Capítulo I
La Ley y el orden
Graham ya tenía varios años como policía en Main, y a pesar de todos esos años de servicio "ejemplar", nunca dejaba de sorprenderle de lo que el ser humano era capaz.
Hubiese tenido un expediente "ejemplar", si no fuese por aquella vez que sin darse cuenta cuándo y cómo, había sido suspendido por dejar inconscientes a dos sospechosos durante un interrogatorio. Sin embargo, en su momento esto fue descartado como conducta violenta, y así lo hizo saber el orientador de Asuntos Internos. Graham supuso entonces que era por su situación personal para ese momento.
En homicidios todo pasa demasiado rápido. Reciben una llamada, están cerca de la escena o simplemente se les asigna. Acuden y hace lo mejor posible tu trabajo, dependiendo de la situación.
Él ya había pasado la etapa de patrullaje, y después de su ascenso a "Detective", pensó que quedarse en "Homicidios" era lo correcto. El detective Humbert de Homicidios.
- Homicidios… ¿Alguien puede dedicarse a eso?... meditaba siempre es éste punto.
En los peores casos, nadie te prepara para ver cuerpos destrozados, mujeres abusadas y muertas, o a niños… Paraba de pensar al instante. La sola idea de que un niño pasara por esas cosas lo paralizaba.
De niño había tenido algunos "problemas de conducta", pero se había convertido en un hombre sensible, pese al porte indiferente y frío que manejaba día con día ante sus compañeros policías; las cosas terribles a las que podía enfrentarse en su trabajo lo impactaban. Siempre lo afectaban, pero lo meditaba sólo al llegar a su apartamento, lejos de la posibilidad de que alguien lo conociera realmente.
Él era un hombre fiel a la Ley y a sus principios, de valores morales arraigados que, por razones de supervivencia, se hacía la vista gorda de las cosas truculentas que se daban con algunos "colegas", para poder negarse a participar sin más excusas.
Físicamente era "el hombre de los sueños de muchas", o por lo menos así se lo hacía saber su madre cada vez que hablaba del por qué un chico tan formal y apuesto no tenía novia.
Era alto, fuerte, sin músculos demasiado exagerados pero si muy varonil. Por esas fechas llevaba una barba que cerraba en candado, y que lo hacía ver misterioso, ojos color miel, blanco y de cabello castaño.
Se veía a sí mismo como un tipo "normal", aunque estaba consciente de que les atraía a las mujeres. Y vaya si era así, que en la policía, secretarias, compañeras y hasta alguna que otra convicta le hacía saber qué le gustaba del oficial G. Humbert.
Cada vez que podía la secretaria del departamento, Ruby Wolf, le lanzaba una indirecta que él fingía no escuchar. Pero en secreto, fuera de la oficina y de todo el ambiente de chismes, mantenía relaciones casuales con ella. La mujer era muy atractiva y pícara, y eso le gustaba. Pero no era su tipo, puesto que parecía que ella tenía intereses diferentes.
Él Había tenido unas cuantas relaciones sin importancia, y una relación no tan corta pero si muy seria, que había dejado un sabor amargo, pero nada que él pensara que no tuviera solución en su futuro.
Cinco años pasó con Elsa Arendelle. Se conocieron cuando el patrullaba… de hecho, la habían detenido por pasarse un alto en horas de la madrugada, y la muchacha intentaba disculparse y aceptar la multa, cuando su compañero la dejó ir como si nada. Él se sintió en el deber de indicarle a la joven qué pasaría si volvían a detenerla. La chica lo miró con atención, le pidió que le prestara su pluma y en una pequeña servilleta que sacó de la guantera escribió algo que él no alcanzó a ver, mientras que el oficial continuaba la charla de orientación.
Estaba embobado porque ciertamente la chica era hermosa, muy joven con apenas 18 años, no estaba ebria y no se veía en mal estado. Nuevamente la chica afirmó que estaba apresurada por llegar donde su madre, así que él paró la charla. Se inclinó hacia el oficial para devolver el bolígrafo, y le dejó en la mano el trozo de papel con el escrito. En el papel decía "Elsa" seguido de un número telefónico.
- Ese es mi número oficial, por si quiere continuar la charla.
Luego le hizo un guiño y se sonrió… La chica era indudablemente una belleza, de 1,70 de estatura aproximadamente. Bellas piernas dejaba ver el short, y una sonrisa y dentadura de película. El cabello rubio con mechas doradas, facciones finas, labios de película y unos ojos color azul intenso. Un espectáculo.
- Disculpe Srta… – Se inclinó a ver la identificación. – Srta. Arendelle pero no puedo aceptar este tipo de comportamiento y acciones.
- Disculpe usted oficial, es que no dudo que si me siguen, me vayan a detener nuevamente. Realmente debo llegar a casa con mi madre, y pues así me podrá localizar para darme la multa.
- ¿A qué se debe la prisa?, si me permite la pregunta.
- Debo llegar de inmediato con mi madre, está muy enferma y necesita esto.
Observó que la chica sacaba de su vehículo una bolsa con inyecciones y algún otro medicamento.
- Si desea, para evitar esto, siendo una emergencia podemos notificarlo y escoltarla.
- Esto no es "La ley y el orden" – Se sonrió – ¿De verdad harían eso por mí?
- Desde luego – Dijo, tratando de no hacer notar que el comentario le había hecho gracia – Por cualquier ciudadano que lo requiriese, siendo una auténtica emergencia.
Su compañero de aquél encontrones, era un tipo asqueroso en cuanto al trato con las mujeres; pero en presencia de Graham solía contenerse, porque sabía que a este no le hacían gracia las bromas de ese tipo. El oficial acompañante, que no había dejado de estar alerta y atento a la escena, ya se había acercado nuevamente a su líder cuando éste le dijo:
- Vamos a seguir a la señorita hasta donde se dirija – le indicó la dirección que estaba escrita en un papel – avisa por radio para que sepan que vamos a escoltarla. Mencionó el código.
