Quiero decir algo os nietos de Batman son:
Leonor: 8 años pelirroja, ojos cian. Hija de Dick y Bárbara.
Violette: 6 años pelinegra, ojos cafés. Hija de Jason y Cass.
DAMIAN: 4 años, rubio, ojos azules. Hijo de Tim y Steph.
Y Solange es la nana (no esperaran que Alfred siga vivo ¿Verdad?)
–Abuelito… ¿Quién está ahí?
Bruce miro al niño, lo había acompañado a llevar flores a las tumbas de sus padres y de Alfred. Al instante se arrepintió, el infante señalaba precisamente ese lugar al que no podía acercarse a menos de tres metros. ¿Qué decirle si ninguno de los niños sabia sobre él?
– ¿Abuelito? – ¿Por qué se veía como si fuera a llorar?
–Ve adentro pequeño.
–Pero…
–Ve adentro.
Era un niño obediente así que hizo lo que se le pedía, aunque renuentemente pues él quería saber porque nadie iba a ese lugar, era tan misterioso como lo que se ocultaba detrás de aquella puerta.
"Damian, hijo…" cerro fuertemente los ojos conteniendo las lágrimas, eso no se lo devolvería. Nada lo haría.
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Las yemas de sus dedos rozaron delicadamente el trozo de madera frente a él, ¿cuánto tiempo había pasado? Más del que quería admitir, menos del que necesitaba para superarlo. Y es que ¿cómo superas la muerte de un hijo? ¿Cómo hacer que deje de doler? Él amaba a su pequeño Damian y su trágica muerte aun le dolía, por más que investigaron nunca encontraron al responsable, pensó que Talía estuvo involucrada en su asesinato (estaba seguro) pero ella se sorprendió tanto al enterarse que su careta de mujer fría y sin sentimientos cayo y lloro desconsoladamente por su vástago.
¿Intento revivirlo con la fosa? Claro. ¿Funciono? Desgraciadamente no.
Así que, como sus padres decidieron donde descansarían los restos de su hijo; eligieron el cementerio de los Wayne ya que la muerte al ser tan esquiva para los Al Ghul no había sitio donde ellos reposaran y querían que estuviera rodeado por sus ancestros. Un año después de la muerte de Damian su madre le siguió, fue asesinada por su hermano Dusan quedando el como el líder de la liga, al conocer los secretos del pozo sabía que heridas causar para que no regresara.
Bruce mando construir sepulcros para ambos y cerro con candado la recamara del niño. Durante mucho tiempo nadie había pisado esa habitación, ni los sepulcros de los Al Ghul; tenían años abandonados, nadie tenía el valor para acercarse. Culpa, dolor, remordimiento… ni una visita, ni una flor recibieron. Al menos no el niño, la madre era visitada para reclamarle, la culpaban a ella aunque sabían que ella no cegó la pequeña alma.
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Todos los días los pequeños Wayne iban al parque en compañía de su nana Solange, les encantaba ir ahí.
Un día ocurrió algo diferente, mientras esperaban a Solange con sus helados escucharon una melodía que les encanto, Leonor la reconoció gracias a que estaba practicando violín y le maravillo lo bien ejecutada que estaba así que en compañía de sus primos busco quien tocaba.
Era un niño no mucho mayor que ella.
–Wow –exclamaron los tres sorprendiendo al músico.
El niño les sonrió amablemente. – ¿Les gusta?
– ¡Sí! ¡Tocas muy bonito! –Exclamo emocionada Leonor, ella llevaba tiempo practicando pero ni por asomo era tan buena como él. – ¿Cuánto llevas tocando?
–Aprendí desde los siete.
–Con razón, yo llevo tres meses y aun no salgo de las escalas. ¿Me ayudarías a practicar?
–Si por favor, –pidió Violette– cuando toca se oye como gatos arañando la pared.
–Esta bien, mañana aquí a las cuatro.
– ¡Ok!
–Tengo que irme, nos vemos mañana.
Rápidamente se fue, minutos después la nana de los niños apareció para llevarlos a casa. Esa noche cuando se lavaban los dientes se dieron cuenta de algo: no le habían preguntado su nombre. Bueno, al día siguiente lo harían.
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A las cuatro en punto estaban en el mismo sitio donde vieron al violinista pero él no estaba ahí, lo esperaron quince minutos y comenzaron a desesperarse, volteaban a todos lados por si lo veían llegar pero nada. De pronto escucharon la misma melodía de un día antes, buscaron el origen pero nada hasta que se les ocurrió voltear hacia arriba; ahí estaba el pequeño músico recostado sobre una rama tocando con maestría, les dedicaba una mirada y sonrisa burlonas. Termino la pieza antes de hablarles.
–Tardaron mucho.
–No, llegamos a las cuatro tu llegaste tarde.
–No, llegue diez minutos antes de las cuatro.
– ¡¿Llevas todo el rato ahí?! –Pregunto asombrado el otro niño.
–Sí, deberían poner más atención a su alrededor –de un salto bajo del árbol. – ¿Comenzamos?
Llevaban una hora tocando, Violette y Damian se habían dormido en el regazo de su nana –que llego después de que el violinista bajara–. Varias veces él tuvo que corregirle la postura a Leonor y ella noto que sus manos estaban heladas pero lo achaco al clima frio así que no le dio importancia. Al empezar a caer el sol su maestro dijo que era suficiente por ese día, que debía irse ya; Leonor asintió y le dio las gracias antes de que nuevamente él se fuera con rapidez.
–Es hora de irnos niños –dijo con voz suave Solange.
–Sí.
Mientras caminaban por el parque una pequeña duda le surgió a la nana. –Leonor, ¿cómo se llama tu amigo?
La niña se palmeo la frente al notar que nuevamente olvido preguntarle su nombre.
