Disclaimer: Yo no inventé a los personajes y esto es completamente gratis. Por amor al arte.
¡Nuevo capítulo! ¡Yay!
Como siempre, agradecimientos a todas las que han dejado reviews desde el último capítulo (por cierto, creo que es el capítulo con más reviews, ¡yay por ustedes!): Molita, Sheenaggp11, loremmac, Valen, annacleo123, Las letras de Anna, Gisee H, Kary Bobbins (ex Proud Vegetable) y Mimi Hyuga. (Les debo respuestas). Y a quienes han agregado esta historia a favoritas o a sus follows. Incluso a quienes leen desde las sombras.
Les recuerdo que el concurso de reviews sigue corriendo hasta el último capítulo.
Canción recomendada: "Friends will be friends" de Queen.
Chocolate y café amargo
Capítulo 40
Los amigos van primero
Bingley no estaba en el departamento cuando Darcy llegó esa mañana. Sin tomarse demasiado tiempo, dejó sus cosas en la habitación y se metió al baño. Ahora que estaba en Liverpool, no habría forma de evitarla por mucho tiempo. Tarde o temprano tendría que ver a Lizzie, aunque tarde no parecía ser tan mala opción.
Después de ducharse, respiró hondo y se miró al espejo empañado. Se veía fatal, pero tendría que aguantar por el momento. Respiró hondo y salió del diminuto baño, secándose la cara con la toalla.
—Darcy, no me avisaste que llegabas —dijo Bingley, que acababa de llegar al departamento.
—No creí que fuera necesario hacerlo —replicó el otro—. ¿Qué haces ahora en casa? ¿No deberías estar en la oficina o algo así?
—No, me han dado el día libre.
—¿Por qué?
—Lo pedí. Estoy… vine a buscar unas cosas para dibujar aquí —musitó el joven—. Estoy ayudando con lo de la fábrica.
—¿La fábrica de Lizzie? —inquirió Darcy, con el ceño fruncido—. ¿Qué ha pasado?
—Ha pasado que tu tía decidió adelantar la demolición y Lizzie tiene a media ciudad tratando de buscar una solución.
Darcy no pudo evitar sonreír al escuchar eso. Podía imaginarse perfectamente a Lizzie corriendo alrededor de una habitación dando órdenes a todo el mundo.
—Yo voy a dejarles algo de comer y a echar una mano con los archivos —explicó Bingley dejando su bolso mensajero sobre el sofá roto—. ¿No quieres acompañarme?
La idea de volver a ver a Lizzie era tentadora, pero Darcy no podía olvidar que la última vez que había visto a la joven había sido después de su beso en Londres. Y que prácticamente había salido escapando después de eso. Lizzie debía odiarlo en esos momentos. Eso sin tener en cuenta que su tía era la responsable de todo lo que estaba sucediendo. Si ella lo veía, lo más probable era que le sacara los ojos ahí mismo y sin hacer preguntas.
—No, creo que paso esta vez —respondió él mientras se acercaba al mesón de la cocina a prepararse una taza de café. Algo le decía que iba a necesitarlo a lo largo de ese día.
—Como quieras —replicó su amigo encogiéndose de hombros al tiempo que entraba a su habitación, para salir unos momentos después con un block de dibujo en las manos—. Última oportunidad —dijo cuando se colgó el bolso nuevamente de los hombros antes de salir.
—Nos vemos.
Bingley se apresuró en salir del departamento. Darcy supuso que pasaría a comprar algo de comer, ya que no se había llevado nada. Por otra parte, en su departamento no solía haber mucha comida.
Sacudió la cabeza y entró a la habitación para vestirse. La sugerencia de Bingley no era del todo mala. Quizás si la ayudaba con eso, podría resarcirse de su escapada en Londres. Porque de verdad lo iba a necesitar.
Y necesitaba un plan, sobre todas las cosas. Porque no podía aparecer con un abogado y solucionarlo todo. No podía seguir pidiéndole dinero a sus padres para solucionar los problemas de Lizzie. Especialmente porque su último intento de ser el galán de la película le había costado demasiado.
Por supuesto, también estaba el hecho de que su tía era la persona detrás de todo el asunto. Podía ir a hablar con ella y explicarle la situación. Puntos en contra, su tía consideraba su negocio lo más importante del mundo. Y no era la persona más agradable del universo.
Sin embargo, tenía otra opción.
Su primo Richard trabajaba con ella. Y aunque dudaba que pudiera tomar decisiones —su tía no era de las personas que delegaban—, podía guiarlos en las negociaciones o algo así. Sólo necesitaba llamarlo.
Sí, ése era un buen plan.
