Capítulo IV
Le presento a esa mujer
Era primavera y Graham tomaría oficialmente sus vacaciones. Hacía mucho que no deseaba tanto salir de vacaciones, y menos vivir la experiencia de salir del país.
David llevaba rato convenciéndolo de que viajara a una isla del caribe, después que éste y Mary Margaret estuvieran de "Luna de miel" en Aruba. Bromeaba sobre esto y le insinuaba que se enrollara casualmente con alguna mulata, morena… en fin, con cualquier mujer que lo sacara de la soledad crónica en la que se había convertido su vida.
Si supiera David que Ruby lo acompañaba en su soledad más de una vez… Pero era un caballero y también un hombre inteligente, que quería evitar llevar esos conflictos al trabajo. Claro, que eso lo debía haber pensado antes de tener a la exuberante mujer en la cama, practicando "El vuelo de la libélula".
Para el 4 Abril del 2013 se encontraba volando rumbo a la isla del Caribe que, durante casi un mes, le permitiría descansar y desconectarse de su pesada rutina.
Llegó al aeropuerto Reina Beatrix de Aruba decidido a pasarlo genial, y pensó en conocer la Isla y todo lo que ésta le podía ofrecer.
Al salir se topó de repente con el calor caribeño, y pensó "así no me pegará tanto el verano". Mientras observaba a la gente que esperaba con carteles a los viajeros, intentando observar su apellido en alguno de ellos, sintió el choque de un carrito porta-maletas contra su equipaje, y a su vez el de éste contra su pie.
- ¡Pero qué demonios… !
Cuando volteó, y mientras recogía el desorden de maletas, observó un hermoso rostro de mujer, cuya boca perfecta, de labios rojos, carnosos y avergonzados, se disponía a salir una disculpa.
- Disculpe Señor… ¿Habla inglés?, I'm sorry.
Él estaba hipnotizado viendo a la mujer. ¿Qué hermosa mujer? Pensó
- No… Si, digo, no hay problema – qué patético estaba sonando, pero la hermosa cicatriz de su labio superior atrapó completamente su atención, y no era capaz de reaccionar normalmente
- Es que no sé qué me pasó, no pude controlar el carrito – dijo, mientras retiraba su brillante cabello negro del rostro
- No hay problema – respondió ahora con un poco más de confianza
- ¿Lo he lastimado?
- No, para nada – sólo pensaba en lo hermoso de los ojos de la mujer, de una forma y tamaño que roban el alma, de un marrón intenso
- Pero… Si estás sangrando… ¡Dios!, de nuevo mil disculpas.
La mujer se llevó las manos a la cara al observar que el tobillo de Graham tenía un rasguño algo profundo, que comenzaba a sangrar. Pensó que la voz de la mujer era de sueño. Siempre le gustaron las mujeres con una voz ligeramente gruesa, con ese matiz seductor y de seguridad.
- No se preocupe, no es nada
- ¿Seguro?
- Si, tranquila – le sonrió de medio lado, con ternura y seguridad.
Iba a interrogarla sobre alguna otra cosa, sólo para seguirla mirando, para escuchar más de aquella voz, cuando de repente una voz de mujer gritó
- ¡My Queen!
- ¡Emma! – dijo la mujer de la voz de sus sueños.
Entonces se percató de la pareja que se encontraba haciéndole señas a la mujer al otro lado de la salida. Era una mujer blanca, rubia, de cabello largo, ataviada para el ambiente de playa, y él era un tipo alto, blanco, de barba, no tan joven como la chica, también con estilo playero. Se notaba que eran turistas con un poco más de tiempo en la Isla.
- Disculpa nuevamente, me tengo que ir – Le dijo "My Queen" colocando una cara de vergüenza y haciendo un ligero gesto de "puchero"
- No hay problema. Que disfrutes Aruba "My Queen" – y sonrió de forma seductora, sintiéndose orgulloso de haber reaccionado como debía.
