Disclaimer: Beyblade y sus personajes no me pertenecen
Advertencia: Yaoi, lime y posible Lemon explícito en próximos capítulos
Parejas principales: Kai x Yuriy, Bryan x Yuriy, Kai x Rei, Robert x Johnny, entre otras
MOSCOVIA
Capítulo 2 – La decisión
Algo en lo que los arquitectos rusos siempre habían sido excelentes era en su ingenio y habilidad para construir habitaciones que quedaran aisladas del ruido, luz y frio exterior.
Por supuesto, la alcoba real era la mejor de todas, y sus dueños se sentían cálidos y seguros dentro de sus paredes.
No se veía nada, ningún minúsculo rayo de luz se colaba por ningún agujero, y eso les permitía dormir por largas horas tranquilamente hasta que fuera hora de comenzar sus actividades reales.
Pero no hoy, domingo, día internacional del descanso, incluso para el Zar y su esposo.
Este último descansaba sobre su lado izquierdo, labios cerrados, suave respiración y párpados que mostraban un ligero movimiento, señal de un estado de sueño profundo.
Una figura se movió junto a él, aliento cálido chocó contra su piel, un peso a sus espaldas, alguien colocó un brazo debajo de él, y otro lo sujetó del torso para girarlo… y ¡De repente…!
¡Fue atacado!
Suaves besos repartidos en sus mejillas, cuello, uno que otro en sus labios, las manos sujetándolo firme pero suave, y el movimiento finalmente despertándolo.
-Buenos días – sonrió Kai y continuó con su ataque
-Ay… buenos días – Yuriy empezó a reír, disfrutando de la muestra de afecto de su esposo, las cuales eran nulas cuando se encontraban fuera de esa alcoba, pero más que abundantes cuando sólo eran ellos dos.
-Feliz cumpleaños – Kai se dejó caer, sacándole el aire un poco, pero fue bien recibido
-¡Gracias!
El Zar se levantó y abrió las cortinas, alumbrando la habitación.
Frente a Yuriy se mostró un maniquí, el cual llevaba una capa blanca sobre él.
-¡Oh Dios! – Gritó el pelirrojo y se levantó corriendo, casi tropezando con las cobijas, hasta llegar a la capa.
La acarició, probablemente era piel de zorro, más suave que un durazno, y más ligera que el terciopelo.
A pesar de que casi toda la prenda era blanca, en las aperturas tenía bordadas pedrería plateada, probablemente diamantes, brillantes y trabajos finos de rodio y paladio.
Finalmente, el escudo de armas de la familia Ivanov, el cual mostraba dos lobos rojos sosteniendo un rosario blanco con una balanza dorada en medio, los adornos eran todas hojas doradas y, añadidas tras la boda de Kai con Yuriy, una corona en la punta superior. La conexión entre el dinero, la realeza y la religión eran bien definidos en éste diseño.
-Kai…. ¡Me encanta! ¡Oh por Dios!
No dudó ni un segundo y tomó la prenda en sus manos. Se la colocó rápidamente sobre su cuerpo desnudo y se observó en el enorme espejo que quedaba más cerca de él.
-¡Es magnifica! – Yuriy brincó de un lado a otro - ¡Y no pesa nada! ¡De verdad! ¡Ah! ¡Me encanta!
Kai esbozó una sonrisa de satisfacción y lo observó unos momentos más antes de acercarse y besarlo suavemente.
-Es toda tuya
-¡Gracias!
-Venga, que no todos los días se cumplen 20 años
-Lo sé, lo sé…. ¡Me encanta, Kai!
-Qué bueno, yo mismo asistí al sastre y juntos hicimos el diseño
Ése era uno de los mejores regalos que había recibido en toda su vida.
El resto del día obtuvo casi dos centenares de presentes más, de Boris, sus padres y familiares, miembros de la realeza, así como súbditos e incluso miembros de su guardia.
