Los personajes no me pertenecen a excepción de los oc's de relleno.


La escena era macabra, horas antes la habitación fue lo que todo niño deseaba; juguetes por montones de todos tamaños, una cama amplia con sabanas del gran boyscout azul, paredes decoradas con cada logo de los fundadores de la Liga de la Justicia… pero ahora escarlata salpicaba las paredes, enormes lagos hemáticos tiñeron la alfombra con dibujos de cochecitos.

El departamento de policía gotnamita recibió la llamada desesperada a primera hora de una llorosa mucama reportaba el asesinato de su amito, en un principio no tomaron la en serio pues hacía años que asesinatos trágicos no sucedían, no desde que los murciélagos encerraron/eliminaron a los más peligrosos criminales de la ciudad. Si, Gotham el antiguo decimo círculo infernal era ahora una de las mejores ciudades del país superando en seguridad a la propia Metrópolis la cual era resguardada por los Súper.

Enviaron a una pareja de novatos para atender la situación pero estos apenas llegar y ver la escena del crimen llamaron pidiendo a los más experimentados fueran a hacer el levantamiento, ellos no podían ni ver ni imaginar lo ocurrido.

Entre las sabanas se encontraban algunos órganos internos completamente aplastados, parecían estampillas. La cabecita del niño identificado como Boris Pearl carente de cabello y dientes permanecía en la mesita de noche como una lámpara. En el baúl donde el pequeño dueño guardaba sus pertenencias habían encontrado uno de sus globos oculares.

No habían signos de que las ventanas o puertas fueran forzadas, todo estaba cerrado y tan normal como siempre, las joyas de la señora Pearl seguían intactas en su alhajero, la caja fuerte del estudio permanecía a tope de dinero y papeles importantes; los electrodomésticos estaban en su lugar nada faltaba, nada se habían llevado. Entrevistaron a la servidumbre: el mayordomo pasó la noche en el hospital junto con el chofer, había tenido una operación de apéndice y alguien debía estar al pendiente por si sucedía algún percance. Las sirvientas se retiraron a descansar a la hora acostumbrada 10:00 p.m. después de terminar con sus labores; la joven nana la señorita Dickens quien dormía en la habitación contigua al cuarto de la víctima no escucho nada extraño durante la noche, lo cual era extraño pues últimamente el pequeño Boris sufría de pesadillas y al mínimo quejido la nana acudía a su lado. No sabían cómo alguien pudo entrar a la casa y hacerle eso al niño, burlar la seguridad y la presencia de diez personas con tanta facilidad… eso solo sucedía en los viejos tiempos, aquellos lejanos días en los que Batman aterrorizaba a los criminales.

– ¿Dónde están sus padres? –pregunto el oficial a cargo, la sirvienta frente a él era una de las que más tiempo tenían trabajando para la familia Pearl.

La mujer resoplo sarcástica, miro al policía con burla por su pregunta pero el dolor permanecía en sus ojos grises, ella al igual que toda la servidumbre adoraba al amito y su muerte los había devastado. –En Paris… llevan un mes tiene su "segunda luna de miel".

– ¿Solían pasar mucho tiempo fuera de la ciudad?

–Sí, y mucho más lejos de su hijo –noto el interés del oficial por su comentario y siguió hablando–. Ellos realmente no convivían con el niño, él no les importaba solo lo tuvieron porque era un requisito que les puso el padre de la señora para que pudieran obtener su fortuna de ahí en fuera lo ignoraban –gruño apretando los puños– en ocasiones lo llamaban Ben.

– ¿Olvidaban el nombre de su hijo? –Exclamo sorprendido.

– ¿Acaso no me escucho? Lo ignoraban todo el tiempo, apenas lo veían comenzaban a gritarle, lo único bueno que hicieron por ese niño fe contratar a Lotte.

– ¿La nana?

–Sí, Lotte amaba a ese niño como si fuera suyo –la sirvienta se froto cansada el entrecejo, la situación era mucho para alguien de su edad. –Dios ella se dedicó a ese niño día y noche desde que nació… esto la destruirá.

~o~

– ¿Paso algo? –su acompañante le miro con confusión y el suspiro, si no la conociera diría que estaba aburrida por no estar haciendo nada pero no, Nell amaba verlo cocinar y obvio devorar lo que preparaba para ella. – Has estado muy callada todo el rato, por lo general insistes en lamer la cuchara o robas las fresas cuando crees que no te estoy viendo.

Nell medio sonrió por las palabras del pelirrojo, el detestaba que le interrumpieran mientras cocinaba o que alguien se metiera con sus utensilios para esas reglas de no molestar y no tocar no aplicaban para ella. Cierto que normalmente haría lo que él había dicho o por lo menos le contaría a detalle lo ocurrido en su trabajo pero hoy no, hoy era uno de esos días en que odiaba su trabajo. ¿Cómo explicarle que estaba así por el asesinato brutal de un pequeñito? ¿Un niño que pudo ser alumno suyo?

El joven cocinero aparto con el dorso de su mano los mechones de cabello que le nublaban la vista, la morena frente al mantenía esa mirada de quien no comprende la vida, quien tiene una gran duda que sabe imposible de responder. La misma que tenía cuando niños se veían involucrados en sus casos. Como detective Nell sabía mantener una actitud fría y profesional pero había ocasiones que no podía cuando eran situaciones terribles, sádicas. Quiso preguntar, compartir su dolor como otras veces pero su corazón dudo, ¿realmente tendría la entereza de escuchar la historia de Nell?

Había visto y oído atrocidades a lo largo de su vida, nació y se crio sus primeros años en Gotham la ciudad del crimen, el infierno en la tierra como la llamaban los medios nacionales; en su tierna infancia descubrió lo cruel que podía ser el mundo estaba acostumbrado al horror pero su corazón era tan noble tan puro –según Nell y las monjas del orfanato– que a pesar de todo aun podía sentir compasión por las pobres almas del prójimo, compadecía a los criminales que no teniendo otra opción escogían el camino del delito. Sentía lastima por las víctimas inocentes que sin deber nada salían perjudicadas pero no entendía, no sentía remordimiento alguno por aquellos que herían a otro ser por el simple gusto de verles sufrir, por su propio placer.

~o~

Hoy no eran notas musicales las que llenaban el ambiente sino risas infantiles, los jóvenes Wayne corrían encantados de la vida detrás de un gran perro negro. Tal y como Iskander le prometió a Leonor ese día llevo una sorpresa, ella pensó sería una nueva pieza, una más sencilla para principiantes pero no, cuando Iskander llego a a su lado iba un perro. Apenas lo vieron Violette y Damian se escondieron tras las faldas de Solange sumamente aterrados.

"Tranquilos es inofensivo" Exclamo sonriendo el niño de sudadera roja. El perro permanecía junto a él moviendo su cola alegre por conocer gente nueva, Leonor también se intimido al ver el tamaño del animal era mucho más grande que Jump el perrito que tenía la tía Diana, pero Iskander aseguraba no era peligroso y el can parecía triste al ver que no se acercaban así que ella como la mayor debía ser valiente y poner el ejemplo. Con paso lento se acercó y acaricio la cabeza del perro, el ladro contento y lamio su manita; Leonor rio pues su lengua le causo cosquillas. Al ver que su prima aún conservaba la mano después de tocar al animal los pequeños ya más confiados se acercaron descubriendo que era muy tierno a pesar de su tamaño.

– ¿Cómo se llama? –Pregunto Solange acariciando la barriga del can.

–Hamia –respondió el violinista recostándose en el pasto.

–Curioso nombre.

–Significa protector.


¿Dudas, quejas, sugerencias, crucios, avadas?