Disclaimer: Los personajes de Austen no me pertenecen, sólo juego con ellos por amor al arte.
¡Y el nuevo capítulo está aquí! Más temprano de lo normal, porque mi hermano y yo vamos a ver Suicide Squad en un rato. Tiene malas críticas, pero habrá violencia y cosas que me distraerán de mis estudios (no es que no ame la literatura, pero mi cerebro tiene límites). Es básicamente la misma razón por la que juego Pokémon GO.
Como siempre, mil gracias a todos quienes han dejado reviews en el último capítulo: loremmac, Molita, Proud Vegetable y Roxy Scamander (¡hola, Roxy!). Sus palabras son el mejor incentivo para seguir escribiendo.
Canción recomendada: "The Way It Was" de The Killers.
Chocolate y café amargo
Capítulo 39
Como antes
Jane bajó las escaleras del edificio, aferrando su bolso de deporte. Lizzie se había despedido muy temprano por la mañana —algo extraño para ella, que los días que no trabajaba podía quedarse en la cama hasta pasado el mediodía—, y ella suponía que se había ido directamente a la oficina de Thomas, que estaba renovando los esfuerzos por buscar una razón para que no demolieran la fábrica.
Antes de ir al estudio, pasaría a dejarle algo de comer. Conociéndola, era capaz de olvidarse de la alimentación cuando se concentraba en algo. Y ahora su atención estaba completamente centrada en la fábrica. Incluso había hablado con su jefe en el café para que su reemplazo durara unos días más.
—Jane.
La joven se quedó helada en la escalera, sintiéndose como una estúpida. Porque con una palabra era capaz de hacer que su corazón diera un salto, aunque se hubiera desaparecido sin una palabra hace meses.
—Charles, hola —lo saludó, esperando que su rostro no delatara lo que estaba pensando en esos momentos.
El joven estaba saliendo de su departamento, vestido para ir a hacer deporte o algo así. Sonreía, como siempre que se veían cuando… ¿estaban juntos? Jane sabía que nunca habían formalizado nada, pero a su edad no era necesario. No eran adolescentes.
Por supuesto que habían estado juntos.
—¿Cómo has estado? —preguntó él, bajando los escalones hasta llegar junto a ella.
—Bien.
Jane se mordió el labio. ¿De verdad estaba haciendo como que nada había sucedido entre ellos? ¿Nada?
—Tengo que irme —musitó, aferrando el bolso y bajando los últimos escalones rápidamente. Bingley caminó detrás de ella y llegó a la puerta del edificio al mismo tiempo.
—¿No quieres que te acompañe?
—No —replicó Jane, sorprendiéndose a sí misma. Pudo ver cómo los hombros del joven se tensaban. Quizás había sido demasiado agresiva—. Lo siento, pero… no, Charles.
—¿Por qué no?
Jane levantó las cejas.
—Porque te fuiste hace tres meses sin decir una palabra, por ejemplo —espetó, de una forma completamente ajena a ella—. Porque ni siquiera te molestaste en llamarme. O un mensaje de texto. No es como si fuera demasiado difícil. No estamos en el siglo diecinueve. No era necesario escribir una carta o algo así, ¿sabes? No digo que hayas tenido que explicarme por qué querías irte, eso era tu problema. Pero al menos podías decirme, porque no te imaginas todo el tiempo que pasé pensando que era por algo que yo había hecho.
Se cortó al darse cuenta de que él la estaba mirando con una expresión extrañada. Lo entendía, un poco. Ese tipo de discursos no eran típicos de ella, pero llevaba semanas con eso en la cabeza. Necesitaba decirlo en algún momento. Y necesitaba decírselo a él.
De pronto, su corazón se sentía más liviano de lo que se había sentido en semanas. Como si se hubiera levantado una roca del pecho.
Charles se quedó callado y metió las manos en los bolsillos. No parecía que fuera a contestar, por lo que Jane decidió abrir la puerta y salir del edificio de una vez por todas. No iba a quedarse ahí esperando que él se decidiera a hablar.
No había alcanzado a alejarse unos cien metros, cuando volvió a escuchar su voz llamándola a sus espaldas.
—¡Jane! ¿Podemos hablar?
—Voy atrasada, Charles. No sé si es el momento.
—¿Por favor? —pidió él, mirándola con esos ojos cafés que siempre le habían parecido preciosos—. Sólo un momento. Te juro que no será largo.
Jane suspiró.
—Bueno, pero de verdad tengo que irme.
—Yo… yo sólo quería decirte que tienes toda la razón y que fui un idiota. Debería haberte dicho que iba a irme —dijo él. Parecía sincero—. Pero… ¿no crees que podemos volver a intentarlo? Como antes…
Jane negó con la cabeza.
—No creo que podamos volver a cómo era antes, Charles —dijo con la voz baja—. No después de todo lo que ha pasado con nosotros.
—¿Tú crees?
—Estoy segura.
Charles miró al suelo, con una mueca triste. Jane sentía el corazón apretado. A pesar de todo, seguía queriéndolo. Lizzie le diría que era una idiota, pero quería intentarlo de nuevo, con él.
