Moscovia
Capítulo 5: Germania
Disclaimer: Beyblade y sus personajes no me pertenecen.
Dedicado a todas las personas que siguen escribiendo y leyendo fics de Beyblade.
Pocos – o quizás ningún – lugares en el mundo eran tan hermosos como ése castillo en medio de altas montañas, rodeado de un bosque que, según las leyendas, estaba encantado.
Algunos de los habitantes a las faldas de las montañas juraban por su máxima deidad que habían visto a míticos seres sobrevolando el área o cazando animales salvajes por las noches. Eran ya tantas las leyendas y cuentos sobre esas criaturas que el káiser de dicho Bundesland había escuchado palabra y había mandado a castigar a aquellos que esparcieren los rumores que él catalogaba como herejía con el fin de callar a esos bocazas.
La estrategia del mandamás había funcionado, y ya poco se hablaba de los avistamientos. Quizá otro de los factores por los que ya no se escuchaba de esos seres era porque un gran evento estaba teniendo lugar en ése hermoso castillo digno de un cuento de hadas.
Lo especial de ésa construcción era que no había sido diseñada por un arquitecto, sino por un trio conformado por un pintor, un escultor y un poeta. Su obra conjunta ocupaba la punta de una de las montañas más altas, con muros impresionantes de un estilo digno de una obra literaria romántica, con detalles en colores pastel pintados a mano, y sus columnas en armonía con las torres que por las noches alumbraban el antes negruzco corazón del bosque.
El imponente castillo había sido visitado por varios reyes y reinas de diferentes partes del mundo, desde los países escandinavos hasta los sultanes de medio oriente y los líderes de tribus al sur del Nilo. Todos lo conocían, y había una lista de espera de varios años para poder visitarlo.
Sin embargo, ese preciso día era una excepción.
Una boda que uniría dos reinos ni tan cercanos ni tan lejanos. Un par de príncipes de postura altiva y el mundo entre sus manos. El público que los tenía en frente, jurándose respeto y amor eterno los observaba orgullosos, maravillados, agradecidos de ser partícipes de tan exquisito evento.
La sala donde las nupcias estaban tomando lugar era la capilla del castillo, tan grande que superaba en decenas de metros cuadrados a catedrales enteras. El domo y las paredes detrás del altar estaban pintadas como si fuera la escenografía de una obra musical con el tema de la ascensión de las almas al cielo, en tonos azules pastel, naranja melón, coral, blanco y verde hoja de menta, con estrellas doradas y grabado de oro. Ésa habitación en sí misma era digna de que se escribieran leyendas sobre ella.
Frente al altar se encontraba el obispo de Germania quien, con permiso del vaticano, pronunciaba como marido y marido al hijo del káiser de Baviera y al heredero al trono de Escocia frente a la corte real de ambas naciones, así como invitados selectos de diferentes países de Europa.
-… su señoría, Robert Jürgen, ¿Jura por su corona honrar, amar, proteger y enaltecer a su alteza el príncipe Jonathan Samael McGregor?
-Lo juro por mi corona y mis laureles. Seré su capa y espada, su cáliz y balanza, su roble y su ciervo.
Los ojos rojizos del hijo del káiser se clavaron en los violetas del pelirrojo, quien repitió el mismo juramento y las mismas palabras.
Un par de formalidades más y fue hora del beso. El alemán tomó suavemente la nuca y la cintura del más bajito y lo acercó suavemente, uniendo sus labios por primera vez. El escocés respondió con un ligero movimiento de labios y después el beso acabó, con una ovación y aplausos.
Después de que el obispo diera por completa la ceremonia, el rey dijo unas palabras y culminó con la invitación al festín de dioses que esperaba a los ansiosos invitados varias plantas más abajo.
Mientras los huéspedes eran guiados por la servidumbre, los novios permanecieron frente al altar. Los últimos en salir fueron los padres y el obispo, quienes cerraron la puerta tras de sí, dándoles total privacidad.
Robert se sentó en la silla del obispo y sacó una botella de vino debajo de la mesa.
-Por fin acabó el martirio – pronunció el pelirrojo, acercándose a él - ¿No tienes algo más fuerte? ¿Whiskey?
-No, aquí sólo servimos bebidas de buen gusto
-Ja, ojalá fuera cierto, no llevo ni un día aquí y ya ansío volver a las delicias de mi bella Escocia. Aquí sólo tienen salchichas y ese condenado Schnitzel.
-Por mí puedes regresar al norte cuando quieras – le ofreció una copa de vino, pero el pelirrojo la rechazó
-Ambos sabemos que éste condenado matrimonio es sólo para que nuestros padres puedan unir su milicia contra el ejército rojo. A ellos ni siquiera les importa que nos llevemos bien, mientras seamos una pareja… bah… ésta ni siquiera hubiera sido mi obligación si… - hizo una pausa- bueno pues… dame del maldito vino
- ¿Si qué, Jonathan? – Robert le dio el cáliz
El mencionado bebió el contenido de un sorbo y después se dirigió a la puerta.
-Vamos a comer. Es lo único que me emociona de ésta tontería – dejó el cáliz en una mesa cercana a la puerta y salió de la capilla con dirección al jardín.
Robert soltó un suspiro de decepción antes de levantarse para seguirlo. ¿Cómo se había metido en ese lío? Su padre no le había dado opción, era eso o cederle el Griffolyon al siguiente en el linaje… y eso era lo único que, bien sabido por el káiser, era preciado para el peli púrpura.
Durante el banquete, había claras diferencias entre los invitados. Casi la mitad eran germanos, altos, robustos y fornidos, tez blanca, todo lo comían con cubiertos y en silencio. Del otro lado de la explanada estaban los escoceses, pelirrojos, ruidosos, ninguno parecía saber lo que eran los cubiertos, y con varias copas de whiskey encima parecían pozos sin fondo por todo lo que ya habían comido. Un poco más allá estaban los franceses, con porciones casi tan diminutas como sus cinturas, junto a los italianos, quienes sobre condimentaban sus platillos a un escalón de llegar a ser irrespetuoso para los anfitriones. Así como ellos, había más nacionalidades, pero en ellos se centraban los ojos de Jonathan, quien apenas y había tocado su comida.
Tan pronto había ocupado lugar en la mesa principal, se había acercado a su padre y le había preguntado – casi exigido – si podía regresarse ése mismo día a Glasgow, donde residía. Su padre, quien estaba bastante feliz y en medio de una conversación con el káiser, le había dicho cortantemente la peor respuesta que el pelirrojo quería escuchar, pero que ya se imaginaba.
