N/A: ¡Finalmente lo he logrado! Estoy de vuelta con otro hermoso capítulo del cual me enamoré, no sé, me fascina Adrienette, en sí soy súper Marichat pero me declaro Adrientte lover también.
En fin, lamento tardar, la U me chupa la vida entera pero prometo ya organizarme mejor. A veces las ideas me atacan demasiado que no puedo tener un control pero ya pronto verán el próximo capítulo... varias cositas están por venir, especialmente un nuevo Adrienette que estoy preparando como se los dije en el capítulo anterior, el cual va estar -a mi parecer- fuerte en el sentido de temas y situaciones que abordará y es por eso que estoy emocionada. Este Adrienette es como el pequeño experimento de ver qué tan bien me va en el fandom y he recibido buenas respuestas, así que estén preparados para lo que se viene.
Reviews.
Forever MK NH: ¡Hola preciosa! Perdón por tardar, pero ya aquí está, espero que te guste.
Deidydbz: Pero claaaro, todo comienza con una bonita amsitad ;) ¡Mucahs gracias por tu review!
Ali. Jeager: Hola bonita, jajaja, se va a tornar mucho más interesante ahora. Espero que te guste y gracias por tu review!
sonrais777: Sí, Nino se expresó mal... tendrá que hacer mucho mérito con Alya para que lo perdone, jajaja. :) Gracias por tu review.
BethJohn19: Muchas gracias por tu review :) Y bueno, en cuanto al caracter de Mari, yo diría que más bien es muy retraída en sus emociones, le cuesta expresarse y es por eso que es tan tímida e introvertida ;)
JazzLittleMockingjay: ¡Hola hermosa! Muchas gracias por tu review :3 espero que este cuarto capítulo te enamore aún más. Besos!
montserratmonnet: Hola pequeña, finalmente actualizo, perdón por la demora. ¡Espero muchísimo que te guste! Y mil gracias por tu bello review.
Gracias a todos los demás lectores, espero ver pronto sus reviews también. ¡Les mando un beso enorme!
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Cuento de hadas
I
Marinette sostenía fuertemente la mano de Adrien mientras patinaban, sí, lo había practicado de pequeña pero la verdad era que ya no tenía tanto equilibrio como antes.
―No me vayas a soltar Adrien ―pidió la peliazul apretando el agarre del chico.
Adrien rio ― ¿Crees que lo haría?
La chica sonrió y negó con la cabeza evitando el contacto visual.
El parque estaba sumamente tranquilo, era extraño porque eran épocas de vacaciones y normalmente muchos niños con sus padres iban a pasear a ese lugar, sin embargo parecía que todos se habían puesto de acuerdo para dejarlos a los dos solos y en su propio mundo.
Marinette mantenía su agarre y le daba un poco de vergüenza puesto que sus manos estaban sudadas debido a los nervios que le provocaba el patinaje y el estar tan cerca de una persona nueva para ella ―Debo parecerte ridícula.
El chico Agreste se rio y ese dulce sonido inundo los oídos de ella sintiéndose dichosa y afortunada de estar con él ―Para nada, al contrario ―él se acercó más a ella y colocó una mano en el mentó de ella para que su mirada hiciera contacto con la suya. ―Me gusta estar así contigo.
Marinette entreabrió los labios ―Adrien…
El chico depositó un suave beso en la mejilla de ella haciendo que se ruborizara, tenía unas tremendas ganas de besarla, sin embargo no quería asustarla ni ahuyentarla con su comportamiento.
―Salgamos mañana también, por favor.
A la peliazul le temblaban las piernas de la emoción y le palpitaba el pecho como jamás en la vida le había pasado.
―Pe-pero tengo que trabajar en la cafetería.
―Pasaré por ti cuando cierren la cafetería, no es tan tarde. Les prometeré a tus padres que te cuidaré.
Marinette sonrió, ninguna palabra salió de su boca, sólo asintió convencida de que Adrien cumpliría esa promesa.
II
― ¡¿Te dio un beso?! ―exclamó Alya desde el otro lado de la línea.
Marinette soltó una risita ―No es para tanto Alya, fue en la mejilla.
