Capítulo V

Visión Nocturna

No salía de su asombro, tanto por la coincidencia del encuentro, como por la desnudez de la mujer. Era hermosa de pies a cabeza. Sus piernas eran torneadas, sus caderas perfectas, sus senos, su culo… toda ella era un espectáculo.

- ¡¿Qué hace allí desnuda?! ¿No le dará pena que alguien la vea?

Al principio se quedó en silencio, en la penumbra, contemplándola. Miró para todos lados a ver si, la visión nocturna que estaba teniendo, no la estuviese compartiendo con alguien más. Pero no, al parecer era sólo él el que disfrutaba del esa mujer que lo tenía hipnotizado.

Su piel era perfecta, resplandeciente a la luz de la luna que empezaba alzarse. Su cabello, hasta los hombros, se ondeaba ligeramente. Descalza, como si agradeciese que cada centímetro de su piel fuese tocado por la brisa marina.

- Con una mujer así… ¡Me caso! – afirmó casi en silencio y sonriendo

Ella mantenía los brazos en baranda, ligeramente inclinada hacia adelante, cuando giró la cabeza un poco hacia arriba.

Se asustó, y se agachó al pensar que la hermosa y desnuda mujer podría capturarlo con las manos en la masa. O bueno, con la vista en su cuerpo.

Se percató de que ella cerraba los ojos para sentir la brisa marina. De que no tenía ni la más remota idea de que él la estaba observando. Se sintió mal por lo que estaba haciendo.

Se disponía a dar la vuelta, luchando con las enormes ganas de seguir observándola, cuando de pronto se percató que salía otra persona al balcón.

Detrás del cuerpo desnudo de la mujer, llegaba la rubia que la había buscado en el aeropuerto. ¿Qué es esto? Pensó.

La rubia, que estaba cubierta por una ligera bata de seda rojo, traía en la mano una copa, que parecía que contenía champagne, y rodeando al objeto de su deseo con su cuerpo, le mostró la bebida y le brindó un trago.

- ¿A caso están juntas? – empezó a sentir que su corazón latía más fuerte.

La chica dejó la copa en la mano de la mujer, y le dijo algo al oído mientras le acariciaba las caderas desde la parte de atrás, para luego entrar nuevamente al cuarto. La mujer, que era mayor que la rubia, de eso no cabía duda, se tomó otro sorbo y permaneció allí.

Empezó a sentir una leve sensación de repulsión y envidia, al pensar que aquella "Diosa" estuviera en un trío con la rubia y el payaso que las acompañaba más temprano en el aeropuerto.

En unos minutos la rubia regresó, y cubrió los hombros de la mujer con una bata de seda negra.

- ¡No tengo frío! – escuchó que la mujer decía en voz alta, y reía con picardía

- No entiendes que alguien te puede ver, ¡pervertida!… - Le pareció que la chica ponía cara maliciosa

La que permanecía semi desnuda se volteó, y alcanzó a ver cómo la luz del cuarto iluminaba la parte delantera de su cuerpo. Era mayor que la rubia, sí, pero su cuerpo era perfecto.

- ¡Nadie nos mira Señorita Swan! – dijo la mujer en voz alta, esbozando una sonrisa perversa, levantando una ceja – Trae el champagne y las fresas

La chica se asomó repentinamente, y él tuvo que esconderse para que no lo vieran. Pensó que tal vez lo habían descubierto, porque la rubia no paraba de mirar hacia arriba. Pero luego respiró al observar que la chica veía hacia todos los lugares donde existía la posibilidad de que las observaran.

- No, no hay nadie – sonrió hacia la mujer, que ya había dejado caer su cuerpo sobre una silla de extensión, de esas camas para tomar sol, y la miraba con gesto deseo.

Pensó que era mejor no seguir mirado aquello, no era correcto de su parte. Ya había entendido que ellas estaban solas, y que el chico no las acompañaba.

- Tal vez sea el hermano de la rubia – se dijo

Se sentó en la silla que estaba cerca de él. La arrastró con cuidado y se sentó. Sentía el corazón acelerado, y excitación por lo que había visto.

Se tomó de un trago la cerveza que le quedaba, y se dispuso a retirarse. Dio un último vistazo al lugar, y observó cómo habían acomodado en el piso la hielera con el champagne, dos copas, un recipiente con fresas y un pote de crema batida.