"No seas ridículo, ésta es tu casa ahora… ¿Glasgow? ¡Puah! ¿¡Has visto éste lugar!? Te quedarás aquí hasta que derroquemos al Zar Hiwatari"
Por supuesto que al oji púrpura no le había hecho ninguna gracia su respuesta, y temía que su padre lo dijera en serio…
- ¿No te gustó la comida? – Preguntaron frente a él. Era un chico de unos dieciséis años, casi su misma edad, de cabello verdoso y apariencia sofisticada – oh, lo siento, creo que no nos hemos presentado… Soy Oliver Boulanger, conde de Versalles. Y éste es mi amigo, Enrico Tornatore, hijo del emperador romano. Queremos felicitarlos por su compromiso. Somos amigos cercanos a Robert, pero a ti no te conocíamos… bienvenido.
Robert, quien había escuchado todo puesto que estaba junto al pelirrojo, les agradeció con un movimiento de cabeza y continuó bebiendo su vino. Jonathan lo miró de reojo y después agradeció.
-No es que esté mala… - dijo el escocés – pero no está a la altura de los banquetes que servimos en el norte.
Robert roló los ojos.
-Si a esas vamos, les apuesto a que ambos preferirían estar agasajándose un enorme plato de paella en las costas de Valencia – Respondió una preciosa chica que igual se miraba de la misma edad que el pelirrojo y sus nuevos amigos – Soy la princesa Julia Fernández, y España es mi reino. -Jonathan ladeó la cabeza- No soy tan cercana a Robert, pero hemos coincidido en varias ocasiones.
-Por lo que parece, nuestros padres han planeado este evento para organizar un ejército tan grande y tan poderoso que podrá derrotar a los rusos y finalmente ocupar ese territorio. La boda es sólo la pantalla, pero el objetivo es claro – musitó Robert – así que estaremos viéndonos las caras constantemente.
- ¿No te emociona? – Enrique comenzó a tallar las manos en obvia muestra de avaricia
-A mí esto de las guerras no me gusta mucho que digamos… - Oliver tomó un cairel verde de su cabello y lo enrolló en su dedo, ondulándolo – es demasiado violento y…
- Debes estar bromeando… - Julia alzó los puños frente a su pecho - ¡Serán batallas increíbles! ¡Enfrentamientos que serán recordados por generaciones, nuestros nombres serán escritos una y otra vez detallando cómo derrocamos a la monarquía más poderosa del mundo!
-Exacto… imaginen todos los tesoros escondidos tras las paredes del palacio moscovita… ¡Ya quiero verlo!
Johnny suspiró, ignorando la conversación que estaba teniendo lugar esa gente… lo único que él quería era regresa a Escocia y jamás tener que dejar sus bellas tierras verdes… ¿Guerra? ¿Matrimonio? ¿Tesoros? ¡Puah! Lo que a él lo llenaba eran los banquetes, las carreras de caballos, la caza y el ajedrez… su interés en el trono había sido nulo, hasta que… ocurrió la tragedia que cambiaría la vida de sus padres para siempre, y él pagaría los platos rotos.
Después del banquete fue momento del baile de clausura, donde los ahora esposos debían compartir un vals y finalmente despedir a los huéspedes, algo que era extraño para el escocés, puesto que en su tierra las cosas se hacían diferentes, primero el baile y luego la comida, pero esto no era Escocia, y los alemanes siempre le habían parecido una raza con gustos bizarros en el sentido anglosajón de la palabra…
Para Robert, las cosas eran diferentes. Honestamente, había pensado que esa boda sería un desastre. Había escuchado las leyendas sobre la monarquía escocesa y cómo eran una raza vulgar y con pocos modales. Sobre todo, había investigado ampliamente sobre su esposo, y le había parecido alguien de mente cerrada, sin ambiciones, de carácter explosivo y mal genio… pero se había portado relativamente bien durante el evento. Muy callado, muy inexpresivo y claramente incómodo, pero el escándalo y el drama que Robert estaba esperando, y que el rey escocés lo había prevenido, no había sucedido. Jonathan parecía más bien ir con la corriente, con una cara de pocos amigos, pero sin oponerse.
Sobre todo, lo percibió así cuando el pelirrojo tomó su mano derecha y colocó la otra en su hombro, tal y como lo haría una doncella. El escocés era más bajo, y era bastante claro que sería Robert quien lideraría el vals, sin embargo, se sentía extraño estar tan cerca de un hombre rodeados de tanta gente, con tantos ojos puestos sobre ellos atentos a cualquier error.
Estaba tan sumido en sus pensamientos que apenas y tuvo tiempo de tomar la cintura de su esposo cuando la música comenzó, y sus pies se movieron casi por naturaleza.
El pelirrojo iba con el vals con la misma facilidad con la que se había llevado la boda, y a Robert le pareció distinguir un bostezo disimulado con una sonrisa casi a la mitad del baile. Para evitar contagiarse, miró a su alrededor y fue entonces que se dio cuenta de la hermosa escena de la que era parte. El sol había bajado al ras de las montañas, y proyectaba sus rayos rojizos a través de las copas de los árboles, creando sombras en el patio del castillo que asemejaban la danza del fuego de un candelabro con una gran cantidad de velas. Era bastante hermoso.
Entonces fijó su mirada en el chico que ahora parecía cansado, y que lo miraba curioso. Su rostro era perfectamente simétrico, con facciones bien definidas, una nariz bella, labios delgados y grandes ojos violetas enmarcados por pobladas cejas rojas. Podía ver en sus mejillas y en su nariz algunas pecas, y le llamaba la atención el curioso peinado alocado que lucía: su lacio cabello erizado varios centímetros, adornado con una corona de oro y rubíes. Interesante.
-Por cierto, como no te vi antes de la boda… sólo quería decirte… bienvenido a Germania Jonathan, espero disfrutes tu estancia
El pelirrojo hizo una mueca de burla y se mordió la lengua, para después simplemente asentir y mirar hacia otro lado. Pero tan pronto sus ojos se desviaron, Robert notó como su rostro mostró sorpresa y un poco de terror, al tiempo que el agarre de sus manos se endurecía. El peli morado volteó hacia donde había visto el pelirrojo y miró al rey escocés, quien mostraba una gran sonrisa. Cuando su mirada retornó a su marido, él lo estaba viendo y sonrió, aunque claramente incómodo…
-Gracias… Rob
Eventualmente, el evento terminó y el castillo alojó a la mayoría de los huéspedes, pero varios de ellos tuvieron que alojarse en las villas cercanas, puesto que eran demasiados.
Los recién casados habían ingresado a la alcoba real, la cual le pertenecía a Robert puesto que los reyes vivían en la capital del Bundesland, Múnich, algo lejos de ese palacio de ensueño y solamente estaban ahí para presenciar las nupcias.
Una vez que los sirvientes los arroparon y prepararon la habitación, el alemán se acostó en la cama y cerró los ojos. El día había sido muy largo, y después de tanta comida, había caído sobre él la maldición del Schwein*…
Por su parte, Johnny se acercó a la chimenea frente a la enorme cama y observó fascinado el escudo de la familia Jürgen, un grifo con una corona enorme en la cabeza, con un báculo en una mano y una espada de doble cuchilla en la otra. Era un animal enorme, y parecía observarlo con esos orbes obscuros. Sintió un escalofrío y se dirigió a la cama, acercándose a Robert.