― ¿Te gustó?
―Sus labios fueron muy cálidos y suaves, pero a la vez parecía que mantenían miles de secretos ―explicó ella. ―Estoy confundida Alya, nunca había sentido algo así por alguien, lo sabes.
Alya soltó un suspiro ―Siempre hay una primera vez para todo Mari.
―Mañana saldré con él de nuevo.
― ¿En verdad? Oye hoy tuve suficiente trabajo por cubrirte.
La chica de ojos celestes sonrió de lado ―Iremos cuando la cafetería cierre.
La risa de su mejor amiga se pudo escuchar del otro lado de la llamada ―Está bien amiga, ¿tus padres qué opinan al respecto?
―Están enamorados de Adrien, no te miento ―explicó. ―Ambos incluso me dijeron que debería invitarlo más a la casa.
Alya guardó silencio un rato pensando en lo que le diría a su amiga, eligiendo bien sus palabras y después habló ―Él es un buen chico Mari, un chico que ha sido muy solitario. Sólo se cuidadosa y nno le vayas a dar ilusiones que no sientas capaces de cumplir.
Marinette frunció el ceño ― ¿A qué te refieres?
―Mira, tú eres una persona que disfruta mucho estar sola ―dijo Alya intentando que ella comprendiera su punto de vista. ―Pero él lo que más detesta es estar solo, él quiere compañía y por lo que me dices él quiere tu compañía.
―Entiendo…
La chica morena suspiró ―Aclara tus sentimientos, es muy pronto lo sé, pero Adrien es alguien muy emocional.
―Lo tengo en cuenta Alya, no te preocupes… lo último que haría sería lastimarlo.
―Lo sé Mari, eres muy buena como para hacer algo así. Te dejo amiga, mañana temprano iré a ayudarle a mi mamá con algo y tengo que madrugar.
Marinette emitió un sonido aprobatorio ―Te veo mañana.
La peliazul dejó el teléfono en su buró y mientras se dirigía hacia el interruptor de la luz vio en un lugar de su colorida habitación aquellos sencillos pero muy especiales patines que Adrien le había regalado. Se sentía nerviosa y a la vez un poco incómoda ante la situación de que él quisiese tratarla con muchos lujos, pensó que quizá sería buena idea devolverle el favor pero, ¿cómo?
Ella no tenía tanto dinero como para comprarle algo que estuviera a su categoría. Se sentó en la silla de su escritorio por unos momentos observando los patines negros… quizá podría hacerle algo con sus propias manos, no sería lujoso ni exuberante pero sería de corazón.
Buscó entre sus cosas y telas que tenía guardadas por ahí, pues algo que se le daba muy bien era la costura.
Encontró algo que seguramente le serviría, su creativamente entonces comenzó a darle forma a su idea inicial y sin dudarlo más se puso a realizar el regalo para Adrien.
III
Sabine, la madre de Marinette se preguntaba por qué su hija no bajaba a desayunar, ya casi daban las ocho y media y ni luces de ella.
Decidió entonces subir a su habitación, se llevó una gran sorpresa al encontrarla profundamente dormida y recostada en su escritorio con un montón de tiras de tela regadas por el piso. Su atención fue captada por un pequeño muñequito negro que reposaba sentado en el escritorio, ¿se habría pasado la noche en vela haciendo eso? ¿Para qué?
La movió delicadamente mientras con toda la ternura del mundo le hablaba ―Mi pequeña, ya es hora de despertar.
Marinette gruñó quedito provocando una risa en Sabine, pero la mujer siguió insistiendo moviéndola suavemente hasta que la chica al fin decidió despertar.
―Mamá, ¿qué hora es? ―preguntó ella somnolienta.
―Ya casi las nueve, cielo. Anda, despierta y baja a desayunar. Tú papá ya empezó a preparar todo para abrir la cafetería.
La peliazul asintió y se estiró en su asiento para darse cuenta de que la espalda le dolía tremendamente, dormir de esa manera era realmente incómodo, sin embargo había valido la pena para poder terminar el regalo de Adrien.