La rubia se dirigía contoneándose hacia la cama de tomar sol donde estaba la mayor, esperándola con cara de querer comérsela. La bata de la mujer estaba abierta y dejaba ver su cuerpo. Estaba con una pierna extendida y la otra semi flexionada, por lo que Graham pudo ver un poco más.

Si, la mujer parecía una reina, y la otra chica su amante secreta… obviamente.

La chica se fue a un lado de la cama, y se montó sobre la mujer, quitándole la copa y colocándola del lado donde estaba lo demás. Se soltó el largo cabello amarillo que llevaba en un moño al descuido, si procedió a besar a la mujer, mientras la ayudaba a quedar completamente desprovista de la bata negra.

Iban a tener sexo, iban a hacer el amor. Era evidente. Y él ahí de pervertido y voyerista. ¿Qué era lo que ocurría con él? La rubia estaba buenísima, si, era joven y hermosa pero, era esa mujer de cabello negro, labios hermosos, ojos profundos y cuerpo de diosa la que lo mantenía en esa posición, callado e inmóvil, en la oscuridad, vigilando su intimidad.

Él no era así. Era un hombre correcto, que no habría hecho eso en otras circunstancias. Esas mujeres harían el amor frente a sus ojos. Se sentía asqueado al descubrir que eso quería. Quería saber hasta cómo sentía su hipnotista.

- Me lo debe, por el corte en el tobillo y por recoger las maletas… y el choque – Ya no tenía más excusas qué inventar.

Se besaban apasionadamente, pero no con desesperación. Tal vez eran pareja, y estaban enamoradas. Todo aquello lo conmovió de forma extraña. Alguien la amaba y esperaba por ella. Y cómo no, si era hermosa. Era raro que estuviera sola.

Seguían besándose cuando la rubia se separó para mostrarle a la mujer que se estaba desajustando la bata. La morena la miró fijamente al pecho y luego bajó la vista hasta su sexo. Luego la miró a los ojos, y le dijo algo que él ya no alcanzó a escuchar, pues susurraban.

Se acercó a la rubia, incorporándose, y la besó con desesperación y pasión. Mientas, le quitaba lentamente la bata roja, y la deslizaba por sus hombros. La chica soltó la bata hacia el suelo, y su cuerpo desnudo quedó al descubierto, sentada abierta sobre la otra mujer.

Graham observó su espalda, sus brazos tonificados, y cómo estaba sentada sobre el sexo de su Diosa. Empezaron a rozar sus cuerpos entre sí, a practicar una danza a un ritmo que, se notaba, las calentaba cada vez más. Sus senos se tocaban, y sus pezones erectos delataban su excitación.

La rubia estaba muy excitada, y sus gemidos empezaban a escucharse, suaves y lejanos.

- ¡Tócame! – dijo la rubia, de forma repentina, en un tono que apenas él lograba percibir

La mujer bajó su mano, y tomó una fresa; la mojó en champagne y se la llevó a la boca de ambas mientras se besaban.

Se separaron y la rubia tomó el cabello de la morena entre sus dedos. Se miraban con mucho deseo. Luego, la mayor tomó el spray que contenía la crema, lo abrió y sonriendo pícaramente le colocó crema a la rubia en cada seno.

- ¡Hora de comer! – Se le escapó en tono algo elevado a la mujer

Se abalanzó sobre el primero, devorando con pasión a la chica, cada centímetro de sus pechos. Mientras trabajaba en esto, la mujer colocó su mano en el sexo de la rubia, y empezó a tocarla de forma intensa, a lo que ésta sólo podía responder con gemidos cohibidos.

La rubia, que seguía tomando a la morena por el cabello, empezó a moverse de forma más intensa sobre ésta, mientras levantaba la cabeza y cerraba los ojos, para disfrutar el placer que le estaba dando su pareja.

Con la otra mano, la mujer apretaba la cadera de la joven, alternando para tomar sus senos y así poder disfrutarlos mejor. Se notaba que los dedos de la mujer frotaban con insistencia el clítoris de su compañera, y que también se colocaban dentro de ella para tomar de su lubricación natural. Así lo hacía notar la rubia con sus gemidos.

Su danza continuaba, y la morena penetraba y masajeaba el sexo de la rubia con insistencia, y con la intensidad adecuada.