El pelirrojo se recostó junto a él y observó su rostro. Durante la boda, el alemán se notaba algo fastidiado, con el ceño fruncido constantemente, pero ahora que lo veía bien, era bastante atractivo. Lo había notado también durante el baile, pero ahora podía finalmente prestar atención a los detalles.
Su quijada estaba bien marcada, ancha, pómulos prominentes, labios delgados, una nariz bastante… alemana, por no decir, fea, pero que, sin embargo, le iba bien con el resto de sus facciones. Parecía ya haberse quedado dormido.
Se hizo a un lado y lo dejó descansar, cerrando él mismo los ojos e intentando no pensar en la maldición que lo forzaba a permanecer tranquilo y no oponer resistencia a tan armoniosa celebración… sin embargo, no podía negar que, de entre todos los solteros y solteras disponibles, le había ido bastante bien. Robert era atractivo y poderoso, podía sentirlo en su aura, y no podía negar, por más que quisiera, que el contacto y la cercanía que tuvieron durante el baile le había hecho sentir mariposas en el estómago… Se sentía atraído hacia él, hacia su varonil presencia, su ancha espalda, sus ojos… incluso su tono de voz con su marcado acento alemán.
-Pff… - dejó salir y se dio la vuelta, dándole la espalda a su esposo
Finalmente, se dejó llevar por el sueño y el cansancio. Sintió como si tan pronto cerrase los ojos se hubiese echo de día, pero su cuerpo y su mente se sentían descansados. Tenía ya varios días que no había podido dormir bien, siempre soñando con esa criatura que no lo dejaba en paz, que incluso había estado como una figurilla sobre los hombros de su padre durante el vals, las cuencas de sus ojos fijas en él, listo para devorarlo en cualquier momento. Por primera vez, esa noche no había tenido pesadillas y se sentía más lúcido de lo normal.
En eso escuchó golpes en la puerta y posteriormente un sirviente entró con una bandeja de té y ropa limpia para ambos.
-Sus majestades, es momento de tomar un baño, bajar a desayunar y después despedir a los invitados. El káiser y la reina ya están esperándolos, así como el rey de Escocia. Por favor, dense prisa a…
-Sí, sí… - Robert se destapó y se levantó de la cama, Johnny lo vio y se sorprendió al ver su cuerpo totalmente desnudo. No pudo evitar dirigir su mirada a su gran miembro y cómo este había amanecido bastante… motivado. Al alemán parecía no importante y, sin pudor, le dirigió una rápida mirada al pelirrojo antes de dirigirse al viejillo y tomar una taza del té – estaremos ahí en una media hora… que esperen
-Emm… su majestad, le recomiendo que no haga esperar al káiser demasiado, la última vez…
- ¡Gustav! – tanto el sirviente como el escocés dieron un brinco – fuera
El viejillo hizo una reverencia y dejó a los esposos solos.
-Ay… es demasiado temprano para andar a los gritos – dijo Johnny, quien había dormido con pijama y ahora se dirigía al cuarto de aseo, siguiendo al alemán - ¿Siempre duermes desnudo?
-Sí – respondió el alemán, quien giró una especie de llave en la pared y agua comenzó a caer de una tubería en el techo, la cual acababa en una forma que esparcía el agua en varios chorros, una tecnología que el escocés nunca había visto.
- ¿Cómo se llama tu fuente de agua en el techo?
Robert entró al torrente y comenzó a lavarse, su erección disminuyendo gradualmente.
Johnny se sonrojó cuando se dio cuenta de que tenía que entrar también… y comenzó a bajarse los pantaloncillos, bastante apenado.
-Regadera – respondió Robert, sin prestarle atención a la reacción de su marido
Finalmente, Johnny entró bajo el agua también y sintió un escalofrío cuando la calidez chocó contra su piel. Se sentía bastante bien. Intentó mirar hacia arriba, pero la fuerza del torrente lo cegó, así que miro hacia abajo y fue cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba Robert de él.
El alemán parecía sumido en sus pensamientos, y sus ojos estaban clavados en la pared detrás de Johnny. El escocés aprovechó para recorrer el cuerpo de la mirada. Comenzando con su cabello púrpura, el cual caía ahora a los costados de su cara, su rostro serio y tosco, labios ligeramente abiertos, ojos rojizos con pestañas largas, mentón ancho, cuello fuerte y hombros robustos, brazos marcados, pecho cubierto en vello oscuro, fuerte, abdomen marcado, caderas planas y más abajo… no quiso ver más abajo.
Terminaron de ducharse sin pronunciar palabra, y cuando llegaron al cuarto Robert le aventó su ropa limpia.
-No te tardes – exigió el alemán
Johnny le hizo una mueca y comenzó a vestirse. De reojo observaba cómo el alemán se ponía primero los pantalones, la camisa, y así sucesivamente, hasta quedar listo. Después se peinó, perfumó y colocó las insignias de la realeza en su ropa. El pelirrojo, por su parte se limitó a vestirse y peinarse, para después salir juntos al desayuno.
Robert lo había guiado a través de los bellos pasillos adornados magníficamente hasta la enorme explanada donde sus invitados esperaban para despedirlos. Estrecharon sus manos uno a uno, una tarea que llevo casi una hora y finalmente llegaron con los nuevos amigos, quienes no alargaron la despedida, pero dejaron en claro que pronto se reunirían para comenzar los preparativos de la alianza.
Finalmente, fueron a desayunar con su padre y los de Robert. El desayunador era enorme y había varios platos servidos en medio de la mesa, entre frutas, pescados, carnes, pan, huevos, entre otras cosas que él nunca había visto. Probó un poco de todo y decidió aceptar que los alemanes sí sabían cocinar. Como buen escocés, su padre había estado hable y hable toda la mañana, manteniendo un ambiente agradable en la mesa, contando sus proezas de caza, invitándolos a visitarlo en Escocia, felicitándolos por la hermosa celebración y la fantástica comida, que si la madre de Johnny siguiera viva, le habría encantado el banquete.
Fue hasta ese momento que Robert miró a Johnny. Parecía como si quisiera preguntar algo, pero simplemente lo miraba, con curiosidad.
-Deja de verme – pidió el pelirrojo en voz baja – me estás poniendo incómodo
-Su alteza – Robert se dirigió al padre de Johnny - ¿Tendrá con usted alguna foto familiar que podamos conservar? Me gustaría incluirla en la galería familiar.
- ¡Excelente idea! – exclamó – justamente he traído un retrato para el que quería comprar un marco en Francia, de regreso al castillo, pero qué va, quédenselo, me daría mucho gusto que lo conservaran ustedes
-Muchas gracias – sonrió el alemán – conseguiré un buen marco y lo colocaré justo al lado de nuestro retrato familiar.
