué atenerse.
—¿De qué estás hablando? —Darcy se detuvo en el camino hacia la puerta.
—Sólo que si no hablas de esto con ella, no va a saber que estás perdidamente enamorado de ella —respondió Gigi, con una mueca melodramática—. Las relaciones requieren comunicación, ¿sabes?
—¿Cuándo te volviste tan experta?
Gigi no respondió, se limitó a sonreír y a encogerse de hombros.
-o-
El círculo de amistades de los Darcy no había cambiado mucho desde que Darcy era un adolescente. Básicamente, seguían siendo cercanos con las mismas cuatro o seis familias que pasaban sus vacaciones en Derbyshire, además de los asociados de sus padres.
Darcy saludó a algunos de los jóvenes de su edad. La mayoría de ellos ya habían terminado sus estudios y venían de regreso de su año sabático, listos para trabajar en alguna compañía importante. Algunos incluso tenían planes para casarse con su novias de hace años.
—¿Y tú, Darcy, qué estás haciendo por estos días? —le preguntó Christian Clenham, con el que había coincidido en Oxford, aunque en años diferentes—. Supe que dejaste la universidad. ¿Sudeste asiático?
Darcy alzó una ceja. En realidad, no sabía cómo decir que había dejado la universidad para volver a su sueño de ser un músico. No era una carrera que fuera común entre los hijos de los amigos de sus padres, o entre sus compañeros de colegio. La música era un hobby y poco más.
—Estoy viviendo en Liverpool.
—Oh, ¿haciendo qué?
—Trabajo en un bar —replicó Darcy con una mueca.
Su interlocutor no pareció saber cómo responder a eso, lo que Darcy aprovechó para decir que iba a saludar a alguien y alejarse del grupo. Necesitaba salir de la habitación, que repentinamente le parecía demasiado llena.
Sin decirle nada a nadie, salió hacia la terraza, que estaba vacía. Aunque se suponía que estaban en pleno verano, no hacía demasiado calor. Después de todo, estaban en Inglaterra, estaban acostumbrados a la lluvia estival. Suspirando, se apoyó en la barandilla.
—¿En qué piensas?
La voz era familia, aunque hacía más de cinco años que no la escuchaba. Miró a su lado, donde Verónica acababa de acomodarse en la baranda. Los años le habían prestado una seriedad que nunca había tenido cuando adolescente. Llevaba el cabello en un peinado recogido, con mechones sueltos enmarcando su rostro redondo.
—No me atrevía a ir a saludarte —confesó al ver que el joven no le estaba respondiendo—. Después de todo lo que pasó, seguro que no querrías verme.
—Ha pasado mucho tiempo. —Logró decir Darcy. Ella sonrió.
—¿Tú crees? De todas formas, me merecería que me odiaras. Fui una estúpida contigo.
—Está bien.
—No lo está, Fitz —dijo ella, súbitamente seria—. Fui horrible contigo. Y ni siquiera fue por alguien que mereciese la pena. George es probablemente la peor persona que he conocido. Y tú eres mucho mejor.
«Y no sabes ni la mitad», pensó Darcy. Pero no iba a decirle detalles sobre lo que había sucedido en las últimas semanas. Eso no era suyo para contar.
—Creo que nunca pude decírtelo —musitó ella con una mueca—: Lo siento mucho. Nunca debí hacer algo así.
—Está bien.
—¿Eso quiere decir que me perdonas?
Darcy no pudo evitar una sonrisa.
—Por supuesto que sí.
—Me alegro.
Por un momento, los dos se quedaron callados, mirando los jardines a la luz de la luna. Lo habían hecho muchas veces cuando eran adolescentes, cuando aún estaban juntos. Por el rabillo del ojo, Darcy pudo ver que Verónica sonreía. Como cuando los dos eran capaces de adivinar lo que el otro estaba pensando antes de que el otro lo dijera.
—Pemberley sigue siendo precioso —musitó.
—Ya lo creo.
—¿Y qué es de tu vida? —preguntó ella repentinamente—. Porque lo último que supe de ti era que estudiabas leyes en Oxford.
—Lo dejé —respondió él con una mueca—. Nunca fue lo mío.
—Eso te lo podría haber dicho yo. Entonces, ¿de vuelta a la música? Me encantaría escuchar tus cosas nuevas.
—Y a mí —bufó él. Ante la mirada inquisitiva de la joven, añadió—: Llevo siglos sin escribir nada de nada.
—Por favor, dime que no fue por… —Ella no tuvo que terminar la frase para que él entendiera lo que quería decir. Le estaba preguntando si era culpa suya que él no pudiera escribir. En parte lo era. Él no tuvo que decirlo—. Lo siento —musitó Verónica.
—Está bien. Yo tampoco… digamos que no opté por las decisiones más sanas psicológicamente hablando —dijo él—. Creo que hasta… hasta que no pude aceptarlo, no pude escribir nada.
—¿Y qué fue lo que cambió? —preguntó ella.
Darcy sonrió. Verónica había sido una de las personas que mejor lo conocían en todo el mundo. El único que podía competir con ella era Charles, aunque en estos momentos su amigo no parecía tener muchas ganas de ser su amigo.
—No lo sé —dijo, esperando que Verónica no notara que estaba evadiendo el tema. Pero ella se limitó a mirarlo y alzar una ceja escéptica—. Alguien.