-o-
—¡Lizzie, Lizzie! —exclamó Susan, acercándose a ella con un grueso libro en las manos y acompañada por Megan, la chica alta—. Ya sé por qué no habíamos encontrado nada útil.
—¿Por qué?
—Porque en 1835 cambió de nombre. Antes era la fábrica de Carson Jameson. Nosotros estábamos buscando la información de la fábrica de Archibald Emersdale —explicó la chica, acomodándose los anteojos sobre el puente de la nariz. Parecía emocionada por lo iba a decirle, aunque las palabras no parecían salir de sus labios.
—¿Y eso qué quiere decir?
—Que hay cosas que no hemos revisado antes.
—¿Qué están esperando para hacerlo, entonces?
—Ya lo hicimos. —Megan interrumpió a Susan antes de que pudiera hablar—. Resulta que en 1828 hubo una protesta de mujeres que trabajaba aquí. Limpiaban el algodón que quedaba en las máquinas y al parecer los residuos del algodón destrozaban las gargantas de la gente que trabajaba ahí y muchos niños…
—Ya, ya. Muy interesante, pero cuál es la gracia de esta historia. No quiero ser antipática ni nada de eso, pero ya saben que nos queda poco tiempo.
—La protesta fue la base para una ley que obligaba a los empleadores a asegurar la educación de los niños que trabajaban en sus fábricas.
—¿Ya? —Lizzie no estaba segura de entender a dónde querían llegar esas chicas con la historia, aunque sonaba interesante.
—¡Es un evento histórico! (1) —explicó Megan, ligeramente impaciente—. Y considerando la importancia, podríamos argumentar que es parte del patrimonio de la ciudad. Por ende, no podrían demolerla.
—¿Es en serio?
—Absolutamente.
Lizzie arrugó la nariz y empezó a pensar. Aparte de los documentos, necesitaban que toda la ciudad se enterara de la importancia de la fábrica. Y la mejor manera era publicarlo en The Liverpool Voice, un periódico nuevo que buscaba ser una voz para todos los habitantes de la ciudad.
—Genial, ¿pueden pasarme la información? —les pidió rápidamente—. Voy a escribir un artículo.
—Enseguida, le pasamos algunas cosas al abogado de patrimonio. El amigo de Thomas —dijo Susan—, pero pudo traerte algo más que sacamos para que empieces.
—Perfecto. Por cierto, son unas genios —les dijo la joven antes de que se alejaran de su escritorio. Su portátil tenía abierta la página de una sociedad histórica que estaba ayudándoles, y Lizzie abrió su procesador de texto con un documento en blanco—. No lo habríamos logrado sin ustedes. Gracias.
—De nada.
Lizzie suspiró y se concentró en lo que tenía que escribir. Y necesitaban contactar al editor del periódico para ofrecerle el artículo para la edición del día siguiente. Era la mejor alternativa que tenían y era una buena historia. También necesitaban a algún historiador que pudiera responderles a las preguntas sobre el lugar en el artículo.
—Lizzie, ¿cómo va todo? —preguntó Jane, que acababa de llegar a la oficina. Aparentemente, después de un largo día de trabajo.
—No sé. Pero necesito saber cuándo te ganaste la lotería —respondió Lizzie, al ver la bandeja de tazas de café que su hermana estaba cargando en esos momentos—. Oh, Megan y Susan descubrieron que algo importante pasó en la fábrica y que podría hacer que la declararan patrimonio histórico o algo por el estilo.
—¿De verdad? ¡Eso es genial!
—Sí, el problema es que necesitamos hacer todo el papeleo en dos días —bufó Lizzie—. Y dar a conocer la historia.
—Pero ya hay algo.
—Sí que sí —Lizzie sonrió. A pesar de todo lo que aún faltaba, ahora tenían algo de esperanza para el futuro. Quizás sí podrían lograrlo.
Pero antes de poder decir nada más, se dio cuenta de que Jane no había llegado sola. Repartiendo pastelitos se encontraba Bingley. El mismo Bingley que había desaparecido de sus vidas sin decir ni media palabra y le había roto el corazón a su hermana.
—Creo que hay algo que no has mencionado —le dijo a Jane con un gesto de la cabeza en dirección al joven—. ¿Ha habido nuevos desarrollos en el frente B?
—Anoche llegaste pasadas las tres de la mañana. No tuve minuto para contarte que Charles y yo hablamos anoche —dijo Jane sin mirarla a los ojos—. No me mires así, Lizzie no es nada. Decidimos que partiríamos de cero.
—Dime que al menos te rogó de rodillas.
—Lizzie…
—No, por supuesto que no te rogó. Tú lo perdonaste apenas te miró con esos ojos de cachorrito perdido.