-Fantástico – respondió el rey escocés – haré que lo bajen ahora mismo
-Creo que podríamos esperar a terminar de desayunar y después podemos encargarnos de eso – dijo la kaiserin con un tono suave, pero serio
Johnny aun no podía creer lo serios que eran los alemanes, le costaría bastante acostumbrarse a ese trato frio y formal….
-Pfff – dejó salir el pelirrojo y notó las miradas sobre él, pero se limitó a continuar con su pastel de zarzamora
Horas después, el rey escocés agitaba su mano por la ventana del carruaje, despidiéndose de ellos, seguido de otros carruajes y soldados de la guardia real que lo escoltaban. Poco después de que él se marchara, lo hicieron también los padres de Robert, quienes les dieron un corto abrazo a cada uno y se fueron.
"Pórtate bien… obedece, escríbeme todos los días, te quiero"
Las últimas palabras de su padre retumbaban en los oídos del pelirrojo mientras se dirigía con su esposo a la galería donde los sirvientes colocaban el cuadro. Después de un rato, finalmente se encontraba en la pared, a un lado de la imponente obra con marco de oro labrado e incrustaciones finas de diferentes piedras preciosas donde posaba Robert con sus padres y de fondo el escudo de los Jürgen. El retrato de la familia McGregor era más sencillo, la pintura más tosca y una técnica menos elaborada. Lo más bello era el marco, y de momento Johnny sintió un nudo en la garganta al clavar sus ojos en la fuerte mirada de su madre.
Para Robert, el cuadro era la respuesta que buscaba, desde que el día anterior Johnny no había terminado de explicarle por qué su matrimonio no había sido originalmente su responsabilidad. De principio, hacia la izquierda, estaba su padre. Sonriente, bigotón, bastante pasado de peso, tal y como lucía siempre. A un lado estaba la reina, preciosa, pelirroja, seria y con una mirada impresionantemente fuerte, una mueca que asemejaba a una sonrisa, pero era claramente una expresión de soberbia. Y finalmente, su respuesta en medio de los dos: Un joven como de unos quince años y un niño de unos nueve, tomados de la mano. Ambos eran idénticos, el mismo semblante, los mismos ojos, todo, incluso no estaba seguro de quien era Johnny.
-Dime… - Comenzó el alemán - ¿Eres tú el pequeño? Tu hermano debió haber muerto y tú heredaste el trono después, por eso no sientes que esto sea tu responsabilidad… y debió haber muerto ya mayor, por lo que tú no sientes que eres el verdadero heredero… tu madre murió después que él, quizá de tristeza… por eso tu padre no se ha vuelto a casar.
Johnny se quedó boquiabierto. ¿Había deducido Robert todo eso con sólo ver el cuadro? Estaba seguro de que él no se sabía la historia, nadie lo hacía, era un secreto de su familia, algo resguardado con mucho recelo. Claro que había mucho más detrás de las muertes, pero eso no se podía saber a través de un retrato.
-Sí… es exactamente como dices. Era mi hermano, Benjamín. Murió hace un par de años en un accidente mientras cazaba. Mi madre murió a los pocos meses… y solo somos mi padre y yo ahora.
-No fue un accidente – Robert se colocó una mano en el mentón – alguien lo mató. Y tu madre fue a vengarlo… y la mató también. Fue el Zar Hiwatari, ¿No?
Jonathan palideció. ¿Cómo sabía Robert todo eso? Miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie. Juntó fuerza, tomó a su esposo por el saco y lo azotó contra la pared, el otro estaba tan sorprendido que no pude reaccionar a tiempo y su cabeza chocó fuerte contra la madera.
- ¿Cómo lo sabes? ¡Dímelo! - El peli púrpura se soltó y se separó de él, con una mirada bastante molesta. En vez de responder, lo único que hizo fue señalar al cuadro de los Jürgen. - ¿Qué? ¡Explícate!
-Él me lo dijo – Robert bajó la mirada unos segundos y después suspiró – sígueme
Johnny lo miró pasarlo de largo y, bastante molesto, lo siguió silenciosamente por los diferentes cuartos hasta que finalmente llegaron al de Robert. El castillo era tan grande que tan sólo esa caminata lo había cansado. Al llegar frente a la chimenea, el pelirrojo se sentó en la mesa y observó a su esposo correr a todos los sirvientes y encender él mismo la chimenea y preparar té. Le ofreció uno, pero lo rechazó. El alemán comenzó a beber después de sentarse junto a él.
-El Griffolyon, la bestia ancestral que ha pasado por mi familia durante generaciones, reside dentro de mí. No sé si esto te sorprenda, o si es algo con lo que estás familiarizando, pero créeme, el llamarle bestia ancestral es sólo una forma de referirme a algo que, de otra forma, no entenderías….
-Sé de lo que hablas – Johnny se levantó de la silla – mi madre era una poderosa… hechicera o como le llamen aquí en Europa media. Ella conocía las fuerzas, las energías, la magia, fue entrenada por el mismísimo Merlín hace mucho tiempo… mi madre aprendió a vivir eternamente, y tuvo diferentes vidas en cada época…
Robert asintió. Él mismo se había sorprendido de la expresión de la reina en ése cuadro, parecía mucho más madura y sabía que una mujer de su edad, incluso para una reina.
-…Sin embargo, cuando mi hermano murió, ella decidió terminar mi enseñanza, recuerdo que me dijo que era mejor que jamás me metiera en esos asuntos…
- ¿Qué pasó con tu hermano? – Preguntó y Johnny soltó un suspiro antes de responder
-Él recibió el poder del Salamalyon… pero fue demasiado para él, y terminó destruyéndolo. Mira, la verdad es que ni yo mismo sé, nunca me explicaron bien, y cada vez que preguntaba me daban una tunda que me dejó sin ganas… eso que dijiste de que el Zar los mató es algo que he pensado, puesto que mi padre le guarda mucho rencor, y sin motivo aparente. Incluso he llegado a pensar que si no fuera porque el reino es su responsabilidad, ya habría intentado vengarlos también. Por eso están haciendo esta alianza, porque para él dejarme aquí es el primer paso para derrotar al zar. A él no le importa el territorio ruso, él lo que quiere es matar a Kai. Pero no sé bien la historia, no sé las razones, lo que realmente pasó…
- ¿Quisieras saberlo?
Johnny frunció el ceño -Mi padre jamás me dirá nada
-No me refiero a preguntarle a él… hay otra forma
Robert se acercó al fuego, extendió su mano a él e ignoró cuando Johnny le gritó que se detuviera. Cerró su puño sobre las llamas y después lo abrió frente a la cara de su esposo, quien casi se desmaya al ver que el fuego no le había hecho ningún daño, y, es más, que incluso podía sostenerlo.
-Pon tu mano
- ¡Qué! ¿Estás loco? ¡Yo no puedo hacer eso!
-Hazlo
- ¡No!
-Jonathan, confía en mi
- ¡Estás pero si mal de la cabeza!