- Jajaja, seguro – le dijo la mujer en tono divertido mirándolo de forma pícara, y levantando una de sus cejas.
"La reina ha dejado el edificio", pensó, y comenzó a reírse y a percatarse del dolor del pie nuevamente.
Estaba por tomar un taxi cuando vio un cartel con su nombre.
- Disculpe Señor, yo soy Humbert, Graham Humbert.
- Encantado Señor – le respondió un hombre mayor de tez negra, que hacía las veces de chofer en una camioneta identificada con el nombre del hotel en el que había reservado – Soy Alberto ¿Cómo estuvo el vuelo? Permítame las maletas
- El vuelo bien… La llegada accidentada. Tenga – dijo sonriendo, recordando a la mujer
- ¿Pasó algo malo? – le preguntó el hombre, con cara de extrañeza
- Nada, no se preocupe.
Ayudó con el equipaje, y se montó en el lado del copiloto. Desde allí observó un paisaje interesante. Su anterior agresora se encontraba parada al lado de un carro, junto con la pareja que fue a su encuentro. El hombre colocaba el equipaje en el carro, y las mujeres conversaban y ayudaban. Por la cantidad de maletas, se podía decir que se iba a quedar un buen tiempo.
Tenía un cuerpo espectacular, pero ¿Por qué habría venido en vestido ejecutivo?, pensó. ¡Qué culo!, y la vio alejarse mientras ellos permanecían en el estacionamiento, y él se dirigía con "Don Alberto" al hotel.
- ¿Ve a esa mujer de allá? – le comentó al chofer mientras daban la vuelta hacia la salida del estacionamiento
- ¿Cuál?
- La del carro KIA plateado, traje gris claro, medias negras y zapatos de tacón – señalando al sitio donde aún estaban estacionados los tres amigos arreglando las cosas
- ¿La de cabello negro? – el hombre esbozó una sonrisa
- Sí. Le presento a esa mujer. Esa es la mujer de mi vida, y la acabo de conocer – se echó a reír.
Mientras se dirigía al hotel le habló a "Don Alberto" del encuentro con la hermosa mujer de cabello negro. Ambos rieron sobre lo dramático que fue decir "La mujer de mi vida". Hablaron amenamente.
Había decidido quedarse en uno de los mejores hoteles en la zona principal de la Isla para tales fines, y había pagado una serie de tours todo incluido… Tendría algo por hacer en ese mes, y le sacaría provecho al máximo.
Durante el viaje también le había pedido información al chofer sobre la moneda, cómo movilizarse, los lugares más visitados de la isla, entre otras cosas importantes que un turista debe saber. Para cuando se bajó de la camioneta, habían pasado casi 15 minutos.
Se bajó y se dirigió al mostrador
- Buenas, reservación a nombre de Graham Humbert por favor
- Buenas tardes Sr. Humbert. Bienvenido al Hotel. Permítame su identificación y la tarjeta de crédito para chequear la reserva y los datos
Le entregó el pasaporte y la tarjeta a la recepcionista, y mientras esperaba unos minutos la confirmación de la reserva, el pago de la misma y la información, se dedicó a dar vueltas al lugar con la mirada.
¡Sí que era elegante el hotel! Era hermoso, y el ambiente marino se sentía en esa estancia. De hecho, podía divisar la piscina y un poco más allá la playa, a través de los ventanales. Sí, podía ver el mar, y pese al calor y la humedad que había afuera, dentro se sentía un fresco agradable.
- Listo Sr. Humbert, ya confirmamos la reserva y el pago. ¿Desea que dejemos abierto el pago para los consumos?
- Gracias, sí. Únicamente a mi nombre y a mi habitación, por favor
- Claro – respondió la chica con una sonrisa – su habitación es la Suite Senior 603 con vista al mar
- ¿Suite Senior? – respondió con asombro – pero yo había solicitado la Suite Junior.
- Es parte de la promoción que usted tomó. El precio es el de la Suite Junior, pero disfrutará de la Senior
- ¡Qué suerte! – rió y la recepcionista le correspondió al gesto – bueno… ¿y los horarios para el desayuno?