—Lizzie… —volvió a decir con una mueca de impaciencia. Obviamente no tenía ganas de tener esa conversación en ningún momento.
—Olvídalo, tengo un artículo que escribir —bufó Lizzie cogiendo una taza de café y volviéndose hacia la pantalla de su portátil. El artículo no iba a escribirse por sí solo, por desgracia—. Nos vemos en casa.
—A menos que llegues a las tres de la mañana.
—No puedes escapar del destino.
—Pero puedo intentarlo.
Jane le sonrió y se alejó para ofrecerle café a los demás. Lizzie sonrió y empezó a buscar información en internet y a revisar las fotos que tenían. Necesitaría describir algunos de los eventos para mostrar que el lugar aún tenía importancia para la ciudad. Podía hacer eso. Había escrito artículos con menos tiempo.
—Thomas —llamó al abogado que estaba revisando un libro de leyes—. ¿Por casualidad se te ocurre cómo conseguir el número del editor de The Voice? Porque tengo un plan.
—Por supuesto que tienes un plan. Lo que es genial, porque nosotros también tenemos uno —respondió su amigo, señalando a su compañero—. De verdad creo que vamos a lograrlo.
—Eso parece. Creo que podemos estar orgullosos de nosotros.
—De Megan y Susan, más bien. Ellas lo descubrieron.
—Y tú nos presionaste a todos nosotros para salvar a la fábrica. Es un esfuerzo conjunto y es bonito recordarlo —dijo él—. Venga, a trabajar. Creo que sé cómo conseguirnos el número del editor.
—¿Te he dicho que eres mi mejor amigo?
—Pensé que ésa era Charlotte.
—Bueno, puedes ser el segundo —respondió la chica—. Lo importante es el cariño y que estás haciendo esto por amor al arte. Literalmente.
-o-
Horas después, Lizzie cerró la computadora. Acababa de mandarle al editor la copia corregida del artículo que iban a publicar. Tendría que enviarle algo para agradecerle que se hubiera quedado hasta tan tarde sólo para echarles una mano. Parecía ser un buen tipo.
Miró el reloj que colgaba de la pared de la oficina.
Las cuatro de la mañana.
A esas alturas, lo más seguro era quedarse a dormir ahí. Podía ir a casa por la mañana, cuando saliera el sol. A esa hora sería imposible conseguir un taxi. Caminar de noche nunca había sido seguro. Mucho menos siendo mujer. Pero no quería dormir en la oficina, necesitaba un colchón y una frazada.
La joven guardó sus cosas en su bolso y se puso la chaqueta. Se iría por calles iluminadas y aferrando las llaves en una mano, como le había dicho que hiciera su padre. Bostezando, salió del lugar cerrando la puerta. Menos mal que no estaba lejos de su casa.
—¿Lizzie?
—¿Darcy?
—Son las cuatro de la mañana.
—Lo sé. Lo único que quiero es llegar a casa y dormir hasta el mediodía —bufó ella—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Llegué ayer por la mañana.
—No has respondido mi pregunta.
—Salí del trabajo a esta hora. Sospecho que Carter acumuló horas de trabajo conmigo —masculló el chico—. Pero lo bueno es que puedo acompañarte a casa. ¿Cómo va todo?
—Bien —masculló Lizzie antes de bostezar descaradamente. Sentía la cabeza lenta y pesada de sueño—. Lo siento, pero llevo despierta desde muy temprano. Muero de sueño.
—Vale, me aseguraré de que llegues a casa.
—Que convenientemente es en el mismo lugar que tu casa.
—Es bueno, ¿no?
—Excelente —dijo ella con una sonrisa—. Por cierto, creo que nunca te agradecí lo que hiciste por Lydia.
—Sí que lo hiciste. No era necesario... lo hice…
—¿Sí?
—Olvídalo, ya llegamos al edificio —dijo Darcy señalando la entrada y abriéndole la puerta para entrar— . Y creo que tienes que dormir ahora mismo, Lizzie. Buenas noches.
—Buenas noches, Darcy. Es bueno tenerte de vuelta —dijo ella con una sonrisa somnolienta. Darcy le sonrió de vuelta.
—Nos vemos, entonces —respondió él.
(1) Totalmente inventado. Ni siquiera he podido comprobar que hubiera una ley así, pero las workhouses victorianas había escuelas para los niños. Aunque mi conocimiento se limita a eso y a que Oliver Twist se escapó de una.
¿Y? ¿Qué les parece? ¿Darcy va a ser el caballero de brillante armadura?
Son casi las dos de la mañana y muero de sueño, así que por aquí lo dejo.
¡Saludos y hasta el próximo capítulo!
Muselina