Robert tomó su mano a la fuerza, la abrió y le pasó el fuego incluso antes de que Johnny pudiera reaccionar. Pero, para sorpresa del oji violeta, el fuego no le quemó. Permaneció bailando en su mano mientras lo sostenía. Por el susto, lo aventó y estuvo a punto de caer al piso, pero Robert lo cachó justo antes de tocar el suelo.
- ¡Idiota! – Robert reclamó - ¡Que no nos queme a nosotros no significa que no quemará la madera!
- ¿Qué carajos fue eso?
El alemán cerró su puño con fuerza y el fuego se extinguió. Después le hizo una seña de que se acercar a la chimenea. Cuando llegó a su lado, Robert extendió su brazo e introdujo su mano en el fuego. Johnny observó como el fuego parecía ignorarlo, jugueteando alrededor de su mano como si fuera agua, pero con diferentes propiedades físicas. El pelirrojo, con desconfianza, acercó su propia mano, pero se sentía caliente, y no se animó a hacerlo. El alemán giró los ojos, tomó su brazo y, a la fuerza, metió su mano. Johnny gritó por el susto, pero no sintió nada. Era como si el fuego le acariciara, pero no quemaba. Se sentía caliente y un poco incómodo, pero no había daño. Era increíble.
- ¿Cómo lo haces?
- Éste fuego lo ha creado el Griffolyon a través de mí, él decide a quién quemará y a quien no. Ayer… cuando contrajimos matrimonio, me dijo que ahora tú también eras su vasallo, lo que significa que ahora su manto de protección también te cubre a ti. Me ha contado sobre tus pesadillas. No puedo ver esa cosa horrible que viste sobre tu padre en el vals, pero sé que hay algo malo siguiéndote… y quiero saber qué es, quiero saber a qué nos enfrentamos.
- ¿Y cómo te dice todo eso? ¿En alemán o qué?
-No, no es un idioma como nos comunicamos los humanos. Es como si sus pensamientos fueran los míos, y los míos los suyos. Simplemente entiendo algunas cosas, y a veces le pido favores y me los cumple. Por ejemplo, si quiero leer un libro, le digo que me ayude a entender, y de un momento a otro es como si ya lo hubiera leído todo. Me da fuerza cuando lucho, velocidad cuando cazo… es como si fuéramos el mismo ser. Pero no siempre es así. Sé que muchas veces las bestias ancestrales se mantienen al margen, o sólo acuden a sus vasallos cuando están en peligro de muerte. Y esas son las buenas, hay unas que son malas, que sólo quieren absorber la energía del portador. Pero el Griffolyon ha pertenecido a mi familia por años, y por lo que me cuenta, siempre ha sido una relación de ganar para ambas partes.
- ¿A qué te refieres?
-Las bestias se alimentan de nosotros, de nuestra energía, y entre más fuerte seamos más fuertes son ellas. En vez de absorbernos, crecen con nosotros, y su poder pasa de generación en generación, por eso a ellas les conviene tratarnos bien… No podrían manifestarse entre nosotros si no tuvieran un cuerpo… pero raramente se muestran. No lo harán a menos que las obligues, porque eso les quita mucho poder. Algunos… hechiceros, como les llamaste, intentan doblegar a las criaturas, pero muy pocos lo logran. La mayoría mueren en el intento y las bestias buscan otro vasallo…
-Oye espera…. Quieres decir que… ¿Ahora el Griffolyon está también dentro de mí?
-No, no. Él me pertenece sólo a mí, pero es una bestia muy ancestral y poderosa. Él intenta protegerte porque ahora eres mi marido y estaremos juntos mucho tiempo. Si algo te pasa a ti, podría dañarme a mí, así que procurará tu bien.
- ¿Y… podemos preguntarle qué fue lo que pasó con mi madre y mi hermano?
- Sí. Estoy seguro de que él lo sabe, pero te necesito porque ese ser que te sigue también está evitando que podamos entenderlo del todo. Podemos intentar doblegarlo y que el mismo ser nos diga qué fue lo que pasó.
- ¿Y crees que quiera?
Robert asintió.
-Conozco una especie de ritual donde entras en trance y podemos hablar con tu bestia, sin embargo, estoy confundido. No logro entender si ese ser que te sigue es tu bestia… o algo diferente.
-Yo estoy aún más confundido… - el pelirrojo clavó su mirada en el fuego – pero si al hacer este… ritual podré saber qué pasó con mi madre, entonces adelante
Robert sonrió, entonces tomó su mano y lo levantó del sillón, lo guio hacia una esquina del cuarto, donde dijo unas palabras y después empujó la pared, la cual se abrió y lo jaló a través de un angosto pasadizo que llevaba a una habitación que parecía sacada de un cuento de terror. Era una especia de mazmorra, con calderos, escritorios repletos de velas, libros, símbolos, incluso no le sorprendería que hubiera esqueletos en alguna parte de la habitación.
-Aquí es donde entreno y aprendo a interpretar y controlar los poderes de mi bestia.
Johnny lo escuchó, pero lo ignoró porque algo le llamó la atención. En una de las paredes había un gran papiro con un mapa. En las diferentes regiones había marcas, y algunas de ellas tenían dibujos de animales. Algunos eran sencillos como pájaros o perros, pero otros eran diferentes, un unicornio sobre Francia, un Pegaso sobre España, una especie de dragón de dos cabezas sobre Italia, un Fénix sobre Rusia, entre otros.
-Ven – Robert extendió su mano y Johnny, dudando, la tomó. El mayor lo llevó hacia el centro del cuarto, donde había varias runas y símbolos que él no reconocía. Hizo que se sentara en medio y luego el peli púrpura apagó varias velas, dejando un par encendidas, dándole un aspecto muy lúgubre a la mazmorra – cierra los ojos – Johnny alzó una ceja – tranquilo, no dolerá, lo prometo
El pelirrojo suspiró y obedeció.
Escuchó a Robert pronunciar una especie de poema en alemán, o al menos eso creía él, el punto es que no entendía absolutamente nada. Una vez que Robert terminó, pensó que algo sucedería, pero no pasó nada. Su esposo volvió a repetir el mismo texto, pero nada ocurrió. Fue hasta la tercera vez que se dio por vencido y encendió más velas, y le dejó al pelirrojo saber que abriera los ojos, que no había funcionado.
-Supongo que tu bestia no es tan fuerte como tú crees – se burló Johnny
-Cállate – Robert le dirigió una mirada furiosa – no sé por qué no funcionó, pero no subestimes al Griffolyon, si vuelves a insultarlo…
- ¿Dormiré en el sofá? – Sonrió el escocés y salió de la habitación, no sin antes echarle un último vistazo al mapa, específicamente al enorme fénix rojo que se encontraba sobre Moscovia.
~ MOSCOVIA ~
Yuriy se quedó observando el techo por un largo rato. ¿Qué había pasado? ¿Cómo había dejado su guardia tan baja? Era apenas la segunda noche y ya había tenido cierta intimidad con su esposo…
-Je – rio en voz alta. Hace algunos años esas palabras hubieran provocado en él una delicia en su entrepierna, pero ahora se le hacía denigrante, irracional, un impulso que salía más de su lado animal que de sí mismo.