Le indicó a la joven que la seguirían, activaron la sirena y se pusieron en camino a la saca en la que aguardaba la madre enferma. El compañero del oficial Humbert no tardó en hablar:
- Claro, yo la dejé ir por lo buena que está… pero como te dio su número, tú insistes en "asistirla personalmente" – haciendo comillas en el aire y esbozando una sonrisa irónica y perversa.
Graham, que manejaba atento detrás de la joven, con la mayor expresión de seriedad y molestia en el rostro y la voz le respondió de forma cortante:
- Es el servicio público que se espera de nosotros. La joven tiene una emergencia, eso y nada más. ¿Te queda claro o debo explicártelo de forma gráfica? – a lo que me mostraba el puño.
Se quedaron en silencio y la siguió el resto del camino. Cuando llegaron, la chica entró y les agradeció. Ellos a guardaron a ver que todo estuviese en orden.
No todo estaba en orden. La madre de Elsa tenía una crisis respiratoria, por lo cual llamaron a las ambulancias del 911, y radiaron la emergencia.
- Ya no es mi deber acompañarla. Espero que su madre mejore. – Le dijo en un tono seco que trató de hacer lo más cálido posible.
La joven le agradeció, y fue a montarse en la ambulancia, cuando de pronto, antes de que los paramédicos cerrasen la puerta, la chica le gritó al policía
- Oficial Humbert. ¿Puede llamarme?... ¡Puedes!
La puerta de la ambulancia cerró la conversación.
Al día siguiente, mientras descansaba en la mañana (el nocturno estuvo movido esa semana), recordó a la joven "Elsa" y el drama de su madre. Por lo que le pareció correcto llamar para preguntar por el estado de su madre; o eso quiso hacerse creer para llamarla, porque le chica lo había dejado muy interesado. Graham, con 26 años buscaba excusas para llamar a una chica… Eso era patético, y a él no le gustaba ser patético.
Marcó el número que observó era el de un celular… pero nadie atendió. Y así repitió la operación dos veces más y en la noche antes de patrullar, pero nadie atendió. Esperaba que todo estuviera bien con la joven y su madre.
Tres días pasaron cuando, sentado en la cafetería, su celular sonó. Pudo reconocer el número del mensaje, pese a que no estaba grabado. El mensaje de texto decía:
- "¿Quién es?"
Era Elsa, que había hecho aparición como mensaje de texto a su cel. Dudó unos minutos si respondería o no, pero como ya la había llamado… No tenía caso no contestar. Decidió llamar. Tras varios repiques, una Elsa curiosa, precavida y un poco lenta contestó arrastrando las palabras
- Si… ¿quién es?
Tras unos segundos en silencio, fue interrumpido nuevamente por la voz de la chica, que pasó a sonar un poco impaciente
- ¡Vas a hablar o qué!…
- Soy… - dijo, y sonó débil su voz. La aclaró y repitió – Hola Elsa, soy el Oficial Humbert del departamento de policía de Main. La llamaba para saber sobre el estado de salud de su madre y para saber cómo se encuentra usted.
Mientras escuchaba sus palabras, notaba el tono telegráfico y típico, falto de escrúpulos que usa la policía para hablar de los casos y de los "hechos". Sintió vergüenza con la chica, pena por él y pena por ella.
- Disculpe Oficial, como no tenía su número… Gracias por llamar – Se hizo un silencio a través de la línea que le pareció eterno– Mi madre… Mi madre falleció ayer en la mañana.
Escuchó cómo a la chica se le escapaba el llanto, y sintió cómo a él se le hacía un nudo en la garganta. Haciendo acopio de las mismas herramientas que suelen emplear los policías, sacó valor, aclaró la voz y le dijo a la chica:
- Lo lamento mucho Srta. Arendelle. Siento lo de su madre. – Luego dijo algo que no sabía de dónde había salido – Si no le molesta me gustaría acompañarla al funeral. ¿Me daría los detalles?.
La chica, aunque estaba sorprendida, le había parecido encantador el gesto
- Es la dirección a la que amablemente me escoltaron ese día – se escuchaba la voz quebrada – gracias a usted llegué a tiempo con mi Madre y logré hospitalizarla y que sufriera menos. Le agradezco. Nos vemos mañana a las once de la mañana.
- Adiós Srta. Arendelle
- Elsa, Oficial Humbert, me puede llamarme Elsa – Sonrió – Adiós.
Él también sonrió. Sonrió con vergüenza, porque a pesar de la pena que sentía por la muchacha estaba ansioso por verla, aunque fuese en esas penosas circunstancias.
Fue al funeral, donde pudo conocerla mejor. Y siguieron viéndose hasta hacerse amigos, novios… pareja durante cinco años. Hasta que la separación se dio de forma imprevista y abrupta.
Graham llegó un día como cualquier otro a la casa que ambos compartían. Era 15 de Diciembre de 2007, todo estaba en silencio. No había señales de Elsa, que debía estar ya en casa. La jarra de agua estaba sobre la mesa del comedor, y un vaso estaba a su lado… Debajo de este un post-it que decía
"Lo siento Graham… No podemos seguir. Mi vida va a cambiar y no me puedes acompañar en esto. Te amaré por siempre.
Elsa
P.D. No me busques, no quiero que me sigas. Lo nuestro se acabó y no hay nada que hablar o explicar"
La chica se había llevado todas sus cosas, excepto todo aquello que Graham le regaló… Todo lo que le recordara a él.
Él no la siguió… ella no lo amaba.