Miró el pequeño detalle que planeaba regalarle y sonrió enormemente, esperaba que le gustara.
Se lavó la cara para después bajar a la cocina en donde ya tenía su madre servido su desayuno; le dio las gracias y comenzó a comer un poco rápido para poder ayudarles a sus padres a empezar a preparar todo para la cafetería.
―Ese muñequito que hiciste, ¿se lo vas a dar a Adrien? ―la voz de su madre junto con su pregunta la hicieron dar un saltito de sorpresa.
Marinette carraspeó un poco pero no pudo mentirle a su madre ―Sí… ayer fue muy amable conmigo al regalarme esos patines, así que es lo mínimo que quiero hacer por él.
Sabine sonrió y le hizo un mimo a su hija en modo de aprobación ―Me da gusto de que hayas hecho un buen amigo mi niña.
―Él es muy lindo mamá, es amable y me trata de una manera especial.
La mujer sonrió ―Lo sé cariño, lo veo en tu mirada. Pero recuerda que a veces no todo es un cuento de hadas.
Marinette puso una cara de confusión queriendo preguntar el por qué su madre decía algo así, sin embargo no pudo formular esa cuestión pues su padre llegó a la cocina. Ya tendría tiempo para hablar con su mamá de eso más tarde.
IV
Nino caminaba rumbo a la casa de Adrien, le había dicho que tenía la mañana libre así que ocuparían ese tiempo para jugar con los videojuegos del modelo.
Tocó el timbre de la enorme mansión y la tan acostumbrada vos de la secretaria de Gabriel Agreste se hizo presente pidiéndole que se identificara.
―Nathalie, soy Nino, me conoces desde hace varios años. Adrien me está esperando.
La mujer lanzó un bufido y le abrió la puerta para dejarlo pasar.
Ya no era necesario que alguien lo escoltara dentro de la mansión o siquiera lo registraran de pies a cabeza, él era amigo de Adrien desde tantos años atrás que más bien era raro no ver a Nino merodeando por la enorme mansión, incluso al reservado de Gabriel Agreste había aceptado la intrusión del chico de lentes en la vida de su perfecto hijo y adoración.
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―Vaya que te luciste con Mari ayer.
Adrien sonrió ―No puedo evitarlo, cuando la veo me dan ganas de entregarle todo lo que tuviera a mi alcance.
Nino se rio ―Sí que te tiene babeando esa pequeña niña.
― ¡Es perfecta Nino! No hay otra palabra con la cual la pueda describir, es la persona que siempre quise tener para mí, ella es todo lo que quiero y la voy a tener.
―Espera viejo, no hables de ella como si fuera un objeto, Mari no es tan fácil.
―Ya lo sé, pero no me importa cuánto me cueste sé que la voy a enamorar.
Nino arqueó una ceja ―Hermano, el amor va más allá de regalarle cosas caras o bonitas.
―Ya lo sé, es por eso también que quería verte hoy ―Adrien se sentó en el enorme sofá que tenía en el centro de su habitación. ―Dime, ¿cómo enamoraste a Alya?
―Bueno, lo mío con Alya fue un proceso muy largo y lo sabes. Se dio cuando menos lo esperábamos.
Adrien suspiró pesadamente ―Necesito que me ayudes Nino, quiero a Marinette.
― ¿La quieres porque la aprecias o la quieres por pura obsesión?
―Nino…
El chico de gafas lo miró seriamente ―Eres mi mejor amigo y te lo voy a decir: No quiero que salgas herido, pero tampoco quiero que lastimes a Marinette.
―Jamás lo haría.
Nino hizo una mueca ―Bien, no te puedo decir cómo sería enamorar a Mari porque no la conozco tanto ―explicó mientras miraba perdidamente hacia el techo de la habitación. ―Supongo que te puedo decir que siendo tú mismo lo harás genial.
V
La cafetería estaba cerrando y el reloj marcaba las nueve de la noche exactas pues los señores Dupain-Cheng eran muy puntuales a la hora de abrir y a la hora de cerrar.