—Pero… podemos empezar de nuevo.
—¿De qué estás hablando?
—Borrón y cuenta nueva. Los últimos meses nunca sucedieron —explicó ella—. O algo así.
—Creo que me gustaría eso. —Charles estaba sonriendo, con esa sonrisa de chiquillo que a ella siempre le había parecido adorable—. Empezar de nuevo.
—Exacto —sonrió ella a su vez—. Ahora, lo siento, pero de verdad tengo que irme. No puedo llegar tarde al precalentamiento, ¿sabes?
—Un momento —dijo él, tendiéndole una mano para saludarla—. Soy Charles Bingley, ¿y tú eres?
—Jane. Jane Bennet —respondió ella, estrechándole la mano—. Un placer conocerte, Charles.
-o-
La oficina de Thomas era muy pequeña. Y en esos momentos, estaba llena de personas. Lizzie estaba revisando unos libros sobre la historia de Liverpool, acompañada de dos chicas de la universidad que habían realizado una investigación sobre la historia industrial de la ciudad.
—¿Cómo no va a decir nada? —dijo una de ellas, Megan, una chica alta y rubia.
—Estoy segura que cuando hicimos esto yo leí sobre la fábrica —replicó la otra, Susan, que estaba revisando un libro muy gordo y cuyos anteojos se caían permanentemente por su nariz.
—Lizzie, ¿cómo van? —preguntó Charlotte, que acababa de entrar al lugar con una bandeja llena de tazas de café para quienes estaban trabajando para salvar la fábrica—. ¿Algún descubrimiento?
La aludida se levantó del pequeño escritorio, suspirando con desánimo. Con cada hora que pasaba, era más probable que la fábrica fuera destruida. Ella no estaba segura de que fueran a lograrlo. Pero si no lo intentaban, no podría vivir con ella misma. Ahí había sido la primera vez que había ido a un recital de danza en Liverpool, donde muchos de sus amigos habían expuesto por primera vez. No podían perder ese espacio.
Era importante para todos.
—No demasiado bien. Al menos hay mucha gente que puede ayudarnos —dijo, señalando con una mano al grupo de abogados que estaban buscando algún resquicio legal para poder salvar la fábrica de una forma u otra.
—Lo siento. Todo esto sucedió demasiado rápido.
—¿Y sabes qué es lo mejor de todo esto? —bufó la chica, cogiendo la taza de papel que su amiga le tendía—. Que la persona detrás de todo esto es la señora De Bourgh. La tía de Darcy —masculló.
—Sé quién es. Te recuerdo que salgo con su contador.
—Y seguramente él no te deja olvidarlo tampoco —espetó Lizzie. Al ver la expresión en el rostro de su amiga, se apresuró en pedirle disculpas—: Lo siento. Seguro que Collins es genial, en su estilo.
—Esa es una pésima disculpa, Lizzie —se burló Charlotte—. Pero creo que es una mejora desde la última, así que bien. La acepto.
—Lo siento. La falta de sueño me anula el filtro.
—¿Sólo eso? —replicó Charlotte. Considerando que Lizzie había insultado a su novio unos momentos antes, se merecía esa pequeña pulla—. Además, es Darcy. ¿Por qué sería más o menos relevante que su tía fuera la que está tratando de demoler la fábrica? —Al ver la expresión en el rostro de Lizzie, Charlotte abrió los ojos desmesuradamente—. Hay algo que no me estás contando, Elizabeth Bennet.
—Charlotte, no es el momento.
—Nada de "no es el momento". Me lo vas a explicar ahora —la cortó su amiga, dejando la bandeja sobre una mesa y agarrando a Lizzie del brazo para sacarla al pasillo del edificio donde se encontraba la oficina—. Bien, escúpelo todo, Bennet.
Lizzie se dio cuenta de que no tenía más alternativas. Y Charlotte era su mejor amiga, tenía que poderle a contar lo que le sucedía, así que lo hizo. Le contó acerca de la declaración en su ventana —«no jodas»—, acerca de la carta —«¿qué Wickham hizo qué?»— y lo que había pasado en Londres —«no lo puedo creer»—, incluyendo lo de Lydia y el beso fuera de la casa de sus tíos.
—¿Me estás diciendo que lo besaste y salió escapando?
—Sí, aparentemente soy terrible besando —bufó la joven, cruzándose de brazos y apoyándose en la pared con una mueca—. O más probablemente, se dio cuenta de que involucrarse con mi familia es una locura en múltiples niveles. No lo culpo.
—No lo sé. —Charlotte arrugó la nariz, como tratando de pensar en una explicación razonable para la situación. Algo que Lizzie llevaba días intentando.
—¿Qué es lo que te hace dudar?
—Que a esas alturas, había hecho muchísimo por ustedes sin problema. Si no le importaras, no te habría ayudado a encontrar a Lydia.
—Quizás era su sentimiento de culpa. Algo dijo acerca de sentirse mal por no habernos advertido sobre Wickham.