- De 7:00 a.m. a 10:00a.m., pero puede pedir lo que desee a la habitación durante el día.
- ¿Hay botiquín de emergencias en la habitación? – recordando su herida afortunada
- Si, y hay enfermería y servicio de atención médica, si gusta o se siente mal…
- No, así está bien – interrumpiendo a la chica. Estoy bien. Gracias…
- Mañana lo buscan a las 8:00a.m. para las clases de submarinismo.
- Si, gracias.
- ¿Requiere servicio de despertador?
- No… Gracias…
Se puso al tanto de todos los detalles, de sus itinerarios, y se dirigió a la habitación. Cuando llegó a ésta, observó que era de varios ambientes, un poco más del doble del tamaño de la que él creía que ocuparía. Era la Suite Senior Premium, de paso. La decoración era minimalista pero a la vez era tropical, y la cama era enorme.
Pensó que había tenido mucha suerte. Le dio la propina al botones, y se dispuso a explorar la habitación mientras desempacaba.
Una vez que había colocado todo en su sitio, repasó la ubicación del botiquín, y recorrió nuevamente la habitación de 3 ambientes.
En el primero estaba un salón con una mesa, dos poltronas y un sofá, varias sillas y una barra a modo de Mini Bar. También disponía de cortinas y una TV. Al abrir las puertas de dicha estancia, estaba la habitación, que también era amplia. Tenía sillas, mesita para trabajar, mesas de noche, nevera, y un closet grande que contenía caja de seguridad.
Luego pasó al baño, éste era enorme, tenía jacuzzi y ducha, dos lavamanos, y gran cantidad de artículos. Pensó que sólo esa habitación era tan grande como su apartamento actual.
Fue al botiquín, se sentó en la cama y se curó la herida en el tobillo.
- Eso me pasa por hacerle caso a David y viajar en bermudas y sandalias. ¿Qué clase de hombre soy?
Una vez revisó ese asunto, se dio cuenta que no era para tanto. Se dirigió al baño y se dio una larga ducha.
Pensó que se lo iba a pasar en grande. Tenía 36 años y nada que perder. Se iba a mudar pronto, y eso lo tenía un poco estresado, así que decidió dejar toda su vida atrás durante esas vacaciones.
Al salir del baño con su bata puesta, ceñida a la cintura, y mientras frotaba su cabello con otra toalla, se dio cuenta que no había explorado aún una parte de la gran habitación, el balcón que había en el cuarto.
Abrió las puertas y se encontró con una espectacular vista marina. ¡Qué podía ser mejor! ¡Claro, una cerveza!
Fue hasta la nevera del bar y tomó una. Salió nuevamente y se percató de que el balcón del cuarto se comunicaba con una pequeña terraza, a la que se tenía acceso a través de la sala donde estaba el Bar. ¡WOW! De verdad esta vez sí le habían salido las cosas bien del todo.
Se apoyó en la baranda del balcón y vio al horizonte contemplando el atardecer. Luego, bajó la vista y observó que también se veía la piscina y la playa desde allí, cancha de tenis, el campo de golf, los otros hoteles, algunos restaurantes a la orilla de la playa, y en algunos muelles, botes… podía ver otros balcones, de hecho.
Tenía hambre. Por hoy pediría algo a la habitación y se relajaría viendo TV.
Ya había oscurecido. Siguió observando y vio a unos niños jugando en la terraza del piso 4, que estaban a su izquierda; y a sus padres llamándolos para ir a bañarse. Miró hacia la derecha y observó el balcón vecino vacío, y luego el balcón del piso 5.
- Pero… ¿Qué está pasando? – se frotó los ojos para ver si el espejismo pasaba – ¡Dios, que hermosa!
Era la mujer del aeropuerto. Estaba allí, en el balcón del quinto piso, a su derecha, disfrutando como él del atardecer, y para su suerte, estaba desnuda.