Se giró y observó el lugar que Kai había ocupado momentos antes. Parecía un sueño.
Se sentía como si su vida antes de que Kai se fuera a la guerra fuera una, pero al quedarse solo había comenzado una nueva historia, y había perdido parte de su identidad. Sentía como si su antiguo yo era el personaje de algún libro, y como si sus recuerdos los hubiera leído, o peor aún, imaginado. La nueva persona en la que se había convertido era un rey que había sido obligado a reinar un imperio que no era, ni sería suyo. Como calentando el asiento a alguien que siempre tendría más derecho sobre aquel trono que hace poco había dejado de pertenecerle.
Yuriy siempre imaginó que cuando Kai regresara, las cosas podrían volver a la normalidad. Que su vida volvería a ser la misma, que su esposo sería el mismo de antes, y le contaría sus historias de batallas y todo lo que vivió en esos años.
Al final resultó ser totalmente diferente, porque ambos habían conocido a alguien más, y había una especie de barrera entre el zar y el rey que parecía incluso más alta y rígida que las murallas de su palacio.
Se giró hacia el otro lado. Vaya… no iba a dormir en toda la noche si seguía así.
Finalmente se dio por vencido. Se colocó su preciosa capa blanca encima y salió del cuarto. Caminó hacia la escalera que tenía que bajar para llegar al piso donde se encontraba su alcoba, pero en vez de eso se dirigió a un piso más abajo todavía y camino bastante hasta que llegó a su lugar favorito en el palacio: la biblioteca.
En ese momento el lugar estaba totalmente a oscuras, pero durante el día era una magnífica habitación de forma octagonal, con anaqueles repletos de libros y pergaminos, mesas que eran cubiertas con bocadillos y bebidas, sillones, repisas, vidrieras que guardaban ejemplares de piedras preciosas o incluso armas trofeo de las diferentes generaciones que habían vivido en ese castillo. La biblioteca del palacio era la segunda más grande el imperio ruso, sólo siendo superada por la del colegio de Moscovia, y era un lugar privado, restringido únicamente a eruditos, científicos, profesores, doctores e invitados. En general, aquellos que recibían un permiso especial del zar para poder acceder a ella. En la época de Kai, eran contados aquellos virtuosos que podían acceder, pero Yuriy había extendido las invitaciones e incluso algunos estudiantes podían entrar a leer, para lo cual había una larga lista de espera. Antes, era un cuarto oscuro y polvoso, pero el rey había mandado a expandir las ventanas y redecorarla para hacerla un lugar acogedor y que los visitantes se sintieran a gusto y pasaran mucho tiempo leyendo e investigando, para poder expandir el conocimiento lo mayor posible entre la población.
Pero en ése momento, a Yuriy no le interesaba leer. Él quería escribir. Quería sacar lo que sentía, plasmarlo en papel para poder liberarse de su dolor.
Se dirigió a una de las estanterías más alejadas de la puerta y donde tenía una vitrina que almacenaba papel y tinta, utensilios que estaban disponibles para quien quisiera tomar notas de algún documento.
En ese momento, tomó un par, así como tinta azul y se sentó en una de las bancas más cercanas a la lámpara que acababa de encender. En ése lugar no había chimeneas puesto que sería un peligro para la grandiosa colección de libros que se almacenaban ahí, pero había lámparas fijas en la pared, inamovibles, que podían ser usadas cuando la luz natural del día no era suficiente.
Primero, Yuriy preparó la tinta y la pluma, alargó el papel y lo extendió sobre el escritorio. El fuego de la lámpara proyectaba sombras escalofriantes puesto que el ángulo de la lámpara y sus utensilios no era el mejor. Sin embargo, su vista era muy buena y no tenía problema adaptándose a ese nivel de oscuridad.
Agarró la pluma y la remojó en la tinta. Se lamió los labios y escribió una gran letra al principio de la página. Volvió a cargar tinta y comenzó a escribir. No le gustaba mucho su letra, pero como necesitaba escribir rápido, no podía darse el lujo de escribir lento y cuidadoso. La gente le decía que escribía precioso, pero a Yuriy su letra siempre le había parecido demasiado cuadrada, y jamás había podido escribir cursiva propiamente.
Escribir le ayudaba a desahogarse. Antes de su nueva vida, él tenía bien tiempo de agarrar papel y escribir, a veces incluso por horas hasta que sus padres o Boris lo obligaban a comer. Pero siendo rey, necesitaba escribir tantas cosas que ya no le quedaban ganas de hacerlo para sí mismo. Esperaba que al menos ahora que Kai había regresado, podría retomar ese gusto.
Un par de gotas de tinta cayeron al borde de la hoja y gruñó. Le enojaba mucho cuando eso pasaba, pero tenía sueño y estaba cansado, así que no fue demasiado duro consigo mismo.
Una vez que llegó al final, se sintió mejor. No quería re-leer lo que había escrito, pues sólo le traería dolor, pero al menos ahora que había encontrado palabras para expresar sus sentimientos, algo en su interior se sentía más cálido, relajado.
Fue tanto su descanso que, al estar considerando si moverse a un sillón y dormir ahí o irse a su cuarto, se quedó dormido en la banca, recargado en el escritorio.
TOC TOC
Bryan dio un respingo ante el fuerte golpe.
Escuchó cómo intentaron abrir la puerta de la habitación, pero como tenía llave, la persona tuvo que continuar tocando hasta que el halcón finalmente se levantó y, desnudo, abrió las puertas de par en par.
-Buenos días, chamán – saludó Boris.
Bryan pensó que diría algo, pero después de echarle un rápido vistazo a la habitación, se dio la vuelta.
-¡Eh, Boris! ¿Qué carajo quieres?
-Pensé que el rey se encontraba aquí – Respondió sin voltear y siguió su camino a lo largo del pasillo
Bryan frunció el entrecejo. Era muy temprano por la mañana, apenas salía el sol y Yuriy era de esos a los que no los despierta nada y pueden dormir hasta la hora del almuerzo. Si Boris estaba buscándolo era porque seguro no había amanecido con Kai.
Qué raro… si hubiera ido a cazar me habría despertado
El doctor regresó a lavarse y a vestirse, para después salir, siguiendo los pasos del consejero. Iba tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que alguien había estado esperando detrás de la puerta, esperando a que saliera para poder entrar.
Sigilosamente, Rei había logrado infiltrarse en esa habitación que tanto le llamaba, llena de magia y diferentes energías por todos lados. El chino sabía, sentía que Bryan era un ente vigoroso con un espíritu de abolengo, un rival poderoso del cual tendría que deshacerse lo antes posible. Observó al pelilavanda alejarse por el pasillo sin sospecha alguna y cerró la puerta tras de sí.
