Los personajes no me pertenecen.
Las notas llenaban el ambiente, los ruidos cotidianos del parque parecían no llegar a esa pequeña zona en la que estaban era como si con su música el pequeño violinista creara una barrera que los aislara del resto. Era la tercera vez que se reunían con el chico del violín y como siempre la gente se abstenía de pasar por ahí hasta que este se marchara, cosa que consternaba a Solange; no es que al verlo los paseantes dieran media vuelta sino que desde que llegaban al sitio del encuentro no veían a nadie más hasta que el niño se despedía.
Solange miraba a los niños practicar mientras ella jugaba con Damian y Violette que habían insistido en llevar bloques de construcción al parque para entretenerse el tiempo que su prima mayor tocaba o como Violette decía torturaba a su violín. La joven nana quería mucho a esos tres niños, tanto como si fueran sus propios hermanos pero tenía que reconocer que la pequeña Leonor era un desastre con el violín y admiraba la decisión del joven de ayudarle a mejorar cuando ni siquiera el maestro contratado por el señor Wayne había hecho tal cosa, después de un par de meses renuncio alegando que no podía enseñarle.
Un par de horas después el pequeño maestro decidió era tiempo de parar con la lección, la pequeña pelirroja estuvo de acuerdo y tras meter el instrumento en su estuche se froto la muñeca ligeramente adolorida, el niño hacía lo propio abriendo y cerrando las manos moviendo los dedos para ayudar al flujo de sangre. Leonor miraba fijamente al otro niño, su maestro tenía el cabello intensamente negro, su piel era fría y pálida, más pálida que la del tío Tim pensó además tenía los ojos azules como los del abuelo Bruce aunque con un pequeño toque de verde. El noto la intensa mirada y detuvo sus movimientos pues guardaba su violín, alzo una ceja extrañado, curioso le pregunto si sucedía algo.
–Nada solo que, ya sabes no me has dicho tu nombre –sonrió Leonor apuntándole con el arco que aún mantenía en su diestra.
El chico continuo guardando su instrumento pero las comisuras de su boca se estiraron un poco. –Bueno ya sabes, nunca lo has preguntado así que asumí no era importante para ti.
– ¡Claro que es importante! Solo creí que con el tiempo me lo dirías como yo te lo dije.
–Si lo quisieras saber lo preguntarías –el chico se encogió de hombros tomando el estuche con la mano izquierda. –No soy mentalista si no dices lo que quieres no lo tendrás.
– ¿No te enseñaron modales? –Exclamo molesta, su actitud comenzaba a desagradarle, a ella le enseñaron a ser amable con las personas para que la trataran de igual manera pero el respondía de manera fría.
–Me enseñaron a mantener la boca cerrada si no me pedían hablar. –Contesto con un triste murmullo. Leonor sintió un pinchazo en el corazón, jamás había escuchado a alguien hablar así como si estuviera acostumbrado a que su existencia se limitara a obedecer no a hacer lo que decidiera.
– ¿Cuál es tu nombre? –Pregunto intentando sonreír pues de pronto el aura tranquila que siempre tenía su compañero músico había cambiado por una triste que le causo ganas de llorar.
–Iskander –respondió dando media vuelta, alzo una mano como gesto de despedida. – Hasta mañana Leonor, llega a tiempo les tengo una sorpresa.
El chico, Iskander, se marchó luego de decirle adiós a Damian, Violette y Solange.
~o~
Las pequeñas falanges se movían con ligera torpeza sobre las cuerdas, la madera del violín comenzaba a incomodarle el hombro y los dedos que sostenían el arco hacía rato que le dolían pero aun así se negaba la opción de parar, quería aplicar los consejos de Iskander y mejorar. Claro, era poco tiempo el que llevaban practicando pero aún si sentía que no mejoraba y desperdiciaba el tiempo del niño.
Se equivocó de nota, lo ignoro continuando con la pieza. Otra nota mal… y otra… una más… su dedo se enredó en la cuerda y gruño deteniéndose por fin ¿es que no podía concentrarse? Su mentecita estaba más centrada en Iskander, le parecía extraño que siempre estuviera solo y que siempre llevara la misma ropa: sudadera roja con claveras negras, pantalones de mezclilla y tenis rojiblancos. Era como si solo tuviera eso para vestir quizás su familia era pobre, pero de ser así no tendría un instrumento tan bueno.
Leonor suspiro, realmente no había hablado mucho con Iskander apenas sabia su nombre y si quería conocer más de él tendrá que hacer espacio en sus clases.
– ¿Cómo está mi pequeña padawan? –la niña sonrió volteando hacia la puerta de su habitación encontrando a su querido padre al cual tenía una semana sin ver. Corrió a abrazarlo, Dick se arrodillo quedando a su altura para besar sus mejillas y frente.
– ¿Acabas de volver papi?
–Si pequeña –sonrió poniendo un mechón del rojizo cabello detrás de su oreja– hace unos minutos.
–Papi, ¿y mami? –pregunto contenta. Leonor quería mucho a sus padres pero estos viajaban seguido por cuestiones de trabajo por eso la dejaban encargada con su nana Solange. Sin embargo ahora estarían juntos otra vez ¿cierto?
–Está abajo con tu abuelo –levanto a la niña y giro con ella. –Vamos ya es hora de cenar. –Mientras bajaban las escaleras Leonor miraba las fotografías que adornaban la pared, ahí aparecían todos sus tíos y tías, tenía dos tíos y dos tías cada pareja tenía un solo hijo al igual que sus padres solo la tenían a ella. –Has mejorado linda, pronto podrás tocar las canciones favoritas de mamá. ¿Has practicado mucho?
–Me han dado clases extra papi –respondió apoyando la cabeza en el hombro de Dick– ¿volverán a salir?
–No cariño –respondió una mujer pelirroja y de lentes, Barbara se acercó para tomar a su hija entre sus brazos. –Ya terminamos el trabajo.
–Oh que bien –contenta beso la mejilla de su madre mientras se acercaban al comedor.
~o~
El sonido de golpecitos en su ventana le hizo despertar, se removió un poco entre las sabanas pero momentos después las aparto y se asomó pues los golpecitos seguían. Sus ojitos miel se abrieron y una sonrisa alegre se le dibujo al reconocer a quien llamaba al vidrio, rápidamente abrió dejando entrar a su amigo.
–Buenas noches mi pequeño amigo.
– ¡Hola! –Respondió con alegría infantil abrazando las largas piernas de su amigo. – ¿Vamos a jugar?
Riendo revolvió los cabellos castaños del niño y con una voz que si hubiera sido oída por una persona mayor habría reconocido la malicia en ella. –Todo lo que quieras amiguito, todo lo que quieras.
¿Qué tal? ¿Dudas, quejas, crucios, avadas, comentarios?
PD: No sé si sepan de los plagios últimamente cometidos, a mí no me ha pasado (hasta donde se) pero a dos colegas Polaris y Elena Grayson si, y no está bien que alguien se aproveche de tu trabajo así que yo también me uno a la campaña "Robas mis Sueños" iniciada por Polaris.
No al plagio.