- ¡Mírame! Quiero verte a los ojos, quiero sentirte plenamente cuando acabes – dijo la mujer en un todo excitado que no pudo controlar

La chica la obedeció, sin soltar su cabello. Empezó a moverse con más intensidad, hasta que no pudo más, y llegó clímax, dando gemidos y grititos ahogados, para no ser escuchados por el resto de los huéspedes.

- ¡Dios! – se dejó decir la chica a un tono algo fuerte

- Shiii… jajajaja, silencio loca. – dijo la mujer riendo, con tono de excitación

Se dieron un beso largo, apasionado pero más cálido que los otros que se hubiesen dado

- Quiero comerte – le dijo la mujer a la rubia, con cara de deseo y lujuria en la mirada

- ¡No! ¡No su majestad!... primero me la voy a comer yo a usted – y la mirada perversa de la chica denotó que la otra no tenía opción

Graham, que ya estaba lo suficientemente atónito y excitado, pensó que sería una larga noche estando él solo, en esa habitación tan grande. Se descubrió pensando, que le gustaría participar en aquél espectáculo, que cualquier hombre mataría siquiera por presenciar.

Cuando la chica empezó a deslizarse hacia los pies de la mujer, dándole besos y pasando su lengua por sus muslos, la morena cerró los ojos y empezó a verse en su pecho la excitación creciendo nuevamente, y la respiración cada vez más acelerada.

La rubia abrió las piernas de la mujer separándolas y dejándolas caer a los lados de la cama de playa. El sexo de la morena quedó abierto y expuesto para su amante, y para aquél que la veía desde el balcón del piso superior.

- ¡Pero… Santa María! – exclamó casi en silencio, disfrutando la visión nocturna

Graham ya no sabía si él estaba haciendo algo indebido, si lo que sucedía con él estaba bien o mal, y él sospechaba que si alguien le preguntaba su nombre, justo en ese momento, no sabría qué responder.

La rubia subió hasta el cuello de la morena y empezó a besarla. Ésta la abrazó y mientras mantenía los ojos cerrados, acariciaba la espalda de la chica. Ya la chica había empezado a rozar su clítoris con los dedos mientras besaba su cuello.

Estaban tan entregadas a su acto de amor, y él a su reprochable conducta de espectador, que no se dio cuenta cuándo, de forma repentina la mujer abrió los ojos, justo en la dirección en la que él se encontraba, como si lo estuviese mirando.

Se quedó paralizado por unos segundos, y sintió que su pecho iba a explotar.

De igual forma, mientras la rubia seguía afanada por darle placer la morena, esta última se había quedado estática mirando en la misma dirección, con una expresión que él no supo definir.

- Me vieron… ¡Mierda!

Mientras la rubia reaccionaba ante la inercia de la mujer, él trató de moverse de forma rápida hacia un sitio donde no fuese visto, pero desde donde pudiese confirmar si lo habían descubierto o no.

Sintió pánico siquiera sospecharlo. Había estropeado la oportunidad de conocerla. ¡Pero qué decía! Esa mujer estaba con su pareja y él había violado su intimidad. Ciertamente no estaba en el sitio adecuado, pero él no tenía que haberse quedado mirando. Se sentía horrible.

- ¿Qué te sucede? – preguntó la rubia, excitada y confundida

- Nada, no pasa nada… continúa – dijo la mujer con cara inexpresiva, iniciando una sonrisa pícara para su pareja

Cerró los ojos y siguió disfrutando de la sensación.

¿Qué había pasado? ¿Acaso no lo había visto? Él estaba seguro de que se había percatado de que alguien las miraba. Tal vez no había visto su rostro, pero sí que alguien estaba allí. La mirada intensa y profunda de la mujer lo había traspasado.

La chica se dirigió al sexo de la morena, y empezó a lamer su clítoris. Tomó la crema, y colocó una pequeña porción en éste. Y procedió a comerla, como se lo había ofrecido hace un rato a "su majestad". Chupaba y lamía su sexo, haciendo uso de sus dedos en la entrada a su vagina.

La morena abrió los ojos nuevamente, mientras disfrutaba del placer, y miró directamente hacia donde él estaba, hacia arriba, con la cabeza levemente inclinada, sonriendo con perversión.

Levantó su ceja a la vez que gemía y disfrutaba del sexo oral, reía y miraba a Graham, y antes de volver a enfocarse en su amante rubia, hizo el gesto de "enviarle" un beso a través del aire.