Kai no estaba sorprendido. Yuriy era una maravillosa persona, y la mayoría de la gente cercana, o súbditos que se encontraban en deuda con él lo adoraban.
Por eso Kai sabía que estaba haciendo lo correcto… pero de eso hablarían después.
El día se dividió en reuniones con familiares y amigos para celebrar, un espectáculo de caballos amaestrados que danzaban en el enorme jardín y un paseo por las calles, donde los ciudadanos de Moscovia aventaban flores al carruaje en el que paseaban.
Casi al final, le dijeron a Yuriy que cenarían con Kai y sus padres en una ubicación especial.
Pero Yuriy no se esperaba ese lugar, y Kai supo que los problemas no tardarían en aparecer.
La habitación era llamada sala de sucesión. Era el único lugar en todo el reino donde se hacía oficial el intercambio de poder entre una persona y otra.
Al entrar al cuarto, Kai ubicó con la mirada a ambos padres de Yuriy, a Boris y dos docenas de los miembros de la corte real, así como al general y a los cuatro comandantes supremos del ejército rojo.
Miró a su esposo, quien se quitó la capa cuando fue requerida por el sirviente, antes de invitarlo a sentarse en el trono.
-¿Qué es esto? –Preguntó Yuriy a Kai – Me dijiste que no lo harías, Kai
-Yuriy, toma tu lugar – ordenó su padre
Ambas miradas azules batallaron por un rato, pero al sentir la presión de todos los presentes esperándolo, finalmente se sentó en el trono del rey, y Kai a su lado en el trono del Zar, bastante más grande que el suyo y en la posición central de la sala.
Un hombre de edad avanzada y consejero del Zar hizo una reverencia y comenzó a leer un largo papiro frente a ellos.
-Kai, por favor no lo hagas… ¿Por qué tienes que hacerme esto hoy? -Susurró
-Porque finalmente lo encontraron. Y tengo que partir mañana –Respondió
-¿¡Mañana?! – Gritó Yuriy. El consejero detuvo la lectura - ¿¡Te vas mañana!? ¿Qué? ¡No!
-¡Silencio! – Exigió Boris – Su majestad, por favor entienda la situación de la nación. No podemos permitir que el ejército Ucraniano se haga con… se haga más fuerte. Es un sacrificio para todos pero…
-Pero es mi esposo – dijo Yuriy – Si Ucrania nos ataca, los venceremos, así como a todos los demás. No es justo, apenas comenzamos a vivir juntos…
-Yuriy, guarda silencio – exigió su madre
-Como decía… - continuó el consejero
-¡No! No lo aceptaré, no quiero esto
Kai tomó su brazo y susurró en su oído.
-Me estás poniendo en ridículo
Finalmente, el pelirrojo se quedó callado. La lectura continuó, y el chico no contuvo un silencioso llanto que se convirtió en lágrimas que cayeron por sus mejillas.
Kai se veía sereno y tranquilo, incluso cuando fue entregada la espada de los Romanov, arma invaluable y objeto del poder del imperio.
El bicolor esperó a que Yuriy ocupara el trono del zar y, sin decir nada, se la ofreció con ambos brazos.
El pelirrojo la tomó y después, para sorpresa de todos, la dejó a un lado y abrazó a Kai.
-No quiero un reino, quiero a mi esposo vivo a mi lado
Boris finalmente se acercó a ellos y les ofreció un pergamino que debían firmar.
Kai lo hizo, y después de ser obligado por él, Yuriy lo hizo también.
-Oficialmente, Su Majestad el Rey Yuriy Ivanov será custodio y protector del imperio ruso mientras que el Zar se encuentre liderando al ejército. Éste derecho será revocado únicamente cuando el Zar regrese. En caso de que éste perezca en el campo de batalla, el Rey Ivanov se convertirá en Zar hasta su propia muerte. Que viva el Zar. Que viva el rey.
La tensión en el ambiente aumento, y varios de los presentes se sintieron sofocados.