Su primer instinto fue voltear hacia un enorme espejo que estaba cerca del área de aseo, la cual estaba restringida mediante gruesas cortinas. Se abrió paso tras ellas con el fin de llegar al espejo que había visto de reojo cuando había entrado. Fue entonces, después de haber avanzado bastante, que cayó en cuenta de que algo estaba mal. Había atravesado ya varias pesadas telas y no llegaba a ningún lado…
En eso el piso comenzó a llenarse de agua rápidamente. Se recogió el largo cabello en una coleta y regresó por donde había entrado, pero encontró una pared. Detrás de él no había camino. Se movió hacia la izquierda y se topó con otra pared. Al darse la vuelta, las cortinas habían sido reemplazadas por espejos. Uno de cada lado. Se encontró atrapado en un cubo que comenzaba a llenarse con agua.
Miró los espejos. En uno de ellos estaba reflejado con normalidad, pero en el otro el chico frente a él lo miraba fijamente y no se movía. Rei sintió cómo el agua ya les llegaba a las rodillas, pero en eso su cabello se soltó de la cola y se sintió forzado a ver ése espejo falso una vez más. El Rei de ese reflejo tenía una daga hecha de cristal en su mano – Rei abrió enormemente los ojos – y vio como el chico se cortaba la coleta de un solo movimiento. El cabello cayó al agua en el reflejo, y cuando Rei miró hacia abajo vio su propio cabello flotando en el agua.
Vio hacia el otro espejo y ahora el Rei de ahí tenía la daga de cristal a punto de cortar su cuello.
Cerró los ojos. Eso no era real. Estaba atrapado en una ilusión, Bryan seguro se había dado cuenta y ahora estaba preso en una de sus trampas. Realizó un rápido movimiento con sus manos y recitó varias palabras.
Sintió un jalón y cayó al piso. Cuando abrió los ojos se encontró en el piso del área de baño, un área cuadrada, justo frente al espejo que había visto antes. Se miró y, para su desgracia, su largo cabello había caído junto a él. No sabía qué había usado para cortarlo, pero el piso ahora estaba cubierto de largas hebras negras que asemejaban un nido de serpientes.
Rei reaccionó cuando escuchó la puerta abrirse y, sin pensarlo dos veces y tomando la mayor cantidad de cabello posible, se dirigió a la ventana y con increíble agilidad, saltó al jardín, cayendo en sus cuatro extremidades, pero calculó mal la distancia y su muñeca izquierda no resistió el golpe, partiendo su muñeca y fracturando varios de sus dedos.
El chino miró hacia arriba, la distancia era mucho más de lo que había visto inicialmente, pudo haberse roto la cabeza si no hubiera caído bien…
-Mira…
-Ése loco
-¿¡Está bien!?
Rei notó que varios miembros de la corte real acababan de salir al jardín para pasear, así que se levantó y, adolorido, regreso al palacio, olvidando sus cabellos detrás de sí.
~ MOSCOVIA ~
Boris dejó que Kai abriera las puertas de la biblioteca, y el zar se llevó la sorpresa de su vida. Sus recuerdos de esa habitación eran de un nido de ratas, nubes de polvo, quizás una docena de libros y una mesa más vieja que el mismo Boris.
Pero, frente a sus ojos, yacía una obra de arte, una biblioteca salida de un sueño con paredes blancas y adornos dorados, grandes ventanas, olor a madera recién cortada, delicioso… vio el corazón y empeño de Yuriy puesto en ese proyecto, y sintió un escalofrío cuando se deleitó con la vista del enorme candelabro-araña que colgaba en medio del techo. Forrado en oro con decoraciones de pavo reales… ¿De dónde había sacado Yuriy tal pieza?
Su sorpresa aumentó cuando su mirada se posó en el cuadro que descansaba sobre una de las estanterías, una pintura de sí mismo vestido con la capa real, cogido de la mano de Yuriy, con una vestimenta más coloquial pero igualmente elegante… era el día de su boda. Ese cuadro lo tenían en la residencia de los Ivanov, y tenía muchos años sin verlo. Había olvidado su majestuosa presencia.
Sintió un vuelco en el estómago al enfocarse en el rostro de Yuriy y recordar en ese día su sonrisa, su mirada, la manera en que sus ojos brillaban ligeramente húmedos mientras Kai le prometía que lo amaría por el resto de su vida.
Finalmente, se dio la vuelta para encontrarse con su esposo dormido, descansado en uno de los escritorios que se encontraban más lejos de él. Caminó a través de esa maravillosa habitación sin cortinas y llegó hasta el pelirrojo.
Kai se sentó a su lado en la banca y acarició su suave cabello, con el cual soñaba muchas noches. Notó que debajo de sus brazos había un papel con algo escrito, y, con cuidado, lo tomó, intentando no despertarlo aún.
En el papel yacía el siguiente texto:
"Fuiste a la primera persona que amé.
Éramos felices, el uno para el otro, pero ya no nos pertenecemos. ¿Lo hacemos, Kai?
Nuestro para siempre pudo ser, más no es, y probablemente no lo será.
Tantos días sin ti y ahora ni siquiera estoy contigo estando tu aquí. ¿Jamás volverás a dirigirme esas miradas?
Ahora eres como un extraño, pero antes eras mi vida, ahora ya no siento que me necesites.
Cuando te he vuelto a ver tomaste su mano, no la mía, lo dejaste besarte, lo dejaste tocarte, duermes con él… lo amas a él
Si no era la persona que querías, ¿Para qué te casaste conmigo?
El miedo a que jamás regresaras era (tachones y más tachones)
Mejor no hubieras regresado."
Kai lo leyó una vez más.
Apretó el papel en su mano y cubrió su rostro con un brazo. Intentó respirar, pero de repente sentía que se había vuelto insignificante.
Clavó su húmeda mirada en el chico que apenas se despertaba, pero que no caía en cuenta de la realidad aún.
-No soy un extraño – le dijo y dejó el papel a un lado - ¡No soy un extraño!
Yuriy dio un respingo y se levantó de la banca. Miró a su alrededor y cuando vio el papel y la tinta fue que recordó qué estaba haciendo ahí.
- ¡La leíste! ¡Kai! ¡No era para ti!
-Escúchame bien, Yuriy – Kai se acercó a él y lo tomó de los hombros – Casarme contigo es la mejor decisión que he tomado hasta ahora, eres lo mejor que me ha pasado en la vida
El pelirrojo abrió la boca en sorpresa.
Boris sonrió al escuchar y cerró la puerta de la biblioteca para dejarlos solos. Indicó a los guardias que avisaran a las visitas que ése día la biblioteca estaría cerrada.
Yuriy bajó su mirada y Kai lo soltó, iba a abrazarlo, pero el ojiazul no se lo permitió.
- ¿A dónde fuiste anoche?
Kai tragó con dificultad.
-Yo… necesitaba aire
-Pero no fuiste al jardín
-No… yo…
-Fuiste con Rei
Kai clavó su mirada en él y notó como Yuriy había comenzado a temblar. Sentía el frio emanando de él, más no sabía que reacción tendría si intentarlo una vez más. Por su parte, él aún se sentía caliente, pero su temperatura comenzaba a bajar gradualmente.