Marinette se había ya cambiado para ponerse un poco más "agradable" para Adrien, aunque realmente se sentía extraña, nunca se había preocupado de su aspecto físico ni de si lucía atractiva para alguien o no, claro hasta que el chico Agreste había entrado en su vida.
El timbre resonó adentro de su casa, sus manos comenzaron sudar inmediatamente.
―Calma Marinette, no tienes por qué estar nerviosa ―se dijo a sí misma.
Tomó lo que le había hecho la noche anterior a Adrien y lo guardó en su bolso.
Bajó las escaleras y abrió la puerta para encontrarse con el chico que le sonreía encantadoramente.
―Buenas noches Mari ―saludó él.
Ella intentó no tartamudear al saludarlo y tomó aire ―Buenas noches.
Adrien se hizo a un lado para que saliera de su casa ―Les dije a tus padres que iríamos al cine y que estarías a salvo en casa antes de las doce.
Marinette se rio ― ¿Cómo princesa encantada?
―Como en un cuento de hadas.
Ella se ruborizó ante la insistente mirada de él, esa mirada que cada vez le gustaba más y más. No quería hacerse adicta a ella pero él no se la dejaba muy fácil que digamos.
Salieron de la casa de la chica para dirigirse al tan acostumbrado vehículo del chico Agreste para ir a su destino.
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Adrien y Marinette salían de la sala del cine platicando acerca de la película, había sido muy buena para la expectativa de ambos.
Además él había cogido las manos de ella entre las suyas en varias ocasiones para juguetear con sus dedos, la chica había estado muy nerviosa todo el tiempo, sin embargo debía admitir que se sentía bastante bien el tacto de él.
Salieron de la plaza comercial la cual ya estaba deshabitada, muy poca gente se encontraba allí y sólo era porque iban saliendo de la misma función que ellos.
El chofer de Adrien ya estaba esperándolos en una de las puertas de acceso para acompañarlos hasta donde se encontraba estacionado el automóvil, ambos abordaron sin dejar la tan amena charla que se había hecho entre ellos dos.
El camino realmente se hizo bastante rápido y corto, pues cuando se habían dado cuenta ellos ya habían llegado a su destino.
Adrien bajó de automóvil junto con ella para despedirse ―Me alegra que me hayas podido acompañar esta noche.
―Gracias por invitarme en verdad me agrada pasar tiempo contigo ―soltó ella sin pensar, hasta que vio la expresión de Adrien, una expresión que juraría era la primera vez que lo hacía, era una auténtica sonrisa y sus verdes ojos brillaban a pesar de la oscuridad.
― ¿De verdad te gusta estar conmigo?
Marinette apretó el asa de su pequeña bolsa contra sí misma ante el nerviosismo y fue cuando recordó el pequeño obsequio que tenía para él ―Sí, yo… bueno, tengo algo para ti ―abrió su bolso y sacó el muñequito.
Era un pequeño gato negro de peluche.
Adrien lo tomó entre manos y sonrió bastante ―Es extraordinario Mari, ¿dónde lo has conseguido?
―Lo hice yo misma.
El rubio la miró con una expresión que ni ella sabía descifrar ― ¿Hiciste esto para mí?
―Sí… ¿acaso no te…?
― ¡Me encanta! Es decir, en verdad… eres asombrosa. Muchas gracias.
Marinette sonrió bobamente y miró hacia el piso cuando de repente sintió los brazos de él rodeándola completamente pegándola a su cuerpo.
―Es el mejor regalo que alguien me ha hecho ―susurró él contra su oído y ella sintió como sus piernas temblaban ante el acto.
Él rompió un poco el abrazo pero no la despegó totalmente, simplemente quería verla, quería ver sus ojos llenos de misterio y dulzura, quería ver esas diminutas pecas que apenas y se podían vislumbrar, quería verla por dentro también. Quería que ella se abriera y le contara únicamente sus secretos más íntimos a él.
Y también quería besarla, carajo que quería.
Ayer se pudo contener, sin embargo ese día no ocurriría lo mismo.
Así que la besó, la besó deseando que así pudiera leerla.
Y mientras la besaba se juró a sí mismo que ella no se iría jamás de su lado.