Todos comenzaron a aplaudir, excepto Kai y Yuriy, quienes no dejaban de mirarse, inamovibles.
No fue hasta pasado bastante rato que Yuriy, con la espada de los Romanov en mano, entró a su habitación.
Ignorando a Kai, quien había llegado ahí momentos antes, se dirigió a uno de los siete libreros en la enorme alcoba y, tras mover algunos libros, accionó una palanca que abrió un pequeño pasadizo secreto detrás de una de las chimeneas.
Entró por el pasadizo hasta llegar a un pequeño cuarto donde él y su marido guardaban objetos preciosos e importantes.
Barras de oro, joyas preciosas, libros catalogados de herejía, primeras copias de textos invaluables, retratos de la realeza, muebles, armas, entre muchas cosas más. Colocó la espada donde había estado antes, en una vitrina recubierta de diamantes y acero tan grueso como una pared.
Después de que la cerró regresó al cuarto y se sentó en el borde de la cama.
-Cuando te pedí que te casaras conmigo te dije que esto era una posibilidad
-Pero nunca pensé que lo harías de verdad
-Yuriy, no tengo otra opción
-¡Pero sí la tienes!
-¡Necesito vengar a mis padres!
-¡Y yo te necesito a ti!
Ambos jóvenes se encontraron frente a frente, Kai más alto y corpulento, pero el menor no se intimidó ni un segundo.
-No quiero que mueras, Kai
-No moriré, por eso necesito irme mañana, antes de que se hagan más fuertes
-¡No se van a hacer más fuertes en un día!
Kai quería gritarlo. Quería decirle la verdad a Yuriy, quería contarle todo. Era su mejor amigo, lo amaba, y necesitaba su apoyo, no su rechazo. Pero por ése mismo hecho de quererlo tanto, no podía decírselo. No podía arriesgarse a que Yuriy lo odiara por el resto de su vida. Esto lo perdonaría, con el tiempo. La guerra, su partida, incluso si moría, Yuriy lo perdonaría.
Pero unas palabras, un relato, un secreto. Eso lo alejaría de él para siempre, y sería peor que la muerte misma.
-Me iré mañana – dijo Kai – lo quieras o no, me apoyes o no, así que bien podrías ser un buen chico y aceptarlo, aunque sea a regañadientes
Yuriy se acercó, casi como si fuera a besarlo, pero en vez de eso lo tomó de los brazos y pronunció
-Nunca
-Kai, despierta
Cansados ojos rubíes se abrieron y observaron al chino frente a él.
Rei señaló por la ventana y Kai se asomó.
Las calles de la entrada a Moscovia que alguna vez fueron tan familiares, ahora se veían tan extrañas y ajenas.
Observó a la gente haciéndose a un lado para dejarlos pasar. Todos inclinándose, haciendo reverencias, algunos incluso de rodillas mostrando su respeto.
¡Que viva el Zar!
¡Bienvenido!
¡Gracias!
Sin duda, era bien recibido.
-Todos te aman, Kai, es increíble – dijo Rei tomando su mano
Kai sonrió y se recargó en el sillón nuevamente, cerrando los ojos, queriendo finalizar el recuerdo con el que había estado soñando.
Al día siguiente, Yuriy no había querido salir de la habitación, ni siquiera para despedirlo en su partida. No le había dirigido palabra en toda la noche después de haber dicho el NUNCA y no se había dejado tocar ni besar, ni siquiera cuando Kai le había recordado que era posible que esa era la última noche que pasarían juntos.
Boris lo había despertado temprano, y todos los preparativos estaban listos. Su caballo, su armadura, su ejército, su gente deseándoles a todos éxito.
Alzó su vista una última vez a la torre donde se encontraba su habitación. La cortina estaba cerrada. Yuriy ni siquiera se había asomado para despedirse.
Kai se giró, triste, a punto de entrar al carruaje, cuando escuchó murmullos y los gritos de esposo.