-Yuriy…
-Tus labios pueden recitar los poemas más bellos de la literatura francesa – pausa – o tus manos hacer la más suave caricia… pero tus acciones no me hacen sentir nada
El rey le dirigió una mirada bastante molesta y después pasó a su lado, sin detenerse. Abrió la puerta, ignoró a Boris y se dirigió lejos de ahí.
Kai se quedó observando el lugar que Yuriy había ocupado.
Boris entró y se dirigió a su zar.
-¿Qué pasó?
-Sólo un poco más – musitó Kai – entonces Yuriy entenderá todo
-Necesita tiempo… - Boris vio lo que había escrito – pero su majestad… el chino… no debería
El zar le dirigió una mirada que lo hizo callar. Dirigió su vista al cuadro una vez más y después suspiró.
-Prepara mi carruaje. Necesito ir a comprar un mejor vino que el que tienen aquí.
-Pero su alteza, tiene audiencias que no pueden esperar.
- ¿Cuántas personas son?
-Oh, no tomará mucho tiempo… - Boris sacó un pergamino – Hay treinta y siete personas ya en el palacio y otras cuantas en la puerta
Kai alzó una ceja - ¿Cuántas?
Boris extendió el pergamino, el cual cayó al piso y rodó
-Poco más de quinientas
El peliazul se acomodó el cabello.
- ¿Cómo se deshace Yuriy de ellos?
-El rey… los escucha. Les da lo que quieren si le parece justo. Y si no… les propone una segunda opción. Al menos si está de buen humor.
- ¿Y si no estoy de buen humor?
Boris recogió el pergamino.
-Les dice que regresen al siguiente día
~ MOSCOVIA ~
-Su majestad, lo esperábamos la semana pasada, no sabíamos que vendría…
Yuriy se quitó su sombrero y lo entregó a su peón.
-Oh, una disculpa, es que con la llegada del Zar no tuve tiempo y olvidé totalmente avisarles
-Por favor no se disculpe, es una bendición que nos visite en ésta ocasión, simplemente le comento porque los niños no están listos, están jugando en el patio y tardaremos un rato en lo que se bañan y los ponemos presentables
-No hay necesidad de eso – respondió el pelirrojo – quiero verlos jugar
El viejillo hizo una reverencia y guio al rey y al Doctor Kuznetsov al patio.
Se encontraban en el orfanato más poblado de Moscovia, con cerca de trescientos niños de entre apenas semanas hasta quince años de edad. A partir de ahí los niños eran enviados a escuelas con becas completas. Ése lugar era famoso por la calidad de sus servicios, tenían a su disposición enfermeras, doctoras, madres nodrizas para los más pequeños y maestros capacitados para los más grandes. Psicólogos y nutriólogos se daban sus vueltas regularmente y se aseguraban de que los niños tuvieran la mejor vida posible. La gente sabía que las políticas del Rey Ivanov estaban bastante enfocadas a los infantes, la justicia, la medicina, la educación y el comercio. Ésos eran los sectores que mejor regía, y la gente estaba bastante satisfecha con su reinado.
Una vez que Yuriy llegó al balcón que tenía la mejor vista al patio, se sentó en la silla y sonrió al ver a los huérfanos corriendo y riendo, con gritos agudos y apariencia muy saludable.
-Iré a preparar el quirófano. Por favor esperen aquí, mandaré por ustedes cuando esté listo, con su permiso… - el viejillo hizo una reverencia y se alejó, dejándolos solos
-Pensé que Kai vendría – comentó Bryan, quien estaba recargado en la protección del balcón, de espaldas a los niños – Aunque claro, prefiero no tenerlo cerca. En el desayuno todos estuvieron callados, y al chino no se le vio por ningún lado. Pero tan pronto pediste el carruaje y Kai comenzó a hacer preguntas, Boris parecía querer contarle mi historia de vida. Cuando dijo que hacía experimentos con niños Kai pareció agitarse. Yo no le hubiera dicho así. Yo lo llamaría… invocación.
-Me aseguré de que viniéramos en un momento en que él estuviera ocupado, por eso no avisé. Pfff me irrita tanto que Boris le hable tanto sobre lo que haces en la ciudad… como si sólo estuviera esperando a que Kai note algo malo y te exilie
-Si eso sucediera… ¿Irías conmigo?
Yuriy alzó la vista. Los ojos de Bryan estaban clavados en los suyos, pero el sol iluminaba tanto que le molestaba, así que bajó la mirada.
-Yo creo que sí – respondió
-¿Qué sucedió anoche con Kai? ¿Por qué no llegaste a nuestro cuarto? Te iba a preguntar en el carruaje, pero te quedaste dormido tan rápido… y hoy no había tenido oportunidad. Digo, Boris no dejó de hablar en todo el desayuno
Yuriy se enfocó nuevamente en los niños, y recordó…
FLASH BACK
-¿Estuvo bien? – Preguntó Kai
-Estuvo increíble – respondió, e iba a acomodarse en su pecho, pero Kai se levantó de la cama - ¿A dónde vas?
-Regresaré en un rato. Olvidé algo.
-Kai, espera – Yuriy se sentó – Regresa, ¿Si?
-Sí.
El Zar se colocó su capa encima para cubrir su desnudez y salió del cuarto.
Sin embargo, antes de que la puerta se cerrara totalmente, Yuriy la bloqueó y se mantuvo pegado a ella, escuchando los pasos de Kai, poniendo atención. Cerró los ojos. Sintió las vibraciones, reconoció su aroma, lo siguió con su mente un piso más abajo, una puerta que se abría y se cerraba… entonces salió del cuarto también, y se escabulló en silencio hasta el último lugar donde su olfato le permitía y se detuvo en seco cuando otro aroma llegó a él. Aroma a chino. Enigmático, ajeno, diferente, sucio. Un hedor repugnante.
Yuriy se detuvo frente a la puerta un rato, hasta que escuchó gemidos. Y no era el cuarto estuviera mal sellado contra ruido, pero sus oídos eran demasiado sensibles… tanto que cuando escuchó a Kai decir "Deberás ganarte mis labios" sintió cómo su corazón se rompía una vez más.
Molesto y traicionado, regresó a la habitación.
Yuriy se quedó observando el techo por un largo rato. ¿Qué había pasado? ¿Cómo había dejado su guardia tan baja? Era apenas la segunda noche y ya había tenido cierta intimidad con su esposo…
FIN DEL FLASH BACK
-Kai olvidó algo en el comedor, así que me escapé – respondió el pelirrojo
Bryan analizó su rostro, e iba a responder cuando Yuriy cambió el tema, y en ese momento confirmó que había algo que el pelirrojo no le estaba diciendo, más él ya lo sabía, y decidió que era momento de poner su plan en marcha.
FIN DEL CAPÍTULO
Cloy Jubilee~