—¿Alguien? ¿Una chica? —Darcy sólo asintió con la cabeza. Verónica era la primera persona, aparte de su hermana, a la que le había admitido eso—. Vaya, vaya. Me alegro. Espero que valga la pena. Te mereces ser feliz, Fitz.
—Tú también.
—Sí, pero yo no necesito que me lo recuerden cómo tú —respondió ella, dándole un empujoncito—. Entonces, ¿volvemos a ser amigos?
—Claro que sí.
Antes de ser su novia, Verónica había sido su mejor amiga. La primera persona a la que le contó que soñaba con ser un músico y no se había reído en su cara. Cuando ella había sido aceptada en la universidad de Londres, le había contado a él primero. Después de todo lo que había pasado, no habían vuelto a hablar.
Y Darcy acababa de darse cuenta de cómo la extrañaba. No como novia, porque ese tiempo ya había pasado. Pero extrañaba a su amiga. Extrañaba poder hablar con ella. No creía que las cosas pudieran ser como antes, pero al menos no existía la tensión espantosa. Podían ser amigos. El tiempo había pasado.
—Creo que van a sacar la torta —dijo ella, sonriendo.
—¿Qué estamos esperando?
—Por cierto, no me has contestado —dijo ella antes de entrar, deteniéndose frente a la puerta de cristal—. ¿Vale la pena? ¿Ella?
—Sí, claro que sí.
-o-
Liverpool
Después de poco más de una semana, Lizzie por fin había llegado a su departamento en Liverpool. Había dejado a Lydia junto a sus padres en Londres. Aunque estaban aliviados por tenerla de vuelta, la habían castigado por el resto de sus vacaciones. Lizzie esperaba que esto durara, porque podía recordar un buen número de veces en las que sus padres se habían ablandado con su hija menor. Igual, quizás esta vez era diferente. Se sentía diferente.
—¿Cómo estuvo todo? —le preguntó Jane, que la había recibido en el departamento.
Con todo lo que había sucedido en los últimos días, Lizzie había olvidado algo importante. Muy importante.
Jane aún no sabía la razón por la que Bingley la había dejado.
—No te imaginas quién ha vuelto al edificio —dijo su hermana, antes de que Lizzie pudiera responder a su pregunta—. Bingley. Lo vi el otro día al volver del estudio.
Lizzie dejó caer su bolso en una silla.
—¿Qué? ¿Qué pasó?
—No lo sé. Pero me saludó muy amablemente.
—Y tú fuiste igual de amable, ¿o me equivoco?
—¿Acaso pretendes que lo ignorara? —preguntó Jane—. Eso habría sido muy incómodo.
—No tan incómodo como que él se haya ido sin decirte nada —replicó Lizzie, sentándose en el sillón desvencijado—. No puedo creerlo. ¿Vuelve sin explicaciones?
—Acabó su exposición y quería volver. No podía dejar a Darcy solo, por el tema del arriendo y eso.
—Ya.
—También me dijo que Darcy estaba en Londres.
—Bien por él —masculló Lizzie, sin saber muy bien qué responder. No le había contado a su hermana que se había topado con Darcy en Londres, que habían salido juntos y que la había ayudado a encontrar a Lydia.
—¿Lizzie? —Jane la estaba mirando con una expresión desconcertada—. ¿Segura que está todo bien?
—Creo que sí. Debe ser el viaje, ya sabes que pasar todas esas horas encerrada en un tren me pone nerviosa.
—Claro, ¿vas a dormir? Yo voy al supermercado y cuando vuelva puedes contarme todo —dijo Jane, sonriendo.
—Claro.
En ese momento, una seguidilla de golpes resonaron en la puerta del departamento. Las dos hermanas se miraron, curiosas. Lizzie se levantó de un salto y abrió la puerta, revelando a Charlotte que estaba frente a la puerta con las mejillas rojas y el cabello desordenado.
—¿Char? ¿Qué pasa? —Lizzie le indicó que entrara, lo que su amiga hizo mientras intentaba recuperar el aliento—. ¿Estás bien?
Charlotte sacó un papel de su cartera y se lo pasó.
Era una hoja blanca, que ostentaba un mensaje sencillo en letras rojas: «Demolición. 14 de julio».
—¿La fábrica?
—Sí, pasé por ahí después del trabajo y había carteles en toda la cuadra.
—Pero el catorce de julio es la próxima semana —dijo Lizzie—. No pueden hacer esto. No ahora.
—¿De verdad la van a demoler?
—No si podemos evitarlo —masculló Lizzie, arrugando el papel y tirándolo al suelo con una mueca—. Aún hay tiempo. Podemos hacerlo.
Jane y Charlotte se miraron. Cuando a Lizzie se le metía algo en la cabeza, era virtualmente imposible sacárselo. Mucho menos cuando era algo que le importaba tanto como eso.
La verdad es que este es uno de los capítulos que quería escribir desde que empecé a planear la historia. Porque quería mostrar que Verónica no era una suripanta sin corazón. Que lo que pasó fue porque era joven y tonta, y que nunca pensó en las consecuencias. Y lo más importante: que se arrepiente de cómo trató a Darcy. Además, para mí era importante tener esta escena porque muestra que Darcy está empezando a sobreponerse a su dolor, de una forma u otra. Verónica está aquí para terminar de cerrara una etapa.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