—Lizzie, eres adorable, pero no tienes ni la menor idea —sonrió Charlotte—. Definitivamente, a Darcy le gustas.
—¿Entonces por qué salió corriendo, prácticamente? Si su idea es no actuar confuso, francamente no está haciendo un buen trabajo con ello, ¿no?
—Bueno, Darcy no es precisamente el mejor a la hora de expresar sus emociones —replicó su amiga—. Quizás necesita un tiempo para procesar que tú también estás enamorada de él.
—¡Yo no he dicho que esté enamorada de él! —protestó Lizzie con una mueca infantil.
—Ya. No necesitas hacerlo. Se te nota en la cara.
—¿De verdad?
—De verdad —confirmó la joven—. Si de verdad quieres saber qué pasó, podrías llamarlo. Tienes su número, ¿o no? —inquirió.
—Sí, claro que sí.
—Entonces llámalo. No le importará.
—¿No puedo enviarle un mensaje?
—Eres increíble, Lizzie. Claro que no. No es lo mismo que darle la oportunidad de escuchar tu melodiosa voz.
—Eres odiosa, Char —gruñó Lizzie, sabiendo que su amiga tenía toda la razón—. Pero creo que ahora hay otras cosas más importantes. Como evitar que su tía malvada destruya la fábrica para construir un jodido edificio de departamentos, que seguramente será horrible y excesivamente caro. Y no habrá arte ni nada bueno. Quizás algunos cuadros en la recepción, pero de esos que venden por colores.
Charlotte sonrió.
—Cierto. Y yo tengo que volver al café. Que una mesera se tome una semana extra de vacaciones no es lo óptimo. Incluso si tenemos un reemplazo.
—Lo siento. Diles que de verdad se los compensaré.
—No creo que tengas que preocuparte, la verdad. Me han preguntado cómo va todo.
—Espero que tengamos buenas noticias pronto.
—Seguro que sí. Sólo tienes que tener fe —respondió Charlotte, dándole un par de golpecitos en el brazo—. Van a lograrlo.
—Eso espero. No sé si voy a tener fuerzas para pasar junto a la construcción si no lo hacemos.
—No seas negativa —su amiga sonrió para darle ánimos.
—Es difícil. Siento que no hemos avanzado nada y el tiempo se está agotando —respondió Lizzie, con un suspiro deprimente—. Nos quedan cinco días, pero no parece que haya nada que podamos hacer. Thomas aún confía en que se pueda considerar patrimonio, por el aspecto histórico, pero lo ideal sería que pudiéramos probar que ahí ocurrió algún evento histórico o algo por el estilo. En ese caso, no hay mucho que ellos puedan argumentar para demolerla. Pero no sé si podremos probar esto.
—Siempre puedes pedirle a Darcy que hable con su tía —sugirió Charlotte.
—No es como que ella sea una persona abierta al diálogo. No creo que su sobrino la pueda convencer de serlo, la verdad —respondió Lizzie con una mueca—. En fin, gracias por el café.
—Es un regalo de Miss Austen —respondió su amiga antes de acercarse al ascensor y llamarlo con el botón—. Para salvar la fábrica.
Lizzie sonrió y se despidió con la mano antes de entrar de nuevo a la oficina. Aún les quedaban cientos de actas de la ciudad por revisar y no parecía que fueran a acabar a tiempo. Mucho menos que fueran a servirles de algo.
Supongo que se habrán dado cuenta de que arriba no agradecí a quienes agregan la historia a favoritos o a follows, ni a quienes leen desde las sombras. Y es que quiero hacerles una invitación (por supuesto, los que dejan reviews habitualmente están incluidos en la invitación): a dejar reviews para darme su opinión. Sé que los favoritos o follows quieren decir que les interesa mi historia, pero me encantaría saber qué piensan específicamente.
Pero como yo necesito incentivos (reviews) para escribir, me imagino que ustedes también necesitarán alguna motivación para dejarme sus comentarios. Así que abriré un nuevo concurso. Sólo que ahora, la idea es que sortearé una historia entre todos los que hayan dejado reviews desde que retomé la historia (15 de mayo de 2016). El truco es que mientras más reviews dejen (contaré capítulos en reviews anteriores, siempre y cuando sean posteriores a mayo de este año), más veces entrarán en el sorteo. Los resultados los daré el domingo 4 de septiembre, cuando suba el último capítulo y el premio de Cesy Casas por ser el review 100.
¿Se animan?
Por lo demás, también quiero dejarlos invitados a participar en la campaña #UnDíaUnReview, que estamos promoviendo desde el Foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. La idea es simple: sólo consiste en dejar un review al día. Es para agradecerle a los escritores de nuestros fandoms por todo el trabajo que hacen gratis y decirles que hay gente detrás de la pantalla que los escucha. Se aceptan fangirleos, críticas, discusiones. Sólo queremos crear una mejor cultura de reviews en el fandom, para apoyar a quienes nos dan entretenimiento gratis.
Oh, y me comprometo a responderles a todos los que dejen reviews. Palabra de honor.
¡Saludos y hasta el próximo capítulo!
Muselina