-¡Kai! ¡Kai! ¡Espera!
Vio a Yuriy, vestido con una playera abierta, sin zapatos, todo despeinado corriendo hacia él.
Apenas iba saliendo del palacio, pero sus gritos hicieron eco y todos se hicieron a un lado para dejarlo pasar.
Kai esperó frente al carruaje hasta que Yuriy finalmente llegó hasta él y se aventó a sus brazos.
El pelirrojo estaba llorando, y estaba helado.
-Te va a hacer daño, regresa adentro
-Kai – lloró Yuriy – Por favor no mueras lejos de mí, Kai… te amo
El bicolor se quedó pasmado.
Jamás había escuchado a Yuriy decir esas palabras, ni siquiera el día de su boda. Sabía que el pelirrojo lo sentía, pero jamás lo había escuchado confesarlas.
-Yuriy… -El bicolor lo tomó entre sus brazos y juntó toda la fuerza del mundo para responder – yo también te amo
Qué triste que la primera vez que se decían esas palabras quizás sería la última vez que se verían.
Yuriy abrió su mano y le ofreció a Kai el anillo de los Ivanov. Hecho de dos hebras de plata, adornado con una enorme tanzanita en corte diamante. Un diseño fino y delicado
-Pero Yuriy…
El pelirrojo tomó la mano de Kai y se lo entregó.
-Para que me lleves contigo
Los ojos de Kai se humedecieron muy ligeramente, pero evidente para su esposo. Se removió su propio anillo real y se lo colocó al pelirrojo en el dedo. El rubí brillaba casi tan hermoso como sus propios ojos.
Se colocó el anillo de Yuriy y lo besó.
Fue un beso de despedida, el más triste y amargo que jamás hubieran compartido.
Todo es por ti pensó Kai antes de hacerle una señal a Boris y separarse de Yuriy.
-¡No! – Gritó Yuriy - ¡Kai!
Pero fue sujetado por el peli morado.
-Sólo son ocho meses, Yuriy. Cuenta las lunas, y pronto me tendrás de vuelta
Yuriy intentó soltarse, pero fue en vano. Kai abordó el carruaje y partió, viendo a su esposo regresar al palacio siendo arrastrado por Boris.
Pero esos ocho meses se habían convertido en casi cuarenta. No tenía idea de qué reacción tendría Yuriy al verlo y eso lo tenía nervioso. Habían intercambiado cartas al principio, pero después de confirmarle al ojiazul los rumores de que Kai estaba con Rei, el pelirrojo había dejado de contestar. Pero más que eso, Yuriy tenía un amante, y se decía por ahí que el pelirrojo estaba enamorado de él, y eso lo aterraba.
Finalmente el carruaje llegó ante el palacio y un guardia abrió la puerta.
¡Que viva el Zar!
Kai suspiró y salió por ella, siendo recibido por una gran ovación y una multitud postrándose ante él. Después de tres años, el palacio se veía mucho más grande de lo que recordaba. Hacía más calor de lo imaginaba, y más gente de la que esperaba.
El sol no le permitía reconocer a nadie, pero de pronto se nubló y pudo divisar a Yuriy un poco más lejos, a la mitad del camino entre el palacio y el carruaje.
Mamá, hasta el sol se arrodilla ante el Zar dijo una niña cerca de él.
Kai observó también a alguien arrodillado junto a él. Demasiado cerca. Se dirigió hacia ellos. Escuchó a Rei bajar de la carroza, pero no volteó y siguió caminando.
Sus piernas estaban adormecidas y su cuerpo tenso. Cada paso lo acercaba a Yuriy. Temblaba poco, era un momento poderoso.
¡Que viva el Zar!
Se acercaba finalmente a la única persona en toda la explanada que no estaba arrodillada, y al parecer, la única que no lo extrañaba.
MOSCOVIA
Cloy Jubilee~
